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Silvia Ramírez Gelbes

Cómo redactar un paper

La escritura de artículos científicos


Ramírez Gelbes, Silvia

Cómo redactar un paper : la escritura de artículos científicos / Silvia Ramírez Gelbes. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico, 2020.

Libro digital, EPUB - (Universidad ; 1)

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-538-687-7

2. Educación Superior. I. Título.

CDD 808.027

Colección Universidad

Coordinación editorial: Ada Kopitowski

Corrección de estilo: Susana Pardo

Diseño de portada: Andrea Melle

Diseño y diagramación: Déborah Glezer

1º edición, noviembre de 2014

Edición en formato digital: octubre de 2020

Noveduc libros

© Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico S.R.L.

Av. Corrientes 4345 (C1195AAC) Buenos Aires - Argentina

Tel.: (54 11) 5278-2200

E-mail: contacto@noveduc.com www.noveduc.com

ISBN 978-987-538-687-7

Conversión a formato digital: Libresque

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A Rodrigo

A Santiago

A Luján

“El lenguaje no tiene parte objetiva, no describe la realidad. La realidad es tomada como tema de debate entre los individuos.”

(Ducrot, 1988: 50)

SILVIA RAMÍREZ GELBES. Doctora en Lingüística y profesora y licenciada en Letras (UBA), tiene un posgrado en Lengua Española (UNED). Es directora de la orientación en Comunicación y Profesora de Cátedra (Universidad de San Andrés) y adjunta en Filosofía y Letras (UBA), donde dictó dos seminarios sobre discurso académico. Coordina el Taller de escritura científica del CAICyT. Ha sido profesora titular del Taller de escritura académica en la Maestría en Defensa Nacional y es directora del capítulo argentino de un proyecto de investigación de San Andrés con la Universidad Nacional de Colombia, codirectora de un proyecto UBANEX e investigadora formada en un UBACyT. Ha publicado artículos científicos en revistas nacionales e internacionales como la Romanische Forschungen, Estudios Filológicos, Analecta Malacitana o Espacios Nueva Serie, entre otras, y es autora de Ortografiemos, del Diccionario argentino de sinónimos, ideas afines, antónimos, parónimos y locuciones y de Semántica argumentativa y aspectualidad: los estativos.

Índice

  Cubierta

  Portada

  Créditos

  Dedicatoria

  Epígrafe

  Prólogo

  Introducción

  Capítulo 1. El texto escrito 1.1. La construcción del texto escrito 1.1.1. El proceso de escritura 1.1.2. La construcción efectiva del texto 1.2. Las características del texto y la cohesión 1.2.1. Referencia 1.2.2. Sustitución 1.2.3. Elipsis 1.2.4. Observaciones 1.2.5. Conjunción 1.2.6. Cohesión léxica 1.3. La orientación informativa y la orientación argumentativa del texto 1.3.1. Los marcadores del discurso 24 1.3.2. La clasificación de los marcadores 1.3.3. Consideraciones Ejercitación

  Capítulo 2. El género 2.1. Los géneros discursivos 2.2. Los tipos de texto y las secuencias textuales 2.2.1. La narración 2.2.2. La descripción 2.2.3. La explicación 2.2.4. La argumentación 2.3. Los géneros del discurso académico-científico 2.3.1. El resumen 2.3.2. La ponencia 2.3.3. El artículo académico-científico 2.4. Consideraciones Ejercitación

  Capítulo 3. La subjetividad 3.1. Los participantes 3.2. La retórica científica 3.2.1. El ethos discursivo 3.3. El metatexto 3.4. La cita de la voz ajena 3.5. La polémica 3.6. El problema discursivo de los conectores y la abducción Ejercitación

  Capítulo 4. Los problemas concretos 4.1. “Ensamblajes” discursivos 4.1.1. La puntuación 4.1.2. Los usos de la coma 4.1.3. La citación 4.1.4. El gerundio 4.1.5. La terminología 4.2. El “montaje” textual 4.2.1. La oración 4.2.2. El párrafo 4.2.3. El paratexto 4.3. La adecuación 4.3.1. El dialecto estándar 4.3.2. El registro Ejercitación

  Consideraciones finales

  Claves de los ejercicios

  Bibliografía

Prólogo

Constituirse como integrante pleno de la comunidad científico-académica requiere, entre otros saberes, el dominio de ciertas competencias relativas a las formas de escritura que caracterizan el uso de la lengua en ese campo de la praxis humana. Ya lo afirmaba Bajtín: cada esfera del uso de la lengua elabora sus tipos relativamente estables de enunciados —los géneros discursivos— caracterizados por su regularidad en relación con el tópico o tema que abordan, el estilo verbal que seleccionan y la estructura o composición con la que están organizados. Ahora bien, si es indiscutible que los hablantes de una lengua conocen y utilizan con destreza diversos y variados géneros discursivos, también lo es que no todos dominan las formas genéricas prácticas creadas en la comunicación científica. La participación en esa esfera de la actividad humana, la frecuentación de los géneros que allí circulan y la lectura activa de libros como el que el lector tiene ahora entre sus manos son sin duda necesarios para adquirir las habilidades que ayuden a plasmar el discurso en las formas composicionales y estilísticas adecuadas.

En los últimos años, hemos accedido a numerosas investigaciones que se han centrado en la descripción y el análisis de las características lingüístico-discursivas de los diversos géneros científico-académicos escritos en inglés, francés, español. Hemos acrecentado así nuestros conocimientos sobre la estructuración y el registro adecuado de los distintos géneros, sobre las especificidades terminológicas, sobre las implicancias de las opciones que los autores académicos realizan para aludir a la investigación, a sí mismos y a la colectividad en la que buscan insertarse y sobre los efectos de sentido que surgen de la presencia de la polémica y el antagonismo, de la atenuación y el refuerzo de las posiciones sostenidas, de la argumentación, la polifonía y las heterogeneidades enunciativas constitutivas de todo discurso. Pero, además de estos trabajos, también hemos asistido a la publicación de manuales y guías de escritura que, con rigor científico y espíritu pedagógico, buscan colaborar en la solución de los problemas que se plantean a los escritores académicos noveles para su incorporación como sujetos plenos de esta discursividad. Es precisamente en esta línea donde se inscribe Cómo redactar un paper. La escritura de artículos científicos, de Silvia Ramírez Gelbes, resultado no solo de las investigaciones realizadas por la autora sobre el discurso científico, sino también de la experiencia recogida a lo largo de varios años como docente de talleres de escritura académica.

Con una fuerte impronta didáctica y una gran claridad expositiva, Silvia Ramírez Gelbes invita al lector a adentrarse en las cuestiones clave relativas a la escritura en español del artículo científico. Luego de presentar la escritura como proceso y pasar revista a los diferentes recursos lingüísticos que garantizan la coherencia y la cohesión que todo texto debe presentar, la autora introduce las nociones de género y secuencias, explica la estructuración en secciones del artículo de investigación y describe y analiza algunas de las huellas salientes de la subjetividad, huellas íntimamente relacionadas con la configuración del ethos académico. Todo ello a la luz de una abundante y excelente ejemplificación que clarifica conceptos y que permite al lector lego comprender sin dificultad lo expuesto de manera teórica previamente. Para finalizar, en el último capítulo, relacionado con las etapas de revisión y corrección, la autora propone soluciones a algunos problemas y dificultades que habitualmente se presentan a los autores en los ámbitos ortotipográfico y gramatical de sus textos. En todos los casos, al final de cada capítulo, se brindan actividades que promueven la reflexión de los lectores y se proponen soluciones orientativas y lecturas complementarias para quienes deseen seguir ahondando en los temas tratados.

En síntesis, describir, orientar y promover la práctica de la escritura del género artículo de investigación es un propósito que Cómo redactar un paper. La escritura de artículos científicos cumple ampliamente. Y los escritores que se inician en la discursividad académica encontrarán en él un excelente comienzo para introducirse en el fascinante proceso epistémico por el que se descubre, se construye y se transforma el conocimiento: la escritura.

María Marta García Negroni

Introducción

Me parece apropiado iniciar una reflexión sobre la escritura académica con una representación de la lectura. Imaginemos que quien lee tiene siempre los ojos disociados. El ojo derecho es el ojo lector, un dispositivo automático que va pasando por encima de cada letra y no se detiene ante nada. El ojo izquierdo, en cambio, es el ojo interpretador, un dispositivo que va enlazando lo que el ojo lector lee con la enciclopedia personal, los textos que ya se leyeron, el contexto, en fin, con todos los contenidos disponibles en la “memoria de trabajo”. Cuando el lector se topa con algo infrecuente —un error de ortografía, un párrafo desordenado, un segmento que no se relaciona con el resto— sigue pasando por encima de cada letra porque trabaja de modo automático; el interpretador, por el contrario, queda detenido en ese lugar, como desorientado. Al poco tiempo, claro está, el ojo interpretador se recompone y se junta con su compañero, pero el lector ya está dos o tres líneas más abajo. Ese fragmento que quedó sin interpretar es normalmente llenado con los “conocimientos previos” del sistema, que suelen resultar eficientes para la tarea. En cuanto no sean eficientes, la interpretación resultará perjudicada.

A partir de esta especie de metáfora de procedimiento, puede empezar a plantearse el problema de la escritura académica. Y es importante tener en claro, antes que nada, que un sujeto que pretende escribir discurso académico no debe de ninguna manera computarse virgen de escritura. Sin embargo, la escritura académica tiene particularidades que no son compartidas por otros tipos de discursos, y es ese el motivo por el cual un libro que trate de escritura académica no parece una cuestión trivial.

