Читать книгу: «La interpretación de los sueños»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 128


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por CARLOS GARCÍA GUAL .

© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008

López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO239

ISBN 9788424931681.

INTRODUCCIÓN 1
1. Datos biográficos

Las noticias que tenemos sobre este autor son muy escasas. En realidad, nuestra mejor fuente es la propia obra, cuya versión ofrecemos. Al margen de ella tan sólo se han conservado tres magras citas, que sepamos 2 .

La primera obligación, al hablar de un escritor, es situarlo en el espacio y en el tiempo. Sobre la primera coordenada poseemos información precisa. Artemidoro nos cuenta que era natural de Éfeso, pero que, dada la notoriedad de su ciudad natal, prefirió proclamarse oriundo de Daldis, pequeña localidad lidia, y de la que procedía por línea materna 3 . El gesto nos parece enternecedor: por sus ribetes de piedad filial 4 y por el ingenuo objetivo de sus pretensiones, ya que tiene la certeza de que su valía personal redimirá del anonimato a una aldea desconocida 5 . En cambio, no nos proporciona ninguna pista sobre la fecha de su nacimiento, ni menciona explícitamente algún otro elemento cronológico de su peripecia vital. Sin embargo, los datos internos esparcidos a lo largo de su tratado nos permiten localizarle en el siglo II d. C. 6 .

Respecto de sus estudios o lugar de formación tampoco sabemos nada. No obstante, debió de recibir una instrucción de un cierto nivel. Su obra no está ayuna de citas literarias 7 y su manejo del lenguaje denota un relativo dominio del mismo, aunque bien es verdad que entendido como un mero instrumento de comunicación de unas doctrinas. Su prosa pone de manifiesto las aspiraciones aticistas del autor, de acuerdo con las tendencias de la época. Quizá se pueda aducir como prueba de su respeto por la elocuencia el hecho de haberle dedicado los tres primeros libros de su manual onirocrítico a Casio Máximo, un consumado y amanerado maestro de retórica. A pesar de sus buenos deseos, encontraremos en sus escritos numerosas huellas del habla popular 8 , motivadas en gran parte por la naturaleza de sus fuentes, puesto que sobre este profesional pesaba el influjo de una literatura mántica de cortos vuelos y, por consiguiente, ajena a las cuestiones de índole formal. Incluso cabe pensar que sus textos hayan sufrido una manipulación tardía con el fin de propiciar una mejor comprensión de su contenido en aras de un público iletrado o, al menos, poco cultivado. En realidad, menudean en su léxico vocablos y locuciones formularias que también figuran en las obras de astrología. Este estrecho parentesco corrobora que el universo de la adivinación se servía de unas expresiones técnicas muy codificadas y que Artemidoro fue un fiel seguidor de una tradición secular.

Por otra parte, su bagaje intelectual se vio enriquecido a través de las experiencias adquiridas en sus numerosos y lejanos desplazamientos. Proclama con una vanidad mal disimulada que ha recorrido los caminos de Grecia, Asia e Italia y, así mismo, las grandes islas del Mediterráneo 9 . Estos viajes estaban directamente relacionados con el ejercicio de su profesión, como más adelante veremos. Artemidoro deseaba perfeccionar sus conocimientos sobre el mundo de la mántica; por ello frecuentará los lugares donde esta modalidad adivinatoria gozaba de un mayor prestigio, aprovechando las ocasiones que eran más idóneas para el desarrollo de dichas actividades, esto es, fiestas públicas, competiciones deportivas, celebraciones religiosas, etc. El material así acumulado llegó a ser enorme y variopinto. Este rico conglomerado le consentirá cimentar sus elucubraciones teóricas, de forma que sus escritos serán fruto de una feliz coyuntura: la especulación personal apoyada en unas exhaustivas fuentes bibliográficas 10 y la aplicación de una casuística controlada por la vía de la experiencia.

Hay otro dato, deparado por el autor, que completa este apartado. Se trata de la existencia de un hijo que ostenta el mismo nombre —comme il se doit — y que, probablemente, ejerció la misma profesión paterna. El tenor de los consejos de Artemidoro trasluce un gran afecto hacia el heredero, en quien pretende depositar todo su saber en lo que atañe a su oficio. Esta faceta de su personalidad cierra el somero recuento de las noticias fidedignas de carácter biográfico que poseemos sobre él.

Este bosquejo de su «identikit», a todas luces insuficiente, puede perfilarse algo más. Todos somos hijos de nuestro tiempo; por tal razón, quizá, convenga recordar los rasgos principales de la época en que le tocó vivir, ya que, dada la escasez de información sobre su persona, al menos nos será posible captar el clima reinante en el período cronológico que aproximadamente coincide con su etapa vital, o lo que es lo mismo, la segunda mitad del siglo II . La bibliografía existente sobre esta centuria es abundante. Amén de estudios de carácter general, existen algunas monografías excelentes que nos permiten conocer en profundidad el entramado político, social y espiritual de esas décadas 11 . A través de dichos trabajos queda manifiesto que aquellos años estuvieron marcados por el signo de la contradicción. En efecto, resulta posible detectar un sentimiento difuso de tristeza y de agotamiento y, al mismo tiempo, observar un florecimiento intelectual que tiene por norte la revalorización de algunas facetas del pasado, entendidas como modélicas. Esta ambivalencia justifica el calificativo de bifronte que se le ha otorgado al ciclo 12 . Sin lugar a dudas, el arco temporal de los Antoninos supuso un momento de equilibrio en el terreno político y de esplendor en el ámbito cultural. No obstante, se traslucen los síntomas de una sociedad cansada: decadencia biológica 13 , proliferación de sectas y de creencias, crisis generalizada de valores, triunfo del agnosticismo, reinstauración de los ideales clásicos en el universo de la creación artística, etc.

Si dejamos a un lado estos caracteres generales y nos centramos en el terreno de la literatura, constataremos que en esta época la poesía queda relegada a un segundo término y que, en cambio, se produce un claro predominio de la prosa. Esta vía de expresión ofrece muestras de muy variada índole. B. P. Reardon 14 propone establecer una distinción entre las obras según respondan a unos esquemas nuevos, en lo que concierne a su temática y géneros, o bien se atengan a los cánones tradicionales. El primer grupo estaría compuesto por todas aquellas creaciones artísticas relacionadas con la paradoxografía, la pseudociencia, las religiones en general, la literatura cristiana, en particular, y la novelística. Como se puede apreciar, esta relación comprende asuntos muy dispares que van desde el relato de pura ficción hasta las más sutiles argumentaciones teológicas. Y, precisamente, en este cajón de sastre tiene cabida el tratado de Artemidoro, en tanto que claro exponente de la corriente paracientífica. Este autor es, por tanto, un fiel testimonio de determinadas inquietudes intelectuales. Sus elucubraciones se definen por un cierto aire de modernidad en lo que se refiere a su tratamiento y a su orientación. Sus libros estaban destinados a ser degustados por las clases populares 15 , las cuales acceden masivamente al fenómeno de la fruición literaria en torno a estas fechas en búsqueda de vías redentoras de la realidad cotidiana, bien a través de la evasión deparada por una narrativa folletinesca, bien a través de unas recetas soteriológicas.

2. Análisis de la producción artemidorea

Hasta nuestras manos tan sólo han llegado los cinco libros dedicados a la interpretación de los sueños. Pero tenemos la certeza de que compuso otras obras. Él mismo reconoce haber redactado precedentemente escritos de teoría oniromántica 16 , amén de su producción sobre temas diversos 17 . De todas formas, sospechamos que el trabajo objeto de nuestro estudio fue el más laborioso y el que le otorgó una mayor fama.

El Onirocrítico es un magnum opus , al menos, por su tamaño. La denominación a la que tradicionalmente responde es válida en la medida en que nos ilustra sobre un asunto examinado monográficamente a lo largo de muchas páginas, pero resulta inadecuada si analizamos la técnica compositiva del mismo. El tratado está formado por cinco libros, según acabamos de indicar. Ahora bien, esta agrupación es algo ficticia. El hecho de que existan dos destinatarios diferentes ya evidencia una falta de homogeneidad; pero es que, además, los fines perseguidos por el autor también divergen. Por tanto, cabe señalar una línea divisoria neta entre los tres pirmeros libros dedicados a Casio Máximo y los dos últimos concebidos a modo de legado paterno. Mas aún se puede hilar más fino. En el primer caso no se trata de una auténtica trilogía. El libro I y el II reflejan una planificación previa, llevada a término felizmente. El propio Artemidoro expone los temas que va a desarrollar y justifica el orden seguido en el tratamiento de los mismos 18 . En el Proemio del libro II subrayará que se ha mantenido fiel a las promesas hechas precedentemente. Hasta aquí el texto responde a un criterio único y armónico. En cambio, el libro siguiente tiene carácter de apéndice. El autor reconoce que hay un cierto desorden estructural y una falta de conexión entre los capítulos. La razón de este suplemento es doble: acallar las críticas provenientes de especialistas puntillosos y evitar la posibilidad de que otros aborden la materia omitida. Este conglomerado será llamado por su creador El amigo de la verdad o Vademécum .

El libro IV está compuesto primordialmente para asesorar al hijo y, de paso, para replicar a los lectores que han señalado algunas deficiencias en los volúmenes precedentes 19 . Artemidoro aconseja a su descendiente que el texto permanezca en su poder y que no facilite copias; de esta forma destacará por su saber y gozará de prestigio 20 . Los primeros capítulos están dedicados a reproducir o a resumir algunos aspectos de la teoría onirocrítica expuesta en la parte inicial de la obra. En los apartados restantes se considerarán diversos fenómenos hípnicos, siguiendo el procedimiento expositivo habitual, con la salvedad de que en todos ellos se pretende aleccionar al neófito con el fin de que sepa sortear las dificultades y se convierta en un experimentado y hábil intérprete. El autor considera que a esas alturas de su vida domina la técnica profesional y que sus escritos revelan un notable grado de maestría. Esta constatación le produce un legítimo orgullo y le lleva a desear que su hijo sea el continuador de su obra y el transmisor de sus saberes. Sus aspiraciones son harto comprensibles: en toda paternidad subyace un deseo de perpetuarse por persona interpuesta. Su afecto y deseo de protección hacen que ilustre al vástago sobre los secretos y los trucos que deberá poner en práctica en ocasiones para ganarse a la clientela. Así mismo le advierte que no hay que pecar de ingenuo, ni desmoralizarse ante situaciones conflictivas, ni dar motivo para el descrédito… En estas páginas se aprecia un didactismo bien dosificado. Esta tendencia culmina en la conclusión, donde le anuncia su proyecto de componer una nueva obra en su honor, en la que sólo figuren experiencias oníricas rigurosamente comprobadas.

En la introducción del libro V justifica su tardanza en cumplir la promesa debido a la dificultad que encierra la tarea acometida: «Tal vez sería justo, hijo mío, censurar mi lentitud, si estuviese motivada por la pereza, mas como mi propósito era recoger para ti información sobre sueños que han tenido cumplimiento, se trataba de una empresa difícil y laboriosa, al menos, para quien se propone registrar visiones oníricas dignas de ser descritas». Unas líneas más abajo analizará las características de las cuatro partes precedentes. Quiere decirse, pues, que el autor concibe como un corpus único este conjunto de escritos consagrado a la oniromancia, a pesar de que se trate de un totum revolutum . El último libro, en efecto, difiere de los anteriores. Es una mera compilación de casos —noventa y cinco en total— tratados esquemáticamente desde el punto de vista del contenido y de la forma. De cada sueño ofrece un «abstract» en la mejor tradición científica actual.

A modo de resumen podemos afirmar que La interpretación de los sueños es un tratado de vastas proporciones y de penosa gestación. Es el fruto de toda una vida de ejercicio profesional. De ahí que sea una muestra de «work in progress» 21 . En un primer momento concibe un plan bien estructurado para transmitir a la posteridad el cúmulo de sus conocimientos sobre esta disciplina. Mas en ningún momento confesará este objetivo llanamente. Preferirá encubrir su motivación mediante el recurso a dos expedientes convencionales 22 , pero no por ello menos eficaces. Según él su obra responde a una doble necesidad: poner en práctica las recomendaciones divinas y satisfacer los requerimientos de un amigo ilustre. El ser sobrenatural en cuestión no es otro que Apolo, deidad que gozaba de una especial veneración en Daldis. Artemidoro reconoce que se le ha aparecido en sueños en diversas ocasiones 23 y, en particular, desde que ha trabado conocimiento con Casio Máximo, que desempeña el papel de mentor de esta obra artemidorea; al menos, de parte de ella. La identificación de este personaje se ha podido realizar gracias a una inocente fórmula de cortesía empleada por nuestro autor 24 . En ella se asegura que entre los lidios y los fenicios han existido de siempre unos vínculos solidarios de hospitalidad. Este dato hace suponer que el interlocutor que figura en el Proemio sea Máximo de Tiro, famoso conferenciante y filósofo platonizante que encarna muy bien los ideales de una cierta clase intelectual 25 . La hipotética familiaridad entre ambos escritores, la mención de M. Cornelio Frontón, maestro de Marco Aurelio, y la alusión a los múltiples viajes realizados por el propio Artemidoro nos inducen a suponer que tal vez este autor formó parte de una de esas cohortes de hombres de letras y de especialistas de muy variado cuño que con carácter itinerante iban dando a conocer los frutos de su minerva en actuaciones públicas y privadas. Desde luego, no tenemos elementos de juicio suficientes para determinar su status social, pero sabemos que no fue un adivino modesto y mediocre como tantos otros colegas suyos, caracterizados por su charlatanería y su falta de preparación, porque nos habla de ellos con un cierto distanciamiento, pero sin caer en el desprecio, ya que los considera portadores de unos conocimientos empíricos de indiscutible valía. Incluso llega a afirmar que ha convivido con ellos durante años con el fin de ejercitarse plenamente. Por otra parte, se muestra orgulloso de haber manejado todas las fuentes escritas sobre esta modalidad mántica y de aportar en sus obras unas doctrinas innovadoras y, al mismo tiempo, convincentes 26 . En consecuencia, Artemidoro ofrece de sí la imagen de un profesional que sabe aunar la teoría y la práctica en el ejercicio de su cometido. Investiga y acumula información sin cesar, trabajando de noche y de día 27 , según sus propias palabras. Tal vez gozó de un cierto prestigio y pudo vivir desahogadamente a expensas de una clientela acomodada. Lo que sí resulta evidente es la oposición que sus escritos encontraron en determinados sectores. Esta crítica le hace mella, como se puede apreciar en algunos pasajes en los que da rienda suelta a su amargura 28 . Y, en definitiva, el libro III será una especie de mentís contra sus detractores.

Los prólogos y los epílogos, que arropan el cuerpo doctrinal, merecen toda nuestra atención. Son auténticos retazos a través de los cuales vamos descubriendo su personalidad. En estas líneas se asoma el ser humano con sus debilidades y aciertos, y, aunque estas secuencias adolezcan de un anquilosamiento impuesto por el género, nos es posible rescatar elementos de carácter individual. En su haber señalaremos, como cualidades esenciales, su entusiasmo profesional, su afán de perfeccionarse continuamente, su curiosidad insaciable y su espíritu de trabajo. En él consignaremos la falta de rigor científico, la fragilidad argumental de sus exposiciones teóricas y, como rasgo menor, su vanidad infantil. En el momento en que se abandonan estos umbrales, se penetra en un mundo impersonal y aséptico. Incluso desde un punto de vista lingüístico se aprecia el cambio. Los capítulos puramente especulativos se caracterizan por la aridez de su estilo, por el empleo de fórmulas que se repiten cansinamente, por unas construcciones elípticas y por una cierta monotonía. En cambio, los pasajes transicionales revelan un deseo de expresarse con elegancia. Los períodos son largos, la estructura sintáctica se desarticula y da la impresión de que remeda cadencias latinas a través del hipérbaton. Su forma de decir sigue los modelos vigentes en la época y su pensamiento discurre por unos cauces amanerados. Aquí el científico cede el paso al hombre de letras. Y demuestra que conoce su oficio, a pesar de que en la realización práctica incurra en torpezas.

3. Manifestaciones oníricas y el pensamiento griego

El sueño fue en la Antigüedad una incógnita más de las muchas que rodeaban al ser humano. La especificidad del fenómeno onírico determinó que desde muy pronto el hombre griego sucumbiese a la tentación de indagar su naturaleza y de aprovechar sus recursos. Como veremos, se conservan algunos testimonios —directos o indirectos—que ejemplifican esta curiosidad, pero, como suele acontecer en el terreno de la filología clásica, son mucho más abundantes las lagunas y los interrogantes.

En un primer momento debió de primar en estas enseñanzas la tradición oral, basada en una experiencia secular de casos prácticos y profundamente teñida de influencias orientales 29 . Los monumentos literarios más antiguos conservados nos confirman la existencia de unos conocimientos sobre esta materia muy difundidos a nivel popular. A través de estas fuentes se observa que el sueño era juzgado como un vehículo idóneo para que la divinidad diese a conocer su voluntad y que, al mismo tiempo, ya se realizaba la interpretación de las visiones consideradas como portadoras de un mensaje expresado en clave alegórica. Estas creencias, muy arraigadas en el pueblo helénico, perdurarán durante muchas centurias y se irán enriqueciendo con otras diversas aportaciones de varia procedencia. En realidad, se puede rastrear sus huellas hasta la etapa bizantina, época en la que se confeccionarán prontuarios que recogerán de forma indiscriminada las doctrinas onirománticas del período clásico y helenístico con vistas a un uso individual.

Por otra parte, estas actividades fueron objeto en su momento de un análisis más racional gracias a los representantes de una clase intelectual, defensora del espíritu de la ilustración griega. La especulación filosófica, cuando dejó de ser cosmológica para convertirse en antropocéntrica, fijó también su atención en este fenómeno como una faceta más del ser humano. A partir de entonces es posible señalar una corriente que discurrirá paralela a la anterior, aunque bien es verdad que con menos caudal y con múltiples infiltraciones. Por razones metodológicas un estudioso de esta cuestión, Dario del Corno 30 , ha introducido una distinción terminológica que nos parece oportuna y esclarecedora. El citado profesor propone el neologismo de «onirología» para denominar la rama que comprende los estudios filosóficos o científicos tendentes a investigar la etiología y la fenomenología de los hechos vinculados con el estado de reposo fisiológico. En cambio, se servirá de la voz «oniromancia» para referirse al antiguo arte de la predicción del porvenir por medio de la interpretación de los sueños. En teoría la división es neta y pertinente, pero no responde a la realidad de los hechos. A través de los testimonios conservados veremos cómo los exponentes de la primera tendencia siempre dejarán abierta la posibilidad de que exista un fenómeno premonitorio en determinadas circunstancias. De igual modo, la vía adivinatoria se esforzará en encontrar argumentos racionales que justifiquen las prerrogativas proféticas. La relación permanente y dialéctica entre manifestaciones sustancialmente diferentes, pero confundidas en un único género, consiente que se siga empleando la forma «onirocrítica», «per comodità d’uso», según confiesa el autor de esta distinción.

Vamos a trazar esquemáticamente el desarrollo histórico de esta dualidad, empezando por la orientación más especulativa. En verdad, no es de extrañar que el primer documento consagrado a esta cuestión proceda del ámbito de la medicina. Se trata de uno de los escritos que forman parte del Corpus Hippocraticum , concretamente el libro IV del tratado Sobre la dieta 31 . En este breve opúsculo los sueños son estudiados en cuanto que son signos premonitorios de determinados desarreglos corporales. El autor anónimo de estas páginas comienza afirmando que «poseen una gran influencia de cara a cualquier asunto». A continuación expone su punto de vista. Aunque la cita sea un poco larga, creemos que merece la pena su transcripción, porque es muy ilustrativa de un estado de opinión generalizado en los medios cultivados de la época:

Pues el alma, en tanto que está al servicio del cuerpo despierto, dividiéndose en muchas atenciones no resulta dueña de sí misma, sino que se entrega en alguna parte a cada facultad del cuerpo: al oído, a la vista, al tacto, al caminar, a las acciones del cuerpo entero. La mente no se pertenece a sí misma. Pero cuando el cuerpo reposa, el alma, que se pone en movimiento y está despierta, administra su propio dominio, y lleva a cabo ella sola todas las actividades del cuerpo.

Así que el cuerpo no se entera, pero el alma despierta lo conoce todo, ve lo visible y escucha lo audible, camina, toca, se apena, reflexiona, quedándose en su breve ámbito. Todas las funciones del cuerpo o del alma, todas ellas las cumple el alma durante el sueño. De modo que quien sabe juzgar estas cosas rectamente posee buena parte de la sabiduría.

En cuanto a todos los sueños que son divinos y que anuncian, sea a las ciudades o a los particulares, bienes o males, hay personas que tienen el arte de interpretarlos. También aquellos en los que el alma indica de antemano padecimientos del cuerpo, un exceso de plenitud o de vaciedad de las sustancias naturales o una evolución de elementos desacostumbrados, también éstos los juzgan. Y unas veces aciertan, y otras se equivocan, y en ninguno de los casos conocen el por qué de lo que sucede, ni cuando aciertan ni cuando se equivocan, sino que dan consejos a fin de precaverse de que no ocurra algún daño. Mas no enseñan, desde luego, cómo hay que precaverse, sino que recomiendan rezar a los dioses. Cierto que invocar a los dioses es bueno; pero conviene invocar a los dioses y ayudarse a sí mismo 32 .

