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Enigmas de las Américas. Geografía y expediciones del Nuevo Orbis

Autores

Sabrina Guerra Moscoso1, Rodrigo Moreno Jeria2, Mateo Ponce1, César Adolfo Ávila Royert3, Diego Quiroga Ferri1, Carmen Fernández-Salvador1, Ana Sevilla1, Elisa Sevilla1, Kris Lane4, Andrew Lambert5

1Universidad San Francisco de Quito USFQ, 2Universidad Adolfo Ibáñez, 3Universidad Nacional de la Plata, 4Tulane University, 5King’s College London

Editora general de la colección Enigmas de las Américas: Sabrina Guerra Moscoso

Producción editorial: Valentina Bravo y Diego F. Cisneros

Diseño y diagramación: Krushenka Bayas y Ricardo Vásquez

Diseño de cubierta: Krushenka Bayas y Ricardo Vásquez

Revisión de estilo e idioma: Patricia Castañeda

Esta obra es publicada luego de un proceso de revisión por pares ciegos (peer-reviewed).

© Sabrina Guerra Moscoso, Rodrigo Moreno Jeria, Mateo Ponce, César Adolfo Ávila Royert, Diego Quiroga Ferri, Carmen Fernández-Salvador, Ana Sevilla, Elisa Sevilla, Kris Lane, Andrew Lambert, 2021

© Universidad San Francisco de Quito USFQ, 2021

© Ediciones Doce Calles, 2021

Todos los derechos reservados. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

ISBN USFQ PRESS: 978-9978-68-198-5

ISBN Ediciones Doce Calles: 978-84-9744-380-7

Registro de autor: 055134

Primera edición impresa: septiembre, 2013

Segunda edición impresa: diciembre, 2018

Segunda edición digital: octubre, 2021

Catalogación en la fuente Biblioteca de la Universidad San Francisco de Quito USFQ.

Geografía y expediciones del Nuevo Orbis / Sabrina Guerra Moscoso ... [y otros]. – 2ª edición digital. – Quito : USFQ Press, ©2021

p. : cm. ; (Enigmas de las Américas)

ISBN(e): 978-9978-68-198-5

1. Geografía histórica – América. – 2. Geografía histórica – Mapas – América. – 3. América – Descubrimientos y exploraciones. – 4. Descubrimientos geográficos – América. – I. Guerra Moscoso, Sabrina. – II. Serie.

LC: E 101 .G46 2018

CDD: 970.01

OBI-126

El uso de nombres descriptivos generales, nombres comerciales, marcas registradas, etcétera, en esta publicación no implica, incluso en ausencia de una declaración específica, que estos nombres están exentos de las leyes y reglamentos de protección pertinentes y, por tanto, libres para su uso general.

La información presentada en este libro es de entera responsabilidad de sus autores. USFQ PRESS presume que la información es verdadera y exacta a la fecha de publicación. Ni la USFQ PRESS, ni los autores dan una garantía, expresa o implícita, con respecto a los materiales contenidos en este documento ni de los errores u omisiones que se hayan podido realizar.

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CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

Sabrina Guerra Moscoso

EL PASO SUR

EL RÍO DE LA PLATA: UN ENIGMA EN EL SUR DE AMÉRICA

Rodrigo Moreno Jeria

MAGALLANES, UN PASO INTEROCEÁNICO

Sabrina Guerra Moscoso • Mateo Ponce

EL CABO DEL FIN DEL MUNDO: HOORN Y EL CAMINO AL PACÍFICO

Rodrigo Moreno Jeria

TERRA AUSTRALIS

LA INVENCIÓN DE UN ARCHIPIÉLAGO: EL DEBATE SOBRE LA TERRA AUSTRALIS INCOGNITA Y EL NACIMIENTO DE TIERRA DEL FUEGO EN LOS SIGLOS XVI Y XVII

César Adolfo Ávila Royert

TERRA INCOGNITA: MITOS, CIENCIA Y FRONTERA

Diego Quiroga

EL DORADO

DE LA DESCRIPCIÓN AL MAPA: RELATOS DE VIAJE Y CARTOGRAFÍA DEL AMAZONAS EN EL SIGLO XVII

Carmen Fernández-Salvador

AMAZONÍA: UNA TIERRA INCÓGNITA

Ana María Sevilla • Elisa Sevilla

EL PASO NOROESTE

EL ENIGMA DEL PASO DEL NOROESTE

Kris Lane

ELABORACIÓN DE MAPAS CIENTÍFICOS: LOS BRITÁNICOS EN EL ÁRTICO, 1817-1859

Andrew Lambert

UNAS ISLAS MUY FANTÁSTICAS

ISLAS DE FANTASÍA: CARTOGRAFÍAS IMAGINARIAS DEL MAR DEL SUR

Kris Lane

AGRADECIMIENTOS

AUTORES


Detalle de Americae Pars Meridionalis, Joannes Janssonius, 1647-1650, Nouvelle Atlas Du Theatre Monde, cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador.


INTRODUCCIÓN

Sabrina Guerra Moscoso

a imagen del mundo es una representación construida a pedazos por miles de viajeros a lo largo de la Historia. La recopilación de estas noticias se ha plasmado en los mapas, cartas y atlas que han constituido, en cada momento, un “retrato” de la Tierra que también reflejaba a quienes lo trazaban.1

El Theatrum Orbis Terrarum, un teatro que es el escenario del accionar humano, en su portadilla (Imagen 1) presenta enmarcado dentro de un arco dórico (figura renacentista, propia de la arquitectura clásica) cuatro figuras femeninas, que representan las cuatro partes del mundo. En la parte superior, ocupando una posición dominante, se observa una mujer mayor, una figura autoritaria, en sus manos sujeta un cetro y un timón, personifica a Europa. A la izquierda está otra mujer, una princesa oriental, en cuyas manos porta un recipiente de incienso humeante, en representación del Asia exótica. A la derecha una doncella negra, cuyo brillo responde al calor tropical, personifica África. En la base se encuentra la figura que interpreta la salvaje América, en su mano izquierda alza una cabeza, representa el Mundus Novus, que ha pasado a integrar el teatro del mundo, como la flamante cuarta parte. Pero junto a América también aparece una quinta figura incompleta, que personifica una tierra enigmática por descubrir, aquella Tierra Incógnita, Tierra Magallánica, Tierra del Fuego o Terra Australis, un nueva quinta parte todavía por explorar2. Abraham Ortelius escogió esta imagen para la portada de su obra, que fue el primer atlas del mundo, publicado por primera vez en latín en el año 1570, fue reeditado más de 30 veces y fue traducido a otros seis idiomas: alemán, holandés, francés, español, italiano e inglés. Esta obra es reconocida como el primer atlas moderno, el primer intento de incorporar todo el conocimiento geográfico registrado en el siglo de las exploraciones.


Imagen 1: Portadilla de Theatrum Orbis Terrarum, Abraham Ortelius, 1612 (edición española), cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura, Ecuador.

MUNDUS NOVUS

En esas partes del sur he encontrado un continente mas (sic) poblado y habitado por animales que Nuestra Europa o Asia o Africa3.

Como un “Novo mondo retrovari”, un nuevo mundo encontrado, denominó Américo Vespucio a esta nueva cuarta parte del mundo; y explicaba que “podemos llamarlo asi (sic) porque nuestros ancestros no tienen conocimiento de el (sic)”. En 1501, Vespucio registró en uno de sus comunicados: “Supimos que esa tierra era un continente y no una isla por tener una muy larga costa y por estar repleta de infinitud de habitantes”4. Es así como la discusión de si se trataba de una nueva masa continental o una gran isla parte del Asia comenzó tan temprano con los primeros viajes europeos a Occidente.

En el año 1500, Juan de La Cosa, piloto y cosmógrafo español, realizó el portulano en el Puerto de Santa María; se trata de un manuscrito sobre pergamino, hecho con la tradicional técnica de portulano, que recoge los descubrimientos de Juan de Caboto (1498) y de los tres viajes de Colón (1492/1493/1496) a las Indias. En este documento se puede ver, en color verde el perfil del continente americano y están señaladas las islas del Caribe, exploradas ya por Colón en sus viajes (Imagen 2).


Imagen 2: Puerto de Santa María, Juan de la Cosa, 1500 (edición facsimilar), cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador. En el año 1832, el barón de Walckenaer en un Kiosco de antigüedades parisino encontró este mapa. Los portulanos representan ciudades, monarcas y personajes bíblicos, figuras mitológicas, las rutas de navegación y los puertos.

Por el mismo tiempo, un italiano, de nombre Alberto Cantino, adquirió en el año 1502, en Lisboa, un planisferio de autor anónimo, realizado también con la técnica de portulano, sobre un pergamino manuscrito y coloreado, que incluye detalles de la costa americana. Por supuesto, al ser de origen portugués resalta la importancia del meridiano que, según el Tratado de Tordesillas (1494), trazaba la división entre la parte castellana (Occidente) y la porción portuguesa. Para la fecha de publicación de este planisferio estaba claro que las Indias descritas por Colón eran en realidad un nuevo continente que ya había sido repartido entre España y Portugal. Este planisferio introduce algunas novedades, es una carta náutica que por primera vez presenta la línea ecuatorial y los trópicos. Lo más sorprendente es que incluye regiones del Nuevo Mundo que todavía no habían sido exploradas, como Florida, descubrimiento atribuido a Juan Ponce de León años más tarde, recién en 1513 (Imagen 3).