Ahora bien, dentro de la escritura académica, Cómo redactar un paper se ocupa específicamente del artículo de investigación, género que –como se sabe– se viene constituyendo en el medio privilegiado para la transmisión de la ciencia, aunque es necesario advertir, desde el principio, que escribir un artículo de investigación no es solo transmitir ciencia. Como correctamente reconoce Pablo Kreimer en el prólogo de Demoliendo papers, un artículo académico-científico constituye, entre otras cosas, un aparato retórico. Según sostendremos a lo largo de este texto, un artículo de investigación es, por una parte, un aparato erudito que pretende ofrecer un aporte a la disciplina científica en la que se inserta y, por la otra, un aparato retórico que busca persuadir al lector de la legitimidad de ese aporte. Y ese aparato retórico se edifica sobre la base de ciertas estrategias discursivas, algunas de las cuales –al menos– están contempladas en este texto.

Con todo, creo importante destacar que lo que interesa aquí no es la transmisión de cualquier ciencia: es la transmisión de la ciencia en español.1 Y por ello Cómo redactar un paper se funda en la investigación sobre el discurso académico en español.

Este libro es, en buena medida, producto de investigaciones realizadas dentro de distintos proyectos UBACyT y PICT dirigidos por María Marta García Negroni y de los seminarios que se dictaron en el marco de su cátedra de Corrección de Estilo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Pero empezó a gestarse en las clases del taller de Técnicas de Redacción que durante más de quince años dicté en el Centro Cultural Rojas de la UBA, y se alimentó —vorazmente— de mis clases a distancia en el Taller de escritura científica del CAICyT y de las presenciales de la Maestría en Defensa Nacional además del seminario “El discurso académico” de la Universidad de San Andrés. De hecho, el análisis y la corrección de los textos producidos por los cursantes me orientaron a seleccionar los temas que se desarrollan en Cómo redactar un paper.

En definitiva, aquí podrán encontrarse algunas claves relativas a la escritura académico-científica, con un tratamiento intencionadamente pedagógico, de acuerdo con la siguiente estructura:

 en el capítulo 1, “El texto escrito”, se hace una observación relativa a la construcción del texto en sí: se consideran el proceso de escritura, la cohesión textual en general y el empleo de los marcadores discursivos relevantes para el discurso académico-científico;

 en el capítulo 2, “El género”, hay una preocupación específica por el formato de los textos: se habla de los géneros y las secuencias en primer lugar –con una atención destacada en la narración, la descripción, la explicación y la argumentación– para luego ocuparse de géneros académicos como los resúmenes y las ponencias y, en particular, del artículo de investigación —que es el tema de este libro— y su estructuración en secciones;

 en el capítulo 3, “La subjetividad”, se materializa el interés por la retórica del texto académico-científico: tras analizar marcas discursivas que contribuyen a configurar el ethos, como los subjetivemas y los recursos, la agentivación, la desagentivación y la modalidad, se examina el metatexto, se reflexiona sobre la falla ética del plagio, se especula sobre las condiciones de la polémica en este tipo de discurso y se termina con una observación sobre el empleo de los marcadores de abducción.

 En el capítulo 4, “Los problemas concretos”, a partir de una imagen de la “construcción” del texto (con el área de “ensamblaje” y el área de “montaje”), se ofrece un repertorio de soluciones a dificultades que puede hallar el escribiente de discurso académico-científico: algunas cuestiones salientes de la puntuación —como la ocurrencia de proposiciones explicativas frente a las especificativas—, el modo apropiado de citar, el empleo del gerundio, el uso de la terminología específica, el orden de las estructuras en la oración, la paráfrasis o reescritura de un segmento —orientada a buscar la mejor manera de exponer una idea—, la organización de los párrafos, las características del título, la normativa de las notas y las referencias bibliográficas, el sentido de la inclusión de gráficos e imágenes y, finalmente, una reflexión sobre el dialecto estándar y sobre el registro adecuado.

Como se verá, los temas son tratados teóricamente e ilustrados con cantidad de ejemplos tomados —en su gran mayoría— de los textos producidos por los cursantes del Taller de escritura científica y modificados.

Finalmente, en cada uno de los capítulos, se ofrece una serie de ejercicios que aparecen resueltos en las claves. En muchos casos, esas claves son solamente orientativas, ya sea porque se trata de ejercicios de producción, ya sea porque no hay una única resolución correcta.

Es importante, para concluir, que el escribiente tenga en claro que nada en la escritura académica surge por generación espontánea: debe asumirse el ejercicio del ensayo y el error para llegar a un resultado satisfactorio. La adquisición de la “alfabetización académica”2 insume —qué duda cabe— tiempo y energía intelectual. Pero promete “realizaciones”.

Vale la pena el esfuerzo.

NOTAS

1. Conviene aclarar que este libro se inscribe en una larga lista de textos que se ocupan del discurso académico en español. Además de García Negroni (2011), al que aludiré frecuentemente, no pueden olvidarse Montolío (2000), Nogueira (2003 y 2010), Vázquez (2001), Carlino (2005), Cubo de Severino (2005), Marín y Hall (2007) o Parodi (2008), entre muchos otros.

2. Como la llama Carlino, entre otros autores.

CAPÍTULO 1
El texto escrito
1.1. LA CONSTRUCCIÓN DEL TEXTO ESCRITO
1.1.1. El proceso de escritura

La verdad es que hay muchas maneras de escribir. Uno puede sentarse frente a la computadora a escribir y dejar que los dedos hablen —y que digan lo que les va saliendo, en libertad— para después corregir y reformular. Uno puede escribir algunas ideas en papel, de puño y letra, para después ponerse a producir el texto que terminará siendo definitivo. Uno puede grabar en un grabador lo que quiere escribir y después desgrabarlo. Sí, hay muchas maneras de escribir. Incluso, la misma persona puede desarrollar muchas maneras de escribir: a cualquiera le pasa, por ejemplo, que a veces puede escribir de corrido y otras veces anda buscando el modo de inspirarse.

Quienes han teorizado sobre el proceso de escritura sostienen distintas hipótesis, desde luego. Con Cassany (2006b), de todos modos, diremos que hay una hipótesis que resulta bastante sensata y que nos permite trabajar con bastante comodidad: la que llamaremos “proceso de las etapas”. Este proceso de las etapas concibe la escritura como un desarrollo de tres momentos: la planificación o preescritura, la escritura propiamente dicha y la corrección o reescritura. Debe entenderse, eso sí, que el proceso no se da de manera lineal, es decir, de una vez y listo. Por el contrario, parece más lógico pensar que, mientras escribe, el escribiente1 toma decisiones (es decir, planifica) sobre qué palabra va a poner, la escribe y tal vez la relee y la cambia. Y eso lo hace con la sintaxis, con la estructura del párrafo, con todo, en fin.

Aunque en algunos casos vamos a plantear el asunto de manera teórica, también consideraremos la cuestión desde la práctica concreta, los pasos que tenemos que seguir —sin permitir que nos gane el deseo de practicar una receta a rajatabla— para llegar a un cierto resultado.

Y, además, tenemos que tener en cuenta que la escritura es el producto de un momento y que, como con todo, el producto saldrá mejor elaborado en la medida en que la máquina se vaya perfeccionando; o sea, con la práctica.

Por eso, ánimo con los temas, entusiasmo en la tarea y ¡a ser tercos! Si no sale de primera intención, habrá que seguir probando. Nadie ha muerto por intentarlo.

1.1.1.1. Planificación o preescritura

Aunque esta suele ser la etapa más descuidada, conviene que el escribiente la tenga en cuenta para producir su escrito. En la planificación se considerarán:

 La distribución del tiempo disponible.

 La determinación de las características del escrito o qué objetivo se tiene.

 La producción de las ideas o cómo “se engendra” algo nuevo a partir de lo escrito por otros.

En cuanto a la distribución del tiempo disponible, suele ser conveniente establecerse metas de trabajo para un momento determinado, de modo que se pueda llegar a entregar el escrito cómodamente (ya se sabe, “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”).

En relación con la determinación de las características del escrito, es necesario pensar claramente en la finalidad del texto y en quien lo recibirá (para tener en claro qué conocimientos se comparten con el destinatario y cuáles hay que explicitar manifiestamente),2 cómo se determinará tanto al emisor como al destinatario dentro del texto (si se usará yo o nosotros, si se usará se), qué formato exige nuestra comunicación.

Finalmente, en lo referido a la producción de ideas, es necesario leer mucho sobre el tema y después empezar a volcar lo que a uno se le ocurre sobre lo que quiere escribir.

1.1.1.2. Producción o escritura

En alguna medida, esta es la etapa que constituye el eje de nuestro trabajo como escribientes. Pero es bueno pensarla como el término de una actividad de planificación, es decir, como la consecuencia de una tarea de reflexión. En esta etapa se pondrán en juego las variables que permiten que un texto sea efectivamente eso, un texto; a saber: la cohesión, la coherencia y la adecuación.

Como veremos más adelante en este libro, la cohesión es el tipo de relaciones “visibles” o de superficie que se establecen en el texto. La coherencia es un fenómeno de profundidad que permite que el texto se sienta como un todo sin hilos sueltos ni lagunas o agujeros. La adecuación es el fenómeno que permite establecer que el texto usa el lenguaje que debe usar en ese contexto.

Todas estas variables, entrelazadas simultáneamente, construyen el tejido que es el texto. Porque textus, en latín, es precisamente eso: un tejido (ver, más abajo, § Las características del texto y la cohesión).

1.1.1.3. Revisión o reescritura

La última etapa del proceso es el momento de la crítica, de tomar distancia y ver qué no concuerda con el resto, qué sobra y qué falta, qué está en el lugar inapropiado y de qué modo podemos solucionar esos problemas.

