Читать книгу: «El Pastor hacedor de discípulos»

Copyright © 1988 por Hill Hull
Originalmente publicado en inglés bajo el título The Disciple-Making Pastor por Fleming H. Revell, una division de Baker Publishing Group
Grand Rapids, Michigan, 49516, U.S.A.
Todos los derechos reservados.
Primera edición en castellano: 2007
Segunda edición en castellano: 2019
Esta edición es publicada por

Todos los derechos reservados.
En esta edición, se ha eliminado intencionalmente la referencia específica a la Iglesia de Norteamérica, procurando extenderla a la iglesia en general.
A menos que se especifique, todas las citas bíblicas son tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión InternacionalTM
NVITM Copyright © 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional
Usado con permiso. Reservados todos los derechos a nivel mundial.
Ninguna parte de este libro puede ser duplicada, copiada, transcrita, traducida, reproducida o almacenada, mecánica o electrónicamente, sin previa autorización de Ediciones Berea
Editor General: Héctor Hernán Gómez Iriarte
Traducción: Adriana Marcela Aranguren Medina
Diseño de Carátula: Catherine Niño
Diagramación: Inti Alonso
ISBN: 978-958-44-1042-9
Producido en Bogotá D.C., Colombia.
A Randy Knutson, por su amistad y apoyo a muchos de los principios que se presentan en este libro.
Contenido
Prefacio
El Mandato de Ir y Hacer Discípulos
Introducción
Crisis en el Corazón
Capítulo 1
La Necesidad
Crisis y Condición de la Iglesia
Capítulo 2
El Conflicto
El Costo de Hacer Discípulos y las Fuerzas que se Oponen al Discipulado
Capítulo Tres
El Producto
Los Fundamentos Bíblicos para Hacer Discípulos
Capítulo 4
El Papel del Pastor Hacedor de Discípulos
El Perfil y la Misión del Liderazgo de la Iglesia
Capítulo 5
La Labor del Pastor Hacedor de Discípulos
El Modelo, el Significado, el Método y el Motivo para dar a Conocer a Cristo
Capítulo 6
El Compromiso del Pastor Hacedor de Discípulos
Haciendo del Discipulado una Realidad en la Iglesia
Capítulo 7
Las Prácticas del Pastor Hacedor de Discípulos
Cuatro Prácticas que Edifican la Iglesia para Cumplir la Gran Comisión
Capítulo 8
El Pastor como Entrenador
Seis Pasos para Animar a la Iglesia a Cumplir la Gran Comisión
Capítulo 9
Haciendo Que Funcione En la Iglesia Local
Métodos Prácticos que Ayudarán al Cumplimiento de la Gran Comisión
Prefacio
El Mandato de Ir y Hacer Discípulos
No es un secreto que la iglesia organizada hoy día está en problemas. No sólo la institución ha perdido impulso, sino que también ha perdido dirección. A menos que surjan personas que puedan llevar a la iglesia a la renovación –lo cual, al final coloca la carga en los pastores–, existe poca esperanza de que esta situación mejore.
Desafortunadamente, hay pocos líderes y pastores con corazón apostólico. Es más, en demasiados casos, los clérigos en posiciones privilegiadas para guiar las ovejas por sí mismos, luchan con dificultad por la falta de dirección y frustración.
No es para decir que a la iglesia le hagan falta trabajadores conscientes o que nada valioso esté sucediendo en ella. Por lo que podemos ver, toda clase de cosas están sucediendo. Pero me parece que de alguna manera los programas eclesiásticos y los movimientos de membresía no cumplen el propósito de la Gran Comisión. ¿Dónde están los obreros de la cosecha que, obligados por el amor de Dios, están saliendo para hacer discípulos a todas las naciones? Temo que todos los ejemplos de la iglesia del Nuevo Testamento hayan sido velados u olvidados. En efecto, nos hemos desviado tanto del mandato de Cristo que quienes lo toman como modelo para sus vidas, son vistos como fanáticos.
Tal vez, Bill Hull sea esta clase de persona. Convencido de que el mandamiento de hacer discípulos no ha perdido su autoridad o relevancia, él ha tratado de establecer el curso de su ministerio con base en éste.
Este libro describe su pensamiento y lo que significa para la iglesia local. Es bíblico y real, y, aunque el autor no escatima palabras, él escribe con comprensión y compasión.
La experiencia personal de Bill Hull le da a la historia un sentido de autenticidad. Él no habla como un teórico, sino como una persona con experiencia, un pastor activo que ha buscado edificar una iglesia alrededor del mandato de ir y hacer discípulos. La validez de su ministerio se apoya en la forma como la congregación ha crecido en número y visión y cómo ahora se reproduce a sí misma en la asociación de varias iglesias hijas.
Aquí hay un mensaje que quienes aspiran al liderazgo de la iglesia necesitan escuchar y considerar. No todos estarán de acuerdo con sus conclusiones, pero nadie puede leer la historia sin aceptar una nueva perspectiva del pastor discipulador. Para algunos, puede ser el nacimiento de una nueva concepción de ministerio.
Dr. Robert E. Coleman
Introducción
Crisis en el Corazón
Que la iglesia se encuentra en crisis no es nada nuevo. Nació en crisis y se ha mantenido así hasta el día de hoy. Por definición, crisis significa “separar,” “encontrarse en un punto de regreso.” Las crisis exigen que tomemos una decisión, y lo que hace crítica esta decisión es que una equivocación podría llevarnos al desastre.
Cientos de líderes pueden mencionar miles de crisis acontecidas en la iglesia en Estados Unidos. Muchos libros se han escrito y se han enviado mensajes acerca de la crisis en la predicación, el evangelismo, la familia cristiana, la integridad tanto del clero como de los empresarios cristianos. Otros señalan la crisis en las misiones alrededor del mundo, en la educación teológica, en las universidades cristianas y algunos incluso en la muerte lenta de la Escuela Dominical.
La palabra crisis se ha vuelto tan común, que muchos han dejado de escuchar las advertencias de los profetas modernos y sienten gran escepticismo respecto a la validez de esas muchas llamadas crisis. El público cristiano se ha cansado del grito ferviente de sus líderes cuando hablan de la vida al borde del abismo. El cercano apocalipsis de alguna manera parece que nunca se va a materializar; por lo tanto, toda advertencia acerca del destino inminente parece cada vez más como un “aullido de lobo.”
A pesar de tal cinismo, debo insistir en que la crisis en el corazón de la iglesia es más profunda, más amenazante y más importante que cualquier otra cosa. El hecho de que la Iglesia pueda seguir sin ser confrontada con sus divisiones, la coloca en una posición muy peligrosa. Ignorar la crisis es como si alguien con un problema del corazón no lo tratara y se resistiera a reconocer los signos de advertencia: su incapacidad para subir escaleras con facilidad, hacer ejercicios sin sentir fuertes dolores en el pecho o respirar normalmente. La vida puede seguir adelante de forma limitada ante tales circunstancias, pero un día, el corazón de esa persona se detendrá súbitamente y entonces será demasiado tarde para restaurar la salud del sistema cardiovascular enfermo.
Para seguir la analogía de Pablo acerca de que la iglesia es el cuerpo de Cristo, la crisis no se encuentra en una de las extremidades (manos, piernas o pies). En otras palabras, no es directamente una crisis de su función y trabajo, sino de lo que gobierna la habilidad del cuerpo para llevar a cabo su función y trabajo. La crisis se encuentra en el corazón de la iglesia. El sistema cardiovascular de la iglesia, el cual es su parte más trascendental, determina la salud de todo el cuerpo. La condición del corazón y el libre y normal flujo de la sangre a través de las venas y arterias, determina la capacidad del cuerpo para funcionar normalmente.
La iglesia evangélica se ha vuelto débil, blanda y demasiado dependiente de medios artificiales que sólo pueden simular un verdadero poder espiritual. Las iglesias se parecen un poco a centros de entrenamiento para poner en forma a los creyentes y mucho a la sala cardiopulmonar de un hospital local. Hemos proliferado en la autoindulgencia religiosa, el síndrome de “lo que la iglesia puede hacer por mí.” Estamos excesivamente satisfechos con los éxitos convencionales: cuerpos, dinero y edificios. El cristiano promedio habita en la cómoda posición de “Yo le pago al pastor para que predique, administre y aconseje... Yo le pago a él para que me ministre… Yo soy el consumidor, él es el minorista… Yo tengo las necesidades, él me las cubre… ¡Para eso yo le pago!”
Podemos ver esto más claramente en la adoración idólatra de las súper iglesias en Estados Unidos. Entre más grande sea esta y entre más imite en sus métodos al espíritu empresarial norteamericano, será mejor. La seducción es total cuando las iglesias más grandes, más creativas y más “exitosas,” son el estándar con el que medimos a las otras iglesias.
La medida más común de un ministerio grande es el número de personas reunidas en un culto. Si llegaran tres mil personas, algunos podrían decir al instante, “esta es una gran iglesia.” Pero ese tipo de medición tiene dos defectos: el primero, los números como tal no indican lo grande que puede ser un ministerio. Grandes multitudes pueden reunirse en cualquier cantidad de eventos, como linchamientos, huelgas o reuniones de redes de mercadeo.1 La más acertada observación respecto a una gran reunión de la iglesia podría ser: “el número de personas reunidas aquí indica que quienes lideran la iglesia, el pastor y el líder de alabanza, deben ser muy talentosos.” Esta sería una buena y por lo general, una verdadera opinión.
El segundo defecto de tal medición es que usted ha hecho la pregunta equivocada: “¿Cuántas personas hay?” La pregunta correcta es: “¿Quiénes son estas personas? ¿Qué clase de familia tienen? ¿Son honestos en los negocios? ¿Están preparados para dar testimonio? ¿Conocen la Biblia? ¿Están haciendo algún impacto para Cristo en sus lugares de trabajo, en sus vecindarios o entre sus amigos y compañeros? ¿Están ellos haciendo la diferencia en el mundo como Cristo lo espera?” Estas son las preguntas correctas, los temas del corazón y el criterio para determinar la magnitud de un ministerio.
La iglesia evangélica ha perdido el deseo de hacerse las preguntas correctas y el coraje para enfrentar las respuestas. La decisión crítica que enfrenta la iglesia es: ¿Nos comprometeremos nosotros mismos con los temas del corazón? ¿Nos arrepentiremos de nuestras absurdas decisiones y regresaremos al trabajo que Cristo nos ordenó? Pero ¿cuáles son los temas del corazón? ¿Cuál es el sistema cardiovascular de la iglesia?
George Orwell escribió: “Ahora nos hemos hundido a una profundidad en la que la reafirmación de lo obvio es la primera tarea de los hombres inteligentes”. En la iglesia de hoy, lo obvio es revolucionario. Nada es tan traicionero como lo obvio. Entender y ejecutar lo obvio es tan difícil como caminar en una cuerda floja en medio de fuertes vientos. Volver a lo obvio y aplicarlo de nuevo, sacude a la iglesia desde sus cimientos. Cuando usted lo expone, los líderes contaminados asentirán con sus adormecidas cabezas. Cuando usted lo aplica, ellos se burlarán y lo catalogarán como radical, inexperto y paraeclesial.
¿Qué verdad obvia hace que los creyentes se incomoden? Simplemente esta: la iglesia existe para una misión. La iglesia existe gracias a una misión, así como el fuego existe gracias al oxígeno. La iglesia no existe para sí misma. Esto choca de frente con la mentalidad autoindulgente y egocéntrica que domina a los evangélicos. Mire los libros cristianos más vendidos, escuche la televisión evangélica, hable con el creyente común; el tema común es una preocupación por las necesidades que se tienen. Si la iglesia va a obedecer a Cristo, esto tiene que parar. Los cristianos no dejarán de tener necesidades, pero la preocupación y la prioridad dada a las necesidades por encima de lo ordenado por Cristo tiene que detenerse.
El enfoque del personal de una iglesia y de su cuerpo congregacional no es interno, sino externo. La misión de la iglesia es influenciar a este mundo, tal como las parábolas lo exponen: sal, luz, levadura, ejército, embajadores, peregrinos, etc. Todo esto expresa movimiento e influencia. La iglesia crece cuando sus miembros se vuelven más efectivos en influenciar a otros.
Como cualquier crisis del sistema cardiovascular, esta ha dejado a la iglesia débil y dependiente y ha colocado a los pastores en el difícil papel de entrenar a un equipo de baloncesto desde la sala de emergencia de un hospital. Los jugadores deben tratar firmemente de hacer lo mejor, pero claro está, ellos no pertenecerán a la Asociación Nacional de Baloncesto. Tristemente, la iglesia obra con una gran desventaja y, por lo tanto, hoy es mucho menos que lo que Dios ha deseado. Pero esto no necesita ser así y debemos tener el suficiente coraje para enfrentar y cambiar la situación.
¿Cuál es el Remedio?
Sólo una clase de persona influenciará al mundo y el fracaso de la iglesia en producir este tipo de persona es el error que la ha llevado a esta crisis. La crisis en el corazón de la iglesia es una crisis de producto. ¿Qué clase de persona produce la iglesia? El producto ordenado por Cristo es una persona llamada discípulo. Cristo ordenó a su iglesia “hacer discípulos” (Mateo 28:18-29). Jesús describe a un discípulo como uno que todo lo soporta por Él, que es obediente a Él, que da fruto, glorifica a Dios, tiene gozo y ama (Juan 15:7-17).
Esto tiene mucho sentido. La clase de persona que más glorifica a Dios es llamada discípulo. El mandamiento de Cristo a sus discípulos fue “hacer discípulos”, porque los discípulos influencian su mundo. Un discípulo se reproduce a sí mismo, lo cual lleva a la multiplicación y esta es la clave para ganar al mundo y cumplir la Gran Comisión.
El fracaso de la iglesia en el cumplimiento de este obvio mandamiento sólo puede atribuírsele a una intriga diabólica. La crisis en el corazón de la iglesia es que fomentamos hacer discípulos sólo de labios para afuera, pero no lo practicamos. Hemos perdido la integridad de nuestra misión. El sistema cardiovascular del cuerpo no mejorará hasta que cambiemos nuestros enfoques y prioricemos la saludable producción y reproducción de hombres y mujeres que influyan su mundo. El sistema cardiovascular de la iglesia es lo que produce el producto correcto. Cuando la iglesia produzca y reproduzca el producto correcto, como cualquier cuerpo saludable, podrá cumplir su función. Cuando obedecemos la comisión de Cristo, dos cosas buenas suceden: creamos cristianos saludables; y un cristiano saludable se reproduce y el cuerpo crece, entonces se multiplica y el mundo es evangelizado.
No muchas cosas cambiarán hasta que tratemos el tema y creemos la controversia, hasta que la iglesia en Estados Unidos sea desafiada a asumir seriamente la Gran Comisión, hasta que los pastores estén dispuestos a empezar a reproducirse a través de otros, a preparar cristianos que se alimenten por sí mismos, hasta que las congregaciones le permitan a los pastores invertir más de su tiempo en enseñar y entrenar espiritualmente a la minoría, antes que servir a los caprichos y deseos de la desmotivada y desobediente mayoría, hasta que los pastores puedan ser liberados del “excesivo trabajo” evangélico. Debe ser así; no podemos permitir que esto continúe. ¡Esto debe cambiar!
Notas
1 N.T.: Texto original, Reuniones de Tupperware, ha sido cambiado para su comprensión en el contexto hispanoamericano por la expresión genérica para este tipo de encuentros.
Capítulo 1
La Necesidad
Crisis y Condición de la Iglesia
He arrojado el guante. Sostengo que la iglesia evangélica es débil, autoindulgente y superficial, que ha sido discipulada completamente por su cultura. Como dijo Jesús: “El discípulo no está por encima de su maestro, pero todo el que haya completado su aprendizaje, a lo sumo llega al nivel de su maestro” (Lucas 6:40). Aún más, yo creo que la crisis de la iglesia es más de producto, de la clase de personas que se están produciendo. Yo propongo la solución para ser obedientes a la comisión de Cristo de “hacer discípulos”: enseñar a los cristianos a obedecer cada mandamiento de Cristo.