Imagen 3: Planisferio de Cantino, Anónimo, 1502. Biblioteca Estense de Módena, Italia

Estos primeros mapas europeos, que registran la información de las tempranas exploraciones europeas, incorporan las incipientes nociones que se tenían sobre la geografía de lo que para ellos era un “Mundus Novus”. Esta cartografía evidencia cómo América fue en otro tiempo pura y simplemente el Nuevo Orbis5, la cuarta parte del mundo. De hecho, el nombre América fue utilizado por primera vez por el cosmógrafo alemán Martin Waldseemüller para denominar las tierras exploradas por Américo Vespucio. Aunque durante el siglo XVI persistía una tendencia a rechazar la posibilidad de que esta masa continental fuera un nuevo continente, puesto que todavía se pensaba que era solo una prolongación de Asia; de hecho, descifrar si se trataba de una nueva masa continental fue precisamente el primer gran enigma de la geografía moderna. Los tempranos viajes europeos a Occidente buscaron resolver esta incógnita.

Fue precisamente Martín Waldseemüller quien por primera vez usó el nombre de América, en su mapa realizado en 1507, para denominar el descubrimiento: “ahora una cuarta parte ha sido descubierta por Amerigo Vespucci”6 (Imagen 4). No obstante, Waldseemüller en un mapa posterior, publicado en 1513, ya no usó el nombre América, sino el de Terra Incognita, pero era ya muy tarde, el nombre se había popularizado para denominar a este nuevo orbis. Es así como el mapa de 1507 ha sido considerado como el certificado de nacimiento de América7.


Imagen 4: America, Waldseemüeller, 1507, cortesía de Library of Congress (LOC). Impreso en doce partes (cada una de 18 x 24 pulgadas, mide 4 x 8 pies), se trata del mapa más grande impreso hasta hoy.

El mapa de Waldseemüller fue un verdadero hito cartográfico, por ser el primero en implementar al menos cuatro novedades: usar el término América, representar la esfericidad de la Tierra, separar América de Asia e incorporar el Pacífico, que para 1507 todavía era desconocido para los europeos. De este mapa se realizaron más de 1000 copias, de las cuales solamente sobrevive una, que se encuentra en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, un verdadero tesoro de la cartografía. Otro de los hitos importantes que marca este mapa y que resuelve la primera interrogante sobre el Nuevo Mundo se encuentra en el recuadro de la parte inferior derecha donde se expresa: “América que es conocida ahora por ser la cuarta parte del Mundo”8.

Entonces, la definición de América como un nuevo continente fue un reto, un nuevo paradigma que desafiaba el antiguo paradigma ptolemaico sobre las tres partes que conformaban el mundo, tal vez por esto se entiende que por tanto tiempo haya persistido la discusión sobre si era realmente un nuevo continente o una isla. Este debate se mantuvo por largo tiempo y la cartografía jugó un rol definitivo al comprobar en forma irrevocable la realidad de un continente y no de una isla, y la imposibilidad de que se tratara de una extensión de Asia.

En el año 1526 se publicó la Carta Universal de Juan de Vespucio, sobrino de Américo y piloto de la Casa de Contratación. Se trata de una carta portulana muy decorada, una representación de la costa atlántica de América y también del Pacífico. La innovación más importante es la información sobre la costa de Florida, resultado de las tempranas expediciones españolas de Lucas Vásquez Ayllón (1525), que había llegado hasta la bahía de Chessapeake. Esta carta, producida para la Casa de Contratación, recoge el conocimiento español de algunas expediciones que se habían desarrollado para descifrar las incógnitas geográficas del nuevo continente, así lo refleja la explicación geográfica referente al estrecho de Magallanes como “Estrecho de Santanton que descubrió Hernando de Magallanes”9 (Imagen 5).


Imagen 5: Carta Universal, Juan Vespucio, 1526, The Hispanic Society of America, New York.

Es así como la primera interrogante se fue resolviendo, se aceptaba que las Indias de Colón en realidad eran un continente, una nueva parte del mundo hasta entonces desconocida para los europeos. Precisamente el mapa de Diego Gutiérrez (1562), formaba parte del Padrón Real, recogía la información oficial recibida por los expedicionarios en la Casa de Contratación e incorporaba ya la existencia de la cuarta parte del mundo, su título refleja tal realidad (Imagen 6).


Imagen 6: Americae sive quartae orbis partis nova et exactissima descriptio, Diego Gutiérrez, 1562, cortesía Library of Congress (LOC). Este es un mapa de edición póstuma (1562) refleja el conocimiento de la geografía americana (loros, monos, sirenas, caníbales brasileros, gigantes patagones, un volcán en erupción en México, el Amazonas y otros ríos, y todas las alegorías propias de la época.

Si bien ya se había aceptado que se trataba de una nueva masa continental, esta realidad generó nuevas interrogantes sobre su geografía, por ejemplo

Los colonizadores ingleses de Virginia, a principios del siglo XVII, creían que podrían llegar al Mar del Sur (Pacífico) marchando por tierra, también los primeros navegantes del Mississippi esperaban que el gran río desembocara en un mar que bañaba China10.

Es así como surge la segunda gran incógnita planteada por este Nuevo Mundo al Viejo Mundo, la posibilidad de la existencia de un pasaje que conectara el Atlántico con el Pacífico.

Precisamente la posibilidad de un paso que permitiera a las naciones europeas llegar al Asia fue la razón que motivó a la mayoría de las expediciones europeas a explorar aquel nuevo continente. La inagotable búsqueda de un paso que comunicara los dos océanos fue el móvil que llevaría a descifrar los nuevos enigmas que la geografía americana planteaba a los europeos. La búsqueda de un paso por el Sur, la posibilidad de un gran río que permitiera atravesar el nuevo continente y un paso por el Norte fueron algunos de los enigmas geográficos que las expediciones de la era del descubrimiento se aventuraron a resolver.

La era del descubrimiento incluía la búsqueda de algún paso que permitiera a los europeos atravesar este nuevo continente para así llegar a las islas fantásticas del Pacífico, que escondían especies y productos exóticos, riquezas y promesas que por tantos siglos los viajeros habían anhelado poseer; y por qué no, también la posibilidad de encontrar un quinta parte del mundo, un gran continente que ofreciera el equilibrio físico y las riquezas añoradas.

Entonces poco a poco se iban presentando los enigmas que la geografía especulativa del nuevo continente develaba a los expedicionarios que se aventuraron a resolverlos. Cada una de estas expediciones aportaba más certezas e información, pero también imaginarios, mitos, sueños e ilusiones que con celeridad plasmaron los cartógrafos en los mapas a partir de la era del descubrimiento.

La fascinación de los europeos con el Nuevo Mundo los llevó a explorarlo y por supuesto a registrar la información en los mapas de la época; por todo esto, a partir del siglo XVI la historia habla del inicio de la era del descubrimiento. Precisamente la producción cartográfica de diversas naciones europeas buscaba captar la información de las expediciones y fue así como se reprodujeron los mapas que plasmaron las realidades e ilusiones propios de una época de exploraciones e impresionantes descubrimientos.

Es imposible negar el gran impacto que a partir del siglo XVI tuvo el extraordinario intercambio de bienes, cultura, gente, conocimiento, ciertamente con implicaciones ecológicas y demográficas nunca antes vistas. Estas exploraciones marítimas tuvieron importantísimas consecuencias para la navegación, la geografía, las ciencias en general y la comunicación, y causaron cambios significativos y duraderos en todas las culturas que se pusieron en contacto.

Precisamente, en este libro se compilan una serie de artículos que abordan, desde distintas perspectivas, algunos de los enigmas que aquella geografía especulativa planteó a los expedicionarios, que buscaron resolverlos con sus sorprendentes viajes, en los que se conjugaban los intereses, ambiciones, ilusiones, imaginarios, mentiras y conocimientos que con tanto cuidado luego fueron registrados en los maravillosos mapas producidos a partir del siglo XVI.

Cada artículo de este libro refleja lo que es la cartografía, la convergencia de disciplinas, miradas e interpretaciones de académicos, que desde sus trincheras y perspectivas (historia, antropología, geografía e historia del arte) reconstruyen aquella dinámica interacción entre enigmas geográficos, expediciones y mapas, que permitió, entre los siglos XVI y XIX, definir con más precisión lo que fue América: “el continente aun (sic) sin descubrir sobre cuya existencia corrían rumores entre los geógrafos desde los tiempos en que Pitágoras y Aristóteles postularan por primera vez su existencia ...”11.

¿LOS MAPAS MIENTEN?

El mapa es un indicador sensible de los cambios en los pensamientos del hombre, y poco de su trabajo, parece ser un excelente espejo de cultura y civilización.12

Mapa puede ser toda clase de representación de espacios a escala. La palabra deriva del latín mappa, que significa tela, pero también se utiliza la palabra carta, que en latín significa documento13. La palabra cartografía fue utilizada desde mediados del siglo XIX para referirse al estudio de los mapas antiguos, hoy cartografía también se aplica para el arte y ciencia de construir mapas contemporáneos14.

Los mapas son fuentes históricas, que representan conocimientos, cuentan historias, además se convierten en historia; son evidencia de cultura, también de imaginarios y por supuesto de intereses político-económicos. No obstante, los mapas sirven a distintos propósitos, más allá del registro geográfico. En la cartografía convergen varias disciplinas: arte, geografía, matemática, astronomía, historia, antropología, ciencia y tecnología, que se unen para hacer mapas y estudiarlos como documentos geográficos, históricos científicos y artísticos.

Desde la Antigüedad los cartógrafos incorporaron en sus mapas y globos elementos artísticos que representan escenas reales o imaginarias sobre la concepción cultural representada más allá del registro geográfico. Los mapas de la era de las exploraciones, es decir entre los siglos XVI y XIX, incluyeron muchos elementos artísticos para reflejar las maravillas reales o míticas de las nuevas tierras. Así, estos mapas, más que los de ninguna otra época, fueron artísticamente decorados con animales y seres fantásticos como papagayos, gigantes, sirenas, tritones; toda clase de seres exóticos y escenas sobre los naturales de las tierras y mares descubiertos. A partir de las ilustraciones artísticas y científicas (iconografía) presentes en los mapas es posible reconstruir el conocimiento y también los imaginarios propios de una época.

