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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 372


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por PATRICIA VARONA CODESO .

© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008

López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO448

ISBN 9788424937454.

INTRODUCCIÓN

1. VIDA DE AGATÍAS

Nuestro conocimiento de la vida de Agatías procede de referencias no muy amplias en diversas fuentes y de algunos comentarios que aparecen en su propia obra, no siempre todo lo detallados y claros que quisiéramos.

De acuerdo con ellos, se puede afirmar con cierta seguridad que nació alrededor del 532, ya que en Historias II 15, 7 y 16 nos dice que estaba en Alejandría cuando tuvo lugar el gran terremoto que asoló Berito en el 551 y que visitó Cos en su viaje de vuelta de Alejandría a Constantinopla, poco después del maremoto que afectó a la isla en aquel entonces (II 17). En general, la educación superior comenzaba a partir de los dieciséis años y la duración del curso de retórica posterior podía ser de uno a seis años 1 ; un escritor de la habilidad de Agatías es muy probable que cursara al menos tres, de modo que tendría unos diecinueve o veinte años cuando volvía de Alejandría en el 551, lo que queda además apoyado por el hecho de que los estudios de leyes comenzaban hacia los veinte años 2 : por ello se da el 532 como fecha muy probable de nacimiento.

Agatías nos proporciona en su obra otros datos sobre su origen: «Me llamo Agatías, Mirina es mi patria, Memnonio mi padre, mi trabajo el Derecho romano y los procesos en los tribunales. La Mirina a la que me refiero no es la ciudad de Tracia … sino la de Asia» (Proem. 14).

Sobre su familia, algunos epigramas de la Antología Palatina nos hablan de sus padres, el rétor Memnonio y su esposa Periclea, que murió en Constantinopla cuando Agatías tenía tres años 3 .

Por el epigrama y por el hecho de que Agatías, en el fragmento de sus Historias citado antes, dijera que vio Berito en su viaje de vuelta a Constantinopla, se deduce que la familia vivía en esta ciudad desde muy pronto; sabemos además que estudió su carrera allí por AP I 35, una dedicación 4 de Agatías y tres compañeros al acabar sus cuatro años de estudios de leyes 5 .

Aunque, como veremos, desarrolló su actividad profesional en la capital, Agatías y su familia debieron seguir teniendo contacto con su ciudad natal, Mirina, cerca de Pérgamo. Se nos ha conservado un epigrama votivo de un desconocido Miguel Gramático, que acompañaba a una estatua de nuestro autor (AP XVI 316). La ciudad de Mirina se la dedica a «Agatías, el rétor y poeta» y también «a su padre Memnonio y su hermano, como símbolos de una familia nobilísima». La causa la encontramos en un grupo de epigramas de Agatías, AP IX 642-644 y 662; en este último se llama a sí mismo «el padre de la ciudad», expresión que se refiere al edil encargado de las obras públicas 6 . Era un cargo muy importante y por ello muy conmemorado en las inscripciones. Para algunos autores, resulta extraño que Agatías ejerciese en una ciudad distinta de la suya, en la que ni siquiera vivía. Tampoco tenemos ninguna referencia suya a Esmirna, y sí en cambio, palabras de agradecimiento para con su ciudad natal: «Ojalá pudiera recompensarla con todo lo posible por haberme criado y escribir una exhaustiva relación de sus ilustres hechos» (Proem. 15). Para explicar estas contradicciones, la mayoría de los editores modernos admiten la corrección que en su momento hizo Brunck, de «Esmirna» por «Mirina» 7 . Por su parte, McCail 8 supone que podría ser el primer cargo que tuvo Agatías al principio de su carrera, antes de ejercer de abogado en Constantinopla.

De su familia poco más sabemos que lo ofrecido por estas fuentes. Su padre, Memnonio, rétor en Asia, probablemente un abogado provincial en la misma Mirina 9 , procuró la misma profesión o, al menos, los mismos conocimientos a sus hijos: no sólo a Agatías, también a su hija Eugenia, a la que califica de «experta en la muy gloriosa ciencia jurídica» en un epitafio que el poeta le dedica 10 .

Aunque Memnonio tendría un nivel económico suficientemente elevado como para dar esta educación a sus hijos, Agatías tuvo que dedicarse con afán a su profesión de abogado, que, de acuerdo con lo dicho por él mismo y por otras fuentes, ejerció en Constantinopla: Juan de Epifanía lo llama «uno de los más importantes rétores de Bizancio» 11 y él mismo nos dice que trabaja en el Pórtico Imperial, de la mañana a la noche 12 . De la referencia de la Suda procede el sobrenombre «escolástico», abogado en esa época: «Agatías: escolástico, de Mirina, escribió la historia a partir de Procopio de Cesarea, las acciones de Belisario y lo sucedido en Italia y en Libia, y también lo de Narsés en Italia, en Lázica y en Bizancio. Compuso asimismo otros libros en verso y en prosa, el llamado Dafníacas y el Ciclo de nuevos epigramas, que él mismo recogió de los poetas del momento. Fue contemporáneo de Paulo Silenciario, Macedonio Cónsul y Triboniano, en tiempos de Justiniano».

La referencia a sus contemporáneos tiene un valor no sólo cronológico. Carecemos de pruebas que lo sitúen —a diferencia de otros historiadores, como Procopio o Juan Lido, que escribieron a instancias de los emperadores— en los círculos de poder. En el Proemio nos explica que se dedicó a la escritura de la Historia gracias a la insistencia de sus amigos 13 . Y aunque, según Cameron 14 , el Proemio parece pensado para ofrecérselo y agradar a Justino, no tenemos ninguna prueba de que esto pasara. Sin embargo, el hecho de que contara con la colaboración de los grandes hombres de letras del momento en la composición de su Ciclo de epigramas y distintas referencias en sus obras nos permiten pensar que se relacionó con los hombres influyentes de la época. Uno de ellos fue Pablo Silenciario, «el hijo de Ciro, el de Floro», del que habla con admiración en Historias V 9, 7-9. Es autor de la Descripción de Santa Sofía y de unos 79 epigramas 15 . La opinión más extendida es que Pablo era unos treinta años mayor que Agatías e incluso se supuso que era su suegro, según una libre interpretación de los epigramas AP IX 770 y V 292-293 16 .

También estaba bien situado Eutiquiano, de la familia de Floro (¿el mismo Floro padre de Pablo?), con un cargo destacado en la secretaría imperial, al que Agatías parece considerar su amigo más cercano y el responsable en última instancia de su dedicación a la Historia 17 . Otro amigo asimismo bien situado es Damócaris, al que el lema de AP VII 588 llama «Damócaris el gramático, amigo y discípulo de Agatías» y que quizá sea el mismo que aparece como procónsul en Asia en una inscripción de Éfeso 18 . Debió de conocer también a otros personajes importantes que participaron en el Ciclo: Macedonio Cónsul, nacido en el 490 d. C., que ejerció varios cargos públicos en Constantinopla, entre ellos el de cónsul honorario 19 ; Juliano de Egipto, probablemente prefecto del pretorio en el 530-531 20 , y Juliano Antecesor, jurisconsulto y autor de obras y traducciones legales, quizá profesor de Derecho de Agatías 21 . Parece también conocer bastante a la familia de Antemio de Tralles, el arquitecto de Santa Sofía, y del que habla con entusiasmo en Historias V 6. Por último, hay que señalar al decurión Teodoro, a quien dedica el Ciclo 22 .

No obstante, no parece que todas estas relaciones fueran más allá de amistades personales o comunidad de intereses literarios, lo que finalmente se tradujo en la realización del Ciclo: no hay prueba de patronazgo alguno y todos sus comentarios apuntan en la dirección de que tuvo que trabajar duro para ganarse la vida. Así lo apoya también la abundancia de hombres de leyes —colegas de Agatías— en la lista de los participantes del Ciclo 23 .

La muerte de Agatías se fecha únicamente por razones internas a las Historias: en el Proemio nos dice que empezó la obra después de la ascensión de Justino II al poder y con mucha probabilidad después de publicar el Ciclo ; su intención era continuar la obra de Procopio hasta sus propios días (Proem. 22), pero la última referencia datable en la obra es la muerte de Cosroes en el 579 (IV 29, 10). Como al hablar de Mauricio, en tiempos del emperador Tiberio I Constantino (IV 29, 8) no hace mención alguna de que llegara a ser emperador, parece plausible que no hubiera ascendido aún al trono (582), lo que coloca el fin de la redacción entre los años 579 y 582, momento en el que la obra se interrumpe abruptamente: parece lógico pensar que fuera por la muerte de su autor 24 .

2. SU OBRA LITERARIA

2.1.Dafníacas

De su obra de juventud, las Dafníacas , no tenemos más datos que los proporcionados por él mismo en las Historias: «unos cortos poemas en hexámetros a los que di el nombre de Dafníacas , engalanados con historias de amor y repletos de adornos igual de encantadores» (Proem. 7), aunque conservamos el epigrama de dedicación de la obra a Afrodita, AP VI 80 25 : éste presenta un tono ligero que, aunque no es muy acorde con el resto de los epigramas de Agatías, sería coherente con el carácter de la obra que trataba con detalle los amores del pastor Dafnis, siguiendo el ejemplo de Nono de Panópolis y su obra Dionisíacas (cf. Historias IV 23) 26 . La publicación de las Dafníacas hay que situarla en tiempos de Justiniano, ya que en todo momento habla de ella como obra de juventud y la presenta en el Proemio de Historias en primer lugar; sin embargo, añade (Proem. 8): «Antes pensé que sería una empresa digna de consideración … si los últimos y más recientes epigramas, los reunía en una colección lo más completa posible…» puede entonces que la idea de la colección de epigramas le rondase desde antes de la composición de las Dafníacas , pero le llevara mucho más tiempo y la publicación fuera posterior o, por el contrario, que las Dafníacas tuviesen que esperar a ser publicadas tras el éxito obtenido por el Ciclo 27 .

2.2.El Ciclo de epigramas

La obra poética más importante de Agatías es su colección de epigramas, a la que la Suda da el nombre de Kýklos 28 . Esta obra no ha llegado a nosotros directamente, sino incluida y mezclada con otras similares en lo que ahora conocemos como la Antología Palatina o Antología Griega , una colección del siglo X , basada a su vez en la realizada por Constantino Cefalas un tiempo antes 29 . Con esta colección Agatías continuaba con una tradición muy antigua, coherente con el propio carácter del epigrama como género 30 , de reunir en una colección epigramas de distintos autores y temas. Los modelos más importantes, aunque no los únicos, son las Guirnaldas de Meleagro del siglo I a. C., que recoge lo más significativo del epigrama helenístico, y la de Filipo, del siglo I d.C., que nos proporciona una muy nutrida representación del epigrama de época imperial. Posteriormente, hay que esperar a los siglos IV y V d. C. para ser testigos de un renacimiento del género, de manos de dos autores opuestos pero significativos de la dicotomía espiritual e intelectual del momento, Páladas y Gregorio de Nazianzo 31 . Su obra gozó de un gran éxito y ayudó a extender la moda del epigrama inscripcional, sobre todo cristiano, en los dos siglos siguientes: autores como Ciro, quizá el padre de Pablo Silenciario, Juan de Gaza, Mariano y Cristodoro de Copto, con su descripción de las estatuas de Zeuxipo (491-518), anticipan la gran floración que aparece en el siglo VI , caracterizada sin embargo por una vuelta al epigrama literario pagano, como no podía ser menos en el ambiente erudito y culto de la época de Justiniano y Justino II. El propio Agatías (AP IV 3, 39-41) nos dice que quien quiera leer epigramas distintos a los que figuran en su antología, puede ir al mercado a comprarlos, lo que es prueba del auge del que gozaba el género en su momento.

Sobre la fecha del Ciclo no hay un acuerdo unánime: por un lado, la mayoría de los editores de la Antología Palatina 32 establecen una fecha temprana, en tiempos aún de Justiniano, que ha sido rebatida por Averil y Alan Cameron, «The Cycle…», quienes tras un análisis detallado de las referencias internas de los poemas contenidos en el Ciclo y de determinados rasgos lingüísticos y conceptuales del Proemio (AP IV 3), establecen que su publicación ha de fecharse en los años 567 o 568, en tiempos de Justino II, al que, en su opinión, está dedicado dicho Proemio. Posteriormente se ha demostrado que su datación no es la única posible y que cabe muy bien seguir manteniendo la fecha temprana 33 . Quizá lo único que pueda considerarse claro es lo establecido por McCail: independientemente de la fecha del Ciclo , la mayoría de los epigramas recogidos en él, y en especial los del propio Agatías, reflejan hechos y actitudes de época justinianea.

Como antologista, Agatías imita el modo de sus predecesores: agrupar en una única colección epigramas de distintos autores y temas. Pero con una importante novedad: mientras Meleagro o Filipo realizan una selección que va desde siglos antes hasta su propio momento, Agatías nos ofrece sólo composiciones contemporáneas e incluso, con toda probabilidad, encargadas específicamente para esta obra (Proem. 8) 34 . Por otro lado, frente a las antologías precedentes, que presentaban una ordenación alfabética o mixta, ésta es temática, en siete capítulos: votivos, descriptivos, funerarios, anecdóticos, satíricos, amorosos y báquicos. Las series de Agatías se presentan en la Antología Palatina , que siguió la misma clasificación, mucho menos desordenadas que las de las dos Guirnaldas y sus autores son fácilmente reconocibles o por estar junto a los grandes nombres como Silenciario, Juliano, Macedonio, o por sus títulos bizantinos, como Escolástico o Referendario 35 .

Como poeta, Agatías presenta una epigramática heredera de la tradición helenística en sus temas (principalmente amorosos, votivos, funerarios); aunque hay algún epigrama cristiano, la mayoría son paganizantes y marcados por una fuerte retoricidad, así como por una muy notable influencia de Nono. Lo más novedoso en Agatías es, por un lado, cierto tono moralizante y didáctico que estaba ausente en sus modelos y una preferencia por epigramas muy largos que desarrollan pequeñas escenas muy similares a mimos y en los que demuestra una gran capacidad expresiva para retratar a la perfección, de manera muy vívida y muy colorista, la gente y la vida que le rodeaban 36 . Con las lógicas diferencias, ambas características, como veremos, marcan también su obra histórica.

2.3.Otras obras de Agatías

El autor nos dice en Proemio 8 que compuso otras muchas obras «como diversión y embeleso» y la Suda , como hemos visto antes, también nos habla de «distintas obras en verso y prosa». Sin embargo, no tenemos ninguna noticia sobre qué obras pudieron ser éstas y las distintas propuestas no pasan de ser meras hipótesis: Reitzenstein 37 supuso que era autor de unos escolios a Calímaco únicamente por el hecho de imitar a este poeta en sus epigramas; y McCail 38 apunta que pudiera tratarse de esas obras en honor de su nativa Mirina de las que habla en el Proemio.

3. LAS «HISTORIAS»

3.1.Contenido y fecha de la obra

Agatías narra los acontecimientos que tuvieron lugar en las campañas militares de Italia y Lázica entre los años 552-559, durante el reinado de Justiniano. Sobre la fecha de escritura, nos dice en el Proemio que comienza la redacción poco después de la ascensión de Justino II y después de la publicación del Ciclo , es decir, después del 568, y que continuó con Tiberio. Según el «Segundo Proemio» del libro III, 1 39 , pasó un tiempo entre la redacción de los dos primeros y la de los tres últimos; para McCail 40 , las citas a epigramas de los libros I y II prueban que éstos fueron muy próximos al Ciclo , mientras que los últimos estaban ya muy lejos de las aficiones poéticas del autor. Aunque su intención era llegar a los acontecimientos de su propia época (Proem. 22) es muy probable, como ya hemos visto, que la muerte le impidiera completarla, lo que ocurrió seguramente entre los años 579 y 582.

Agatías quiere continuar la obra de Procopio allí donde él la dejó. Como Procopio, hace una obra historiográfica a la manera clásica y, organizada en estaciones a la manera tucidídea, se centra en la política exterior de Justiniano y es claramente secular; en ella encontramos discursos, abundantes digresiones y comentarios de tipo general del autor, que entorpecen mucho el desarrollo de los sucesos.

Su condición de continuador ha determinado en muchos sentidos el estudio de su obra, vista en relación con la de Procopio. Sin embargo, presenta unas características propias y únicas aún no suficientemente analizadas. Agatías afronta su trabajo como historiador desde un doble ángulo que distorsiona de algún modo los hechos narrados: por un lado, escribir Historia tiene como fin no el desnudo conocimiento de los hechos sino proporcionar una enseñanza moral; por otro, la Historia es una rama más de la literatura, y desde la perspectiva de la literatura clásica la escribe. Ambas ideas están expuestas en el Proemio y vuelve a ellas en el «Segundo Proemio» del libro III 41 . A ello se suma su concepción religiosa que, como la de muchos autores contemporáneos, plantea ciertos interrogantes.

La obra está salpicada de opiniones personales que en algunos casos son contradictorias. Enumerar y explicar estas contradicciones constituye la parte central de la crítica sobre las Historias , que oscila entre considerar a Agatías un autor torpe y confuso de ideas, con una calidad ínfima como historiador 42 , y tenerlo por un autor con una preparación y una habilidad intelectual muy notables 43 . Pasaremos ahora a analizar estas opiniones en el contexto en el que aparecen y en relación con los principios sobre los que quiso sustentar su trabajo.

3.2.Finalidad de la obra

Para Agatías, la Historia tiene valor en la medida que es útil, y lo expresa con claridad en el Proemio: útil tanto para sus protagonistas, pues realizan sus hazañas en la esperanza de verlas inmortalizadas (Proem. 3), como para los demás, pues al ofrecer «ejemplos en los que los hombres han conseguido buena reputación por haber hecho uso de la prudencia y de la justicia y en los que no dieron con lo conveniente al estar dirigidos por un mal criterio o una mala fortuna, así infunde las virtudes, con calma y disimulo, en las almas de los hombres» (Proem. 5). No tiene sentido para él, pues, dejar la Historia reducida a una simple enumeración de hechos, ya que en ese caso no sería más «que cuentos de mujeres a la vera del telar» (I 7, 7). Esta idea aparece formulada en términos muy similares en Diodoro (Biblioteca Histórica I, 1). Pero no es un mero préstamo retórico, ya que nuestro autor se mantiene fiel a esta idea durante toda la obra, acompañando la narración de la mayoría de los acontecimientos con algún comentario de carácter moral. Sólo en una ocasión, tras el relato de la peste que asoló Constantinopla, defiende exactamente lo contrario: «Pues cumplo las normas de una obra histórica sólo si hago una relación, y mejor si breve, de los acontecimientos sucedidos» (V 10, 7).

Pues bien, la determinación de este objetivo lastra, en opinión de Cameron 44 , toda su visión histórica: primero parece imponerse el criterio de utilidad moral sobre el de verdad, después determina la selección de los acontecimientos más importantes, que lo son no por sus consecuencias, sino sólo por la lección moral que de ellos se puede obtener y por último hace innecesarias las causas, que para la mayoría de los historiadores son imprescindibles.

Kaldellis 45 ha matizado esta idea: hay, en efecto, cierto conflicto entre utilidad y verdad, aunque, en general, están conjugadas con originalidad a lo largo de la obra. Agatías es consciente de que no siempre la verdad y la exhortación moral son compatibles y en ocasiones es necesaria, o beneficiosa, una falsa creencia si sus efectos morales son positivos; así lo afirma con ocasión de la muerte desgraciada del malvado Anatolio en el terremoto de Constantinopla (V 4, 5) 46 . No se trata tanto de falsear acontecimientos o de inventarlos como de presentarlos para que puedan ser interpretados desde el punto de vista moral, a menudo como manifestaciones de la justicia divina.

3.3.La causalidad histórica

La idea que parece predominante en la obra es que las derrotas y las desgracias que afectan al hombre son consecuencia de su maldad; así, la derrota del ejército de francos y alamanes está explicada como consecuencia bien del pecado cometido por estos últimos, que habían saqueado sin piedad ni respeto las iglesias que se encontraron en su camino, bien de la invasión de Italia por parte de los francos (I 1, 9-11). Del mismo modo, el castigo que cayó sobre Leotaris (II 3, 5-6) y Butilino (II 6, 8). Justino recibirá el castigo de la justicia divina por extorsionar a los colcos (IV 22, 7). El asesinato de Gubaces causa de manera indirecta la derrota romana de Onoguris (III 3, 8-6, 8). Por otra parte, ante el terremoto del 551 nos dice: «Nos bastaría con saber sólo esto: que todo está diseñado por una mente divina y una voluntad superior» (II 15, 13). De la misma manera, la recompensa también viene de Dios: Teodoro y los lazos se salvan por intervención divina (III 22, 5).

