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Comentario de los Salmos

©2007 por Fundación Palabra y Más

Publicado por Editorial Patmos

Miami, Florida, EE.UU.

Todos los derechos reservados.

Publicado anteriormente por Editorial Patmos bajo el título: De lo profundo Señor a Ti clamo.

Las citas bíblicas utilizadas en este libro han sido tomadas en su mayoría de la versión Reina Valera Revisada, 1960, de las Sociedades Bíblicas Unidas.

Edición: Dra. Nohemí C. Pagán

Tapa y proyecto gráfico: Eduardo Souza

Diagramación: Alexandre Soares

Conversión a libro electrónico: Cumbuca Studio

e-ISBN: 978-1-64691-192-9

Categoría: Comentario / Estudio bíblico

Dedico esta obra a mis hijos y nueras,

Samuel y Yasmín, y Luis Daniel e Ileana,

quienes me han escuchado explicar

los temas que aquí analizo

en torno al libro de los Salmos.

Y también a mis queridos nietos,

Samuel Andrés e Ian Gabriel,

que espero algún día lean y disfruten

los comentarios y la teología que aquí expongo.

Prefacio

De los nombres, los títulos y la pertinencia

Traducciones antiguas y castellanas, y divisiones internas del Salterio

Métodos de estudio

Gratitudes

Primera Parte: Introducción

Un peregrinar extraordinario de contemplación, estudio y reflexión

Importancia del libro de los Salmos

Los títulos hebreos o epígrafes, y los términos técnicos

Composición de los salmos y redacción del libro

David, «el dulce cantor de Israel»

Mujeres salmistas

El texto hebreo de los salmos

La iconografía en el Salterio

Festivales en el pueblo de Israel

Música e instrumentos musicales

Interpretación de los salmos

Los géneros literarios

Teología en los salmos

Siervos, enemigos, pobres y enfermos

Alma, vida, muerte y sheol

Corazón, riñones, hígado y carne

Poesía en los salmos

El uso de los salmos en la Biblia

Pertinencia de los salmos: Una lectura en castellano

Nuestro acercamiento al Salterio

Bibliografía selecta

Segunda Parte: Interpretación y comentario

Libro Primero: Salmos 1–41

Libro Segundo: Salmos 42–72

Libro Tercero: Salmos 73–89

Libro Cuarto: Salmos 90–106

Libro Quinto: Salmos 107–150

Tercera Parte: Índice temático

¡Oh Jehová, Señor nuestro,

cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!

Has puesto tu gloria sobre los cielos;

de la boca de los niños y de los que maman,

fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos,

para hacer callar al enemigo y al vengativo.

Salmo 8.1-2

DE LOS NOMBRES, LOS TÍTULOS Y LA PERTINENCIA

Ninguna colección de poemas ha ejercido tanta influencia en la historia de la civilización Occidental como el libro de los Salmos1. Estos poemas bíblicos, que a la vez son oraciones y plegarias ante Dios, revelan lo más profundo de los sentimientos humanos con los cuales las personas se identifican con facilidad. La dimensión religiosa y profundamente espiritual de estas oraciones ponen de manifiesto la extensa gama de experiencias espirituales que le dan sentido de orientación y pertinencia a la vida misma.

Como la religión incluye esencialmente las respuestas humanas ante Dios, las formas y el carácter de las experiencias religiosas están íntimamente relacionadas con las percepciones y los conceptos que se tengan de la divinidad. En efecto, las experiencias y las ideas no solo están relacionadas sino que se influyen mutuamente al proveer los espacios adecuados y las dinámicas necesarias para la reflexión profunda y sosegada, que le permite a la gente que adora comprender, afirmar y celebrar la revelación divina.

En el particular caso del libro de los Salmos, las vivencias religiosas y las articulaciones teológicas se ponen claramente de manifiesto en los poemas que revelan los sentimientos más hondos del pueblo de Israel. En sus plegarias y clamores se afirman y recuerdan las intervenciones divinas en la historia del pueblo y se reflexiona en torno a esas manifestaciones extraordinarias en medio de las realidades cotidianas de la comunidad.