¿Me encuentro solo en mi análisis crítico de la iglesia? Otros más sabios y experimentados que yo sostienen la misma tesis. Elton Trueblood ha dicho:
Tal vez la debilidad más grande de la Iglesia Cristiana actual es que millones de supuestos miembros no están realmente involucrados del todo y lo que es peor, no se considera extraño que no lo estén. Tan pronto como reconocemos la intención de Cristo de hacer de Su iglesia una militancia, comprendemos que una actitud convencional no puede ser suficiente. No existe ninguna oportunidad real de victoria si el noventa por ciento de los soldados no están entrenados ni se encuentran involucrados, pero este es exactamente el punto donde nos encontramos ahora. Muchos alegan que los cristianos no entienden que la lealtad a Cristo significa involucrarnos personalmente en su ministerio, yendo o permaneciendo, dependiendo de la situación.1
La encuesta realizada por Gallup en 1980, indicaba que de los 22 millones de evangélicos que asistían a una iglesia, sólo el 7% habían tomado alguna clase de entrenamiento evangelístico y sólo el 2% había traído a otra persona a Cristo. ¿Qué tanto le gustaría marchar a la batalla con sólo el 7% de sus tropas entrenadas y sólo el 2% con experiencia en el combate? Mientras oro, estos datos han cambiado en ocho años y pensaría que hoy son casi iguales.2
Esto revela la necesidad de hacernos la pregunta correcta: ¿Cómo pueden tres mil personas reunirse a adorar y ser una gran iglesia, si sólo el 7% está entrenado para dar testimonio y sólo el 2% han presentado a Cristo a otra persona? El examen de una congregación, aparte de la santidad personal, es cuán efectivamente los miembros impactan al mundo. Las bancas de las iglesias en Norteamérica están simplemente repletas de esquizofrénicos espirituales, cuyas creencias y conductas no son congruentes y los sermones son acomodados al gusto de las personas.
Los cristianos no están bien entrenados, debido principalmente a que los pastores no han trabajado en ayudar a las personas a hacer lo que Él ha dicho que debe ser hecho. Como resultado de esto, ellos sienten mucha frustración y culpa.
Muchas iglesias crecen por transferencia: la regla del día es la rotación de creyentes. El número real de conversiones a Cristo en algunas “grandes iglesias” ha disminuido notoriamente. En lugar de eso, las iglesias que atraen mayor número de personas son las que presentan intensas prédicas y un gran programa de música. Así, las personas piensan que la iglesia es grande y que el personal hace su trabajo. En realidad, las iglesias con los mejores programas están llenas, como los mejores restaurantes y teatros, debido a que estas divierten.
En la relación entre el clero y el laicado, los clérigos se han convertido en concertistas profesionales y los asistentes en la audiencia. Entre mejor sea la presentación, habrá más gente. Todo esto prueba que las presentaciones excepcionales atraen gente. Pero significa poco más que eso: de ninguna manera reflejan fielmente las prioridades de Cristo por Su Iglesia. Así como Elton Trueblood ha dicho: “La cristiandad barata puede atraer regularmente una gran asistencia el Domingo en la mañana. Es más económico que las personas piensen de sí mismas como espectadores en una presentación”3 Trueblood señala esto cuando enfatiza acerca de cuántos de los que asisten al culto son pre-cristianos y paganos. “Hemos regresado al pensamiento del Antiguo Testamento, en donde vemos sobre todo cuánta gente llega al templo para el ritual. Eso era lo más importante bajo el Viejo Pacto. Mientras tanto, nos olvidamos de las palabras de Jesús: “Pues yo les digo que aquí está uno más grande que el templo” (Mateo 12:6).4 Siempre es posible reunir una multitud, si usted demanda muy poco y les ofrece un buen espectáculo.
Aparentemente, tal clase de éxito nos enceguece ante los temas reales. ¿Son cristianos saludables, se están reproduciendo, están siendo entrenados para hacer discípulos? ¿Qué se le está pidiendo a la gente? ¿Están viviendo y sirviendo en la forma planeada por Dios? El propósito de reunir a los cristianos es para entrenarlos en su habilidad de impactar al mundo.
Mirando a la iglesia cristiana de hoy, George Barna comentó:
Hay un fuerte apoyo entre los cristianos al hecho de que un individuo es libre de hacer todo aquello que le plazca, en la medida en que sus actitudes no hieran a otros. Dos de cada cinco cristianos sostienen que esta clase de pensamiento es apropiado y, de esta manera, rechazan plenamente el incondicional código ético y moral enseñado en la Biblia. Tres de cada diez cristianos están de acuerdo en que nada en la vida es más importante que divertirse y ser feliz. Los cristianos demuestran tal amor al dinero, posesiones y otros objetos materiales, que no puede decirse que su cristianismo gobierne sus corazones. Por ejemplo, más de la mitad de los cristianos creen que nunca tienen suficiente dinero para comprar lo que necesitan, ni tampoco lo que quieren. Uno de cada cuatro creyentes piensa que entre más tengan más exitosos son. El hecho de que la proporción de cristianos que sostienen estos valores sea equivalente a la proporción de no cristianos que sostienen puntos de vista similares, indica cuán insignificante ha sido la cristiandad en la vida de millones de creyentes.5
No sólo son cristianos sin entrenamiento para impactar sus esferas de influencia, sino que también sus valores se han deteriorado. Ahora la diferencia entre cristianos y no cristianos se ha vuelto borrosa y está desapareciendo rápidamente. Mi propia experiencia como pastor sostiene esta tesis. El uso del dinero entre los cristianos, las prioridades de tiempo, las actitudes acerca del trabajo y el placer, el divorcio y el volverse a casar, reflejan cada vez más la cultura que la Escritura. Por lo tanto, la iglesia es débil en habilidades y en carácter.
Cuando Os Guinness dice: “Hemos dejado afuera la sustancia; ya no se trata de la santidad de los santos sino de la vanidad de las vanidades… Adoramos al dios de la barriga, sin ir más allá de nuestra última experiencia;”6 él habla de una falta de fortaleza en la iglesia. Lo encontrado por George Gallup apoya este punto de vista. Sólo el 42% de los cristianos saben que Jesús dio el Sermón del Monte, y muchos lo saben debido a la televisión. Los que pudieron identificar los autores de los Evangelios o recordar los Diez Mandamientos fueron pocos. Los evangélicos muestran una escandalosa falta de conocimiento de la Biblia. La enseñanza y el aprendizaje de la Biblia son diferentes. Entre los pastores evangélicos existe una mayor miopía acerca de este tema. Los sermones no preparan a las personas para vivir eficientemente la vida cristiana. Los cristianos evidencian una seria falta de profundidad tanto en el conocimiento como en la buena experiencia.
Francis Schaeffer nos advirtió: “Este es el gran desastre evangélico –el fracaso del mundo evangélico para sostener la verdad como verdad. Existe sólo una verdad para esto- y se llama comodidad: la iglesia evangélica se ha acomodado al mundo espiritual de la época.”7
Vemos el fruto amargo del desconocimiento bíblico y la comodidad subsiguiente en algunas formas susceptibles. Recientemente, George Barna hizo un estudio entre diez mil jóvenes evangélicos. Los resultados muestran el índice alarmante del deterioro de los valores entre los jóvenes evangélicos que asisten a las iglesias. A la edad de dieciocho años, el 43% ha tenido relaciones sexuales. El 24% considera aceptable el sexo antes del matrimonio. El 39% encuentran normales otra clase de actividades sexuales. El 55% no pudo afirmar que las relaciones sexuales antes del matrimonio estaban mal. Se encontró algo alarmante cuando se les preguntó a quienes habían tenido relaciones sexuales si fueron obligados a tener sexo contra su voluntad y el 47% de los muchachos y el 65% de las chicas dijeron que las habían tenido por su propia voluntad.
El traspaso de valores y prioridades de los padres a los hijos es débil porque la mayoría de los padres que asisten a iglesias evangélicas tienen un sistema de valores acomodado a sus necesidades. No están comprometidos totalmente y, por lo tanto, sus hijos reflejan la misma falta de entrega.
George Gallup dice que, entre los evangélicos, hay un grupo altamente comprometido del 10%. Estas personas llevan la carga y hacen la diferencia. Estos no acomodados son los “esforzados para gloria del grupo.” De ellos proviene el 7% entrenado para evangelizar. Un 10% altamente comprometido significa que el traspaso efectivo de valores opera al 10%.
Desarrollaremos esto más adelante, pero por ahora sólo necesito decir que en verdad lo que hemos sacrificado es el mandamiento de la calidad. A la Gran Comisión se le ha rendido culto, pero no obediencia. La iglesia ha tratado de evangelizar al mundo sin hacer discípulos. La impetuosidad de la naturaleza humana y la presión cultural para lograr rápidos resultados han hecho que los pastores tomen atajos. Pero los atajos no funcionan; la mayoría de las veces terminamos empezando de nuevo. La verdad es que hacer discípulos es el único camino que nos conduce a la evangelización del mundo, porque es la clave para reproducirse y multiplicarse. No vaya por otro lado. Hemos sacrificado el ir y hacer discípulos sobre el altar del éxito cultural, el placer egoísta y la necesidad inmediata. Esta es mi versión del más grande desastre evangélico.
Comparto la opinión del anterior editor de Christianity Today y decano emérito de la Escuela Evangélica de la Divina Trinidad, el Doctor Kenneth Kantzer:
Mi opinión, improbable lo admito, es que lo evangélico se encuentra más débil de lo que estaba hace quince o cincuenta años. Las personas a menudo piensan que está más fuerte ahora porque escuchan más por los medios publicitarios. Ciertamente, hoy tiene más cubrimiento que el que tuvo desde la Primera Guerra Mundial. Así también, los evangélicos tienen ahora un mayor sentido de su propia identidad que la que tuvieron al principio del siglo pasado. Pero la influencia de la fe y la ética evangélica han disminuido en nuestra sociedad. Como cultura, Occidente se está alejando del Cristianismo Bíblico.8
Yo no puedo probar que la iglesia evangélica se encuentra en muchos más problemas de los que digo. Pero estoy satisfecho de compartir mis apreciaciones con estos hombres: Elton Troublood, Donald Bloesch, George Barna, Os Guinness, Francis Schaeffer, Howard Zinder, Kenneth Kantzer, y otros. Hace años escuché a Billy Graham decir que el 95% de los cristianos viven en derrota. Fui escéptico al principio respecto a esa información, pero ya no. Algo tiene que hacerse respecto a la enfermedad de la cristiandad y creo que la solución es obvia. Tenemos que mejorar el producto y producir creyentes saludables, que se reproduzcan e impacten su mundo para Cristo. Cómo hacerlo, es el corazón de esta obra.
El Deseo que Expresan los Pastores
Los pastores quieren hacer lo correcto. No conozco ningún pastor que no desee producir cristianos sólidos. Todos están de acuerdo con la tesis de este libro de que la iglesia evangélica necesita ser revitalizada. Ellos quieren hacer discípulos y ayudar a llevar a cabo la Gran Comisión, pero muchos no saben cómo. Está bien, a mí también me sorprendió. Al principio estaba escéptico acerca de la necesidad de enseñarle a una Iglesia cómo organizarse para hacer discípulos.
Con demasiada frecuencia, los pastores nos hastiamos de seminarios, libros y otras ayudas profesionales, debido a que vemos a la iglesia a través de los limitados lentes del éxito. Comparamos nuestros mayores éxitos en lo evangélico y concluimos que la iglesia se encuentra en perfecto estado. “Mira esas iglesias exitosas; no tienen la filosofía de hacer discípulos. Tienen más personas; mandan más misioneros; cuentan con tremendos programas para casi cada necesidad en la sociedad.” Pero este punto de vista tiene una gran falla, pues al mirar a la iglesia a través de los ojos del éxito, sólo vemos el 5%.
Permítanme ser claro: no espero ir más allá de ese 5% en lo evangélico. Modelos pastorales empresariales altamente talentosos y creativos dominan más que ese 5%. Estos son muy efectivos y Dios los usa mucho para ministrar a las masas y pueden ofrecer unos pocos principios y consejos que ayudan a otros en su trabajo. Pero como modelos, estos hacen más mal que bien. Muchos pastores harían mejor si nunca hubieran oído o estado expuestos a más del 5%.
Este porcentaje enfrenta al pastor promedio con un modelo irreal, inalcanzable, que conduce a la culpa y amenaza su ministerio. La presión de ser como ellos ha destruido a muchos. En lugar de culpar a ese más del 5% por su trabajo, tenemos que darle gracias a Dios por ellos, y dejarlo así. Espero que ese porcentaje superior al 5% adopte la filosofía de este libro, pero ellos no son mi objetivo. Mi mensaje es para el 95% de pastores que quieren edificar iglesias saludables y efectivas. Yo propongo una tesis obvia y simple que pueda ser ejecutada por un pastor con habilidades promedio.
Si medimos la necesidad de ayuda entre ese porcentaje superior al 5%, obtendríamos un promedio bajo. Pero entre el inferior al 95%, existe un ejército hambriento de pastores, dispuestos a absorber el material de ayuda. Yo baso esto en el contacto que tengo con pastores. Después de la publicación de mi primer libro, Jesucristo, el Hacedor de Discípulos, empecé a recibir llamadas telefónicas, cartas y visitas de pastores interesados. Los comentarios fueron generalmente así: “Estoy de acuerdo con lo que usted está diciendo, pero ¿cómo implemento esta clase de filosofía en mi iglesia?” Después de dictar conferencias o conversar con líderes denominacionales, volvían otra vez los comentarios: “Sí, estamos de acuerdo; esto es lo que queremos, pero ¿cómo lo hacemos?” Encontré una gran diferencia entre desear y saber cómo hacerlo. Esto me motivó a hacer tres cosas.
Lo primero fue sembrar una iglesia. En junio de 1984 dejé una iglesia establecida e inicié una en San Diego, California. Mi motivación era ver si instalando el ministerio de hacer discípulos en el corazón de la iglesia, esto funcionaría. Hacerlo requiere de tres cosas:
1 El pastor tiene que poseer claras convicciones acerca de hacer discípulos y declararlo desde el púlpito como la prioridad principal.
2 La filosofía y sus objetivos tienen que ser publicados en la literatura de la iglesia y colocarlo en la constitución como criterio para medir el éxito.
3 La filosofía de hacer discípulos tiene que ser trabajada a nivel del liderazgo de la iglesia. El pastor y los líderes tienen que ser ellos mismos eficaces hacedores de discípulos.
Yo quise que estos principios fueran la base del trabajo y Dios ha bendecido estas prioridades debido a que son las suyas. Hoy la iglesia está creciendo saludablemente y muchos ministros han surgido muy emocionados. De la plantación de la iglesia nació la segunda acción importante, que fue la de reclutar a otros pastores y plantar más iglesias. No quise plantarlas sólo por hacerlo. Quise plantar iglesias que compartieran la misma filosofía de hacer discípulos, que se reprodujeran, que produjeran también un producto saludable y se multiplicaran por todo el mundo. Por lo tanto, nos dimos a la tarea de reclutar hombres que compartieran nuestro pensamiento. Ellos consiguieron el apoyo financiero y nos juntamos en San Diego. Rápidamente aprendí que hasta tanto estos hombres estuvieran de acuerdo con la filosofía, así como otros pastores, ellos no sabrían cómo implementarla. Ellos hicieron las mismas preguntas que obtuve a través de las llamadas telefónicas y las cartas.
Como resultado, desarrollamos un centro que entrenaría a los pastores directamente en sus lugares de trabajo. Empezamos el grupo con diez personas, compuesto por pastores locales y nuestros reclutas. El ambiente de entrenamiento ha sido dinámico y desafiante y enseñar a los pastores en el trabajo, ha exigido toda mi habilidad y aún más. En el futuro, nos gustaría exportar el concepto del centro de entrenamiento para facilitar la plantación de iglesias hacedoras de discípulos en otras regiones.
El entrenamiento es tan valioso para los pastores que la tercera acción fue inevitable. Usted está leyendo el tercer paso, el libro de El Pastor Hacedor de Discípulos. El objetivo de este libro es darles a los pastores la base filosófica y el modelo con el cual ellos pueden implementar el hacer discípulos en sus iglesias. Esta no es la única manera, pero fue la forma como nosotros lo hicimos.