Todos estos ejemplos parecen apuntar a que la creencia de Agatías es que Dios, sumo moderador del Universo, por cuya voluntad inescrutable se causan los fenómenos naturales, es el regulador de la vida humana a través de una justicia superior: él castiga a los malvados y ayuda y protege a los justos, como a los bárbaros y a los romanos, respectivamente 47 , una idea que aproximaría las Historias a la historiografía cristiana 48 .

Sin embargo, hay ideas que parecen contradecir este principio. Ante el terremoto del 557, en el que murieron muchos inocentes junto al malvado Anatolio, lo reduce todo a una cuestión meramente física (V 3, 9). El castigo no siempre se cumple, como en el caso de Martino por el asesinato de Gubaces (IV 21, 3). Y lo más importante: la causa de los males del mundo que afectan a los hombres también puede ser el error y la necedad, como en el caso de la derrota de Nacoragan en Fasis (III 19, 6). Para Cameron 49 esto demuestra la «falta de cuidado» de Agatías en sus exposiciones y en sus razonamientos. Para Brodka 50 , en cambio, Agatías cree en dos factores que determinan los acontecimientos: un factor moral o religioso, sobre el que insiste continuamente porque ayuda a la función educadora de la Historia y, paralelamente, un factor racional, que ya estaba anunciado en el primer libro (I, 1, 3-4): el resultado de una acción depende de las acciones humanas 51 . El delicado equilibro entre estas dos causalidades está expuesto 52 , según el mismo autor, en los discursos de Eetes y de Fartaces, que representan entre los colcos respectivamente la facción antirromana y, por tanto, el lado negativo, y el lado prerromano y, por tanto, positivo. El primero expone la teoría de una causa moral; Fartaces propugna un análisis racional de los hechos: aunque Dios rija la Historia, los hombres diseñan sus actuaciones de acuerdo a premisas racionales 53 , no morales: esta teoría de compromiso es la defendida por Fartaces y no es descabellado pensar que está reflejando la propia ideología de Agatías.

Y en íntima relación con sus opiniones sobre la causalidad histórica nos encontramos con sus también debatidas creencias religiosas.

3.4.El cristianismo de Agatías

Como sucede en la crítica sobre otros autores contemporáneos, en especial Procopio, el cristianismo de Agatías ha sido objeto de un encendido debate.

Por un lado, parece clara la idea de la justicia divina, así como la defensa de la comunidad entre pueblos cristianos, y entre ellos alaba en especial a aquellos que viven en la ortodoxia, fe que ni se preocupa en definir (I 2, 4, sobre los francos). Hay crítica a los paganos: desde el emperador Arcadio por confiarles a su hijo (IV 26, 6), hasta los ritos y los sacrificios animales entre el pueblo alamán (I 7), pero demuestra una inusitada comprensión poco habitual de la época, disimulada entre su manifiesto antipaganismo, y que puede verse 54 como una crítica hacia la intransigencia religiosa cristiana. La mitología es criticada por ser «invento de poetas» —y utilizada como tal 55 , pero en otros casos recibe valor histórico: la llegada de la nave Argos le sirve como referencia en la cronología persa (II 18, 4)—. Asimismo critica, muy severamente, las visiones y las adivinaciones (V 26, 3). O a sujetos como Uranio, que buscan explicar lo inescrutable (II 29, 3) 56 .

Sin embargo, sus ideas cristianas son más claras cuando coinciden con ideas que autores paganos ya habían manifestado y que al tiempo aparecen recogidas en autores cristianos: la idea de la justicia divina es compartida por la historiografía clásica, como la de Heródoto o Polibio (XXIII 10, etc.), pero también tiene que ver con el Viejo Testamento (Ecl. 7, 11-17), y es una idea que aparece en no pocos cristianos como Lactancio 57 , por ejemplo. Lo mismo puede decirse de sus críticas a los sacrificios animales o a los astrólogos 58 .

Dado que está haciendo una historia clasicista huye en lo posible de cualquier manifestación marcadamente cristiana. Evita todo término que no esté relacionado con los autores que él imita, como ocurre con su principal modelo, Procopio 59 . Por ello nos encontramos palabras paganas como anágke (III 24), aunque con el significado común de «necesidad inmediata» 60 . Un uso mucho más frecuente de týchē provoca que en algunas ocasiones parezca mantener su antiguo significado (II 5, 2) aunque más bien puede considerarse un tópos retórico para describir lo imprevisible de algunas situaciones 61 . Por ese mismo clasicismo nos encontramos con terminología abstracta y perífrasis que evitan la utilización de palabras cristianas: para referirse a Dios, utiliza muy raramente theós y más bien tò theîon, tò agathón, tò kreîtton . No hay duda de que se refiere al Dios cristiano en contextos tales como los misimianos invocando su comunidad de creencias religiosas, tà es tò theîon (IV 20, 7). Incluso declara abiertamente sus preferencias léxicas cuando dice que prefiere llamar a un lugar «Onoguris», en lugar del nombre más reciente «San Estéfano» porque «encaja muy bien con el estilo histórico» (III 5, 7). En general, hay muchas más referencias al cristianismo en los discursos que en la narrativa principal, porque las razones religiosas constituyen la base de muchas de las argumentaciones, tal y como sucedía en la diplomacia del momento, y Agatías no se resiste a reflejarlo 62 .

Para Kaldellis 63 , hay dos aspectos en los que Agatías muestra un cristianismo más que tibio 64 . El primero, su dudosa creencia en la inmortalidad del alma, reflejado en la idea del Proemio acerca de la Historia como única forma de inmortalidad, lo que viene apoyado por la referencia irónica a Salmoxis 65 . El segundo se refiere a su posible paganismo 66 . Cameron 67 rechaza la posibilidad de un Agatías «pagano» porque no lo cree capaz de expresarlo con la sutileza necesaria para que no fuese peligroso. Kaldellis 68 encuentra, en cambio, pruebas de que ideológicamente está más cerca de los filósofos neoplatónicos que de los cristianos: la más importante, la simpatía reflejada hacia los filósofos neoplatónicos en su viaje a Persia (II 30, 3-31, 2) 69 , el uso de términos neoplatónicos como kratoûsa dóxa , etc.

En conclusión, el resultado es que la obra presenta incoherencias, en cuanto a su cristianismo, a las causas de la Historia, al papel de Dios… Una primera lectura de las Historias puede darnos la impresión de no tener una idea sólida a propósito de la causalidad histórica y de presentar un cristianismo que al mismo tiempo manifiesta evidentes simpatías por los paganos. Quizá deberíamos fijarnos primero en la idea clara e indiscutible acerca del papel que ha de jugar la Historia como género: la Historia es educadora, ha de ofrecer unos modelos de conducta que sirvan a los hombres para mejorar desde el punto de vista moral. Con este objetivo siempre en mente, Agatías seleccionará o desarrollará aquellos acontecimientos que le permitan ofrecer esta lección y aprovechará cualquier oportunidad para expresar estas ideas. Más aún, cuando es evidente que ni le gusta ni está preparado 70 —como sí lo estaba Procopio, por profesión y conocimiento de los hechos que cuenta— para una narración desnuda de los sucesos, está deseoso de que éstos le permitan dedicarse a los comentarios y las digresiones. Incluso, una vez que reconoce que es permisible exponer ideas que no sean verdad siempre que permitan hacer a los hombres mejores, nos encontramos en la delicada situación de poder poner en duda algunas de sus afirmaciones siempre que sea obvia su intención moralizadora y, en este sentido, se explican las opuestas opiniones a propósito de su cristianismo. Ahora bien, es evidente que no todos los hechos que narra le permiten esa explicación moral: hay personajes que fracasan no porque hayan cometido delito alguno sino simplemente porque no han tomado las decisiones adecuadas; o, en el lado opuesto, no se pueden explicar determinados desastres naturales como consecuencia de la justicia divina, cuando mueren inocentes y se salvan culpables. Es decir, nuestro autor no tiene una idea única e inamovible, va dejándose llevar por los acontecimientos aprovechando aquellos en los que puede insertar una lección y explicando de distintas maneras aquellos que no la permiten. Reconoce abiertamente su incapacidad —y la del hombre en general— para llegar a conocer la esencia de las cosas, y en este sentido critica duramente a aquellos que, como Uranio, pierden el tiempo en estos asuntos 71 . Y no es su intención ser como ellos: Agatías no es teólogo, ni siquiera un buen historiador: es un poeta que se dedica a la Historia porque es un género más útil que la poesía. Y por otro lado, independientemente de que fuera o no un sincero cristiano, es claro que para él el cristianismo es sinónimo de romanitas : la fe ortodoxa legitima el Imperio y es un rasgo de la superioridad romana sobre los bárbaros: la comunidad de fe supone comunidad cultural y los «otros» dejan de serlo cuando son cristianos, como los francos 72 .

3.5.Carácter literario de su obra. Relación de la Historia y la Poesía

Hay un segundo aspecto de la obra que también distorsiona los hechos narrados: la base sobre la que está construida la obra es eminentemente literaria, no pragmática. Escribe una obra literaria en la que se pretende no sólo presentar unos hechos, sino presentarlos de la manera más bella y grata posible. El medio para ello es la imitación de los autores antiguos; su estudio es la principal labor para él como escritor: «Tendría que ocuparme en leer a los escritores antiguos para imitarles e informarme de los acontecimientos sucedidos en el mundo y valorarlos en su justa medida, teniendo mi mente completamente disponible para ello» (III 1, 4), porque él pretende escribir en el estilo histórico, al que le convienen los términos antiguos (cf . III 5, 7). De entre estos autores, el primero que se encuentra el lector de la obra en muchas de las observaciones del Proemio es Diodoro. Pero no todas las ideas allí expuestas proceden de Diodoro, en especial la íntima relación entre Historia y Poesía 73 . Con ello Agatías entra de lleno en una larga tradición de reflexiones acerca de los principios que deben regir el género historiográfico 74 . Nos relata cómo sus amigos le animaban a dedicarse a la Historia, en especial Eutiquiano, diciendo que Poesía e Historia «eran hermanas de la misma sangre y que quizá sólo se diferenciaban por el metro» (Proem. 11-12). Esta idea, que parece una declaración de principios, se ve refutada en varias ocasiones en la obra 75 : en el mismo Proemio, tilda varias veces a sus obras poéticas de banales (8, 11) que no tienen utilidad práctica ni para su receptor, ni para su autor. Un autor de una obra histórica, en cambio, conseguirá el mismo honor que aquellos de los que habla en su obra (Proem. 6, 10-12, y V 20, 7). La poesía, por otra parte, no tiene como fin la verdad (III 5, 4; IV 23, 4) mientras que ésa ha de ser la finalidad de la Historia (Proem. 20).

Todo este asunto se ha relacionado con el opúsculo de Luciano, De cómo ha de escribirse la historia 76 , donde se critica severamente la unión de historia y poesía. Agatías parece seguir los consejos de Luciano en algunos aspectos, como los elementos estructurales típicos que ha de tener una obra histórica 77 : narraciones de batallas 78 , asedios 79 , desastres naturales 80 , digresiones etnográficas y descripciones de objetos y lugares 81 , elogios o condenas 82 y mitos 83 . Ambos insisten también en la radical diferencia entre historia y panegírico 84 , ya que la primera tiene como objetivo fundamental la verdad, mientras que el segundo sólo el elogio, contra el que Agatías se muestra especialmente combativo, cuando no corresponde a la verdad. Al identificar Luciano el panegírico con la poesía (8), ha de diferenciarla radicalmente de la Historia; de hecho, si la poesía, entendida como «lo bello», no es encomiástica, puede servir de adorno a la historia, aunque no sea su fin, «como la belleza a un atleta» 85 .

Agatías modifica en parte y profundiza en esas ideas de Luciano. No cree en la igualdad entre poesía e historia, pero tampoco cree que haya entre ellas una radical diferencia, o al menos, él no quiere asumirla en su trabajo de historiador. La poesía «es un asunto sagrado y divino» (Proem. 9), mientras que la historia tiene ventajas de orden práctico, proporciona honor, y puede beneficiar «a su nombre y sus intereses» (Proem. 12). Justifica, de este modo, su cambio de género, buscando en la historia las virtudes que tiene la poesía, en especial su capacidad para hacer a los hombres mejores, y utilizando en su obra histórica, consecuentemente, recursos característicos de la poesía.

3.6.Mímesis literaria

Como era de esperar, la mímesis literaria a la que asistimos en las Historias tiene como modelos indiscutibles a los grandes historiadores antiguos.

Aunque afirma que la primera exigencia de su labor como historiador es leer a las grandes figuras del pasado (III 1, 4), no todos han dejado la misma huella 86 . De Heródoto toma préstamos léxicos, de Diodoro ideas sobre la Historia, como las que hemos visto previamente.

De más envergadura es la imitación de Tucídides, comenzando por la ordenación de la narración en inviernos y veranos. Hay también escenas —asedios, debates 87 — que Cameron 88 ve como imitaciones muy superficiales, escenas típicas que proceden sólo de los libros I y II 89 .

Sin duda, el autor que le sirve de modelo principal es Procopio 90 . Esto es indiscutible en lo que respecta al planteamiento de la obra desde el punto de vista cronológico y geográfico. No obstante, no todo en Agatías es imitación de Procopio 91 : muchas de las coincidencias, que hemos ido viendo, léxico clasicista, cristianismo matizado, etc., son lógica consecuencia de su compartida condición de (últimos) historiadores en un momento de transición entre la historiografía paganizante y la historia cristiana, así como de la utilización por parte de ambos de los mismos modelos clásicos.

Como ha sucedido con otros escritores de la época 92 , la crítica ha pasado de señalar los casos de imitación, en general con la intención de minusvalorar al escritor tardoantiguo, no sólo como poco original sino sobre todo poco veraz, a valorar esta mímesis en el contexto de la literatura del período 93 , y a estudiar la obra no sólo como obra histórica sino, sobre todo, como obra literaria. En este sentido, se han analizado con más profundidad y menos prejuicios los recursos de composición, y de algunos de estos estudios se desprende que la imitación de los autores antiguos no es puramente mecánica. De esta manera la presencia de Tucídides es modelo para una organización narrativa más compleja, según ha estudiado Adshead 94 , como la estructura narración-discurso-narración (I, 14: acciones y discurso de Fulcaris). La situación y el contenido de los excursus también corresponden a un plan determinado, que ha estudiado Questa 95 . Por su parte, Taragna 96 ha analizado con detalle los discursos que aparecen en la obra y, aunque formalmente hay muchos rasgos (fórmulas introductorias, finales, etc.) que se relacionan con la tradición, también hay intentos de innovación. Destacan en este sentido los dos discursos del juicio sobre el asesinato de Gubaces, el de acusación (IV 3, 2-6, 6) y el de defensa (IV 7, 4-10, 6). Kennedy 97 señala que, a pesar de que son ejercicios retóricos, reflejan en la realidad lo que un juicio ideal debería ser y son magníficos ejemplos de oratoria forense, mezcla de la «Teoría de los estados» 98 , procedente de los manuales de retórica, y del estilo tucidídeo.

3.7.Rasgos poéticos en las «Historias»

Como era previsible dada la estrecha relación que para él tenían ambos géneros, hay un gran componente poético en las Historias . En las ediciones de Keydell y Constanza se señalan numerosos paralelos léxicos con Nono, Eurípides, Teócrito, Homero… La mayoría de estos paralelos son sólo léxicos y procederían, en opinión de Cameron 99 , de florilegios 100 , pero para algunos pasajes puede suponerse una influencia de contenido y estructura, como la ticoscopia de I 12, 8, cuando los habitantes de Luca observan la falsa decapitación de sus rehenes, en una escena similar a la homérica, en la que aparecen también los términos poco comunes utilizados por Homero 101 . Para Pertusi 102 , la mayoría son influencias directas, como por otra parte se ve en los epigramas: Agatías tiene las condiciones, la capacidad, el aprendizaje y el gusto, así como también el público, que son todos sus amigos que participan con él en el Ciclo . A este público escogido están dedicadas, también, en opinión de Kaldellis 103 , ciertas «mitologizaciones» de algunos hechos históricos, que embellece deformándolos a través de relatos literarios poéticos, con la intención de adornar su obra y también de establecer un juego de alusiones con su público, en primera instancia el círculo de amigos intelectuales a los que alude en el Proemio: el ejemplo más significativo es la muerte de Leotaris devorándose a sí mismo, un relato similar al de Erisicton (II 3, 6-8).

3.8.Estilo y lengua

Consecuentemente con lo anterior, también en su estilo y su lengua Agatías va a presentar un clasicismo muy marcado, al lado de escasas, pero inevitables, entradas del griego tardío 104 . Su voluntad clasicista huye de terminología y onomástica que pueda ser tenida como no clásica: prefiere usar los topónimos antiguos 105 ; los títulos oficiales nunca aparecen en latín 106 y esto puede dificultar un poco la comprensión del texto y entorpecer la narración con pesadas perífrasis para evitar el término técnico, latino o cristiano 107 .

Por otra parte, su estilo resulta muy característico también porque, como acabamos de ver, presenta en terminología, fraseología y figuras literarias 108 un grado de poetización muy elevado para una obra histórica y a veces la adecuación entre contenido y forma no es todo lo armónica que podría desearse. Además, sus frases son demasiado largas, a veces desarticuladas y con un gusto excesivo por la unión de miembros con un simple kaí . Una prueba de que Agatías no se encontraba completamente a gusto escribiendo historia en sentido estricto es que su estilo gana en corrección y frescura cuando se aleja de la narración histórica para hablar de sus propias experiencias, opiniones y conocimiento de primera mano, algo que hace siempre que puede (Proemio, comentarios de tipo moral, incluso los largos excursus) . Desde el punto de vista estilístico, las Historias se encuentran entre la relativamente sencilla prosa de Procopio y la muy retórica y pomposa de Teofilacto.

3.9.Veracidad de los hechos contados

A partir de la opinión de Gibbon de que «al historiador Procopio le sigue el poeta y retórico Agatías», hay muchos autores que ponen en duda la veracidad de la mayoría de los hechos narrados por él 109 . Hay episodios que sin duda son fruto de una elaboración retórica e incluso poética más que narración de hechos verídicos, como la descripción del engaño de Narsés en el asedio de Luca (I 12). Pero antes de aplicar este calificativo a toda la obra, conviene comprobar las fuentes utilizadas, tal y como hace Cameron, para valorar la validez de las informaciones que nos proporciona el autor a lo largo de ella.

En la obra se adivina una diversidad de fuentes. La más llamativa es el intérprete Sergio, quien, a instancias de Agatías, obtuvo autorización para consultar los Anales Reales Persas y en ellos se informó de nombres, cronología y principales sucesos, que resumió para el historiador. Estos Anales fueron la principal fuente del perdido Khvadhāynāmagh , o Libro de los Reyes , cuya evidencia más temprana es la colección de crónicas persas y árabes del siglo IX en adelante. Dado que Agatías es la fuente directa más antigua, su testimonio es de gran importancia y puede ser comparado con las crónicas posteriores para comprobar la validez de los datos ofrecidos 110 . Por el contrario, en el excursus franco (II 2-4) no hay confesión de la fuente utilizada, y se ha propuesto que fuese el embajador del rey Sigiberto de Austrasia, que visitó Constantinopla en 571 111 .

Además de los grandes historiadores (Tucídides, Heródoto, Jenofonte), Agatías cita a oscuros autores acerca de la historia asiria y persa, como Beroso, Atenocles y Símaco (II 24, 8), o Bión, Ctesias y Alejandro Polihístor (II 25, 5). Es muy probable que en época de Agatías las obras de todos ellos, excepto la de Ctesias, estuvieran ya perdidas, de modo que hubo de conocerlas por otro autor. Treadgold 112 propone el Compendio de Historia Universal de Hesiquio de Mileto, que comienza con los asirios.

Se cita a sí mismo como testigo directo en el terremoto de Berito (II 15 y 17), quizá en el del 557 (V 5) y en la invasión de los cotriguros en el 559 (V 11); habla también de una fuente oral en la batalla de Casulino (II 10, 7) y en el asesinato de Gubaces (III 4, 6). Para Cameron, utiliza principalmente informantes orales 113 , ya que el método que defiende Agatías en III 1, 4 parece más de indagación que de consulta de material escrito, del que por otra parte, hace referencia cuando lo tiene 114 . La obra entonces resulta el producto de la combinación de dos métodos: un acercamiento sistemático y a veces documental en los largos excursus —que quizá están en la obra, se podría añadir, porque Agatías contaba con esas fuentes y quería utilizarlas plenamente— y el método de la historiografía tradicional contemporánea, basada en fuente orales, como la de Procopio; pero, dadas sus limitaciones personales, trae como consecuencia incoherencias y errores 115 . Ejemplo de ello es la descripción de la cueva de la Sibila (I 8), que se corresponde con la tradicional que aparece en diversas fuentes, como Lido, Procopio, Licofrón, y resulta poco detallada. Pero, al mismo tiempo, la descripción del emplazamiento de la cueva es precisa, muy pormenorizada y real 116 ; esto supone por tanto una doble fuente: una literaria y otra, un informante local que le proporcionó datos exhaustivos 117 .