Por ello, es bueno entender que la revisión se lleva a cabo en distintos niveles:

 El nivel ortotipográfico permite remediar las dificultades ortográficas, de mayúsculas y de puntuación, para que el texto tenga una presentación correcta (en este nivel tendríamos que ocuparnos, por ejemplo, de los parónimos, como “basta” y “vasta”).

 El nivel morfológico determina que se pongan en juego, por ejemplo, los conocimientos sobre el género de un sustantivo o acerca de la conjugación de un verbo (en este nivel tendríamos que ocuparnos de las formas correctas, como el rema en lugar de la rema,3 o de escribir Josefina le pidió a Napoleón que siempre le fuera sincero en lugar de Josefina le pidió a Napoleón que siempre le sea sincero).

 El nivel sintáctico permite considerar, entre otros, los fenómenos de concordancia entre el sujeto y el predicado o el uso apropiado de los pronombres (en este nivel tendríamos que ocuparnos de decir Se incluyeron otros gráficos en lugar de Se incluyó otros gráficos, por ejemplo).

 El nivel léxico exige que se usen los términos más apropiados en cada caso particular, que no haya repeticiones innecesarias y que todos los términos pertenezcan al mismo registro (en este nivel tendríamos que ocuparnos de escribir instrumento de medición y no herramienta de medición, por ejemplo, según sea lo que queremos decir).

 El nivel pragmático, finalmente, estipula que las relaciones entre las ideas deben estar expresadas según el sentido que busca darle el escribiente, además de que siempre se debe tener en claro en qué contexto se está produciendo el escrito y a quién está dirigido (en este nivel tendríamos que ocuparnos de hablar de enfermedad en un texto de divulgación y de patología en uno científico, por ejemplo).

1.1.2. La construcción efectiva del texto

La primera etapa del proceso de escritura consiste, como hemos dicho, en la planificación. Así, es necesario tomarse un tiempo para poder escribir algo.

Por supuesto, lo primero que debe hacer quien quiere escribir sobre un tema desde una perspectiva académico-científica es recoger información sobre ese tema y leerla. Y cuando se ha leído, es necesario definir con qué textos de los leídos se está de acuerdo y de qué textos se disentirá, es decir, qué punto de vista se tomará. Ese punto de vista permitirá que el escribiente establezca su posición y su argumentación.

1.1.2.1. La selección de contenidos o esquema

Una vez que se ha estudiado el tema, que se ha decidido el punto de vista, que se tiene en la cabeza una especie de nebulosa de lo que se quiere decir, es necesario empezar a estructurar el texto concreto.

Siempre debe tenerse en cuenta que todo segmento de texto debe ser funcional al texto completo para cumplir con las exigencias de la macroestructura4 (el tema general) que le otorga coherencia.5 Desde esa perspectiva, puede decirse que hay segmentos de introducción, segmentos de ejemplificación, segmentos de desarrollo, segmentos de conclusión, entre muchas otras posibilidades.

Por ello y reformulando el planteo de Cassany (2006a: 59 y 60), podemos organizar el esquema del texto a partir de un mapa como el que presentamos en el cuadro 1.


Cuadro 1. Mapa conceptual

El mapa debe constar, en el centro, de una palabra clave, que será el tema del texto, y alrededor deben aparecer todos aquellos datos que se consideren como relacionados y cuya aparición en el texto sea entendida como necesaria. Imaginemos que tenemos que escribir sobre los antecedentes de la Revolución francesa; dado este tema central, encontramos que los datos que aparecen relacionados con él son, por ejemplo, la crisis en las finanzas, la oposición a los privilegios, el crecimiento de la burguesía, el desarrollo de las ciudades, la crisis del Antiguo Régimen, el crecimiento de la deuda pública (ver el cuadro 2).6


Cuadro 2. Mapa conceptual sobre los antecedentes de la Revolución francesa

Una vez que fue construido este mapa, se puede empezar a delinear el texto determinando qué subtemas van con qué subtemas, es decir, cuáles de estos contenidos que están diseñados en forma de satélites se pueden subagrupar en un mapa como el que presentamos en el cuadro 3.


Cuadro 3. Mapa conceptual sobre los antecedentes de la Revolución francesa, mejorado

Puede pasar que, al establecer esas relaciones, descubramos que alguno(s) de los datos no están a la misma altura de los otros o no resulta(n) tan pertinente(s): en ese caso, lo borraremos (ver el cuadro 4).


Cuadro 4. Mapa conceptual sobre los antecedentes de la Revolución francesa, definitivo

Cuando se han determinado los datos pertinentes y las relaciones internas, se puede decidir el ordenamiento de los contenidos (ver el cuadro 5).


Cuadro 5. Ordenamiento de los temas sobre los antecedentes de la Revolución francesa

Dado este —el del último cuadro—, que es solo uno de los ordenamientos posibles, podríamos tener, entonces, el siguiente esquema, que representa los tres parágrafos constitutivos de este texto.

Antecedentes de la Revolución francesa

1 Crisis en las finanzas y crecimiento de la deuda pública

2 Crecimiento de la burguesía que se opone a los privilegios de los nobles

3 Crisis del Antiguo Régimen en toda Europa Occidental

Una vez que se ha preparado este esquema, es necesario volver a revisarlo para considerar

1 si el orden es correcto, jerárquicamente hablando (es decir, si los temas van en un orden decreciente de importancia, por ejemplo),

2 si un tema lleva al otro de manera lineal o hay algún dato que falta en el medio,

3 si todos los temas son verdadera e igualmente pertinentes.

Muchas veces, al hacer este mapa, tomamos conciencia de que hay un dato que no hemos incluido o, por el contrario, de que algún dato no tiene nada que ver con los otros. En ese caso, siempre conviene tener la elasticidad y la amplitud de mente necesarias para cambiar nuestro esquema inicial.

En suma, nunca es bueno enamorarse del propio proyecto porque, como dice el dicho, “el amor es ciego” y no nos permitirá ver los defectos. Para expresarlo de otro modo, una vez armado el esquema, es bueno mirarlo con perspectiva, tomar distancia y determinar su calidad (es decir, su propiedad).

Cuando estemos conformes, entonces sí, podemos empezar a pensar en el momento siguiente: la toma de decisiones.

1.1.2.2. La toma de decisiones o plan

La planificación, como hemos dicho, es el momento de la toma de decisiones. Aunque profundizaremos en los detalles de esas decisiones a lo largo del libro, podemos decir aquí que esas decisiones tienen que ver con

1 nuestra intención, lo que se plasmará en el tipo de secuencia (o tipo textual) que seleccionaremos;

2 el formato (o género) que mejor responde a esa intención;

3 el modo en que nos inscribiremos en nuestro discurso y en que inscribiremos a nuestro receptor (las estrategias de agentivación y desagentivación);

4 el modo en que nos ubicaremos frente a lo que decimos (la modalidad);

5 la imagen que daremos de nosotros en nuestro discurso (el ethos);

6 el tiempo con que contamos y la exhaustividad con que trataremos el tema;

7 el medio en el que aparecerá nuestro producto escrito.

Como se ve, la planificación es el tiempo de la reflexión. Y la reflexión merece un espacio importante porque, aunque parezca paradójico, suele ahorrar mucho tiempo. Es probable que el tiempo que uno no haya querido emplear en la reflexión previa tenga que usarlo en la corrección posterior. Y da la impresión de que el tiempo empleado en la corrección resulta, a la larga, un poco más frustrante que el tiempo empleado en la planificación. ¿O no?

1.2. LAS CARACTERÍSTICAS DEL TEXTO Y LA COHESIÓN

Cuando se escribe, es fundamental tener en cuenta las tres condiciones ya mencionadas para que un texto sea texto: la cohesión, la coherencia y la adecuación (Cassany, 2006b: 28).

El término “texto” proviene del latín textus, que quiere decir ‘tejido’. En efecto, el texto es una especie de entramado en el que no pueden (¿no deben?) quedar hilos sueltos. Es un pasaje escrito u oral, que forma una unidad de cualquier tamaño, desde una expresión interjectiva (¡Uy!) hasta una novela de varios tomos. Para Halliday & Hasan (1976),7 el texto es una unidad semántica, una unidad de sentido.

Texto implica unidad. Implica también, por lo tanto, aquellos procedimientos que hacen del texto una unidad, es decir, relaciones de cohesión, lazos cohesivos. De hecho, según Halliday & Hasan, la cohesión es un concepto semántico y se refiere a las relaciones de sentido que existen dentro del texto y que lo definen como tal.

La cohesión ocurre cuando la interpretación de un elemento del discurso depende de la de otro. El uno presupone al otro, en el sentido de que no puede ser definitivamente decodificado excepto por recurso a aquel (Halliday & Hasan, 1976: 4).8

La cohesión, entonces, funciona como un conjunto de enlaces intratextuales que permiten establecer las relaciones semánticas que aseguran la continuidad del sentido y, por ello, la constitución de un texto en tanto unidad de significación. En términos más cotidianos, esas relaciones permiten que el lector (o el oyente) “siga” la lectura (es decir, el discurso) de manera lineal, sin perderse.

Los elementos de cohesión, esos enlaces intratextuales, establecen recurrencias o repeticiones sin que se repita de manera estricta: el escenario conformado por el universo que instaura el mismo discurso permite silenciar lo que no necesita decirse (las elipsis), usar algunos términos vacíos de significación para remitir a elementos ya aparecidos o por aparecer en el texto (las referencias) y desplegar una serie de relaciones entre palabras, habilitadas por ese mismo escenario (sinónimos, hipónimos, proformas léxicas, entre otros).9

En cuanto a la coherencia, diremos que ese es un fenómeno lingüístico que remite a la construcción del texto como unidad. La coherencia permitirá reconocer que todo el texto alude a un mismo tema, que no hay datos irrelevantes (o no funcionales al texto integral) y que la organización de esos temas faculta la construcción del mensaje completo para que sea bien interpretado. Pero no solo eso: la coherencia también exige el respeto a las condiciones que impone el género del que se trate.10

Finalmente, la adecuación será la utilización de un registro conveniente, de un tipo de lengua apropiado para la situación de discurso y para los participantes que se comunican. Así, un texto de divulgación no debería usar términos muy específicos que no pudieran ser comprendidos por el público general, mientras un texto de especialidad debe usar términos específicos que estén bien definidos en la disciplina.