He construido el modelo alrededor de los métodos de entrenamiento utilizados por Jesús. En el Capítulo 9, “Haciendo que Funcione en la Iglesia Local,” llevaremos al lector a través del modelo de cuatro fases que intenta aplicar sus métodos de entrenamiento en la iglesia. La explicación más completa se puede encontrar en mi primer libro, Jesucristo, el Hacedor de Discípulos. El modelo muestra cómo las fases principales del entrenamiento de Cristo pueden obrar junto con los modelos comunes que ya existen en la mayoría de las iglesias. Mi experiencia en enseñarles a otros cómo discipular en la iglesia me ha mostrado que esto requiere dos cosas: El pastor debe tener un sistema de pensamiento y profundas convicciones relacionadas con él; y necesita un modelo, una plantilla de trabajo, un medio para aplicar su filosofía. Este es el propósito del modelo.
Estoy perfectamente convencido de que Dios quiere que el hacer discípulos sea el corazón del ministerio de la iglesia local. Mi experiencia con pastores confirma que muchos de ellos están de acuerdo. Yo no presento un modelo o medio para edificar una iglesia culturalmente exitosa, ni tampoco puedo garantizar que esta clase de enseñanza le dará a usted una iglesia grande. De hecho, le doy buenas razones para creer que, en los pasos iniciales, esta filosofía retrasará su crecimiento numérico. Estoy proponiendo los principios que Dios aprecia en su pueblo y en su Iglesia. Le aseguro que cuando la iglesia le de prioridad a estos principios y los pastores retomen su papel como hacedores de discípulos, la iglesia será saludable y le dará toda la honra a Dios. Así que me dirijo a ese 95% de pastores hambrientos de ayuda que deseen edificar cristianos saludables, dinámicos y obedientes que sólo las iglesias pueden producir.
Existen dos razones importantes que nos impulsan a colocar el hacer discípulos en el corazón de la iglesia. La primera, es la necesidad que se ve en la condición de la iglesia; su debilidad es un mandato para tomar acciones correctivas. La segunda, es que los pastores han expresado firmemente que ellos quieren tomar acciones correctivas y colocar el hacer discípulos en el corazón de la iglesia local. Ellos están buscando un medio y un modelo. Este libro intenta darles ambos. Pero antes de seguir adelante, vamos a considerar algunos obstáculos.
Notas
1 Elton Trueblood, The Best of Elton Trueblood: An Anthology (Nashville, Tenn.: Impact Books, 1979), 34.
2 Gallup poll.
3 Elton Trueblood, “A Time of Holy Dissatisfaction,” Leadership Journal (Invierno, 1983), 19.
4 Ibid
5 George Barna, Vital Signs: Emerging Social Trenes and the Future of American Christianity (Westchester, Ill.: Crossway Books, 1984). Itálicas agregadas.
6 Os Guinness, Gravediggers File (Downers Grove, Ill.: Inter Varsity Press, 1983), 233.
7 Francis Schaeffer, The Great Evangelical Disaster (Westchester, Ill.: Crossway Books, 1983).
8 Dr. Kenneth Kantzer, Christianity Today (Noviembre, 1983)
Capítulo 2
El Conflicto
El Costo de Hacer Discípulos y las Fuerzas que se Oponen al Discipulado
◆
“Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, y dirán: “Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir.””
Lucas 14:28-30
◆
Hacer discípulos requiere más fe que cualquier otra tarea dentro de la iglesia. Ésta ha sido y es la máxima prioridad para Dios, pero también la de Satanás ha sido evitarla a toda costa. Ninguna labor del siervo de Dios crea más resistencia que la de hacer discípulos.
Por esto, las palabras de Jesús que encabezan este capítulo son el compromiso inicial para el pastor hacedor de discípulos. Más que en la mayoría de las situaciones, hay una gran tentación a renunciar antes de acabar. Jesús dice que a menos que cuente con un plan para acabar, renuncie antes de empezar. La naturaleza de Su obra requiere un ministerio a largo plazo, por lo que el enemigo golpea el talón de Aquiles del pastor: la impaciencia y el deseo de obtener resultados inmediatos. La exhortación a incluir el costo es una medicina contra el desánimo y una razón para seguir. Pero como un escorpión, tiene un aguijón en su cola. Antes de que usted empiece a hacer discípulos en la iglesia, calcule el costo; no empiece a menos que piense terminar, pues de lo contrario, experimentará el aguijón de haber hecho el ridículo. Muchos estudios muestran que el promedio de duración del pastorado está entre tres y cuatro años. Con tanto para empezar y tan poco para terminar, no debería sorprendernos que nuestro producto sea débil. El espectro de empezar y no terminar es lo que más obsesiona al hacedor de discípulos, debido a que el final puede ser medido.
Hacer discípulos se caracteriza por ser un ministerio intencionado, medible y claramente comunicado. Los beneficios sólo se tienen cuando el ministerio ha alcanzado la madurez, después de un período mínimo de cinco años. Los estudios revelan que los años más productivos del pastorado están entre los cuatro y los siete años, pero hacer discípulos toma más tiempo; los resultados son lentos y su validez requiere un trabajo a largo plazo.
Ir y hacer discípulos enfrenta muchas fuerzas que batallan en su contra. En teoría, hacer discípulos es algo popular debido a que promete un producto de calidad que honra a Dios. Sin embargo, en la práctica, esto requiere el tiempo, la dedicación y la paciencia que la mayoría de los pastores encuentran bastante difícil. Consideraré los conflictos que surgirán al poner en el corazón de la iglesia la tarea de hacer discípulos y hablaré de por qué el pastor hacedor de discípulos tiene que estar totalmente entregado a su trabajo. Ser un pastor hacedor de discípulos es el trabajo más difícil en la iglesia.
La Iglesia Liberal
“La teología liberal empezó en los seminarios y se abrió paso entre el liderazgo denominacional, luego entre los pastores y finalmente llegó a la membresía de la iglesia.”
La iglesia liberal es un producto de la teología liberal. Primero vino el rompimiento de la verdad absoluta basada en las Escrituras, quedando una base racional y humanista. La naturaleza pluralista de esta base fluctuante redefinió el evangelio como una agenda social. Este se dedicó a resolver las causas sistemáticas de la pobreza, el hambre, el racismo y así sucesivamente.
Oponiéndose abiertamente ante la clara evidencia, el liberalismo hoy continúa insistiendo en que la naturaleza del hombre es básicamente buena y que un mejor ambiente y desarrollo nos llevará a una mejor calidad de vida. El sentido común nos dice claramente que esto es totalmente falso.
La iglesia liberal quiso cambiar al mundo con la falacia de que la clave era enfocarse directamente en los temas sociales, sumergiéndose precipitadamente en la carrera armamentista, los derechos civiles y la lucha contra la pobreza y el hambre en el mundo. Aunque las necesidades eran reales y los temas válidos, ellos lo abordaron en forma equivocada, priorizando la labor externa de la iglesia sobre la agenda básica y escritural al interior de la iglesia.
En 1966, el Consejo Mundial de Iglesias adoptó como lema, “Deje que la iglesia sea la iglesia.” ¿Qué significaba este buen lema? Significaba que el consejo cambió su lema de 1986: “El mundo establece la agenda de la iglesia.” Este terrible lema representa el deterioro y el ocaso de la iglesia liberal.
La verdad es que entre más trate la iglesia de cambiar al mundo, los cambios mundiales cambian a la iglesia que ha escapado de la iglesia liberal. La iglesia es para que esté en el mundo, no para ser del mundo. La iglesia es como un bote: está hecho para estar en el agua y no el agua dentro de él. La iglesia liberal tomó demasiada agua y cuando se dieron cuenta, se estaban hundiendo y no tuvieron suficientes manos y baldes para salir del apuro.
Aprendamos de los errores de la iglesia liberal. La iglesia influencia mejor al mundo siendo la iglesia. Richard Neuhaus agrega el ingrediente necesario ignorado por los liberales: “La clave para el compromiso de la iglesia con el mundo es el compromiso de la iglesia con Dios.” El compromiso con Dios es todo lo que necesita la iglesia. La razón por la cual la iglesia no ha cambiado al mundo no es sólo debido a la guerra con el mundo, la carne y el demonio. La culpa recae sobre los buenos hombres también, pues la iglesia evangélica ha fallado en obtener un producto saludable. Mientras que la iglesia liberal ha dejado por fuera los mandatos bíblicos de hacer discípulos y evangelizar al mundo, los evangélicos han desobedecido los mandatos por negligencia, exceso de trabajo en las iglesias y la práctica de un “cristianismo barato,” prometiendo bastante y requiriendo poco.
Hacer discípulos en las iglesias liberales presenta algunos problemas especiales que no existen en las iglesias evangélicas. En estas últimas, el tema no es si la evangelización, el estudio bíblico y la misión para el mundo tienen que ser llevadas a cabo, sino qué métodos deberían ser usados para ello. La iglesia liberal batalla sobre si estas cosas deben hacerse. El pastor hacedor de discípulos que se encuentre sirviendo en una iglesia liberal, libra batallas tanto teológicas como metodológicas.
El costo en la iglesia liberal es extremadamente alto. Para una institución religiosa que ha abandonado su razón de existir, es muy difícil obedecer la Gran Comisión. Cualquier persona que se aventure en ello, debe calcular el costo cuidadosamente y seguir bajo su propio riesgo.
Concepciones Equivocadas Acerca del Discipulado
El término discipulado se ha convertido en un término evangélico de última moda. Muchos piensan acerca del discipulado como si les tocara volverse serios acerca de Cristo, pero muchos lo resisten porque entienden lo que realmente significa volverse serios. Ellos piensan en llevar una vida muy limitada a la memorización de las Escrituras, en medios días en oración, en estudios analíticos de la Biblia, en la evangelización puerta a puerta y en el abandono de los placeres de la vida, diciendo que tal estilo de vida está bien para el ministerio paraeclesial, pero no para el miembro ordinario de la iglesia.
Para corregir esta concepción equivocada, presento el perfil que la Escritura da acerca de lo que es ser un discípulo (ver Capítulo 3), el cual muestra una vida positiva y llena de creatividad. Ese perfil del discípulo comunica claramente que el cristiano debe tener ciertas bases. Una vez que estas bases se encuentren en su sitio, los dones espirituales, las circunstancias de la vida y otras particularidades referentes al discípulo empiezan a actuar. La clara afirmación de que Dios desea que cada cristiano sea un discípulo es esencial para vencer este obstáculo. Esta afirmación, junto con un perfil claro de lo que es ser un discípulo, es lo que haría falta.
Otro concepto equivocado, el cual será plenamente tratado más adelante, es que el discipulado es sólo una clase de entrenamiento, un programa de la iglesia o sólo para los jóvenes e inquietos. Ellos dicen: “Si usted quiere ser pastor, misionero o servir tiempo completo, entonces el discipulado es para usted”. Cada pastor hacedor de discípulos encuentra estos puntos de vista sostenidos por mucho tiempo como aberrantes.
Liderazgo Débil No Profesional
Aun cuando hay muchas excepciones y esperando que usted pueda decir con plena seguridad que el liderazgo de su iglesia es fuerte, en general, la iglesia evangélica se encuentra lisiada en su liderazgo. La iglesia local se debilita ante la ausencia de un buen liderazgo laico, de creyentes ordinarios que lleven fruto, de líderes que son discípulos y hacedores de discípulos, y de hombres y mujeres que sean ejemplo y se reproduzcan a sí mismos como cultivadores ansiosos dentro de sus propias esferas de influencia.
En este punto, un pastor enfrenta el obstáculo de tratar de trabajar con personas no calificadas que tienen posiciones de liderazgo. En muchos casos, líderes que no caminan con Dios aconsejan a los pastores cómo invertir su tiempo y hacer su trabajo. Esta clase de laicos no oran, no meditan ni estudian o memorizan las Escrituras. Muchos de ellos nunca han llevado a una persona a Cristo. Es un enigma cómo alguien podría liderar una organización que se propone salvar al mundo y nunca haber llevado a una persona a Cristo. Esta clase de duplicidad no existe ni siquiera en los negocios. Además, tales líderes no poseen un concepto ni experiencia en entrenamiento, reproducción y multiplicación. La posibilidad de que esta patología domine a la iglesia local es trágica. El hecho de que hombres no piadosos den órdenes a hombres piadosos es uno de los grandes pecados de la Iglesia.
El pastor hacedor de discípulos está dedicado a establecer hacedores de discípulos en el mismo corazón de la iglesia. Esto requiere tres cosas:
1 Declararlo desde el púlpito y colocarlo de primero en la lista de las cosas que Dios quiere que se hagan.
2 Publicarlo en la literatura de la iglesia y establecer metas que puedan medirse y que sirvan de evaluación de la salud de la iglesia.
3 Que el liderazgo dé el ejemplo en hacer discípulos. Esto significa enseñar y exigir a los líderes que sean discípulos hacedores de discípulos.
Esta es una orden de lo alto, especialmente para la iglesia establecida.
¿Está el liderazgo de la iglesia abierto a responsabilizarse y someterse a ser capacitado en el estudio de la Biblia, la oración, el evangelismo y así sucesivamente en otras disciplinas? La total restauración del liderazgo de la iglesia es un “sangriento campo de batalla.” El pastor hacedor de discípulos será resistido y una guerra espiritual será librada.
En algunos casos, el pastor no conoce la verdadera actitud de sus líderes ante el discipulado, porque tampoco ellos la conocen. Un pastor fue reclutado por sus teorías acerca de hacer discípulos. El consejo reconoció que la iglesia se encontraba en un estado en el que las personas necesitaban entrenamiento en el trabajo ministerial y llamó a un hombre cuya filosofía acerca del ministerio parecía engranar perfectamente con la de ellos. Sin embargo, cuando el pastor abrió su grupo de discipulado, ninguna de estas personas decidió unírsele. Ellos ya se veían a sí mismos como líderes responsables y temerosos de Dios, y, que más bien eran todos los demás los que necesitaban el discipulado. Las cosas iban relativamente bien hasta que la vieja guardia entendió que un liderazgo nuevo y espiritual estaba surgiendo desde estos ministerios de discipulado. Empezó una lucha de poderes seguida de una serie de acusaciones de favoritismo y camarillas. Se enviaron “espías” intempestivamente a los estudios bíblicos para ver qué cosas estaban fraguando estas personas en contra del liderazgo. Los líderes que no sean capaces de cambiar con las nuevas directrices en las que los discípulos empiezan a moverse en la iglesia, deberán apartarse, unirse a un grupo y empezar a crecer, o pelear.
Un pastor puede restaurar la integridad del liderazgo en la iglesia y hacerlo sin dañar a los líderes o dividir la iglesia. Nunca le diga a la iglesia que sus líderes no están calificados ni los menosprecie o hable de ellos en una forma degradante. No anuncie que reemplazará a los actuales líderes con líderes nuevos y mejor calificados. La solución es amarlos, enseñarles la Palabra de Dios y permitir que Dios haga Su trabajo.
Aquí lo importante es admitir que hay un problema que debe ser enfrentado con determinación y sabiduría. Usted puede plantar iglesias sólo con líderes calificados. Cuando planté mi iglesia, yo escogí el primer equipo pastoral (nuestro título de ancianos es para quienes lideran y supervisan), sólo cuando tuve hombres que calificaban en las habilidades y filosofía del ministerio. En una iglesia establecida, este proceso tomará muchos años. Prepárese para permanecer por un largo tiempo.
Las Iglesias No han Tomado Seriamente La Gran Comisión
¿Cuántos consejos directivos de iglesias han declinado en la Gran Comisión? ¿Cuántos aún la discuten? ¿Cuántos la entienden? ¿Pueden declararla? ¿Saben aún qué es y dónde se encuentra? ¿Qué tanto tiempo pasan los líderes de la iglesia pensando acerca de la obediencia de la iglesia y planificando cómo obedecer sus mandamientos? Yo menciono el consejo de la iglesia, ya que ellos definen la dirección y la actividad de la iglesia.