También utiliza a veces a Procopio como fuente de información, reconociendo incluso sus extensos conocimientos (IV 26, 4). Pero en ocasiones se desmarca de las opiniones o datos de su antecesor y presume de sus diferentes fuentes. Y cierto es, alguno de los datos de Agatías se han revelado más fidedignos que los de Procopio 118 .

3.10.Ideas políticas

A diferencia de Procopio, Agatías se enfrenta a una historia de acontecimientos políticos sin mostrar demasiado interés o conocimiento sobre la implicación política de los hechos que narra. Se limita a un relato de sucesos principalmente bélicos, que sólo mueven a reflexiones, como ya hemos visto, de tipo moral. Sin embargo, en la obra se detecta cierta permeabilidad a la política del momento, como la propaganda que se pretende hacer de los francos, a los que interesaba conseguir como aliados cuando Agatías escribe su obra.

Hay que notar también que sus principios religiosos y morales le llevan a defender ciertas ideas que pueden tener una interpretación política, ya que reflejarían una postura antiimperialista 119 : «Ayudar a la patria, defender las leyes ancestrales … esto sí sería sagrado y honroso en extremo. Pero aquellos que por codicia y por odio irracional, sin mediar causa justa alguna, invaden la tierra de otros que nada criminal han hecho contra ellos, son unos seres malvados y soberbios» (II, 1, 10). Aunque es la línea comenzada por Procopio, en Agatías es producto de su sensibilidad, demostrada a lo largo de la obra, hacia temas sociales o hacia otros pueblos y creencias, que Procopio no tiene. En cualquier caso, es importante observar que Agatías escribe su obra en los reinados de Justino II y de Tiberio 120 , de modo que una actitud crítica en algún sentido hacia la política de Justiniano puede ser expresada con bastante libertad. El caso más claro son sus observaciones de V 14, donde critica la mala situación del ejército debido a una política militar descuidada, aunque lo justifica por la avanzada edad del emperador; parece, pues, estar exponiendo las distintas actitudes hacia la política de Justiniano, más que una actitud personal negativa 121 como la de Procopio en Historia Secreta 122 . En esa clave puede leerse también el juicio contra los asesinos de Gubaces, que Lamma 123 ha analizado como representación de las dos corrientes ideológicas del momento acerca de la relación con los pueblos aliados bárbaros: o bien una comunidad de pueblos, basada en la igualdad de intereses, en la que el Imperio respete al súbdito y le permita cierta autonomía, línea defendida por los acusadores, y por otra parte, la que mantienen los acusados, para quienes los bárbaros son un peligro en sí, que sólo puede neutralizarse por la fuerza.

3.11.Fortuna posterior

No sabemos a ciencia cierta la opinión que sus contemporáneos tuvieron de las Historias , aunque las justificaciones del segundo Proemio (III 1) apuntan a que sus dos primeros libros habían recibido críticas 124 . Sin embargo, así como Agatías es el continuador consciente de Procopio, otros autores tuvieron la voluntad de continuar su labor. En primer y más principal lugar, Menandro Protector 125 , cuyo floruit debe de situarse en la segunda mitad del siglo VI . A diferencia de Agatías, vivió del patronazgo del emperador Mauricio, que le encargó continuar la obra de aquél. Y así lo confiesa en el frag. 1, 1: «Mi intención ha sido comenzar esta narración y establecer el principio de mi historia desde la muerte de Agatías». Escribió una Historia en diez libros que cubría los años 558-582, de la que se han conservado diversos fragmentos. Por ellos se ha juzgado a Menandro mejor historiador que Agatías y más importante como fuente, porque presenta una gran precisión histórica 126 . Sin embargo, se ha demostrado que Menandro copió en muchos casos a Agatías 127 .

Ignoramos si para sus contemporáneos Agatías era más o menos válido que Procopio o, posteriormente, que Menandro. Pero sabemos que su obra era conocida, aunque no disfrutó de la misma difusión que Guerras: Evagrio Escolástico, autor de una Historia Eclesiástica , que cubre los años 431-593, nos dice en IV, 24: «Y otras muchas cosas dignas de mención fueron hechas por Narsés, tras vencer a Buselino y Sindual y ganar mucho territorio hasta el mar. Esto fue escrito por Agatías el rétor, aunque no hemos tenido acceso a ello». Evagrio estaba trabajando en Antioquía unos diez años después de la muerte de Agatías, lo que demuestra que la circulación de estas obras históricas seculares no era demasiado rápida 128 .

Tenemos pocos fragmentos de la obra de sus continuadores Teófanes de Bizancio, que narraba los acontecimientos del 566-576, y de Juan de Epifanía, patriarca de Antioquía. Ambos son, por los fragmentos conservados, historiadores seculares. Juan nos da testimonio del conocimiento de la obra de Agatías: en el frag. 1 (pág. 375 Dindorf) leemos: «Todas las luchas que padecieron e hicieron entre medos y romanos durante el reinado del emperador Justiniano lo escribió Agatías de Mirina, un hombre muy considerado entre los rétores de Bizancio y que tras Procopio de Cesarea relató los hechos contra los bárbaros». No obstante, aunque lo cita, no sigue, al menos cronológicamente, a Agatías, ya que su intención fue dejar constancia de los sucesos posteriores a la ruptura de la paz en el 572, hasta el 593. Continuador de Menandro, Teófanes y Juan 129 , Teofilacto Simocata es el último historiador clasicista, cuya obra se ha conservado íntegra 130 y en la que trata el reinado de Mauricio (582-602).

Posteriormente, una vez que el tiempo de la historia secular ha pasado, pasa también el tiempo de influencia de Agatías, del que sólo queda una referencia en la Crónica de Juan de Nikiu, del siglo VII , que lo relaciona, como no podía ser menos, con Procopio: «Estas grandes victorias [de Justiniano] han sido cuidadosamente relatadas por Agatías, uno de los estudiosos (prob. scholastikoí , en el original griego) de la ciudad de Constantinopla, y también por un hombre cultivado llamado Procopio el patricio» 131 .

En la línea más o menos continua que representan todos estos historiadores, Agatías parece el punto de inflexión donde la historia secular empieza a confundirse con la historia eclesiástica 132 : en él se observa una tensión entre la forma clásica y el espíritu cristiano que no se encuentra en Procopio pero que es evidente en los autores posteriores 133 .

3.12.Valoración final

En general podemos decir que las Historias están elaboradas con la intención primera de continuar con la narración histórica allí donde la dejó Procopio, pero esta intención no es la principal en la obra: Agatías quiere hacer una obra útil desde el punto de vista moral y, desde el literario, utiliza todos los recursos a su disposición para construir una obra variada y adornada que refleje todas sus lecturas y sus capacidades retóricas y estilísticas, así como su preparación jurídica y su conocimiento de historiadores, poetas y filósofos de la Antigüedad. Agatías nos ofrece más aspectos que los que nos brindan otros historiadores en la Antigüedad: en su obra se nos presenta el Agatías jurista, el Agatías poeta, el Agatías miembro de un círculo de intelectuales eruditos y, amalgamando todos esos aspectos, el Agatías filósofo y diríamos moralista 134 . Pero, como atinadamente señala Kaldellis: «A Agatías no se le alaba por ser más que un mero historiador; se le critica por ser menos que uno bueno» 135 . Si se busca en Historias una obra histórica, uno se sentirá decepcionado, pero si se ve en ella el resultado de una personalidad variada y de múltiples facetas, aunque a veces la mezcla no resulte afortunada por retórica o poco precisa, no se puede dejar de disfrutar de este magnífico fruto de un autor que representa y dibuja a la perfección el mundo bizantino del siglo VI .

4. TRADICIÓN MANUSCRITA

Los manuscritos fundamentales de las Historias de Agatías son:

V Vaticanus graecus 151. Los ff. 2-41, libro I y parte del libro II, son de papel y probablemente añadidos en el XVI , el resto de pergamino, del siglo X-XI . Contiene los cinco libros de las Historias en ff. 1-241r y en 241v-245v Apophthegmata philosophōn . Hay una pequeña laguna entre las dos partes.

W Vaticanus gr . 152, de papel, del siglo XIV-XV . Contiene los libros I-IV de las Guerras de Procopio; fragmentos del Banquete de los siete sabios de Plutarco; los libros IV-VIII de Guerras y los cinco libros de las Historias (ff. 320r-379v) de Agatías.

L Leidensis ex leg. Vulcanii 54, de papel, del siglo XIV . Contiene las Historias (ff. 1-132r) y los epigramas AP IX 482 y 344. Forma parte de un conjunto con Vulcanius 56, que a su vez contiene Sobre los edificios de Procopio, Poemas de Nicéforo Blemides, y De thematibus I de Constantino Porfirogénito.

O Ottobonianus gr . 82, de papel, del siglo XIV-XV . Contiene (en ff. 1-84) las Historias de Agatías, y los libros III-IV de las Guerras de Procopio.

M Marcianus 522, de pergamino, del siglo xv. Las Historias comienzan en el frag. 101; falta el libro I y parte del II. Contiene Sobre el carácter del rétor Lisias de Dioniso de Halicarnaso, unos discursos de Lisias y otras obras retóricas, así como algunos poetas: Teognis, Focílides, etc. Se cree que es una copia hecha sobre el Vaticanus V.

R Rehdigeranus 11, papel, del siglo XVI .

A Athous ex Laura [1048, Θ 186], siglo XV . Contiene las Historias (ff. 1-23v y 32v-47v) e intercalado el libro III de las Guerras de Procopio.

Se han conservado también fragmentos en distintas colecciones, como en De legationibus y De sententiis , la Suda o el Etymologicum Gudianum 136 .

5. EDICIONES, TRADUCCIONES Y CONCORDANCIA

5.1.Ediciones

BONAVENTURA VULCANIO , Agathiae historici et poetae eximii De imperio et rebus gestis justiniani imperatoris libri quinque , Lyon, 1594 (París, 1660; Venecia, 1729).

B. G. NIEBUHR , Agathiae Myrinaei Historiarum libri quinque cum versione Latina et annotationibus Bon. Vulcanii , Bonn, 1828 (Corpus scriptorum historiae Byzantinae 3); Migne, PG 88, 1860, col. 1249-1608.

L. DINDORF , Historici Graeci minores II, Leipzig, 1871, 132-392.

R. KEYDELL , Agathiae Myrinaei Historiarum libri quinque (Corpus Fontium Historiae Byzantinae 2), Berlín, 1967.

S. CONSTANZA , Agathiae Myrinaei Historiarum libri quinque , Messina, 1969.

5.2.Traducciones completas

Latinas

CRISTÓFORO PERSONA , Agathius [sic] de bello Gotthorum [sic] et aliis peregrinis historiis per Christophorum Personam romanum e greco in latino traductus , Roma, 1516, Basilea, 1531, 1576.

BONAVENTURA VULCANIO , Agathiae historici et poetae eximii De imperio et rebus gestis justiniani imperatoris libri quinque , Lyon, 1594 (París, 1660; Venecia, 1729).

Francesas

Mr. COUSIN , Histoire de Constantinople depuis le regne de l’ancien Justin, jusqu’à la fin de l’empire, traduite sur les originaux grecs , II, París, 1671 (págs. 475-772).

P. MARAVAL , Agathias. Histoires. Guerres et malheurs du temps sous Justinien , París, 2007.

Rusa

M. V. LEVCHENKO , Agafii: O tsarstvovanii Iustiniana , Moscú, 1953.

Inglesa

J. FRENDO , Agathias. The Histories , Berlín - Nueva York, 1975.

5.3.Traducciones parciales

HUGO GROTIUS , Historia Gotthorum, Vandalorum et Langobardorum , Amsterdam, 1655 (págs. 529-573, libros I y II 1-14).

D. COSTE , Die Geschichtsschreiber der deutschen Vorzeit. 2. Gesamtausgabe. Bd. 7. Jahrhundert 6. Bd. 3 (Lief 76). 3. Aufl ., Leipzig, 1922 (págs. 327-371, libros I, II 1-14).

J. P. RICHTER , Quellen der byzantinische Kunstgeschichte , Viena, 1897 (§ 56, libro V 9; § 720, libro V 15).

M. BOUQUET , Recueil des historiens des Gaules et de la France , II, París, 1869 (libros I y II 1-14).

E. COUGNY , Extraits des auteurs grecs concernant la géographie et l’histoire des Gaules , París, 1886 (reimpr. París, 1993), III, págs. 208-245 (libros I y II 1-14).

M. FUMÉE , S. DE GENILLÉ , Histoire des guerres faictes par l’empereur Justinian contre les Vandales et les Goths. Escrite en grec par Procope et Agathias et mise en françois , París, 1587 (págs. 320-359, libros I, II 1-17).

5.4.Concordancia

B. COULIE , B. KINDT , CENTAL, Thesaurus Agathiae Myrinaei, Historia et Epigrammata , Turnhout, 2006 (Corpus Christianorum. Thesaurus patrum Graecorum) .

5.5.La presente traducción

La traducción parte del texto fijado en la edición de Keydell. En muy pocos casos he tenido en cuenta lecturas divergentes; la discusión sobre ellas se recoge en notas. La traducción no puede recoger siempre el estilo demasiado ampuloso de Agatías, pero he pretendido no perder del todo su espíritu si ello no dificultaba la comprensión del texto. He intentado que a través de las notas se aclarasen los muchos y variados temas que trata Agatías en su obra y que también sirviesen para entenderla, además de como una obra histórica, como una obra literaria.

Mi agradecimiento por su inestimable ayuda en este trabajo a Juan Signes y a María Jesús Pérez, colegas, y amigos.

RELACIÓN DE FUENTES ANTIGUAS CITADAS, POSTERIORES AL 500

ASINIO CUADRADO

F. Jacoby, Die Fragmente der griechischen Historiker , Berlín, 1923 ss., n.° 97.

Cartas de Austrasia

Epistolae Austrasicae , ed. W. Gundlach (Monumenta Germaniae Historica III ), Berlín, 1892, págs. 110-153.

CASIODORO , Varia

Cassiodori variorum libri , ed. A. J. Fridh (Corpus christianorum 96), Turnhout, 1973.

JORGE CEDRENO

Historiarum Compendium , ed. I. Bekker (Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae ), vol. I-II, Bonn, 1838-1839.

Chronicon Paschale

Chronicon Paschale , ed. L. Dindorf (Corpus scriptorum historiae Byzantinae ), Bonn, 1832.

Cod. Iust .

Codex Iustinianus , ed. P. Krüger (Corpus Iuris Civilis II ), Berlín, 1877.

CONSTANTINO PORFIROGÉNITO , De cerem .

Constantini Porphyrogeniti imperatoris de ceremoniis aulae byzantinae libri duo , ed. J. J. Reiske (Corpus scriptorum historiae Byzantinae ), Bonn, 1829.

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De thematibus , ed. A. Pertusi, Costantino Porfirogenito. De thematibus (Studi e Testi. Biblioteca Apostolica Vaticana 160), Roma, 1952, págs. 59-100.

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Excerpta historica iussu imp. Constantini Porphyrogeniti. V. I, Excerpta de legationibus , ed. C. de Boor, pars I - II, Berlín, 1903.

CORIPO , Panegírico

Corippo. In laudem Iustini , ed. D. Romano, Palermo, 1970. Traducción española: Coripo. Juánide. Panegírico de Justino II , a cargo de A. Ramírez Tirado, Madrid, Gredos, 1997.

COSMAS INDICOPLEUSTES , Topografía cristiana

Topographia christiana , ed. y traducción francesa, W. Wolska-Conus, Topographie chretienne (Sources chretiennes, 141), París, 1968.

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Digesta , ed. P. Krüger (Corpus Iuris Civilis I), Berlín, 1872.

PSEUDO -DIONISIO DE TEL -MAHRE , Crónica

The Syriac chronicle of Pseudo-Dionysius of Tel-Mahre: A study in the history of historiography , ed. W. Witakowsky (Acta Universitatis Upsaliensis), Liverpool, 1996.

Evagrio

The Ecclesiastical History of Evagrius , ed. J. Bidez, L. Parmentier, Londres, 1898, reimpr. Amsterdam, 1964.

GREGORIO DE TOURS

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JORGE DE PISIDIA , Heracleída

In Heraclium ex Africam redeuntem , ed. A. Pertusi, Georgio di Pisidia. Poemi. I. Panegirici epici (Studia Patristica et Byzantina 7 ), Ettal, 1959, págs. 77-81.

JOSUÉ EL ESTILITA

Crónica , ed. y traducción inglesa de la obra en siríaco, W. Wright, The Chronicle of Joshua the Stylite , Cambridge, 1882.

JORGE SINCELO

Georgii Syncelli Ecloga chronographica , ed. Alden A. Mosshammer (Bibliotheca scriptorum Graecorum et Romanorum Teubneriana ), Leipzig, 1984.

JUAN DE ÉFESO , Historia Eclesiástica

Iohannis Ephesini Historiae ecclesiasticae pars tertia , traducción latina. E. W. Brooks, Lovaina, 1925 (Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium 106).

La segunda parte sólo se conserva en la Crónica Universal siríaca de Pseudo-Dionisio de Tel-Mahre.

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Historias . Fragmentos en L. Dindorf, Historici graeci minores I, Leipzig, 1870, 375-382.

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Ioannis Lydi de magistratibus populi romani libri tres , ed. R. Wuensch, Leipzig, 1903.

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Ioannis Lydi liber de mensibus , ed. R. Wuensch, Leipzig, 1903 (reimpr. Stuttgart, 1967).

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Chronographia , ed. L. Dindorf (Corpus Scriptores Historiae Byzantinae ), Bonn, 1831.

LEÓN EL DIÁCONO

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Liber Pont .

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1 Sobre las escuelas de retórica en la Antigüedad, véase H. I. MARROU , Historia de la Educación en la Antigüedad , Buenos Aires, 1965, págs. 347-355. El propio Agatías nos habla de un estudiante de leyes con diecisiete (Antología Palatina VII 589, sobre Eustorgio).

2 Para toda esta cuestión, MC CAIL , «The Earthquake of A. D. 551…».

3 AP VII 551. Es posible que sea un tópico, no infrecuente en este tipo de epigramas; véase CAMERON , Agathias , pág. 4.

4 Según el lematista, la imagen ofrecida se encontraba en la iglesia de San Miguel en Sostenio, un suburbio de Constantinopla; véase el comentario de este epigrama en MC CAIL , «On the early career…», págs. 141-142, con abundantes referencias. Se han postulado otras hipótesis sobre la ciudad en la que estudió, entre ellas la propia Berito, que era el centro de estudios jurídicos más importante hasta el terremoto, pero actualmente han quedado descartadas; véase CAMERON , Agathias , pág. 2, nota 1.

5 Tras esos años se estaba en disposición de obtener la calificación de lútēs que permitía pasar a un quinto año de perfeccionamiento, cf . JUSTINIANO , Digest. Const. omnem 5. Esta organización de los estudios está bien documentada, en especial por la Vida de Severo de Antioquía de Zacarías Escolástico. Sobre las escuelas de estudios superiores en la Antigüedad tardía, véase A. CAMERON , «The end of the ancient Universities», Cahiers d’Histoire Mondiale 10.3 (1967), 653-673.

6 Con algunas responsabilidades añadidas como las de cuidar de los depósitos de armas. A lo largo del siglo VI fue progresivamente asumiendo las atribuciones del curator civitatis , en principio el administrador financiero de la ciudad; véase D. FEISSEL , «L’empereur et l’administration impériale», en C. MORRISSON (dir.), Le monde byzantine , pág. 105, y J. GASCOU , «L’Égypte», ibid ., págs. 417-421.

7 BRUNCK , en su edición de la Anthologia Graeca de 1776. Lo siguen G. VIANSINO , Agazia Scolastico: Epigrammi , Milán 1967, ad loc ., J. IRIGOIN , P. LAURENS , en Anthologie grecque , VIII (AP IX 359-827), París, 1974, ad. loc . Otros, como A. MATTSON , Untersuchungen zur Epigrammsammlung des Agathias , Lund, 1942, págs. 87-88, y especialmente CAMERON , Agathias , págs. 2-3, admiten la posibilidad de que sea Esmirna. Éste no es el único problema de estos epigramas, ya que el estilo no es muy acorde con el presentado por Agatías en el resto de sus composiciones, por ello hay dudas incluso de la autoría, véase CAMERON , loc. cit .

8 «The early career…», págs. 147-151.