Algunas de las afirmaciones aquí contenidas se hallan —en forma de eco desvaído— en los textos de Artemidoro. Por otra parte, en este fragmento se reivindica la existencia de unos sueños de origen corpóreo, cuyo estudio compete al ámbito de la medicina 33 , lo cual no es óbice para que también se reconozca que otras manifestaciones son susceptibles de una interpretación mántica. Se admite, pues, una cierta ambivalencia en el fenómeno considerado, al tiempo que se muestra un evidente escepticismo sobre los procedimientos puestos en práctica.

El siguiente testimonio que aduciremos procede de Platón. Su teoría sobre el sueño no es más que un corolario de su división tripartita del alma: si durante el estado de reposo se adormece la parte racional de la misma, se despiertan los deseos que son reprimidos en la vigilia; en cambio, si permanece ésta alerta, tras tranquilizar a las otras dos fuerzas rivales, puede «examinar por sí sola y pura, y esforzarse en percibir lo que no sabe en las cosas que han sucedido, en las que suceden y en las que están por suceder […] es en este estado cuando mejor puede alcanzarse la verdad y menos se presentan las visiones prohibidas de los sueños» 34 .

En el primer ejemplo se nos ofrecía una sintomatología del proceso hípnico y un intento de análisis del mismo con finalidades diagnósticas y terapéuticas. En el segundo, predomina una dimensión psicológica.

Aristóteles expone sus teorías sobre el mundo onírico 35 en un par de opúsculos particularmente, titulados Acerca de los ensueños y Acerca de la adivinación por el sueño 36 . En el primero analiza la naturaleza de este fenómeno. A su juicio, «el hecho de soñar es propio de la facultad sensitiva del alma en la medida en que ésta es imaginativa». Las causas que motivan estas vivencias son «los movimientos producidos por las sensaciones, tanto por las del exterior como por las procedentes del propio cuerpo». Durante el estado de vigilia la multiplicidad de los estímulos y la actividad del pensamiento nos impiden prestar atención a estas manifestaciones. «De noche, en cambio, por la inactividad de cada uno de los sentidos en particular, y por su incapacidad para actuar —a causa de que se produce el reflujo de calor desde el exterior hacia adentro—, estos movimientos vuelven al origen de la sensación y se ponen de manifiesto al apaciguarse la confusión.» Quiere decirse, pues, que emergen en el período de reposo fisiológico, cuando el alma se repliega sobre sí misma.

Para explicar la relación existente entre estos movimientos y los óneiroi recurrirá a una acertada comparación:

Igual que en un líquido, si uno lo remueve violentamente, unas veces no aparece reflejada imagen alguna, y otras veces sí aparece, pero completamente distorsionada, de manera que parece distinta de como es, mas cuando está en reposo, las imágenes son precisas y visibles, así también en sueños las imágenes y los movimientos residuales que resultan de las sensaciones unas veces se desvanecen completamente por causa del citado movimiento, en caso de que sea mayor, si bien otras veces aparecen las visiones, pero confusas y monstruosas, y los sueños incoherentes, como les ocurre a los melancólicos, a los que tienen fiebre y a los que están embriagados 37 .

Estas exposiciones teóricas presuponen un origen exclusivamente físico de los sueños. Por consiguiente, cabría esperar que quedase descartada la posibilidad de que algunos de ellos en determinadas circunstancias pudiesen revelar el futuro. Sin embargo, Aristóteles no dará este paso. Su postura será extremadamente cautelosa: «En cuanto a la adivinación que tiene lugar en el sueño […] no es fácil ni despreciarla ni darle crédito. Pues el hecho de que todos o muchos supongan que los ensueños tienen algún significado, en tanto que se dice como consecuencia de una experiencia, ofrece credibilidad» 38 .

A partir del Estagirita se abrirá paso en la onirología la hipótesis de un origen transcendente en lo que respecta a la naturaleza de este fenómeno. Las doctrinas pitagóricas ya lo habían concebido como un vehículo de comunicación por parte de los seres sobrenaturales. Los seguidores de esta escuela mantenían que la recepción del mensaje dependía del estado de pureza corporal y psíquica del individuo que era su destinatario. En esta misma línea de pensamiento se sitúan los estoicos 39 , quienes proclamarán la validez mántica del sueño. Los más conspicuos representantes —con la excepción de Panecio— defendieron la legitimidad de la adivinación en la medida en que esta práctica confirmaba la existencia de dioses y explicaba los conceptos de providencia y de hado. Uno de sus más eximios exponentes, Posidonio 40 , intentará conciliar dos principios antitéticos: el racionalismo y la fe en determinadas creencias, es decir, la ciencia y la adivinación. Para este filósofo el alma humana cuando se repliega sobre sí misma y se libera de las ataduras corporales consigue entrar en contacto con el ser sobrenatural gracias a una vía de unión denominada «simpatía». A esta situación se accede por tres caminos: el delirio profético, el sueño y la muerte. En consecuencia, en la divinidad reside la causa última de la experiencia onírica.

Finalmente los peripatéticos Dicearco y Cratipo 41 también aceptarán el origen transcendente de esta manifestación psicofisiológica.

Frente a los partidarios de esta concepción de naturaleza metafísica hay que señalar a los pensadores que, siguiendo las pautas marcadas por Aristóteles y previamente por Demócrito, consideraron el fenómeno hípnico como una consecuencia de la acción de unos átomos procedentes del exterior sobre el alma del individuo. Dichas partículas producen un movimiento y, puesto que el movimiento solamente es originado por lo que tiene existencia, quiere decirse que los sueños son reales. Ellos representan por tanto todas las cosas que atraen la atención de nuestra mente en estado de vigilia. La argumentación refleja en esencia el pensamiento de Epicuro sobre el tema, del cual se hará eco en clave poética Lucrecio 42 .

Este bando, en el que también se encontraban Panecio, ya citado, el platónico Carnéades y algunos epicúreos menores, refleja los últimos esfuerzos de la onirología clásica por defender una causa fisiopsicológica del fenómeno en cuestión. En su entorno prevalecen ideologías que ensalzan espiritualismos más o menos difusos y actitudes irracionales. En este contexto es lógico que el sueño por su propia naturaleza evanescente fuera esgrimido como un vínculo privilegiado con el mundo de la transcendencia. Esta idea, que ya fue defendida por los estoicos, será sancionada por la escuela neoplatónica que verá en el sueño la mejor prefiguración de la experiencia mística.

Hemos bosquejado muy someramente la fase epistemológica del problema, pero no hay que olvidar que paralelamente discurrían otras elucubraciones y prácticas —según ya anticipamos— que si bien no eran importantes desde un punto de vista estrictamente científico, sí lo eran en lo que respecta a su incidencia cultural. La adivinación es una de las facetas más interesantes de la vivencia religiosa griega. Sus modalidades eran múltiples y no todas ellas estaban igualmente difundidas. La oniromancia, desde este punto de vista, ocupa un lugar de excepción. Tal vez sea conveniente realizar una exploración previa.

En este género de pesquisas Homero es una estación obligada. Entre las diversas experiencias oníricas que el poeta nos relata hay una particularmente significativa. Nos referimos a la conocida escena en la que Penélope le refiere a un mendigo desconocido —que en realidad es su marido— la extraña visión que ha tenido. Al finalizar su relato mostrará su desconfianza porque: «Hay sueños inescrutables y de lenguaje oscuro y no se cumple todo lo que anuncian a los hombres. Hay dos puertas para los leves sueños: una, construida de cuerno, y otra, de marfil. Los que vienen por el bruñido marfil nos engañan, trayéndonos palabras sin efecto, y los que salen por el pulimentado cuerno anuncian al mortal que los ve cosas que realmente han de verificarse» 43 . Este fragmento es un espléndido testimonio porque nos confirma la existencia de unos hábitos onirománticos bien arraigados desde épocas muy tempranas y con una semántica muy desarrollada. Hay otro par de referencias interesantes: en la Ilíada (I 62 y sigs.) Aquiles propone consultar a un adivino, a un sacerdote o bien a un intérprete de sueños (oneiropólos) para averiguar la causa de la actitud del dios Apolo. En la misma obra (V 148 y sigs.) se menciona al viejo Euridamante, el cual también practicaba este arte y, sin embargo, no averiguó la suerte que le aguardaba a sus hijos en el transcurso de la guerra. En estos ejemplos ya aparecen configurados los rasgos esenciales que caracterizarán la oniromancia en los siglos venideros, esto es, la creencia de que algunos sueños pueden predecir el futuro, la convicción de que el lenguaje empleado no es directo, sino alegórico, y la existencia de unos profesionales avezados en las técnicas interpretativas. Las alusiones a este género de actividad son muy abundantes en la literatura griega, lo cual nos confirma que fue un uso muy difundido y sin solución de continuidad cronológica. Pero a nosotros lo que ahora nos ocupa es rastrear los antecedentes doctrinales en los que se apoyaban tales prácticas. El primer tratado del que tenemos noticias es obra de Antifonte 44 . A través de los testimonios conservados se observa en este autor una preocupación por el aspecto racional de esta disciplina. En sus exposiciones evita las interpretaciones más obvias y, en cambio, recurre a operaciones lógicas y lingüísticas que se basan en la analogía o en la antítesis.

Otro representante que merece nuestra atención es Aristandro 45 , natural de Telmeso, ciudad de Caria que era considerada un centro importante en materia de adivinación. Este personaje estuvo al servicio de Filipo de Macedonia y de su hijo Alejandro. Artemidoro lo menciona en tres ocasiones 46 . En una de ellas nos transmite una interpretación realizada por aquél que se fundamenta en un ingenioso procedimiento léxico. En otra nos recuerda que también se ocupó del anagrama, aunque muy de pasada. Un rasgo peculiar de su metodología debió de ser el análisis pormenorizado de los elementos susceptibles de aparecer en los sueños, según se deduce de su meticulosa simbología sobre los dientes. A partir de las diversas citas se puede inferir que su contribución marcó una etapa fundamental en el desarrollo de estas doctrinas. En su obra había una parte dedicada a la exposición teórica, y otra consagrada a la compilación de casos prácticos. Esta división será después imitada por muchos otros seguidores y, entre ellos, por el propio Artemidoro.

Además de estos dos estudiosos tenemos escasas reliquias que nos informen sobre esta cuestión. En la mayoría de los casos se trata de meros nombres facilitados por Artemidoro o bien por alguna otra fuente. Figuran en la presente obra los siguientes nombres: Demetrio de Falero 47 , Antípatro 48 , Alejandro de Mindo 49 , Febo de Antioquía 50 , Artemón de Mileto 51 , Paníasis de Halicarnaso 52 , Nicóstrato de Éfeso 53 , Apolonio de Atalia 54 , Apolodoro de Telmeso 55 y Gémino de Tiro 56 . A pesar de que los componentes de esta relación son para nosotros flatus vocis casi en su totalidad, no obstante, su existencia nos demuestra que la teoría y la práctica de esta disciplina gozó de buena salud. A todas luces la literatura oniromántica fue copiosa. El daldense tiene conciencia de ello y se jacta de haber consultado toda la bibliografía elaborada sobre esta cuestión: «En lo que a mí respecta no hay obra de onirocrítica que yo no haya manejado, por considerar de mucha importancia este particular» 57 .

Pero, además de estos escritos, debieron de abundar otros expedientes gráficos menores que recogiesen de manera esquemática unas fórmulas genéricas destinadas a ser aplicadas por el intérprete de turno en consonancia con la descripción del sueño realizada por el consultante. El proceso de alfabetización de la población y de difusión de la escritura que se opera a partir del siglo v favoreció, como es natural, el desarrollo de esta modalidad. Probablemente en épocas anteriores estos saberes eran conservados y transmitidos por vía oral, al igual que el resto de las experiencias de índole intelectual. Por ejemplo, sabemos que un tal Lisímaco, pariente de Aristides el Justo, se ganaba la vida como onirócrita en las inmediaciones del templo de Baco y que se servía de una «tabla adivinatoria» (pinákion) para tal cometido 58 . Estos documentos escritos quizá fueron los precedentes de la manualística que se desarrolló a partir del siglo v a. C. Los índices de correspondencias entre las imágenes vistas y su equivalencia en el universo real crearon un sistema orgánico que intentaba recoger la totalidad de las experiencias oníricas y reducirlas a un conjunto de símbolos traducibles al estado de vigilia. Todo este material se fue confiando a la escritura y, probablemente, constituyó los cimientos de toda la doctrina oniromántica posterior. Este uso no se perdió a pesar de la abundancia de textos consagrados al estudio de los fenómenos oníricos en todos sus aspectos, como lo demuestra un pasaje de Alcifrón 59 , en donde se nos presenta a un joven que, tras haber tenido una curiosa visión, se dispone a «acudir a un cierto individuo de los que exponen tablillas junto al templo de Yaco y aseguran interpretar lo sueños». Habida cuenta de que este autor era contemporáneo de Artemidoro, quiere decirse que en pleno siglo II d. C. ambos procedimientos tenían vigencia.

Otro aspecto que hay que considerar en esta cuestión es elucidar quiénes eran los sujetos agentes y pacientes de esta acción. El intérprete de sueños es juzgado con poca benevolencia en casi todos los testimonios conservados. Con frecuencia es tachado de charlatán y de embaucador. En algún pasaje se nos dice que sus servicios ascendían a cantidades módicas. Solían establecerse en las inmediaciones de los templos y llevar una existencia ambulante, con el fin de estar presente en aquellos lugares en donde se celebraban festividades, concursos y manifestaciones públicas de toda índole. Por tanto, estos profesionales gozaron de poca estima social y vivieron de una forma bastante precaria.

La clientela era generalmente de una condición modesta. Las personas que por su carencia de medios económicos y por su falta de preparación intelectual no podían resolver sus problemas e inquietudes por otra vía recurrían a este expediente 60 . Fue, por consiguiente, una práctica de carácter eminentemente popular y marcada por el signo del individualismo, pues tal es la naturaleza de la experiencia onírica. Este tipo de adivinación nunca alcanzó la categoría de oficial o pública, a diferencia de lo que ocurrió con otras modalidades mánticas; tal vez por ello siempre fue considerada como una actividad marginal, a pesar del número de sus adeptos y de la enorme difusión de su ejercicio.

En el vasto mundo de la interpretación de los sueños existió una parcela que consiguió un desarrollo espectacular y que sólo lateralmente está relacionada con el tema que nos ocupa. Nos referimos a la incubatio que tenía lugar en determinados santuarios. Existe una rica bibliografía sobre este asunto, a la cual remitimos, por no ser éste el lugar adecuado para abordar una faceta del mundo onírico tan amplia y sugerente como conflictiva 61 . Hemos hecho mención de este problema porque los procedimientos empleados por los profesionales, que estaban al frente de estas instituciones, son vivamente criticados por Artemidoro. La oposición tiene una doble razón de ser: por un lado, el tipo de sueño provocado queda al margen de la exposición doctrinal del daldense; por otro, la actividad ejercida por estas personas vinculadas con el mundo de la curación supuso una fuerte concurrencia para los practicantes de una metodología tradicional y menos espectacular en sus logros.

4. La doctrina onírica de Artemidoro

Su obra representó probablemente una tarea de recopilación respecto de la producción anterior consagrada a esta materia. El autor sostiene que ha consultado la totalidad de la bibliografía existente, incluida la más añeja 62 , y, al mismo tiempo, reivindica su originalidad de pensamiento. Según confiesa, no se ha limitado a copiar a sus predecesores y a repetir cansinamente unas ideas ya manidas, sino que, por el contrario, ha aportado una savia nueva a las especulaciones onirománticas. No estamos en condiciones de poder comprobar la exactitud de sus asertos por no poseer los textos que nos permitirían establecer las oportunas comparaciones. Tan sólo tenemos un testimonio indirecto: cuando menciona a otros estudiosos, colegas suyos, generalmente discrepa de sus puntos de vista y suele adoptar una postura más racionalista y menos obvia en sus apreciaciones. A su juicio, el tratado compuesto por él descuella por sus aires de modernidad, por su sólida y copiosa información, y por la novedosa incorporación de la experiencia adquirida en el ejercicio de su profesión, como un componente esencial de sus concepciones doctrinales. Esta última nota es interesante, ya que uno de los defectos de la ciencia griega fue no saber aunar la teoría con la aplicación práctica en muchos casos. La medicina constituyó una honrosa excepción 63 .

Artemidoro consagra los capítulos iniciales de los libros I y IV a la exposición de los principios epistemológicos. Trazaremos sucintamente algunas de sus líneas maestras. Empezaremos por su definición del sueño que no es otra cosa que «un movimiento o una invención multiforme del alma que señala los bienes y los males venideros». A continuación indica que la visión onírica está compuesta por elementos, es decir, por una serie de imágenes apropiadas y naturales. El aspecto que más le preocupa es la clasificación de estas experiencias. Inicialmente establecerá una neta separación de corte tradicional entre los sueños de valor profético (óneiroi) y aquellos privados de un mensaje premonitorio (enýpnia) . Los primeros nos comunican lo que acontecerá, los segundos levantan acta de los apetitos que dominan al sujeto momentáneamente; por tanto, no son significativos.

Los óneiroi a su vez se dividen en dos grupos. Los que nos anuncian sucesos de cumplimiento inmediato y cuya representación se corresponde con los hechos son llamados sueños directos . En cambio, cuando media un espacio de tiempo suficiente entre el presagio y el evento, de forma que aquél puede ser dilucidado por medio del razonamiento, entonces nos encontramos ante un sueño simbólico . Esta modalidad es la única que le interesa a Artemidoro y, por consiguiente, todo el tratado estará dedicado a su estudio.

De pasada recordará una clasificación tradicional defendida por sus predecesores —y de la que tenemos noticia por otras fuentes— con la finalidad de declararla inoperante 64 .

Su afán de otorgarle una estructura científica a los conocimientos onirománticos le llevará a establecer otras matizaciones. Concretamente, en la modalidad objeto de su atención, distinguirá cinco tipos de sueños: personales, ajenos, comunes, públicos y cósmicos . De igual modo, analizará la existencia de seis factores: naturaleza, ley, costumbre, profesión, nombre y tiempo , los cuales habrán de ser tenidos en cuenta, puesto que incidirán sobre el resultado del mensaje expresado alegóricamente, bien sea positivo o negativo. Así mismo, defenderá la observación de unos parámetros cuantitativos y cualitativos, los cuales ayudarán al onirócrita en el acto del desciframiento. A su modo de ver, los signos que aparecen en el fenómeno onírico no se corresponden unívocamente con el mensaje transmitido, ni por su número ni por su condición.

A continuación introducirá una precisión terminológica en aras de la nomenclatura utilizada por algunos tratadistas. Los sueños pueden también subdividirse en provocados —o de estado ansioso— y en divinos 65 . El significado de este último adjetivo le obligará a determinar su punto de vista: «yo no me encuentro en la misma postura de incertidumbre que Aristóteles sobre si la razón del soñar es exterior a nosotros y depende de la divinidad o si, por el contrario, existe en nuestro fuero interno alguna causa que predispone a nuestra alma hacia un cierto estado y origina de forma natural lo que acontece. Simplemente llamo a dichos fenómenos «divinos» al igual que calificamos así en el lenguaje corriente a todos los hechos que se escapan a nuestras previsiones» 66 . Como se puede apreciar, evita todo compromiso, a pesar de que el tema planteado es de la máxima importancia: se trata de dilucidar la etiología de los sueños. Ante semejante cuestión escamotea dar una respuesta personal. En otro pasaje admitirá el origen trascendente del mismo, mas inmediatamente manifestará su incertidumbre mediante una pirueta verbal que atenta a los principios de la lógica: «pues la divinidad suscita visiones en consonancia con lo que sucederá en el futuro al alma del sujeto, debido a que ésta posee facultades mánticas por naturaleza o bien porque exista alguna otra razón que induce a las representaciones oníricas» 67 .

La parte teórica contiene además algunas observaciones complementarias relacionadas con la localización temporal de los sueños, los hábitos locales y universales, y algunos otros aspectos secundarios. Esta introducción se cerrará con el análisis del camino a seguir en el curso de una interpretación y la valoración de las cualidades que debe reunir un buen especialista.

A pesar de los esfuerzos —y pretensiones— de Artemidoro, la estructura doctrinal que nos presenta resulta incompleta, artificiosa y carente de coherencia científica. No obstante, hay que reconocer su buena voluntad y su deseo de crear un sistema epistemológico adecuado para albergar una fenomenología vastísima y compleja. En medio de sus limitaciones en el terreno de la especulación hay atisbos y consideraciones dignos de ser tenidos en cuenta y que más adelante señalaremos. En cualquier caso, resulta evidente que las páginas compuestas por el daldense como apoyatura teórica de su metodología representan un afán de síntesis respecto de los numerosos escritos disponibles en la época sobre esta cuestión. El criterio selectivo aplicado no ha sido afortunado en la medida en que ha recopilado indiscriminadamente unas concepciones, unos supuestos y unas clasificaciones del material onírico que no constituyen un todo orgánico. En los capítulos introductorios se vislumbra la superposición de diversos estratos arqueológicos; mas da la impresión de que las excavaciones han sido practicadas por un amateur . Por ello, los intentos realizados por algunos estudiosos tendentes a atribuirle a Artemidoro una filiación respecto de una escuela filosófica en particular o su dependencia de un autor concreto resultan, en nuestra opinión, fallidos. Tal es el caso de G. Reichardt 68 , quien defiende su vinculación con el estoicismo, basándose en el importante papel que desempeñan las etimologías y las alegorías en sus interpretaciones. Ahora bien, estas técnicas exploratorias aplicadas al mundo de la mántica son muy antiguas y sus más remotos antecedentes nos llevan hasta Babilonia. Claes Blum 69 , a través de un cotejo textual indirecto, llega a la conclusión de que la fuente principal de Artemidoro es Posidonio. Al tiempo sugiere que Hermipo de Berito sea «the inmediate source ». Ambas posturas ilustran suficientemente la corriente de los críticos que pretenden encasillar e identificar las raíces de nuestro autor. Estas hipótesis nos parecen poco plausibles. En realidad, nos encontramos ante un escritor que se esfuerza por crear un marco lógico y racional para una disciplina carente de rigor científico y que procede de unas prácticas tradicionales muy enrevesadas.