1.2.1. Referencia

La referencia es una relación de tipo semántico en la que el significado de un elemento dado se interpreta a través de la identificación de un referente dentro o fuera del texto y ocurre tanto como fenómeno intraoracional cuanto extraoracional (es decir, entre dos elementos que están dentro de la misma oración o no).

En términos generales, las referencias permiten que el texto sea más liviano, se sienta como menos redundante. Veamos este caso.

[1] Los órganos grandes y huecos del aparato digestivo poseen músculos, los músculos de los órganos grandes y huecos del aparato digestivo permiten que las paredes de los músculos de los órganos grandes y huecos del aparato digestivo muevan a las paredes de los músculos de los órganos grandes y huecos del aparato digestivo. El movimiento de las paredes de los músculos de los órganos grandes y huecos del aparato digestivo puede impulsar los alimentos y los líquidos.

Sin dudas, este enunciado resulta pesado y redundante y, en algún sentido, difícil de interpretar. Si reemplazamos algunos de los términos que se repiten por referencias, obtendremos un resultado como el siguiente:

[2] Los órganos grandes y huecos del aparato digestivo poseen músculos que permiten que sus paredes se muevan. El movimiento de estas paredes puede impulsar los alimentos y los líquidos.

Un resultado que, evidentemente, es mucho más sencillo de leer y más fácil de comprender. Como puede verificarse, el uso de sus o el uso de estas adquiere en este segmento un sentido particular que se relaciona, en ambos casos, con los órganos grandes y huecos del aparato digestivo.

Pero no solo eso. También se sabe que, si se toma una expresión fuera de contexto, puede ocurrir que mucha información quede oscurecida y sea complicado interpretarla. Así, [3] resulta incomprensible si no estamos en la situación en la que se emite la expresión: ¿quién es él?, ¿dónde es ahí?, ¿cuándo es ahora?

[3] Él está ahí ahora.

Por el contrario, en [4], resulta claro que él es el organismo y estos son los elementos nutricionales.

[4] El organismo necesita una serie de elementos nutricionales. En él, estos son esenciales para la estructura de órganos y tejidos.

La interpretación de [3] depende definitivamente de las circunstancias en que se emite la expresión, esto es, del contexto de la enunciación, de las entidades que son ajenas a —que están fuera de— el texto. Es por ello que, descontextualizado, es imposible interpretar lo que se dice allí. Este hecho suele repetirse en las conversaciones, en los intercambios cara a cara, en la lengua oral en general (si bien hay casos de discurso oral, como las conferencias, en los cuales las referencias son más internas al texto que externas).

Las referencias que remiten al contexto —es decir, las que señalan hacia fuera del texto, como ocurre en el caso de [3]— se llaman exofóricas (del griego, ‘transporte hacia fuera’). Muchos autores las llaman deícticos, porque funcionan como un dedo índice que señala algo.11 Hay referencias exofóricas o deícticos de persona (yo, tú), de lugar (aquí), de modo (así) y de tiempo. En cuanto a los deícticos de tiempo, no solo funcionan como tales las palabras sueltas del tipo ahora, hoy o entonces sino también las terminaciones verbales que hacen una indicación relativa al momento en que se produce el discurso. Si leemos [5], la ausencia de otras indicaciones no nos permite establecer coordenadas de tiempo estables que nos garanticen que el evento todavía no se ha producido.

[5] Él estará ahí.

El caso de [4], por el contrario, es un ejemplo claro de discurso autónomo, en el sentido de que no hace falta estar en el momento de la emisión para interpretar el enunciado. Aquí ya no hay presencia de referencias exofóricas o deícticos sino de referencias endofóricas. Las referencias endofóricas (del griego, ‘transporte hacia dentro’) son aquellas que hacen una remisión interna al texto, es decir, que señalan hacia alguna instancia ya aparecida o por aparecer en el texto. Cuando las referencias endofóricas señalan hacia atrás, es decir, cuando remiten al texto precedente, son llamadas referencias anafóricas. Así, en [4], que copiamos como [6], él remite a el organismo, segmento discursivo que se encuentra a la izquierda de la referencia y que actúa como antecedente dándole sentido.

[6] El organismo necesita una serie de elementos nutricionales. En él, estos son esenciales para la estructura de órganos y tejidos.

Probablemente, las referencias anafóricas son las más habituales, desde el momento en que, para interpretar apropiadamente el discurso, la referencia tiende a remitir al texto precedente porque lo contrario podría producir malas interpretaciones. En ese sentido, no hay problemas en entender que María y ella correfieren (remiten al mismo individuo del mundo extralingüístico) en [7].

[7] María llegó. Ella traía un tapado negro.

No ocurre lo mismo en [8], donde ella y María parecen remitir a individuos diferentes.

[8] Ella llegó. María traía un tapado negro.

Existen casos, de todos modos, de referencias que remiten a un referente que no ha aparecido aún en el texto. Tal es el caso de [9], donde le remite a intestino delgado, segmento discursivo que se encuentra a la derecha (o sea, después) de la referencia.

[9] El estómago le vuelca su contenido al intestino delgado.

Estas referencias hacia adelante son llamadas catafóricas.

Sorprendentemente, si se quiere, una de las dificultades referenciales más frecuentes es la concordancia entre sujeto y predicado. En un caso como el siguiente:

El progreso del peso y diámetro de la uva en los tres establecimientos presentaron un valor máximo y luego disminuyeron por deshidratación.

el complemento del peso y diámetro de la uva arrastra la concordancia hacia el plural, pero el sujeto del verbo presentaron es el progreso, motivo por el cual la forma correcta del verbo es presentó.

1.2.1.1. Referencias personales

Las referencias pueden estar representadas por pronombres,12 como en [4] y [6], que repetimos como [10], donde él remite a el organismo.

[10] El organismo necesita una serie de elementos nutricionales. En él, estos son esenciales para la estructura de órganos y tejidos.

O bien [11], donde sus remite a alimentos y bebidas y quiere decir, estrictamente, de los alimentos y las bebidas (es decir, las partes más pequeñas de los alimentos y las bebidas).

[11] La digestión es el proceso mediante el cual los alimentos y bebidas se descomponen en sus partes más pequeñas para que el cuerpo pueda usarlos como fuente de energía.

También puede verse [12], donde las refiere a las grasas de las que habla el texto precedente, por lo que la oración podría parafrasearse como Después de que las grasas se disuelven, las enzimas del páncreas y de la mucosa intestinal digieren las grasas.

[12] Los ácidos biliares disuelven las grasas en el contenido acuoso del intestino, como los detergentes disuelven la grasa de una sartén. Después de que las grasas se disuelven, las enzimas del páncreas y de la mucosa intestinal las digieren.

Todas estas referencias, tanto las provistas por indicaciones de persona como las provistas por indicaciones de posesión, son llamadas referencias personales (Halliday & Hasan, 1976).13

En general, debe tenerse en cuenta que las referencias de primera persona (yo, nosotros) y de segunda (tú) son bastante claras en términos de señalamiento contextual. Eso queda manifiesto en el texto de una publicidad como la que sigue donde yo se refiere a quien habla y tú a quien recibe el mensaje.

Yo te recomiendo que tú compres XX.

Por el contrario, la segunda persona de distancia (usted), la segunda del plural (ustedes) y las terceras personas están representadas, en la mayoría de los casos, por las mismas referencias. Así, su experiencia en el enunciado que sigue puede querer decir la experiencia de usted, la de ella, la de ustedes, la de ellos, etcétera.

Su experiencia es fundamental.

Algo similar ocurre con la frase Le damos la bienvenida. ¿A usted? ¿A ella? ¿A quién?

Conviene recordar, además, que las referencias de tercera persona son las que más aparecen en el texto escrito y, sobre todo, en el académico-científico.

1.2.1.2. Referencias demostrativas

Otras referencias son las representadas por los demostrativos en general. Así, en [13], estos refiere a alimentos como pan, carne y verduras.

[13] Cuando comemos alimentos como pan, carne y verduras, estos no están en una forma que el cuerpo pueda aprovechar para nutrirse.

Desde luego, hay otros ejemplos de lo que son llamadas referencias demostrativas. Tal es el caso de [14], donde así, refiere a una manera, a un modo: estrictamente, al primer movimiento muscular importante que ocurre cuando ingerimos alimentos o líquidos, que es el modo en que comienza la digestión.

[14] El primer movimiento muscular importante ocurre cuando ingerimos alimentos o líquidos. Así comienza la digestión.

Debe hacerse notar la diferencia entre este enunciado y el [15], donde entonces refiere a un momento, el momento cuando se produce el primer movimiento muscular importante del proceso, que es el momento en el que comienza la digestión.

[15] El primer movimiento muscular importante ocurre cuando ingerimos alimentos o líquidos. Entonces comienza la digestión.

Como se ve en estos dos últimos casos, a pesar de la similitud, la referencia focaliza una diferenciación notoria que determinará el tipo de interpretaciones que el texto autoriza y el tipo de continuaciones que admitirá el discurso.

En resumen, la referencia demostrativa está representada por algunos adverbios (como entonces o así), por los tiempos verbales (como se vio en Él estará ahí) y también por los demostrativos este, ese y aquel (y sus variaciones en femenino y en plural). Y el uso de una u otra referencia disponible orienta la interpretación.