9 Véase CAMERON , Agathias , pág. 3. Quizá sea también a quien el gramático Martirio califica de iudex facundiae , véase R. A. KASTER , Guardians of Language: The Grammarian and Society in Late Antiquity , Berkeley, 1997, págs. 310-311.

10 AP VII 593. En AP VII 596 nos habla, además, de la vida desgraciada que padeció Eugenia a causa de sus problemas conyugales.

11 Frag. 1 (pág. 375 Dindorf). En el caso de Agatías el uso de este término parece claramente referirse a su actividad como abogado, aunque rhḗtōr podía aplicarse también a oradores o sofistas en esta época e incluso a historiadores, como es el caso, por ejemplo, de Procopio de Cesarea —quizá por el recitado de sus obras, según G. FATOUROS , «Zur Prokop-Biographie», Klio 62 (1980), 517-523.

12 III 1, 1. Es el centro de la actividad jurídica de Constantinopla, véase M. M. MANGO , «Building and architecture», en CAMERON , CAH XIV, págs. 933-934.

13 Proem. 11. G. GEATREX , «Lawyers and Historians in Late Antiquity», en R. W. MATHISEN (ed.), Law, Society and Authority in Late Antiquity , Oxford, 2001, págs. 148-161, señala que la causa de la abundancia de abogadoshistoriadores de la tardoantigüedad es la posibilidad de progreso social y profesional que facilitaba la composición de una obra histórica, generalmente crítica con el poder anterior, pero complaciente con el contemporáneo.

14 CAMERON , Agathias , págs. 5-6.

15 Editados, respectivamente, por G. VIANSINO , Paolo Silenziario: Epigrammi . Turín, 1963, y M. C. FAYANT , P. CHUVIN , Paul le Silentiaire, Description de Sainte-Sophie de Constantinople , París, 1997.

16 En contra A.-AV . CAMERON , «The Cycle of Agathias», Journal of Hellenic Studies 86 (1966), 6-25, para quienes es probable que tanto Floro como Ciro sean dos cónsules atestiguados por otras fuentes; ello sostendría el noble linaje y la fortuna de la que nos habla Agatías y que harían a Pablo contemporáneo de Agatías, lo que encaja mejor con la íntima amistad entre ambos poetas, indiscutible por los epigramas que se cruzan entre ambos (AP V 292-293). Véase, para otra hipótesis, MC CAIL , «The early career…», págs. 143-147.

17 Inexplicablemente olvidado por CAMERON , Agathias , que admite sin embargo en págs. 6-7, nota 1, que el «misteriously anonymous notary» pueda tener que ver con la familia de Pablo, y señala la opinión de A. VENIERO , Paolo Silenziario , Catania, 1916, pág. 16, de que es el mismo Pablo.

18 Según CAMERON , «The Cycle…», pág. 11. Lo encuentra muy poco probable R. A. KASTER , Guardians of Language: The Grammarian and Society in Late Antiquity , Berkeley, 1997, págs. 264-266, que ofrece una amplia discusión de todos los testimonios.

19 Véase J. A. MADDEN , Macedonius Consul. The Epigrams , Hildesheim, 1995. Y en CAMERON , «The Cycle…», pág. 17, donde establece una posible relación entre Agatías, Macedonio y Pablo.

20 Véase A. LUCIANI , «La produzione epigrammatica di Guliano d’Egitto», Ann. Facoltà di Lettere della Università di Macerata 29 (1996), 23-41.

21 Véase CAMERON , Agathias , págs. 7-8.

22 Quizá se trate del silenciario del que habla PROCOPIO , Edificios IV 8.24, y el decurio palatii que sirvió a Justiniano como mensajero ante el papa Virgilio en la controversia de los Tres Capítulos, y posteriormente dux augustalis de Egipto en 577; véase CAMERON , Agathias , pág. 8.

23 El retrato que TREADGOLD , «Agathias…», presenta de nuestro autor como un «bon vivant» que escribe las Historias para conseguir el favor de los poderosos es probablemente excesivo, consecuencia de una interpretación demasiado literal de algunos de los epigramas y de su falta de entusiasmo en los aspectos históricos de su obra.

24 Véase CAMERON , Agathias , págs. 9-10 y 143-144.

25 L. STERNBACH , Anthologiae Planudeae Appendix Barberino-Vaticana , Leipzig, 1890, pág. 79, quiso ver en AP V 77 y 305, escritos en hexámetros y atribuidos a Agatías en una de las colecciones menores de epigramas, la llamada Appendix Barberino-Vaticana , fragmentos de las Dafníacas , pero en realidad son composiciones del siglo IV .

26 Donde se narra la expedición del dios Dioniso a la India. Nono es el gran modelo poético del momento y, en general, todos los poetas lo imitan de cerca en métrica, fraseología, imágenes, etc., en cualquier tipo de composición, desde el epigrama hasta largos poemas dedicatorios como la Descripción de Santa Sofía de Pablo Silenciario. Véase, entre otros. I. G. GALLI CALDERINI , «L’epigramma greco tardoantico. Tradizione e innovazione», Vichiana 16 (1987), 103-134.

27 Véase la discusión sobre este asunto en CAMERON , Agathias , pág. 5, nota 9, y BALDWIN , «Four problems…», págs. 301-304.

28 Llamado también syllogḗ en el lema a AP IV 3 —el poema introductorio al Ciclo — y synagōgḗ en un escolio al mismo.

29 Para la formación y composición actual de la Antología Griega , véase A. CAMERON , The Greek Anthology: from Meleager to Planudes , Oxford, 1993.

30 Las características del epigrama como son, fundamentalmente, su brevedad, su dependencia del contexto y su carácter imitativo hacen de él objeto ideal de antologías y colecciones variadas, que incluyen diversos autores, temas, lugares de origen, etc. Véase K. GUTZWILLER , Poetics Garlands. Hellenistic Epigrams in Context , California, 1998.

31 Véase B. ORTEGA VILLARO , «El epigrama griego tardoantiguo, entre la literatura y la historia», en D. ESTEFANÍA , M. DOMÍNGUEZ , M.a T. AMADO (eds.), Cuadernos de Literatura Griega y Latina IV. El final del Mundo antiguo como preludio de la Europa Moderna , Santiago, 2003, págs. 175-214.

32 A.-AV . CAMERON , «The Cycle…», pág. 6, para las referencias a autores anteriores.

33 R. C. MC CAIL , «The Cycle of Agathias: New Identifications Scrutinised», Journal of Hellenic Studies 89 (1969), 87-96, y B. BALDWIN , «The Date of the Cycle of Agathias», Byzantinische Zeitschrift 73 (1980), 334-340.

34 Lo mismo dice en el Proemio al Ciclo, AP IV 3, 115, y también la Suda .

35 Por ello y aunque el catálogo completo no está aún absolutamente claro, hay acuerdo en los poetas que participaron en el Ciclo . Véase CAMERON , «The Cycle…», con las precisiones posteriores de estos autores en «Further Thoughts on the Cycle of Agathias», Journal of Hellenic Studies 87 (1967), 131, y MC CAIL , «The Cycle of Agathias…».

36 Para un análisis de su poesía, véase, entre otros, VIANSINO , Agazia …, CAMERON , Agathias , págs. 12-29, R.C. MC CAIL , «The Erotic and Ascetic Poetry of Agathias Scholasticus», Byzantion 41 (1971), 205-267, y GALLI CALDERINI , «L’epigramma greco…».

37 En «Zu den Pausanias-Scholien», Hermes 29 (1894), pág 231.

38 «Four problems…», pág. 303.

39 Así lo llama KEYDELL , págs. VII y IX.

40 MC CAIL , «Poetic Reminiscence…», págs. 533-535.

41 La más completa comparación, en H. LIEBERICH , Studien zu den Proömien in der griechischen und byzantinischen Geschichtsschreibung , I-II, Múnich, 1976, págs. 8-12.

42 Desde E. GIBBON , The History of the Decline and Fall of the Roman Empire , Nueva York, 1901 (ed. J. B. Bury), IV, 420, nota 78, también M. ITES , «Zur Bewertung…».

43 Especialmente KALDELLIS , «The historical and religious…». Una postura intermedia es la defendida por CAMERON , Agathias , y BRODKA , Die Geschichtsphilosophie …

44 CAMERON , Agathias , pág. 33.

45 «The historical and religious…», págs. 210-223.

46 Un ejemplo concreto es el episodio de la falsa carta que lee Martino a sus hombres en III 23, 5-13.

47 Así lo cree CONSTANZA , «Orientamenti…», pág. 103.

48 Así concluye MEIER , «Prokop, Agathias…», tras analizar la postura de Procopio y de Agatías frente a la peste.

49 CAMERON , Agathias , pág. 55.

50 «Die geschichtsmächtigen Faktoren…», pág. 171. Las ideas de este artículo están desarrolladas posteriormente en Die Geschichtsphilosophie …, un estudio comparativo entre Procopio, Agatías y Teofilacto.

51 Constantemente, Agatías demuestra la alta estima en la que tiene a la inteligencia y a la preparación humanas, a través de distintos exempla : desde Narsés en II 12, 1-9, a la admiración por la familia de Antemio de Tralles, véase Z. V. UDAL ’COVA , «Le Monde vu par les Historiens…», Byzantinoslavica 33.2 (1972), pág. 204, para la diferencia con Procopio en esta idea.

52 En cualquier caso, el problema de la Providencia o la necesidad es una cuestión debatida en la época, en la que los escritores han de enfrentar y a veces conjugar las antiguas creencias con los principios cristianos. Para un análisis de estas ideas, véase LAMMA , Ricerche …, págs. 120-125.

53 También es la causa de la derrota de Nacoragan en Fasis: su orgullo le conduce a la insensatez (III 19, 6).

54 Así KALDELLIS , «The historical and religious…», págs. 236-252.

55 Apolo y Marsias, IV 23, 2-6, Jasón, III 5, 2-5, etc. Véase RAMPI , «La storiografia…», págs. 40-51, para un detallado análisis de este aspecto.

56 Por todo ello su cristianismo ha resultado claro a autores como CONSTANZA , «Orientamienti cristiani…», o CAMERON , Agathias , en especial págs. 87-111.

57 En Sobre la ira de Dios y Sobre las muertes de los perseguidores .

58 Para las referencias concretas, véase KALDELLIS , «The historical and religious…», pág 245, nota 106.

59 Para éste, véase J. SIGNES , «Introducción», en Procopio. Historia Secreta , Madrid, 2000, págs. 20-28. Y para la comparación de Agatías y Procopio, CAMERON , Agathias , págs. 92-97.

60 Otros términos similares, kēres (I 1, 5) o daímōn (II 23, 2).

61 BRODKA , Die Geschichtsphilosophie …, pág. 155.

62 Véase CAMERON , Agathias , pág. 92.

63 «The historical and religious…», págs. 226-232, desarrollando ideas ya apuntadas en IRMSCHER , «Über die Weltanschauung…».

64 Sin ser tan radical, CATAUDELLA , «Historiography…», págs. 415-417, afirma que es imposible que Agatías no fuera cristiano, pero que sus opiniones pueden estar reflejando ciertas actitudes poco claras hacia el cristianismo. Véase también, P. MARAVALL , «Introduction», en Agathias. Histoires …, págs. 26-30.

65 De muy distinta opinión, CAMERON , Agathias , pág. 145, y LAMMA , Ricerche …, págs. 94-95. Véanse las notas al texto.

66 Su paganismo clásico; en referencia a su claro antipaganismo bárbaro, véase QUESTA , «Il morto e la madre…», págs. 388-389.

67 CAMERON , Agathias , págs. 104-105.

68 «The historical and religious…», págs. 240-242.

69 Aunque es la opinión general, hay autores que lo discuten, como I. HADOT , Simplicius. Commentaire sur le Manuel d’Épictète , Leiden - Nueva York Colonia, 1996, págs. 3-50, para quien los filósofos aparecen ridiculizados como inocentes e ingenuos. Véanse, para un comentario más detallado, las notas al texto.

70 Él mismo reconoce sus dificultades y sus carencias, Proem. 16, 20, IV 26 y segundo proemio.

71 No es improbable que haya que ver en estas observaciones una crítica a las disputas religiosas y al comportamiento de los obispos en el sínodo, véase para este aspecto, CATAUDELLA , «Historiography…», págs. 418-419.

72 Es posible que en ello se observe, como apunta BRODKA , «Die geschichtsmächtigen Faktoren…», pág. 175, nota 38, una evolución, desde los tres primeros libros al quinto, y que se esté reflejando un cambio en su pensamiento que la falta de una revisión completa de su obra ha dejado sin corregir.

73 Y también es muy significativa la diferencia con los principios defendidos por PROCOPIO en Guerras I 1, 4.

74 Véase, entre otros trabajos, B. GENTILI , G. CERRI , «Le teorie del racconto storico nel pensiero storiografico dei greci», en Le teorie del discorso storico nel pensiero greco e la storiografia romana arcaica , Roma, 1975, págs. 17-45.

75 Análisis de estos fragmentos en KALDELLIS , «Agathias on History…». Véase también RAMPI , «La storiografia agaziana…», págs. 48-49, para lo que da como ejemplo el episodio de la muerte de Nacoragan y el mito de Apolo y Marsias, en IV 23, 2-6.

76 Para H. LIEBERICH , Studien zu den Proömien in der griechischen und byzantinischen Geschichtsschreibung , I-II, Múnich, 1900 (1976), págs. 10-12, Agatías trabajaba directamente sobre el texto de Luciano. También KALDELLIS , «Agathias on History…». En contra, CAMERON , Agathias , pág. 59 y págs. 145-146, que propone una coincidencia de ideas generales transmitidas a través de obras diversas.

77 TARAGNA , Logoi historias , págs. 150-152.

78 I 21-22 (Narsés contra los francos): II 1-10 (la batalla con los alamanes), etc. Cf . LUCIANO , De cómo ha de escribirse … 49.

79 I 8-10 y 20 (asedio de Cumas); I 12-13 y 17-18 (asedio de Luca), etc. Cf . LUCIANO , De cómo ha de escribirse … 49.

80 II 15-17 (terremoto del 551); V 3-9 (terremoto de Bizancio). Cf . LUCIANO , De cómo ha de escribirse … 15 y 57.

81 I 2-4 (sobre los francos); II 23-32 (sobre los persas); descripción de la cuña II 8, 8, etc. Cf . LUCIANO , De cómo ha de escribirse … 57.

82 I 16, 1-2, elogio de Narsés; II 29, críticas a Uranio, etc. Cf . LUCIANO , De cómo ha de escribirse … 59.

83 IV 23, sobre Apolo y Marsias. Cf . LUCIANO , De cómo ha de escribirse … 60.

84 LUCIANO , De cómo ha de escribirse … 7, 9, 39-40; Proem. 16-20.

85 De cómo ha de escribirse … 9. El resultado es una especie de prosa poética, que algunos críticos antiguos no desdeñaban, véase KALDELLIS , op. cit ., pág. 304, notas 24 y 26.

86 Para los ejemplos concretos, FRANKE , Quaestiones Agathianae , págs. 10-15.

87 Asedios (por ejemplo, Onoguris, III V, basado en el sitio de Platea, II 71-78), debates (el del juicio en IV 1-6, inspirado en el debate de Mitilene, III 39, IV 7), y los discursos de los embajadores tebanos y corcireos (III 64, III 10).

88 CAMERON , Agathias , págs. 60-62.

89 Por el contrario, es muy llamativa la ausencia en Agatías de la descripción de la peste a la manera tucidídea, siguiendo el consejo de LUCIANO , en De cómo debe escribirse la historia 15.

90 Véase, para el análisis de los ejemplos de imitación, SPYROPOULOS , Katà tí mimeîtai Agathías …

91 Análisis de las principales diferencias en CAMERON , Agathias , págs. 131-134, y CESA , «Agatia Scolastico…».

92 Para el caso concreto de Procopio, véase J. SIGNES , Procopio …, págs. 105-112.

93 H. HUNGER , «On the imitation (mímesis) of Antiquity in Byzantine Literature», Dumbarton Oak Papers 23/24 (1969-1970), 17-38.

94 K. ADSHEAD , «Thucydides and Agathias…».

95 C. QUESTA , «Il morto e la madre…».

96 TARAGNA , Logoi historias …, págs. 143-184.

97 G. A. KENNEDY , Greek Rhetoric under Christian Emperors , Princeton, 1983, pág. 16.

98 Desarrollada por Hermógenes y Hermágoras; véase R. NADEAU , «Classical Systems of Stases in Greek: Hermagoras to Hermogenes», Greek, Roman & Byzantine Studies 2 (1959), 51-71.

99 CAMERON , Agathias , págs. 112-113, sobre el estudio hecho por H. VAN HERWERDEN , «Varia ad varios. II. Ad Agathiae Scholastici Historias», Mnemosyne 17 (1889), pág. 19.

100 Para los libros que circulaban entonces, G. CAVALLO , «La circolazione libraria nell’età di Giustiniano», en G. G. ARCHI (ed.), L’Imperatore Giustiniano. Storia e mito , Milán, 1978, págs. 201-236.

101 Para más ejemplos, véase F. CONCA , «Note sull’impiego del linguaggio poetico…».

102 A. PERTUSI , «Giustiniano e la cultura del suo tempo», en G. ARCHI (ed.), L’Imperatore Giustiniano. Storia e mito , Milán, 1978, págs. 181-199.

103 KALDELLIS , «Things are not…».

104 Ejemplos concretos en CAMERON , Agathias , págs. 66-74, 149-150; cf . también el «Index Graecitatis» de la edición de KEYDELL , págs. 218-232.

105 Como el antiguo «Onoguris» para San Estéfano, III 5, 7.

106 Sólo en un caso, para «curadores» utiliza el término latino, con la apostilla «los romanos los llaman» (V 3, 10): de hecho, no usar el término latino dificulta un poco la comprensión del texto, por ejemplo, cuando usa taxíarchos no sabemos si se refiere al dux o al tribunus .

107 Por ejemplo, «hombres expertos en escribir y repasar lo escrito a gran velocidad» por tachygráfos en IV 1, 2; «lugar sagrado en extremo entre los cristianos» por ekklēsía en III 24, 7; «los que se ganan la vida luchando con fieras en los espectáculos públicos» por bestiarius en I 14, 5. Más ejemplos en CAMERON , Agathias , págs. 75-88.

108 Metáforas, perífrasis, etc., que también son destacables en sus epigramas.

109 E. GIBBON , The decline and fall of the Roman Empire , IV, Londres, 1901 (con sucesivas reimpresiones), pág. 420, nota 78, eco que recoge BURY , HLRE II 2, 430, y otros autores, cf . CAMERON , Agathias , pág. 39.

110 Hay, sin embargo, una gran diferencia de tratamiento de este material entre el primer excursus y el segundo, véase CAMERON , «On Sassanians…».

111 GREGORIO DE TOURS , Historia de los francos IV 40. Así, BURY , HLRE II 275, nota 3, y CAMERON , «Early merovingians…», págs. 133-134, según la fecha de composición de esta parte de la obra, la década de los setenta.

112 CAMERON , Agathias , págs. 287-288.

113 Ibid ., págs. 38-52, donde se analizan otras posibilidades.

114 De este modo interpretan CAMERON , loc. cit ., y FRENDO , ad loc ., el pasaje de III 1, 4, en el que afirma que «tendría que ocuparme en leer a los escritores antiguos para imitarles e informarme de los acontecimientos sucedidos en el mundo». Para TARAGNA , Logoi historias , págs. 148-149, en cambio, se refiere a elementos compositivos y recursos literarios.

115 El número de soldados en el asedio a Onoguris, III 8, 2; confusión entre Apeninos y Andes, II 3, 2, etc. También hay errores cronológicos, como que en la campaña italiana presenta dos años en uno (553-554), véase CAMERON , Agathias , págs. 143-144.

116 Se ajusta a la perfección a la caverna encontrada por Maiuri en sus excavaciones, A. MAIURI , «L’Assedio di Narsete a Cuma nel racconto dello storico Agathias», Parola del Pasato 4 (1949), 41-46.

117 Véase C. MONTI , «The Topographical and Literary Evidence for the Identification of the Sibyl’s Cave at Cumae», Vergilius 37 (1991). 46-54.

118 CESA , «Agatia Scolastico…»: el origen de Ragnaris (II 13, 3, frente a Guerras VIII 26, 4); el excursus sobre los hunos (V 11, frente a Guerras VIII 5, 1), o la presentación de los lazos (II 18, 4, frente a Guerras VIII 1, 10).

119 CATAUDELLA , «Historiography…», págs. 420-421, con comentario de la bibliografía precedente.

120 En el Proemio dice que empezó la obra tras ascender Justino al poder (565) y en IV 29, 8 se refiere al emperador Tiberio, que subió al trono en el 578.