La cartografía histórica da cuenta de los nuevos conocimientos adquiridos y también de los imaginarios sobre tierras lejanas, islas fantásticas, gigantes, hombres sin cabeza, animales fantásticos, monstruos marinos, peces voladores, hombres mitad bestia, y cuanto paraíso perdido se ansiaba encontrar. Sin duda, una de las constantes de la geografía mítica de América está en el anhelo de encontrar oro y plata, que se refleja en los topónimos alusivos al tema, como Cos-ta Rica, Puerto Rico, Castilla del Oro, Río de la Plata, Islas de Salomón y El Dorado, que son solo una muestra de la obsesión que dominó a los conquistadores españoles de la primera mitad del siglo XVI15.

Un aspecto importante que se va a considerar es que los mapas que plasmaron los enigmas de la geografía americana intentaron representar la nueva información y conocimiento sobre el mundo. No se puede obviar que los mapas de la era del descubrimiento son una construcción social, cultural y política que refuerza mediante sus símbolos el orden y el poder del imperialismo marítimo que se buscaba establecer. En este sentido fueron herramientas del poder16. Es importante recordar que los mapas son imágenes que representan el mundo como es, pero también como será, como podría ser y como debería ser, obviamente según el contexto donde se producen17. Entonces, en este libro se busca interpretar los mapas como documentos históricos, como una ventana al pasado.

Los mapas en este libro son una evidencia del emprendimiento humano y los artículos abordan las exploraciones de los pioneros que buscaron descifrar los enigmas de la geografía del Nuevo Mundo, aquellos enigmas que no fueron solo fronteras geográficas sino también culturales. Se busca plasmar la interacción entre enigmas geográficos, expediciones y cartografía de las Américas a partir del siglo XVI, partiendo de la concepción del mapa como el documento histórico, que registra y visibiliza las interrogantes y las respuestas, los conocimientos y desconocimientos, la realidad y el imaginario, los sueños y constataciones, las posibilidades y las aspiraciones de las arriesgadas y peligrosas expediciones que se aventuraron a explorar aquel Mundus Novus.

NOTAS

1 Cita tomada de una placa en el Museu Marítim de Barcelona, en agosto del 2012.

2 Virga, Vincent. Cartographia, mapping civilizations. New York: Little, Brown and Company, 2007.

3 Vespucci, Amerigo. Mondus Novus. Transcripción G. Northrup, Princeton University Press, 1916. En Peter C. Mancall, Travel Narratives from the Age of Discovery, an Anthology. Peter C. Mancall (Ed). New York: Oxford University Press, 2006: pp. 214-224.

4 En el año de 1504 Américo Vespucio registró esta información en una carta dirigida a Lorenzo Pietro di Medici, el banquero Florentino. “Americo Vespucci, Mondus Novus”. Transcripción G. Northrup. Princeton University Press, 1916. En Mancal, l Peter C. (Ed.). Travel Narratives from the Age of Discovery, an Anthology. Peter C. Mancall (Ed.). New York: Oxford University Press, 2006: pp. 214-22.

5 Fernández Arnesto, Felipe. Las Américas. Barcelona: Crítica, 2004: p. 16.

6 Virga, Vincent, Cartographia. New York: Little Brown and Company, 2007: p. 176.

7 Virga, Vincent. 2007.

8 La cita completa dice: “ Although many of the ancient were interested in marking out the circumference of the World, things remain unknown to them in no slight degree; for instance in the west, America, named alter its discoverer, which is now known to be a fourth part of the Worl.” traducida por la autora, tomada de Hessler, John W. The namig of America. London: Giles Editorial for the Library of Congress, 2008: p. 34.

9 Martín - Merás, María Luisa. Cartografía Marítima Hispana: la imagen de América. Madrid: IGME, 1993: p. 95.

10 Fernández Arnesto, Felipe. Las Américas. Barcelona: Crítica, 2004: p. 20.

11 Mathiessen, Peter. “El último sur”. En Realidades ajenas. Madrid: Trama editorial, 2000: p. 321.

12 Noble, John. The Map Makers. New York: Vintage Books, 2001: pp.16-17.

13 Woodward, David y Malcolm Lewis. “The History of Cartography”. Vol 2, Libro 3. Cartography in the Traditional African, American, Artic, Australian, and Pacific Societies. Chicago: The University of Chicago Press, 1998.

14 Martín - Merás. 1993.

15 Martín - Merás. 1993: p. 236.

16 Harley, J.B. y David Woodeard (Eds). The History of Cartography. Chicago: University of Chicago Press. Vol 1, 1987. Vol 2, libro 1, 1992. Vol 2, libro 2, 1994.

17 Harley, J B. y David Woodeard (Eds). The History of Cartography.



Detalle de Americae Pars Meridionalis, Joannes Janssonius, 1647-1650, Nouvelle Atlas Du Theatre Monde, cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador.


PASO SUR

tuvimos por cierto estar ya en el Mar del Sur, alegramonos (sic) grandemente por aver (sic) hallado camino a todos los hombres del mundo encubierto.*

* Relación Diaria del Viaje de Jacobo Lemayre y Guillermo Cornelio Schouten, en que descubrieron nuevo Estrecho y pasage del mar del Norte al mar del Sur, a la parte austral del Estrecho de Magallanes, Madrid: Bernardino de Guzman, 1619, 11v.

EL RÍO DE LA PLATA: UN ENIGMA EN EL SUR DE AMÉRICA

Rodrigo Moreno Jeria


Cuando Cristóbal Colón hizo sus dos últimos viajes de descubrimiento, su principal objetivo fue hallar el ansiado estrecho que permitiera el paso de sus naves rumbo a lo que la cartografía de entonces conocía como el Quersoneso Áureo y, de allí, probar su gran descubrimiento, navegando por el conocido océano Índico.1 Sin embargo, nada de eso ocurrió. Intentó infructuosamente hallar un canal a la altura de lo que hoy es Panamá, y aunque su sentido común no era tan lejano a la realidad en cuanto a lo que buscaba, por aquel entonces dicho paso no se podía realizar.

Tras Colón, o mejor dicho contemporáneo a él, Américo Vespucio constató que la única forma de definir geográficamente con mayor exactitud las nuevas tierras descubiertas por Colón, en particular la desembocadura del río Orinoco, era navegar por la costa hacia el Sur, puesto que de esta forma se podría constatar la real extensión del territorio y comparar con lo que hasta entonces era la tierra conocida de Asia.

Vespucio no navegó solo ni era parte de la única expedición que buscaba verificar la existencia de nuevas tierras. Álvares Cabral descubrió también nuevas tierras en 1500 y las bautizó como Brasil. Sin embargo fue el sabio florentino quien en 1503, tras realizar un viaje que lo llevó hasta el sur de lo que hoy conocemos como el Río de la Plata, escribió una carta llamada Mundus Novus, en la que constató intelectualmente que lo que había visitado no era Asia, sino un nuevo mundo.2

De allí en adelante, la historia es conocida. En 1507 el cartógrafo Martin Waldseemüller publicó el mapa Universalis Cosmographia, y al territorio al sur del Orinoco se lo denominó América, en conmemoración de Vespucio, pero recordando la condición femenina de la tierra recién descubierta.3

El viaje de Vespucio fue, al menos hasta lo que podemos constatar4, el primero que buscaba resolver en el Sur un enigma, que consistía en definir si las tierras descubiertas por Colón eran parte del continente asiático o pertenecían a un mundo nuevo, un continente no conocido que, en caso de existir, rompía en pedazos la teoría de la división tripartita del mundo, a partir de la cual Europa, Asia y África eran las únicas tierras habitadas por seres humanos.

Pasaron los años, y a su paso quedó abierta la inquietud por explorar de manera más acabada las costas del nuevo mundo al sur del Brasil, más aún cuando por definición del Tratado de Tordesillas, firmado en 1494, dichas tierras pertenecían a la Corona de Castilla.

Fue así que, transcurrida más de una década desde el viaje del florentino, en 1516 se comenzó a organizar la expedición de Juan Díaz de Solís, a quien la historia reconocería el mérito de ser el verdadero descubridor del Río de la Plata o Río de Solís, como sería denominado por un breve tiempo esta importante cuenca hidrográfica. Sin embargo, versiones portuguesas dan a la expedición de Nuño Manuel y Cristóbal Haro, realizada entre 1513 y 1514, el honor de haber sido la pionera.5

Díaz de Solís, oriundo de Lebrija, arribó a la gran desembocadura del río en febrero de 1516, y desde allí se adentró por su estuario norte. En primera instancia el lugar fue denominado Mar Dulce, posiblemente ante la duda que inicialmente generaba la inmensidad que observaban, y que podía dar cabida a la existencia del tan anhelado estrecho meridional que conectara el Mar Océano o Mar del Norte (Atlántico) con el llamado Mar del Sur (Pacífico).6 Para entonces, los indígenas identificaban toponímicamente el lugar como Paraná Guazú.7

Lamentablemente esta importante expedición hispana no dejó testimonio cartográfico, puesto que cuando Solís estaba explorando la costa de lo que hoy es Uruguay fue asesinado por nativos del lugar junto a casi todos los hombres que le acompañaban y por lo tanto se perdieron las anotaciones y levantamientos que para entonces estaba haciendo el Piloto Mayor de Castilla.8


Imagen 1: Mapamundi, Battista Agnese, 1544, cortesía Library of Congress (LOC).