Si dejamos a un lado sus premisas iniciales y examinamos el resto, constataremos que el nivel de la producción mejora. La obra se convierte en una auténtica preceptiva del mundo onírico. Intenta abarcar de acuerdo con un criterio sistemático la totalidad de los casos que se pueden presentar. El panorama es de por sí inabordable. Esta circunstancia determina que tenga que recurrir a sucesivos addenda para colmar lagunas y soslayar las críticas de sus adversarios.

El procedimiento seguido en la praxis exegética se fundamenta en el principio de la analogía 70 . Es decir, en la mente del profesional debe surgir por medio de la asociación de ideas una respuesta que equivalga a la imagen vista en el sueño por el consultante. El significado del mensaje anunciador de un hecho futuro es averiguado mediante la aplicación de criterios tales como la continuidad, la inversión, la antítesis, la contigüidad, la semejanza, etc. Aparte de estos recursos existen otros basados en operaciones lingüísticas y gráfico-numéricas entre otras variantes posibles. Resultan particularmente interesantes aquellos mecanismos que son de naturaleza verbal. En este apartado habría que incluir el empleo de etimologías, polisemias, homofonías, descomposición y recomposición de términos, juegos de palabras, asociaciones y evocaciones semánticas, etc. La aritmología también ocupó un lugar destacado, sobre todo bajo la modalidad de la isopsefía, práctica griega que gozó de mucho predicamento como método criptográfico. Según se puede apreciar, los caminos que se le ofrecen al intérprete son múltiples y heterogéneos.

El símbolo es de naturaleza proteica, pero es que, además, no encierra el mismo significado de modo universal; para una acertada intelección hay que tener en cuenta innumerables factores, unos intrínsecos, otros extrínsecos. Este relativismo también afecta al destinatario: es necesario considerar el sexo, la condición social, el estado de salud, el grado de parentesco, la edad, la profesión, las circunstancias personales, las disposiciones psíquicas, etc. Estos rasgos son otros tantos elementos que deben ser valorados correctamente en el momento de emitir un dictamen.

El pronóstico tampoco responde a un esquema fijo. Es ilimitado en cuanto a su contenido, ya que oscila entre una mera aclaración cualitativa, de signo positivo o negativo, y el anuncio pormenorizado de un evento específico. Generalmente se refiere a un futuro más o menos próximo.

En consecuencia, interpretar un sueño equivalía a resolver una ecuación con tres incógnitas, representadas, como acabamos de ver, por el asunto de la visión onírica, la persona a quien va destinado el mensaje y el desenlace auspiciado. Dado el número de variables, las combinaciones posibles eran infinitas, por tal razón resultaba indispensable consultar a un especialista, capaz de desentrañar en medio de esta complicada trama la clave del enigma. Y aunque a este intermediario no lo hemos tenido en cuenta en nuestro esquema anterior, ello no significa que fuese un elemento de poca importancia. Al contrario, de su maestría dependía que todo el proceso interpretativo llegase a feliz término. De ahí la exigencia de unas cualidades por parte del técnico y la conveniencia de que el consultante se asesorase y acudiese a la persona idónea. Los libros de oniromántica podían proporcionar una cultura general sobre la materia y satisfacer una necesidad de información a nivel popular. Eran manuales de divulgación que estimulaban la fe en estas prácticas, al tiempo que intentaban convencer de que sus soluciones estaban bien fundadas a través de argumentos vagamente científicos. Pero el simple hecho de poseer y de leer estos ejemplares no era un remedio suficiente. Sólo el profesional reunía todos los requisitos indispensables para que su diagnóstico fuese veraz y tuviese cumplimiento. El libro IV ilustra ejemplarmente el camino que debe seguir el aprendiz hasta llegar a maestro.

El cuerpo de la obra artemidorea recoge una casuística amplísima. No sabemos en qué medida se sirve de la literatura específica precedente. De igual modo ignoramos si los numerosos ejemplos consignados reflejan en su totalidad auténticas experiencias oníricas. Cabe sospechar que algunas muestras sean fruto de su invención con vistas a ofrecer una imagen pregnante de un fenómeno de contornos muy irregulares. En cualquier caso, este conjunto considerado globalmente constituye un interesante testimonio de ciertas manifestaciones espirituales de una colectividad alejada de nosotros por sus hábitos culturales y por el tiempo transcurrido. Jane Harrison 71 definió el mito como el pensamiento onírico de un pueblo y el sueño como el mito del individuo. Según este principio la obra de Artemidoro sería un espléndido catálogo de anónimas aventuras personales.

5. Artemidoro: un testigo de su tiempo

Al finalizar el apartado precedente dejamos abierta la posibilidad de que no todos los sueños recogidos por él fuesen genuinos. Aún así, su testimonio sería válido desde el ángulo que aquí lo observamos, es decir, en tanto que fiel termómetro de la mentalidad de una época. Su obra, por el carácter enciclopédico de la misma, constituye para nosotros un documento único: en ella queda reflejado, a modo de radiografía, todo lo que atañe al individuo en sus registros más variados. Otros escritores nos ofrecen panoramas parciales, pero ninguno alcanza la globalidad de sus intereses. Su lectura nos permite conocer de manera privilegiada las aspiraciones, las inquietudes y, en una palabra, la escala de valores de la sociedad imperial durante la II centuria d. C. Porque este autor es más digno de nuestro interés por lo que trasluce que por lo que dice 72 .

Si practicamos una lectura que prescinda de los objetivos primariamente perseguidos por él, encontraremos una infinidad de datos del mayor interés. El talante liminar de estas páginas nos impide estudiarlos ahora. Nos limitaremos, pues, a enunciar sucintamente algunos aspectos a título de ejemplo:

— La estratificación social en tres estamentos netamente diferenciados: una clase dirigente y plutócrata; otra trabajadora y de condición modesta 73 , y una tercera servil y descontenta de su suerte 74 .

— El modesto papel desempeñado por el sexo femenino.

— El escaso número de hijos.

— El espectro de la inseguridad que se cierne sobre el individuo, bien de manera difusa y sobrecogedora 75 , bien a través de la desocupación laboral, los procesos, los desplazamientos, la enfermedad y la muerte.

— El peso de las pulsiones sexuales.

— La excesiva importancia concedida a actividades agonísticas 76 en las que priman valores espurios: panem et circenses .

— El proceso de desintegración de la religiosidad tradicional: el fenómeno del sincretismo 77 .

— El desarrollo de actitudes individuales frente a la concepción de solidaridad, etc.

En definitiva, Artemidoro nos confirma cuanto sabíamos por otras fuentes con mayor precisión en los detalles. El valor de su testimonio reside en su autenticidad, ya que emite un diagnóstico sobre la sociedad de la que él mismo forma parte, sin que en ningún momento tenga conciencia de la función que está realizando. A él se le podría aplicar el tópico de «un espejo a lo largo de un camino», con la ventaja de que no media la lente deformadora de la ficción.

6. La influencia de Artemidoro

Al modo del río Guadiana la obra de Artemidoro ha permanecido oculta durante varios y largos trechos temporales 78 . Estas interrupciones han contribuido —en parte— a que su influjo en la producción occidental haya sido meramente testimonial 79 . Una muestra: Rabelais, por boca de su personaje Pantagruel (III 13 y sigs.), traerá a colación el pasaje en el cual un pobre diablo es advertido en sueños de la infidelidad de su esposa. Los cuernos aparecen mencionados por primera vez como atributo de un marido engañado en el tratado del daldense. La cita resulta oportuna y eficaz en el contexto de la obra del genial autor francés. En realidad se trata de una interpolación tardía de la fuente griega, pero este dato no hace al caso 80 .

Sin lugar a dudas, en la cuestión estudiada en este apartado ocupa un puesto estelar la figura de Sigmund Freud. El padre del psicoanálisis se sintió especialmente atraído por el mundo griego, como prueban sus escritos. Es lógico, pues, que recurriera a las veneras clásicas 81 durante la etapa de gestación de sus conocidas teorías. En la obra dedicada al mundo onírico menciona explícitamente a diversos autores helénicos y, entre ellos, a Artemidoro. Sobre éste opina lo siguiente:

En el libro de Artemidoro de Daldis, sobre la interpretación de los sueños, hallamos una curiosa variante de éste «método descifrador» que corrige en cierto modo su carácter de mera traducción mecánica. Consiste tal variante en atender no sólo el contenido del sueño, sino a la personalidad y circunstancias del sujeto; de manera que el mismo elemento onírico tendrá para el rico, el casado o el orador diferente significación que para el pobre, el soltero o, por ejemplo, el comerciante. Lo esencial de este procedimiento es que la labor de interpretación no recae sobre la totalidad del sueño, sino separadamente sobre cada uno de los componentes de su contenido, como si el sueño fuese un conglomerado, en el que cada fragmento exigiera una especial determinación. Los sueños incoherentes y confusos son con seguridad los que han incitado a la creación del método descifrador 82 .

A continuación, en una extensa nota a pie de página, amplía las noticias sobre este escritor. A través de ella se aprecia que ha utilizado un trabajo del filólogo Theodor Gomperz 83 . Asimismo, marcará una diferencia esencial entre su metodología y la del daldense: la tarea interpretativa no incumbe al profesional, sino al propio sujeto, atendiendo a lo que le sugiere a éste cada elemento onírico 84 . En una siguiente nota subraya la extraordinaria importancia de los juegos de palabras en las interpretaciones realizadas en las civilizaciones antiguas. Para ilustrar tal afirmación describirá «el más bello ejemplo» de este procedimiento, es decir, el desciframiento de una visión de Alejandro Magno, transmitida por Artemidoro 85 . Según Freud los sueños se hallan tan ligados a la expresión verbal que cada lengua tiene su idioma onírico propio.

Aparte de las referencias explícitas 86 hay una serie de aspectos que pueden haber sido sugeridos por una lectura del daldense 87 . A continuación expondremos algunos presuntos puntos de contacto, siempre en clave de hipótesis y con las debidas cautelas, dada nuestra falta de preparación en el campo del psicoanálisis. Y además por las siguientes razones: en primer lugar, porque determinadas actitudes cognitivas en distintos individuos son susceptibles de llevar a una misma conclusión; y en segundo, porque consideraremos como una aportación de Artemidoro todo cuanto su libro contiene 88 .

Empezaremos por la división de los fenómenos oníricos. Artemidoro, como ya hemos anticipado, distingue dos grandes grupos: los enýpnia y los óneiroi . Aquéllos carecen de valor profético y son la manifestación de un deseo irracional o de una aspiración momentánea. Estas experiencias suelen acontecer a gente vulgar. Los sueños infantiles analizados por Freud se podrían identificar con esta modalidad 89 . Los óneiroi , en cambio, son significativos y premonitorios, y se subdividen en dos tipos. Los que son denominados directos alcanzan su cumplimiento de forma inmediata. Hay, pues, una relación estrecha entre el sueño y la realidad. El maestro de Viena señala la existencia de una clase de sueño íntimamente vinculado con las vivencias procedentes del mundo de la vigilia. Se trata de los famosos «residuos diurnos». En este caso la realidad antecede al sueño, por tanto el proceso es inverso. Ahora bien, la aproximación se fundamenta en la constatación de una relación directa entre ambos universos, sin que medie un período cronológico prolongado.

Los sueños llamados simbólicos se caracterizan por ser incoherentes, embrollados y faltos de sentido. Ambos especialistas coinciden en afirmar que estos sueños son los que hay que analizar, porque encierran un mensaje verdadero. Hasta aquí existe un común acuerdo. La discrepancia surge en lo que respecta a la valoración de su contenido. Artemidoro descubre en ellos la predicción de un futuro objetivo; Freud el conocimiento de unas realidades subjetivas 90 .

La teoría oniromántica sostiene que el sueño llega a ser inteligible gracias a la intervención de un profesional que desentrañe su enigma. Este paso también es admitido por el doctor vienés con algunas variantes: la descodificación se realiza sobre el llamado «contenido manifiesto», y es llevada a cabo por el propio paciente con la ayuda del analista.

Un punto capital es determinar en qué consiste la interpretación. Artemidoro, tan escurridizo en otras situaciones capitales, es aquí tajante: «La onirocrítica no es otra cosa que una relación entre elementos analógicos» 91 . En realidad, se trata de aplicar un principio de semejanza en el que los dos términos son a veces intercambiables 92 . La puesta en práctica de esta norma origina la creación de un código de símbolos. Algunos de ellos representan formas arcaicas de pensamiento por imágenes y persisten en nuestro inconsciente; otros están condicionados por esquemas culturales y, en consecuencia, su validez está acotada tanto espacial como temporalmente. El daldense nos explica que el hombre enamorado no ve en sueños a una mujer, sino un caballo, un espejo, un barco, el mar o bien la hembra de un animal, una prenda femenina o cualquier otra cosa afín 93 . Todos estos símbolos guardan el mismo significado hoy en día. Freud no abordó esta cuestión en los primeros momentos de su obra. Sólo la incorporará a su edición a partir de 1909.

Respecto del material onírico recogido por el autor griego conviene señalar que algunos de los sueños por él estudiados responden al grupo de los llamados «típicos» por los psicoanalistas. Tales son los relacionados con los dientes (I 31 y II 67), con la idea de volar (II 68), andar sobre las aguas (III 16 y IV 34), ser ejecutado (I 35), etc. Por supuesto, las interpretaciones actuales son diferentes, pero lo que interesa subrayar es la existencia de una fenomenología común. También son dignos de destacar los de carácter erótico, incluidos aquéllos vinculados con situaciones perversas o incestuosas 94 . En efecto, Artemidoro manifiesta una especial receptividad hacia los problemas relacionados con la afectividad en el seno de la célula familiar. Amén de los casos anteriores, se podría citar el sueño en el que el concepto de agresividad se identifica con el de fraternidad 95 y aquéllos otros en los que se menciona a la figura paterna. La equivalencia establecida entre una serie de personajes, tales como el progenitor, el gobernante, el maestro 96 , etc., merece ser considerada como un precedente del conocido fenómeno psicoanalítico del «transfer ».

El desciframiento del sueño se efectúa mediante el examen de los elementos que componen la secuencia manifiesta del mismo. Con mucha frecuencia en el proceso de elaboración de la representación onírica intervienen operaciones lingüísticas de diversa naturaleza. Artemidoro nos ofrece abundantes ejemplos. Pues bien, Freud también recurrirá al empleo de estos recursos con profusión 97 .

Otro de los puntos de contacto reside en la afirmación de que la interpretación no puede hacerse automáticamente en función de un código preestablecido. Un mismo motivo es susceptible de ofrecer diversas explicaciones. El análisis depende de la personalidad y de las circunstancias del sujeto 98 .

Entre los méritos de Artemidoro cabe señalar en especial su intuición de los elementos que se hallan en la vida emotiva profunda. Probablemente contribuyó a este descubrimiento su capacidad de observación del propio mundo interior 99 . Sin duda, llegó a tener una gran experiencia del alma humana, gracias al ejercicio de su profesión 100 . Estas cualidades también se aprecian en su lejano sucesor. Entre estos dos estudiosos hay una cierta relación. La concordancia es muy imperfecta, pero, no obstante, se puede afirmar que ambos adoptaron una postura parecida ante el fenómeno onírico: intentaron abarcarlo en su totalidad y descifrar su enigma. Las diferencias residen en que los procedimientos de interpretación fueron diversos y, asimismo, los objetivos perseguidos 101 .

El legado de Artemidoro discurre en la actualidad por un doble camino: uno, onirológico, es ortodoxo y psicoanalítico; otro, oniromántico, es heterodoxo y paracientífico. En el fondo esta disciplina sigue estando entre dos aguas.

7. La «fortuna » de la obra artemidorea: manuscritos, ediciones y versiones

Ignoramos la acogida que recibió y la difusión que alcanzó el tratado sobre La interpretación de los sueños . No tenemos ningún testimonio acerca de este particular, pero suponemos que debió de disfrutar de una buena recepción por parte del público al que, en realidad, iba claramente destinado, esto es, los estamentos populares 102 . Por aquellas décadas los representantes de dichas clases sociales se convierten en degustadores del mensaje escrito. Se llegó a crear una literatura de consumo para satisfacer las necesidades de unos lectores potenciales 103 . El fenómeno no afectó tan sólo a la narrativa y a los géneros de ficción en general. También se intentó poner al alcance de sus manos otros productos originariamente minoritarios, es decir, se comenzó a practicar una política de divulgación cultural 104 . La obra de Artemidoro por su carácter paracientífico y por la naturaleza del tema tratado reunía todos los requisitos para convertirse en un libro de amplia circulación. Y quizá lo fue durante años. Pero la segunda centuria fue una época crepuscular. A partir de ella se produce un declive en todos los órdenes, el cual afectó, sin duda alguna, a la obra que comentamos. Su argumento era de actualidad, por consiguiente, en un primer momento lograría pervivir, pero a costa de soltar mucho lastre. Artemidoro había compuesto una auténtica summa oniromántica, y los tiempos no permitían tales lujos: sus dimensiones eran excesivas. En consecuencia, sufrió las pertinentes operaciones de reducción. Parte de su material, en unión de otros textos afines, se utilizó para crear prontuarios de fácil consulta por su esquematismo conceptual y por su formato 105 . Estas nuevas versiones se olvidaron de su progenitor y fueron recibiendo numerosos padres adoptivos. Se recurrirá a nombres altisonantes o prestigiados como autores para vender mejor la mercancía: el profeta Daniel, el mago Astrampsico, el emperador Manuel II Paleólogo, etc. Afortunadamente se conservaron algunos ejemplares completos en innominadas bibliotecas, porque en el siglo IX aparece una traducción al árabe realizada por Hunayn ibn Isḥaq 106 . La versión se apoya en otra siria que sirvió de intermediaria. Esta fuente es de inestimable valor, ya que nos ofrece un texto que es anterior, al menos en dos siglos, al manuscrito griego más antiguo conservado. Comprende tan sólo los tres primeros libros. Esta circunstancia permite sustentar la hipótesis de que tal fuese el contenido de la obra de Artemidoro en su primera redacción y distribución. En una edición posterior se habría completado el tratado con los dos libros dedicados a su hijo. Por supuesto, también cabe la posibilidad de que se operase una desmembración por razones diversas. En tal sentido abunda el testimonio que constituye la primera mención de este autor en el mundo bizantino. Dicho testimonio figura en el Léxico Suda que, como es sabido, se sitúa en torno al siglo X . Ahí se afirma que La interpretación de los sueños consta de cuatro libros. Quiere decirse, pues, que los avatares de la composición del tratado tuvieron su reflejo en la tradición del mismo 107 .

El texto en lengua original es rescatado y puesto a salvo a fines del siglo xv. La operación fue promovida por dos mecenas de la cultura clásica, quienes obraron de forma independiente en cuanto a sus actuaciones, pero en el fondo guiados por un mismo ideal. Uno de ellos, el florentino Lorenzo de Médicis, no en vano llamado el Magnífico, encomendó a Ianus Láscaris la misión de adquirir códices griegos. Este erudito, en un viaje realizado en la primavera de 1492 a Creta con tal objetivo, compró en la ciudad de Candia de un médico, Niccolò di Giacomo da Siena, un lote de libros antiguos entre los que se encontraba un ejemplar que contenía la obra de Artemidoro 108 . Este manuscrito membranáceo (Codex Laurentianus plut . 87.8 = L) data del siglo XI. Es nuestra fuente más antigua. Se caracteriza por su legibilidad: manu clara exaratus . El segundo protector fue el cardenal Besarión, el cual costeó desde Venecia la tarea de transcribir el texto de Artemidoro. El copista fue nada menos que Miguel Apostolio, quien a la sazón se hallaba en la isla de Creta en una precaria situación económica, tras su exilio de Constantinopla. El fruto de esta colaboración se tradujo en un manuscrito admirable por su nitidez y belleza caligráfica: el codex Marcianus 268 (= V), también membranáceo. Este trabajo debió de llevarse a cabo en torno al año 1467. Estas son nuestras dos fuentes principales 109 . Los restantes testimonios —varios códices 110 y excerpta — derivan en su mayoría de L o V 111 . Tras este historial no resulta de gran utilidad trazar un stemma .

La interpretación de los sueños llegó a Italia en el momento adecuado y a través de unos intermediarios de excepción. Además del alto patronazgo hay que tener en cuenta el enorme interés que suscitaron las ciencias ocultas, en general, y la oniromancia, en particular, en el Renacimiento 112 . La obra del daldense se vio favorecida por este cúmulo de circunstancias. Una prueba de su buena acogida la tenemos en el hecho de su impresión (la primera edición salió de los talleres de Aldo Manucio en 1518) y de su difusión mediante versiones a diferentes lenguas: al latín en 1539 por Cornario; al italiano en 1542 por Pietro Lauro Modenese 113 ; al francés en 1546 por Fontaine; al inglés en 1563 por Hill; al alemán en 1597 por Ryff 114 , etc. En esta relación echamos de menos la existencia de una traducción al castellano.