Según el Salterio:

Una vez habló Dios;

Dos veces he oído esto:

Que de Dios es el poder,

y tuya, oh Señor, es la misericordia;

porque tu pagas a cada uno conforme a su obra

Salmo 62.11-12

De acuerdo con el poema, el poder y la misericordia divina manifiestan el corazón de la teología de los Salmos, y confirman la creencia en torno a Dios del Antiguo Testamento. En el corazón mismo del Salterio se revela lo fundamental de la teología bíblica en formas de pares de términos que se complementan y apoyan mutuamente2.

Poder y misericordia son términos de gran importancia espiritual en el Salterio y en la Biblia, porque identifican dos de las cualidades divinas más importantes, y presentan, además, de forma complementaria, dos componentes formidables de las intervenciones de Dios. En efecto, el Dios bíblico, a quien se canta y ora en el Salterio, funde en su esencia la autoridad y la fuerza, junto al amor y el perdón. El poder demuestra su naturaleza creadora y justa, y la misericordia pone de relieve el amor que guió su voluntad en los procesos de creación, liberación, conquista, restauración y renovación del pueblo de Israel.

Las palabras castellanas «salmos» y «salterio» se derivan del latín psalmi y psalterium, que a su vez provienen del griego psalmoi y psalterion. El griego psalmos alude a la música que viene de un instrumento de cuerdas, o inclusive puede referirse a la canción que se entona acompañada por ese instrumento. Por su parte, psalterion, se refería originalmente al instrumento musical (Dn 3.5), aunque con el tiempo llegó a significar «colección de cánticos»3.

En el Nuevo Testamento se hace referencia a los Salmos como biblos salmon (Lc 20.42; Hch 1.20), o simplemente como psalmoi (Lc 24.44). Esas palabras son posiblemente la traducción al griego del hebreo mizmor, que se ha entendido como «un tipo particular de cántico (religioso) que se acompaña con instrumentos de cuerdas», y que se incluye como 57 veces en el libro de los Salmos. El título hebreo del Salterio es sefer tehilim, que puede traducirse como «libro de alabanzas». Cinco salmos tienen en su título la palabra hebrea tepillot, que se traduce al castellano generalmente como «oraciones»4.

En la Biblia hebrea, los Salmos se incluyen en la tercera sección conocida como «Escritos», luego de la Ley y los Profetas. Esta división tripartita de las Escrituras hebreas presupone las diversas etapas de su desarrollo histórico y su crecimiento literario, además de su aceptación como literatura canónica, con autoridad religiosa, legal, espiritual y moral en la comunidad judía.

La Ley presenta el recuento inicial de las intervenciones e instrucciones de Dios en la historia del pueblo de Israel; los Profetas articulan la revelación y los desafíos divinos a la humanidad; y los Salmos, por su parte, describen el diálogo divino-humano que pone en clara evidencia las necesidades del pueblo y las respuestas de Dios.

En la sección de «Escritos», los Salmos generalmente ocupan la primera posición5. Las versiones griegas y latinas de las Escrituras no siguen el orden hebreo, pues han eliminado la división entre los Profetas y los Escritos, y han dispuesto la literatura bíblica, posiblemente, con criterios temáticos y cronológicos. Tanto en la tradición hebrea como en la griega, el libro de los Salmos o el Salterio se relaciona con cánticos, particularmente con las alabanzas del pueblo hebreo ante Dios, que juegan un papel destacado para la teología y la liturgia del pueblo.

La pertinencia del libro de los Salmos se pone claramente de manifiesto al descubrir su doble identidad teológica y literaria6. De un lado, los Salmos son parte integral del Antiguo Testamento y reciben, de antemano, la gran autoridad teológica, espiritual y moral que los creyentes relacionan con la Biblia. Desde esa perspectiva, los salmos se convierten en Palabra de Dios para la gente de fe, pues contienen la extraordinaria revelación divina que les orienta, desafía, educa, inspira y redarguye. Son, en efecto, torá, que más que un conjunto de leyes rígidas y regulaciones estáticas son enseñanzas dinámicas y valores fundamentales que afirman, celebran y transmiten la voluntad del Señor a la humanidad7.