En relación con el nombre del río, la denominación que la cartografía consagró definitivamente hacia 1530 como De la Plata se generó en tiempos de Solís, cuando Alejo García, uno de los sobrevivientes de su expedición, tiempo más tarde desde la costa sur actual del Brasil tuvo noticias de un rey blanco y de las fascinantes sierras de plata, imaginarios que los lugareños contaban que existían al interior del territorio. Esto lo animó a organizar una expedición en busca de tan apetecidos objetivos. La expedición se concretó en 1524 en compañía de cuatro españoles, un mulato y un número indeterminado de indios auxiliares. Al recorrer y explorar el río Paraguay se internaron en el Chaco, hasta llegar a las tierras altoperuanas, actual territorio boliviano. Sin embargo, no continuaron camino al Perú y decidieron regresar a la costa atlántica. Ahora bien, lo notable de dicha empresa es que se realizó casi una década antes de que arribaran al Perú los conquistadores procedentes de Panamá, por lo cual se puede afirmar que fue inicialmente la región del Plata la puerta de entrada al Tahuantinsuyu.9

En cuanto al resultado del viaje, si bien encontraron metales preciosos, Alejo García no pudo atesorarlos porque al regresar de su viaje murió a manos de indígenas guaraníes en las proximidades del río Paraguay.

Ahora bien, aunque la plata hallada por este insigne aventurero no tenía relación directa con el río descubierto por Solís, quedó en la memoria colectiva la existencia del mineral en un entorno “no lejano” del río, tema que más tarde fortaleció el topónimo, ya que se produjo la conquista del poderoso mundo inca y el hallazgo del Cerro Rico de Potosí.

Y a propósito de cartografía, un mapamundi anónimo, atribuido a Batista Agnese que se guarda en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, datado aproximadamente de 154410, es el primer testimonio concreto donde se puede corroborar la inclusión del topónimo platense; es decir pocos años después de la muerte de García y posiblemente influido por las noticias que Sebastián Caboto llevó a Europa a partir de esa misma expedición y de otros intentos inmediatos por explorar la región andina desde el Atlántico.11

No obstante, es recurrente reconocer en la historiografía tradicional el valor del mapamundi del cartógrafo genovés Battista Agnese, quien lo confeccionó en Venecia hacia 1544. En aquel hermoso mapa, impreso y bastante conocido, el topónimo Río de la Plata cobró tal importancia que muchos han creído por siglos que este había sido el primer testimonio con dicho nombre. Con toda seguridad Agnese tomó la noticia de otros mapas manuscritos de la época y por ello no es de extrañar que antes de su obra pudiera haber existido el topónimo, tal como queda demostrado en este Mapamundi (Imagen 1).12

Después de las expediciones de Solís y del intento de Alejo García, que fortuitamente dio nombre al río, fue el referido Sebastián Caboto quien realizó un nuevo intento por explorar el interior del río entre 1526 y 1529.

Si bien la empresa de este navegante estaba inicialmente definida para ir en busca de las bíblicas Tarsis y Ofir, así como de Cipango y Catay, según la capitulación de 1525, el carácter mercantil de la empresa hizo cambiar de opinión a Caboto, quien optó por buscar éxitos económicos en el menor tiempo posible, para lo cual decidió ir en demanda de las riquezas que se encontrarían en los contrafuertes andinos, de acuerdo con lo que se contaba de la expedición de García, de la cual tuvo noticias en Pernambuco.

Este marino y cartógrafo genovés, afincado desde muy joven en Venecia, era hijo del célebre explorador Juan Caboto, quien había navegado al servicio de la Corona británica, y había sido el primer explorador europeo en época moderna que oficialmente había recorrido las costas de Terranova en Norteamérica.13

Al conocer en detalle las noticias de Solís, gracias al hallazgo de náufragos en la costa sur del Brasil, así como también de las últimas noticias que se tuvieron de García, puso especial atención en navegar río arriba y realizar los primeros asentamientos en el Río de la Plata en nombre de la Corona española, cosa que hasta la fecha no había ocurrido.

Al explorar la zona del río Uruguay, en las cercanías de la actual Colonia del Sacramento, en un sitio que denominó San Lázaro, Caboto fundó un pequeño fortín en abril de 1527. Se trató del primer asentamiento español en el estuario del Plata, al que dos meses más tarde seguiría otro más importante, el fuerte Sancti Spiritu, que se convertiría en la primera fundación en actual territorio argentino, en las cercanías de la ciudad de Rosario, en la confluencia de los ríos Coronda y Carcarañá (Imagen 2).

Mientras realizaba esta importante exploración fluvial hacia el interior, con sorpresa apareció Diego García de Moguer, quien estaba al mando de otra empresa con fines comerciales. Este sobreviviente de la expedición de Solís, que había conseguido importante apoyo en La Coruña, quiso disputar con Caboto los derechos de exploración de dicho territorio, aunque desconocía que la capitulación del genovés era cinco meses más antigua que la de él y, por lo tanto, sus pretensiones en el Río de la Plata no eran legales.14 Sin embargo, la supuesta legitimidad de la empresa de García de Moguer se sustentaba en que tampoco Caboto había cumplido su plan original, que se enmarcaba inicialmente en Asia y no en el Nuevo Mundo.


Imagen 2: Detalle de De Voorgenome Scheeps-Togt Sebastiaan Gaboto om Door de Straat Magallan na de Moluccos to Stevenen aan Rio dela Plata Voleynigt. Liede, Pierre Vander, s/a, cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador.

Ante la imposibilidad de imponer sus fuerzas uno sobre otro y ante la necesaria mediación que habría que hacer en España decidieron ambas expediciones continuar la exploración río arriba, navegando por el río Paraguay. Fue de este modo como descubrieron en 1529 el río Pilcomayo. Lamentablemente para las dos empresas, no se pudo concretar el objetivo central, que consistía en arribar a las riquezas de las míticas Sierras de la Plata, y para agravar el fracaso, al retorno a Sancti Spiritu se constató que un ataque indígena había destruido esta primera fundación, con la consiguiente pérdida de las vidas de quienes habían quedado a cargo del emplazamiento.15

Por otra parte, antes de dicho episodio, Caboto, ante la imposibilidad de llegar por vía fluvial a las montañas andinas, había enviado otras expediciones terrestres de exploración hacia diversos puntos; una de estas fue liderada por el célebre Francisco César, quien salió con 15 hombres en busca de las Sierras del Plata. César y sus gente nunca arribaron al Perú, aunque cuando retornó poco menos de la mitad del grupo, los sobrevivientes mencionaron maravillas que habían visto en las regiones interiores, entre ellas “indios ricos” y “hombres blancos”, lo que por el tiempo y la distancia recorridos debieron haber correspondido a la región de Córdoba del Tucumán o a Cuyo. Si bien César sobrevivió, su apellido dio origen al famoso mito de la Ciudad de los Césares, imaginario que con el correr del tiempo se fue desplazando geográficamente hacia tierras magallánicas, puntualmente a la idea de la existencia de una ciudad con enormes riquezas, poblada por hombres blancos que se mezclaron con nativos del lugar.16

Mientras tanto Caboto, que para entonces ostentaba el cargo de Piloto Mayor de la Casa de Contratación17, regresó a España en 1530, no sin antes tener una serie de disputas con parte de sus colaboradores, lo que al retorno le significó fuertes cuestionamientos por dejar inconcluso el proceso de asentamiento y exploración, así como por abandonar a su suerte a una parte de sus hombres, que quedaron en la región del Río de la Plata.18

Tras una breve deportación en Orán, posteriormente permaneció en Sevilla hasta 1547, cuando regresó a Inglaterra donde continuó sirviendo con sus navegaciones durante los años siguientes. Sin embargo, fue durante su permanencia en España, sirviendo a dicha Corona, cuando realizó su famoso Mapamundi, que data de 1544. Los cartógrafos plasmaron en sus mapas los resultados de esta expedición, representaron el Río de la Plata con su gran complejidad fluvial, registrando desde entonces el aporte de Caboto al conocimiento cabal de dicho espacio geográfico (Imagen 3).


Imagen 3: De Voorgenome Scheeps-Togt Sebastiaan Gaboto om Door de Straat Magallan na de Moluccos to Stevenen aan Rio dela Plata Voleynigt. Liede, Pierre Vander, s/a, cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador.


Imagen 4: Paraguay o Provincia de Río de la Plata, Joannes Janssonius, 1647-1650, Nouvelle Atlas Du Theatre Monde, cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador.

Con esta empresa, Caboto y su expedición cerraron este primer gran enigma del sur de América, ya que descartaron definitivamente la existencia de un paso al norte del estrecho de Magallanes, que para entonces ya había sido descubierto, y al mismo tiempo dimensionaron de mejor forma el entorno de la región rioplatense, la que sin estar totalmente explorada se abrió como un mundo que había que continuar explorando y fortaleciendo, principalmente por su condición fronteriza con los dominios portugueses del norte y porque su riqueza fluvial podía ser la conexión con los territorios andinos recién conquistados.

Tras las trágicas circunstancias en las que terminaron la expedición de Solís, la de Alejo García y los conflictivos asentamientos de Caboto y de su competidor García de Moguer, quedaba ya resuelto el enigma del gran río, el mismo que algunos años antes, específicamente el 12 de enero de 1520, Hernando de Magallanes había recorrido en su camino al anhelado estrecho. A propósito de este episodio, el célebre cronista Antonio de Pigafetta recordaba la aventura de esta forma:

Este río forma siete islas pequeñas, en la mayor de las cuales, llamada cabo de Santa María, se encuentran piedras preciosas. Anteriormente se había creído que es agua no era de un río sino un canal por el cual se pasaba al Mar del Sur; pero se vio bien pronto que no era sino un río que tiene diecisiete leguas de ancho en su desembocadura. Aquí fue donde Juan de Solís, que andaba como nosotros descubriendo nuevas tierras, fue comido con sesenta hombres de su tripulación por los caníbales, en quienes se había confiado demasiado19.