El problema que plantean las referencias demostrativas es que no siempre resultan lo suficientemente claras como para que el lector interprete de modo apropiado el antecedente. Cuando una referencia como eso remite al discurso previo, por ejemplo, puede no ser obvio si se trata de todo lo dicho con anterioridad o solo de un fragmento de ese discurso.

Del mismo modo, los candidatos a antecedente de una referencia pueden ser más de uno, como en el siguiente ejemplo:

El hígado, el estómago, el páncreas y los intestinos juegan un papel fundamental en la digestión. Aquel produce una enzima que digiere las proteínas.

El antecedente de aquel no resulta claro: ¿el hígado?, ¿el estómago?, ¿el páncreas? El texto no nos permite dilucidarlo.

1.2.1.3. Referencias comparativas

El último caso de referencia propuesto por Halliday & Hasan es el de las referencias comparativas. Términos como mejor, el mismo u otro (o sea, algunos adjetivos o adverbios) permiten establecer comparaciones de lo designado por diferentes elementos dentro de un texto, como se ve en [16].

[16] La digestión comprende la mezcla de los alimentos, su paso a través del tracto digestivo y la descomposición química de las moléculas grandes en moléculas menores.

Parece quedar claro aquí que la interpretación comparativa de moléculas menores depende del antecedente moléculas grandes.

En muchos casos, la comparación se realiza sobre una base que no aparece explicitada. Por ejemplo:

Las que actúan primero son las glándulas salivares de la boca. La saliva que producen contiene una enzima que permite digerir mejor.

¿A qué se refiere mejor? El texto no permite determinar con qué se hace la comparación. Puede orientar la inferencia de que permite una mejor digestión que la que se lograría sin la enzima, pero convengamos en que el texto no resulta totalmente explícito.

1.2.2. Sustitución
1.2.2.1. El proverbo hacer

En muchos casos, la cohesión está provista por el uso de un verbo que puede cargarse con el sentido de casi todos los verbos: el verbo hacer y el compuesto hacerlo. En efecto, se dice de él que es un proverbo porque, en muchos casos, no tiene un contenido léxico propio en el enunciado sino que sustituye a otro verbo (con sus complementos) para que no sea necesario repetir. De ese modo, mientras [17] resulta más pesado, [18] se siente liviano y natural.

[17] La saliva es la responsable de digerir el almidón y puede digerir el almidón porque contiene una enzima que lo transforma en moléculas más pequeñas.

[18] La saliva es la responsable de digerir el almidón y puede hacerlo porque contiene una enzima que lo transforma en moléculas más pequeñas.

Desde luego, el uso de esta proforma es natural, como decimos, y adecuado. Sin embargo, hay que cuidarse —como con todo— de no abusar de este recurso, porque puede convertir el texto en vago y poco preciso.

1.2.2.2. El sustituto lo mismo

El adjetivo mismo, con variaciones de género y número (misma, mismos, mismas), suele sustantivarse y siempre señala identidad, que puede ser referencial o conceptual, a saber:

[19] El mismo órgano de este sujeto sintetiza las proteínas y secreta la bilis (identidad referencial). [adjetivo]

[20] Este proceso es el mismo cada vez que el ser humano se alimenta (identidad conceptual). [sustantivo]

A estos casos debe sumarse el de la forma lo mismo que promueve cohesión empaquetando en su sentido desde una simple expresión hasta un segmento relativamente extenso de texto.

[21] El hígado produce un jugo digestivo que colabora con la digestión. Lo mismo ocurre con el páncreas.

Debe observarse, eso sí, que esta forma no necesariamente es clara con respecto a aquello que “empaqueta”. En este sentido, conviene tener en cuenta que la comparación de identidad que pone en juego este término puede llevar a confusión: no parecen ser exactamente idénticos los procesos a los que aluden la frase a la izquierda y la frase a la derecha de los dos puntos en [22].

[22] Cualquier detergente disuelve la grasa dejando con brillo los platos: lo mismo hacen los ácidos biliares.

Un apartado especial merece el uso que, en el lenguaje administrativo y también en el periodístico, en el jurídico y en el técnico, se hace de las formas el mismo, la misma, los mismos, las mismas. Estas expresiones no son pronombres que puedan emplearse en reemplazo de sustantivos, en tanto las referencias —que vimos más arriba— sí pueden hacerlo. Por ejemplo:

Si bien la ingesta propiamente dicha es parte de un proceso voluntario, el mismo se transforma en involuntario cuando comienza.

es desaconsejable y se prefieren otras opciones como la siguiente:

La ingesta propiamente dicha es parte de un proceso voluntario; sin embargo, este se transforma en involuntario cuando comienza.

Obsérvese también otro caso:

El alimento y el líquido son absorbidos a través del intestino delgado. En efecto, la mucosa del mismo puede absorber los nutrientes.

que debería ser reemplazado por:

El alimento y el líquido son absorbidos a través del intestino delgado. En efecto, su mucosa puede absorber los nutrientes.

Tal como plantean García Negroni (2010) o el Diccionario Panhispánico de Dudas (en línea) —entre otros—, no es difícil reemplazar estas expresiones por verdaderas referencias o incluso suprimirlas, en muchos casos:

El estómago es el órgano en el que se acumula comida. Por eso, el mismo varía de forma a lo largo del día según el estado de repleción.

El estómago es el órgano en el que se acumula comida. Por eso, varía de forma a lo largo del día según el estado de repleción.

1.2.3. Elipsis

La elipsis se produce cuando un elemento estructural esencial es omitido en una oración o cláusula y solo puede ser recuperado haciendo remisión al texto precedente o consecuente. Es, de hecho, un fenómeno que reduce la redundancia y alivia el peso que supondría la repetición en sus diversas formas.

Es muy habitual, en español, la elipsis de sujeto: una vez que se presenta en el texto, la expresión del sujeto suele omitirse hasta tanto aparezca un nuevo sujeto o hasta que el sujeto resulte tan lejano que sea necesario reponerlo. Veamos [23].

[23] El estómago debe realizar tres tareas mecánicas. Primero, debe almacenar la comida y los líquidos ingeridos. Luego, debe mezclar los alimentos, los líquidos y el jugo digestivo producido por el estómago. Finalmente, debe vaciar su contenido lentamente en el intestino delgado.

La aparición del sujeto el estómago en la primera oración habilita la elipsis de sujeto en las oraciones siguientes; en efecto, el sujeto de debe almacenar, de debe mezclar y de debe vaciar, aunque no aparezca expresado, sigue siendo el estómago, como queda claro: así lo indica la terminación verbal de debe (3ª persona del singular), que orienta a buscar un sujeto apropiado de 3ª singular, en este caso, el estómago. Por supuesto, [23] podría haberse realizado como [24], enunciado que, aunque gramatical, resulta pesado debido a la reiteración.

[24] El estómago debe realizar tres tareas mecánicas. Primero, el estómago debe almacenar la comida y los líquidos ingeridos. Luego, el estómago debe mezclar los alimentos, los líquidos y el jugo digestivo producido por el estómago. Finalmente, el estómago debe vaciar su contenido lentamente en el intestino delgado.

Así como se eliden sintagmas (el estómago en [23]), pueden elidirse palabras, como jugos en [25].

[25] Después de que el estómago vierte su jugo en el intestino delgado, los de otros dos órganos se mezclan con ellos para continuar el proceso.

En efecto, el enunciado podría parafrasearse como Después de que el estómago vierte su jugo en el intestino delgado, los jugos de otros dos órganos se mezclan con ellos para continuar el proceso.

Y también pueden elidirse frases, como en [26], que quiere decir El movimiento típico del esófago, el movimiento típico del estómago y el movimiento típico de los intestinos se llama peristaltismo.

[26] El movimiento típico del esófago, del estómago y de los intestinos se llama peristaltismo. La acción del peristaltismo se parece a la de una ola del mar moviéndose por el músculo.

Del mismo modo, se eliden sintagmas o construcciones más amplias, como se ve en [27].

[27] El primer movimiento muscular importante ocurre cuando ingerimos alimentos o líquidos. Esta parte del proceso es voluntaria y consciente, pero la parte que sigue, no.

En [27] se ha suprimido todo el predicado de la segunda parte de la oración, que podría ser parafraseada como El primer movimiento muscular importante ocurre cuando ingerimos alimentos o líquidos. Esta parte del proceso es voluntaria y consciente, pero la parte que sigue no es voluntaria ni consciente. Se observa aquí que la repetición, aunque no incorrecta, hace más denso al texto. En definitiva, la elipsis, repetimos, aligera el texto y evita la redundancia.

El riesgo de la elipsis es que se silencie algún dato que no resulta fácilmente recuperable a partir del contexto o que actúa en realidad como una idea que el escribiente supone fácilmente recuperable. En un caso como este:

Primero, una enzima de la saliva y del jugo pancreático descompone el almidón en moléculas de maltosa; luego, una enzima de la mucosa del intestino delgado divide la maltosa en moléculas de glucosa que pueden absorberse en la sangre. Se trata de la maltasa.

La maltasa ¿es la enzima de la saliva y del jugo pancreático o la de la mucosa del intestino? ¿O se trata de una sola enzima para todos? El texto no nos lo dice.

Es más, muchas veces, se elide o borra un segmento que es muy obvio para quien escribe, pero resulta irrecuperable para quien lee. Por ejemplo:

Los movimientos que realiza el estómago para movilizar la comida son muy rápidos. Por ello, es necesario que los individuos no realicen ejercicios violentos que consuman mucha energía durante la digestión.

Este texto puede producir una interpretación incorrecta: ¿qué tiene que ver la digestión con la rapidez de los movimientos que realiza el estómago para movilizar la comida? A lo sumo, parece que hay un paso del razonamiento que fue silenciado, algo así como:

Y exigen una alta concentración de energía en el estómago.