Después de este florecimiento, circunscrito a los intereses de una época, la obra de Artemidoro volvió a entrar en un período de letargo. Algunos helenistas de talla continuaron trabajando en la reconstrucción crítica del texto durante algún tiempo, pero éstos fueron casos aislados 115 . Las versiones en lenguas modernas sufrieron por segunda vez las mismas manipulaciones que en etapas precedentes. De nuevo el contenido fue utilizado indiscriminadamente para confeccionar tablas de correspondencias simbólicas y opúsculos anónimos de híbrida procedencia.

El silencio secular fue interrumpido por la edición hecha en 1864 por Rudolph Hercher. Esta labor se vió completada por la traducción que realizó al alemán F. S. Krauss en 1881. Estos dos intentos no obtuvieron la respuesta deseada, porque Artemidoro no sintonizaba con los ideales propios de la mentalidad positivista, ni por su forma ni por su contenido. Basta con leer la recensión hecha a la versión de Krauss por Theodor Gomperz en el mismo año de su publicación 116 . En ella el crítico juzga el tratado como «una contribución a la patología del espíritu humano» 117 . Está claro que los tiempos no estaban aún maduros para este género de divagaciones, salvo honrosas excepciones. En 1963 Roger A. Pack da a conocer en el marco prestigioso de la colección Teubner su edición 118 , la cual tiene en cuenta los datos de una tradición directa e indirecta. Hoy por hoy, es nuestra mejor fuente para leer a este escritor en su lengua vernácula y, por consiguiente, nuestra traducción se ha realizado sobre este original 119 .

A pesar de su tardía fecha de publicación, el autor de esta edición emplea todavía algunas cautelas para justificar su tarea 120 . Sin embargo, en estos últimos años han empezado a soplar aires que van en la dirección del daldense. Al margen de las enormes distancias de toda índole que nos separan de él, estamos más capacitados que otras generaciones para captar su mensaje, porque éste ya no hiere a nuestra sensibilidad. Es más, muchos de los rasgos que él retrata son para nosotros síntomas que nos permiten emitir un diagnóstico. El hombre de hoy comparte con el anónimo cliente artemidoreo una sensación de angustia y de incertidumbre. Corrobora este punto de vista un fenómeno librario que coincide por su amplitud con el que se produjo en el siglo XVI: de nuevo menudean las traducciones. En el espacio de muy pocos años se han publicado las de M. Kaiser (1965), K. Hirvonen (1970), A. J. Festugière (1975), R. J. White (1975), D. del Corno (1975), R. Hosek (1975), y K. Brackertz (1979). Además, en Italia se ha vuelto a editar la versión renacentista de Pietro Lauro Modenese en dos ocasiones: en 1970 con una Introducción firmada por Séferis y en 1976 con una presentación de Cesare Musatti.

Y, por fin, casi con quinientos años de retraso, llega nuestra traducción en castellano 121 . Confiemos en el dicho popular que reza: «Nunca es tarde, si la dicha es buena». Nos resta por hacer un par de observaciones sobre ella. El texto original se caracteriza por sus abundantes expresiones formulares y repeticiones léxicas. Hemos procurado conservar las primeras para reproducir el ritmo de su estilo, en cambio, hemos recurrido a amplias gamas de sinónimos para evitar la machacona insistencia de un mismo término en el espacio de unas cuantas líneas. Nuestros oídos son especialmente sensibles a la iteración. En cambio, este particular no afectaba por igual al usuario de la lengua griega. El gusto y la cacofonía son libres por definición. Las construcciones elípticas han sido desarrolladas lo mínimo indispensable para alcanzar el nivel de la comprensión. Por ejemplo, el autor no distingue con frecuencia entre el universo onírico y el real. La acción es descrita sin solución de continuidad. En este caso hemos introducido las adiciones imprescindibles para deslindar ambos terrenos. Igualmente no hemos conservado la terminología original en lo que respecta a las acciones expresadas por verbos vinculados con el campo semántico del «sueño». Una concepción diferente de los fenómenos fisiológicos y psíquicos nos impide una fiel reproducción de tales usos expresivos 122 .

Un lugar aparte ocupan las numerosas y variadas operaciones lingüísticas que son la clave de muchas interpretaciones. Hemos procurado recrearlas en la medida de lo posible, pero hay muchos matices y algunos casos que resultan irreductibles. De todo ello hemos facilitado las oportunas explicaciones en nota a pie de página. Artemidoro practicó con magistral habilidad el difícil arte de la «curación por la palabra» 123 . Estamos seguros de que sus fórmulas incantatorias tenían infinitas resonancias y suscitaban múltiples asociaciones de ideas que nosotros hemos perdido para siempre. La ingeniosidad de sus juegos verbales es una buena prueba de ello. Por tanto, queremos simplemente dejar constancia de nuestra incapacidad para imitar su verbo de tantos repliegues.

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NOTA TEXTUAL




Las cifras entre paréntesis remiten a las páginas de la edición de Pack.


* Cf. R. A. PACK , «More Conjectures on Artemidorus», Trans. of the Amer. Philol. Assn ., 92 (1961), pág. 420.

1 En esta Introducción, por razones de espacio, no podemos abordar numerosas cuestiones relacionadas con la fenomenología onírica. Concretamente en esta obra se nos ofrece un abundante y sugestivo material para ser analizado desde un punto de vista antropológico, simbólico, sociológico, etc. Sobre todo ello estamos preparando un amplio estudio.

2 LEX . SUDA , s. v. Artemídōros; GALENO , Commentarius in Hippocratis librum De victu acutorum 1 15 y PSEUDO LUCIANO , Philopatris 21-22.

3 Cf. infra , III 66. Efectivamente, de este famoso enclave intelectual del Asia Menor procedían numerosos hombres ilustres. Incluso tenemos noticias de otro Artemidoro (siglo I d. C.), geógrafo de profesión. El culto de la diosa Ártemis gozó allí de mucho predicamento, como lo testimonia la erección del espléndido templo dedicado en su honor. El empleo de onomásticos en los que figura el nombre de la deidad local entra dentro de una tradición muy difundida.

4 De posible lectura freudiana.

5 En cierta medida triunfó en su empeño.

6 La dedicatoria de la obra a Máximo de Tiro (Proemio del libro I), la mención de M. C. Frontón (IV 22), la alusión a los Juegos celebrados por Antonino Pío en honor de Adriano (I 26), etc., testimonian su existencia durante la segunda centuria, ya avanzada.

7 Este factor no es determinante, en la medida en que era un procedimiento habitual y tópico traer a colación pasajes de autores consagrados para reforzar y ennoblecer el proceso discursivo propio. Homero representa el índice más elevado de frecuencia desde un punto de vista estadístico (figura mencionado quince veces). Le sigue Menandro con cuatro citas. Este hecho es significativo, puesto que incluye a los dos escritores que gozaban de mayor popularidad por aquella época.

8 En lo que a pronunciación se refiere ofrece numerosos ejemplos de itacismos y, tal vez, una muestra de asibilación de la dental sorda aspirada. Estos rasgos son propios del autor y no fruto de la tradición manuscrita, puesto que los términos en cuestión son utilizados como pruebas en sus argumentaciones. También se podrían aducir otras particularidades de carácter morfosintáctico o léxico. Cf. I. AVOTINS , «Artemidorus of Daldis and the Pronunciation of Greek», Glotta , 55 (1977), 222-225.

9 Cf. los Proemios de los libros I y V.

10 En el Proemio del libro I afirma: «En lo que a mí respecta, no hay obra de onirocrítica que yo no haya manejado».

11 Cf. a título de ejemplo, R. BIANCHI BANDINELLI , Dall’ellenismo al medioevo , Roma, 1978 y Roma. La fine dell’arte antica = Roma. El fin del arte antiguo , trad. de J. A. Míguez, Madrid, 1971; E. R. DODDS , Pagan and Christian in an Age of Anxiety = Paganos y cristianos en una época de angustia , Madrid, 1975; G. W. BOWERSOCK , Greek Sophists in the Roman Empire , Oxford, 1969; y las obras de REARDON y de CAVALLO citadas más abajo, entre otras.

12 A. TOVAR , «Notas sobre el siglo II », en el libro: En el primer giro , Madrid, 1941.

13 Como consecuencia de un envejecimiento de la población provocado por un descenso de la natalidad.

14 Courants littéraires grecs des IIe et IIIe siècles après J.-C ., París, 1971.

15 Cf. el sugestivo estudio de G. CAVALLO , (ed.) Libri, editori e pubblico nel mondo antico , Roma-Bari, 1975.

16 Cf. infra , I 1.

17 Cf. infra , III 66. En el artículo ya citada del Lex. Suda se le atribuyen dos títulos: uno, relativo a la adivinación mediante las aves, y otro, a la quiromancia. El primero es mencionado elogiosamente por Galeno (loc. cit.) . De la autenticidad del último se sospecha, puesto que el propio Artemidoro juzga muy negativamente esta modalidad mántica (II 69).

18 Cf. infra , I 10.

19 Particularmente lagunas y argumentaciones poco convincentes.

20 No sabemos hasta qué punto este deseo es sincero. Cabe la posibilidad de que el carácter confidencial que le otorga su autor fuese una especie de reclamo publicitario o, al menos, un expediente retórico para valorar la obra.

21 Cf. Artemidoro, Il libro dei sogni a cura di D. DEL CORNO , Milán, 1975, pág. XXXI.

22 Ya en esta época los prólogos y los epílogos son secuencias literarias muy estereotipadas, en las que menudean los tópicos, las fórmulas fijas y los recursos de toda índole.

23 Esta afirmación tiene un particular significado en su caso, habida cuenta de su total entrega a la oniromancia. Pero, en realidad, no es más que un recurso retórico muy en boga entre los escritores de este período. Plinio el Viejo, Elio Aristides, Dión Casio y Menandro de Laodicea, entre otros, invocan una misma razón a la hora de coger la pluma. Cf. A. KAMBYLIS , Die Dichterweihe und ihre Symbolik , Heidelberg, 1965, pág. 106 y sigs.

24 Cf. infra , II 70.

25 De este orador se conservan unas disertaciones en las que se abordan temas filosóficos con un lenguaje amanerado y preciosista. Sobre esta identificación cf. CLAES BLUM , Studies in the Dream-Book of Artemidorus , Uppsala, 1936, pág. 23. Quiero dejar constancia de mi agradecimiento a la profesora Fuencisla Velasco por haberme procurado un ejemplar de esta obra de difícil consulta en nuestras bibliotecas.

26 Todos estos datos proceden del Proemio del libro I.

27 Otro tópico más. Cf., por ejemplo, E. ARISTIDES , Discursos sagrados , I, 3.

28 Particularmente en los Proemios de los libros I, II y IV.

29 Los caldeos se sintieron muy atraídos por las artes adivinatorias y, en particular, por el estudio de los astros y del sueño como manifestaciones mánticas.

30 Graecorum de re onirocritica scriptorum reliquiae , Milán-Varese, 1969, pág. VII y sigs.

31 Tratados hipocráticos , vol. III, B.C.G., núm. 91, Madrid, 1986. Se discute la fecha de composición de esta obra. Para algunos estudiosos es posterior al año 350 a. C. En cambio, otros la sitúan en torno al 400.

32 Cf. ibid ., págs. 105-107. La traducción del texto se debe a C. García Gual.

33 En las páginas siguientes se expone una sintomatología del sueño. Ciertos principios aquí enunciados seguirán teniendo validez a lo largo de la historia del pensamiento onirológico helénico. Unas doctrinas similares son desarrolladas por Galeno en La diagnosis a través de los sueños .

34 Rep . 572a-b. Cf. PLATÓN , Diálogos , vol. IV, B.C.G., núm. 94, pág. 422. La traducción ha sido realizada por C. Eggers.

35 Sobre este tema cf. H. WIJSENBEEK -WIJLER , Aristotle’s Concept of Soul, Sleep and Dream , Amsterdam, 1978; A. BRAVO , «La interpretación de los sueños: onirocrítica griega y análisis freudiano» en Tradición clásica y siglo xx , Madrid, 1986, págs. 129-135.

36 Estas dos obras junto con Acerca del sueño y de la vigilia forman parte del grupo comúnmente llamado Parva naturalia . En nuestras citas hemos seguido las versiones realizadas por A. Bernabé. Cf. ARISTÓTELES , Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de Historia natural , B.C.G., núm. 107, Madrid, 1987.

37 Los pasajes citados son 459a y 460b-461a.

38 Acerca de la adivinación por el sueño 426b.

39 Cf. los fragmentos recogidos y comentados por D. DEL CORNO , Graecorum de re …, págs. 52-58 y 156-157.

40 En un tratado compuesto por cinco libros y llamado Acerca de la adivinación . Hay fragmentos en D. DEL CORNO , op. cit ., págs. 84-97 y 167-196.

41 Ibidem , págs. 78-80; 161-163 y 76-77; 158-160.

42 De rerum natura IV 969 y sigs.

43 Od . XIX 535-567.

44 No sabemos si se puede identificar con el sofista de idéntico nombre. Cf. D. DEL CORNO , op. cit ., págs. 45-50 y 129-132.

45 Cf. D. DEL CORNO , ibidem , págs. 7 y 105-108.

46 I 45; IV 23 y IV 24.

47 Artemidoro le atribuye una obra en cinco libros en la que se transcriben muchos sueños y, particularmente, las curas y las prescripciones del dios Serapis (II 44). Este personaje (350-280 a. C.), discípulo de Teofrasto, tuvo un papel determinante en la fundación de la Biblioteca de Alejandría, amén de sus actuaciones como político al frente de Atenas. Se duda de la autenticidad de esta atribución. Cf. D. DEL CORNO , op. cit ., págs. 59 y 138-139.

48 ¿De Tarso? En caso afirmativo habría que situarlo en el siglo II a. C. DEL CORNO (op. cit ., pág. 341) cree que se trata simplemente de un onirócrita homónimo, puesto que la interpretación del sueño está vinculada con unos gladiadores (IV 65). No parece que tenga relación alguna con el mismo nombre que figura en IV 24 de manera episódica. Cf. D. DEL CORNO , ibidem , pág. 3 y 101-102.

49 Fue un compilador de diversas materias. A través del testimonio de Artemidoro sabemos que en alguna de sus obras se ocupó del simbolismo de la cebolla (I 67), del rayo (II 9) y de las golondrinas (II 66). Cf. D. DEL CORNO , ibidem , págs. 43-44 y 127-128.

50 Es mencionado cuatro veces por Artemidoro (I 2; II 9; IV 48 y IV 66). Se le localiza entre el siglo I a. C. y el I d. C. Ejerció la oniromancia y compuso un tratado de una estructura similar al que es objeto de nuestro estudio. Cf. D. DEL CORNO , ibidem , págs. 37-39 y 123-124.

51 Autor de una obra en veintidós libros y de la que nos quedan algunos testimonios. Probablemente vivió en el siglo I d. C. En su monumental tratado se recogían un gran número de sueños con sus correspondientes consecuencias y, también, curaciones obtenidas en los santuarios de Serapis (II 44). Asimismo, ofrecía una introducción teórica (I 2). Cf. D. DEL CORNO , ibidem , págs. 24-29 y 110-11.

52 No tiene ninguna relación con el poeta épico de idéntico nombre. Escribió una obra titulada Acerca de los sueños en dos libros. Artemidoro nos informa de que fue un autor de mucha fama y prestigio científico. Habla de él elogiosamente en I 2; I 64 y II 35. Cf. D. DEL CORNO , ibidem , págs. 34-36 y 121-122.

53 Es mencionado al lado del anterior y con el mismo tono encomiástico (I 2). Cf. D. DEL CORNO , ibidem , págs. 33 y 120.

54 Autor de un tratado que constaba, al menos, de dos libros. Su obra debió de ser eminentemente descriptiva, según se deduce de las citas artemidoreas (1 32 y III 28). Cf. D. DEL CORNO , ibidem , págs. 5-6 y 104.

55 Artemidoro lo califica de «hombre ilustre» (I 79). Es la única noticia que tenemos sobre su existencia. Cf. D. DEL CORNO , ibidem , págs. 4 y 103.

56 Sólo lo conocemos a través de una cita (II 44) en la que se nos dice que compuso una obra en tres libros. Allí es mencionado en compañía de Demetrio de Falero y de Artemón de Mileto. Por tanto, se puede suponer que su producción tuviese las mismas características que las de aquellos autores. Cf. D. DEL CORNO , ibidem , págs. 32 y 119.

57 Cf. infra , Proemio del libro I.

58 PLUT ., Vida de Arist . 27 3.

59 III 23.

60 Cf. TEOFR ., Caract . XVI 11.

61 Los documentos relativos a esta práctica han sido recogidos y estudiados por L. DEUBNER (De incubatione capita quattuor , Leipzig, 1900). Son fundamentales las siguientes obras: O. WEINREICH , Antike Heilungswunder: Untersuchugen zum Wunderglauben der Griechen und Römer , Giessen, 1909; E. J. y L. EDELSTEIN , Asclepius. A Collection and Interpretation of the Testimonies , Baltimore, 1945; C. A. MEIER , Antike Inkubation und moderne Psychotherapie , Zurich, 1949.

62 Creemos que se refiere exclusivamente a aquella producción de puro carácter oniromántico. Quizá, por tal motivo, no figura en sus citas Hermipo de Berito, autor de un tratado de onirocrítica en cinco libros, donde se analizaba no sólo el fenómeno del sueño en todos sus aspectos, sino también las visiones de personajes célebres, las técnicas y tradiciones oraculares de tipo incubatorio, y, en una palabra, la doxografía esencial sobre esta cuestión.

63 El arte de Asclepio y la mántica ofrecían un sustrato común, ya que ambas disciplinas tenían como objetivo la formulación de un diagnóstico a través de síntomas, aunque bien es verdad que con finalidades diversas. La observación de los fenómenos permitía al estudioso la elaboración de un cuerpo doctrinal, el cual se fundamentaba en los datos analizados empíricamente. En cierta medida esta vinculación inicial se ha vuelto a recuperar en nuestro siglo, puesto que el psicoanalista aglutina ambas especialidades. Obsérvese cómo Artemidoro le aconseja a su hijo seguir los preceptos de la ciencia médica en casos concretos.

64 Se ha intentado reconstruir los antecedentes de dicha clasificación y atribuir su formulación definitiva a algún especialista notorio. Los resultados de tales elucubraciones no son muy convincentes. El cotejo de las opiniones expresadas por CLAES BLUM (Studies in the Dream Book … pág. 64 y sigs.) y D. DEL CORNO (en su versión de este autor, página XXXII y sigs.) es bastante ilustrativo del estado actual de la cuestión.

65 Las explicaciones ofrecidas por el autor sobre estas dos variantes resultan un tanto confusas.

66 Cf. infra , I 6.

67 Cf. infra , IV 22.

68 De Artemidoro Daldiano , Leipzig, 1893.

69 Op. cit ., cap. 3.

70 Artemidoro declara explícitamente: «En última instancia la onirocrítica no es otra cosa que una relación entre elementos analógicos» (II 25). Esta misma idea es repetida en varias ocasiones.

71 Epilegomena to the Study of Greek Religion , Cambridge, 1903, pág. 32.

72 En realidad sus páginas proporcionan, como el reverso de un tapiz, el complicado diseño que caracteriza el tejido social de su tiempo.

73 El representante de este grupo es llamado pénēs por cuanto que vive de su esfuerzo (pónos) . Existe un grado inferior constituido por las personas carentes de recursos: los áporoi . Cf. A. FILIPO , «La simbologia della richezza e della povertà nell’Onirocriticon», Index , 13 (1985), 425-438.

74 Las numerosas alusiones a este sector de la población demuestran la importancia que va adquiriendo dicho estamento en el siglo II . Las frecuentes interpretaciones vinculadas con la liberación de un esclavo son un buen ejemplo del tipo de sueño llamado «de deseo cumplido».

75 Como indica la fórmula genérica: «a quien tiene miedo».

76 También convendría incluir aquí el mundo de la farándula teatral.

77 Y las secuelas de índole supersticiosa de todo tipo.

78 Cf. el apartado 7 de la presente Introducción.

79 En este lugar no consideramos la posible ascendencia que el material onírico artemidoreo haya podido ejercer a través de los cauces de una producción que ha circulado durante siglos de forma subrepticia y, además, mutilada en su contenido y privada del nombre del autor.

80 Cf. infra , II 12.

81 Amén de otras de diversa procedencia. Sus numerosas citas ponen de manifiesto el manejo de una bibliografía tan amplia como variada. Su actitud recuerda la curiosidad del hombre del Renacimiento.

82 La interpretación de los sueños (trad. española por L. López-Ballesteros), Madrid, 1981, vol. I, pág. 164.

83 Traumdeutung und Zauberei , Viena, 1866. La cita aparece a partir de la edición de 1914, ya que la obra de Freud ofrece una técnica compositiva similar a la de Artemidoro: es también un «work in progress».

84 Op. cit ., vol. I, págs. 232-233.

85 Cf. infra , IV 24.

86 Existe otra en el vol. II, pág. 270 de la citada obra, donde se alude al problema de la inversión temporal. En efecto, Artemidoro aconseja en la interpretación de relatos oníricos seguir su desarrollo desde el principio hasta el fin en unas ocasiones y, en otras, el sentido contrario.

87 Posiblemente manejó la versión de Krauss de 1881.

88 Estamos convencidos de que su obra es una recopilación de doctrinas onirománticas precedentes, al igual que parte de su casuística, pero las adscribimos a su nombre por carecer de medios para determinar la auténtica paternidad de las mismas.