Magallanes y sus hombres habían pasado por el lugar, aunque sin saber acerca de la trascendencia histórica que tendría; sin embargo, dejaron para la posteridad un topónimo relevante que se incorporó a la geografía rioplatense, y que dos siglos más tarde daría lugar al emplazamiento urbano más importante de la banda oriental del río Uruguay: Montevideo.

Finalmente, fue a partir de la fundación de Buenos Aires, en febrero de 1536, a cargo de la sufrida expedición de Pedro Mendoza, y a partir de la construcción de fuertes fundados en el Coronda, en el Carcarañá y luego en río Paraguay (entre ellos Nuestra Señora de la Asunción en 1537), cuando se inició una nueva y larga etapa de consolidación de la presencia hispana en el Río de la Plata. Se trató de un largo proceso, lleno de dificultades y vicisitudes, a partir del cual la importancia geográfica quedaría reflejada en la gran riqueza cartográfica que comenzó a florecer desde la segunda mitad del siglo XVI hasta llegar a las magníficas representaciones de los siglos XVII y XVIII (Imagen 4).

NOTAS

1 Verlinden, Charles y Florentino Pérez – Embid. Colón y el descubrimiento de América. Madrid: Rialp, 2006: p.112.

2 Vespucio, Américo. “El Nuevo Mundo, Carta de Américo Vespucio a Lorenzo Pier Francesco de Medici, 1503”. En El Nuevo Mundo, Viajes y documentos completos. Madrid: Akal, 1985: p. 55.

3 El mapamundi de Waldseemüller fue realizado en coautoría con el humanista y tipógrafo Mathias Ringmann en Saint-Dié-des-Vosges, Lorena, lugar donde también había llegado una copia de la referida carta del florentino Vespucio. Arciniegas, Germán. Amerigo y el Nuevo Mundo. Madrid: Alianza Editorial, 1990: pp. 315-332.

4 Hay testimonios que nunca han podido ser comprobados de otros viajes realizados por navegantes europeos, presumiblemente portugueses, antes de Vespucio y Alvares Cabral.

5 Lucena, Manuel. El descubrimiento y la fundación de los Reinos Ultramarinos. Madrid: Rialp, 1982: VII, p. 401.

6 Pérez – Mallaína, Pablo Emilio. “Tierras por descubrir y ganar”. En Manuel Lucena Salmoral, Historia de Iberoamérica. Madrid: Cátedra, 2008. II. p.95.

7 La traducción del nombre originario sería río caudaloso grande o simplemente río grande.

8 Solís había reemplazado a Américo Vespucio como Piloto Mayor, tras la muerte de este último en 1512.

9 Cuesta Domingo, Mariano. “La Conquista de América del Sur,”. En Navarro García, Luis. Historia de las Américas. Madrid: Alhambra Longman – Universidad de Sevilla, 1991: I, p. 562.

10 Autor anónimo, atribuido a Battista Agnese c.1544, Library of Congress (LOC).

11 Sobre noticias del mapa vaticano véase Mateo Martinic.1999: pp.7 y 21.

12 Biblioteca del Cogreso (LOC).

13 Asumimos como ciertas las navegaciones vikingas en el Medioevo.

14 Lucena. 1982: p.403.

15 Cuesta Domingo. 1991: p. 563.

16 Estellé, Patricio. “La ciudad de los Césares: origen y evolución de una leyenda (1526-1880)”. En Historia, nº 7, 1968: pp. 283-309.

17 Martín Merás, Luisa. Cartografía Marítima Hispana. Madrid: Lunwerg – CSIC, 1993: p. 69.

18 A propósito de los incidentes véase Cuesta Domingo, Mariano. Alonso de Santa Cruz y su obra cosmográfica. Madrid: CSIC, 1983: II, p.55.

19 Pigafetta, Antonio. Primer viaje en torno al Globo. Santiago de Chile: Editorial Francisco de Aguirre / Antártica, 1997: p. 19.

MAGALLANES, UN PASO INTEROCEÁNICO

Sabrina Guerra MoscosoMateo Ponce

La tierra en esta parte es muy fértil y agradable, abundan las colinas y montañas, ilimitados valles y fuertes ríos {...} No tienen metal que puedan describir, excepto oro, que estas regiones tienen en abundancia1.


Así describía Américo Vespucio la tierra que supuestamente había recorrido en el año de 1501, dos mil millas hacia el sur hasta casi llegar a Cabo de Hornos. En el año 1505 el navegante y cartógrafo florentino se reunió con el rey Fernando de España para tomar importantes decisiones que los llevaran a alcanzar la consolidación del proyecto de expansión ultramarino, este proyecto contemplaba la relevancia de descubrir un paso que, atravesando el Nuevo Mundo, permitiera unir Europa con Asia. Estas tempranas expediciones despertaron el sueño de encontrar un pasaje por el sur de América hacia el Pacífico asiático, que le permitiera a España controlar las rutas comerciales que hacia occidente conectaran Europa con el continente asiático.

En 1513 Vasco Núñez de Balboa fue el primer español que desde la costa de Centroamérica avistó el Pacífico, al que denominó Mar del Sur. Este descubrimiento planteó algunas interrogantes sobre la dimensión y las posibilidades de este nuevo océano para los europeos. No obstante, fue la impresionante hazaña de Fernando de Magallanes, en 1520, la que abrió las puertas a los extraordinarios misterios que ofrecía la cuenca del Pacífico a los exploradores europeos que se aventuraran a surcarlo en busca de fama, gloria y fortuna; las que suponían encontrarían en las islas de las especias del Pacífico, que escondían exóticas riquezas y aguardaban a quienes con valentía se atrevieran a cruzar el tan temido paso. Tras la expedición de Magallanes, la búsqueda de un pasaje por el Sur se convirtió en uno de los enigmas más importantes que la geografía del Nuevo Mundo planteaba a los europeos.

A partir del siglo XVI las expediciones europeas enfrentaron los desafíos impuestos por las dificultades y sorpresas de una geografía que entrañaban un paso extremadamente peligroso, que se presentaba como el primer reto antes de enfrentar los misterios de la cuenca del Pacífico. En el siglo XVI estos retos de la geografía especulativa fueron desafiados por tres expediciones que lograron llegar al Pacífico y además completaron los primeros viajes de circunnavegación; las expediciones fueron la de Fernando de Magallanes, en 1520; la del famoso Francis Drake, en 1579, y la del marinero Thomas Cavendish, en 1586.

Cabe resaltar que en las capitulaciones entre Magallanes y la Corona española en 1518, el propio capitán Magallanes dijo que iría “Para buscar el estrecho de acquellas mares”2. Incluso, Bartolomé de Las Casas, en su Historia de las Indias3, recoge en sus diálogos con Magallanes la existencia de este paso: “Díjele mas ¿y si no halláis el paso por donde habéis de pasar a la otra mar? Respondiéndome que cuando no lo hallase, irse por el camino que los portugueses llevaban”4. Estas palabras reflejan cómo la búsqueda de una ruta hacia las islas de las especias era ya una competencia entre las dos potencias marítimas del siglo XVI.

Magallanes fue el pionero, no solamente por desafiar aquel temido paso, convencido de su existencia e importancia, sino también porque fue parte de la primera expedición que alcanzó el primer viaje de circunnavegación. La ruta de Magallanes fue seguida durante los siguientes siglos por exploradores y aventureros, cuyas expediciones estuvieron matizadas de valor e intrepidez, pero también cargadas de episodios trágicos y de magníficos descubrimientos geográficos, los cuales quedarían plasmados en la temprana cartografía europea sobre América.

Copérnico, en su libro De Revolutionibus (1534), nos da un testimonio de la trascendencia de la hazaña de Magallanes:

América nombrada después del nombre del barco del capitán que la descubrió. En cuenta de su tamaño no revelado, es pensado como un segundo Orbis Terrarum. Hay también muchas islas hasta aquí desconocidas (...) Para consideración geométrica de la situación de América nos obliga a relevar que es opuesta a la región del Ganges de la India5.

Algunas de las incertidumbres respecto a la geografía especulativa sobre la existencia de un paso por el Sur y la posibilidad de encontrar un nuevo continente se mantuvieron a través de los siglos, Según Américo Vespucio:

siguiendo esta playa, tan largo tiempo navegamos, que pasado el trópico de Capricornio encontramos el polo antártico en su horizonte más alto, cincuenta grados [...] encontramos en esas partes una multitud de gente [...] una raza gentil y amigable. Todos de ambos sexos, andan desnudos, sin cubrir ninguna parte de su cuerpo6.

Es así como, desde inicios del siglo XVI, se especulaba sobre la existencia de tierras australes, un posible quinto continente. Tales especulaciones sobre el llamado continente blanco, la Antártida, se ven renovadas en preguntas y reflexiones de escritores como Peter Matthiessen, quien a propósito de un viaje al extremo sur del continente expresa: “este mundo aislado, parece prístino mas allá de lo imaginable”7.

Pero, además, la geografía especulativa reflejada en los mapas permitió la convergencia del mito y la realidad, producto del registro de la mirada de marineros, exploradores, etnógrafos y cronistas que dieron cuenta de sus conocimientos y también desconocimientos, desde una perspectiva occidental, muchas veces todavía medieval, sobre los enigmas de la geografía de aquel Novus Orbis, denominado América (Imagen 1).