En efecto, la necesidad de no realizar ejercicios violentos durante la digestión sí puede relacionarse con la exigencia de mucha energía por parte del estómago. Incluir este segmento daría al texto más cohesión y permitiría una interpretación más fluida:

Los movimientos que realiza el estómago para movilizar la comida son muy rápidos. Y exigen una concentración de energía en el estómago. Por ello, es necesario que los individuos no realicen ejercicios violentos que consuman mucha energía durante la digestión.

1.2.4. Observaciones

Aunque los hablantes manejan con alta eficiencia el uso de la referencia en general, la lengua escrita pone de manifiesto algunas dificultades que tienen que ver con el desarrollo de la trama del texto. En este sentido, la coincidencia de género y número de distintos candidatos a antecedente puede producir ambigüedad. Ese es el caso de [28].

[28] Los nutrientes se absorben a través de las paredes intestinales y son transportados a todas las células. Dado que son elásticas, realizan un movimiento rítmico.

El problema que se evidencia en este texto es el hecho de que el femenino plural de elásticas admite dos antecedentes: paredes y células; por esa razón, es imposible determinar el antecedente correcto. La pregunta es ¿qué se quiere decir? ¿Que las células son elásticas y realizan un movimiento rítmico? ¿O que las paredes intestinales son elásticas y realizan un movimiento rítmico? Evidentemente, el texto no brinda pistas que permitan desambiguarlo.

Algo similar ocurre con [29].

[29] La comida que acabamos de ingerir pasa al siguiente órgano que es el esófago, y que conecta la garganta con el estómago. Su movimiento de contracción y relajación permite el transporte del alimento.

¿A quién se refiere su? ¿Al esófago o al estómago? El lector puede quedar confundido con una frase así porque, si la está leyendo, es muy probable que no conozca demasiado sobre el tema y no pueda decidirse por cuál es la respuesta apropiada a estas preguntas.

Eso también puede suceder con las elipsis. Cuando los candidatos a referente de una elipsis son varios, el texto se presenta como ambiguo y, en consecuencia, es confuso. Tal el caso de [30].

[30] Hay otros dos órganos digestivos compactos que producen jugos que llegan al intestino a través de pequeños tubos, el hígado y el páncreas. Secreta la bilis.

¿Cuál de los dos secreta la bilis? ¿El hígado o el páncreas? Es imposible saberlo a partir de este texto.

En definitiva, aunque el escribiente suele tener muy claras las ideas en su pensamiento, la versión escrita de esas ideas puede ofrecer ambigüedades flagrantes a la lectura. Prestar atención a las referencias y a las elipsis y reconocer cuáles son los verdaderos candidatos a referente dentro del texto puede significar que la lectura se vuelva comprensible y que se brinden todas las pistas necesarias al lector.

1.2.5. Conjunción

Para Halliday & Hasan (1976: 227 y ss.), los elementos conjuntivos son cohesivos de manera indirecta, gracias a su contenido semántico. En efecto, la conjunción no alude a una remisión hacia atrás en términos de anáfora o hacia adelante en términos de catáfora sino, antes bien, a ciertos significados que presuponen la presencia de otros componentes en el texto. Si bien veremos otras formas de “relación conjuntiva” o conectiva más adelante en este mismo capítulo, respetaremos la organización que estos autores proveen al fenómeno general de la cohesión en su obra.

De acuerdo entonces con esa propuesta, consideraremos aquí cuatro tipos de conectores: los aditivos, los adversativos, los causales y consecutivos, y los temporales.14

En general, diremos que todo conector vincula tanto semántica como pragmáticamente los segmentos del discurso que pone en relación, proporcionando una suerte de instrucción para comprender cómo deben ser entendidos o con qué orientación deben interpretarse.15 En todos los casos, partiremos de dos proposiciones:

 los alimentos y las bebidas se descomponen en sus partes más pequeñas

 el cuerpo los usa como fuente de energía

El empleo de las mismas proposiciones para todos los casos busca dejar en claro que, más allá de los conceptos que se articulan, los conectores determinan el tipo de relación que se establece entre ellos y, por ende, el modo en que debe seguirse el razonamiento. Por otra parte, en cada apartado, solo ofrecemos uno y a lo sumo dos ejemplos de uso de conector. Deberá extenderse lo formulado a los demás conectores del grupo.

1.2.5.1. Los aditivos

Los conectores aditivos unen segmentos que se orientan en la misma dirección argumentativa. Son ejemplos de aditivos: incluso, es más, y, inclusive, además, asimismo, no solo… sino también, aún más, más aún, también, aparte, por añadidura.

[31] Los alimentos y las bebidas se descomponen en sus partes más pequeñas; además, el cuerpo los usa como fuente de energía.

En principio, los dos segmentos (el que está a la izquierda y el que está a la derecha del conector) de [31] presentan situaciones simultáneas o que están al mismo nivel y que no se modifican necesariamente una a la otra.16 En este sentido, el enunciado manifiesta que el hecho de que el cuerpo use los alimentos como fuente de energía es un dato que se agrega a que los alimentos y las bebidas se descomponen en sus partes más pequeñas.

Los aditivos siempre establecen una especie de enumeración. Las enumeraciones pueden contener dos o más miembros, cada uno de los cuales deberá estar concatenado con el anterior por medio de un conector o por medio de una coma. Cuando solo hay comas entre los miembros de una enumeración, se dice que la enumeración es incompleta, como en [32]; cuando entre el penúltimo y el último miembro de una enumeración hay un aditivo, se dice que se trata de una enumeración completa, como en [33]. Ahora bien, conviene prestar siempre atención al hecho de que alguno de los miembros de la enumeración puede ser, por ejemplo, un sintagma compuesto con una conjunción interna, como los intestinos y el recto en [34]: en esos casos, deberá tenerse en cuenta la puntuación para que quede claro que se trata de un solo miembro y no de dos.

[32] La boca, el esófago, el estómago, el intestino delgado, el colon son algunos de los órganos que conforman el tracto digestivo.

[33] La boca, el esófago, el estómago, el intestino delgado, el colon, el recto y el ano conforman el tracto digestivo.

[34] La boca, el esófago, el estómago, los intestinos y el recto, y el ano conforman el tracto digestivo.

Debe observarse, por otra parte, que la adición tiende a funcionar como progresiva (Laca, 2001: 116), en el sentido de que se produce una especie de crescendo conceptual o argumental a medida que se agregan ítems a la enumeración. O, para decirlo de otro modo, los miembros de una enumeración no deberían presentarse en un orden aleatorio sino, antes bien, creciente. Desde luego, hay casos en los que los miembros de la enumeración no presentan ninguna forma de jerarquía: aun así, habrá que decidir algún orden en algún sentido. En el caso de [33], por ejemplo, el orden tiene que ver con la secuencia espacial de los órganos.

Por último, existe un caso de aditivos que no marcan un progreso in crescendo sino todo lo contrario: se trata de los digresores (Portolés, 1998; Laca, 2001), como aparte, por añadidura, por lo demás. El segmento a la derecha de estos conectores, evidentemente, no será más fuerte desde un punto de vista argumentativo que los miembros a la izquierda sino, antes bien, más débil.

Aunque parezca innecesario señalarlo, siempre conviene tener en claro que cuando se adicionan (o, incluso, cuando se contraponen) elementos, deben ser elementos de la misma categoría. Es más, la propia ocurrencia de la adición hace que los distintos miembros de esa suma adquieran una categoría similar (para ejemplificarlo, podemos decir que sumar naranjas con manzanas obliga a interpretar que se están sumando frutas y no “naranjas” y “manzanas”).

En ese sentido y aunque no presenten necesariamente conectores de adición, conviene tener en cuenta que los listados (que constituyen una especie de “suma” de algo) deberían estar siempre conformados por elementos del mismo tipo: oraciones completas o construcciones de infinitivo o de sustantivo o de adjetivo, pero no construcciones diversas. Así, un listado como el que sigue:

 La indagación de las dificultades…;

 el análisis de los libros…;

 a partir de los resultados obtenidos, se desarrolló una…;

 la implementación… y

 la reelaboración de…

tendría que ser corregido como

 La indagación de las dificultades…;

  el análisis de los libros…;

 el desarrollo de una…, a partir de los resultados obtenidos;

 la implementación… y

 la reelaboración de…

donde el ítem 3 ha pasado de ser una oración completa a una construcción con nominalización.17

Ahora bien, la colocación de los miembros de la adición obliga a leer lo que está a la izquierda y lo que está a la derecha como los elementos que se suman. En el siguiente caso,

Los empleados que residen en el predio son primordialmente los especializados en actividades ganaderas y en las grandes estancias donde existen viviendas para ellos.

el defecto que se evidencia es que no hay una coordinación de los miembros que están antes y después del conector sino, más bien, de un segmento del miembro que está a la izquierda con el miembro que está a la derecha. En efecto, lo que orienta a esperar el conector es que a la derecha se presente otro tipo de empleados y no su lugar de residencia. Una posible solución a este conflicto se presenta en el ejemplo siguiente:

Los empleados especializados en actividades ganaderas residen en el predio y en las grandes estancias donde existen viviendas para ellos.

En este caso, como se ve, a la izquierda y a la derecha del conector quedan efectivamente los elementos que se ponen en relación de adición, esto es, los lugares de residencia de estos empleados.

1.2.5.2. Los adversativos

Los adversativos vinculan dos segmentos de manera que el segundo suprime o atenúa la conclusión que se podría obtener inicialmente del primero. Son ejemplos de adversativos pero, sin embargo, no obstante, en cambio, por el contrario, con todo, a diferencia de, mientras que, si bien, pese a, a pesar de.