Si los equipos de liderazgo de la iglesia dedicaran mucho más tiempo y energía a pensar en la Gran Comisión y en implementarla como lo hacen con los asuntos “domésticos,” la iglesia sería más vital y efectiva. La mayoría de los consejos pasan el 95% de su tiempo en asuntos internos, muchos de los cuales no requieren que el liderazgo se involucre. Analizar los estados financieros, pensar en edificios y terrenos, memorizar los estatutos y las leyes constitucionales, planear los nombramientos y ordenamientos del próximo encuentro congregacional, son hoy los grandes temas eclesiásticos.
La ironía de esta tonta comedia es que casi todos los involucrados en tal insensatez la detestan. A ellos no les gusta asistir a las reuniones; ellos pensaban que sus vidas realmente serían tenidas en cuenta para algo cuando asumieran el liderazgo. Ahora, para su desagrado, el liderazgo se ha convertido en aburrido y de mal gusto.
El promedio del liderazgo de la iglesia no toma seriamente la Gran Comisión debido a que no ha sido instruido correctamente. Ellos han escuchado muchas veces los mandamientos de ir y predicar el evangelio, pero no se preguntan acerca de la importancia de esta misión mundial. Ellos no saben que las aplicaciones son para ellos y han volcado la Gran Comisión casi totalmente sobre la fuerza misionera de la iglesia, creyendo que al destinar fondos a proyectos misioneros, están cumpliendo correctamente la Gran Comisión.
Ellos apoyan la Gran Comisión asistiendo u organizando conferencias misioneras en las que gastan gran cantidad de dinero. Aunque estos eventos son importantes y vitales para la misión mundial, ellos no han asumido seriamente la Gran Comisión al no aplicarla a su vida y obra, a pesar de tener un programa de visitación que incluye algún entrenamiento en evangelización y de asegurarse que cada Domingo, el pastor tire la red al hacer el llamado para ver quien necesita al Salvador.
Tomar seriamente la Gran Comisión significa que los líderes de la iglesia en sí mismos son evangelistas, comparten su fe y hacen discípulos. De hecho, ellos sólo fueron considerados para el liderazgo debido a sus años de servicio como hacedores de discípulos y su ministerio principal aún es hacer discípulos. Ellos lo han colocado en el corazón de la iglesia y su labor más importante es comunicar su valor, ya que ellos son un modelo en esto.
El aspecto más importante de tomar seriamente la Gran Comisión es la intencional orientación del liderazgo de la iglesia hacia la multiplicación. Un proceso debe traer a las personas desde su conversión, a ser entrenadas como hacedores de discípulos. Esto debería ocupar una gran cantidad del tiempo y la energía creativa del liderazgo. Tomar seriamente esta Gran Comisión significa que los líderes de la iglesia enfocan la mayoría de su tiempo y esfuerzo en hacer discípulos.
Por lo general, el liderazgo de la iglesia es un comité permanente. Por lo tanto, la comprensión de su papel, su entrenamiento y su concepto de la iglesia, serán un gran desafío para el pastor hacedor de discípulos. El mandato para él es persuadir al liderazgo de la iglesia a tomar seriamente la Gran Comisión. Este será el principio de la obediencia a Cristo y el de un ministerio lleno de frutos.
Clericalismo
El pastor profesional mantiene una seria amenaza a la salud de la iglesia. Tony Walters escribe: “Una iglesia dominada por su pastor, sus ministros y sacerdotes no tiene más oportunidad de escapar que la de un niño dominado por su madre, un servicio de salud dominado por los doctores, o una economía dominada por un mercado masivo de consumidores.”
El hecho de que una congregación le pague a un pastor entrenado profesionalmente para que realice su trabajo no es peligroso. Aunque existe una diferencia legítima entre la función del pastor profesional y el laico cristiano, no hay nada malo con un ministro laico. El pastor de la iglesia, habiendo sido entrenado profesionalmente, entrena al lacio o al ministro, para realizar una tarea al servicio de Cristo. En resumen, no hay nada malo con el pastor que guía a los miembros de la iglesia al ministerio. Él ha sido entrenado para hacerlo y esa es la tarea que se le ha asignado. Esta legítima distinción siempre permanecerá.
La muy discutida diferencia entre el clero y el laicado necesita ser revisada. El clericalismo es la esperanza que el clérigo profesional tiene del ministerio. Aun cuando la enseñanza de que el pastor está para equipar a los santos para desempeñar el ministerio es bien amplia y reconocida, en la práctica es muy raro que esto se haga. Aún hay una firme expectativa de que el pastor hace tres cosas:
1 Él prepara y predica los sermones. Esta es una buena expectativa, sólidamente sustentada por las Escrituras.
2 Se espera que el pastor ejerza como gerente y sea el administrador principal de la iglesia, que mantenga la maquinaria de la iglesia en buen estado y funcionamiento. Mientras el liderazgo y la administración estén estrechamente unidos, con mucha frecuencia, la iglesia querrá de forma irreal tener tanto un ejecutivo teológico como corporativo.
3 El pastor tiene que cuidar el rebaño, lo cual significa visitar hospitales y casas, aconsejar y celebrar bodas y funerales, asistir a las reuniones del comité, realizar eventos para levantar fondos, organizar reuniones de jóvenes, y así sucesivamente. El pastor predica, administra, visita, cuida y aconseja.
En tanto que algunas de las expectativas anteriores tienen sus raíces en la Escritura, muchas aplicaciones postmodernistas no la tienen. El obstáculo aquí es que el pastor es visto como alguien capaz de atender muchos intereses diferentes. Él hace el ministerio y la lista anterior deja poco tiempo para su función principal: la preparación del pueblo de Dios para las diferentes obras del servicio. Con tantas expectativas, no hay espacio ni tiempo para el pastor hacedor de discípulos.
Existen soluciones (ver Capítulo 4), pero usted tiene que ser conciente de que los obstáculos en el camino son firmes. Mi mejor consejo es que usted defina claramente sus prioridades ante los comités de púlpito. Dígales lo que usted percibe acerca de las tareas asignadas por Dios y asegúrese de pedirles que describan en sus propias palabras lo que ellos esperan con relación a estos temas. Si usted se encuentra demasiado lejos y no hay flexibilidad entre las partes, lo mejor será mantenerse alejado.
Sistema de Gobierno en Cualquier Extremo
Cualquier sistema de organización de la iglesia que permita lo que no es espiritual y la desobediencia, está errado. Cualquier persona con sentido común estaría de acuerdo con estas palabras, pero con mucha frecuencia lo que sucede es exactamente que lo que no es espiritual y la desobediencia determinan la dirección de la iglesia, al asumir posiciones de liderazgo. Dos posiciones extremas pueden surgir en la iglesia.
Primero, que la decisión de hacer pueda descansar en las manos de unos pocos. En sí, esto no es peligroso; de hecho, la iglesia funciona mejor si unas pocas personas capaces e íntegras la lideran. El peligro surge cuando no hay supervisión sobre ellos o responsabilidad de su parte. Si esos pocos equivocados se posicionan y se convierten en un sistema de ancianos autoperpetuados, la iglesia puede ser lastimada.
En el otro extremo, mucho más común, gran cantidad de personas están involucradas en un gran número de decisiones. Esto es terreno abonado para las disputas internas en la iglesia. Cuando personas no calificadas para el liderazgo empiezan a tomar decisiones que corresponden a los líderes espirituales, muy probablemente tomarán decisiones equivocadas que no llevarán a la iglesia en la dirección que Dios quiere que vaya. Tal sistema reduce los requisitos para la participación de “un miembro en buena posición,” pero muchos de ellos son funcionalmente analfabetos, obstinados, beligerantes y tienen un espíritu de disensión. Cuando los miembros no calificados de la iglesia empiezan a tratar cosas espirituales complejas, el desastre ronda muy cerca. Adicione el amor por la democracia, las peticiones, los cambios inesperados del piso, los juegos de poder, y así sucesivamente, y tiene un sistema donde las personas pueden nombrar el “comité del piso.” Estas personas frecuentemente no calificadas, a su vez, son quienes escogen a los líderes de la iglesia. Esto, además de ser el medio más ridículo jamás inventado para escoger líderes, hace que sea casi imposible liderar la iglesia.
En tales circunstancias, hacer discípulos se dificulta al máximo; y lo peor de todo es que se convierte en un campo minado. El pastor hacedor de discípulos debe ser capaz de liderar. Aun cuando él debe ser el responsable, la congregación tiene que darle la libertad para llevar a la iglesia adelante. Cualquier sistema de gobierno que ate las manos del pastor al elegir a líderes no calificados ni espirituales, es un mal sistema. Debe existir un balance entre liderazgo y responsabilidad. La congregación tiene el deber de obedecer y sujetarse a sus líderes (Hebreos 13:17), pues a ellos se les impone la responsabilidad de liderar y cuidar la iglesia (1 Pedro 5:1-3). En el mejor de ambos mundos, los líderes dirigen con integridad y la congregación los sigue con discernimiento. El feliz resultado es una iglesia efectiva.
Muchas iglesias presentan sistemas extremos que hacen imposible su efectividad. Hacer discípulos requiere una atmósfera de apertura y libertad para los líderes. El pastor necesita el espacio para establecer su agenda e implementar el plan. Busque un sistema de gobierno balanceado que permita hacer discípulos.
Ajustándose a la Cultura
Por cultura entiendo “los sistemas de creencias de una sociedad y la concreción a través de la música, la pintura, la literatura, el cine y la televisión.” Se incluye la poderosa influencia de la tecnología, las ciencias sociales y la exaltación del poder a través del dinero, los deportes y los espectáculos. Las maneras en que la cultura se opone a la tarea de hacer discípulos son complejas y multifacéticas. Nombraré algunas:
Los Medios de Comunicación y la Mente. Después de dormir y trabajar, la actividad diaria a la que la gente dedica más tiempo es a los medios de comunicación: ocho horas en el trabajo, duermen siete horas y cerca de cinco horas son absorbidos por los medios de comunicación. La televisión se ha convertido en el alimento básico de la dieta de muchos y tienen un firme compromiso con estos medios. Los analistas sociales concuerdan ampliamente en que los medios tienen un tremendo impacto sobre nuestros valores, actitudes, conducta y formas de ver el mundo.
Si yo fuera el enemigo, desafiaría los estándares de Dios. Usaría las formas más poderosas de comunicación a mi disposición: las películas, la televisión y la internet; lo impactaría a usted intelectualmente a través de sus emociones; dramatizaría la vida y lo expondría emocionalmente, para llevarlo luego a donde yo quiera; usaría los miles de asesinatos, violaciones y escenas violentas familiares para bombardearlo hasta insensibilizarlo ante ciertas formas de maldad. Si yo fuera el enemigo, querría que usted escuchara las palabras dichas a Eva en el Jardín del Edén: “¿Es verdad que Dios les dijo…?” (Génesis 3:1). Lo confundiría y removería el velo existente entre la fantasía y la realidad.
La televisión y la internet nos están discipulando. “Todo (discípulo) el que haya completado su aprendizaje, a lo sumo llega al nivel de su maestro” (Lucas 6:40). Los medios de comunicación corroen nuestra base moral, insensibilizándonos a usted y a mí ante el mal y borrando la línea entre lo correcto y lo equivocado.
La gente que se sienta en las bancas es producto de la televisión más que de la Palabra de Dios. Sus puntos de vista acerca del mundo no se basan en las Escrituras; ellos son discípulos de su cultura. Cuando los medios de comunicación mencionan la responsabilidad, no están hablando acerca de responsabilidad moral, sino del uso de anticonceptivos; abortar (asesinar) es el derecho de la mujer; ser sexualmente activo (fornicar) está bien en la medida en que usted practique el sexo seguro; tener una aventura (adulterio), se espera que suceda en cualquier momento como algo normal, en personas desinhibidas; los extremistas (cristianos) de mente cerrada, son un peligro alrededor de los colegios y edificios públicos; usted no quisiera tener a uno como vecino.
Ellos no creen todo lo que escuchan, pero la comunidad cristiana está alejándose de los absolutos morales. Lo que el pastor declara va en contra de la corriente cultural. La Palabra de Dios es abrasiva cuando es presentada claramente en la atmósfera actual. La mente humana se ha vuelto suave y ya no piensa críticamente; por lo tanto, muchos miembros de la iglesia local tienen sus propios y contradictorios sistemas de pensamiento.
La Necesidad de Moral. El pastor predica a mentes que piensan que lo más grande es lo mejor; lo más espectacular es lo más importante; lo más importante en la vida es disfrutarla; las necesidades básicas son tener una hermosa casa, dos carros, vacaciones de tres semanas totalmente pagadas y varios fines de semana alejados de la ciudad; la vida lo ha engañado a usted a menos que vaya a un crucero por el Caribe, tenga un VCR y un traje para hacer ejercicio. La gente tiene un perverso sentido de la necesidad. Las necesidades se convierten en valores, que se adueñan de su propia moral. El lenguaje de la necesidad ha reemplazado el lenguaje de la codicia.
Conseguir un compromiso es difícil. El pastor hacedor de discípulos se enfrenta a una empinada cuesta cuando pide compromisos de largo plazo para lograr objetivos a largo plazo. El mensaje cristiano, en sí mismo, es lo suficientemente abrasivo, pero cuando se enmarca en el mandato de hacer discípulos, la fricción aumenta. La verdadera naturaleza del mensaje del pastor hacedor de discípulos requiere un compromiso a largo plazo. El deseo de tener todas las cosas ahora mismo, desde un carro hasta los muebles del jardín, milita contra una vida cristiana significativa. Por su incapacidad de mantener compromisos debido a la presión por mantener el estándar de vida de su predilección, los cristianos evidencian su inclinación al materialismo. La clave para un ministerio hacedor de discípulos es la disposición a atrasar la recompensa material. Toma cinco años establecer un discipulado fluido que dé fruto en la iglesia. Muchos pastores y asistentes a la iglesia simplemente no poseen el estómago espiritual necesario para esta clase de viaje.
Ajustarse a las Metodologías Seculares. La iglesia debería sacar ventaja de la publicidad, las ciencias sociales y la tecnología moderna, cuando estos métodos y técnicas ayudan la causa de Cristo. El uso de estudios demográficos, psicográficos (estadística que clasifica la población en grupos según variables sicológicas como sus actitudes, valores o temores), telemercadeo y mercadeo especializado, está bien. Pero cuando lo demográfico se convierte en el factor determinante de la voluntad de Dios en la ubicación de la nueva iglesia, lo demográfico ha reemplazado al Espíritu Santo. Cuando ciertas características del crecimiento de la iglesia se convierten en el “Santo Grial” simplemente por sus resultados y no por su soporte bíblico, el pragmatismo se convierte en un ídolo.
Cuando lo psicográfico determina el contenido y la conducta de mi mensaje, he doblado mi rodilla ante el baal de “oprimir el botón.” Las metodologías seculares han invadido el pensamiento de los líderes de muchas iglesias. Los evangélicos son fácilmente engañados por los últimos modelos presentados para alcanzar a las personas, ya sea el telemercadeo, los ingeniosos folletos o las extravagancias musicales. El total acercamiento pone más responsabilidad en el liderazgo para ser creativo y levantar fondos para que los miembros de la iglesia penetren sus mundos para Cristo de una forma más efectiva.
Lo queremos todo rápido y fácil: escuchamos historia tras historia de la iglesia que creció de cero a mil miembros en dieciocho meses por medio del telemercadeo y sermones analizados psicográficamente, especialmente promovidos a través de la música y el drama. Los pastores empresarios que llevan a cabo estas proezas épicas delante de pastores que “quieren ser” y que escuchan con asombro, salen inmediatamente a tratar “lo que funciona.” El actual fervor por el éxito ha causado muchas veces que un pastor abandone sus convicciones por alcanzarlo.
La desgastante labor del pastor, como la sólida predicación exegética, la oración y hacer discípulos, están fuera de moda. Nosotros determinamos que una iglesia es exitosa por cuánta gente va al espectáculo del domingo por la mañana. ¿Cuán bueno es el predicador? ¿Qué tan talentosos son los músicos? ¿Qué tan cargado está el ambiente? ¿Cuán abundantes son las ofrendas? ¿Qué tan hermosos son los edificios? Estas cosas le dan calidez a nuestro corazón. Muchos se han detenido a hacerse las preguntas correctas: ¿Para qué espectáculo se han reunido? ¿Están penetrando sus mundos para Cristo? ¿Están ellos caminando en integridad delante de Dios? ¿Están colocándolo a Él en primer lugar en sus finanzas? ¿Están comprometidos en la evangelización del mundo?