Los salmos son, del otro lado, literatura poética, expresiones litúrgicas, experiencias cúlticas, enseñanzas espirituales, articulaciones metafóricas. Son piezas estéticas que motivan y edifican a la gente de fe; son poemas de gran sensibilidad ética que inspiran y desafían a hombres y mujeres de piedad a vivir a la altura de las exigencias morales y espirituales que se ponen de relieve al estudiar las Sagradas Escrituras. Transmiten ciertamente un aluvión de posibilidades de interpretación y de alternativas de aplicación, por esa naturaleza poética e simbólica que les caracteriza, y también porque presentan y revelan muchos siglos de vivencias espirituales y experiencias religiosas.

En el libro de los Salmos se encuentra la oración personal y la plegaria comunitaria del pueblo de Israel. Y aunque en otros libros de la Biblia se incluyen también oraciones similares8 , en contraposición al resto de la Escritura, los Salmos presentan esencialmente el diálogo íntimo y extraordinario de un pueblo que se presenta tal y cual es ante su Dios. Los fieles llegan ante el Señor, de acuerdo con el texto de los Salmos, en medio de sus experiencias cotidianas, con sus esperanzas, frustraciones, debilidades, fortalezas, virtudes, pecados, aspiraciones, resentimientos y amores. En esta extraordinaria tradición religiosa, los Salmos no pretenden ser, como la literatura profética y la legal, enseñanzas nuevas, sino expresan los sentimientos más hondos del ser humano, y de esa forma se convierten en desafío, al movernos a entrar en una relación grata, digna, viva, noble y transformadora con Dios.

A través de la historia, tanto para la comunidad judía como para la cristiana, el Salterio ha sido fuente de gran inspiración. Sus poemas ponen en evidencia clara el extraordinario y fundamental diálogo entre el ser humano y Dios. Una lectura inicial de los salmos descubre en sus pasajes expresiones de extraordinaria belleza literaria, que presentan las peticiones, alabanzas y quejas de la gente ante el Ser Supremo. Reflejan, en efecto, las preocupaciones más importantes de la comunidad judía antigua, que preservó esa literatura de forma oral y escrita a través de los siglos. Además, las personas que adoran y oran al Señor en diferentes períodos históricos se han identificado tan profunda y espiritualmente con esta literatura, que han tomado las plegarias y alabanzas de los salmos, y las han articulado y repetido en medio de diferentes experiencias de la vida.

En ese sentido, los salmos no son literatura antigua e irrelevante, pues se convierten en recurso contemporáneo y pertinente para orientar las devociones privadas y para guiar las experiencias de adoración colectivas. Proveen, en esencia, muchos de los recursos pastorales, teológicos, espirituales y litúrgicos que se encuentran en las Sagradas Escrituras. Brindan las palabras precisas, las oraciones necesarias y las ideas requeridas para entablar un diálogo significativo con Dios. Y esas peculiaridades literarias e históricas han superado los límites del tiempo y la cultura, pues generación tras generación gente de diferentes culturas y lenguajes han utilizado los salmos para poner de manifiesto y articular nuevamente sus experiencias religiosas más gratas y fundamentales.

En sus mensajes, los salmos aluden a las complejidades de la vida, y ponen de relieve los temas prioritarios de las doctrinas bíblicas: p.ej., salvación, justicia, santidad, paz, esperanza, maldad y gratitud. Esas características hacen que los salmos se conviertan en Mterial indispensable para la teología, la liturgia y el pensamiento religioso. Y por esa razón, los intentos de resumir y sisteMtizar la extensión de sus enseñanzas en un libro o documento, además de ser una empresa compleja y ardua, corre el gran peligro de reducir su importancia y acortar las implicaciones de sus valores.

Como el Salterio es el resultado de años y siglos de inspiración divina y redacción humana, los temas que se incluyen son variados, los tópicos que se exploran son muchos. Sin pretender ser exhaustivos, la siguiente lista nos puede brindar una idea de la extensión de los asuntos que se exponen:

• Conciencia de la presencia de Dios en las dificultades y contentamientos de la vida.

• Reconocimiento de la necesidad de agradecer a Dios sus favores y misericordias.

• Afirmación y celebración de la comunión personal e íntima con el Señor.

• Recuerdos y recuentos de las intervenciones de Dios en la historia nacional y humana.

• Sentido de liberación de las opresiones y persecuciones de los enemigos.

Y la capacidad de clamar a Dios en el momento de la angustia, con la esperanza de recibir respuesta y liberación.