121 Sobre la relación de las opiniones de Agatías con respecto a las de Procopio y Menandro, véase CAMERON , Agathias , págs. 125-129, con bibliografía precedente, y BAKALOV , «Les ouvres d’Agathias…», págs. 202-204.

122 Su conocimiento por parte de nuestro autor no se puede suponer de manera definitiva, a pesar de que BALDWIN , «Four problems…», págs. 303-305, señale distintas coincidencias.

123 LAMMA , «Ricerche…», págs. 102-108, para quien Agatías expone con mucha habilidad las diversas interpretaciones del «bien general», porque para él tienen más importancia que los hechos mismos, al contrario que para Procopio.

124 MC CAIL , «The Earthquake…», pág. 246.

125 Véase el estudio, con edición y traducción de R. C. BLOCKLEY , The History of Menander the Guardsman , Liverpool, 1985.

126 A. A. VASILIEV , History of the Byzantine Empire 2 , Wisconsin, 1952, pág. 181.

127 M. APOSTOLOPOULOS , Menándros Protéktōr mimētḗs Agathíou , Atenas, 1894.

128 Véase M. WHITBY , The Ecclesiastical history of Evagrius Scholasticus , Liverpool, 2001, págs. XXI-XXII y nota ad. loc .

129 M. WHITBY , The Emperor Maurice and His Historian. Theophylact Simocatta on Persian and Balkan Warfare , Oxford, 1988. págs. 227-230.

130 M. WHITBY , The History of Theophylact of Simocatta: An English Translation with Introduction and Notes , Oxford, 1986.

131 XLII 19 (pág. 147 Charles). Es una obra originalmente escrita en griego, pero conservada en una traducción parcial en siríaco. Ed. y trad. R. H. CHARLES , The Chronicle of John, Bishop of Nikiou , Londres, 1916.

132 Entendiendo, sin embargo, que la diferencia entre ambas no es absolutamente radical, véase J. SIGNES , «La historiografía en el Oriente…».

133 Análisis detallado de la relación entre todos ellos, en CATAUDELLA , «Historiography…».

134 Todo ello, además, lo podemos ver porque hay una mayor presencia personal en la obra que en otras obras históricas, como ha señalado H. HUNGER , Die hochsprachliclie profane Literatur der Byzantiner I, Múnich, 1978, pág. 304.

135 KALDELLIS , «Things are not…», pág. 295. Autores como BRODKA , Die Geschichtsphilosophie …, págs. 152-156, siguen estudiando a Agatías en comparación a Procopio y, por tanto, concluyendo que es muy inferior, en talento, calificación y experiencia.

136 Descritos con detalle en GENTILI , «I codici…», págs. 165-168.

PROEMIO


SINOPSIS

Virtudes y beneficios de la Historia (1 -6 ). Sus trabajos literarios (7 -10 ). Su dedicación a la Historia (11 -13 ). Presentación del autor (14 -15 ). Objetivos y planteamiento de la obra (16 -20 ). Contenido de la obra (20 -32 ).

VIRTUDES Y BENEFICIOS DE LA HISTORIA

Bello y dichoso asunto son las victorias y trofeos militares y [1] la reconstrucción y el embellecimiento de ciudades y todas las acciones grandes y admirables 1 . Estos y similares éxitos procuran fama y placer a quienes los consiguieron, pero cuando ellos mueren y han desaparecido, en modo alguno pueden acompañarlos, sino que sobreviene el olvido, que oscurece y distorsiona las verdaderas consecuencias de los hechos: una vez que han muerto quienes los conocían, huye y se va su reputación, extinguida con ellos. Así pues, la sola memoria es algo inútil e [2] inestable, que no está hecha para prolongarse largo tiempo. Nadie, creo, habría accedido a ponerse en peligro por la patria o sufrir otras penalidades sabiendo bien que, aun cuando realizara las más grandes hazañas, su gloria, si sólo tuviera la medida de su vida, se desintegraría y moriría con él, a no ser porque cierta divinidad todopoderosa 2 , al parecer, fortaleció nuestra debilidad natural añadiendo los beneficios de la Historia y las esperanzas allí contenidas.

[3] No era, creo, a causa del acebuche o del apio que los vencedores en las Olimpíadas o en las Nemeas 3 entraban desnudos en la arena 4 , ni es sólo por la esperanza de botín o de un beneficio inmediato por lo que los buenos combatientes en la guerra se arrojan a un peligro manifiesto y evidente; al contrario, para ambos, es por causa de una fama pura y duradera que no tiene otra manera de originarse sino a través de la Historia que los inmortaliza, no como los ritos de Samolxis o el desvarío de los getas 5 , sino, en verdad, de un modo divino e inmortal y el único en el que los asuntos mortales pueden vivir para siempre 6 .

No me sería nada fácil enumerar y exponer todos los bienes [4] con los que la Historia ha colmado la vida humana; por decirlo muy resumidamente, creo que no es en absoluto inferior a la Filosofía política 7 , si no es aún más provechosa. Pues ésta [5] ordena y establece, cual maestra rigurosa e inflexible, a qué hay que atenerse y qué hay que evitar, en una mezcla de obligación y embeleso. La Historia, en cambio, usa más la seducción, condimenta la exposición con anécdotas variopintas y muestra en el discurso ejemplos en los que los hombres han conseguido buena reputación por haber hecho uso de la prudencia y de la justicia y en los que no dieron con lo conveniente al estar dirigidos por un mal criterio o una mala fortuna: así infunde las virtudes, con calma y discreción, en las almas de los hombres. Pues en ellas lo agradable y espontáneo germina y se asienta mejor 8 .

En efecto, después de observar y reflexionar mucho llegué a [6] la conclusión de que hay que admirar y celebrar como benefactores públicos a cuantos se afanaron en tales obras, aunque me parecía que no tenía que encargarme de ningún modo de una tarea similar, ni siquiera intentarlo.

SUS TRABAJOS LITERARIOS

[7] Desde joven me sentía sobre todo inclinado al metro heroico y me agradaban los deliciosos refinamientos de la poesía; así, tengo escritos unos poemas cortos en hexámetros a los que di el nombre de Dafníacas , engalanados con historias de amor y repletos de adornos igual de encantadores 9 .

[8] Antes 10 pensé que sería una empresa digna de consideración y nada ingrata si los últimos y más recientes epigramas, todavía desconocidos y susurrados 11 de unos a otros sin orden ni concierto, los reunía en una colección lo más completa posible y los registraba con un orden adecuado 12 . Además, compuse otras muchas piezas que no fueron hechas por obligación, sino, al contrario, como diversión y embeleso 13 . Es sin duda la Poesía [9] un asunto sagrado y divino: en ella ciertamente las almas están poseídas, como diría el filósofo hijo de Aristón 14 , y las que de verdad están cautivadas por las Musas o están sometidas al delirio dan a luz obras encantadoras. Decidí, pues, dedicarme a [10] ello y no abandonar nunca por mi voluntad estas agradables ocupaciones juveniles, sino seguir el famoso precepto délfico y conocerme a mí mismo 15 .

SU DEDICACIÓN A LA HISTORIA

Pero sucedió que en mi época estallaron inesperadamente grandes guerras en la mayor parte del mundo y hubo migraciones en masa de muchos pueblos bárbaros; hechos confusos e increíbles tuvieron resultados inesperados y se dieron desconcertantes vicisitudes de la fortuna; y hubo pueblos destruidos, ciudades esclavizadas, gentes desplazadas, es decir, que toda la Humanidad estaba trastornada 16 .

Así, al tener lugar estos sucesos y otros similares, me sobrevino cierto temor de que no sería justo si, por mi parte, dejaba silenciados y sin recuerdo acontecimientos tan importantes y asombrosos, que serán útiles y provechosos para la [11] posteridad. Por consiguiente, me pareció que no estaba fuera de lugar intentar relatarlos 17 de alguna manera, para no consumir toda mi vida en el banal trabajo de mis fábulas míticas 18 sino producir también algo necesario. Y con sus alientos y estímulos me animaban y urgían a la acción muchos de mis amigos; entre ellos, el más insistente sin duda era Eutiquiano el joven, primer secretario de palacio, además de gran persona, muy inteligente, de buen nivel cultural y que había llegado a [12] ser el mejor adorno para la familia de Floro 19 . Este hombre, en efecto, dedicó mucha atención a mis asuntos y, al estar ocupándose intensamente en que mejoraran mi nombre y mis intereses, no dejaba de animarme y de demostrarme las benévolas esperanzas que tenía en mí. Me decía que no tenía que ver esta empresa como algo inútil e imposible ni sentirme espantado por probar algo nuevo, como los hombres de tierra adentro ante un viaje por mar 20 . Creía firmemente, además, que la Historia no estaba lejos de la Poesía, sino que ambas eran hermanas de la misma sangre y que quizá sólo se diferenciaban por el metro: el cambio era, pues, como ir de casa a mi segunda casa y por ello me exhortaba a proceder con confianza y a dedicarme a este empeño con todas mis fuerzas. Por supuesto, [13] con tales palabras, que hechizaban mi ánimo deseoso, le fue muy fácil conquistarme y convencerme. Y heme aquí: ojalá sea capaz de realizar una obra digna de beneplácito y proporcional a la magnitud de los acontecimientos.

PRESENTACIÓN DEL AUTOR

Hay que aclarar primero quién y de dónde soy, como es costumbre [14] entre los historiadores. Me llamo Agatías, Mirina es mi patria, Memnonio mi padre, mi trabajo el Derecho romano 21 y los procesos en los tribunales. La Mirina a la que me refiero no es la ciudad de Tracia ni ninguna otra con ese nombre que pudiera encontrarse en Europa o Libia, sino la de Asia 22 , antiguamente colonizada por los eolios, situada a ambos lados de la desembocadura del río Pítico, que transcurre desde Lidia para desembocar en el canal más alejado del golfo eleático 23 . [15] Ojalá pudiera recompensarla por su crianza hasta donde me fuera posible y escribir una exhaustiva relación de los hechos ilustres de mi patria; pero, por ahora, reciba benévola y amable mis buenos deseos, ya que he de dirigir mis pasos a asuntos generales de mayor envergadura 24 .

OBJETIVOS Y PLANTEAMIENTO DE LA OBRA

[16] Escribiré mis Historias no como otros lo están haciendo hoy en día: en efecto, ahora algunos han emprendido esta tarea, aunque en la mayoría de los casos sin preocuparse lo más mínimo de la verdad ni de contar a qué azar respondieron los acontecimientos 25 ; al contrario, prefieren adular y halagar tan claramente a la mayoría de los poderosos que si por casualidad [17] hubiesen dicho la verdad, no se les creería 26 . Los expertos en la materia 27 dicen que ponderar en exceso los méritos de alguien es característico sólo del género encomiástico y la Historia, aunque no desprecia en absoluto ensalzar a quien actúa bien, no quiere, creo, que éste sea su objetivo y marca; siempre que la manera de proceder conlleve alabanza o censura, no deben ni rechazarse ni maquillarse los hechos. En cambio, los que dicen [18] escribir Historia y hacen profesión de ello en la portada de su obra, al primer examen se ve que han jugado con ese título, pues a los que aún están vivos, sean reyes o cualquier otra persona importante, no sólo los ensalzan con el relato de sus hechos —lo que sería una falta leve—, sino que lo hacen con tanto descaro que no tienen otro afán que alabarles y encumbrarles mucho más allá de lo que merecen; pero a los que ya han muerto, fueran como fueran, los llaman criminales y destructores del bien público o, lo menos malo, los desprecian de tal modo que ni siquiera los nombran 28 . De esta manera creen [19] afianzar su situación y obtener para sí un provecho al mimar a quien esté en el poder, aunque están equivocados, porque a los que son objeto de sus halagos no les complace demasiado tal comportamiento, ya que creen que no será suficiente con lo ostensible de esa adulación para consolidar su fama 29 . En cualquier [20] caso, escriban estos autores como quieran o suelan, que yo por mi parte he de decir la verdad, hacia donde sea que ello me conduzca.

CONTENIDO DE LA OBRA

Recordaré cuántos hechos memorables hayan sucedido hasta ahora en el mundo romano 30 y en la mayor parte del mundo bárbaro, no sólo de hombres aún vivos, sino sobre todo de aquellos que ya se han ido y no omitiré nada digno de mención. [21] Por ello mismo, aunque me he puesto a escribir no antes de que Justino II alcanzara el poder imperial una vez muerto Justiniano 31 , comenzaré por la época anterior y me ocuparé con especial interés de lo que no haya sido tratado por nadie más.

[22] Y al haber sido ya registrados con exactitud la mayoría de los acontecimientos del reinado de Justiniano por el rétor Procopio de Cesarea 32 , he de pasarlos por alto, ya que están suficientemente tratados; en cambio, los posteriores a él los he de [23] exponer de la manera más completa posible. El proemio de su Historia lo constituye la muerte de Arcadio y el nombramiento de Isdigerdes, el rey persa, como tutor de su hijo Teodosio; los acontecimientos relacionados con Vararanes y Peroces y cómo Cabades, ya rey, perdió el poder y poco después lo recuperó 33 ; y cómo Amida fue capturada por él, cuando Anastasio era emperador de los romanos; y cuántas penalidades sufrió posteriormente Justino I por este asunto 34 . A continuación [24] uno puede informarse perfectamente en la obra de Procopio de las guerras persas 35 que llevó a cabo Justiniano, el emperador de los romanos, contra Cabades y Cosroes 36 en Siria, Armenia y las fronteras de Lázica 37 , y también de Gelimer el vándalo, la ciudad de Cartago y toda África, desde Bonifacio y Genserico y la revuelta de aquellos tiempos, hasta que muchos años después fuera dominada por Justiniano y volviera de nuevo a formar parte del Imperio romano 38 . Tras la ruina de [25] los vándalos, pueden incluso encontrarse en la obra todos los éxitos y desgracias de los moros cuando se rebelaron contra los romanos en muchas partes de Libia: cómo Estotzas y Gontaris, que estaban en el bando romano, se rebelaron 39 y fueron los verdaderos causantes de multitud de desgracias y de revueltas en Libia y cómo no cesaron los males hasta que aquellos dos hombres murieron 40 .

[26] Y de qué manera la revuelta intestina que se alzó en Bizancio contra el emperador alcanzando una gran magnitud causó la destrucción de los bienes públicos 41 ; también de las incursiones de los hunos, que pasaron entonces el río Istro e infligieron grandes daños en los dominios de los romanos, saqueando a los ilirios, los tesalios y la mayoría de los pueblos de Europa y de [27] parte de Asia, tras cruzar el Helesponto 42 . Asimismo, se encuentra allí de qué manera tan terrible fueron devastadas por Cosroes las ciudades de Sura en Siria y Berea y Antioquía, junto al río Orontes 43 , y también el asedio de Edesa y cómo se le rechazó y alejó de allí. También es posible en esta obra saber de las batallas entre etíopes y homeritas y la causa por la que llegaron [28] a tal hostilidad 44 . Se habla también largamente de la gran peste, de cómo en aquel momento se fue infiltrando en la humanidad y de cuántos hechos increíbles trajo consigo 45 . También [29] es en esta obra donde hay que leer las acciones que después llevó a cabo el ejército romano, en las ciudades de los lazos y en la fortaleza de Petra 46 , contra Corianes y Merméroes 47 y las hordas persas.

Después pasa al oeste y no falta en su obra ni el relato de [30] cómo murió Teodorico, el rey de los godos 48 , ni cómo su hija Amalasunta fue asesinada por Teodato 49 , ni ninguna de las causas por las que se desencadenó la guerra gótica, ni tampoco cómo Vitiges, que se convirtió en el caudillo de los godos después de Teodato 50 , fue vencido por Belisario tras numerosos combates y llevado a Bizancio 51 , ni tampoco cómo Sicilia, Roma e Italia expulsaron a los bárbaros extranjeros y se organizaron de nuevo según sus antiguas tradiciones 52 . Allí se puede [31] encontrar también que Narsés el eunuco fue enviado a Italia, convertido en general en jefe por el emperador y aquellas famosas campañas que llevó a cabo contra Totila; y cómo al morir éste, Teyas, el hijo de Fritigerno, obtuvo el poder y cómo [32] también él fue asesinado poco después 53 . Todos estos sucesos llevan hasta el año 26 del reinado de Justiniano y están recogidos en su totalidad en la obra de Procopio el rétor 54 . Por mi parte, era mi intención comenzar con los hechos inmediatamente posteriores a éstos y en ese punto me encuentro. Continúo, pues, con los acontecimientos.


1 Agatías se refiere aquí a dos de las facetas más significativas del reinado de Justiniano: las victorias militares y el embellecimiento de las ciudades, en especial Constantinopla, aunque en su obra se limita, en realidad, al primer aspecto.

2 Para el sentido religioso de la obra, véase Introducción 3.4.

3 El premio en las Olimpíadas era una corona de olivo silvestre y en los Juegos Nemeos, que se celebraban en el santuario de Zeus en Nemea en la Argólida, de apio. Ninguna de las dos plantas tenía en la Antigüedad un gran valor culinario, sólo era símbolo de triunfo y gloria en los Juegos.

4 El que los antiguos griegos participaran desnudos en los Juegos era una de las peculiaridades más llamativas para los romanos y consecuentemente también para los bizantinos. El cristianismo tampoco veía bien estos certámenes, que se entendían como festivales paganos. Su celebración fue prohibida por Teodosio I en el 393.

5 Samolxis o Salmoxis era una divinidad entre los getas, una tribu tracia de la que tenemos noticia por HERÓDOTO , IV 94-95. Este autor nos habla de una leyenda —que él rechaza— según la cual Samolxis fue esclavo de Pitágoras, del que había adquirido muchos conocimientos, así como de los egipcios. Después volvió con su pueblo, al que enseñó lo que había aprendido, especialmente sobre la inmortalidad. Los getas creían que al morir residirían con él. Cada cuatro años elegían a un mensajero al que le encargaban transmitir a Samolxis lo que necesitaban y que hacían morir con un complicado ritual. Véase también ESTRABÓN , Geografía VII 297. No está nada claro por qué Agatías cita aquí a este personaje, aunque llama la atención que frente a la historiografía occidental, para quien los getas son símbolo de sabiduría, Agatías insista en su «desvarío». Véase LAMMA , «Ricerche….», págs. 91-94.

6 Probable alusión a TUCÍDIDES , I 22, 4.

7 Las grandes obras del pasado —las Leyes de Platón o la Política de Aristóteles— sobre política se basan en una concepción moral, como la que defiende aquí Agatías. En el siglo VI d. C. la discusión teórica sobre la administración del Imperio y su cristianización se intensificó con obras como el anónimo Diálogo sobre la ciencia política , el Tratado sobre estrategia , las obras de Agapito y las reflexiones del propio Justiniano en los prefacios de las Novelas . Véase, para el tema, F. DVORNIK , Early Christian and Byzantine Political Philosophy: Origins and Background , Washington, 1966.

8 Sobre la concepción de la Historia aquí reflejada, véase Introducción 3.3.

9 No se ha conservado nada de esta obra. Sobre lo poco que sabemos de ella, véase Introducción 2.1.

10 Para la problemática secuencia temporal de la publicación de las Dafníacas y el Ciclo , véase Introducción 2.2.

11 El epigrama como género reúne unas características —poesía de ocasión, brevedad, capacidad alusiva, imitación y variación de modelos anteriores— que lo hacen especialmente dependiente de su contexto y por ello estos poemas son piezas que primero circulan oralmente —a excepción, naturalmente, de los epigramas inscritos—, y que sólo en ocasiones llegan a formar parte de una obra impresa, véase R. KEYDELL , «Epigramm», Reallexikon für Antike und Christentum 5 (1962), págs. 539-577, y para la época de Agatías, H. LAUXTERMANN , Byzantine Poetry from Pisides to Geometres. Texts and Contexts , vol. I, Viena, 2003, en especial págs. 19-54

12 Un aspecto importante de una antología de epigramas de temas y autores variados es el orden en que se leen. En este sentido, la de Agatías difiere de sus predecesoras —las de Meleagro y Filipo— en que ordena los poemas por temas, frente al alfabético o mixto de aquéllas.

13 No sabemos a qué obras se refiere. Véase, para las distintas, y nada seguras, hipótesis, Introducción 2.3.

14 Es decir, Platón. La cita hace referencia a Fedro 245a, donde se describe la poesía como uno de los tres tipos de locura divina. También ARISTÓTELES , Poética 1451a38-b11, dice que la poesía es más filosófica que la historia. Para la similitud entre Poesía y Filosofía planteada aquí por Agatías, véase KALDELLIS , «Agathias on history…», pág. 299, e Introducción 3.5.

15 «Conócete a ti mismo», la máxima inscrita a la entrada del templo de Delfos.