Fue así como los mapas se convirtieron en los documentos históricos que registraron todos los nuevos conocimientos geográficos, culturales, pero también imaginarios de aquella época de impresionantes encuentros. No obstante, hay que tener en mente que lo fantástico ocupaba los vacíos generados por lo desconocido y cómo las fantasías alimentadas por la mitología occidental suplantaban los intentos de racionalizar un mundo que era totalmente nuevo y desconocido para los europeos.

Entonces, los mapas fueron documentos históricos y geográficos, pero también representan, mediante su iconografía, la cultura y, sobre todo, los imaginarios europeos sobre la geografía especulativa, planteada por el impresionante hallazgo de un paso hacia un nuevo océano y la posibilidad de encontrar un quinto continente; un proceso que debe ser comprendido como la incorporación del Nuevo Mundo en las mentes del Viejo Mundo8.

Junto al análisis de las aventuras de aquellos exploradores que se volcaron a resolver el enigma de un paso por el Sur en el siglo XVI, también es fundamental interpretar la convergencia de los conocimientos con los imaginarios propios de la cultura de la época. Es así como la cartografía histórica refleja el conocimiento, pero también la visión fantástica que buscaba comprender las nuevas fronteras físicas y culturales que la exploración de un paso por el Sur planteaba a los marineros que se aventuraron a seguir las huellas de Magallanes al enfrentar un océano vasto, desconocido, incomprensible y habitado por seres extraños, lo que daba lugar a la confusión de los nuevos conocimientos con las alucinaciones de los marineros y las fantasías de las mentes medievales (Imagen 2).

Fue así como los imaginarios de los exploradores se anticipaban a los conocimientos de la realidad, para camuflar así su ignorancia y temores ante las nuevas fronteras; entonces, estas confusas visiones de realidades y fantasías encontraron su lugar también en la producción cartográfica del siglo XVI. Un ejemplo claro de este registro se encuentra en el mapa de Gutiérrez, de 1562, quien al igual que otros cartógrafos de la época, dio rienda suelta a su imaginación para describir como un universo de ficción, aquello que no era posible asimilar acerca del Nuevo Orbis (Imagen 6, página 9).

Estos mapas fueron producidos y circularon en Europa como cartografía oficial. Es así como deben ser interpretados, como documentos gráficos sobre la geografía, la ciencia, los intereses políticos propios de la expansión marítima, pero también como evidencia de la imposición cultural y dominio ideológico que caracterizó al imperialismo marítimo colonial.

EL RELATO DE UNAS SORPRENDENTES EXPLORACIONES

Un mar inmenso se extendía, henchido de misterio, ante los pequeños veleros9.

Con estas palabras se inmortalizó el impresionante descubrimiento de Fernando de Magallanes, un ex oficial de la marina portuguesa, que comandando un escuadrón español a bordo del Victoria zarpó de Sevilla en 1519, con la misión de encontrar un paso Suroeste y una ruta hacia las islas de las especias. “Ningún otro viaje ha aportado tanto al conocimiento sobre la dimensión de la tierra como éste”, ya que probó que Ptolomeo había estado equivocado y efectivamente existía un paso por el Sur. Magallanes nombró a este océano “Mare Pacificum”10.


Imagen 1: Magellanica, Jodocus Hondius, 1611, cortesía de Library of Congress (LOC). En este mapa se puede ver el Estrecho descubierto por Magallanes y parte del paisaje, especialmente columnas de montañas. Además de barcos navegando hacia el oeste y algunas alegorías como monstruos marinos y al sur una tierra desconocida poblada por monstruos míticos. En la esquina superior izquierda resalta el texto con el nombre de Magallanes y el motivo decorativo de los pingüinos “emperador”, especie propia de la región austral.




Imagen 2: Detalles de Americae sive quartae orbis partis nova et exactissima descriptio, Gutiérrez, 1562, cortesía de Library of Congress (LOC).

Iconografía que incluye monstruos marinos de origen mítico, viajes en barcos por el Pacífico y el mar austral. Los escudos son de las naciones europeas de España-Francia (izquierda superior) y Portugal (izquierda inferior). Dos sirenas con espejos en sus manos, que se cepillan el cabello, ubicadas al oeste del Estrecho de Magallanes (derecha).

En el año 1519 empezaron los lentos preparativos para una expedición que a pesar de haber sufrido tantos tropiezos se convirtió en el viaje más significativo del siglo XVI. Pese a la insuficiencia de fondos, las intrigas portuguesas para evitarlo, la desconfianza castellana frente al capitán portugués Fernando de Magallanes, el viaje se convirtió en realidad. El cartógrafo portugués Diego Ribeiro, al servicio de la Casa de Contratación desde 1518, participó en el desarrollo de los mapas que fueron utilizados para este histórico viaje, los descubrimientos geográficos marcaron un hito en la cartografía de la modernidad.

La expedición salió desde Sevilla el 10 de agosto de 1519. Tras una prolongada escala de avituallamiento, el 20 de septiembre zarpó definitivamente de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), con la misión de encontrar un paso marítimo que les permitiera llegar rumbo occidente, navegando por el Mar del Sur hasta las islas de las especias.

Antonio de Pigafetta, marinero italiano que iba a bordo de la expedición de Magallanes, al llegar a la entrada del Estrecho, en octubre de 1520, describe en su diario: “...era un lugar circular rodeado de montañas y, para la mayoría, nos parecía que allí no había una salida para entrar al Pacifico. Pero, el capitán [Magallanes] dijo que había otro estrecho que tenia una salida, diciendo que sabía bien...”11. El 28 de noviembre de 1520 la expedición cruzó el Estrecho “De todos los santos”, hoy conocido como Estrecho de Magallanes.

La navegación por el Estrecho era complicada y peligrosa, casi titánica debido a los fuertes vientos y a las corrientes, el propio Pigafetta explicaba:

El estrecho tiene de largo 110 leguas, que son 440 millas y un ancho como de media legua y va a desembocar en otro mar llamado Mar Pacífico [...] si no fuese por el capitán general nunca habríamos navegado aquel estrecho, porque pensábamos todos y decíamos, que todo se nos cerraba alrededor12.

Ante la incertidumbre frente a esta extraña geografía, Magallanes ordenó a los capitanes de la San Antonio y de la Concepción que se adelantaran para realizar una exploración del canal, para confirmar si se trataba del ansiado paso que les abriría las puertas del Mar del Sur; Pigafetta narra: “mientras permanecimos en aquel estrecho, eran las noches solo tres horas y nos encontrábamos en octubre”. Tras enfrentar terribles penurias en un estado de absoluta ansiedad, Pigafetta dice:

Estuvimos tres meses sin probar clase alguna de viandas frescas. Comíamos galleta: ni galleta ya, sino su polvo, con los gusanos a puñados [...] olía endiabladamente a orines de rata y bebíamos agua amarillenta, putrefacta ya de muchos días13.

Cabe resaltar las características del Estrecho de Magallanes, según el Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile de 1880, “en el invierno, aunque hai sures, i surestes (se refiere a la dirección del viento), i decaídas de las tormentas son mui bravas de noruestes, i uestes, i suduestes, i con mui grandes frios, i con nieves”14.

Pese a las temidas condiciones climatológicas y geográficas, el 28 de noviembre de 1520 cruzaron el Estrecho “De todos los santos”. Tras una peligrosa travesía en la que perdieron no solo vidas, sino también barcos y la esperanza de sobrevivir, finalmente la recompensa fue: “ Un mar inmenso [...] se extendía, henchido de misterio, ante los pequeños veleros”15.

Magallanes fue asesinado y no pudo culminar su aventura, tampoco alcanzó a disfrutar de la magnitud de su hazaña. Juan Sebastián Elcano tomó el mando de la expedición iniciada por Magallanes, tras la muerte del capitán el 8 de noviembre de 1521, en el puerto de Tidor. Elcano tomó la decisión de “ [...] llegar cuanto antes a las Malucas [y la tripulación...] lanzaba gritos de jubiló”16. Las Molucas eran las islas donde se encontraban las especias más ricas y diversas del mundo conocido. Entonces, fue Elcano quien, tras cruzar el océano Índico y el Cabo de Buena Esperanza, regresaría a España casi tres años después de la partida, “el 6 de Septiembre de 1522 [...] trayendo de regreso 18 hombres y una carga de clavo para el Rey de España”.17 Fue así como culminó el primer viaje de circunnavegación al mundo. El éxito de este viaje catapultó a otros marineros, comerciantes, científicos, corsarios, piratas y aventureros a emular el gran viaje de Magallanes.

El Mapamundi de Diego de Ribero, cosmógrafo portugués al servicio de la Corona española, fue el primer planisferio en registrar la información recopilada durante la expedición de Magallanes-Elcano (Imagen 3).

De la misma manera que el mapa de Diego Gutiérrez, publicado en 1562, que también fue parte del Padrón Real, ambos incorporaron la información entregada por las expediciones oficiales a la Casa de Contratación. El mapa de Gutiérrez (1562), al igual que el de Ribero (1529), recogieron los tempranos conocimientos sobre la expedición de Magallanes-Elcano, como se puede ver en el registro del Estrecho de Magallanes (Imagen 4).


Imagen 3: Mapamundi, Diego de Ribero, 1529, cortesía de Library of Congress (LOC).


Imagen 4: Detalle de Americae sive quartae orbis partis nova et exactissima descriptio, Diego Gutiérrez, 1562, cortesía de Library of Congress (LOC).