Para la comunidad académica, los Salmos también son una fuente importante para la investigación y la reflexión teolgía. Como su redacción se llevó a efecto a través de varios siglos, la obra incluye las experiencias y los pensamientos del pueblo de Israel durante un período extenso de tiempo. Esa particularidad histórica, literaria y teológica nos permite explorar y analizar el desarrollo del pensamiento hebreo, y también nos ayuda a entender mejor los diversos temas sociales, políticos, religiosos y espirituales que se incluyen en la obra.

En efecto, en el estudio crítico y científico del Antiguo Testamento la contribución del análisis del libro de los Salmos es formidable, necesaria e impostergable. Como es literatura dialogada, los salmos incluyen referencias importantes a los dos interlocutores principales del gran diálogo divino-humano. Presentan las preocupaciones más hondas y fundamentales del adorador o adoradora; y, al mismo tiempo, reflejan las más extraordinarias y relevantes respuestas divinas a esas peticiones humanas. Los salmos articulan el discurso más íntimo del pueblo de Israel, ante el Dios que se especializa en la liberación y renovación de su pueblo9.

Los salmos también son poesía. Una lectura inicial del libro revela claramente sus virtudes estéticas y demuestra su belleza literaria. Esas características, que se transmiten no solo en el idioma hebreo original sino que inclusive se manifiestan con fuerza también en las traducciones, facilita la memorización, contribuye al proceso de educación transformadora, apoya la creatividad y evocación de nuevas ideas, y ayuda a la aplicación y vivencia del mensaje. En efecto, la poesía de los salmos representa lo mejor de la literatura bíblica, y presenta, además, un tipo de teología lírica que ha inspirado a creyentes de diferentes culturas e idiomas a través de la historia de las sinagogas y las iglesias10.

Tanto en la sinagoga como en la iglesia los salmos se utilizan con frecuencia en la liturgia regular. Sirven como fundamento para mensajes y enseñanzas, se recitan de forma alternada y al unísono, se usan de modelo para las oraciones de las personas que adoran, e inspiran y evocan, con su extraordinario lenguaje imaginativo, figurado y simbólico, nuevas experiencias de fe.

En torno a la importancia espiritual y referente a la belleza literaria de los salmos, no son pocos los líderes religiosos que se han manifestado a través de la historia. Para Atanacio, los salmos incluyen palabras que abarcan la totalidad de la experiencia humana. Martín Lutero los cataloga como «la pequeña Biblia». De acuerdo con Juan Calvino, no falta nada en sus páginas en torno al tema de la salvación. Y con Dietrich Bonhoeffer decimos que son tanto Palabra de Dios como expresiones humanas11.

La pertinencia del libro de los Salmos se puede apreciar también al estudiar el uso extenso de esa literatura en el Nuevo Testamento y en la comunidad de Qumrán12, al descubrir las referencias repetidas a los salmos en la teología cristiana y judía a través de la historia, y al ponderar las alusiones continuas a los salmos en sermones, escritos y estudios de los grandes teólogos y pensadores de la iglesia y la sinagoga13.

TRADUCCIONES ANTIGUAS Y CASTELLANAS, Y DIVISIONES INTERNAS DEL SALTERIO

En este estudio del libro de los Salmos utilizaremos principalmente como base exegética y teológica el famoso texto de Reina-Valera, revisión del 1995; aunque también haremos referencias ocasionales a otras traducciones castellanas de la Biblia –p.ej., la Biblia de Jerusalén, el Libro del Pueblo de Dios, la Nueva Versión Internacional, La Biblia en lenguaje sencillo y Dios habla hoy–; y, en momentos, inclusive, se presentarán nuevas traducciones de varios textos o pasajes complejos, para destacar algunas ideas o para aclarar el sentido de expresiones complicadas y frases confusas. Además, en este comentario seguiremos la numeración tradicional castellana de los capítulos y versículos para ayudar en el proceso de identificación de los salmos y de sus pasajes de importancia. Sin embargo, para apoyar a los lectores iniciados en las características, particularidades y complejidades de la versificación de los textos en hebreo y en griego, también se harán referencias a las numeraciones alternas del Texto Masorético y de la Septuaginta (LXX), cuando el análisis de los pasajes lo amerite.