[35] Los alimentos y las bebidas se descomponen en sus partes más pequeñas; sin embargo, el cuerpo los usa como fuente de energía.

En [35], el primer segmento (o segmento a la izquierda del conector) conduciría a concluir que los alimentos descompuestos en partes pequeñas no sirven (o no parecen servir) para proporcionar energía, pero el segundo segmento cierra esa conclusión y la echa por tierra: el cuerpo usa esas partes pequeñas como fuente de energía. En el caso de [36], en cambio, la conclusión a la que conduce el primer segmento no aparece totalmente clausurada sino que presenta objeciones, como si se dijera que los alimentos proporcionan energía en su estado natural, pero también cuando son descompuestos en partes pequeñas.

[36] Los alimentos y las bebidas se descomponen en sus partes más pequeñas; con todo, el cuerpo los usa como fuente de energía.

1.2.5.3. Los causales y consecutivos

Los causales y los consecutivos presentan lo dicho en un segmento como una consecuencia de lo dicho en otro segmento. Son causales porque, como, pues, a causa de, ya que, dado que, visto que, por cuanto, gracias a, debido a. Son consecutivos por tanto, por lo tanto, así, entonces, en consecuencia, de ahí, por consiguiente, por ende, de modo que, de manera que, de tal forma que. La diferencia entre unos y otros es la posición de la causa y de la consecuencia: en los causales, la causa está a la derecha del conector y la consecuencia a la izquierda; en los consecutivos, la causa está a la izquierda y la consecuencia, a la derecha.18

[37] Los alimentos y las bebidas se descomponen en sus partes más pequeñas; en consecuencia, el cuerpo los usa como fuente de energía.

A diferencia de lo que ocurría en [36], en [37], el razonamiento disparado por el conector determina que el cuerpo usa como fuente de energía los alimentos gracias a que estos se descomponen en partes más pequeñas.

Los causales y los consecutivos manifiestan dos tipos de relación: la que podríamos llamar factual y la que podríamos llamar evidencial. La relación factual establece una correspondencia entre hechos, de los cuales uno es la causa y el otro es la consecuencia. Esto lo vimos, por ejemplo, en [37], donde se expresa que el cuerpo puede usar como fuente de energía los alimentos y las bebidas porque estos están descompuestos en sus partes más pequeñas. Ahora bien, la ocurrencia de [38] solo puede admitirse en el sentido de que el hecho de que el cuerpo pueda usarlos como fuente de energía da una evidencia de que los alimentos y las bebidas se han descompuesto en sus partes más pequeñas.

[38] El cuerpo usa los alimentos y las bebidas como fuente de energía; en consecuencia estos se descomponen en sus partes más pequeñas.

En muchos casos, resulta difícil discernir si se trata de una relación factual o evidencial. Tal vez sea ese el motivo por el cual la relación de causa-consecuencia evidencial tiende a ser mucho menos frecuente que la factual en el discurso académico (profundizaremos en esta línea en el capítulo 3, § El problema discursivo de la abducción y los conectores).

1.2.5.4. Los temporales 19

Los conectores temporales suelen establecer alguna forma de relación temporal que puede resumirse en tres perspectivas: simultaneidad, anterioridad y posterioridad. Así, el uso de distintos conectores temporales proveerá una orientación acerca de la secuenciación de los eventos: antes, después, al mismo tiempo, entonces, luego, más tarde, a continuación.

[39] Los alimentos y las bebidas se descomponen en sus partes más pequeñas; a continuación, el cuerpo los usa como fuente de energía.

En [39], el hecho de que el cuerpo use los alimentos como fuente de energía se relaciona con el hecho de que esos alimentos se descompongan en sus partes más pequeñas simplemente por una relación de posterioridad. O, para explicarlo mejor, se expresa aquí que es necesario que los alimentos y bebidas se descompongan primero en sus partes más pequeñas para poder recién después ser usados como fuente de energía.

En definitiva, la conjunción es otro dispositivo de cohesión que requiere la recuperación de elementos “inferibles”. Como hemos dicho, nos proponemos ser fieles a la propuesta de Halliday & Hasan (1976) en este punto. Sin embargo, la idea de conjunción debería ampliarse a los casos que veremos más adelante en este mismo capítulo en el parágrafo correspondiente a la organización informativa y argumentativa del texto.

1.2.6. Cohesión léxica

A pesar de que la cohesión gramatical —esto es, la vista hasta el momento— es fundamental para el seguimiento del tema, lo cierto es que la referencia fundamental, probablemente, se construye a partir del léxico, es decir, de las propias palabras (Calsamiglia y Tusón, 1999).

Consideraremos, al respecto, los procedimientos más habituales de cohesión léxica, representados por los distintos mecanismos de reiteración, desde la repetición lisa y llana hasta el uso de proformas léxicas y las colocaciones o las relaciones de tipo léxico que remiten al universo del discurso.

1.2.6.1. Reiteraciones

El primer procedimiento de la cohesión léxica es el denominado reiteración. En su desarrollo, el discurso requiere de la reiteración, que es una forma de retomar y entretejer esos hilos de los que hablábamos al principio. De todos modos, esas reiteraciones se van dando de distintas maneras: como repeticiones lisas y llanas, por medio de sinónimos, por el uso de hiperónimos y, también, por medio del empleo de palabras generalizadoras.

1.2.6.1.1. Repeticiones (exactas o parciales)

Los escribientes tienden a considerar que las repeticiones son un defecto en el texto escrito. Sin embargo, en muchos casos (y sobre todo cuando se trata de términos técnicos que responden a una teoría específica), permiten que el desarrollo del tema sea más fluido y no se produzcan ambigüedades. En un fragmento como [40], las repeticiones parecen bastante necesarias.

[40] El aparato digestivo es una serie de órganos huecos que forman un largo y tortuoso tubo que va de la boca al ano. El interior del tubo está revestido por una membrana llamada mucosa. La mucosa de la boca contiene glándulas muy pequeñas que producen jugos.

Sin dudas, el reemplazo por sinónimos o por definiciones podría generar algún tipo de ambigüedades, como se ve en [41].

[41] ???El aparato digestivo es una serie de órganos huecos que forman un largo y tortuoso tubo que va de la boca al ano. El interior del conducto está revestido por una membrana llamada mucosa. El tejido semejante al moco de la boca contiene glándulas muy pequeñas que producen jugos.

De hecho, las repeticiones permiten una interpretación fluida que alienta el seguimiento del tema. La repetición total se ve en [42] y en [43].

[42] El aparato digestivo es una serie de órganos huecos que forman un largo y tortuoso tubo que va de la boca al ano. El interior del largo y tortuoso tubo está revestido por una membrana llamada mucosa.

[43] El interior del tubo está revestido por una membrana llamada mucosa. La mucosa de la boca contiene glándulas diminutas que producen jugos.

En el caso de [40], que repetimos incompleto aquí como [44], hablamos de repetición parcial.

[44] El aparato digestivo es una serie de órganos huecos que forman un largo y tortuoso tubo que va de la boca al ano. El interior del tubo está revestido por una membrana llamada mucosa.

Pero también debemos hablar de repetición parcial cuando esa repetición se concreta por medio de una transformación de clase de palabra entre el referente y su repetición, como se observa en [45], donde digeridos es una forma no personal del verbo digerir (estrictamente, un participio), en tanto digestión es el sustantivo correspondiente (denominado deverbal por provenir de un verbo).

[45] Los alimentos y bebidas que consumimos deben ser digeridos. La digestión es el proceso mediante el cual los alimentos y bebidas se descomponen en sus partes más pequeñas para que el cuerpo pueda usarlos como fuente de energía, y para formar y alimentar las células.

En los casos de cambio de clase de palabra, puede suponerse que no siempre es sencillo realizar la inferencia de la reiteración. En el fragmento:

Una característica fascinante del aparato digestivo es que contiene sus propios reguladores. Las principales hormonas que controlan las funciones del aparato digestivo se producen y liberan a partir de células de la mucosa del estómago y del intestino delgado. Estas hormonas pasan a la sangre que riega el aparato digestivo, van hasta el corazón, circulan por las arterias y regresan al aparato digestivo, en donde estimulan la producción de los jugos digestivos y provocan el movimiento de los órganos. Esa regulación es fundamental para el buen funcionamiento del sistema…

tal vez no todas las lecturas sean capaces de relacionar reguladores y regulación y ligarlos, además, con las hormonas. Tal vez convendría, sobre todo si la distancia entre los dos miembros de la repetición es demasiado dilatada, redundar un poco más:

Esa regulación que las hormonas ejercen en el aparato digestivo es fundamental para el buen funcionamiento del sistema.

De cualquier manera, cuando la repetición permite el seguimiento del tema, usar la repetición es un procedimiento apropiado. Pero cuando puede evitarse sin provocar ninguna dificultad en la interpretación, es mejor evitarla.

1.2.6.1.2. Uso de sinónimos o cuasisinónimos

De acuerdo con algunas teorías lingüísticas, es (casi) imposible hablar de sinónimos totales.20 En efecto, los sinónimos que pueden reemplazarse en absolutamente todos los contextos son casi inexistentes, a menos que se tomen como sinónimos términos como septiembre y setiembre (y aun así habría que discutir si son sinónimos en todos los contextos o son verdaderamente producidos por los mismos enunciadores).

De hecho, hay sinónimos que tienen contextos muy diferenciados y restringidos. La palabra oliva, que quiere decir estrictamente aceituna —por dar un ejemplo simple—, solo aparece, en el dialecto rioplatense, en el sintagma aceite de oliva —que, desde luego, no es otra cosa que aceite de aceituna, aunque en el Río de la Plata nadie osaría llamarlo así—. En otro contexto, el del dialecto de Madrid, digamos, no es inusual pedir un plato de olivas cuando uno “va de tapas”.