16 Durante todo el reinado de Justiniano, y también en los de sus sucesores, Justino II y Tiberio, las guerras se sucedieron sin tregua, tanto defensivas, contra Persia al este y los eslavos al norte, como ofensivas, contra los Estados germánicos bárbaros de la Europa occidental. Es curioso sin embargo que en el Proemio al Ciclo (AP IV 3, 98) —dirigido al Justiniano de los últimos años o a Justino en sus primeros momentos— hable de un mundo en paz.

17 No por casualidad utiliza la misma palabra que Tucídides en el inicio de su obra: syggrapheîn .

18 El término utlizado es mythología , una palabra no muy frecuente, utilizada, por ejemplo, por PLATÓN , Leyes 752a, etc., y que implica cierta idea de «cuento», referido más bien a «lo falso», que se opone a «lo verdadero» de la Historia.

19 No se sabe exactamente quién es este Eutiquiano; Floro puede ser quizá el padre de Pablo Silenciario, con quien Agatías tenía una relación íntima, véase Introducción 1. Los secretarios imperiales estaban organizados militarmente y tenían, además de su ocupación inicial de secretarios, otras diversas funciones. El primer secretario, por ejemplo, se encargaba del laterculum maius , el gran registro de funciones civiles y militares.

20 La comparación la utiliza ya ISÓCRATES , Cartas IV, 8.

21 En todas las épocas de la historia bizantina, la base del sistema jurídico la constituye el Derecho romano.

22 Los tres continentes para los bizantinos, Europa, Asia y Libia (África).

23 Ciudad de la costa eolia, a unos 37 km al sudoeste de Pérgamo, levantada en las orillas del río Pítico o Titneo, hoy el Güzelhisar Çayi. Agatías escribe desde Constantinopla, así que el canal más alejado es el más meridional desde su perspectiva.

24 La relación con su patria parece que fue intensa, como prueba la inscripción que acompañaba a una estatua suya (AP XVI 316) y que quizá obedeciese a la gratitud por la reconstrucción de unas letrinas públicas en su ciudad. Cf . Introducción 1, para la discusión sobre esta posibilidad.

25 Para el valor de týchē , azar o fortuna, véase Introducción 3.4.

26 El género encomiástico es uno de los más desarrollados en época de Agatías, al que se dedicaron incluso dos de los autores más admirados por él: Procopio en Edificios y Pablo Silenciario en su Descripción de Santa Sofía , y llenó, también, las páginas de la Historia. Para un catálogo de textos que lo reflejan, véase T. C. BURGESS , «Epideictic Literature», Studies in Classical Philolology 3 (1902), 89-261.

27 Probablemente se refiere a los manuales de retórica que establecían detalladamente los distintos subgéneros en literatura y oratoria, como por ejemplo los de Menandro, aunque en opinión de H. LIEBERICH , Studien zu den Proömien in der griechischen und byzantinischen Geschichtsschreibung I-II, Múnich, 1900 (reimpr. 1976), págs. 10-12, puede tratarse del opúsculo de LUCIANO , De cómo debe escribirse la historia , con el que la obra de Agatías presenta interesantes coincidencias, véase Introducción 3.5.

28 Así como la alabanza excesiva es frecuente en la época, lo es, igualmente, la crítica más despiadada, como la que aparece en la Historia Secreta de Procopio, cf . A. CARILE , «Consenso e dissenso fra propaganda e fronda nelle fonti narrative dell’età gustiniananea», en G. ARCHI (ed.), L’Imperatore Giustiniano storia e mito , Milán, 1978, págs. 37-93.

29 Este largo excursus repite ideas que se encuentran, por ejemplo, en la obra de LUCIANO , De cómo ha de escribirse la historia 9. Agatías parece tener a alguien concreto en mente, quizá a Procopio, según apunta CAMERON , Agathias , pág. 33.

30 Los hombres de la época de Agatías no se llaman a sí mismos «bizantinos» sino «romanos», ya que se sentían directos continuadores del Imperio romano.

31 Justiniano murió el 14-15 de noviembre del 565, tras haber confiado el poder, según CORIPO , Panegírico 167-198, a su sobrino Justino II, que es proclamado emperador la tarde misma de la muerte de Justiniano. Por otra parte, esta referencia da una fecha post quem para datar el principio de la redacción de las Historias , cf . Introducción 1.

32 Procopio de Cesarea, que murió pocos años después de Justiniano, fue el más importante historiador del período, autor de los ocho libros de Las guerras de Justiniano , la controvertida Historia Secreta y Sobre los edificios . De formación jurídica, fue durante muchos años el secretario de Belisario, al que acompañó en sus campañas militares. Fue, entonces, rétor, como el propio Agatías, ya que este término podía referirse a su profesión o formación jurídica y también a su trabajo como historiador, cf . Introducción, nota 11.

33 Arcadio murió en el 408. Isdigerdes murió en el 420; Vararanes V reinó del 420 al 440, Peroces, del 459 al 484, cf . PROCOPIO , Guerras I 2.

34 Cabades fue rey desde el 488 hasta el 496 y del 499 al 531. En el 503 se hizo con Amida, una ciudad de Mesopotamia, en un asedio que Procopio narra con detalle y que marcó el principio de la guerra persa. Anastasio murió en el 518 y Justino I reinó del 518 al 527. Cf. Guerras I 5-12.

35 Libros I y II.

36 Cosroes I (531-579). Agatías hablará, no obstante, de todos ellos, aunque brevemente, en su segundo excursus persa, IV 25-30.

37 La costa oriental del Ponto Euxino, la antigua Cólquide. Era una región estratégica que permitía el paso de las tribus norcaucasianas hacia el sur, por lo que era muy deseada por los persas.

38 La revuelta de Bonifacio, comes Africae , que se proclamó independiente del gobierno romano occidental en el 427, hasta la conquista por parte del rey vándalo Genserico en el 439, cuando tomó Cartago, cf. Guerras III 3, 14 ss. Gelimer usurpó el trono y fue el último rey vándalo de África (530-534). Fue derrotado por Belisario en el 534, cuando África se reincorporó al Imperio. Es el personaje central del libro III de las Guerras de Procopio.

39 La palabra utilizada es týrannos , que en estos contextos es sinónimo de «usurpador», como en PROCOPIO , Guerras I 24, 44.

40 Estotzas pertenecía a la guardia de corps del general romano Martino en la campaña de Libia (533) y Gontaris lo era de Salomón, gobernador de Libia. Los relatos de sus sediciones —que no llegaron a convertirse en una auténtica toma de poder— se encuentran en PROCOPIO , Guerras IV 15 ss.

41 En el 532 las facciones del circo, los «verdes» y los «azules», se rebelaron en el hipódromo contra la decisión del prefecto de la urbe de condenar a muerte a algunos de sus partidarios, convictos de asesinato, y se hicieron con la ciudad, que quedó arrasada. La revuelta se dominó tras una sangrienta intervención del ejército comandado por Belisario. Se llamó nikâ , ‘vence’, que era el grito de los conjurados. PROCOPIO , Guerras I 24.

42 El estrecho de los Dardanelos. PROCOPIO , Guerras VIII. Las incursiones de distintas tribus hunas y de eslavos que vivían al otro lado del Istro o Danubio fueron constantes en especial a partir del 540: en ese año los hunos llegaron al istmo de Corinto, en el 547 los eslavos llegaron a Dirraquio o Epidamno, en la actual costa albanesa; en el 551 avanzaban hacia el Egeo y siguieron así, como nos relata el propio Agatías a partir de V 11 ss.

43 PROCOPIO , Guerras II 5-13.

44 Los etíopes eran cristianos y los homeritas, que habitaban el actual Yemen, en parte judíos y en parte «helénicos», es decir, paganos, cf . PROCOPIO , Guerras I 20.

45 La peste comenzó en Egipto y en su segundo año, en el 542, llegó a Bizancio, cf. Guerras II 22-23.

46 Ciudad en la costa de Lázica, cuya fundación se narra en Guerras II 14, 9-13.

47 Ambos eran comandantes persas. De estas campañas se trata en Guerras VIII 1, 4 y 7-16.

48 Teodorico murió en el 526, Guerras V 1, 35-39.

49 Amalasunta fue asesinada en el 535, Guerras V 4, 27.

50 En el 536, Guerras V 11, 5 ss.

51 En el 540, Guerras V 1, 1.

52 Esto es, se libraron del dominio ostrogodo y volvieron a ser «romanas» Sicilia en el 535, Roma en el 536, en el 540 se tomó Rávena, con lo que, en teoría, se daba por concluida la campaña de Italia; ésta, sin embargo, no llegó a acabar nunca. La guerra gótica se trata en Guerras V-VIII.

53 Narsés fue enviado a Italia en el 552, tras la reconquista de gran parte de Italia, Sicilia y Cerdeña; en ese mismo año, Narsés derrotó a Totila, Guerras VIII 21 ss. Cf . nota 55.

54 El año 552. Los siete primeros libros de Guerras fueron publicados hacia el 550-551, y relatan hechos sucedidos entre el 527 y el 550, ordenados por escenarios bélicos; el libro VIII describe los acontecimientos del 550 al 553 en todas las zonas; su fecha de composición se sitúa en el 554. Véase J. SIGNES , «Introducción», en PROCOPIO , Historia Secreta , Madrid, 2000, págs. 29-36, y G. GREATREX , «Recent Work on Procopius and the Composition of Wars VIII», Byzantine and Modern Greek Studies 27 (2003), 45-67.

LIBRO I


SINOPSIS

La guerra de Italia:

(552-invierno 553/554 ) Tratado con los godos (1, 1). Reflexiones sobre la naturaleza humana (1, 2-5). Dispersión de los godos y acercamiento a los francos (1, 6-7).

Excursus franco:

Situación geográfica (2, 1-2). Organización política (2, 3-8). Historia de los últimos reyes francos (3). Planes de guerra de Teodeberto (4, 1-4). Muerte de Teodeberto (4, 5-6). Embajada de los godos ante Teodebaldo (5): Resultado de la embajada (6, 1-2). Características del pueblo alamán (6, 3-7, 2): Reflexiones sobre las prácticas religiosas paganas (7, 3-7). Los preparativos de Leotaris y Butilino para la campaña (7, 8-9).

El sitio de Cumas:

Planes de Narsés (8, 1-2). Características y defensa de la ciudad (8, 3-6). Comienza el ataque (9, 1-3). Aligerno mata a Paladio (9, 4). Narsés intenta destruir la ciudad a través de la gruta dela Sibila (9, 5-10, 9). Narsés dirige la campaña hacia Emilia y Toscana (11).

El caso de Luca:

La ciudad no se somete al tratado (12, 1-4). Narsés finge ejecutar a los rehenes (12, 5-9). Hace un trato con los habitantes (13).

El ejército romano en Emilia (14, 1-3):

Fulcaris ataca Parma (14, 3-7). Muerte de Fulcaris (15, 1-5). Los generales romanos se retiran a Faventia (15, 6-11). Carácter de Narsés (16, 1-2). Arenga de Narsés (16, 3-10). Misión de Estéfano en Faventia (17-18, 2). Fin del asedio a Parma (18, 3-8). Narsés se dirige a Rávena para pasar el invierno (19). Aligerno entrega Cumas (20, 1-7). Narsés nombra a Sindual nuevo comandante de los hérulos (20, 8). Narsés intenta desanimar a los godos a través de Aligerno (20, 9-11). Narsés vence a los francos en una escaramuza en los alrededores de Arímino (21-22).

LA GUERRA DE ITALIA

Tratado con los godos

[1 ] Teyas, convertido después de Totila en caudillo de los godos, tras reunir sus fuerzas y comenzar una guerra en todos los frentes contra Narsés y los romanos, sufrió una derrota absoluta y él mismo murió en la batalla 55 . Los godos supervivientes, perseguidos sin pausa por los romanos y agobiados por sus incursiones y por el hecho de encontrarse hacinados en un lugar sin agua, firmaron una tregua con Narsés, según la cual gozarían sin traba alguna de la posesión de su propia tierra pero seguirían siendo en el futuro súbditos del emperador romano 56 . Con este resultado, a todos les pareció que se habían acabado las guerras en Italia; pero era sólo el principio 57 .

Reflexiones sobre la naturaleza humana

Tales desgracias, creo, no van a cesar en nuestro tiempo; al [2] contrario, siempre se mantienen y con más intensidad, mientras sea ésta la naturaleza humana que desde el principio, según dicen, ha acompañado nuestra existencia 58 . Llena está la Poesía, llena la Historia de batallas y luchas y casi no podrás encontrar otra cosa escrita en ellas. No creo que la causa sea, como dicen [3] muchos, el movimiento de las estrellas, el destino o alguna otra fuerza irracional 59 : pues si fuera el hado quien gobernara todos los asuntos, quedaría suprimido el libre y voluntario albedrío de los hombres y todo consejo, oficio e instrucción, todo ello lo tendríamos por inútil y sin sentido y se evaporarían estériles las esperanzas de los hombres íntegros 60 . Ni tampoco creo que [4] haya que pensar en absoluto que es la Divinidad la causa de las contiendas y las muertes violentas, pues es un ser bondadoso y protector y no podría decir que sanguinario y violento ni podría creer a quien lo diga. Son las almas de los hombres las que se [5] dejan caer libremente en la codicia y la maldad y llenan todo de guerras y desórdenes; a partir de allí sobrevienen infinitos desastres, naciones enteras quedan arruinadas y se padecen otras mil calamidades 61 .

Dispersión de los godos y acercamiento a los francos

[6] Lo mismo sucedió entonces con los godos, cuando firmaron el tratado y decidieron, unos, los que vivían antes al sur del Po 62 , extenderse hacia Toscana y Liguria y allí donde quisieran según su gusto y costumbre; los otros, cruzando el río, se dispersaron por Venecia y por las ciudades y plazas fuertes de esa zona, en la que ya habían vivido antes 63 . Una vez que se encontraban en este territorio, lo conveniente para ellos era asegurar con sus actos los términos del tratado, mantener a salvo sus posesiones y de esta manera alejarse de tan prolongados peligros y descansar por fin de conflictos, pero esperaron muy poco a [7] causar otros nuevos y así dar origen a otra guerra. Cuando se dieron cuenta de que por sí mismos no podían enfrentarse a los romanos, enseguida se volvieron hacia los francos, pensando que así mejorarían su situación y contarían con apoyo más que suficiente si inmediatamente después de establecer alianzas con los vecinos reanudaban la lucha.

«EXCURSUS» FRANCO 64

Situación geográfica

Los francos son los vecinos que hacen frontera con Italia. [2 ] Podrían ser los que antiguamente se llamaban germanos 65 ; la prueba es que viven en las tierras a orillas del Rin y tienen el dominio de la mayor parte de las Galias 66 —aunque no desde hace mucho, sino que la han conquistado recientemente— y también la ciudad de Masalia, la colonia de los jonios 67 . Esta [2] ciudad la fundaron antiguamente los foceos de Asia, expulsados por los medos cuando era su rey Darío, el hijo de Histaspes 68 ; ahora, de ser una ciudad griega, ha pasado a ser bárbara: ya no sigue su organización política ancestral sino las leyes de los conquistadores, pero incluso ahora no parece ser muy inferior a la excelencia de sus antiguos habitantes.

Organización política

[3] Pues los francos no son nómadas, como algunos bárbaros, sino que, en general, tienen una forma de gobierno y unas leyes como las romanas 69 y también se rigen del mismo modo en [4] asuntos como contratos, matrimonio y ritos religiosos 70 . Son todos cristianos y seguidores de la más firme ortodoxia 71 ; tienen magistrados y sacerdotes en las ciudades y celebran las mismas fiestas que nosotros. Por ello me parece que, aun siendo bárbaros, son cultos y civilizados en extremo y que lo único que los diferencia de nosotros es su ropa bárbara y su lengua propia. Yo [5] les admiro extraordinariamente por otras virtudes, en especial por la justicia y la armonía que reina en sus relaciones mutuas. Muchas veces en el pasado y también en mi tiempo ha sucedido que el reino quedara repartido entre tres o incluso más reyes y jamás se han declarado la guerra unos a otros ni han consentido en manchar el suelo patrio con sangre fraterna. Ciertamente, [6] cuando grandes potencias se presentan como adversarias en igualdad de fuerzas, entonces es inevitable que surjan actitudes rígidas y soberbias, al tiempo que aparecen, como es natural, la ambición, la rivalidad y otros miles de pasiones fecundas en desórdenes y revueltas; sin embargo entre ellos, sean las que sean las partes en las que está dividido el reino, nunca sucede nada de esto. Aunque si se da el caso y se origina algún conflicto [7] entre los reyes, se aprestan en un lugar como para pelear y resolver el asunto por las armas. Pero en cuanto los ejércitos se encuentran cara a cara, de inmediato suspenden las hostilidades, recuperan la concordia y exigen a sus caudillos que diriman sus diferencias por vía legal y si no, que sean ellos quienes expongan sus vidas enfrentándose en singular combate, pues no es de ley, ni divina ni humana, que por desacuerdos personales se ponga en peligro y se perjudique el bien común. Así que rompen filas, deponen las armas y vuelve la paz, la armonía, las relaciones amistosas y la comunicación entre ellos y se aleja la desgracia 72 . Así de justos y amantes de su patria son los súbditos y pacíficos y con buena predisposición en los momentos críticos sus líderes.

De ello resulta también que tienen un poder y una legislación fuerte y estable y un territorio del que no han perdido nada sino que lo han engrandecido. Pues son precisamente los pueblos en los que se cultivan la justicia y la benevolencia los que tienen un estado próspero, estable y muy poco expuesto al ataque enemigo.

Historia de los últimos reyes francos

[3 ] Por consiguiente, los francos, con esta vida inmejorable, gobiernan su propio territorio y el de sus vecinos, pasando el reino de padres a hijos. En el tiempo en que los godos les enviaron la embajada, tenían tres reyes. Creo que no está fuera de lugar interrumpir el curso de mi relato para remontarme un poco en la historia de la dinastía y en los acontecimientos previos antes [2] de llegar a quienes reinaban entonces 73 . Childeberto y Clotario, Teodorico y Clodomiro eran hermanos. Cuando murió su padre Clodoveo 74 , se dividieron el reino en cuatro partes que resultasen [3] en ciudades y gentes, creo, iguales entre sí 75 . No mucho después, Clodomiro atacó a los burgundios (pueblo godo dedicado en cuerpo y alma a la guerra) y murió en mitad de la batalla por una herida de jabalina en el pecho 76 . Cuando, al desplomarse, los burgundios vieron que su cabellera flotaba suelta por los hombros, comprendieron al momento que habían matado al caudillo de los enemigos. Pues es costumbre entre los reyes [4] francos no cortarse jamás el pelo, sino que, desde niños, se dejan crecer la melena y la llevan cayendo por la espalda, mientras que los mechones de delante quedan separados a ambos lados de la frente, pero no desde luego como las melenas de los turcos y los ávaros, desgreñadas, resecas y sucias, recogidas de cualquier manera en un nudo 77 : al contrario, les aplican una gran variedad de jabones y las peinan con mucho cuidado. Es un uso, sin embargo, sólo permitido a la familia real como signo y privilegio especial, ya que las clases bajas se cortan el pelo en redondo y no pueden de ninguna manera dejárselo largo 78 . Entonces los burgundios le cortaron la cabeza a Clodomiro y se [5] la mostraron a su tropa, que al instante se convirtió en un ejército lleno de miedo y desesperación; con el ánimo vergonzosamente quebrantado, se volvieron temerosos e incapaces de seguir luchando, de modo que con el tratado de paz cuyas condiciones les parecieron a los vencedores más provechosas, quedó acabada la guerra y las huestes francas que resultaron sanas [6] y salvas se alegraron de volver a casa 79 . Una vez muerto Clodomiro, su reino se dividió entre sus hermanos, ya que él no tenía hijos 80 . Poco después, también murió, de enfermedad, Teodorico, dejando a su hijo Teodeberto sus bienes y su rango 81 .