El viaje de Magallanes comprobó tres hipótesis que en la época estaban en discusión: la existencia de un pasaje interoceánico, que ofrecía a España una ruta alternativa a las ya dominadas por los portugueses para llegar a las islas del sureste asiático; la redondez de la tierra y la posibilidad de circunnavegarla. Aunque también se constató la dificultad del paso, que planteaba un reto inclusive a los marineros más experimentados y valientes. Las corrientes y los vientos dificultaban calcular la ubicación, incluso los instrumentos de navegación más sofisticados no proporcionaban un sentido claro sobre ubicación y distancia, bajo esas condiciones, por ende tantos barcos naufragaron y encallaron intentando atravesar este paso18.


Imagen 5: Detalle de Americae Nova Descriptio, Peter Koerius, 1614, cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador.

Sir Francis Drake, el célebre corsario inglés, fue quien realizó el segundo viaje de circunnavegación (Imagen 5). Drake sorprendió a la Corona española en los mares del Sur y atacó los principales puertos de los reinos de España en América. Tras su paso fue creada la escuadra defensiva, denominada Armada del Mar del Sur, aspecto que escapa a nuestro interés en este escrito.19

Entre 1577 y 1580, Francis Drake comandó una escuadra de 5 naves y fue el primer inglés en cruzar el Estrecho de Magallanes, penetrar al Pacífico y circunnavegar el Globo. Probablemente Drake llevaba a bordo del Pelícano (luego rebautizado como Golden Hind) el famoso mapa de Ortelius de 1570.20 “Drake demostró por primera vez, que Tierra del Fuego era una isla y no la península de un continente [austral]”.21

El artista italiano Baptista Boazio dibujó unos mapas que acompañaron la obra El resumen de los verdaderos descubrimientos de Sir Francis Drake durante sus viajes a las Indias, que fue publicada en Londres por la casa editorial Biggs and Croftes, entre 1588 y 1589. El mapa muestra la ruta seguida por Drake durante su intrépido viaje de circunnavegación y por supuesto resalta la novedad geográfica de la posibilidad de un paso por el Sur, pero representa la cuenca del Pacífico bastante más estrecha que en la realidad, tal vez se buscaba resaltar la viabilidad del viaje transpacífico. Lo que ha llamado la atención es la temprana representación de Tierra del Fuego, asunto que será tratado en un artículo posterior (Imagen 6).

Tras el sorpresivo ataque del corsario, la Corona española encomendó en 1579 al navegante Pedro Sarmiento de Gamboa22, al mando del Nuestra Señora de la Esperanza y del San Francisco, una expedición que tenía como objetivo tomar posesión del paso Sur, constatar que no hubieran asentamientos ingleses y levantar las cartas geográficas de esta región. En noviembre de 1579 la expedición alcanzó los 50º de latitud sur, donde encontraron un canal que parecía ser la boca del estrecho, al que denominó “Golfo de la Santísima Trinidad”. Durante dos meses exploraron los vericuetos de este peligroso paso, en enero, arrastrados por las corrientes, fueron a dar hasta la boca del estrecho al que llamó de “La madre de Dios”. Tras un penoso viaje que duró un mes, Sarmiento de Gamboa logró llegar al Atlántico, luego se enrumbó hacia España, con intención de informar personalmente al rey sobre el hallazgo y sobre su plan de defensa. Este viaje resultó ser un rotundo fracaso, puesto que luego de dejar a los colonos en la región, Sarmiento de Gamboa fue atrapado por una flota inglesa comandada por Walter Raleigh y como prisionero fue llevado ante la reina Isabel I. En Londres fue interrogado, se dice que entregó suficiente información sobre la navegación hacia el Mar del Sur.23 Fue así como el experimento de colonizar el Estrecho fue abortado y este paso quedó abierto y sin resguardo para cualquier valiente que se atreviera a desafiar su peligrosidad y seguir las huellas de Magallanes y Drake. Sarmiento de Gamboa registró la información geográfica en su famosa carta Derrotero al Estrecho de Magallanes,24 que además imprime la leyenda de los gigantes australes en Tierra del Fuego25 (Imagen 7).


Imagen 6: Ruta de Sir Francis Drake, Boazio Baptista, 1588-89, cortesía de Library of Congress (LOC).

En 1584 Sarmiento de Gamboa había fundado el asentamiento de “El nombre de Jesús”, y también el asentamiento “Rey Don Felipe”, cerca del actual Punta Arenas (Chile), estas pudieron haber sido las dos ciudades más australes de América, sino hubiera sido porque los colonos fueron abandonados a su suerte, mientras Gamboa sufría sus propias peripecias en manos de los ingleses y más tarde en manos de los franceses, antes de poder llegar a España e informar al rey sobre los colonos del Estrecho. Se dice que otro navegante inglés, Thomas Cavendish, encontró a los pocos sobrevivientes de aquel fracasado intento de colonización del Estrecho.

Entre 1586 y1588, Thomas Cavendish, un ex capitán de Walter Raleigh, comandando una escuadra conformada por el Desire, el Content y el Hugh Gallant, logró emular las hazañas de Magallanes y Drake. Atravesó el Estrecho de Magallanes y también alcanzó la tercera circunnavegación del globo, en el conocido como el “viaje admirable y próspero”26.

Se dice que al llegar a la costa de la Patagonia, en una bahía bautizada como “Port Desire” (Puerto Deseado), la expedición de Cavendish encontró la huella de un gigante, de más de 45 cm de largo. En el mes de enero, pleno verano austral, doblaron el Cabo Vírgenes, donde encontraron “18 españoles harapientos, entre ellos 3 mujeres, los únicos supervivientes de las dos colonias fundadas por Sarmiento de Gamboa, solamente uno fue rescatado Tomé Hernández”27. A esta expedición le tomó un mes atravesar hasta el Pacífico. En las costas del virreinato del Perú tomaron muchas presas. Cavendish retornó a Londres en 1588, cuando toda Inglaterra celebraba la vergonzosa derrota de la Armada Invencible, entonces la reina Isabel I expresó: “El rey de España ladra mucho pero no muerde. No nos importan los españoles; al fin y al cabo sus navíos cargados de oro y plata de las Indias se dirigen a nuestro país”28. Curiosamente se dice que las noticias sobre las hazañas del corsario Drake y su circunnavegación al mundo no llegaron a Inglaterra sino hasta el retorno de Cavendish, quien entregó valiosa información sobre las rutas marítimas, estas noticias habían ampliado mucho más el conocimiento sobre la geografía de las costas americanas.


Imagen 7: Detalles del mapa Americae Nova Tabula, William Blaeu, 1630, cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador.

El mapa de América de Abraham Ortelius (1587) incluye el conocimiento resultado de las expediciones de la época. Como se puede ver, se dibuja el Estrecho de Magallanes como el paso donde además se ubica la región de “Patagones del reino de los gigantes”, que curiosamente se presenta separada mediante el Estrecho de una nueva masa continental denominada “Terra del Fuego”. Además, ubica varias embarcaciones en el Pacífico que reflejan la posibilidad de una navegación hacia Occidente y las islas del Pacífico, todo este registro cartográfico fue posible debido los sorprendentes viajes de Magallanes, Drake y Cavendish (Imagen 8).


Imagen 8: Americae sive novi orbis, nova descriptio, 1587, Ortelius, (edición de 1612), cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador.


Imagen 9: Maris Pacifici, Abraham Ortelius, 1589 (edición de 1612), cortesía del Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador.

IMAGINARIOS Y FANTASÍAS SOBRE EL MAR DEL SUR

Maris Pacifici es el primer mapa dedicado al Pacífico (Imagen 9), y está centrado en el viaje de Magallanes, como denota la imagen del barco de la Victoria como la figura central del mapa (Imagen 9). Además este mapa registra la información adquirida hasta entonces sobre la cuenca del Pacífico y sus promesas (Imagen 9).

Los mapas que incluyen el Maris Pacificum o Mar del Sur de finales del siglo XVI evidencian todavía un marcado desconocimiento y, por qué no, también la persistencia de alegorías medievales. Su iconografía incluye barcos navegando hacia el Asia, monstruos marinos e intentos de ubicación, sobre todo de las islas, pero también incorporan la posible existencia de una gran masa continental al sur de América, la nomenclatura de estos mapas usa varios nombres como: Terra Incógnita, Terra Australis, Tierra Magallánica, Tierra patagónica e inclusive Tierra de Patagones del reino de los gigantes, para referirse a esta nueva masa continental no descubierta todavía. Estos registros confunden los mitos medievales con los nuevos conocimientos, resultado de las recientes expediciones que se atrevieron a cruzar el paso del Sur.

El imaginario sobre la existencia de habitantes gigantes del Estrecho de Magallanes fue una constante en la cartografía del siglo XVI, se presentó desde muy temprano, de hecho en 1507 en su Cosmographie introductio, Mathias Ringman (Geógrafo francés, siguiendo las reflexiones de A. Vespucio) escribió: “ Pero lejos hacia el polo antártico es una cierta tierra, una tierra cual una raza de hombres desnudos habita...”29

En agosto de 1520, al llegar a las costas de la Patagonia, Pigafetta, marinero de la expedición de Magallanes, narra cómo “de las entrañas de la tierra, presentase de improvisto en la playa un hombre casi desnudo, de talla gigantesca...”30. Más adelante agrega:

En signo de paz seguramente, cantaba y danzaba al propio tiempo, echándose a la vez polvo sobre la cabeza. Magallanes sabía algo de aquella mímica primitiva, pues enseguida envió a tierra un marinero –con orden de hacer los mismos gestos, en señal de paz y amistad.31


Imagen 10: Magellanica, The New World, John Ogilby, (edición de1671), cortesía del Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador.