89 O bien con las imágenes hipnagógicas experimentadas por algunas personas en la etapa transicional entre la vigilia y el estado de reposo.

90 Hasta cierto punto les otorga el calificativo de premonitorios en la medida en que algunos sueños pueden anunciar procesos morbosos o bien revelar el comportamiento del individuo en función de la labor indagatoria del sujeto.

91 Cf. infra , II 25.

92 Por ejemplo, descendencia = pupilas; pupilas = descendencia (I 26 y V 44).

93 Proemio del libro IV. La lista se podría incrementar con otros muchos casos: el almirez (II 42), el hogar (II 10), el material escriptorio (II 45), etc.

94 Una prefiguración del complejo de Edipo se podría ver en la casuística descrita en el capítulo 79 del libro I.

95 Cf. infra , IV 70.

96 Cf. infra , IV 69.

97 Según Freud reflejan una actividad psíquica del inconsciente. Recuérdese el antiguo principio mágico: Nomen omen .

98 Un caso muy claro se encuentra en I 13 y sobre todo en IV 27 donde un mismo elemento se traduce en consecuencias muy varias, incluso aplicadas a un mismo individuo.

99 Quizá, como Freud, utilizó sus propias visiones oníricas como material de su obra.

100 En todo momento proclama su condición de hombre bien pertrechado tanto en el campo de los conocimientos teóricos como en el de los prácticos.

101 Sería interesante realizar un estudio detallado de los puntos de contacto existentes entre Freud y su predecesor. Su legado en las nuevas teorías psicoanalíticas ha sido examinado por W. KURTH , «Das Traumbuch des Artemidoros im Lichte der Freudschen Traumlehre», Psyche , 4 (1950), págs. 488-512, y H. BENDER , «Prognose und Symbol bei Artemidor in Lichte der modernen Traumpsychologie» (en apéndice a la reedición de Krauss hecha por Kaiser: Artemidor aus Daldis, Traumbuch , Basilea, 1965, págs. 355-369).

102 Artemidoro —como todo autor— aspiraría a que su obra fuese también del agrado de los medios intelectuales. Desde el prólogo del libro I está a la defensiva de posibles críticas provenientes de este sector. Esta preocupación, no infundada, perdura hasta el final. El daldense probablemente concibió su tratado como un legado universal y como un instrumento válido para ser utilizado en cualquier registro.

103 Cf. el excelente estudio de C. GARCIA GUAL , Los orígenes de la novela , Madrid, 1972, pág. 39 y sigs.

104 La popularización de un nuevo formato de libro —el codex frente al volumen — y el empleo generalizado de una materia escriptoria más resistente y económica —el pergamino— fueron factores determinantes en el proceso de socialización de la lectura.

105 Cf. S. E. OBERHELMAN , «The Interpretation of Dream-Symbols in Byzantine Oneirocritic Literature», Byzantynoslavica 47 (1986), páginas 8-24; y del mismo autor: «A Survey of Dreams in Ancient Greece», The Classical Bulletin 55 (1979), págs. 36-40.

106 Existe una edición crítica realizada por TOUFIC FAHD , Damasco, 1964. No hemos podido manejar directamente esta fuente por desconocer esta lengua. Tan sólo hemos podido leer el prólogo, que está redactado en francés. Las principales variantes que ofrece han sido estudiadas, entre otros, por E. SCHMITT (Lexikalische Untersuchugen zur arabischen Übersetzung von Artemidors Traumbuch , Wiesbaden, 1970) y R. A. PACK («Artemidoriana Graeco-Arabica», Trans. of the Amer. Philol. Assn . 106 (1976), 305-312).

107 Cf. apartado 2 de la presente Introducción.

108 Se conserva el documento que certifica la adquisición. Cf. E. LEGRAND , Bibliographie hellénique… des ouvrages publiés en grec par des Grecs aux XV et XVI siècles , París, 1885, vol. II, págs. 325-327.

109 El citado Lex. Suda ofrece también un cierto número de citas.

110 M = Marcianus 267 (siglo XV ), membranáceo; U = Urbinas gr . 107 (siglo XV ), cartáceo; C = Cantabrigiensis 77 (siglos XV-XVI ), cartáceo; O = Ottobonianus 89 (siglo XVI ), cartáceo y B = Borbonicus II D 50 (siglo XV ), cartáceo, etc. El testimonio conservado en España (Cod. Graecus Scorialensis , III 11) «derives from the parent of V» (cf. R. A. Pack, «Artemidoriana from the Escurial», Trans. of the Amer. Philol. Assn . 100 (1969), 331-336).

111 Cf. el loc. cit ., y la Praefatio de la edición de R. A. Pack, donde se analizan estos subsidia , y el trabajo citado de C. Blum, págs. 13-22.

112 Por ejemplo, Paracelso fue un estudioso de estos fenómenos; Cardario en sus Sueños sinesianos se sirve de la obra de Artemidoro, etc. Para valorar en su justa medida las actitudes mentales del daldense y de los humanistas hay que tener presente la certera afirmación de Tommaso Campanella: «finché non s’intende l’arte, sempre dicesi magia; dopo è volgare scienza», Del senso delle cose e della magia , Roma, 1954.

113 La obra está dedicada por el traductor a nuestro embajador en Roma, don Diego Hurtado de Mendoza.

114 En esta edición figuraba una disertación de Melanchton.

115 Particularmente Rigault, autor de una edición que vio la luz en París en el año 1603. En 1805 J. G. Reiff dará a conocer otra que contiene los comentarios del filólogo precedente, los de Reiske y los del propio Reiff.

116 Zeitschrift für die oesterreich . Gymnasien 32 (1881), págs. 501 y sigs.

117 Texto citado por D. DEL CORNO en su traducción, pág. LXIX. Y eso que Krauss dejó sin traducir pasajes relacionados con la sexualidad en aras del puritanismo ambiental reinante.

118 Nuestro juicio no queda invalidado por el hecho de haber detectado varias erratas tipográficas: cf. págs. 49, 120, 177, 235, 237, 287, 296 y 299.

119 En algunos pasajes seguimos otras lectiones , como es natural en un texto tan amplio y, a veces, conflictivo. Cf. la Nota Textual.

120 Literalmente dice: Fateor equidem multa futtilia, insulsa, immo horrifera in his quinque libris inesse: qui loci, candide lector, haud mihi magis quam tibi arrident. nihilo minus iste Daldianus tametsi indignus forsitan sit…plane dignus esse videtur qui denuo recensitus imprimatur .

121 Existe una versión titulada La interpretación de los sueños de Artemidoro de Daldia (sic), realizada por Pablo Inestal en 1922 para una colección llamada Biblioteca del Más allá, denominación harto elocuente. Los textos, que allí figuran, están mutilados, amañados y, por supuesto, no traducidos directamente del griego. Se trata, pues, de una obra de carácter divulgativo y carente de rigor científico, en la mejor tradición de la «fortuna» de este autor.

122 En este sentido el autor refleja una cosmovisión arcaizante en consonancia con la naturaleza del tema tratado. Por ejemplo, el fenómeno onírico es considerado una realidad objetiva, en consecuencia, Artemidoro siempre dirá: «ver un sueño» en lugar de «soñar». Los casos podrían multiplicarse.

123 Cf. el interesante trabajo de P. LAÍN ENTRALGO , La curación por la palabra en la Antigüedad clásica , Madrid, 1958.

LIBRO I
Proemio 1 : Artemidoro saluda a Casio Máximo 2

Muchas veces me sentí impulsado a emprender el presente trabajo y siempre me detuve «no porque cediese por pereza o por insensatez» 3 como dice el poeta, sino porque me sobrecogía, en particular, la magnitud y la multiplicidad de las cuestiones que en él se plantean y porque temía las críticas adversas de aquellas personas que o bien sostienen cuanto afirman por estar convencidas de que la mántica no existe y tampoco la providencia divina 4 , o bien se entregan a prácticas y disquisiciones de otra índole. Mas ahora la demanda existente —que reviste caracteres de necesidad por los beneficios que deparará, tanto a nosotros mismos como a los que vengan después— me incitó a no demorar ni a dar largas al asunto, sino a redactar un escrito con aquellos conocimientos de los que tengo una cabal comprensión, tras haberlos adquirido de una forma empírica. En verdad, considero que, gracias a tal iniciativa, alcanzaré dos objetivos: primero, oponerme, de una forma leal y con un cúmulo de argumentos fuera de lo corriente, a los que intentan suprimir la propia mántica y sus distintas variantes 5 , trayendo a colación públicamente la experiencia y el testimonio de los resultados, los cuales bastarían para hacer frente a todos los hombres; y, en segundo lugar, establecer una terapéutica salvadora en vez del error para los que se sirven de la adivinación, pero son engañados por no encontrar unas doctrinas rigurosas sobre esta materia y, en consecuencia, corren el riesgo de despreciarla y de apartarse de ella.

Pues bien, los autores que son un poco mayores que yo 6 , queriendo alcanzar una fama de escritores y considerando que se harían célebres sólo con esto, a saber, dejar para la posteridad unos escritos de «onirocrítica», no han hecho otra cosa, en general, que copiar los unos las obras de los otros, exponiendo torpemente cuanto ya había sido descrito espléndidamente por sus antecesores, o bien añadiendo muchas falsedades a las sucintas explicaciones de los antiguos. Aquéllos, en realidad, sin servirse de la experiencia, improvisaban según cada uno de ellos se sentía atraído por algún asunto y, de esta forma, cumplían su oficio. Unos tenían a su disposición la totalidad de los libros de autores de otros tiempos, en cambio otros, no todos, ya que a ellos se les pasaron por alto algunos ejemplares raros y casi destruidos por su mucha antigüedad. En lo que a mi respecta, no hay obra de onirocrítica que yo no haya manejado —por considerar de mucha importancia este particular— y, amén de esto, aunque los adivinos que frecuentan las plazas 7 están muy desprestigiados y las personas que adoptan un aire grave y fruncen el entrecejo 8 los tachan de pordioseros, charlatanes y embaucadores, yo, sin prestar crédito a esta acusación, me he tratado con ellos por espacio de muchos años en las ciudades y en las fiestas públicas de Grecia, y también en Asia, en Italia y en las islas más grandes y populosas, deteniéndome a escuchar antiguos sueños y sus consecuencias. En realidad, no era posible ejercitarse de otro modo en estas cuestiones. Por tanto, estoy en condiciones de poder hablar ampliamente sobre cada tema, de forma que no me perderé en palabrerías, puesto que diré la pura verdad y facilitaré explicaciones claras y comprensibles para todos, gracias a su sencillez, de cuanto vaya enunciando, a no ser que se trate de un asunto tan evidente que me exima de cualquier comentario por juzgarlo superfluo.

Pero pasemos ya a abordar el argumento propuesto, con el fin de no alargar la introducción más de lo conveniente. Pues, ¿qué necesidad hay de meras palabras sin hechos concretos al dirigirme a ti, un hombre tan diestro en el arte de hablar, como no ha existido otro hasta ahora entre los griegos, y tan inteligente que sin tener que aguardar que el interlocutor termine tú ya has captado a donde van a parar sus palabras? Mas previamente es necesario hacer unas observaciones de rigor sobre algunos principios fundamentales.

Diferencia entre el ensueño y la visión onírica 9

[1] En lo que concierne a la diferencia existente entre ensueño y visión onírica 10 , ya he expuesto en otras obras 11 que una distancia no exigua los separa.** Y puesto que el tratado te parecería desordenado y como falto de inicio, creo que resultará oportuno empezar también en esta ocasión a partir de dichas nociones. La visión onírica se distingue del ensueño en que la primera, cuando se produce, es un indicio de lo que acontecerá, y el segundo de lo que existe en el presente. Con mayor claridad lo comprenderás de lo que sigue: ciertas pasiones 12 tienen por naturaleza la prerrogativa de aflorar, de imponerse al espíritu y de suscitar determinadas figuraciones 13 . Por ejemplo, el enamorado cree necesariamente durante el sueño que está en compañía de los jóvenes que ama, el atemorizado ve lo que le espanta y, a su vez, el hambriento supone que come, el sediento que bebe e, incluso, el que está repleto de comida que vomita o que respira fatigosamente. En realidad, cuando actúan las pasiones, sucede que se perciben unas imágenes que no expresan una predicción del futuro, sino una rememoración de la realidad. Por ser estas representaciones de tal especie, tú puedes experimentar unas figuraciones que afecten exclusivamente al cuerpo, otras al alma o bien comunes a ambos principios: en virtud de ello el enamorado da por cierto que está con los seres que ama, y el enfermo que es curado y tratado por los médicos. Ciertamente, el cuerpo y el alma toman parte en estas evocaciones. Vomitar, dormir y, a su vez, comer y beber se deben considerar como propias del cuerpo únicamente y, en cambio, estar alegre o apesadumbrado como peculiares del alma. De lo anterior se deduce con toda certeza que las vivencias de carácter somático están originadas por la necesidad o por el exceso, mientras que las de tipo anímico son producto del temor o de la esperanza.

Baste con lo dicho sobre el ensueño 14 . Su mismo nombre resulta apropiado no porque todos lo ven mientras que duermen —ya que también la visión onírica es una actividad propia de los que realizan esta acción— sino porque tiene vigencia mientras la persona permanece en estado de reposo y deja de existir cuando dicho estado cesa. En cambio, la visión onírica actúa llamando la atención sobre el anuncio de acontecimientos futuros durante el transcurso del período hípnico y, una vez superado éste, influyendo eficazmente en nuestras empresas. Dicha visión origina de forma natural que el alma esté despierta y alerta. Desde un principio le fue impuesto este nombre bien debido a tal motivo 15 , bien a causa de que afirma, esto es, dice la realidad, como testimonia el poeta:

Te voy a decir palabras veraces .

Así mismo los habitantes de Ítaca llamaban al mendigo Iro porque:

iba a anunciar mensajes, siempre que alguien se lo mandaba .

Sueños directos y simbólicos

Además de esto, los sueños 16 [2] se dividen en directos y en simbólicos 17 . Los directos son aquellos cuyo efecto se corresponde con la imagen, por ejemplo, un navegante soñó que naufragaba y así sucedió. Tan pronto como se despertó, la nave se fue a pique y él consiguió salvarse a duras penas junto con unos pocos tripulantes. A su vez otro individuo imaginó mientras dormía que era herido por un compañero con el cual había proyectado ir de caza al día siguiente. Pues bien, después de salir ambos, resultó lesionado por dicha persona en el hombro, precisamente en el lugar donde la visión le había indicado. Un tercero, tras haber visto en sueños que recibía dinero de un amigo, obtuvo diez minas 18 a la mañana siguiente y las guardó en depósito. Y así otros muchos casos de esta índole.

Los simbólicos, en cambio, son unos sueños que indican unas cosas por medio de otras, ya que en ellos el alma expresa algo enigmáticamente en virtud de su propia naturaleza. Ciertamente, creo que es mi obligación —en la medida que me sea posible— exponer la causa por la que estos sueños surgen y se cumplen, y, además, el auténtico significado del término. En primer lugar, formularé una definición general de dicho fenómeno, lo cual no exigiría una larga parrafada, si yo no me dirigiese a personas amantes de la polémica.

La visión onírica es un movimiento o una invención multiforme del alma que señala los bienes y los males venideros. Por ser esto así, el alma predice cuanto sucederá con el transcurso del tiempo, tarde o temprano, y todo lo expresa a través de unas imágenes naturales y apropiadas, llamadas elementos 19 por considerar ella que en el intervalo nosotros podremos conocer el futuro, una vez instruidos por medio del razonamiento.

En cambio, el alma nos muestra directamente cuantos acontecimientos no admiten dilación alguna, por no consentir Aquel 20 que nos gobierna —sea quien fuere— un aplazamiento encaminado hacia la intelección de estos hechos, al juzgar que no obtendremos ninguna ventaja con su premonición si somos incapaces de captarlos antes de aprenderlos por la experiencia. Nuestro espíritu, que no aguarda ninguna ayuda exterior para la revelación de estos mensajes, en cierto modo nos grita: «Observa y presta atención, en la mayor medida que sea posible, a lo que has aprendido de mí». Y todos estarán de acuerdo en que las cosas suceden así. Nadie, de hecho, se atreverá a afirmar que tales presagios no se realizan inmediatamente después de la visión y que media un intervalo no exiguo; es más, algunos de ellos tienen lugar al tiempo de la percepción, por así decirlo, mientras aún dura el fenómeno onírico. Por tal motivo han sido llamados directos, no sin razón, en cuanto que su visión coincide con su realización.

A estos dos tipos 21 les acompañan respectivamente: la aparición 22 al ensueño desprovisto de premonición —acerca de la cual han hablado otros muchos y, en particular, Artemón de Mileto 23 y Febo de Antioquía 24 — y la representación y la respuesta oracular a la visión onírica. Deliberadamente dejamos de lado un análisis detallado de los mismos, puesto que si a una persona no le resulta clara su esencia de forma inmediata, opino que ella tampoco podrá seguir al que intente darle una explicación.

Por otra parte, algunos especialistas distinguen hasta cinco clases de sueños simbólicos. Pues bien, denominan propios a aquellos en los que uno mismo cree ser el sujeto activo o pasivo (los resultados —tanto si son favorables como si son adversos— afectarán exclusivamente a la persona que ha tenido la visión); ajenos, cuando se sueña que el sujeto activo o pasivo es otra persona, ciertamente, sólo a ésta le incumbirán los efectos, bien sean positivos o lo contrario, siempre que el individuo que experimente el fenómeno onírico tenga en alguna medida una determinada relación con ella; comunes 25 , como su nombre indica, son aquellos en los que las acciones se realizan en el sueño con una persona conocida, sea quien fuere; públicos llaman a éstos que se encuentran vinculados con puertos, murallas, plazas, gimnasios y monumentos de la ciudad que están al servicio de la comunidad; por último, la desaparición parcial del sol, la luna y de los restantes astros o su eclipse total y los movimientos anormales de la tierra y del mar auguran fenómenos del universo y, en consecuencia, estos sueños son llamados cósmicos con toda propiedad.

**Pero esta clasificación general no es así de simple, puesto que se han dado casos en los que sueños propios no tuvieron consecuencias exclusivamente para los interesados: muchos afectaron también a seres próximos. Por ejemplo, un cierto individuo soñó que él moría y fue su padre quien pereció, el cual era precisamente su alter ego, porque participaba de un mismo cuerpo y alma. A su vez, otro vio en sueños que era decapitado y también aconteció que fue su progenitor el que falleció. Este era la causa de que aquél estuviese vivo y viera la luz, al igual que lo es la cabeza respecto de todo el cuerpo 26 . Análogamente estar ciego pronostica la muerte a los hijos de quien experimenta la visión y no a él mismo 27 , y podrían citarse otros muchos casos de este género. Quizá alguien, instruido por la experiencia, puntualizará que los sueños ajenos también pueden verificarse en los propios sujetos del fenómeno onírico. Por ejemplo a una persona le pareció que veía a su padre abrasado vivo y sucedió que fue el soñador quien en realidad murió, de forma que, a causa de la tristeza de su pérdida, su progenitor se consumía, por así decirlo, devorado por el ardor del sufrimiento, como si se tratase de un auténtico fuego. A su vez otro soñó que moría su amada y, poco después, el interesado perdió la vida, quedando privado del bien más apreciado por él. De igual modo, creer que enferman la madre o la mujer supone flaquezas y desórdenes en los asuntos profesionales. Sobre este punto no existe ni una sola voz discordante, puesto que todos reconocen al unísono que la profesión se corresponde con la madre, ya que nos da de vivir, y con la esposa, por ser lo más personal que uno posee 28 . Por último, el hecho de ver a los amigos depara tristezas, si éstos se encuentran afligidos, y alegrías, si están contentos. De acuerdo con estos mismos principios resulta lícito poner también en tela de juicio los sueños comunes, debido a que algunos de ellos produjeron unos efectos en consonancia con las visiones propias en lugar de las consecuencias comunes correspondientes.

No obstante, la clasificación precedente, tal como la establecieron los antiguos tratadistas, es válida en sus líneas generales. Las excepciones citadas a posteriori por mí —aunque en escaso número— a veces se han producido en la forma en que las hemos descrito y han inducido a error a los especialistas en estas materias. Conviene, pues, establecer acerca de estos tipos las precisiones siguientes. De entre los sueños propios, cuantos no conciernen a los seres próximos, por ser acciones que suceden únicamente a los soñantes y que sólo afectan a ellos y que no tienen consecuencias en otros o por medio de otros, se verifican exclusivamente en los sujetos de la visión onírica, así por ejemplo, hablar, cantar, bailar y también practicar el pugilato, competir, ahorcarse, morir, ser crucificado, arrojarse al agua, encontrar un tesoro, hacer el amor, vomitar, defecar, dormir, reír, llorar, hablar con los dioses y otras operaciones semejantes. Por el contrario, las acciones que atañen al cuerpo, a una parte del mismo y a objetos externos, tales como literas, arcones, cestos y los restantes enseres, vestidos y demás prendas del género, aunque sean personales, muchas veces suelen ejercer su influjo en los seres próximos en consonancia con sus funciones, así la cabeza equivale al padre; el pie a un esclavo; la mano derecha al pobre, a un hijo, a un amigo o a un hermano; la mano izquierda a la mujer, a la madre, a una amiga, a una hija o a una hermana; el miembro viril a los progenitores, a la esposa o a los hijos; la pierna a la mujer y a la amiga 29 .