Planes de guerra de Teodeberto

[4 ] Cuando recibió la herencia paterna, Teodeberto sometió a los alamanes y a otros pueblos vecinos 82 , pues era hombre osado y violento en extremo y le gustaba correr peligros completamente innecesarios 83 . Por ello, cuando se desencadenó la guerra entre los romanos y Totila, el rey de los godos, a Teodeberto se le ocurrió un plan que preparó con mucho cuidado: mientras Narsés y su ejército estaban ocupados y enredados en Italia, él reuniría unas tropas fuertes y belicosas con las que llegar a Tracia y, una vez sometida toda la zona, declarar la guerra a Bizancio, la capital imperial. Estaba completamente seguro de sus [2] propósitos y llevó sus preparativos hasta el punto de enviar embajadas a los gépidos, longobardos 84 y otras etnias vecinas, con el fin de que también participaran en la guerra. Y es que no podía [3] soportar que el emperador Justiniano en sus edictos se llamase «franco» y «alamano» y también «gépido» y «longobardo» y otros epítetos similares, como si hubiera sometido a todos estos pueblos: no perdonaba de ningún modo la afrenta 85 y esperaba que los demás, igualmente ofendidos, se sintieran tan injuriados [4] como él. Yo creo que aunque hubiera llevado a cabo la campaña, su temeridad no habría llegado a buen puerto y habría tenido una muerte oscura al encontrarse con las tropas romanas en Tracia o quizá en Iliria. Pero el hecho de que se le ocurriese la idea, de que la aceptase, se pusiera a ello y llegara a hacer todo lo que hizo, sería prueba más que suficiente de que ese hombre era salvajemente temerario y que identificaba la valentía con la locura y el delirio, así que si la muerte no hubiera abortado su empresa, quizá incluso habría comenzado su expedición.

Muerte de Teodeberto

[5] Un día que iba de caza, se le puso enfrente un toro enorme de afilados cuernos, no como esos otros domesticados que llevan el arado, sino salvaje y montaraz, de los que matan a sus adversarios con los cuernos. Creo que los de esa raza se llaman búfalos. Vive un gran número en aquella zona, pues los valles de bosques cerrados, los montes de espesa vegetación y las gélidas tierras les [6] resultan el lugar perfecto para vivir. Cuando Teodeberto vio al toro saliendo al galope de un claro y embistiendo hacia él, se quedó apostado bien firme sobre sus piernas, para hacerle frente con su lanza. Estaba ya el búfalo cerca de él cuando, llevado por el impulso de su carrera, se dio con la testuz en un árbol, no de los más grandes. Con la sacudida, todo el árbol se agitó a un lado y a otro y de resultas una rama, la mayor de las que se habían desgajado violentamente del árbol, cayó golpeando la cabeza de Teodeberto. Éste, herido de extrema gravedad, se desplomó fulminado sobre su espalda y, aunque consiguieron llevarlo rápidamente a su casa, murió ese mismo día 86 . Le sucedió su hijo Teodebaldo, [7] que era sólo un niño y aún estaba al cuidado de un tutor: pero la costumbre ancestral le exigía ocupar el trono.

EMBAJADA DE LOS GODOS ANTE TEODEBALDO

En ese momento, cuando Teyas había muerto 87 y los intereses [5 ] de los godos iban a precisar de ayuda exterior para el futuro, los reyes francos eran el joven Teodebaldo y también Childeberto y Clotario, los tíos abuelos del niño, como se llamarían en el Derecho romano. Sin embargo, a los godos no les pareció [2] buena idea dirigirse a estos dos últimos, ya que vivían muy lejos 88 , y en cambio sí enviaron una embajada oficial a Teodebaldo, pero no en nombre de todo el pueblo godo, sino sólo de los que habitaban al otro lado del Po. Los demás también se complacían con la revolución y la ruptura del orden establecido pero, asustados ante lo desconocido del futuro y temerosos de la inestabilidad de la fortuna, mantuvieron su decisión en suspenso, pendientes y atentos al desarrollo de los acontecimientos, con la intención de unirse al bando ganador. Cuando llegaron [3] los embajadores de aquellos godos ante la presencia del rey y de todos los altos cargos les pidieron no dejarse oprimir por los romanos, sino participar en la batalla y acudir en auxilio de un pueblo vecino y amigo que corría el peligro de una rápida [4] aniquilación. Les explicaron que sería muy conveniente para ellos no permitir que los romanos se alzasen con todo su poder e impedir por cualquier medio su expansión. «Si acaban con todo el pueblo godo, en no mucho tiempo —dijeron los embajadores— irán contra vosotros y revivirán las antiguas guerras. [5] No les faltará, sin duda, una causa bien disfrazada como excusa de su codicia, por la que parecerá que os atacan en justicia, teniéndose por Marios y Camilos 89 y tantos Césares que hace tiempo lucharon con los germanos superiores y dominaron todas las tierras alrededor del Rin. Parecerá así que no cometen un atropello, sino que, al contrario, entablan una guerra justa, no para pretender lo ajeno, sino para recuperar lo de sus antepasados. [6] A nosotros nos han lanzado la misma acusación: como en el pasado Teodorico, nuestro fundador y caudillo, tomó Italia por la fuerza, nos han arrebatado nuestras posesiones, han matado a la mayoría de nuestra raza y han esclavizado sin miramientos a las mujeres y los hijos de nuestros hombres más [7] gloriosos. Y eso que Teodorico no la conquistó por la fuerza, sino que se quedó con Italia después de entregársela su propio emperador, Zenón; no se la arrebató a los romanos —pues ya no era suya—, sino que mató al extranjero Odoacro, el usurpador, y ocupó todas sus posesiones por derecho de conquista 90 . Sin embargo ellos, desde que están de nuevo en una posición [8] de fuerza, en nada han actuado con justicia: primero manifestaron abiertamente su cólera contra Teodato por lo sucedido con Amalasunta y utilizaron esto como pretexto y punto de partida para la guerra 91 ; hasta el momento no han cejado en su empeño y siguen actuando violentamente, ellos, los sabios y temerosos de Dios que se ufanan de ser los únicos capaces de gobernar con justicia. Para que vosotros no sufráis lo mismo y no os arrepintáis [9] después por no haber reaccionado en el momento preciso, adelantaos al enemigo y no desaprovechéis esta oportunidad: enviad contra ellos un ejército preparado, con un general experto elegido de entre los vuestros, para que triunfe en la guerra contra los romanos echándolos rápidamente de aquí y recuperando vuestro territorio. Si actuáis así, haréis un gran favor al [10] pueblo godo que os aclamará como sus salvadores y protectores y al tiempo aseguraréis vuestros intereses, si no vais a tener ningún vecino hostil; además, conseguiréis grandes cantidades de dinero: el botín que obtengáis de los romanos y también lo que os vamos a pagar nosotros.»

Resultado de la embajada

Cuando los embajadores acabaron de hablar, Teodebaldo, [6 ] que era un adolescente de mala condición, cobarde, enfermizo y con un pésimo estado físico 92 , por todo esto no podía sino estar en desacuerdo con los embajadores y pensar que no había ninguna necesidad de pasar penalidades propias por desgracias [2] Pero Leotaris y Butilino, aunque la alianza no era en absoluto del agrado del rey, la aceptaron por propia iniciativa 93 . Estos dos hombres eran hermanos y alamanes de raza y mantenían un gran poder entre los francos hasta el punto de gobernar a su propio pueblo, algo permitido hacía tiempo por Teodeberto 94 .

CARACTERÍSTICAS DEL PUEBLO ALAMÁN

[3] Los alamanes, si seguimos a Asinio Cuadrado 95 , un autor italiano que con mucho acierto escribió sobre Germania, son una chusma mestiza y eso es lo que significa su nombre 96 . Antes, [4] cuando el emperador 97 godo Teodorico era dueño de toda Italia, como súbditos suyos estaban obligados al pago de un tributo 98 . Pero cuando murió 99 y estalló la gran guerra entre el emperador romano Justiniano y los godos, entonces éstos, que querían congraciarse con los francos y convertirlos en sus más fieles aliados, se marcharon de muchas zonas y dejaron tranquilo también al pueblo alamán 100 . Pensaban también que en [5] esa situación debían agrupar sus fuerzas dispersas y retirarse de aquellos dominios que resultasen superfluos y de poco interés, ya que ahora no sólo iban a combatir por el poder y el prestigio, sino que en breve se iban a jugar Italia misma y su propia y completa destrucción. Así se anticiparon al incierto futuro decidiendo por sí mismos y transformaron la necesidad en libre [6] voluntad. En estas circunstancias, Teodeberto sometió al pueblo alamán, ahora abandonado por los godos y, una vez que murió, como ya he relatado 101 , pasaron a manos de su hijo Teodebaldo junto con los demás súbditos.

[7 ] Tienen sus propias costumbres ancestrales 102 , pero en lo que respecta al gobierno y la administración pública siguen la organización de los francos, de la que sólo se separan en lo religioso, pues rinden culto a algunos árboles, corrientes de agua, colinas y barrancos y para honrarles, como si fuera un acto sagrado, degüellan caballos, bueyes y otros muchos animales. [2] Pero lo cierto es que la convivencia con los francos, muy beneficiosa, los está civilizando también en este aspecto y ya está atrayendo a los más sensatos y creo que en no mucho tiempo lo hará con todos.

Reflexiones sobre las prácticas religiosas paganas

[3] Pues lo irracional y sin sentido de sus creencias es claro y diáfano incluso para aquellos que las practican, como no sean completamente estúpidos, y por ello pueden abandonarlas con facilidad. Los que no llegan a la verdad son todos más dignos de piedad que de censura y merecen recibir el perdón 103 . Desde luego, no están confusos y equivocados porque quieran, sino que en su búsqueda del bien se forman un juicio erróneo y a partir de ahí se abrazan firmemente a sus creencias, cualesquiera que sean. No sé si las palabras son suficientes para aliviar lo [4] cruel y demoníaco de los sacrificios cuando se ofrecen a los bosques, como sucede evidentemente entre los bárbaros 104 o como sucedía antaño en los ritos de los griegos en honor de aquellos a los que tenían por dioses. En mi opinión, a ningún [5] ser le agradan unos altares manchados de sangre y la matanza violenta de unos animales. Y si se diera el caso de que hubiera alguno que lo aceptara, no sería ni bueno ni amable, sino, al contrario, salvaje y trastornado, como las vacuas criaturas de los poetas: Terror, Huida, Enío 105 , Locura y Discordia, la «irresistible», como la llamaban 106 . También puedes añadir, si quieres, al que los persas llaman Ahriman 107 y los demás monstruos maléficos y sanguinarios de los infiernos. Quizá a alguno le parezca [6] que estas reflexiones no tienen que ver con la narración, que son superfluas y ajenas a lo que nos habíamos propuesto hacer, pero a mí me gusta mucho poner al descubierto lo que llega a mi conocimiento, alabarlo si es bueno y, si no, condenarlo abiertamente y mostrar su perjuicio. De hecho, si la Historia no [7] tuviera esta ventaja, que es servir de guía y ayuda para la vida y quedara reducida a un relato simple y no analizado de unos sucesos 108 , correría el peligro de ser considerada poco más —y espero no ser demasiado duro— que cuentos de mujeres a la vera del telar 109 . Ahora bien, sobre este tema crea cada uno lo que mejor le parezca, mientras yo sigo con mi narración anterior.

LOS PREPARATIVOS DE LEOTARIS Y BUTILINO PARA LA CAMPAÑA

[8] Leotaris y Butilino, al principio, cuando decidieron atacar a los romanos, estaban tan exultantes y ansiosos que no podían llevar una vida normal. Creían que el general Narsés no resistiría ni el primer ataque y que se harían dueños de toda Italia y la ocuparían hasta Sicilia. Decían que les asombraba que los godos estuviesen aterrorizados ante un afeminado debilucho acostumbrado a una vida cómoda y muelle, completamente inútil como [9] hombre. Envanecidos por tales ideas y con un plan de batalla igualmente arrogante, reunieron un ejército de setenta y cinco mil robustos soldados, entre francos y alamanes, y se prepararon para la guerra con el fin de invadir Italia inmediatamente 110 .

EL SITIO DE CUMAS

Planes de narsés

El general romano Narsés todavía no tenía noticia exacta de [8 ] estos hechos; sin embargo, como gozaba de una gran intuición y estaba siempre deseoso de anticiparse a los movimientos de los enemigos, decidió tomar por la fuerza las ciudades de la Toscana que aún se encontraban bajo el dominio godo 111 . No [2] presumía de la victoria más allá de lo normal ni se había convertido en un engreído fanfarrón dedicado, tras tantos esfuerzos, a una vida de placer y comodidades, como le podía haber sucedido a cualquier otro; al contrario, tan rápidamente como pudo reunió al ejército y lo dirigió hacia Cumas 112 .

Características y defensa de la ciudad

Cumas es una ciudad italiana fortificada en extremo, que resulta muy difícil de tomar por parte del enemigo. Se asienta en [3] una colina inaccesible y escarpada que mira sobre el mar Tirreno: la colina se alza en la costa, así que su base la rodea un oleaje violento y rugiente, mientras en la parte alta una poderosa muralla está rodeada de torres y almenas. Por ello Totila y Teyas, los anteriores [4] reyes de los godos, guardaban sus más valiosas y preciadas posesiones en esta fortaleza, por ser tan segura. Y éste fue [5] precisamente el lugar al que Narsés llegó, teniendo como objetivos prioritarios tomar la ciudad lo más rápidamente posible y apoderarse de sus riquezas, para que los godos no tuvieran una base de operaciones segura y obtener de esta victoria el máximo [6] provecho. Aligerno, el hermano más joven de Teyas 113 , último rey de los godos, estaba en el interior del recinto; había reunido en torno suyo el mayor ejército que había podido y sus intenciones no eran en absoluto pacíficas. Sin duda ya había tenido cumplida noticia de que Teyas había muerto en la batalla y de que a los godos les iban muy mal las cosas, pero ni aun así se marchó ni se amedrentó ante su mala fortuna; al contrario, como confiaba en el enclave y en la abundancia de víveres, se sentía lleno de valor y de arrogancia, capaz de rechazar cualquier ataque.

Comienza el ataque

[9 ] Mientras tanto, Narsés daba la orden de mando y hacía avanzar su ejército. Los que, con mucho esfuerzo, habían subido a la colina y se habían acercado a la fortaleza, inmediatamente comenzaron a lanzar las jabalinas a los que aparecían en las almenas, los arcos resonaban al lanzar sus innumerables flechas, se disparaba con las hondas hacia arriba y toda la maquinaria de guerra adecuada para el asalto a una ciudad se ponía en movimiento. [2] Los hombres que se encontraban con Aligerno en lo alto de los lienzos de muralla luchaban sin descanso disparando a su vez jabalinas y flechas, además de lanzar con sus propias manos grandes piedras, troncos, hachas y cualquier cosa que pudiera servir y hacían uso también de todo tipo de máquinas de guerra [3] defensivas, pues nada les era inútil. Los disparos de Aligerno eran fácilmente reconocibles por los romanos, ya que lanzaba las flechas con un gran zumbido y con una increíble velocidad, tanto que, aun cayendo sobre una piedra o cualquier cosa dura y seca, la destrozaba por la fuerza de su impulso.

Aligerno mata a Paladio

Por ejemplo, cuando Aligerno vio nada menos que a Paladio [4] —Paladio no estaba entre los hombres más indolentes de Narsés, al contrario, era uno de los más importantes comandantes y un oficial destacado en el ejército romano— enfundado en su coraza de hierro y atacando el muro con gran coraje, inmediatamente le lanzó desde lo alto una flecha que atravesó el escudo, la coraza y a Paladio de parte a parte. ¡Así de extraordinaria era su fuerza, y así de poderosos sus brazos al lanzar la flecha!

Narsés intenta destruir la ciudad a través de la gruta de la Sibila

De esta manera durante muchos días se sucedieron las escaramuzas [5] y ninguno de los dos bandos veía cumplirse sus expectativas: a los romanos les parecía vergonzoso retirarse antes de haberse apoderado del lugar y estaba claro que los godos no tenían ninguna intención de entregar la fortaleza.

Narsés estaba profundamente indignado y disgustado por el [10 ] mucho tiempo que los romanos estaban consumiendo en un bastión tan pequeño. Después de darle muchas vueltas y analizarlo detalladamente, decidió que tenía que hacer una tentativa contra la fortaleza, que era como sigue. En el extremo oriental de la colina [2] hay una caverna completamente cubierta y tan amplia que resulta un santuario natural y una gruta inmensa de abismales dimensiones. Dicen que antiguamente vivía allí la famosa Sibila de Italia, que estaba poseída por Apolo y tenía dotes proféticas y adivinaba el futuro a los que la consultaban. También se dice que cuando llegó allí Eneas el hijo de Anquises, la Sibila le anunció [3] todo lo que le iba a suceder en el futuro 114 . Pues bien, parte del recinto se encontraba sostenido y apoyado sobre la gruta. Cuando Narsés se dio cuenta pensó que le beneficiaba e inmediatamente mandó bajar a todos los hombres posibles a lo más profundo de la caverna con herramientas para partir y horadar la piedra; así fue picando y desmontando poco a poco el techo de la cueva, sobre el que descansaba la muralla, y excavó y despejó la base de la construcción hasta dejar completamente al descubierto [4] el arranque de los cimientos 115 . Entonces lo apuntaló con armazones regulares de madera y de esta manera sostuvo todo el peso de las murallas, para que no fuera derrumbándose paulatinamente y no se desmoronara toda la estructura, lo que revelaría a los godos lo que estaban haciendo en los muros, pues en ese mismo momento acudirían a remediar los daños sufridos y a extremar [5] la seguridad para el futuro. Y por lo mismo, para que no se dieran cuenta de lo que estaba pasando y no oyeran el ruido de la excavación, el ejército romano atacó la parte alta de la muralla, con tal griterío y estruendo que el ruido y la confusión sobrepasaban con mucho los naturales en un asalto. Cuando ya toda la [6] muralla que se apoyaba en la cueva colgaba en el aire y se sostenía sobre los maderos, que eran su único apoyo en sentido vertical, entonces apilaron debajo hojas y ramas secas que ardiesen fácilmente, lo prendieron y salieron de allí. No mucho después [7] de que comenzara el fuego las vigas quemadas se desmoronaron y quedaron reducidas a nada; la parte de la fortificación que descansaba sobre ellas se derrumbó entera y cayó al vacío: sus torres y baluartes se desgajaron del resto del edificio y se desplomaron hacia delante. La puerta correspondiente a ese lado, firmemente atrancada a causa de la presencia enemiga, con sus cierres bien vigilados por los guardias, cayó, de la sacudida, a las rocas de la orilla, junto con sus pasadores y cerrojos, y todo quedó allí batido por las olas, las jambas, la cornisa, el dintel y las bisagras enganchadas en el umbral. Cuando sucedió esto, a los romanos les [8] pareció que a partir de ese momento iba a ser fácil alcanzar la ciudad y hacerse con los enemigos, pero sus esperanzas fracasaron, pues las grietas y los pedazos de piedra por allí diseminados, tanto de la colina como de las construcciones interiores, hacían que el lugar fuese no menos inaccesible e infranqueable que antes. A pesar de ello, Narsés lanzó enseguida un asalto aún más [9] enérgico contra la plaza para tomarla ya de una vez. Pero los godos formaron allí un grupo de resistencia muy fuerte, que repelió el ataque. Nada más pudo hacer entonces.

NARSÉS DIRIGE LA CAMPAÑA HACIA EMILIA Y TOSCANA

Al resultar imposible apoderarse del lugar por medio de ataques [11 ] o incursiones, decidió que no podía tener ocupado allí a todo el ejército y se dirigió a hacerse con el control de Florencia, Centumcellae 116 y otras ciudades de Toscana para adelantarse [2] así al asalto del enemigo. Pues ya había sido informado de que Leotaris y Butilino, con las fuerzas francas y alamanas, se encontraban al sur del Po 117 ; por ello, lo más rápidamente posible, [3] dirigió hacia allí al grueso de su ejército. Filemut, el general de los hérulos que le acompañaban 118 , había muerto pocos días antes por enfermedad y le pareció que debían tener otro general de su propio pueblo; sin perder un momento nombró a su compatriota Fulcaris, el sobrino de Faniteo, al que ordenó, junto a Juan el sobrino de Vitaliano, a Valeriano y Artabanes 119 , y a los otros generales y comandantes que, con la parte mayor y más poderosa del ejército, dejaran atrás la cordillera de los Alpes, que se encuentra entre Toscana y Emilia 120 , llegaran hasta el río Po y acamparan en sus proximidades; tenían además que apoderarse de todas las plazas fuertes de la zona para así impedir cumplidamente la entrada de los enemigos. Si podían [4] rechazarlos por completo, tendrían que agradecérselo a la fortuna, pero si su superioridad numérica no se lo permitía, debían estorbar su avance y no dejarles tranquilos en su camino, asustándolos y manteniéndolos alejados cuanto pudieran, hasta que consiguiesen tener todos sus objetivos bajo control. Según estas órdenes, se pusieron en marcha. Por otra parte, dejó en Cumas [5] una fuerza considerable, que sitiara la ciudad y mantuviera encerrados a los enemigos en un asedio prolongado. Rodearon el lugar con una empalizada y pusieron vigilancia en las aberturas por si alguien salía en busca de forraje, pues creían que después de tanto tiempo sitiados tenían ya que escasear los víveres.