No tengo argumentos contra el uso de las metodologías seculares, pero sí contra lo que está siendo comunicado como importante. La iglesia se ha vuelto más efectiva en reunir personas, especialmente al sembrar iglesias. Pero el verdadero tema es: ¿Qué hacemos una vez que las personas se encuentran ahí? Este es el verdadero trabajo del pastor y ninguna metodología secular le ayudará a hacerlo. Eso llama al trabajo sobrenatural del Espíritu de Dios, a hacer que las personas se interesen en ser discípulos y en aprender a reproducirse y alcanzar al mundo para Cristo.
No se avergüence de la ayuda secular, pero tenga cuidado de la tentación de convertirse en un pragmático. Comprométase a sí mismo en sus convicciones bíblicas y rehúse a ceder en ellas. Cristo desea que Su iglesia esté compuesta por creyentes saludables, que se reproduzcan y penetren el mundo para Cristo.
Cristianismo Superficial. En una entrevista de 1979, el decano de los escritores cristianos, D. Elton Trueblood, se refirió “al podado compromiso evangélico que carece de raíces profundas; cada vez cuesta menos llevar la etiqueta evangélica en nuestra sociedad.”
El gran escritor G. K. Chesterton describió las obras de ciencia ficción del escritor H. G. Wells como un océano vasto de cinco centímetros de profundidad. Si alguien cae por la borda al moderno mar evangélico, no correrá ningún peligro de ahogarse. Como en las obras de Wells, se encontraría a sí mismo de pie con el agua solo hasta la altura de su tobillo. A los cristianos de hoy les hace falta profundidad espiritual de carácter en el cual establecerse durante los tiempos difíciles.
La influencia de la sicología del mundo ha creado un nuevo culto de adoración propia. Las personas están preocupadas por sí mismas y por cómo enfrentar las necesidades establecidas por la sociedad. La sicología aparece al poner a la gente en necesidad; se les ha dicho que tienen necesidades que nunca supieron que existían. Mientras la industria de la publicidad crea falsas necesidades en las personas para que salgan y gasten dinero en artículos presuntuosos que creen necesarios; las personas gatean tratando de encontrar un nuevo estrato de necesidades emocionales fabricadas por la industria de la sicología.
El locutor nos presenta la horrible verdad, que no es más que la realidad. La Biblia nos da la verdad revelada, en tanto que la sicología nos ha dado la verdad escondida, la cual es una estafa. En una sociedad sicológica, el lenguaje y la filosofía de la necesidad han seducido a la iglesia. Por lo tanto, todos en la iglesia se hacen toda clase de preguntas equivocadas, basados en la programación cultural: ¿Qué puede hacer la iglesia por mí? ¿Puedo cubrir mis necesidades allá? ¿Me siento bien cuando salgo de aquí? ¿Me hace sentir culpable el pastor? ¿Tendré que hacer lo que no siento que debo hacer? Estas preguntas y muchas más reflejan en primer lugar la corrupción de la auto-idolatría acogida en nuestra sociedad por la comunidad de la sicología secular.
Esto ha llevado al desarrollo de una “nueva teología” que encuentra sus raíces en la complacencia de los deseos de la carne. Por lo tanto, las teologías más populares de hoy están dirigidas hacia la inmediata necesidad de placer. La televisión se presta perfectamente para este mensaje, el cual es frecuentemente llamado “la rica y saludable herejía.” La promesa es que Dios desea sanarlo a usted, haciéndolo rico; todo lo que necesita hacer es creer. Dios no sólo le dará salud y riqueza, sino que también quiere darle una variedad de muy excitantes experiencias sensuales espirituales. En otras palabras, seguir a Cristo es sólo un chasquido de dedos tras otro. Si usted tiene dolor, Él se lo llevará. Si lo que necesita es dinero, Él lo proveerá si usted planta una semilla en ese ministerio en particular. ¿Necesita superar la depresión, la ansiedad, los problemas maritales y los conflictos con otros? Sólo cierre sus ojos y crea, y obtendrá la victoria.
Como en un programa de televisión, Dios hará que las cosas mejoren al final. Así como un detective agarra al ladrón y el héroe rescata a su chica, todo será resuelto también. Esto prepara a los cristianos para pensar egoísta y superficialmente acerca de su fe.
Otro aspecto del cristianismo superficial que merece una breve mención es el pensamiento sin sentido de que “no somos especiales, pulcros y llenos de potencial, necesitados de una autoestima positiva.” Esta clase de enseñanza resalta las habilidades y la gloria del hombre. Mientras Dios valore al hombre y el hombre necesite pensar bien de sí mismo, esta enseñanza simplemente no dice toda la verdad. El otro lado de la historia, por supuesto, es nuestra naturaleza pecadora. Somos tan especiales para Dios que Él obra a través de Su Hijo para salvar al ser humano, pero necesitamos arrepentirnos. Podemos sentirnos bien acerca de nosotros mismos después de haber empezado a conducirnos de una manera agradable a Dios, pero el potencial humano es limitado y debe ser cuidadosamente monitoreado por el Espíritu de Dios y bajo la responsabilidad de la iglesia.
El peligro de la enseñanza superficial es que desarrolla una autodependencia del hombre en vez de enfocarse en la protección de Dios para el hombre. Esta se presta para estudiar la literatura sicológica y el precio de un devocional liviano, y dirigirse a las emociones más que a la mente. Raramente estas personas pasan mucho tiempo en las Escrituras, estudiando, memorizando o meditando en las verdades eternas que le dan la historia completa.
Alguien dijo que la diferencia entre los hombres y los niños es que los niños quieren ser alguien, mientras que los hombres quieren ser algo. Los cristianos superficiales quieren tener todos los beneficios de una vida victoriosa en Cristo sin ninguna clase de compromiso. Él busca una puerta de escape para su problema y una vida fácil y agradable.
Los cristianos sensuales poseen un apetito insaciable. La multitud necesitará cada vez más mantener su “llamado espiritual” vivo. Esto no se diferencia de la drogadicción, pues la tiranía eventualmente lo destruye. Una vida espiritual edificada sobre la base de una experiencia de emociones será corta y terminará en problemas.
El pastor hacedor de discípulos predica un compromiso, pero sin el Espíritu que engendró las convicciones, no habrá compromiso. Las personas necesitan una buena experiencia espiritual edificada sobre la base de la verdad objetiva, la cual se encuentra en las Escrituras. Usted enfrenta el reto de desprogramar a quienes reciben su enseñanza. Ellos necesitan rechazar los “nuevos evangelios” superficiales de los últimos años del siglo veinte y ser educados en las enseñanzas de Jesús del primer siglo. La iglesia debe eliminar estas charlas sin fundamento y comprometerse con las enseñanzas ordenadas por nuestro Señor.
El pastor hacedor de discípulos lucha una batalla personal de duda propia. Muchos le pedirán que su mensaje no sea “tan radical” y le dirán: “Está pidiendo demasiado. Si usted realmente nos amara, nos haría esto más fácil”. La tentación es darle a la gente postre en los sermones en vez del plato principal, evitar los pasajes difíciles, eliminar los detalles de geografía, historia, cultura y lenguaje que agotan la superficial atención del cristiano de hoy.
Usted enfrentará la tentación de reducir sus objetivos o recortar las velas de su barco. No le pida a la gente que reproduzcan creyentes. Ellos correrán y se esconderán, porque no querrán pagar el precio. Estudiar la Biblia, orar, memorizar Escrituras, dar testimonio a sus vecinos y amigos: ¡Esto es demasiado! ¡Cuide de nosotros, sea usted nuestro pastor!
Las mismas tentaciones surgirán en los requisitos para los líderes, en el tamaño y el rigor de los grupos de discipulado, en la insistencia de todos los líderes potenciales a mostrar su experiencia y éxito en el evangelismo. Una y otra vez los cristianos superficiales de la congregación desafiarán todos estos estándares. La iglesia nunca será fácil.
Tradicionalismo
Tradición es la fe viviente de los progenitores piadosos, pasada de generación en generación. El tradicionalismo es la fe muerta de los líderes cristianos que intentan mantenerse en el poder. El sufijo ismo significa una doctrina, teoría o causa distinta; refleja un estado del ser. Un comunista recluta otros y se convierten al comunismo, el liberal al liberalismo, el conservador al conservatismo y así sucesivamente. La tradición es algo bueno. Las familias, las iglesias, los clubes, los empresarios, todos tienen tradiciones que forman las bases para los valores corporativos. Las iglesias necesitan tradición no sólo en doctrina, sino también en muchas prácticas familiares. La tradición se mete en problemas cuando se avinagra y se convierte en tradicionalismo.
“Se acercaron a Jesús algunos fariseos y maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén, y le preguntaron: «¿Por qué quebrantan tus discípulos la tradición de los ancianos? ¡Comen sin cumplir primero el rito de lavarse las manos!» Jesús les contestó: «¿Y por qué ustedes quebrantan el mandamiento de Dios a causa de la tradición?»”
Mateo 15:1-3
El tradicionalismo milita contra la voluntad de Dios. De muchas maneras, los líderes de la iglesia local lo manifiestan e inconcientemente entorpecen la obra de Dios. Los matrimonios de la iglesia tratan de mantener viva la reunión de oración de los miércoles en la noche a través de un ministerio de grupos pequeños. Ellos se oponen al estilo innovador de la adoración, a los nuevos requisitos para los líderes, a los nuevos estatutos, porque amenazan los límites seguros de lo familiar. Como resultado, entorpecen el progreso y crean una atmósfera de conflicto. Los “padres fundadores” de una iglesia independiente se encuentran luchando entre sí hasta la muerte por temas sin importancia. Muchas veces, ellos olvidan la razón de la batalla y el conflicto cobra vida propia. Muy frecuentemente, la iglesia se viste completamente con el equipo de escalar montañas y terminan ascendiendo hormigueros.
El tradicionalismo es todavía muy fuerte en muchas regiones. Sería tonto para el pastor hacedor de discípulos hacerse cargo de una iglesia existente sin el conocimiento de sus tradiciones y valores. Trabaje en una atmósfera tradicional cabalgando sobre sus sueños. Luego, pídales que agreguen algo de lo suyo, sin tomar las cosas importantes de ellos. Este acercamiento hará mucho por apaciguar la ira de los “padres fundadores.” Pero, de cualquier manera, prepárese para el conflicto; algunos siempre pelearán ante cualquier nuevo cambio. Un joven senador de los Estados Unidos le hizo un comentario a un veterano de treinta años: “Senador, le apuesto a que usted ha visto cientos de cambios durante su tiempo en el Congreso.” El avezado senador le respondió: “Sí y he estado en contra de cada uno de ellos.” Use las tradiciones para su propia ventaja y combata el tradicionalismo en todo lo que usted valore.
La Educación del Seminario
Yo soy graduado de un seminario y no recomendaría que cualquier persona tome la posición de un pastor predicador sin las ventajas que provee un sólido entrenamiento en el seminario. Apoyar y mantener seminarios teológicos es esencial para proteger, revitalizar y plantar iglesias locales saludables. Como lo dije anteriormente, el seminario determina lo que los pastores creen y finalmente lo que el miembro de la Iglesia cree.
Las iglesias locales pragmáticas generalmente critican los seminarios, reclamando que los graduados de los seminarios son demasiado académicos; sin embargo, en sus críticas llegan a un nivel más serio de acusación cuando dicen que los seminarios no entrenan a sus estudiantes para la obra pastoral. Además, ellos protestan porque muy pocos profesores en el seminario tienen experiencia pastoral y, por lo tanto, los estudiantes son entrenados por gente sin experiencia.
Salgo prontamente en defensa de estos especiales siervos de Cristo. La enseñanza en el seminario es un llamado especial y necesario. El profesor de seminario experimenta los implacables rigores de la comunidad académica secular. No sólo invierte tres o cuatro años para obtener su grado teológico básico, la Maestría en Teología, tres años adicionales para obtener las credenciales en la enseñanza profesional y finalmente, el Doctorado en Teología. Tal rigor académico lleva a una persona cuyo corazón está encendido por Cristo y que ha sido equipado por Cristo, a una gran capacidad intelectual. A diferencia de otros campos seculares, en los que alguien con un Doctorado se asegura un salario considerablemente alto, la mayoría de los profesores de seminarios ganan menos que los pastores.
El papel del profesor de seminario no es suministrarle al estudiante las herramientas del ministerio. Quienes critican los aspectos no prácticos de los seminarios, fallan en reconocer tanto el propósito como las limitaciones de la academia. El seminario le suministra al estudiante aspectos importantes acerca de cómo puede levantar un ministerio: un pensamiento crítico, un trabajo de reconocimiento de los campos de estudio relacionados con mantener la integridad de la Palabra de Dios y, las herramientas para predicar y enseñar las Escrituras. En esta larga carrera, no existe nada más práctico que una sólida comprensión doctrinal junto con un marco filosófico de la visión del mundo. Sobre este fundamento, un pastor puede edificar un ministerio perdurable.
El seminario no intenta equipar totalmente al estudiante para el pastorado, pero en unión con la iglesia local, es responsable de hacer posible que el joven empiece a pastorear la iglesia. El seminario le proporciona las herramientas básicas para el ministerio y la iglesia será la responsable de ayudar a equiparlo en otras áreas. El típico graduado del seminario sabe cerca del 50% de lo que se requiere para ser pastor. La otra mitad debe venir de su propia experiencia, del ejemplo de otros, del internado y de la experiencia previa en el ministerio.
Los profesores del seminario no están en el frente de la batalla por Cristo; en verdad, ellos no forman parte de las tropas regulares en las trincheras y no deberíamos esperar que lo hicieran. Como custodios de la verdad, ellos protegen la integridad de la Palabra de Dios. ¿Cómo le pone usted precio a eso? Ellos no están en el frente; se encuentran en la última línea de la defensa, entre la iglesia y los abismos del subjetivismo. Si el enemigo logra pasar las líneas de defensa de la iglesia local, ellos deberán pelear para obtener la victoria. Satanás agredió a la iglesia liberal desde la retaguardia cuando atacó los seminarios, derribando denominaciones enteras. Al enemigo le gustaría convencer a los pastores y a los laicos de que los seminarios son obsoletos, irrelevantes y demasiado académicos, y por lo tanto, debemos abandonar el modelo académico. Esta creencia es miope e ignorante de lo que los pastores realmente necesitan. Algunas recomendaciones deberían ser consideradas para mejorar el seminario. Pero mientras tanto, deberíamos estimar, orar y apoyar a estas personas tan especiales que se encuentran en la última línea de defensa.
Yo creo que el seminario debería darle al estudiante tres regalos principales: primero, una educación académica exigente y basada en la Escritura, para que los principales fundamentos de la disciplina teológica sean profundamente establecidos; segundo, exponerse ante los miembros más viejos y avezados de la facultad. El intercambio de experiencias y puntos de vista que suministra el ambiente del seminario tienen valor de por vida. En estos dos temas, muchos seminarios realizan un trabajo sobresaliente.
Sin embargo, el tercer regalo es en mi opinión la debilidad número uno de nuestros seminarios evangélicos. Ellos no proporcionan al estudiante una filosofía de la iglesia basada en las Escrituras sobre la cual edificar un ministerio. El estudiante aprende lo que es la iglesia, pero no lo que hace la iglesia. Aunque lo que es la iglesia determina lo que la iglesia hace, ¿el graduado asume su primera tarea pastoral con un marco filosófico a través del cual pueda entender su trabajo? ¿Tiene las características que lo definen como un pastor hacedor de discípulos? Yo no pido que los estudiantes posean la filosofía exacta de este libro, pero deberían tener convicciones dentro de un marco filosófico. ¿Entiende el pastor quién es él y cuál es su trabajo? ¿Tiene un objetivo con quienes se sientan delante de él en el culto? ¿Cómo motiva y mueve a las personas a través de los procesos de discipulado sin polarizar la congregación? Estas son sólo unas pocas preguntas que los graduados del seminario deberían hacerse en su labor de pastorado.