En lo que concierne a las otras categorías, para no extenderme demasiado, conviene observar estos aspectos. De entre los sueños comunes y los ajenos, cuantos se efectúan en favor de nosotros o por mediación nuestra deben ser considerados como sueños propios. Los que se producen sin relación o sin intervención nuestra, éstos incidirán sobre los demás. Mas si en ellos aparecen amigos nuestros y las cosas significadas son positivas, en ese caso podría haber alegría y placer para aquéllos y, en parte, para nosotros. En cambio, si fueran malas, las desgracias recaerán sobre ellos y sobre nosotros las tristezas, pero no exclusivamente por los males ajenos, sino también por motivos estrictamente particulares. Si se trata de enemigos habrá que deducir unas conclusiones contrarias a éstas.

Respecto de los sueños públicos y cósmicos he de decir cuanto sigue. Por una parte, nunca se verá en sueños nada concerniente a cosas por las que no se siente preocupación, del mismo modo que algunos, por no haber tenido problemas de índole personal, tampoco tuvieron visiones oníricas de esta naturaleza. Por otra parte, es imposible que un individuo de poca monta perciba la representación de hechos importantes que superen sus propias fuerzas, pues, en efecto, ello carece de lógica: por ser también estos sueños personales y surtir sus efectos sobre los sujetos de la visión, salvo que el soñante se trate de un rey, de un gobernante o de un dignatario de altísimo rango. Tales personajes, en verdad, velan por los asuntos públicos y pueden recibir una visión relacionada con dichos asuntos, no como simples particulares a los que se presta poco crédito, sino en tanto que soberanos y encargados de ciertas gestiones en favor del bienestar común. Es justamente lo que dice el poeta sobre esta cuestión, cuando los propios ancianos discuten en la asamblea acerca del sueño de Agamenón:

Si algún otro de los aqueos hubiese contado este sueño, / lo declararíamos falso y no le habríamos hecho caso, / más ahora lo contempló quien se jacta de ser el mejor en el ejército 30 .

Ciertamente, el autor quiere dar a entender que: «si un soldado raso aqueo hubiese contado esta visión, nosotros no habríamos considerado que el sujeto mentía, sino que el propio sueño era engañoso y que no surtiría efecto sobre nosotros. Por tal motivo nos habríamos abstenido de prestarle atención. Mas en aquella circunstancia era imposible que no nos afectase, puesto que precisamente fue un rey quien lo vio».

Sin embargo, hay quienes afirman que antaño algunas personas sencillas y de modesta condición tuvieron sueños públicos, y que, una vez divulgados, tras haberlos expuesto de viva voz o por escrito, gozaron de la mayor credibilidad por coincidir los resultados con las visiones. A los que así opinan les pasa inadvertido el hecho de que ignoran la causa. En realidad, el sueño tuvo cumplimiento de forma colectiva, no por ser visto por un único individuo, sino por haber tenido muchas personas una idéntica experiencia: de ellos unos lo dieron a conocer públicamente, otros, en cambio, lo hicieron de forma privada. En este caso el sujeto de la visión no es un ciudadano cualquiera, sino el pueblo en nada inferior a un general o a un gobernante. De hecho, cuando se aguarda un bien común para la ciudad es posible oír múltiples relatos de sueños, los cuales vaticinan el futuro, unos con una versión, otros con otra diferente. Así también en los momentos de adversidad, en el caso de que no fueran muchos, sino uno sólo quien tuviese el sueño, no sería justo que él exclusivamente recibiese el presagio, a no ser que se tratase de alguno de los generales o de los que ostentan otra magistratura, o de un sacerdote o adivino de la ciudad. Sobre este punto están de acuerdo también Nicóstrato de Éfeso 31 y Paniasis de Halicarnaso 32 , autores muy conocidos y de renombre.

Los seis elementos

Además de lo precedente, los [3] expertos en este campo mantienen que es preciso considerar como favorables las imágenes oníricas vinculadas con la naturaleza, la ley, el uso, la profesión, los nombres y el tiempo, sin darse cuenta de que para los sujetos del sueño son más peligrosas las cosas vistas que concuerdan con la naturaleza que las que son discordantes, a no ser que resulten beneficiosas por causa de las realidades concretas que sirven de fundamento a los hechos 33 . En efecto, puede suceder que en alguna medida a los ricos** así como a los que cultivan las ciencias ocultas no les sean favorables los días claros y, de noche, un nítido coro de astros y las salidas del sol y de la luna y otras manifestaciones similares 34 . Las representaciones oníricas relacionadas con el uso tampoco se ajustan en todas las ocasiones con las vicisitudes circunstantes. Yo podría añadir a continuación consideraciones semejantes a éstas sobre los restantes factores, mas es preciso no perder de vista el sentido de la proporción.

Dado que estos seis principios no son de validez absoluta, la gente ha podido reírse a sus anchas a costa de los que afirman que dichos elementos pueden llegar a ser dieciocho, cien o doscientos cincuenta, pues digan lo que digan, no hay medio de evitar el hecho de que se trata siempre de uno de los seis.

En verdad, cuanto se ha expuesto hasta el momento presente es más que suficiente para completar las deficientes explicaciones de los antiguos. Ahora conviene admitir dos tipos universales de sueños: uno, genérico y, otro, específico 35 . He aquí el primero.

Sueños genéricos

De entre los sueños algunos [4] anuncian muchas cosas por medio de muchos signos, otros pocas cosas por medio de pocos signos, unos terceros múltiples cosas a través de pocos signos y, por último, hay los que vaticinan pocas cosas a través de muchos signos 36 .

Veamos el primer tipo: muchas cosas por medio de muchos indicios. Por ejemplo una persona soñó que emprendía el vuelo por su propia iniciativa hacia una meta determinada y que alcanzaba el objetivo que perseguía con ansiedad 37 . Una vez que se encontraba allí, vio que tenía alas y que se desplazaba en compañía de una bandada de pájaros. Después de esto, regresaba de nuevo a su hogar. Le aconteció que se marchó de su país a causa del vuelo y que consiguió la realización de los proyectos que más anhelaba por no haber errado su punto de mira. Y tras haber ganado una cuantiosa fortuna —ya que solemos decir que los ricos tienen alas— y después de haber permanecido un cierto tiempo en el extranjero, debido a que las aves no son nuestras hermanas de raza, se posó de nuevo en su patria.

Otros sueños vaticinan pocas cosas a través de pocos signos. Por ejemplo, a un durmiente le pareció que tenía los ojos de oro, y se quedó ciego por no ser apropiado el oro a los ojos.

Otras visiones oníricas predicen muchos acontecimientos por medio de escasos elementos. Por ejemplo, un individuo soñó que había perdido su propio nombre. Pues bien, le sucedió que primeramente perdió a su hijo (no sólo porque esta pérdida representaba el bien más apreciado, sino también porque el niño llevaba su nombre); en un segundo momento su patrimonio completo, pues a consecuencia de unas acusaciones en contra suya, fue declarado culpable de delitos contra el estado debido a ellas. Por haber sido privado de derechos civiles y castigado con el destierro terminó con su vida ahorcándose, de forma que incluso quedó privado de su nombre después de muerto. En efecto, sólo los que mueren de este modo no son invocados por sus familiares en los banquetes funerarios. A cualquiera le resultará evidente que estas desgracias proceden de un único presagio por el hecho de que todas están relacionadas con la misma causa.

Por último, otras visiones oníricas pronostican pocas cosas a través de muchos indicios. Así por ejemplo, una persona soñó que Caronte 38 jugaba a las canicas con un cierto individuo y que él mismo se ponía de parte de este adversario y, por tal motivo, Caronte, habiendo perdido la partida, se había irritado con él y empezó a perseguirle. El soñador, dando media vuelta, se dió a la fuga. Tras llegar a una posada llamada «El camello», se refugió en una habitación y echó el cerrojo de las puertas. Entonces el genio subterráneo optó por marcharse y desapareció, y mientras tanto al sujeto comenzó a crecerle hierba en una de sus piernas. Todos estos signos tuvieron una sola consecuencia: tras haberse derrumbado la casa en que vivía y haber caído sobre él unas vigas, una pierna suya quedó aplastada y fracturada. Ciertamente, Caronte jugando con las piedrecillas predecía una cierta relación con la muerte. El hecho de no haber ganado la partida evidenciaba que el protagonista no moriría, pero que le acechaba un peligro en las extremidades inferiores por causa de la persecución. La posada llamada «El camello» pronosticaba la fractura de la pierna, puesto que el animal que responde a este nombre dobla sus patas por la mitad para reducir su longitud. En efecto, su nombre (kámēlos) significa etimológicamente «de patas doblegadas» (kámmēros) , como refiere Eveno 39 en sus poesías amatorias a Éunomo. Por último, la hierba crecida en su pierna indicaba que ésta permanecería inactiva, puesto que la maleza suele brotar en una tierra no trabajada. En verdad, todo el que sea un hábil examinador de estos síntomas llegará a la conclusión de que la enumeración concuerda en todos sus puntos con el hecho.

Sueños específicos

El tipo de sueño específico se [5] divide también en cuatro clases. Unos sueños son buenos tanto por su aspecto interno como por el externo; otros son malos desde ambos puntos de vista; unos terceros son positivos en lo que se refiere al aspecto interno y negativos en el externo y, por último, otros desfavorables en su aspecto interno y favorables en lo externo. Se debe entender por aspecto interno la imagen del sueño y por aspecto externo su desenlace. Por ejemplo, son buenas en ambos sentidos las representaciones oníricas de esta índole: ver los dioses del Olimpo contentos, sonrientes, ofreciendo o diciendo alguna cosa grata —ya sean en persona o bien sus estatuas hechas de material incorruptible—; e igualmente los padres, amigos y esclavos que incrementan la hacienda; o imaginar un patrimonio muy cuantioso, un agradable aspecto corporal, vigor físico y otras cosas similares. La contemplación de todo esto es muy placentera, y mucho más aún sus resultados.

Son negativos desde ambos aspectos los sueños siguientes: creer que uno se cae por un precipicio, que se topa con una banda de piratas, que ve un Cíclope 40 o su antro, que se queda paralizado, que enferma o que pierde algo por lo que sentía una especial predilección. Ciertamente, es necesario que las consecuencias sean tales, cuales las reacciones afectivas del alma ante semejantes espectáculos.

Son buenos por su aspecto interno y malos por el externo los sueños como éste: a un individuo le pareció ver que comía con Crono 41 y, al día siguiente, fue encerrado en una prisión. Efectivamente, es lógico que resulte agradable la imagen de una comida en compañía de una divinidad, en cambio no lo es en absoluto la visión de las cadenas y de la cárcel. Otro caso: una persona creyó ver que recibía del Sol 42 un par de panes. Pues bien, sobrevivió por espacio de dos días. En verdad, el sustento que le había proporcionado la divinidad le resultaba suficiente para un plazo de tiempo semejante. También el hecho de soñar que se es de oro, que se encuentra un tesoro, que se coge de un muerto un perfume, una rosa o cualquier cosa parecida se debe poner en relación con esta misma categoría.

Por último, los sueños negativos por su aspecto interno y positivos por el externo son de este tipo: imaginar que se es herido por un rayo, siendo pobre; que se participa en una campaña militar como soldado, siendo esclavo; ** estando a punto de embarcar o ** que se lucha como gladiador constituye un buen indicio 43 . Pues, en efecto, el primero de estos sueños vaticina la riqueza, el segundo la libertad, el tercero una feliz travesía y el cuarto una boda. Sus imágenes son, sin duda, de aspecto desfavorable, no obstante los resultados son beneficiosos.

Sueños provocados y sueños divinos

[6] Conviene advertir que cuanto se les aparece a las personas que tienen preocupaciones por algún motivo y que han pedido una visión onírica de parte de los dioses no está acorde con dichas preocupaciones, puesto que las imágenes que se corresponden con nuestras inquietudes carecen de significado mántico y pertenecen al tipo del ensueño, como se ha explicado precedentemente 44 . En consecuencia, son llamados por algunos tratadistas sueños de estado ansioso o bien sueños provocados 45 . En cambio, reciben la denominación de divinos los que se presentan a quienes carecen de un motivo concreto de ansiedad y les anuncian algún evento futuro, bien sea bueno o malo. Ahora bien, yo no me encuentro en la misma postura de incertidumbre que Aristóteles sobre si la razón del soñar es exterior a nosotros y depende de la divinidad o si, por el contrario, existe en nuestro fuero interno alguna causa que predispone a nuestra alma hacia un cierto estado y origina de forma natural lo que le acontece 46 . Simplemente llamo a dichos fenómenos «de origen divino» al igual que calificamos así en el lenguaje corriente a todos los hechos que se escapan a nuestras previsiones.

La localización temporal de los sueños

Por otra parte, es necesario prestar [7] atención a todos los sueños que no responden a una motivación evidente, tanto si se presentan de noche como de día, por estimar que en lo que concierne a la capacidad premonitora en nada se diferencia la noche del día ni el crepúsculo vespertino del matinal, siempre que uno se acueste después de haber cenado moderadamente. Pues, de hecho, una excesiva ingestión de alimentos impide tener un sueño veraz, incluso en los albores del amanecer 47 .

Usos universales y particulares

Otra observación más: los usos [8] comunes difieren con mucho de los particulares. Si alguien no examina con cuidado estas cuestiones, será inducido al error. Son prácticas universales las siguientes: respetar y honrar a los dioses, puesto que no existe ninguna colectividad humana que carezca de una instancia divina ni tampoco de un principio de autoridad. Unos veneran a unas divinidades, otros a otras, pero todos tienen un mismo punto de referencia. Son también usos comunes: criar a los hijos, sentirse atraído por las mujeres y por el trato con ellas, estar despierto durante el día y dormir por la noche, tomar sustento, descansar cuando se está agotado y vivir bajo techo y no a la intemperie. En cambio, llamamos particulares y propios de un pueblo a otros hábitos; por ejemplo, entre los tracios son tatuados los jóvenes de noble estirpe, sin embargo, entre los getas los esclavos, de éstos unos habitan al norte y otros al mediodía 48 . Los mosines 49 que viven en el Ponto Euxino tienen trato carnal en público y se unen a sus mujeres como los perros, mientras que esta conducta es considerada como reprobable entre los restantes hombres. También todos comen peces, menos los sirios que rinden culto a Astarté 50 . Solamente los descendientes de los egipcios honran y veneran como imágenes de los dioses las fieras y todos los animales llamados reptiles, pero no todos adoran las mismas especies. Además tengo noticias de una antigua costumbre practicada en Italia, donde no matan a los buitres y se considera que cometen un acto impío los que atentan contra ellos. En la zona de Jonia los jóvenes de Éfeso luchan voluntariamente contra los toros y también en el Ática en las fiestas de Eleusis 51 en honor de las diosas 52 :

«los muchachos atenienses al culminar los ciclos anuales ».

Y otro tanto en Larisa, ciudad de Tesalia, donde compiten los naturales de más rancio abolengo. Sin embargo, en el resto del mundo habitado sucede que estas prácticas se reservan para los condenados a muerte. Igualmente conviene distinguir por separado, a propósito de todos los restantes usos, si son observados tan sólo por algunos pueblos, ya que las costumbres locales equivalen a bienes y las extranjeras a males, a no ser que cierta circunstancia concomitante desvíe el resultado hacia alguna otra dirección.

Aspectos que debe considerar el intérprete

Tanto para el soñador como para [9] el intérprete es ventajoso —y no sólo ventajoso, sino también necesario— que éste último sepa quién es el sujeto de la visión onírica, qué actividad desarrolla y cuál es su procedencia, su patrimonio, su estado de salud y la edad que tiene. Conviene también examinar cuidadosamente el propio contenido del sueño, puesto que sucede a veces que por una pequeña adición u omisión cambia por completo su cumplimiento, como se demostrará a lo largo del tratado 53 . De forma que si el interesado se equivoca por no atenerse a estos consejos, se inculpe a sí mismo en lugar de a nosotros.

Plan del presente tratado

A continuación pasaremos a [10] explicar cómo se deben interpretar los sueños. La exposición ofrecerá el siguiente orden: no empezaremos por los dioses como los antiguos —aunque a alguien esto le parezca una impiedad— sino que, teniendo en cuenta la necesidad de una sucesión lógica, comenzaremos por el nacimiento, después <trataremos> 54 la crianza y, a continuación, hablaremos del cuerpo y de las partes del mismo que surgen o desaparecen, crecen o disminuyen, y cambian en formas o en materias diversas. Luego, de la doctrina relativa a todo tipo de oficios, trabajos y ocupaciones. Posteriormente de la efebía 55 , de los gimnasios, de las competiciones, de los baños y de las clases de abluciones, de los alimentos de todo género —ya sean líquidos o sólidos— de los perfumes, de las guirnaldas, de las uniones amorosas y, por último, del sueño. El primer libro versará sobre estas cuestiones. El segundo <se ocupará> del despertarse, de los saludos matinales, de los atuendos femeninos y masculinos de toda suerte, del cielo y de los fenómenos celestes, de la caza, de la pesca, de la navegación, de la agricultura, de la justicia, de los cargos públicos, de las liturgias 56 , del servicio militar, del culto divino y de las divinidades en sí mismas, de la muerte y de cualquier otro tema que salga a relucir en el curso de la exposición.

Camino a seguir en la interpretación

[11] Es conveniente que el intérprete analice los sueños examinándolos, unas veces, desde el principio hasta el final, y otras, a la inversa. En ocasiones el comienzo sirve, en efecto, para aclarar una conclusión oscura e incomprensible. En cambio, se dan casos en los que el término explica el inicio 57 . Asimismo, es menester que el especialista añada algo recurriendo a su habilidad profesional, cuando se trate de sueños difícilmente descifrables, máxime si son visiones oníricas en las que aparecen letras que no ofrecen un sentido completo o bien palabras que no tienen relación con el asunto. En dichos casos se impondrá la necesidad de cambiar, separar o añadir letras y sílabas o, incluso, echar mano de la isopsefía 58 , a fin de que el mensaje resulte más claro.

Cualidades del intérprete

Por todo lo expuesto hasta aquí, [12] afirmo que el intérprete debe poseer ciertas dotes naturales, servirse de la propia inteligencia y no atenerse exclusivamente a lo que dicen los libros, puesto que todo el que espera poder alcanzar la perfección confiando únicamente en el arte sin la ayuda de la naturaleza no pasará de ser un principiante y un fracasado, tanto más cuanto mayor sea su hábito, pues el hecho de seguir un camino equivocado desde el comienzo trae consigo el afianzarse más profundamente en el error.

Por otro lado, ten presente que no se pueden interpretar los sueños que no se recuerdan de forma completa, tanto si se ha olvidado la parte central como la conclusión. En verdad, para ofrecer una acertada explicación hay que examinar cómo se desarrolló la totalidad de la visión, pues solamente se llega a captar el contenido de aquello conservado íntegramente en la memoria. Al igual que los sacerdotes que practican los sacrificios, cuando los signos son inciertos, no dicen que no sean verdaderos, sino que ellos mismos reconocen ser incapaces de comprender el significado de los indicios que se muestran sobre los animales inmolados, así el intérprete de sueños no debe extraer presagios ni improvisar a propósito de hechos cuya intelección exacta no alcanza, pues de ello se seguiría una mala fama para el propio profesional y un perjuicio para el cliente.

Todavía hay algo más. En el caso de visiones que anuncian una desgracia, si el alma del que sueña en su momento no reacciona con excesivo disgusto, los resultados desfavorables serán menos graves y casi no llegarán a cumplirse. Y a la inversa: cuando se trate de sueños que encierran un vaticinio favorable, si el alma no se encuentra en una feliz disposición, las consecuencias propicias no se realizarán, pasarán inadvertidas o serán, sin duda alguna, de menor entidad. Por ello se impone preguntar en cada ocasión si el sujeto experimentó agrado o desagrado durante la visión onírica.

El nacimiento

[13] Si se sueña que uno ha sido dado a luz por una mujer, sea ésta quien fuere, conviene interpretarlo de la siguiente manera: para un pobre es una buena señal, ya que tendrá quien lo alimente y se cuide de él como se suele hacer con los recién nacidos, a no ser que se trate de un artesano. A éste, en efecto, le anuncia inactividad, pues los niños de corta edad no tienen nada que hacer y muestran sus manos fajadas 59 . A un rico le indica que no es él quien gobierna en su casa, sino que es dominado por otros en contra de su voluntad. De hecho, las criaturas pequeñas son guiadas por los demás sin pedirles su consentimiento. Para el hombre cuya esposa no está encinta significa que se verá privado de ella, pues los infantes no tienen relaciones sexuales con las mujeres. En cambio, para el marido que tiene una esposa embarazada esta visión le indica que tendrá un hijo idéntico a él en todo: por esta razón le parecerá nacer por segunda vez. Al esclavo le comunica que goza del afecto de su amo y que será perdonado, en el caso de que cometa alguna falta, pero que no conseguirá la libertad. Ciertamente, los niños no son dueños de sí mismos, aunque sean libres de condición. Para un atleta resulta un mal presagio, en verdad, los recién nacidos ni caminan ni corren ni pueden dominar a nadie, ya que son incapaces de sostenerse de pie. Para quien se encuentra en un país extranjero este sueño significa el retorno al hogar, puesto que supone volver al punto de partida como si acabase de venir a este mundo, o bien porque de nuevo toma contacto con la tierra 60 , esto es, con la patria. Y la tierra es una patria común para todos por igual. A quien está enfermo esta visión onírica le anuncia la muerte, ya que los cadáveres son envueltos con unas bandas de tejido, como los niños de corta edad, y depositados en el suelo. Precisamente la misma relación que existe entre principio y final media entre final y principio.