También el famoso Mapamundi de Diego de Ribero incluye la inscripción de Tierra de Patagones, situación que refleja cómo Ribero estuvo familiarizado con la descripción de esta región presentada por los sobrevivientes de la expedición de Magallanes, quienes detallaron a los patagones como hombres corpulentos, casi gigantes, cubiertos de pieles (Imagen 4).

La persistencia sobre el mito de los gigantes de la Patagonia se encuentra en mapas posteriores, como se ve en el mapa Magellanica de John Ogilby32 (Imagen 10), obra encargada por la Corona inglesa, donde se puede identificar la supuesta existencia de gigantes, seres monstruosos y columnas de fuego en el paso por el Estrecho. Tal vez la representación de los gigantes patagones se encuadra en la descripción del “buen salvaje”, aquel ser idólatra, semidesnudo, que para los europeos representaba la mezcla de salvajismo e ignorancia. En la iconografía de estos mapas también podemos encontrar la presencia de animales y monstruos marinos, una referencia mitológica presente en los relatos de marineros y por supuesto en la literatura que hacía referencia a las exploraciones por aquel paso Sur. Igualmente, en el mapa América, de John Ogilby, mediante la iconografía se introduce la dinámica relación entre el mundo conocido (Europa) y el registro etnográfico del Nuevo Mundo, cargado de la imaginación y fantasías de los primeros exploradores. En diciembre del año de 1770 Samuel Wallis, al mando de la corbeta Dolphin, al llegar al cabo Vírgenes:

desembarcó con la determinación de aclarar de una vez para siempre las historias sobre los gigantes patagones, resucitada por Byron. Al medirlos, descubrió que los más altos eran simplemente personas de elevada estatura entre 1,80 y 2,05 metros, aproximadamente.33

CONCLUSIONES

Los mapas son una ventana al pasado, recogen no solo los conocimientos geográficos, sino también los imaginarios, la cultura y la construcción de identidades de una época, documentan los encuentros y desencuentros con otros, en este sentido los mapas son un registro etnográfico, de imaginarios y fantasías que llenaban los vacíos de las incomprensiones de los viajeros y cartógrafos, que no dudaron en incluir seres mitológicos, monstruos y sirenas y sugerían aguas torrentosas o temibles peces con cabezas de león para representar la geografía especulativa de lugares tan desconocidos y remotos para las mentes europeas como fue el paso por el Estrecho de Magallanes. Este constituyó un empeño por dar nombre a lo que descubrían, siempre en referencia a lo conocido por las mentes europeas, como si esos territorios hubiesen sido anónimos.


Imagen 11: Peruvia, Joannes Van Doet, c., 1595, cortesía Fondo Jijón, Biblioteca Nacional, Ministerio de Cultura del Ecuador. Este mapa representa animales monstruosos en tierra firme y en los océanos, ángeles, detalles de barcos, rosas marinas y cuanta imagen con la que fantasearon los exploradores del paso Sur.

Con este trabajo se buscó aportar al conocimiento cartográfico del paso por el Estrecho de Magallanes y analizar la formación del imaginario europeo construido sobre las realidades y fantasías de aquel ansiado paso Sur, que permitía comunicar el Atlántico con el Pacífico. Se han examinado descripciones y mapas que registraron los primeros viajes marítimos que alcanzaron la circunnavegación del mundo y que conllevaron importantes consecuencias para la expansión de los imperios en el orbe terrestre del siglo XVI.34

El análisis y la confrontación de las fuentes nos han permitido subrayar, en primer término, el significativo choque cultural entre el Viejo Mundo y el Nuevo Mundo, que en la cartografía se resuelve mediante la imposición de la versión europea basada en los paradigmas (modelos ideales) eurocentristas propios de la época; especialmente en la equívoca lectura del otro, donde los lugares y habitantes son representados como una expresión salvaje, un tanto fantasiosa del ser humano, como es el caso de las descripciones y representaciones de gigantes y figuras monstruosas que habitaban aquellas tierras incógnitas (Imagen 11).

Fueron los imaginarios, sumados a la dificultad de comunicación a nivel del lenguaje y la simbología, como bien lo anotaba Todorov35, los que condujeron a un trágico final a algunos exploradores, víctimas de sus propios equívocos, como Magallanes, asesinado en Tidor. Fue así como los exploradores de la era del descubrimiento enfrentaron las peripecias de lo desconocido y las fronteras geográficas y culturales del Novus Mundus.

En 1839 James Clark Ross y Robert Falcon Scott, exploradores y navegantes, se aventuraron a la tierra austral y en el corazón del mítico continente blanco (Antártida) afirmaron: “La Antártida es para el resto del mundo, todavía hoy, como la morada de los dioses para los antiguos caldeos: un gigantesco continente escarpado, mucho mas allá de los mares que circundan los lugares habitados por el hombre”36. Esta es una muestra más de que la curiosidad humana no se detiene, como señala Cherry-Garrard, y de que un descubrimiento invita a una nueva aventura. Para terminar, concordamos plenamente con la observación del capitán Scott: “El principal fin que tiene escribir la historia de un viaje al polo es proporcionar orientación para futuros viajes; el principal deber del escritor es para con sus sucesores”.37

NOTAS

1 Entre los años de 1507 y 1508 tal vez Vespucio realizó su último viaje, aunque la falta de documentación no permite determinar con certeza si este se llevó a cabo. Fue así como Vespucio describía las tierras, con el objeto de atraer el interés de un monarca europeo. Cita tomada de Letras Mundus Novus, de Americo Vespucio respecto a sus primeros viajes en America, al rey Manuel de Portugal. Citado en Dickson, Peter W. The Magellan Myth. Ohio: Printing Art Press Mount Vernon, 2009: pp. 35-36.

2 Según las investigaciones de Guillemard, citado en Dickson. 2009: p. 76.

3 La Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1474-1566) de Bartolomé de Las Casas fue la obra en la que denuncia las primeras injusticias cometidas en contra de los indígenas durante el periodo colonial en América.

4 Dickson. 2009: p. 91.

5 Hessler, John W. The namig of America. London: Giles Editorial for the Library of Congress, 2008: p.54.

6 Descripción registrada en una carta dirigida a Lorenzo Pietro di Medici, un banquero florentino, en el año de 1504. En Vespucci, Amerigo. Mondus Novus, Transcripción de G. Northrup, Princeton University Press, 1916, en Peter C. Mancall, Travel Narratives from de Age of Discovery, an Anthology. New York: Oxford University Press, 2006: p. 219.

7 Matthiessen, Peter. El último Sur, en “Realidades Ajenas”. Madrid: Trama editorial, 2000: p. 32

8 Noble Wilford, John. The Mapmakers. New York: Vintage books. 2001.

9 Arteche, José de. Elcano. Madrid: Colección Austra, 1972: pp. 93-101.

10 Williams, Glyndwr. The Great South Sea: English Voyages and Encounters, 1570-1750. New Haven, CT: Yale University Press, 1997: p.3.

11 Según las investigaciones de Guillemard, quien fuera un prominente miembro de la Real sociedad de Geografía. Su trabajo lo dedicó, entre otros importantes aportes geográficos e históricos, a la vida de Fernando de Magallanes, citado en Dickson, Peter W., 2009: p. 76.

12 Pigafetta, Antonio. Primer viaje en torno al Globo. Santiago de Chile: Editorial Francisco de Aguirre / Antártica, 1997: p. 19.

13 Pigafetta. 1997: p. 20.

14 Anuario Hidrográficos de la Marina de Chile. Santiago: Imprenta Nacional, 1888: pp. 65-66.

15 Arteche.1972: p. 88-89.

16 Arteche. 1972: p. 136-138.

17 Arteche. 1972: p. 138-140.

18 Williams. 1997.

19 Para más información referirse al artículo presentado por Sabrina Guerra “¡Peligro en la Mar del Sur! Drake y la creación de la Armada”, en el simposio Corso y Piratería, en Lima, junio del 2012, por publicar.

20 Williams. 1997: p.22.

21 Howgego, John Raymond. Encyclopedia of Explorations. Potts Point, N.S.W: Hordern House, 2003: p. 322.

22 Compañero de Mendaña en la búsqueda de Terra Australis, 1567-69, según Howgego. 2003: p. 419.

23 Howgego. 2003: pp. 420-421.

24 Bautista, Juan. (Editor). Pedro Sarmiento de Gamboa: Derrotero al Estrecho de Magallanes (1579-1580). En Segundo Descubrimiento del Batel Santiago. Buenos Aires: Limbos ORG, 2012. Recuperado de http://www.limbos.org/sur/gamboa.htm.

25 Howgego. 2003: pp. 420-421.

26 Bradley, Peter. Navegantes británicos. Madrid: Mapfre, 1992: pp. 232-233.

27 Bradley. 1992: pp. 232-233.

28 Se dice que la reina Isabel pronunció estas palabras cuando el Desire pasó delante del palacio real de Greenwich y su capitán saludó a la reina. Cita tomada de Bradley. 1992: p.235.

29 Dickson. 2009: p. 110.

30 Arteche. 1972: pp. 88-89.

31 Arteche. 1972: pp. 88-89.

32 Esta es la edición inglesa de su obra The New World, publicada en 1671.

33 Bradley, Peter. 1992: p .310.

34 Noble Wilford. 2001

35 Todorov, Tzvetan. Nosotros y los otros. Madrid: Siglo Veintiuno Editores, 2007.

36 Cherry-Garrard, Apsley. The Worst Journey in the World. London: Carroll & Graf. 1989: p. 7. Registra las memorias de la expedición británica a la Antártica, liderada por Robert Falcon Scott entre 1910 y 1913. Las memorias fueron escritas por Apsley Cherry Garrard uno de los sobrevivientes del desastroso viaje.

37 Cherry-Garrard. 1989: p. 31.

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9789978681985
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