Yo recomiendo un curso completo requerido en la Maestría de Teología, que expone a los estudiantes a esta clase de temas. Adicional al típico ministerio pastoral y a los cursos de consejería pastoral, al menos tres importantes cursos beneficiarían de gran manera al estudiante: primero, un curso principal que establezca una base filosófica a partir de las Escrituras por la naturaleza de la iglesia y su trabajo y papel como pastor. Este curso sería teórico en principio. Los dos cursos subsecuentes se enfocarían en cómo identificar los principios y hacer que funcionen en la estructura de la iglesia local. Este es el “eslabón perdido” de nuestros graduados del seminario. Muchos entran a la iglesia sabiendo cómo dar un sermón, oficiar matrimonios y funerales, dar consejería y algo más.
Yo no esperaría que alguien recién egresado del seminario trabaje con la sabiduría y eficacia de alguien con más experiencia, pero quisiera verlo con estos principios y convicciones adicionales agregadas a su caja de herramientas.
La educación del seminario sin este tercer regalo a sus estudiantes será otro obstáculo para hacer discípulos. No es un obstáculo como los ya mencionados. Sin el seminario, el futuro de la iglesia estará en riesgo. Pero no podemos estar satisfechos mandando graduados a las iglesias sin convicciones relacionadas con el encargo de hacer discípulos.
Notas
1 Lyle Schaller, Es un Mundo Diferente (Nashville, Tenn.: Abingdon Press, 1987), 60.
2 Richard Neuhaus, Conferencia en el Congreso sobre la Biblia, Washington D. C., Septiembre, 1987.
3 Tony Walter, La Necesidad de la Nueva Religión (Downers Grove, Ill.: Inter Varsity Press, 1985), 142.
4 D. Elton Trueblood, en entrevista privada con Jon Johnston, Sobrevivirán los Evangélicos a su Propia Popularidad? (Grand Rapids, Mich.: Zondervan, 1980), 38.
Capítulo Tres
El Producto
Los Fundamentos Bíblicos para Hacer Discípulos
◆
La declaración de George Orwell merece ser leída por segunda vez:
“Ahora nos hemos hundido a tal profundidad que volver a declarar lo obvio es el primer trabajo de los hombres inteligentes.”
Es obvio que la iglesia necesita mejorar su producto. Llámelo renovación, revitalización, restauración o lograrlo: Un nuevo compromiso a los claros mandamientos de Cristo es lo primero. El mejoramiento comienza con el establecimiento de fundamentos bíblicos para el producto.
◆
Hacer discípulos tiene que ser algo enclavado en el corazón de la iglesia, pues su compromiso es producir creyentes que den fruto; estos son llamados discípulos. El mandamiento de Cristo a su Iglesia de ir y hacer discípulos está registrado en las Escrituras, en Mateo 28:18-20.
Este texto trae la claridad necesaria a los otros cuatro textos acerca de la Gran Comisión. Ningún evangélico ha desafiado seriamente el estatus de la Gran Comisión. Esta representa la agenda de trabajo ordenada a la iglesia. No debería haber confusión respecto a la última línea de la Gran Comisión. El objetivo es la evangelización mundial, el poblamiento del cielo. Estas últimas y a la vez las más importantes palabras de Cristo con relación a la tarea de la iglesia constituyen el corazón de lo que la iglesia es y hace.
Las declaraciones posteriores a la resurrección se encuentran en:
“Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.”
Juan 20:21
“Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.”
Marcos 16:15-17
“… y en su nombre se predicarán el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de estas cosas.”
Lucas 24:47-48
“Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.”
Hechos 1:8
Podríamos resumir las cuatro comisiones de esta manera: “Vayan y prediquen el evangelio por todo el mundo a toda persona. Vayan en el poder del Espíritu, acompañados de señales y maravillas del poder de Dios. Díganles de lo que ustedes han sido testigos. Empiecen en su tierra y desde allí, vayan al resto del mundo.”
Esta debió ser como decirle a una multitud de constructores principiantes: “Vayan y construyan casas; háganlas especiales, como si fueran premios; aquí está el dinero; constrúyanlas alrededor del mundo.” Los contratistas no saben mucho acerca de las casas. Ellos necesitan una muy detallada descripción, planos si quiere, que incluyan las especificaciones de las casas. También se necesita una metodología para construirlas. Esta es la razón por la que Mateo 28:18-20 es tan importante para comprender la Gran Comisión. Estos versículos dan la copia del plano, los métodos y la metodología para cumplir el mandamiento de Cristo:
“Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.”
Las tres palabras importantes de este texto son: vayan, bautizar y enseñar. Vayan es un imperativo circunstancial que podría entenderse “mientras van.” El mandamiento no es ir; Cristo asume y los discípulos lo entendieron así, que ganar al mundo no es para los sedentarios.
Por lo tanto, mientras usted va por la vida, ya sea viajando o que viva en un lugar específico, este trabajo es para usted. Sin embargo, note que cuando pensamos en la estrategia de Hechos 1:8 (Jerusalén, Judea, Samaria y los confines de la tierra), viajar es necesario.
Mientras que vayan es circunstancial, bautizar y enseñar tienen un mayor peso exegético. Estos califican la acción principal ordenada en el texto. El trabajo asociado a la acción ordenada es bautizar y enseñar. Bautizar convertidos requiere que los nuevos creyentes hagan una confesión pública de su fe. Un testimonio público, formal y dramático de una nueva vida, es lo importante del bautismo.
Enseñar a otros a obedecer, es una tarea que avanza fuertemente a través de la experiencia cristiana. Por ahora, déjenme decir que enseñar a otros a obedecer es el ingrediente continuo más importante para una vida cristiana significativa. Bautizar y enseñar a otros a obedecer constituyen una muy completa descripción de la labor de la Gran Comisión. Más sobre esto a su debido tiempo.
El mandamiento imperativo del texto es hacer discípulos. Esta es la fórmula para evangelizar al mundo y la metodología requerida es la de reproducir y multiplicar la misión mundial. La Gran Comisión sin multiplicación es evangelismo paralizado de la nuca a los pies. Jesús, al ordenar específicamente ir y hacer discípulos, especificó el producto final de la iglesia.
Él no dijo “hagan convertidos,” o, “hagan cristianos.” Ser un convertido o un cristiano no necesariamente se equipara a la reproducción. Muchos cristianos son espiritualmente estériles; muchos no avanzan el evangelio. Cuando se hace un discípulo, suceden dos cosas buenas: un discípulo es saludable y piadoso; los discípulos se reproducen a sí mismos y algunos se convierten en hacedores de discípulos, dando como resultado la multiplicación. Por lo tanto, los discípulos resuelven la crisis en el corazón de la iglesia. Hacer discípulos crea un producto de calidad y una fuerza de trabajo efectiva. Este es el plan de Dios para Su iglesia.
Los discípulos son el producto; bautizar y enseñar a obedecer son los requerimientos. Como mínimo, un discípulo da un testimonio público a través del bautismo y se somete a la autoridad de otros para ser instruido. Él se dispone a sí mismo para el entrenamiento y entiende la virtud del seguimiento. Él se entrega a un proceso de aprendizaje por toda la vida. Hacer discípulos no es algo que ocurra sin seguimiento. (Ver Capítulo 4).
Si deseamos obedecer la Gran Comisión no podemos ignorar la tarea progresiva de ir y hacer discípulos. Para ello, debe haber seguimiento, de lo contrario, la gente no será enseñada a obedecer. Sólo quienes se han ubicado a sí mismos en un modelo de aprendizaje verificable se convertirán en reproductores. Fuera de este grupo surgirán aquellos con dones de liderazgo y habilidades especiales, que conformarán el centro de hacer discípulos de cualquier iglesia. Ellos a su vez crean ambientes para hacer discípulos y multiplicarse. Esto llevará al crecimiento exponencial de la iglesia. Hacer discípulos es el corazón de la iglesia, porque es el corazón de la Gran Comisión.
La Iglesia Obediente
“Enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes,” se refiere a la Gran Comisión en sí misma. Enseñar a la iglesia a obedecer la Gran Comisión es una labor importante pero descuidada. La pregunta que surge es: ¿Una iglesia que no obedece la Gran Comisión, está obedeciendo a Dios? ¿Es una iglesia obediente? No, no lo es. La dedicación determinada a la Gran Comisión descansa en el corazón del mandamiento de Cristo. Por cierto, también debemos preguntarnos: “¿Qué es obedecer la Gran Comisión?”
La estructura esencial de la obediencia es el esfuerzo intencional que define a un discípulo, para producir discípulos a través de los diversos medios de la iglesia. Este libro mostrará varias maneras para que el trabajo se lleve a cabo. Pero lo innegociable es el esfuerzo intencional. La obediencia requiere además un compromiso para la reproducción. La evidencia de tal compromiso aparece en el entrenamiento de las personas para evangelizar: primero, mostrándoles cómo hacerlo; luego, haciéndolo con ellos; y finalmente, dejándolos a ellos hacerlo. Crear expectativas y entrenarlos para poder llevarlas a cabo con responsabilidad, es el verdadero compromiso para la reproducción.
Un tercer componente de esa estructura esencial de la obediencia es un compromiso para la multiplicación. La evidencia de tal compromiso puede ser vista en la selección de aquellos con la capacidad de liderazgo para ser entrenados como hacedores de discípulos. Esto significa un entrenamiento especial que le enseñe a los líderes a crear entornos para hacer discípulos masivamente. Ellos aprenden cómo entrenar grupos de personas y enseñar a otros discípulos equipados con dones para que se conviertan en hacedores de discípulos. De este proceso, usted consigue ancianos, pastores, misioneros, plantadores de iglesias y otros líderes claves.
La obediencia a la Gran Comisión aplica para las tres clasificaciones: un plan intencional que defina y entrene discípulos, un compromiso para la reproducción por medio del entrenamiento en el evangelismo con responsabilidad, y, un compromiso para la multiplicación por medio del entrenamiento especial para producir líderes que hagan discípulos. Estos son los puntos esenciales de la obediencia a la Gran Comisión; cualquier otra cosa es pecado.
Los Discípulos… ¿Más que Convertidos?
Jesús nos ordenó “hacer discípulos.” Los discípulos son tanto los que complacen al Señor como los que alcanzarán el mundo. Por lo tanto, es imperativo y prioritario para la iglesia entender lo que un discípulo es y hace. La ironía de la iglesia está en que hemos soltado abiertamente la palabra discípulo, pero muy a menudo sin definición. Eso es como si una compañía de zapatos tratara de elaborar un producto sin especificaciones. El producto final de la línea de ensamble sería interesante.
La definición es ilusoria. ¿Un discípulo es un convertido, que sólo creyó en Cristo para su salvación? ¿Es un creyente reproductor que lleva fruto tal como Jesús lo describe en otros pasajes? ¿O es la persona totalmente comprometida que Jesús describe en Lucas 14:25-35, que pone a Cristo antes de sus posesiones, de sí mismo y de su familia?
Los Discípulos… ¿Nacen o se Hacen?
Si los discípulos nacen y no se hacen, entonces ellos deben desde el mismo momento de su nacimiento espiritual, reflejar las características y conocer los requisitos descritos por Jesús. Estas características no tienen que estar plenamente desarrolladas, aunque deberían estar presentes al menos en una etapa primaria. Ellos lucirían como creyentes constantes, obedientes y fructíferos, que glorifican a Dios, son gozosos y se aman unos a otros (Juan 15:7-17). Tendrían las prioridades del discípulo descritas por Jesús (Lucas 14:25-35) y la dedicación del seguidor que renuncia a todo por causa del evangelio (Lucas 9:23-25).
Si los discípulos nacen y no se hacen, entonces mientras estas características se desarrollan, ellos revelarían en todo momento la verdadera regeneración. Por lo tanto, cada cristiano de manera individual sería un creyente saludable y se reproduciría. Pero si ellos no reflejan el perfil del discípulo, entonces no serían cristianos.
Si los discípulos nacen y no se hacen, los no cristianos dominarían la iglesia evangélica. Un estimado generoso encontraría que no más del 25% de los evangélicos buscan el estándar de Cristo para un discípulo. Como lo dije anteriormente, sólo el 7% ha sido entrenado en evangelismo y tan sólo el 2% ha llevado a alguien a Cristo. Según la definición de Cristo, los discípulos se reproducen a sí mismos a través del evangelismo. Si alguno asume la teología de que “los discípulos nacen y no se hacen” y la une a la definición que Jesús da acerca de lo que es un discípulo, y luego agrega los hechos objetivos concernientes a la iglesia evangélica actual, los resultados son alarmantes. Al menos el 75% de los evangélicos no son cristianos, pues ellos no se miden según el estándar de Cristo de lo que significa ser un discípulo.
La teología de que “los discípulos nacen y no se hacen” tiene muchos efectos perjudiciales. Algunas facciones la aceptan porque no la han comparado detalladamente con las definiciones de Jesús. Cuando lo hagan, se crea un evangelio activo. Esto se agrega a los requisitos de la salvación. No sólo se requiere de la fe en Cristo, sino de un compromiso hacia el perfil exigido para ser un discípulo. A menos que usted se comprometa con la evangelización mundial y a trabajar en el campo de la cosecha poniendo a Cristo antes que cualquier cosa en su vida, según las palabras de Jesús, usted “no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:25-35); por lo tanto, no es salvo.
Las Escrituras enseñan la transformación definitiva como consecuencia inmediata de la salvación, pero no enseñan que todos los creyentes se convertirán en reproductores de discípulos. La madurez cristiana se enseña como un objetivo para cada cristiano en forma individual, pero no considera la evidencia de la regeneración. Las trece epístolas de Pablo dan suficiente testimonio de que la iglesia está compuesta por cristianos inmaduros que no debieran serlo. Textos como 1 Corintios 3:1-3 y Hebreos 5:11-13, suministran suficiente evidencia de que los cristianos desobedientes o carnales son aún considerados cristianos.
La confrontación entre discípulo como alguien convertido y discípulo como un creyente maduro y que se reproduce, es como la de dos hombres calvos peleando por un cepillo para el cabello. La controversia es innecesaria y producto de una pobre hermenéutica. El problema viene de las definiciones surgidas del simple significado léxico, que tratan de definir discípulo desde la etimología de la palabra sin considerar información de mayor importancia.
Otro error es argumentar que Jesús nunca hizo una distinción entre discípulo y creyente o convertido. Esto falsamente asume que cada vez que la palabra discípulo es usada, significa lo mismo. Esta palabra es mucho más fluida de lo que una hermenéutica permite.
Una definición léxica de mathetes “siempre implica la existencia de un acoplamiento personal que conforma toda la vida de aquel descrito como mathetes, y que, en su particularidad, no deja dudas en cuanto a quién está desplegando el poder formativo.”1 Para resumir el artículo de Kittel, un discípulo es un seguidor, un estudiante de un profesor particular; Juan el Bautista, Platón y Jesús tenían discípulos. Siempre implica una relación supremamente personal.
El artículo continúa mencionando que mathetes está siempre asociado con seguidor. Los discípulos hacen más que sólo creer; muchos creyeron en Cristo, pero pocos lo siguieron. Pocos dejan su rutina normal para convertirse en seguidores. Tenga en cuenta que más de quinientas personas lo siguieron a Él durante el tiempo de su mayor popularidad. Los discípulos hacen sacrificios para ajustar su estilo de vida para obedecer a Cristo; ellos fueron una clase aparte. Un discípulo fue y es una persona de acción y compromiso concretos.
Jesús describió a sus discípulos como personas de compromiso y obediencia. Ellos también sufrieron y compartieron gustosamente el trabajo. El uso principal de mathetes en los evangelios describía la relación entre los seguidores terrenales de Jesús durante su misión en este mundo: los doce, los setenta y los quinientos. Los aspectos contextuales, además de las definiciones léxicas, nos exigen pensar que un discípulo es un seguidor comprometido con Jesús. Esto significa mucho más que sólo creer, sino también demostrar su creencia por medio de la acción.