Además este sueño impide escapar al individuo que intenta ponerse a salvo, y no deja marcharse de su casa al que desea emprender un largo viaje. De hecho, las criaturas pequeñas son incapaces de evitar los obstáculos que encuentran ante sus pies y, en consecuencia, se caen una y otra vez. En los procesos esta experiencia onírica es temible para el acusador, ya que no conseguirá persuadir a los jueces por causa del balbuceo, en cambio, para la persona que ha sido citada a un juicio y es acusada —en particular para quien teme ser condenado— este sueño lo libera del miedo, pues los niños son perdonados aunque cometan alguna fechoría.

El embarazo

[14] En el caso de que alguien crea estar preñado, si es pobre conseguirá y se verá rodeado de muchas riquezas, hasta el punto de encontrarse saturado por completo. En cambio, si es rico, soportará sufrimientos y preocupaciones. El que esté casado se quedará sin mujer, como si ya no tuviese necesidad de una esposa que le proporcione descendencia. Sin embargo, el soltero probablemente contraerá matrimonio con una persona tan entrañable que le parecerá sentir al unísono con ella. Para los demás este sueño anuncia una enfermedad.

Engendrar y dar a luz un hijo no encierra para el sujeto de la visión el mismo mensaje que llevarlo aún en el vientre. Al enfermo le revela su próxima muerte, porque todo cuerpo al alumbrar exhala un aliento vital; y al igual que el recién nacido se aparta del ámbito materno, así también el alma. Para el pobre, el deudor, el esclavo y todo el que se encuentre en una situación apurada de cualquier índole significa esquivar sus males presentes. La causa es evidente: desvela lo que estaba oculto, puesto que ha salido a la luz la criatura que hasta ahora permanecía enclaustrada. Por el contrario, daña a los ricos, los prestamistas, los hombres de negocio y a todos cuantos son depositarios de un cierto crédito: de hecho, tendrán que desprenderse de lo que poseían con anterioridad. Para los comerciantes y los profesionales de la navegación es una buena señal, ya que venderán sus mercancías. Muchos perdieron seres queridos al haberse desprendido de un recién nacido que era de su misma sangre.

Los hijos

Cuando el sujeto sueña que tiene [15] o ve a unos niños pequeños es un mal síntoma, tanto para el hombre como para la mujer, si se trata de los propios. En efecto, vaticina preocupaciones, tristezas y sinsabores por motivos inevitables, ya que no es posible criarlos sin estas contrapartidas. Esto mismo atestigua un antiguo verso que reza así:

Temor o dolor es un hijo para un padre, todo el tiempo 61 .

Si el sueño está relacionado con los varones, el desenlace es positivo. En cambio, si se trata de las hembras el final es peor que el principio y advierte de un daño. Pues los hijos, una vez criados, no toman nada de la casa paterna, por el contrario las hijas necesitan una dote. Conozco a un individuo que soñó que le había nacido una niña y tuvo que pedir un préstamo. A otro, a su vez, le pareció que enterraba a su hija fallecida y se vio obligado a devolver una suma que le habían dejado. Es favorable ver a niños ajenos cuando son de buena constitución, agraciados y dotados de la ingenuidad infantil. Ello evidencia un concurso de circunstancias propicias, en las que cabe la esperanza de conseguir algo más y de obtener un grato resultado. De hecho, los niños son una carga de momento, pero a su vez, cuando crezcan, estarán en condiciones de aportar algo.

Los lactantes

[16] Si uno sueña estar envuelto en pañales, como los recién nacidos, y nutrirse con la leche de una mujer, sea o no conocida, padecerá una grave enfermedad, salvo que la propia esposa esté encinta. En este caso el hijo se le parecerá y será criado de esta manera. Si es una mujer la que tiene la visión, ésta le anuncia que tendrá una niña. Cuando es alguien encarcelado quien contempla tal imagen onírica, el destino le deparará un cúmulo de otros males, además de no ser liberado. Ciertamente, no carece de lógica la vinculación con la enfermedad, pues, en efecto, las criaturas pequeñas durante la etapa de la lactancia son frágiles y, de igual modo, los adultos, al no poder ingerir alimentos con normalidad por sufrir algún padecimiento, se nutren con esta sustancia.

Soñar que se tiene leche en los pechos significa para una mujer joven que concebirá, llevará a feliz término y dará a luz un hijo; para una anciana y necesitada, que conseguirá una buena situación económica; en cambio, para una rica, gastos. A una doncella que está en la flor de la vida le anuncia su casamiento, pues sin relaciones íntimas no podría tener leche; por el contrario, si es aún muy pequeña y de una edad temprana para el matrimonio, le vaticina la muerte. En efecto, todo lo que no concuerda con los años que se tiene es de signo negativo, salvo honrosas excepciones. Al hombre pobre y falto de medios este sueño le presagia abundancia de riquezas y de bienes como para poder sustentar también a otros. He observado en numerosas ocasiones que este género de visión supone una boda para el soltero y descendencia para el que no la tiene: el uno encontrará una esposa tan entrañable que le parecerá sentir al unísono con ella; el otro podrá criar una prole. Al atleta, al gladiador y al que ejerce una actividad deportiva le pronostica una enfermedad, puesto que sólo el sexo débil segrega leche. También he constatado lo siguiente: un individuo que estaba casado y con hijos, tras esta representación onírica perdió a su mujer y tuvo que sacar adelante a su descendencia desempeñando el papel de padre y de madre por igual.

Y esto es lo que se refiere a la nutrición. Ahora me dispongo a tratar del cuerpo y de sus partes que se desarrollan, desaparecen o cambian, ya sea en alguna otra forma, ya sea en otra sustancia, pidiendo una cierta indulgencia por parte de los que desaprueban a quienes practican un análisis excesivamente pormenorizado. Pues, en verdad, no sólo reprocho a las personas que descuidan estos aspectos, sino que también considero como un perjuicio generalizado el hecho de no examinar ni perfilar meticulosamente cada una de las cuestiones. En consecuencia, voy a iniciar una explicación exhaustiva empezando por la más noble de las partes del cuerpo.

La cabeza

[17] Soñar que se tiene una cabeza grande es un indicio favorable para un hombre rico que aún no ha desempeñado puestos públicos, para un pobre, un atleta, un usurero, un banquero o un presidente de una asociación de amigos 62 . En efecto, al primero le vaticina un cargo, en cuyo ejercicio necesitará una corona, cinta o diadema; al segundo bienestar y adquisición de riquezas, desde este punto de vista su cabeza será más importante. Al atleta le anuncia con toda seguridad una victoria, pues en esa circunstancia la parte superior de su cuerpo adquiere mayor relieve 63 . Para el prestamista, el banquero y el dirigente de un festejo colectivo (éranos) significa una recaudación de dinero de más envergadura, debido a que las grandes sumas son también llamadas capitales 64 . En cambio, para un rico ya instalado en el poder, para un orador o un demagogo predice sinsabores y ofensas de parte del pueblo; al enfermo le pronostica dolores de cabeza; al soldado fatigas; al esclavo una manumisión tardía y al que ha elegido una existencia apacible perturbaciones y disgustos. Una cabeza pequeña y de un tamaño inferior al normal significa lo contrario de cada uno de los resultados relativos a los tipos anteriormente descritos.

La cabellera

Tener una larga y hermosa melena [18] y estar orgulloso de ella es un buen signo, sobre todo cuando se trata de una mujer. En efecto, éstas emplean en ocasiones cabellos postizos con tal de embellecerse. Es también un presagio favorable para el filósofo, el sacerdote, el adivino, el rey, el magistrado y los artistas de Dioniso 65 . Algunos de éstos tienen la costumbre de llevar el pelo largo, otros, en cambio, se ven obligados a ello por su profesión. También es una señal propicia para los demás dentro de ciertos límites, pues presagia solamente abundancia de bienes, pero no un disfrute placentero, sino laborioso por causa del mucho trabajo que exige el cuidado de unos largos cabellos.

Las greñas

Los cabellos largos y descuidados, [19] de forma que no parecen una melena, sino unas greñas, indican a todos los hombres sufrimientos y pesares. Pues, por un lado, se usa una palabra muy parecida a cabellera (kómē) para expresar el hecho de cuidarse (komeîn) 66 y, por otro, las greñas se dejan crecer en medio de las desgracias.

Pelos de animales

[20] Soñar que se tienen cerdas pronostica afrentas como las que sufre el animal, esto es, el cerdo. Tener crines indica esclavitud y miseria a los que son libres de condición, y el aprisionamiento a los siervos, puesto que en la mayoría de las ocasiones la melena del caballo queda atada.

La calvicie

[21] Tener lana en lugar de pelos anuncia largas enfermedades y la tisis, y la razón es porque con frecuencia los enfermos que usan gorros de lana dan la impresión de que los vellones les han crecido de forma natural en su cabeza. Si los cabellos se transforman en alguna otra sustancia, es preciso entonces establecer unos criterios de afinidad.

Soñar que se es calvo en toda la parte anterior de la cabeza supone ser objeto de burla en el momento presente y, al mismo tiempo, estar desocupado. Si en la visión aparece desnuda la parte posterior padecerá en la vejez una pobreza y una miseria extraordinaria: en efecto, todo cuanto está detrás representa el tiempo futuro 67 . La carencia de cabello no difiere en absoluto de la necesidad, porque ambas denotan una falta de calor vital y, también, porque no ofrecen algo de donde poder agarrarse 68 . Si la calvicie afecta al lado derecho de la cabeza, perderá a todos sus parientes consanguíneos de sexo masculino; en el caso de que no tenga, sufrirá algún daño. Si se trata del lado izquierdo, las representantes del sexo femenino, siempre que existan. De no ser así, también resultará perjudicado. Ciertamente, la cabeza simboliza los lazos de la consanguinidad y la parte diestra se identifica con el género de los varones y la siniestra con el de las hembras 69 . Cuando el durmiente no tenga su conciencia tranquila, será condenado a trabajos forzados, sea cual fuere la zona del cuero cabelludo afectada en el sueño. Tal es el rasgo distintivo de los castigados con semejante pena. Tener todo el cráneo desprovisto de cabello es un signo favorable para el que es acusado en un proceso y para el que teme ser constreñido por otros: de hecho, resulta más fácil escapar cuando no se ofrece un asidero. Para los demás significa la pérdida de todo lo que contribuye a embellecer la existencia.

La cabeza afeitada

Soñar que se tiene toda la cabeza [22] afeitada es un signo propicio para los sacerdotes de las divinidades egipcias, los actores cómicos y los que tienen esta costumbre; para todos los demás es funesto. En realidad, encierra los mismos pronósticos que la calvicie, pero entraña males más violentos y súbitos. A los navegantes les augura un naufragio seguro y a los enfermos los conduce a estados de extrema gravedad, pero no a la muerte; en efecto, los hombres que han conseguido no perecer ahogados o recobrarse de una dolencia importante suelen mostrar sus cueros cabelludos afeitados 70 , cosa que no ocurre con los muertos. Ser rasurado por un barbero es una señal positiva para todos por igual. Pues, por así decirlo, es posible pasar de «ser afeitado» (karênai) a «estar contento» (kharênai) mediante el simple cambio de una letra y, en realidad, nadie se rasura cuando se encuentra en una situación difícil o en una desgracia. Por el contrario, sí lo hacen los que se preocupan especialmente por su aspecto exterior. Y de la apariencia se cuidan quienes no tienen penas ni necesidades. Conviene precisar el dato de «por un barbero», ya que si alguien se afeita a sí mismo sin ser un profesional, ello predice un luto en la familia o bien un suceso inesperado que acarrea grandes males. En efecto, los que se encuentran en tales circunstancias realizan personalmente esta operación. El hecho de cortarse las uñas indica al deudor que deberá pagar los intereses; a todos los demás les anuncia un daño procedente de las personas que ejecutan la acción, siempre que los sujetos vean en sueños que sus uñas son cortadas por otros. Ciertamente, solemos decir de forma coloquial que «le han cortado las uñas» 71 a alguien cuando ha sido objeto de un engaño. En lo que respecta a peinarse, trenzarse los cabellos, mirarse en el espejo y otros actos semejantes haré mención en el libro segundo, cuando trate de todo tipo de adornos, tanto masculinos como femeninos.

La frente

Tener una frente sin protuberancias [23] y de piel tersa es un buen síntoma para cualquiera e indica franqueza y un comportamiento viril. En cambio, una llena de granos y enfermiza revela deshonor y perjuicio al mismo tiempo. Soñar que se tiene una frente de bronce, de hierro o de piedra 72 es beneficioso sólo para los recaudadores de impuestos, los tenderos y los que se ganan la vida de manera indigna. A todos los demás les acarrea odio.

Las orejas

Tener más de dos orejas es una [24] señal favorable para el que desea rodearse de unas personas que le obedezcan, tales como una esposa, unos hijos o unos criados. Al rico le predice rumores que serán positivos, si los pabellones auditivos son proporcionados; y negativos, en el caso de que sean deformes y poco agraciados. Esta visión es un mal auspicio para el siervo y el que está citado a un juicio, bien como acusador o como acusado. A aquél le vaticina que su sometimiento se prolongará aún por un largo espacio de tiempo; a éstos, que el acusador será a su vez inculpado, y que el acusado será objeto de otras imputaciones, además de las ya conocidas. En cierto modo advierte que se necesitará un mayor número de oídos. Para un artesano es un buen signo: tendrá muchos clientes. Perder las orejas encierra el significado contrario en cada uno de los casos anteriormente descritos.

Limpiarse los oídos de la suciedad o del cerumen presagia buenas noticias provenientes de un lugar determinado; en cambio, ser golpeado en las orejas indica malas nuevas que llegan de algún punto.

Soñar que en los pabellones auditivos entran hormigas es un indicio que sólo conviene a los profesores de retórica 73 , pues éstas se corresponden con los jóvenes que frecuentan las clases. Para los demás esta visión supone la muerte. En verdad, estos insectos son hijos de la tierra y en ella penetran. Conozco a un individuo el cual soñó que en sus oídos habían crecido unas espigas de trigo y que él se apropiaba de los granos que iban surgiendo, tras recogerlos con sus manos. Se enteró de que era el heredero de su hermano, muerto lejos del hogar. Pues bien, el patrimonio lo recibió por causa de las espigas, y la procedencia fraterna se explica porque los oídos forman también una pareja.

Tener las orejas de asno es una visión onírica únicamente propicia para los filósofos, ya que este animal no las mueve con facilidad 74 . Para las demás personas significa esclavitud y miseria. Tener orejas de león, de lobo, de leopardo o de otra bestia feroz expresa que se es objeto de una maquinación calumniosa. Respecto de los restantes animales conviene deducir la predicción análogamente de acuerdo con sus características naturales.

Si las orejas están en el lugar de los ojos, el hecho indica sordera, ya que las funciones auditivas serán reemplazadas por las visuales; en el caso de que los ojos aparezcan sobre los oídos, anuncia ceguera, puesto que las funciones visuales serán desempeñadas por las acústicas.

Las cejas

Unas cejas pobladas y floridas [25] son una buena señal para todos, pero particularmente para las mujeres, pues éstas por razones de estética suelen pintárselas de negro. En consecuencia, vaticinan placeres y éxitos. Unas cejas despobladas no sólo auguran desocupación y contrariedades, sino también un próximo luto. En efecto, es una vieja costumbre afeitárselas en señal de duelo.

Los ojos

Tener la vista aguda es una señal [26] propicia para todos por igual. En cambio, el hecho de ver mal indica falta de dinero —puesto que los ojos relumbran como las piedras preciosas— 75 y también desocupación, ya que los miopes ven con dificultad lo que tienen ante sí. A la persona con hijos le anuncia que éstos enfermarán. Los ojos, en efecto, se asemejan a la descendencia: son objeto de nuestra estima y guías y protectores del cuerpo, como los vástagos lo son de los padres, cuando se hacen viejos. Soñar que se está completamente ciego significa la muerte de los hijos de quien ha experimentado esta visión y también la de sus hermanos y progenitores. Los primeros por las razones mencionadas; los segundos porque los órganos de la vista son hermanos entre sí, y los últimos, al ser los ojos los causantes de que se vea la luz, como así mismo ocurre con los autores de nuestros días. En consecuencia, la pérdida de este sentido corporal supone la destrucción de cuanto es semejante a él.

En cambio, es un buen presagio para el que está encarcelado, retenido por la fuerza en contra de su voluntad o en una situación apurada soñar que está ciego. El uno no verá más los males que le circundan, el otro encontrará quienes le echen una mano, ya que no son pocos los que están dispuestos a ayudar a un invidente, y el tercero obtendrá la cesación de sus pesares. Este sueño impide emprender un viaje y advierte al que se encuentra en el extranjero que no volverá a la patria. De hecho, sin la vista no se puede contemplar ni la tierra propia ni la ajena. También es funesto para el soldado y para todo el que vive en una corte regia. Vaticina la derrota a los que practican unos ejercicios atléticos de tipo pesado y la victoria a los corredores. Conozco a un deportista de esta especialidad 76 que se disponía a competir en los Juegos Sagrados 77 , organizados en Italia por primera vez bajo los auspicios del emperador Antonino en honor de Adriano, su padre 78 ; pues bien, soñó que se quedaba ciego y venció. En efecto, el que corre en cabeza no ve, al igual que el invidente, a sus compañeros. Así mismo, es de mal agüero para los navegantes, astrónomos y adivinos. Si esta visión se le presenta al que busca algo que ha perdido, no lo encontrará, ni tampoco el que persigue a un esclavo fugitivo lo atrapará.

Una experiencia onírica de este tipo es excelente para los poetas. Ellos, en efecto, deben disponer de mucha tranquilidad para componer sus obras. Y de ella podrán disfrutar en particular, si no sufren la atracción de las formas o de los colores, al carecer de la vista. A los enfermos este sueño les augura siempre la muerte por el hecho de quedar privados de la luz. Conozco a un individuo al cual le pareció, mientras dormía, que alguien digno de crédito (en el libro segundo explicaré qué entiendo bajo esta denominación) le decía: «Tu padre no está muerto, sino que descansa». En realidad, su progenitor se había quedado ciego y, al poco tiempo, le llegó la noticia del suceso. Si alguien sueña que ha perdido la visión de un solo ojo, los vaticinios se cumplirán para él parcialmente, esto es, a medias. Asimismo conviene prestar atención al siguiente dato: el ojo diestro se refiere al hijo, al hermano o al padre, y el siniestro a la hija, a la hermana o a la madre. Si existen dos descendientes —sea cual fuere su sexo— o un par de hermanos, el derecho se corresponde con el mayor en edad y el izquierdo con el menor.

Tener tres, cuatro o más ojos es una buena señal tanto para el que desea casarse como para el que no tiene prole. El uno conseguirá una esposa, y el otro un hijo. De esta forma existirá un mayor número de ojos en torno a una sola persona. También es positivo para el prestamista, ya que significa cálculos en abundancia 79 . En cambio, para el deudor resulta un signo negativo, igualmente por el motivo de las cuentas. A un hombre rico esta visión le advierte de ponerse en guardia en lo que respecta a su persona y sus bienes ante posible asechanzas: en última instancia se le anuncia que necesitará muchos ojos. Al que desea emprender un viaje le pronostica un extravío y al navegante un cambio de rumbo, porque una multiplicidad de ojos proyecta en diversas direcciones la luz y la mirada. Sé de uno que le pareció tener tres ojos y se quedó ciego, no por estar relacionado con el mito del Cíclope 80 , sino porque el tercer ojo indicaba que estaba necesitado de otro órgano de la vista, ya que la suya propia no le bastaba. Para un malvado o una mujer hermosa muchos ojos constituyen un indicio desfavorable: a aquél lo vigilarán numerosos testigos, en torno a ésta merodearán a las claras un mayor número de seductores.

De igual modo, si alguien sueña que tiene los ojos en otro emplazamiento, le resultará funesto. En el caso de que éstos se encuentren en las manos o en los pies, el sujeto quedará ciego; en alguna otra parte del cuerpo significará una enfermedad o herida en esa misma zona. Ya que en lugar de ver, irá andando a tientas con la ayuda de manos y pies, o bien no podrá acercar a aquella parte de su cuerpo ninguna materia, como si en ella tuviese un ojo 81 . Conozco a un individuo el cual imaginó en sueños que sus ojos se le caían a los pies. Éste no quedó privado de la vista, pero sus hijas fueron dadas en matrimonio a unos servidores y de esta manera lo que estaba en alto se unió con lo de abajo. Tener ojos ajenos pronostica que uno se transformará en un invidente y que será llevado por la mano de alguien. Si se sabe a quien pertenecen estos ojos, ello indica que se adoptará al hijo de dicha persona.

La nariz

Tener una nariz hermosa y bien [27] proporcionada es un buen signo para todos, porque revela mucha sensibilidad, prudencia en los negocios y trato con personas de excelente condición. En efecto, los hombres se benefician respirando a través del conducto nasal un aire más puro. Carecer de nariz significa con carácter general embotamiento, enemistad con los superiores y un fatal desenlace al que está enfermo: ciertamente, las calaveras se muestran siempre sin este apéndice. Tener dos narices anuncia rencillas con los familiares; rencillas, porque todas las cosas dobles en contra de la naturaleza son un símbolo de discordia, y con los familiares, ya que la nariz no es algo ajeno.