Por otra parte, algunos términos pueden ser considerados cuasisinónimos (Lyons, 1977). Así, aunque las palabras hermoso, lindo, bello o mono pueden tener significados más o menos equivalentes, las diferencias de matiz o de tono las convierten en cuasisinónimos.

Debe considerarse, por fin, que los sinónimos y los cuasisinónimos no deberían reducirse al ámbito de las palabras: también los sintagmas e incluso las oraciones pueden considerarse sinónimas.

En [46], se han utilizado sinónimos o cuasisinónimos para no repetir.

[46] Los alimentos entran, entonces, al estómago, que debe realizar tres tareas mecánicas. La primera actividad consiste en almacenar la comida.

Lo mismo ocurre con sintagmas, como en [47], que pueden funcionar como sinónimos.

[47] En la unión del esófago y el estómago hay una válvula en forma de anillo que cierra el paso entre los dos órganos. Ese aro cerrado se llama píloro.

Y también con oraciones completas, como los casos de paráfrasis que consideraremos más adelante en este libro (ver el capítulo 4).

Sea como fuere, la idea de sustituir expresiones por sinónimos o cuasisinónimos suele ser muy útil a la hora de producir un texto escrito, en busca de evitar la monotonía y aligerar la lectura.

El problema fundamental de los sinónimos consiste en la posible falta de acuerdo entre el escribiente y el lector, es decir, en el hecho de que el escribiente use un sinónimo que el lector pueda no interpretar como tal.

Por otra parte y en términos generales, el uso de cuasisinónimos poco habituales puede sugerir lecturas ambiguas.

1.2.6.1.3. Uso de hiperónimos

Las palabras que forman una lengua suelen no aparecer sueltas, ni en la lengua, ni en la mente de los hablantes. Algunas teorías léxicas (por ejemplo, la Teoría del Campo Léxico [Trier, 1931]) sostienen que las palabras conforman subconjuntos que constituyen redes de significado. Así, el término mesa aparece ligado con el término silla, el término biblioteca, el término cama; y todos ellos aparecen emparentados con el término más abarcador mueble. Lo mismo ocurre con rosa, jazmín, clavel o jacinto y todos ellos, a su vez, con el término flor.

Los nombres específicos de las flores, por ejemplo, son los llamados hipónimos u ordinados: rosa es hipónimo de flor. Por su parte, los nombres genéricos son llamados hiperónimos o superordinados: mueble es el hiperónimo de cama.

Como se ve en [48], en la segunda oración, se prefiere reemplazar los nombres específicos por el nombre genérico, para no repetir estrictamente y también para ser más general.

[48] El pan, la carne o las verduras no están en una condición que el cuerpo pueda aprovechar para nutrirse. Los alimentos que comemos deben convertirse en moléculas más pequeñas de nutrientes para ser absorbidos y transportados a las células de todo el cuerpo.

Ahora bien, no siempre los hiperónimos son tan regulares como en estos casos, muchas veces dependen de la interpretación general del texto. Eso ocurre en [49], donde el término proceso funciona como hiperónimo de esa transformación de la que acaba de hablarse.

[49] Los alimentos y bebidas que comemos deben convertirse en moléculas más pequeñas de nutrientes antes de ser absorbidos y transportados a las células de todo el cuerpo. Ese proceso es llamado digestión.

En suma, los hiperónimos actúan como término nuevo que subsume en su sentido a otros elementos a los que ya se ha hecho referencia en el texto, o a los que se hará referencia. En efecto, cuando decimos Ese proceso es llamado digestión, proceso no es sino el hiperónimo de digestión, al menos, en este texto.

Al igual que con los cuasisinónimos, el uso de hiperónimos no estrictos (como artefacto para silla o ser para perro) puede no ser interpretado por la lectura. Pero el uso atinado de hiperónimos favorece la fluidez del texto, evita la monotonía y amplía el escenario de discurso.

1.2.6.1.4. Uso de proformas léxicas

Las proformas léxicas son palabras muy generales que funcionan como comodines y permiten sustituir otras que ya han sido usadas varias veces. Términos como ocurrir, cosa, persona, idea, tema o cuestión, por ejemplo, son proformas 21 léxicas que suelen reemplazar no solo a otras palabras, sino también a sintagmas completos. En [50], las palabras alimentos, agua y minerales no aparecen sustituidas por un hiperónimo estricto sino, más vale, por una especie de proforma léxica.

[50] Las moléculas digeridas de los alimentos, y el agua y minerales provenientes de la dieta se absorben en el segmento superior del intestino delgado. Los materiales absorbidos atraviesan la mucosa y pasan a la sangre, que los traslada a otras partes del cuerpo.

En el discurso académico, es habitual el uso de proformas léxicas del tipo concepto, noción e incluso otras como forma o estructura, todas ellas denominadas “semitérminos” por algunos especialistas (Gutiérrez Rodilla, 2005; entre otros). Son palabras con una definición bastante amplia, que permiten sustituir a un gran número de otras palabras.

El riesgo que se corre con el uso de las proformas léxicas, que a veces parecen insustituibles, es el hecho de que tienden a quedar vacías de significado, es decir, resultan demasiado vagas y hasta podrían perder contenido para algún lector. Conviene —como con todo— no abusar de ellas.

1.2.6.2. Colocaciones

Por supuesto, la sustitución no es el único procedimiento léxico para producir cohesión. Cuando un discurso comienza, de hecho, instaura su propio universo. Ese universo de discurso establece un escenario que pone a disposición de la memoria de trabajo todos los conceptos (y los elementos que los evocan, es decir, las palabras). Dicho de otra forma, si comenzamos a hablar del aparato digestivo, tendremos disponibles —listos para aparecer— términos como masticar o estómago y no tendremos disponibles otros como reglamento o algoritmo. En este sentido, podemos decir que las relaciones léxicas de cohesión se establecen sobre la base de los campos semánticos o de significado, redes que ligan a las palabras según los conceptos o nociones que evocan.

Para plantearlo de otro modo, podríamos hablar de series de palabras relacionadas entre sí por pertenecer al mismo universo de discurso o campo léxico (Geckeler, 1976). Y esas series de palabras constituyen lo que Halliday & Hasan han llamado colocaciones.

Así, en [51], los términos iluminados son, claramente, miembros del mismo campo léxico. Y, al emplearlos, lo que debe tener en cuenta el escribiente es si su lector ideal los conoce, de modo que su aparición no distraiga a ese lector o lo deje perplejo.

[51] Las glándulas del sistema digestivo son de fundamental importancia en el proceso de la digestión, porque producen tanto los jugos que descomponen los alimentos como las hormonas que tienen control sobre el proceso. Las que primero actúan son las glándulas salivares de la boca. La saliva que producen contiene una enzima que empieza a digerir el almidón de los alimentos y lo transforma en moléculas de menor tamaño.

El establecimiento de un nuevo universo de discurso requiere, por parte de quien lo instaura, el cuidado de prever si el interlocutor prefigurado puede conocer ese universo y si, como mínimo, es posible que comparta las definiciones de las palabras, o sea, si es posible conjeturar el acceso a una especie de acuerdo conceptual para conseguir una comunicación ajustada.

1.2.6.3. Consideraciones

Desde luego, las reiteraciones y las colocaciones no son definitivamente estrictas: el espacio de subjetividad que habilitan es muy amplio. Así, frente a [52], no resulta imposible [53].

[52] Las glándulas del sistema digestivo son de fundamental importancia en el proceso de la digestión, porque producen tanto los jugos que descomponen los alimentos como las hormonas que tienen control sobre el proceso. Las que primero actúan son las glándulas salivares de la boca. La saliva que producen contiene una enzima que empieza a digerir el almidón de los alimentos y lo transforma en moléculas de menor tamaño.

[53] Las glándulas del sistema digestivo son de fundamental importancia en el proceso de la digestión, porque producen tanto los jugos que descomponen los alimentos como las hormonas que tienen control sobre el proceso. Las que primero actúan son las glándulas salivares de la boca. La saliva que producen contiene una enzima que empieza a digerir el almidón de los alimentos y lo transforma en partes de menor tamaño.

Para decirlo de otro modo, el entramado léxico va construyendo el andamiaje del tema, le va permitiendo desarrollarse y construir la significación. Pero, y esto debe quedar claro, lo va haciendo con una marca estilística personal insoslayable. Es destacable

…la amplia posibilidad de reformulación que el hablante tiene a su alcance para mantener y matizar los referentes discursivos y la capacidad de proporcionar una orientación argumentativa a sus enunciados, según la selección léxica efectuada. Desde el punto de vista de la interpretación y la lectura, en el léxico se manifiesta el punto de vista, la opinión y la ideología de quien ha elaborado el texto (Calsamiglia y Tusón, 1999: 233).

En cualquier caso, es preferible que el escribiente sea consciente de que esto es así. Pero no solo de eso ha de ser consciente. Al mismo tiempo, debe tener siempre en cuenta que las sustituciones en general y sobre todo las colocaciones exigen algún tipo de conocimiento del tema para que la lectura resulte satisfactoria. Ello implica que el escribiente, antes de producir su texto, debe evaluar con claridad cuán familiarizado puede estar su interlocutor ideal con el tema, de manera de pisar terreno firme en el desarrollo del contenido. Una evaluación equivocada de su parte puede significar la pérdida del interés en la lectura porque el planteo ya es conocido o, por el contrario, porque no puede ligarse a ningún dato familiar. Por medio de su competencia de intercambio, en suma, el escribiente podrá intervenir el texto de manera de lograr el objetivo de una comunicación exitosa.

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12 декабря 2024
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9789875386877
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