Narsés, en su ataque a las ciudades, se anexionó la mayoría sin [6] ninguna dificultad. Por ejemplo, los florentinos salieron a su encuentro y, al garantizárseles que no iban a sufrir ningún daño, se entregaron ellos y sus bienes. Centumcellae hizo lo mismo. También Volaterra, Luna 121 y Pisa. Tenía tanto éxito que a medida que avanzaba en su recorrido, todo iba cayendo bajo su mando.

EL CASO DE LUCA

La ciudad no se somete al tratado

Salvo los habitantes de Luca 122 , que intentaron dar largas y [12 ] no comprometerse. El caso es que antes habían firmado un tratado con Narsés, dándole rehenes y garantía bajo juramento de que, si pasados treinta días no llegaba en su ayuda ninguna fuerza aliada que les permitiera hacerles frente y presentar batalla, no desde las torres y las murallas, sino en campo abierto, entonces, si esto no sucedía, en el acto rendirían y entregarían [2] la ciudad. Creían que no estaban lejos los francos, con cuya ayuda contaban, y habían firmado un tratado con tales términos por la confianza que tenían en ellos. Pero cuando el plazo pasó y allí no se presentó nadie, su propósito fue ignorar por [3] completo el tratado. Naturalmente, Narsés, al verse así engañado, montó en cólera y se preparó para asaltar la ciudad 123 . Algunos de sus hombres pensaban que todos los rehenes debían ser ejecutados, como lo iban a ser los habitantes de la ciudad [4] en venganza por su traición. Pero el general, que actuaba siempre con sensatez y jamás movido por la cólera, no se rebajó a una crueldad tal como matar a aquellos que nada malo habían hecho en pago de la falta cometida por otros; en cambio, maquinó el siguiente engaño 124 .

Narsés finge ejecutar a los rehenes

[5] Llevó a los rehenes delante de todos, con las manos cruzadas y bien atadas detrás de la espalda y la cabeza gacha, para mostrar a sus compatriotas la penosa situación en que se encontraban y amenazar con matarles rápidamente si no se apresuraban en cumplir lo que ya había sido acordado. A los rehenes se les habían colocado unas pequeñas tablas desde la nuca hasta los pies, ocultas con unas bandas de tela, para que los enemigos no pudiesen distinguirlas desde la distancia. Al no obedecerle la [6] ciudad, inmediatamente dio orden de colocarles en fila y decapitarles. Los soldados de su guardia desenvainaron las espadas y las dejaron caer pesadamente como para cortarles el cuello; pero el golpe cayó en las tablas y no les hizo ningún daño, aunque, tal y como se les había ordenado, caían hacia delante y voluntariamente se agitaban y se retorcían simulando morir. Cuando los habitantes de la ciudad vieron lo que, por lo alejados [7] que estaban, no era lo que había pasado, sino lo que a ellos les parecía haber visto, todos al unísono se lamentaron, al considerar lo sucedido como una desgracia, puesto que los rehenes no pertenecían al pueblo llano, sino que eran varones muy destacados y de alta alcurnia. Creyendo que se les había privado de [8] hombres tales, surgió un inconmensurable clamor y se oyeron quejas sin número y un gemido hondo y doliente; una multitud de mujeres que se golpeaban el pecho y se rasgaban las vestiduras llegaba a los baluartes 125 , pues eran quizá las madres de los que parecían haber muerto, quizá eran sus hijas casaderas 126 , quizá cualquier otra cosa. Y, lógicamente, todos insultaban sin [9] disimulo a Narsés y lo llamaban insolente y canalla; decían que era un salvaje y un asesino y que su imagen de ser siempre piadoso y devoto era sólo una pose.

Hace un trato con los habitantes

[13 ] En medio de ese clamor, Narsés dijo 127 : «¿Acaso no sois vosotros los culpables de su ruina por haberlos ignorado y traicionado? Quedará claro que tomasteis la decisión equivocada [2] al quebrantar el juramento y romper el tratado. Pero aun así, si quisierais cambiar lo sucedido y cumplir de verdad lo acordado, no habréis perdido nada, ya que al instante volverán estos hombres a la vida y nosotros no haremos ningún daño a la ciudad. Pero en caso contrario, lo que os queda por padecer no va a ser sólo esto: empezad a pensar cómo evitar todos vosotros [3] sufrimientos similares a éstos». Cuando le oyeron los de Luca, pensaron que era un truco y que intentaba engañarles con lo de la resucitación. Y en verdad eran un engaño sus palabras, pero no en el sentido que ellos creían. Aun así, enseguida aceptaron de buen grado y juraron que le entregarían la ciudad y sus propias personas para lo que él quisiera en cuanto vieran a los rehenes nuevamente con vida. Y eso porque, como les parecía imposible devolver los muertos a la vida, pensaban que era un buen pretexto para librarse de la acusación [4] de traición y poner la justicia de su lado. Narsés entonces les hizo presentarse a todos juntos y se los enseñó, sanos y salvos, a sus compatriotas. Al verlos se quedaron atónitos, como es natural, por lo increíble del suceso, pero ni aun así pensaron todos que tenían que cumplir lo jurado y de hecho algunos se [5] negaron. Con los rehenes delante de ellos y en su mente el temor y la angustia convertidos en esperanza renovada —así son las multitudes—, volvieron al principio y ganó el bando de la traición. A pesar de su estúpido comportamiento, el general Narsés, haciendo gala de una gran generosidad, los liberó enseguida y los envió a casa sin cobrar rescate y sin imponerles ninguna otra obligación. A los de Luca, que estaban [6] maravillados y no entendían por qué actuaba así, les dijo: «No acostumbro a enorgullecerme de mamarrachadas y expectativas miserables: creo que aun sin ellas os vais a unir muy pronto a nosotros y si no es voluntariamente, os convencerán éstas». Y al decirlo señalaba las espadas. Los hombres [7] que habían vuelto y que ya estaban entre sus compatriotas iban por los grupos de gente alabando sobremanera a Narsés; recordaban con cuánta solicitud les había atendido y susurraban por doquier que era cordial, amable y magnánimo cuando aplicaba la justicia. Estas palabras estaban destinadas a tener, [8] en poco tiempo, un efecto mayor que el de las armas, aplacando a la parte más agresiva y pendenciera de la población y atrayendo a la mayoría a la causa romana.

EL EJÉRCITO ROMANO EN EMILIA

Mientras Narsés estaba ocupado con el asedio, a los ejércitos [14 ] romanos enviados a Emilia les iban muy mal las cosas; esto le tenía, como es lógico, muy disgustado. Y es que cuando llegaron [2] a la zona, al principio actuaban con prudencia y orden y, si iban a saquear alguna aldea o alguna ciudad enemiga, marchaban bien organizados y procedían al asalto con bastante método. No se retiraban en desbandada, sino ordenadamente, con la retaguardia en su lugar y una formación en cuadro que rodeaba el botín para asegurar su total protección. Así actuaban al [3] principio, destruyendo enclaves enemigos, pero pocos días más tarde todo cambió completamente.

Fulcaris ataca Parma

Fulcaris, el general hérulo 128 , era sin duda valiente y nada había en la guerra que consiguiera asustarle, pero era audaz, impulsivo y malgastaba sus fuerzas, pues no creía que fuera asunto de un general o de un caudillo organizar y disponer la formación; al contrario, se jactaba en extremo de ser el primero en lanzarse de cabeza a la batalla para atacar a los enemigos con todas sus energías y de enfrentarse así en persona a los peligros [4] de la guerra. Su gran torpeza quedó demostrada sobre todo entonces, cuando lanzó un ataque contra la ciudad de Parma, que estaba ya en poder de los francos. Debería haber enviado antes espías que pudiesen conocer con exactitud los propósitos del enemigo y de esta manera atacar de acuerdo con un plan previo, pero lo confió todo a la precipitación y a la imprudente fuerza bruta para dirigir desordenadamente un ejército formado por los hérulos y por cuantas unidades romanas le siguieron, que se pusieron en camino sin sospechar que algo pudiera salir mal. [5] En cuanto lo supo Butilino, el jefe de los francos, escondió en un anfiteatro construido no lejos de la ciudad (que servía para quienes se ganaban la vida luchando con fieras en los espectáculos públicos 129 ) a un grupo escogido de los más valientes y aguerridos soldados y con esa emboscada preparada se quedó a la espera del momento propicio para actuar.

Cuando Fulcaris y los hérulos avanzaron hasta quedar en el [6] centro de los enemigos dio la señal para que actuaran los francos: cayeron en bloque encima de ellos, que marchaban sin orden ni concierto y enseguida mataron con sus espadas a todos los que tenían a mano, desconcertados por lo súbito del ataque y lo inesperadamente que los habían pescado, por así decir. La [7] mayoría, cuando lograron darse cuenta de la catástrofe, hizo algo indigno y vergonzoso para salvarse: le dio espalda al enemigo y salió huyendo en desbandada, olvidando completamente todo su valor y su larga experiencia en la guerra.

Muerte de Fulcaris

Tras la huida de su ejército, el general Fulcaris se quedó [15 ] solo con su cuerpo de guardia. Pensó que de ninguna manera tenía que huir y que era mejor recibir una muerte digna que sobrevivir con vergüenza 130 . Se apostó entonces en el lugar que era más seguro, de espaldas a una lápida, y mató a muchos enemigos, ora cargando de repente contra ellos, ora retirándose marcha atrás lentamente. Aún podía haber escapado fácilmente [2] y así se lo rogaron sus compañeros, pero él dijo: «¿Y cómo iba a poder soportar la censura a mi insensatez en boca de Narsés?». Parece pues que temía más la injuria que la espada, de [3] modo que permaneció allí, se mantuvo firme y no dejó de luchar hasta que, rodeado por una multitud de enemigos y con el pecho acribillado de lanzas, e incluso con la cabeza hendida por un hacha, dejó de forcejear con la muerte y cayó de bruces sobre su escudo. Le siguieron todos los demás, los que habían [4] permanecido con él bien porque quisieron, bien porque el enemigo no les dejó otra salida, todos fueron muriendo indiscriminadamente. [5] Así pues, Fulcaris no pudo disfrutar mucho tiempo del honor de haber sido nombrado general, pues su éxito fue breve como un sueño: muy rápida llegó la catástrofe que acabó con su mando y con su vida 131 .

Los generales romanos se retiran a Faventia

[6] A los francos, sin embargo, les levantó mucho la moral y [7] cobraron nuevos ánimos. Los godos que habitaban en Liguria y Emilia y las zonas próximas tenían firmado un tratado de paz y de defensa mutua hipócrita y en absoluto voluntario, debido más al miedo que a su propio deseo. Entonces se envalentonaron y rompieron el tratado para unirse al bando de los bárbaros, [8] de similar modo de vida. El ejército romano que, como ya he contado, mandaban Juan el de Vitaliano y Artabanes, junto con los hérulos que habían sobrevivido al desastre, se refugiaron inmediatamente [9] en Faventia 132 . Y es que los generales pensaron que no les beneficiaba estar acampados en los alrededores de Parma, dada la cantidad de fuerzas enemigas allí reunidas y porque, a pesar de lo inesperado de su éxito, no iban a hacer uso sólo de la suerte. Pues las ciudades de los godos se entregaban a ellos y, una vez que habían conseguido plazas que eran seguras, era presumible que lanzasen un ataque masivo sobre los romanos. [10] Los generales decidieron, lógicamente, acercarse lo más posible a Rávena y rehuir de este modo a los enemigos pues no se creían capaces de enfrentarse con ellos. Cuando Narsés tuvo noticia de ello, se sintió muy disgustado por la bravuconería de los bárbaros y por la repentina muerte de Fulcaris, un hombre nada insignificante ni mediocre, sino valeroso e ilustre entre los que más, con muchas victorias en su cuenta y que podía no haber muerto a manos de sus enemigos, me parece, si hubiera tenido tanta sensatez como valor. Todo ello le afligía [11] sobremanera, pero no con el miedo y la consternación que siente la mayoría; al contrario, al ver a su ejército paralizado ante sucesos tan increíbles, decidió dirigirles a todos unas palabras de ánimo que les devolvieran la confianza y les curaran del miedo.

Carácter de Narsés

Narsés era inteligente y activo en extremo y tenía una [16 ] gran capacidad para enfrentarse a los acontecimientos; aunque no había recibido demasiada educación ni estaba adornado con una gran habilidad de palabra, tenía un brillante talento natural que le permitía exponer con claridad sus planes y ello a pesar de ser un eunuco criado en el ambiente muelle de la corte. Era de pequeña estatura y anormalmente delgado, [2] pero poseía tanto valor y heroísmo que resultaba en verdad increíble. Es natural, pues quien tiene un alma libre y noble no dejará de tenerla cualquiera que sea la dificultad con la que se encuentre.

Arenga de Narsés

Entonces Narsés se colocó en medio de su ejército y les [3] dijo estas palabras: «A los que están acostumbrados a ganar a los enemigos en toda circunstancia y tener siempre experiencias dichosas, si falla alguna de sus expectativas, aunque sea por poco, inmediatamente se le esfumaría la felicidad y se [4] tambalearían sus esperanzas. Los que son sensatos, creo yo, no deben quedarse obnubilados con la fortuna cuando todo va bien, sino que, como es tan fácil que las cosas cambien, han de estar siempre mentalizados para ello, pues a los que así actúan la buena fortuna les parece lo más delicioso, pero no tan terrible [5] cuando, por un azar imprevisto, se acaba 133 . En verdad os veo, varones, en un estado de aflicción mucho mayor que el natural en estas circunstancias y es evidente que estáis así no por otra razón que por haberos sentido demasiado orgullosos por lo habitual de la victoria y creer que nunca iba a torcerse, de modo que si abandonaseis ese prejuicio para observar lo sucedido en sus justos términos, ya no lo veríais tan terrible [6] como, sin embargo, creéis que es. Cuando el general Fulcaris, que, como bárbaro, era dado a la precipitación, se arriesgó de forma insensata ante tamañas fuerzas enemigas, sufrió las consecuencias previsibles de estas acciones, pero nosotros, varones, no tenemos por qué huir de las circunstancias presentes, ni [7] replantearnos las previstas. Pues sería una vergüenza que si los godos que han sobrevivido al gran desastre acontecido a su pueblo se procuran alianzas, nos provocan mayores penalidades y no se resignan en absoluto a su suerte, nosotros en cambio, en la suposición de que somos inferiores sólo por no haber obtenido una aplastante victoria, perdamos el ánimo desperdiciando la gloria de nuestros éxitos anteriores. [8] De modo que tenemos que sentirnos más dichosos ante lo sucedido, pues en estas circunstancias nos hemos mantenido lejos, creo, tanto de la excesiva fortuna como de ser envidiados en demasía y en adelante nos va a ser posible afrontar confiados la lucha, ahora que entramos de nuevo en el camino de la victoria. Sí, el enemigo se distingue por su superioridad numérica, [9] pero nosotros les sacamos mucha ventaja en organización, siempre que seamos sensatos, y luchamos contra advenedizos que estarán, como es natural, escasos de víveres, mientras que nosotros estamos bien provistos. Muchas plazas y ciudades nos ofrecerán protección si la necesitamos: a ellos, en cambio, no. Más aún, el Todopoderoso lucha con nosotros, que actuamos en legítima defensa de lo que nos pertenece, y no con ellos, que están destruyendo lo ajeno. De tal modo que no hay [10] nada extraño en que tengamos una gran confianza y en que no sintamos ningún temor. No demos, pues, ni un momento de respiro en nuestro asedio a los habitantes de Luca y que cada uno de nosotros se prepare para un lucha sin cuartel lleno de ánimo y con todas sus fuerzas».

Misión de Estéfano en Faventia

Con estas palabras Narsés consiguió elevar los ánimos del [17 ] ejército y sobre todo retomar con todas las energías el asedio de Luca. Seguía, sin embargo, indignado contra los otros generales que habían abandonado su ventajosa posición y habían llegado a Faventia, pues le habían desbaratado así todas sus previsiones. [2] Él había pensado en disponer al ejército que estaba con ellos alrededor de la ciudad de Parma como si fuera una barrera fortificada, de manera que mientras obstaculizaban el avance de los enemigos, él con calma se haría con el control en la Toscana y después iría a reunirse con ellos. Pero ahora, como se habían alejado tanto, los hombres de Narsés estaban completamente expuestos al ataque de los enemigos. Como tal situación [3] le pareciera intolerable, envió junto a estos generales a uno de sus más cercanos colaboradores, llamado Estéfano, de la ciudad iliria de Epidamno 134 , para que se burlara de su cobardía y les dejara claro que, si no volvían inmediatamente a sus anteriores [4] posiciones, quedarían como traidores a la causa común. En efecto, Estéfano y doscientos jinetes belicosos y muy bien armados se pusieron en marcha de inmediato. Hacían el camino con mucho esfuerzo y noches en blanco, pues parte de los francos recorría la llanura para conseguir forraje y saquear las tierras. [5] Por eso los romanos marchaban principalmente de noche, en formación y vigilando su retaguardia: así, si era necesario luchar, se encontrarían preparados. Se oían los lamentos de los campesinos, los mugidos del ganado al ser arrastrado y los crujidos de los árboles al caer. Rodeados por tan terribles sonidos llegaron por fin hasta Faventia y hasta el ejército que allí estaba. [6] Estéfano se presentó entonces ante los generales y les dijo: «¿Qué os ha sucedido, nobles varones? ¿Dónde está la gloria de los anteriores éxitos y el reconocimiento de tantos triunfos? ¿Cómo Narsés va a poder tomar Luca y dominar el territorio de este lado de los Alpes, si vosotros facilitáis al enemigo un acceso como si fuerais sus aliados y les dejáis circular tranquilamente [7] por donde quieran? Y yo, por mi parte, nada malo os diría pero quizá alguien diga que de lo que se trata es de cobardía y dejación de funciones. Así que, si no volvéis rápidamente a Parma, no remitirá la indignación de Narsés y os seguirá culpando de lo sucedido, aunque no haya sido así. Tened, además, mucho cuidado, insignes generales, de que no caiga también sobre vosotros la ira del emperador».

[18 ] Al oír estas palabras los generales se dieron cuenta de que eran de Narsés; como no podían decir que era una acusación injusta, se excusaron con la disculpa de que se habían visto obligados a trasladarse porque no era posible conseguir la suficiente provisión de alimentos para el ejército en el territorio de Parma, al no estar allí Antíoco, el prefecto de Italia 135 , que era el encargado de este asunto; es más, ni se les había repartido la paga regular. Pues bien, Estéfano fue con toda rapidez a Rávena, [2] donde estaba el prefecto, y volvió con él junto a los generales; así, al ir solucionando los problemas como podía, les convenció de que diesen enseguida media vuelta y acampasen de nuevo alrededor de Parma.

Fin del asedio a Parma

Después de completar su misión, volvió a Luca y animó a [3] Narsés para que siguiese adelante con sus planes: los enemigos no le molestarían, pues sus ataques iban a ser neutralizados por las fuerzas romanas, situadas de nuevo en la posición adecuada. Por lo demás, Narsés, al que le resultaba insoportable la sola [4] idea de que los de Luca fueran a resistir mucho más tiempo ese débil asedio que tenía lugar, arremetió sin contemplaciones contra los muros; ahora se acercaban las helépolis 136 , se lanzaban proyectiles encendidos a las torres y se disparaban piedras y flechas a los que aparecían en los muros; se abrió una brecha en la muralla y la sombra del desastre se cernía sobre la ciudad. [5] Los que habían sido rehenes hacían una campaña aún mayor en favor de los romanos y si por ellos hubiera sido en poco tiempo se habría rendido la ciudad entera. Pero los generales francos, que tenían el mando de la guarnición dentro de la ciudadela, los apremiaban a seguir luchando y a rechazar el asedio con las armas. [6] Así que abrían las puertas y lanzaban rápidos ataques contra los romanos, creyendo que con esto iban a vencer; pero tan pequeño era el efecto causado en los enemigos como grande el propio daño, pues la mayoría de los de Luca, convencidos ya por los que actuaban desde dentro, luchaban sin ningún ánimo. [7] Como no veían cumplidas ninguna de sus expectativas por más que lo intentaran y, en cambio, a la pérdida de mucha de su gente se sucedía la retirada cobarde y vergonzosa de otros que, una vez dentro del recinto se cerraban a cal y canto para no tener que salir más, entonces, al no poder salvarse de otro modo, se vieron obligados todos a adoptar una actitud pacífica buscando [8] un arreglo para su situación. De modo que aceptaron la garantía de Narsés de que no habría represalias por sus acciones pasadas, entregaron la ciudad y recibieron felices al ejército; después de tres meses gastados en el asedio, ya eran de nuevo súbditos del emperador romano.

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30 января 2026
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474 стр. 8 иллюстраций
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9788424937454
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