Las mejillas

[28] Tener unas mejillas carnosas es un buen síntoma para todos pero, en particular, para las mujeres. Tenerlas descarnadas o llenas de cicatrices indica dolor y luto, porque las personas suelen lacerarse esta parte del rostro en los duelos.

Las mandíbulas

[29] Las mandíbulas hay que ponerlas en relación con los depósitos 82 , y los labios con los que salen a nuestro encuentro todos los días y nos besan. En consecuencia, cuando una de estas partes sufre una dolencia, significa que los bienes de nuestros almacenes y lo que concierne a los seres queridos no están a buen recaudo.

La barba

[30] Tener una barba larga y poblada es una señal propicia para el orador, el filósofo y los hombres de acción: a aquéllos les confiere dignidad, a éstos últimos un aire agresivo. Cuando una mujer ve en sueños que dispone de semejante apéndice, contraerá matrimonio, si es viuda; y abandonará a su marido, si es casada. La una encontrará un cónyuge tan afectuoso que parecerá que sus rostros forman un todo. La otra, en cambio, se apartará de su esposo y administrará su propio hogar como si realmente fuese un hombre y una mujer al mismo tiempo, a no ser que esté encinta o pendiente de un juicio, en cuyo caso la primera parirá un varón y al mirarlo —cuando ya esté hecho un hombre— creerá tener ella misma una barba; la segunda gozará de consideración como si fuese una persona de sexo masculino.

A un muchacho muy joven le vaticina la muerte, por suponer una anticipación sobre su edad. Al que ya está en la pubertad y en breve le saldrá la barba le indica que conseguirá la independencia, tanto si es esclavo como libre, de forma que llegará a ser maduro y capaz de mirar por sí mismo. Soñar que la barba cae, es afeitada o arrancada a la fuerza por alguien anuncia, además de la muerte de parientes consanguíneos, daños y deshonras.

Los dientes

La interpretación de los sueños [31] en lo relativo a los dientes —que se presta a un análisis pormenorizado— ha sido muy poco estudiado por los onirocríticos de nuestro tiempo, a pesar de que Aristandro de Telmeso 83 determinó sus fundamentos de una manera amplia y excelente. La teoría es como sigue: los dientes de arriba indican las personas más importantes y relevantes de la casa de quien ha tenido el sueño, los de abajo las de rango inferior. En realidad, es preciso establecer una comparación entre la boca y una vivienda. Los dientes se corresponden con sus moradores: los de la derecha equivalen a los hombres, los de la izquierda a las mujeres, salvo algunas excepciones, como, por ejemplo, un proxeneta que sólo alberga mujeres o un campesino que únicamente tiene trato con varones. En este caso el lado diestro indica a los de más edad de uno y otro sexo, y el siniestro a los más jóvenes indistintamente. Los llamados incisivos, esto es, los dientes de delante, representan a los adolescentes, los caninos a los de mediana edad y los molares a los viejos. Según el tipo de dientes que se pierda se verá el sujeto privado de la persona correspondiente.

Mas como los dientes no simbolizan tan sólo a los seres humanos, sino también los objetos, conviene saber que los molares equivalen a los bienes preciosos, los caninos a las posesiones de menor estima y los incisivos a los enseres de la casa. Lógicamente la caída de cada uno de éstos anuncia la pérdida de las cosas relativas a esta categoría.

Además los dientes también ofrecen una vinculación con funciones vitales. Los molares aluden a aquéllas que son secretas y de las que no se habla; los caninos a las que no son visibles a muchos y los incisivos a las que se hacen a las claras, y a las que se realizan a través de la voz y de la palabra. Por consiguiente, la pérdida de los dientes supone en cada caso un obstáculo a las actividades correspondientes. Mas veamos ahora ya algunos casos de forma pormenorizada. A los deudores les advierte sobre la devolución de sus préstamos de acuerdo con los dientes que se les caigan. Si el interesado pierde uno solo, el pago se hará individual o colectivamente de un golpe. Si muchos, tendrá que abonar a múltiples personas o bien a un acreedor en varias ocasiones. En el caso de que la eliminación de los dientes se produzca sin dolor, él saldará su deuda al tiempo que trabaja y gana dinero. Si le parece que experimenta dolor por su caída, se verá obligado a vender algún bien de su casa. La pérdida de los dientes delanteros no permite desarrollar ninguna actividad a través de la palabra. Si va acompañada de dolor, sangre o pequeños fragmentos de tejido, quedan anulados y totalmente suprimidos los proyectos; en el caso de que caigan sin otras molestias, son tan sólo suspendidos momentáneamente.

Quedar desdentado por completo significa para los que están bien de salud, los libres de condición y los que no son profesionales del comercio que la casa así mismo quedará completamente vacía. A los que padecen un mal les anuncia una larga enfermedad y un proceso de agotamiento, pero les confirma que no perecerán. Pues, por un lado, no es posible degustar sin dientes alimentos sólidos, sino purés y cocciones y, por otro, los muertos no pierden jamás estos apéndices óseos. El carecer de ellos le augura al esclavo libertad, bien porque no tendrá que dar su tributo 84 cotidiano al patrón, como el alimento a los dientes, bien porque ya no recibirá el sustento de otros, al igual que no se nutre gracias a sus dientes y, por tanto, será totalmente libre. A los comerciantes un sueño de este tipo les pronostica que se desharán de sus mercancías con rapidez; en particular si están de camino. Cuando algunos dientes crecen desiguales, predicen que habrá discordia en la casa de quien ha tenido la visión, puesto que ya no reina la armonía.

Cuantos teniendo sus dientes negros, estropeados o rotos sueñan que los han perdido, quedarán libres de toda clase de contrariedad o de mal. Con frecuencia algunos se vieron privados de parientes ancianos. Ostentar dientes marfileños es un indicio positivo para todos. A los amantes de las letras les vaticina elocuencia, a los demás un rico patrimonio. Soñar que se tiene los dientes de oro es favorable solamente para los primeros, puesto que hablarán como si su boca fuese áurea 85 , a los restantes les advierte que en su casa se producirá un incendio. Cuando parece en sueños que las piezas son de cera, sobreviene un tránsito imprevisto. Ciertamente, tales dientes no permiten masticar los alimentos. Tenerlos de plomo o de estaño indica deshonor y vergüenza; de vidrio o de madera simboliza una muerte violenta; de plata significa que se ganará el dinero por medio de discursos, pero a los ricos les revela que gastarán sus ahorros en sustento. Si uno cree en sueños que pierde los dientes que poseía y que le nacen otros de nuevo, esta visión le profetiza una transformación de su vida por completo. Este cambio será positivo, en el caso de que las piezas sean mejores que las primeras, y negativo, si son peores. Soñar que se tiene entre los dientes fragmentos de carne, espinas o alguna otra cosa similar desaconseja pronunciarse sobre asuntos importantes y, además, anuncia desocupación. Si le parece que logra liberarse de estos impedimentos, cesará de estar ocioso y desarrollará una cierta actividad a través de la palabra.

La lengua

[32] Tener una lengua de tamaño adecuado y proporcionada a la boca, y hablar con claridad es una buena señal para todos. En cambio, no poder expresarse o sentir la lengua no expedita augura desocupación y, al mismo tiempo, pobreza, porque la falta de medios imposibilita la libertad de expresión. Aquí se podrían citar los siguientes versos de Teognis:

Todo hombre domeñado por la pobreza ni decir nada/ni obrar puede. Y su lengua permanece atada 86 .

La lengua hinchada pronostica una enfermedad a la mujer del que ha tenido tal visión, si está casado; en caso negativo, a él mismo. Si este órgano pende de la boca, indica un perjuicio causado por imprudencias verbales y, con frecuencia, acusa a la esposa del sujeto de ser adúltera.

Soñar que en la lengua brotan unos pelos blancos o negros no es un buen síntoma. Sin embargo, afirman que es positivo para el que se gana la vida con sus palabras. Pero yo he observado que semejante experiencia es nociva para todos. Los vellos nacen solamente donde hay abandono y descuido y, en consecuencia, conviene que la lengua no esté inactiva. Los pelos negros conducen a un cumplimiento más rápido del presagio, los blancos a uno más lento. He aquí, por escrito, cuantas observaciones he realizado a propósito de este sueño. Para los oradores, la lengua permaneció inoperante en lo que se refiere a los discursos, para los demás en lo que concierne al alimento: pues, o bien estuvieron enfermos durante mucho tiempo y no se nutrieron de forma habitual, o bien se encontraban ya aquejados de un mal y perecieron. Esto lo podría testimoniar también Apolonio de Atalia 87 , el cual diserta ampliamente sobre este tipo de sueño en el libro II de su tratado. No existe ninguna diferencia si los pelos nacen en la propia lengua, en el paladar, en las encías, en los dientes o en los labios: el significado es siempre el mismo.

Vomitar sangre, bilis, flemas o alimentos

[33] Vomitar sangre en gran cantidad, de color intenso y no corrompida es una buena señal para el pobre, porque la sangre tiene el mismo valor que el dinero, como ya habían reconocido los expertos de tiempos pasados. Es también favorable para quien no tiene hijos y para el que tiene un pariente de viaje. El primero verá el nacimiento de un vástago, el segundo el retorno del familiar, ya que ambos proceden de la misma sangre. Si este líquido se vierte en un recipiente, el hijo llegará adulto y el pariente vivirá durante un largo período, tras su regreso; en cambio si la sangre fluye sobre la tierra, ambos perecerán.** Y el viajero volverá a su patria, o sea a la tierra, que es la patria común de todos los hombres.

Ver manar la sangre es funesto para el que desea permanecer escondido, pues será descubierto. La sangre corrompida predice a todos por igual una enfermedad. Arrojar muy poca cantidad, de forma que no parezca que se vomita, sino que se escupe, significa una disputa familiar, según mis observaciones. Vomitar bilis o flema pronostica a quien se encuentra en medio de una dificultad, o bien afligido o doliente, la cesación de sus males presentes. Pues, en efecto, todos estos humores, una vez que se han eliminado, ya no producen ninguna molestia. En cambio, a quien vive según sus deseos, este sueño le procura primeramente algunas dificultades, pero, luego, le libera de ellas. Vomitar el sustento indica un cierto daño, porque el cuerpo se ve privado del alimento. Expulsar por la boca los propios intestinos y vísceras vaticina la muerte de un hijo 88 , tanto al hombre como a la mujer; y a quien no tiene descendencia, le anuncia la pérdida de aquello que le resulta lo más importante. Al enfermo este sueño le predice la muerte. Las causas de estos desenlaces serán explicadas a lo largo de la exposición que sigue.

El cuello

El hecho de que parezca en sueños [34] que se tiene una herida o un dolor en la nuca o en el cuello significa una enfermedad a todos por igual. En cierta medida, el cuerpo entero depende de la cabeza y del cuello. Por tanto, estando sanos éstos, también lo está aquél; pero si ellos tiene alguna dolencia <denotan que el cuerpo> está aquejado de algún mal y que no goza de salud.

Ser decapitado

Es funesto para los que tienen [35] padres o hijos soñar que se es decapitado por una condena judicial, a manos de unos piratas, en un duelo o de cualquier otro modo (de hecho, no hay ninguna diferencia). En efecto, la cabeza se corresponde con los progenitores, ya que son la causa de la vida, y con la descendencia, por el parecido de los rostros. También ha sucedido que algunos han quedado privados de su mujer, de un amigo o de un buen administrador, tras este sueño, y ya no tuvieron una persona que velase por sus intereses. Cierto individuo perdió la casa que tenía, ya que la cabeza alberga 89 , por así decirlo, las sensaciones. Si alguien posee simultáneamente todo lo que he dicho, es evidente que las consecuencias de la experiencia onírica no serán globales, sino que afectarán —según he observado— a aquello que le resulta más entrañable, querido y necesario al sujeto de la visión.

Dicho sueño es propicio a quien está condenado a la pena capital. Cuanto sucede a una persona una sola vez en la vida, y es imposible que se repita, no puede acontecer en la realidad, si ya se ha experimentado mientras se estaba dormido, pues, en efecto, tuvo lugar anticipadamente. A los banqueros, prestamistas, presidentes de asociaciones de amigos 90 , armadores de barcos, comerciantes y todos los que reunen sumas de dinero esta visión pronostica, la pérdida del capital por razones de homonimia 91 . Por el mismo motivo es también favorable a los deudores. Quien se encuentra en el extranjero volverá a su patria y el que tiene un proceso sobre bienes raíces vencerá. De hecho, la cabeza, una vez seccionada, cae a tierra y allí permanece, sin que el resto del cuerpo sufra más. Al esclavo que goza de la simpatía del patrón le advierte que la va a perder, pues nadie es decapitado antes de ser condenado y, también, porque no se suele confiar en quien no tiene cabeza. Ciertamente, llamamos «acéfalo» 92 al que está privado de sus derechos cívicos. A todos los demás el sueño les predice la libertad: la cabeza es la señora del cuerpo y su amputación significa que el esclavo será separado de su dueño, o sea, liberado; no obstante, a muchos tan sólo les supondrá cambiar de patrón. En los procesos relacionados con el goce pleno de las prerrogativas civiles o asuntos pecuniarios, esta representación vaticina una derrota, y la causa es evidente.

A quien tiene esta visión mientras navega, le indica que la arboladura del navío se romperá, a no ser que el sujeto del sueño pertenezca a la tripulación, en cuyo caso le augura la muerte de un superior, según he podido comprobar. Por encima del simple subalterno, está el jefe de los remeros; la graduación siguiente es el oficial de proa, y el que manda a continuación es el piloto, quien a su vez está a las órdenes del capitán. Ciertamente, en el caso de los comerciantes y soldados de infantería 93 embarcados se podría considerar la arboladura como la cabeza.

Por último, conozco a uno que soñó ser decapitado. Era griego y alcanzó la ciudadanía romana; debido a ello fue privado de su nombre y de su condición precedente.

Tener dos o tres cabezas es un buen indicio para un atleta: conseguirá otras tantas coronas en las competiciones. Y también es favorable para el hombre pobre. Además de ganar muchos capitales 94 y poseer una gran fortuna, tendrá unos hijos excelentes y una mujer afectuosa. Al rico, por el contrario, le pronostica un enfrentamiento de parte de algunos parientes. Si la primera cabeza supera a las otras, los disidentes no triunfarán sobre él; si es dominada, le vaticina peligro y muerte.

Tener la cabeza vuelta hacia atrás

[36] Soñar que se tiene la propia cabeza vuelta hacia atrás, de forma que mira a la espalda, desaconseja alejarse de la patria, por predecir un motivo de arrepentimiento en lo que respecta al viaje; de igual modo prohíbe emprender cualquier otra acción. En realidad, exhorta a contemplar no lo que en el presente nos resulta placentero, sino el futuro 95 . A los que están en tierra extraña <este sueño> les anuncia el retorno al hogar, mas después de un lapso de tiempo e inesperadamente, pues significa ver la patria no en condiciones normales.

Tener la cabeza de un animal

[37] Soñar que se tiene una cabeza de león, lobo, leopardo o elefante en lugar de la propia es un signo favorable. Por tal motivo, el sujeto de esta visión, a pesar de haber emprendido acciones superiores a sus fuerzas, alcanzará la victoria y obtendrá muchos beneficios con su triunfo, ya que llegará a ser temible para sus adversarios y, en cambio, grato para los suyos. Muchos que aspiraban a cargos públicos y al poder, tras dicha visión, lo consiguieron. Soñar que se tiene una cabeza de perro, caballo, asno o de cualquier otro cuadrúpedo, o incluso de un volátil, en lugar de la propia, significa servidumbre y miseria, si se trata de un animal de cuatro patas; sin embargo, en el caso de un ave, indica que no se permanecerá en la tierra natal, bien sea a causa del vuelo o bien porque las crías no se quedan junto a sus progenitores.

Tener la cabeza entre las manos

Tener entre las manos la propia [38] cabeza es una señal favorable para quien carece de hijos o de esposa, y para el que aguarda a una persona que está de viaje. Si además le presta cuidado a su cabeza, conseguirá arreglar alguna de las dificultades que le rodean y solucionará una penosa situación en su existencia. Idéntico significado encierra si alguien sueña que tiene la propia cabeza entre las manos y otra en su lugar natural.

Tener cuernos

Soñar que se tiene cuernos de [39] toro o de algún otro animal fiero conduce asimismo a una muerte violenta y, en la mayoría de las ocasiones, predice que el sujeto de la visión perecerá decapitado, pues esto les acontece a los animales portadores de cuernos.

Los hombros

Unas espaldas anchas y metidas [40] en carne resultan un buen augurio para todos, menos para los que están encadenados y en la cárcel. Para éstos únicamente es desfavorable, a pesar de que significa comportamiento viril y buena fortuna, ya que indican que soportarán sus males por un mayor espacio de tiempo, bajo el pretexto de que pueden aguantarlos sobre sus hombros. Si las espaldas sufriesen algún daño, el sueño expresa lo contrario de cuanto se ha afirmado anteriormente. Con frecuencia anuncia la enfermedad o la muerte de un ser fraterno: de hecho, los hombres están hermanados.

El pecho y las mamas

[41] Un pecho sano e indemne es un buen presagio. Si es velludo y cubierto de pelos resulta positivo y ventajoso para los hombres, pero pronostica viudedad a las mujeres. En efecto, éstas se descuidarán y mostrarán pilosidades, al carecer de un marido que justifique el cuidado de sus propios cuerpos. También son un indicio favorable las mamas cuando carecen de cualquier defecto. Si son un poco más grandes de lo normal —siempre que conserven su proporción y atractivo— predicen la llegada de hijos y de esclavos. Si presentan algún padecimiento o están como ulceradas, anuncian una enfermedad; y si se caen, la muerte de los vástagos de quien tiene la visión. Cuando no existe descendencia, auguran dificultades y, muchas veces, también lutos, especialmente, a las mujeres, pues éstas desgarran sus senos en señal de duelo. Para una nodriza, en el caso de que tenga un niño, el vaticinio afectará al lactante. Presentar muchas mamas encierra el mismo significado que soñar que se tienen más grandes; para una esposa supone también un adulterio. Ser herido en el pecho por un conocido cualquiera profetiza a las personas de edad recibir una triste noticia de alguna parte, en cambio, anuncia una pasión amorosa a los jóvenes de ambos sexos.

Las manos 96

[42] Unas manos fuertes y hermosas indican prosperidad, sobre todo a los artesanos y a los que se ganan la vida con el toma y daca. En cambio, para el que siente miedo de ser arrestado, esta visión le confirma que su temor no es infundado. A continuación hablaré de cada una de las partes de las extremidades superiores. Lo que afecta a los brazos augura luto y lo que concierne a los codos 97 supone la paralización de los asuntos que se tienen entre manos y trae consigo la pérdida de los colaboradores. En una ocasión oí de alguien experto en esta materia una exposición que me agradó mucho, porque encontré que era consecuente con los desenlaces. A quien le parezca que menciono hechos que no son convincentes, que se sirva de las opiniones que sean de su gusto. Pues bien, aquel hombre aseguraba que la mano derecha alude a las cosas que están en vías de consecución, y la izquierda a las que ya se poseen. En efecto, la una está dispuesta a coger, y la otra es idónea para conservar. La siguiente es una antigua y certera distinción; la diestra se refiere al padre, al hijo, al amigo o a cualquier persona a la que podamos llamar «mano derecha» de alguien, usando una metáfora muy habitual; la siniestra está relacionada con la mujer, la madre, la hermana, la hija o la esclava. En consecuencia, según parezca en sueños que se pierde una u otra mano, se verá uno privado de alguno de los seres mencionados en la precedente distribución. En general, ambas simbolizan los oficios, los escritos y los discursos. Los primeros, porque se realizan con la ayuda de estos órganos; los segundos, ya que también son designados «manos» 98 ; y los terceros, por los movimientos que se realizan con las extremidades cuando se habla. Por supuesto, resulta evidente a todos que no es un buen síntoma carecer de manos para los hombres de la mar, los bailarines y los prestidigitadores, al ser incapaces de trabajar sin el concurso de éstas.

Perder los dedos de las manos —todos o en parte—vaticina daños y privación de servidores; a los escribanos y hombres amantes de las letras, ocio e inactividad; a los deudores predice que tendrán que devolver más de lo debido, y a los acreedores que percibirán de menos. En cambio, conozco a uno que, estando necesitado de pedir un préstamo, soñó que no tenía dedos; pues bien, el usurero le concedió el crédito sin exigirle ni siquiera un recibo.

Tener un mayor número de dedos no significa lo contrario de soñar que se tienen menos. En realidad, los que se añaden a la cantidad normal resultan un estorbo e imposibilitan el movimiento de aquéllos, en donde están implantados. Algunos consideran erróneamente que semejante visión es propicia.

Presentar vellos en las manos anuncia la cárcel cuando nacen desde las muñecas. En cambio, si se encuentran en las palmas, pronostican ocio e inactividad a todos y, particularmente, a los campesinos y artesanos. Ciertamente, es lógico que dichas pilosidades crezcan, cuando las manos no sufren desgaste por el trabajo ni presentan aparentes callosidades 99 .

Tener muchas manos es una señal favorable para el menestral, pues supone no carecer de faena. En cierta medida, el sueño pronostica: «Tienes necesidad de más mano de obra a causa de la cantidad de trabajo». También es un indicio de buen agüero para los que obran justamente. A éstos les predice un incremento de hijos, siervos y riquezas, como he constatado en numerosas ocasiones. En cambio, a los delincuentes les advierte de su arresto, puesto que muchas manos se harán cargo de un solo individuo.

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30 января 2026
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495 стр. 9 иллюстраций
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9788424931681
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