Otro uso de mathetes se encuentra en los Hechos de los Apóstoles. Una vez más, Kittel comenta: “Nótese primero que mathetes es usado por los cristianos sólo en secciones específicas de los Hechos (Hechos 6:1-21:6). Antes de Hechos 6, los cristianos son “quienes creen” o “los hermanos.” El uso de mathetes no es sistemático ni ocurre en las secciones de “nosotros” excepto en Hechos 21:4; 16.” Las secciones de “nosotros” son aquellas partes donde el autor, Lucas, estuvo presente.2
En Hechos, el término mathetes es usado por los cristianos en general, no sólo por los seguidores personales de Cristo. Esto incluye a aquellos que no conocieron a Jesús personalmente; por ejemplo, Timoteo fue llamado discípulo. La marca de un discípulo se encuentra en Hechos 6:7: obediente en la fe. Pablo tuvo discípulos (Hechos 9:26), y, en el primer viaje misionero, Pablo y Bernabé regresaron a las ciudades evangelizadas y fortalecieron a los discípulos y constituyeron ancianos (Hechos 14:21-24).
Según Jesús, ¿Qué es un Discípulo?
El factor más importante en la definición de un discípulo es la enseñanza de Jesús. Él fue el hacedor de discípulos; Él les estaba hablando a ellos cuando les dio la Gran Comisión. Las definiciones de Jesús están sobre cualquier otra. Él definió a un discípulo y consideraremos ese perfil en detalle en las siguientes páginas.
Podemos resumir las enseñanzas de Jesús sobre los discípulos como sigue. Un discípulo:
Está dispuesto a negarse a sí mismo, llevar su cruz cada día y seguirlo a Él (Lucas 9:23-25).
Coloca a Cristo antes que a sí mismo, su familia y sus posesiones (Lucas 14:25-35).
Es fiel a las enseñanzas de Cristo (Juan 8:31).
Está comprometido con la evangelización del mundo (Mateo 9:36-38).
Ama a otros de la misma forma como Cristo ama (Juan 13:34,35).
Soporta en Cristo, es obediente y fructífero, glorifica a Dios, tiene gozo y ama a los hermanos (Juan 15:7-17).
Jesús declara en tres ocasiones que, si alguien no está dispuesto a hacer tal clase de compromisos, “no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:25, 26, 33).
Concluir que Jesús no hizo distinción entre creer en Él y comprometerse con Él es ignorar los hechos. Jesús le habló a muchos acerca de la importancia de la vida eterna: a Nicodemo, a la mujer samaritana y al ladrón en la cruz. Él no les habló de los rigores del discipulado, pero siempre hizo énfasis en creer y confiar: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Juan 6:25-29 y 11:25, también hablan de las enseñanzas de Jesús acerca de la salvación como distintas de Sus enseñanzas sobre las exigencias para ser Su discípulo. Jesús hace una distinción entre la necesidad de la fe para tener la vida eterna, y la necesidad de compromiso, que lleva a seguirlo a Él y a ser Su discípulo. Por lo tanto, he llegado a cuatro conclusiones relacionadas con la definición de discípulo.
1 Los creyentes verdaderamente nacidos de nuevo son técnicamente discípulos desde el mismo momento de su nacimiento. Los verdaderos creyentes son seguidores de Jesús; esto no significa que ellos serán seguidores maduros de Jesús o que harán que sus vidas cuenten para Cristo. Ellos pueden vivir en un sueño espiritual, desperdiciando los dones y talentos de Dios. Por lo tanto, el mandamiento de ir y hacer discípulos incluye el evangelismo. Llevar personas a Cristo es el primer paso de la Gran Comisión.
2 Jesús quiso decir mucho más que “hacer discípulos.” Aún cuando cada verdadero creyente es un discípulo, Jesús quiso decir algo más que sólo “ir y evangelizar.” Los creyentes son bautizados y abiertamente identificados con Cristo, y, llamados a obedecer todo lo que Él ordenó, esto es, ser entrenados y edificados en la madurez, reproduciendo discípulos.Cuando Jesús dijo, “hagan discípulos,” necesariamente los discípulos entendieron que esto significaba mucho más que conseguir simplemente personas que creyeran en Jesús. Ellos habían visto cientos de personas venir e irse; habían visto multitudes de necesitados, interesados y superficiales, irse después de los milagros; y sabían que conseguir personas que digan simplemente, “sí, yo creo,” no era suficiente. Ellos tuvieron que interpretar lo que significaba hacer con otros lo que Jesús había hecho con ellos. El hecho mismo de que ellos hubieran tenido que contar el costo, hacer sacrificios y seguirlo a Él, significaba que era necesario un proceso largo e intencional para llegar a ser discípulo de Jesús. Su tarea empezó con la evangelización, pero ese fue sólo el comienzo. Ellos necesitaban producir personas comprometidas a ganar el mundo y a través de las cuales el evangelio pudiera multiplicarse. Hacer discípulos incluye ganarlos a ellos, pero ese es sólo el primer paso.
3 Hacer discípulos de todas las naciones está establecido como una meta. El proceso sería ganar a tantos como sea posible, para entrenar a tantos como sea posible y multiplicarse a través de ellos en tantos como sea posible. “Hacer discípulos” involucra todo el proceso, desde la conversión hasta ser entrenado como un hacedor de discípulos. Por lo tanto, el proceso de hacer discípulos es legítimo y es el mismo corazón de lo que Cristo espera de Su iglesia. Hacer discípulos lleva a las personas al Salvador, los edifica para alcanzar la madurez y los entrena para que se reproduzcan y sean efectivos para Cristo. Este es el trabajo de la iglesia y la labor encomendada al pastor.La creencia de que los discípulos nacen y no se hacen, nos lleva a concluir que hacer discípulos es lo mismo que evangelizar. Entonces, la labor encomendada a la iglesia habría sido evangelizar a expensas de la salud general de la iglesia. La principal labor encomendada a la iglesia sería evangelizar y la secundaria madurar a los santos, si el tiempo lo permite. Los discípulos nacen primero y luego se hacen. Nacen por el Espíritu de Dios, con el equipo de fábrica instalado correctamente. Ellos deben ser edificados, entrenados, enseñados y guiados en su compromiso con Jesucristo. Por lo tanto, lo ordenado por Jesús es más que evangelizar; Él ordenó llevar a todos los cristianos a la definición de lo que es un discípulo maduro.
4 Cuando Jesús comisionó a la iglesia para “hacer discípulos,” le encargó la responsabilidad de edificar discípulos que se reprodujeran. Él habló de la calidad del producto, el cual es la clave para evangelizar al mundo.Hacer discípulos dispara la multiplicación. Como estrategia y proceso, la multiplicación es la clave para la evangelización del mundo. Hacer discípulos es más que un producto, es una metodología que se requiere para ganar al mundo. En la medida en que la iglesia se dedica a hacer discípulos, es obediente a Cristo. Ahora la misión está en problemas debido a que la iglesia se ha detenido en el primer paso de hacer discípulos. Muy frecuentemente la iglesia gana y bautiza, pero no enseña ni entrena. El triste resultado es una falta de reproducción y multiplicación. Dios desea que cada cristiano sea Su discípulo. Su voluntad es que cada cristiano sea reproductivo espiritualmente.
Cristo comisionó a Su iglesia a hacer discípulos para asegurar que dos cosas sucedieran: que la iglesia produjera un fruto saludable (un discípulo que se reproduzca) y que la evangelización del mundo sea una realidad. Pero sólo los discípulos se reproducen y se multiplican; no hay otra forma. Por lo tanto, hacer discípulos es algo que debe estar en el corazón de la iglesia local y ser establecido como una prioridad por el pastor.
El Perfil del Discípulo
Juan 15:7-17
Jesús enseña que su relación con los discípulos es como la de una vid con sus ramas. El énfasis de esta enseñanza en el Aposento Alto es una cuarta fase de su relación. La fase del “vengan a ver” fue la introductoria y duró cuatro meses. La fase del “vengan y síganme,” estableció a los doce en los principios y duró diez meses. El paso del “vengan y permanezcan conmigo” duró veinte meses y fue el entrenamiento especializado de los doce para asumir responsablemente el ministerio. En la cuarta fase llamada “permanezcan en Mí,” Jesús explicó la analogía de la vid y sus ramas.
Jesús les habló a ellos del cambio en la relación. Él se iba, pero el Espíritu Santo vendría en Su reemplazo. Él estaría con ellos en una forma diferente pero completamente plena. La absoluta necesidad de un ministerio efectivo se establece en Juan 15:5: “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.”
Permanecer en Cristo es algo innegociable para un cristiano fructífero, pero el énfasis de Cristo no está en llevar fruto, sino en permanecer en Él. Permanecer en Cristo de la manera como una rama depende de la vid, es lo que permitirá al creyente dar fruto; de hecho, él no puede evitar dar fruto. Esta enseñanza es crucial para hacer discípulos, pues Jesús dice que el creyente que da fruto complace a Dios. Él identifica a esta persona como un discípulo. Él está hablándoles a los discípulos acerca de discípulos al describir al discípulo ideal. En otras palabras, Jesús describe el producto de la Gran Comisión. El perfil del discípulo tiene seis dimensiones.
1 Un Discípulo Permanece en Cristo Juan 15:7“Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá”Juan 15:7 (negrillas agregadas)“Permanecer” viene de la palabra griega mena, que significa “permanecer o mantener contacto por un tiempo prolongado.” Lo que Cristo quiere decir es que Él y sus seguidores deben mantener una relación orgánica. Esto será esencial para dar fruto. Pero aún antes de definir lo que significa permanecer en Cristo, tenemos que considerar la primera palabra de la oración: “Si.”La palabra tiene cierto grado de duda. En el griego hay cuatro diferentes formas de decir si, pero esta forma en particular comunica claramente cierto grado de duda. La elección determinará la posible acción a seguir. Cada cristiano toma la decisión diariamente: “¿Seguiré a Cristo hoy?” “¿Me guiará Su Espíritu?” “¿Me instruirán Sus enseñanzas?” Cada persona necesita responder al llamado de Cristo: “Síganme y los haré pescadores de hombres” (Marcos 1:17).Demasiados piensan que una vez que se convierten en cristianos, encienden el piloto automático espiritual. El crecimiento cristiano es sobrenatural, no es automático. La gran diferencia está en la decisión diaria de seguir a Cristo, la cual gobierna directamente el grado de permanencia en Él. Al empezar con el condicional si, Jesús comunica claramente una responsabilidad continua de los discípulos para mantenerse unidos a Él.Tristemente, muchos cristianos han rechazado el discipulado basados en un concepto erróneo, pensando equivocadamente que esta seria alianza significa ser un Boina Verde para Cristo o pertenecer a la Fuerza Delta de Dios, y que a menos que usted esté dispuesto a invadir territorio enemigo, combatir mano a mano e ir de puerta en puerta, usted no puede ser un discípulo. Miremos los hechos. Decirle “sí” a Cristo exige dos acciones que le permiten a cualquier persona permanecer en Cristo.Estar Correctamente Relacionados con las Palabras de Cristo. El discípulo tiene un compromiso con la Escritura. Jesús lo dijo: “Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos” (Juan 8:31).Claramente, Jesús se refería a sus enseñanzas orales. Él basó muchas de sus enseñanzas en el Antiguo Testamento; vea, por ejemplo, el Sermón del Monte. La aplicación destilada del s. XXI dice que el discípulo está comprometido con las enseñanzas de Cristo que se encuentran en el Nuevo Testamento. Sin embargo, el canon completo de la Escritura es considerado Palabra de Dios; por lo tanto, el discípulo está comprometido a la autoridad de la totalidad de la Biblia. La única forma en que un discípulo puede relacionarse correctamente con la Palabra de Cristo es demostrando su compromiso con esta. Este compromiso se demuestra por sí mismo en el conocimiento de las Escrituras acerca del trabajo del discípulo, el cual, funcionalmente, tiene varias dimensiones.Estudiar. “Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).“Esfuérzate” es un llamado a ser diligente, a hacer todo el esfuerzo posible para entender la Escritura tan bien como para ser un hábil artesano, y sostener su cabeza en alto cuando sea confrontado en su conocimiento y habilidad para aplicar a su vida la Escritura. Esto significa que un discípulo leerá, estudiará, memorizará y tendrá la capacidad para enseñar y aplicar a su vida la Biblia.Pelear. “Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo” (2 Corintios 10:3-5).El discípulo debe conocer la Biblia lo suficientemente bien a través del estudio, para enfrentar la tentación y protegerse a sí mismo contra las ideas y filosofías del mundo. El discípulo es confrontado diariamente con miles de mensajes e ideas. Un sistema de defensa bíblico debe separar las ideas, tomar lo que obedece a Cristo y rechazar lo que no. La defensa del cristiano promedio contra las filosofías del mundo es tan eficaz como las luces de la Antigua Iglesia del Norte de Boston que advierten contra un ataque nuclear. Muchos cristianos, por no decir la mayoría, están indefensos ante los mensajes de la propaganda moderna.Cuando los jóvenes preguntan por qué es malo ver pornografía, muchos padres cristianos no saben ir y encontrar en la Biblia una respuesta adecuada, revelando la ignorancia bíblica entre los evangélicos. ¿Qué dice la Biblia acerca del aborto, la pena capital, alimentar al pobre, pedir dinero prestado a los amigos, enseñar a los niños, el manejo de la ansiedad, finanzas, matrimonio, y muchas otras cosas? Si usted no lo ha estudiado, no lo sabrá y, por lo tanto, tendrá que pelear sin armas. Cada cristiano debe enfrentar una guerra contra el mundo, la carne y el maligno. La pregunta es: “¿Se encuentra equipado para la batalla?” El discípulo lo está, la mayoría no.Defender. “Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes” (1 Pedro 3:15).El discípulo estudia la Escritura para renovar su mente y moldear su propia conducta, para saber cómo aplicar los principios de Dios a su vida, para poder pelear contra la tentación, someter cada pensamiento a la obediencia de Cristo y defender la fe entre quienes buscan entender el mensaje de Jesús.Cada discípulo debería entender suficientemente bien en qué cree para reconocer las falsas enseñanzas. Él debería ser capaz de responder las preguntas básicas que otros hacen: “¿Cómo sabe usted que la Biblia es de fiar?” “¿Por qué Dios permite el sufrimiento y la maldad?” “¿Cómo puede decir que Cristo es el único camino al Padre?” El discípulo tiene que poseer el conocimiento y la habilidad para responder a tal clase de preguntas.Estas tres habilidades funcionales -estudiar, pelear y defender-, son el resultado de un demostrado compromiso con la Escritura. El discípulo ha sido transformado por la renovación de su mente y lo que renueva su mente y reprograma su conducta es la Palabra de Dios. Dios le habla al discípulo a través de Su Palabra. Esta es la primera y más importante acción de permanecer en Cristo.La Biblia es el punto de partida para cualquier discípulo. Muchos cristianos descansan “muertos en el agua,” viviendo en un estado de reposo. Ellos necesitan desesperadamente levantar sus velas y hacer un compromiso para estudiar la Escritura. Al tratar de evitar este paso crucial, se apartan de la vid. La relación del cristiano con la Palabra de Dios es el tema más crítico para un caminar vibrante. Todo lo que sea caminar con Cristo y vivir en el mundo se basa en ella.Sin un poderoso conocimiento de la Palabra de Dios, el cristiano es débil. Pablo no exalta esa clase de debilidad en 2 Corintios 12:10 cuando escribe “porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” La deliberada negligencia en un encargo causa esta debilidad. El producto de la poco eficaz iglesia de hoy es un cristiano que no se relaciona adecuadamente con la Palabra de Dios; muchos evangélicos asisten a la iglesia y escuchan el sermón, pero todo acaba allí. Ellos tienen que ser alimentados con cuchara. Los discípulos se alimentan por sí solos; ellos saben tomar el alimento y ponerlo donde corresponde. Existe muy poca preocupación acerca de esto. Escuchar y leer la Biblia no harán de usted un discípulo que se alimenta a sí mismo, porque estas cosas por sí solas no lo ayudarán a estudiar, pelear y defenderse. No hay forma de evitar este primer paso: “Si usted planea permanecer en Mí, mis palabras tienen que permanecer en usted.”Un Compromiso para Orar. “… pidan lo que quieran, y se les concederá” (Juan 15:7), habla de la oración eficaz. Un discípulo que permanece en Cristo y entiende Su Palabra sabe qué y cómo orar, qué pedir y cómo obtenerlo y también sabe qué no orar. Este versículo no les da a los discípulos carta blanca. Debe balancearse con muchos otros comentarios sobre la oración. Otros requisitos para una oración contestada incluyen guardar los mandamientos (1 Juan 3:22) y orar de acuerdo con la voluntad de Dios (1 Juan 5:14-15). El discípulo es una persona reconocida de oración y autoridad.Comunicarse con Dios constituye la base para permanecer y la raíz de vivir como un discípulo. Dios me habla a través de la Escritura y yo le respondo a Él a través de la oración. Conocer a Dios en algunos aspectos, es como conocer a cualquier persona. Hay una conversación en la que se comparte y se intercambian ideas y opiniones. Hablarle a Dios es tan vital como que Dios nos hable a nosotros. El discípulo aprende a hablarle a Dios escuchando primero lo que Dios dice. La oración responde a lo que Dios ya ha dicho. Permanecer en Cristo requiere tanto de la Palabra de Dios como de la oración.Muchos problemas que llegan al pastor encuentran su raíz en la falta de consejo producto de una inadecuada relación con Dios y a una falta de comunión con Él. Ellos no están sacando tiempo para escuchar su voz, revelar sus corazones ni entender Su Palabra. Uno de los aspectos más preocupantes de este mal común de la falta de comunión con Dios, es que los pastores sufren tanto como la congregación.Muchos pastores estudian la Biblia porque hace parte de su trabajo: estudian la Biblia para predicar y orar y mejorar su trabajo pastoral. Ellos han profesionalizado el estudio de la Biblia y la oración. El acercamiento utilitario corrompe la comunión con Dios. Él está siendo usado como si fuera un artículo de uso personal, como cuando quiero escribir mejor y simplemente inserto mi lápiz dentro del tajalápiz. Cuando quiero predicar un sermón bien emocionante o conseguir más dinero para un proyecto, pido la ayuda de Dios en oración.No existe nada inmoral acerca de pedirle ayuda a Dios. De hecho, Él nos anima a hacerlo. La inmoralidad aparece cuando sólo le damos a Dios toda nuestra atención para pedirle algo. Él no obtiene ningún momento para alimentar nuestra alma, levantar nuestro espíritu o simplemente darnos el placer de Su compañía. ¿Cuánto durarían nuestras relaciones terrenales si sólo las usáramos?El otro asunto que enfrentan muchos líderes cristianos es la permanente necesidad de tal comunión. Los cristianos nunca dejan atrás la necesidad por lo básico. Con frecuencia, los líderes comenzaron bien su caminar con Cristo: tenían una buena disciplina de estudio bíblico, de oración, de memorización de la Escritura y de evangelismo personal. Sin embargo, al pasar el tiempo, ellos descuidaron esas disciplinas básicas y las cambiaron por lo esotérico y el elitismo del cristianismo profesional. Los pastores y los líderes cristianos con frecuencia se queman debido a que han descuidado su primer amor. La llama espiritual apenas parpadea porque el fuego no fue avivado por la constante comunión con Dios.Michael Jordan, el gran jugador de baloncesto de los Chicago Bulls, hacía cosas espectaculares en la cancha. Las personas no dejaban de asombrarse ante sus extraordinarias hazañas, pero a menos que él hubiera aprendido y practicado lo básico, no tendría fundamentos para haberlo hecho. Si él no pudiera regatear sin retener la bola, girar y brincar sin cometer faltas o hacer un pase preciso, de nada serviría que Jordan hubiera podido saltar en el gimnasio, correr como un venado y moverse tan rápido como un gato.Los cristianos deben primero dominar lo básico, lo que le da el fundamento espiritual para mantener por toda la vida su compromiso con Cristo. El cristiano puede utilizar mejor los dones espirituales, los talentos y las circunstancias de la vida cuando tiene ese fundamento. La primera señal del perfil de un discípulo es que permanece unido a Cristo al comunicarse con Dios a través de la Palabra y la oración.
2 Un Discípulo es Obediente Juan 15:9; Mateo 28:20; Juan 14:21El encargo de Jesús para “hacer discípulos” en Mateo fue “… enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.” Las personas tienen que ser enseñadas a obedecer, pues esto no es algo natural. Edmund Burke escribió: “Todos los hombres desde el lado de sus inclinaciones naturales están arruinados.” Las fortalezas se convierten en debilidades. La responsabilidad es esencial para el hacedor de discípulos exitoso, porque enseña a las personas a vivir en obediencia a Cristo. Jesús dijo que un discípulo obedece y, por lo tanto, no hay cómo hacer discípulos sin responsabilidad.Practicamos la responsabilidad diariamente en nuestros hogares y lugares de trabajo. La verdad es que sin responsabilidad, el crecimiento cristiano es también casi imposible y desequilibrado. Cuando inspecciono mi vida cristiana, veo a muchos que han contribuido conmigo, pero los que más me han ayudado han sido los que me han recriminado la responsabilidad por mis acciones.Jesús vincula la obediencia con el amor: “Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Juan 15:9-10). Momentos antes, Jesús había dicho: “Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos” (Juan 14:15), y, “¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Juan 14:21).Jesús pide amorosamente la obediencia de Sus discípulos. Él enseñó que el amor es igual a la obediencia y que el mejor acto de la obediencia es el amor. El cristiano que no ha sido enseñado espera hasta sentir la acción del Espíritu para tomar acción. El creyente lleno de la Palabra actúa basado en los mandamientos de Dios, sin importar cómo se sienta al respecto. Él ora porque es obediente y da testimonio porque Dios lo ordena. Él alcanza a quienes tienen necesidad porque esta es claramente la voluntad de Dios. Muchas veces, el discípulo obediente se siente como si hiciera todas estas cosas maravillosas, pero con frecuencia no es así. La diferencia entre el discípulo y el supuesto cristiano es el compromiso del discípulo a obedecer a Dios sin importar las circunstancias, sentimientos u otra clase de presiones.Las recompensas de la obediencia son muchas. Podemos resumir que la enseñanza combinada de los textos anteriores, son como siguen: Dios nos amó primero. Él inició el proceso mandando a Su Hijo como rescate por muchos: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio…” (Juan 3:16). Dios amó y en consecuencia actuó: “Nosotros amamos a Dios porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19).El siguiente paso es que nosotros respondamos en obediencia a lo que Dios ha hecho. Jesús dice: “Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos” (Juan 14:15). Nosotros damos un paso por fe en obediencia y los resultados son maravillosos. “…Al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.” (Juan 14:21).Dios nos devuelve ese amor al enseñarnos más acerca de Sí mismo. Jesús nos enseña los secretos del Espíritu al revelarnos los detalles de los planes de Dios para nuestra vida. Los detalles y los secretos espirituales de Dios se encuentran en el camino de la obediencia. ¿Se ha preguntado por qué algunas personas parecen conocer más acerca de Dios y de cómo obra que otros? Ellos han recorrido por muchos años el camino de la obediencia y Dios les ha enseñado mucho.Sin embargo, la mayoría de los cristianos están detenidos en el borde del camino de la obediencia, esperando más información. “Dios, si me dieras más detalles acerca de mi futuro o lo que hay allí para mí, yo daría un paso de fe; estaría listo para ir.” Y Dios simplemente respondería: “No vas a tener más información hasta que no empieces a recorrer el camino de la obediencia.” El siguiente paso es suyo, así que empiece a recorrer ese camino. Si usted necesita todos los hechos antes de caminar por fe, no va a llegar a ninguna parte. Dios quiere que usted camine por fe y no por vista. La Palabra de Dios es una luz en su camino y una lámpara a sus pies. Ella suministra suficiente luz para que usted camine y vea hacia dónde dirige el siguiente paso. Si usted pudiera ver el futuro y tener toda la información, usted no iría. Si usted pudiera ver el desafío, el problema, el dolor y tuviera toda la información, escogería detenerse al borde del camino para evitar el dolor. Usted tiene un solo camino para vivir en la obediencia de la vida cristiana: caminar por fe, dar el paso en obediencia, sin importar los temores o sentimientos. Si así lo hace, Dios le promete amarlo de formas maravillosas imposibles de experimentar por otros medios.La responsabilidad estimula a seguir adelante en obediencia, sin lo cual, hacer discípulos sería algo imposible. Los discípulos mantienen sus compromisos con Dios por obediencia. Los hacedores de discípulos ayudan a otros a mantener sus compromisos con Dios a través de la responsabilidad. Todo funciona en conjunto para hacer discípulos. La vida de un discípulo es de estrecha comunión con Dios y en obediencia a Él, con responsabilidad.
3 Un Discípulo Lleva Fruto Juan 15:8, 16Continuamos con la marca de lo que un discípulo produce. “Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos” (Juan 15:8). Además, “No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure” (Juan 15:16).Jesús esperaba que Sus discípulos se reprodujeran. Esto es lo que significa fruto; por su misma naturaleza, ellos necesitaban producir fruto. Si la rama permanece conectada a la vid por tiempo suficiente, esta dará fruto. De igual manera, si el discípulo permanece en Cristo por un tiempo suficiente, el discípulo dará fruto. Al dar fruto, suceden por lo menos tres cosas: Dios es glorificado (Juan 15:8), las expectativas de Jesús cuando llamó a los discípulos se cumplen (v.16), y habrá gran cantidad de fruto de gran calidad (vv.8, 16).Hay una discusión acerca de la naturaleza del fruto. ¿El fruto es resultado del evangelismo personal o es simplemente genérico? Ni lo uno ni lo otro. Así como naturalmente una rama saludable conectada a la vid da fruto, un cristiano saludable dará fruto. La naturaleza del cristiano saludable reproducirá el fruto del Espíritu: “amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio” (Gálatas 5:22-23). Este fruto se caracteriza por ser activo y no pasivo. La amabilidad no es una sonrisa empalagosa; es acción, hace algo. Un simple acto de amabilidad puede ser recoger un utensilio de la mesa del comedor o llevar una persona a Cristo. El fruto del Espíritu es mucho más que evangelismo personal, pero dar fruto sin evangelismo personal es impensable.Por lo tanto, no queremos limitar al evangelismo el hecho de dar fruto, pero toda demostración del fruto del Espíritu toca el evangelismo. Ninguna cosa positiva que un creyente haga podría ser excluida de ser un testimonio de la autenticidad de Jesucristo. No debemos pasar por alto que todos los cristianos somos responsables de compartir la fe.La iglesia tiene que protegerse contra la creencia de que usted puede llevar fruto y agradar a Dios, sin compartir su fe. Eso es imposible. Un creyente que no se reproduce, no comparte su fe. Ningún discípulo deja de compartir la fe. Hay cristianos que no comparten su fe, pero ningún discípulo que glorifique a Dios dejará de hablarle al mundo acerca de Cristo.Existe una jerarquía del fruto y del alcance. El objetivo es acercar a otros al Salvador. Un discípulo que da fruto y no lleva a otros a Cristo es impensable. Lo máximo en la jerarquía del fruto es el evangelismo personal. Cunado Jesús dijo, “yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure,” seguramente quiso decir que la Palabra de Dios fuera llevada a todo el mundo. Cada discípulo sabe cómo comunicar el evangelio. Y no sólo eso, sino que comunica el evangelio y lleva a otros a Cristo. Cristo espera que cada discípulo se reproduzca.El evangelismo es vital para hacer discípulos. Demasiada gente se llama a sí misma discípulos, pero no comparten su fe. Demasiadas iglesias dicen creer en hacer discípulos y practicarlo, aun cuando no hay entrenamiento o responsabilidad hacia el evangelismo personal. No hay nada como un discípulo estéril. Los discípulos se reproducen. Esta es la razón por la cual son el producto exigido a la iglesia.La iglesia evangélica está llena de personas que han sido entrenadas de una forma equivocada. Se les ha enseñado cómo estudiar la Biblia, cómo orar, cómo tener buenas relaciones, pero el evangelismo se ha dejado por fuera; como consecuencia, el estudio bíblico se ha vuelto académico, la vida de oración aburrida y las relaciones son superficiales. Todo esto debido a que ellos han descuidado el catalizador de los tres primeros: el evangelismo personal.El plan de Dios para la iglesia es que la membresía de discípulos sea el programa de alcance. Su conducta y habilidad para penetrar su mundo para Cristo prueba su relación con Él. ¿Cómo son ellos en el campo de juego, en la oficina, en la sala de descanso de los profesores, el salón de juntas y en la corte? El hecho es que un producto de calidad se reproducirá a sí mismo. Un ejército entrenado de ministros desplegado en la comunidad local llevará mucho fruto, y fruto que permanecerá.
4 Un Discípulo Glorifica a Dios Juan 15:8El discípulo glorifica a Dios más como un resultado general que debido a una habilidad o característica específica. Lo incluyo porque esto es muy importante para la perspectiva total. “Mi Padre es glorificado cuando…” (15:8). Esto primero me golpeó cuando intentaba determinar cómo podría glorificar mejor a Dios. Ningún cristiano cuestionaría que el propósito del pueblo de Dios a través de la historia ha sido glorificarlo a Él ni que este sea el propósito de la iglesia.Al cierre de su hermosa oración en la Carta a los Efesios, Pablo lo dice perfectamente: “Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén” (Efesios 3:20-21).La iglesia glorifica mejor a Dios cuando hace discípulos, simplemente porque los creyentes que llevan fruto glorifican a Dios. Estos son llamados discípulos probados (Juan 15:8). Cristo dijo que hicieran discípulos porque ellos se reproducen y se multiplican, y, eso lleva a la evangelización del mundo.En Mateo 28, Cristo le ordenó a la iglesia “hacer discípulos.” Ahora, en Juan 15, nos ha dicho cómo definir a un discípulo: un hombre o mujer que permanece en Cristo es obediente y lleva fruto y también hacen lo mejor para glorificar a Dios. Esta clase de persona vale la pena que se dedique a producir. Ojalá que la iglesia sea obediente y aplique este santo llamado.
5 Un Discípulo Tiene Gozo Juan 15:11No conozco a nadie que esté en contra del gozo. Jesús también lo tuvo: “Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa” (Juan 15:11). Sólo los discípulos son candidatos para el gozo. El gozo es diferente a la felicidad. Doy todo por la felicidad, sin embargo, esta es más fugaz que el gozo. La felicidad viene y va dependiendo de las circunstancias de la vida. Cualquiera que tiene una buena situación puede ser feliz y esto no requiere acción alguna de Dios.El gozo, por otra parte, es un sentido sobrenatural de bienestar, el cual viene de saber que estamos complaciendo a Dios. Las personas pueden llevarse mi felicidad, pero nadie puede tocar mi gozo. Jesús tuvo gozo cuando fue a la cruz. Pablo cantó de gozo mientras estuvo en prisión. Muchos mártires y otros que han sufrido han contado historias de gozo ilimitado e incontrolable durante momentos de gran sufrimiento. Jesús le dice a cualquiera que esté dispuesto a tratar: “Puedes tener gozo al ser un discípulo: quiero que tu gozo sea completo. La manera de lograrlo es aplicando lo que te he dicho: el perfil del discípulo. Si permaneces en Mí a través de la Palabra y la oración, si me obedeces y te comprometes a reproducirte en otros, glorificarás a Dios y serás un recipiente de gran gozo.”El pastor hacedor de discípulos ama tanto a la gente, que insistirá que todos se vuelvan discípulos, porque la vida de los discípulos cuenta para algo y es una vida llena de gozo. Es un tremendo llamado a ayudar a otros a desarrollar vidas de gozo.
6 Los Discípulos Aman Como Ama Cristo Juan 15:12-14, 17“Y éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos… Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros”Juan 15:12-13, 17
Yo pensaría que una persona que se comunica con Dios regularmente a través de la Palabra y la oración, que camina en obediencia, que se ha reproducido en otros muchas veces y que sabe que está glorificando a Dios, lo cual le da un profundo sentido de gozo, no tendría dificultad en amar a otros. El estándar que Jesús pone es alto: “…como yo los he amado.” Él no espera perfección, pero sí imitación.
Бесплатный фрагмент закончился.