Los descubrimientos del mar Muerto han puesto en manos de eruditos y creyentes nuevos manuscritos de los salmos que anteceden por siglos a los que se disponían antes del 1947. Esos nuevos recursos han incentivado y propiciado mejores traducciones y estudios de los salmos, y también han permitido la comprensión adecuada de varios versículos y capítulos, que identificaremos y explicaremos en el comentario. Además del texto hebreo de los Salmos –conocido como Masorético (TM), en referencia a los eruditos judíos, o masoretas, que incorporaron en el texto hebreo el sistema de vocales en las letras consonantes antiguas–, contamos con la Versión de los Setenta (LXX) –que es una traducción antigua del Antiguo Testamento al griego–, la traducción latina o Vulgata Latina (V) –que con el tiempo pasó a ser el texto oficial de la Iglesia–, la versión al sirio o Peshita (P), las versiones griegas de Aquila (Aq), Teodocio (Teod) y Simaco (S), y las traducciones anotadas y expandidas al arameo, conocidas tradicionalmente como targúmenes (T)14.

Una peculiaridad en el libro de los Salmos se descubre al comparar sus ediciones hebreas (que sirvieron de base para las traducciones evangélicas y protestantes de la Biblia) y las griegas (de donde surgieron las traducciones latinas y católicas). Aunque en ambas colecciones se incluyen 150 salmos, divididas en cinco secciones o libros15, la numeración de los poemas manifiesta una variación significativa. El estudio detallado del problema demuestra que los Salmos 9 y 10, son realmente un solo poema, al igual que los Salmos 42 y 43. Además, se descubre que hay algunos textos y pasajes repetidos –p.ej., Sal 14 y 53; Sal 40.14-18 y 70; Sal 108 y 47.8-12, al que se agregó Sal 60.7-1416.

A continuación presentamos la numeración comparada de los Salmos:


Numeración comparada TM y LXX
TMLXX
Sal 1–8Sal 1–8
99.1-21
109.22-39
11–11310–112
114113.1-8
115113.9-26
116.1-9114
116.10-19115
117–146116–145
147.1-11146
147.12-20147
148–150148–150

MÉTODOS DE ESTUDIO

En el comentario a cada salmo se analizará el texto bíblico, desde las perspectivas teológicas, lingüísticas, literarias, históricas, canónicas y pastorales, además de explorar algunas tradiciones hermenéuticas y ponderar varios aspectos de la historia de la interpretación de los pasajes. Se compararán, en algunas ocasiones, las interpretaciones contemporáneas de varios salmos con las explicaciones de eruditos judíos y cristianos de importancia a través de la historia. De esa forma los estudiantes actuales del libro de los Salmos estarán en diálogo franco e íntimo con generaciones previas de intérpretes y estudiosos de esta tan importante literatura religiosa.

Este nuevo libro que el lector o lectora tiene en sus manos, Comentario de los Salmos, ciertamente toma en consideración la historia de la investigación de los salmos. No llegamos a estudiar estos textos bíblicos en el vacío histórico o teológico. Quien escribe este comentario enseña teología bíblica a nivel graduado, y ha sido seriamente influenciado por los esfuerzos de estudios bíblicos científicos y críticos a través de los siglos. Nuestra metodología de estudio tomará en consideración las investigaciones científicas previas de los salmos, que nos permiten llegar, hasta donde sea posible, a una comprensión adecuada de esa tan importante literatura religiosa.

La identificación de los autores de los salmos individuales es una tarea extremadamente compleja y muchas veces infructuosa. Para seguir la tradición académica en torno al tema, aludiré al autor de esas piezas literarias como el «salmista», aunque también en una muy buena tradición cristiana afirmamos la revelación divina en el texto. El Dios bíblico se hace presente en el mensaje y los valores morales, éticos y espirituales que se incluyen en el libro de los Salmos, aunque el nombre específico y la identidad precisa de sus autores humanos se han perdido en el tiempo.

Nuestro propósito básico es analizar y comentar todos los salmos canónicos. La verdad es, sin embargo, que no hemos dado el mismo espacio y tiempo en este libro a cada uno de esos ciento cincuenta poemas. La razón fundamental de esa decisión es publicar en un solo volumen el resultado de la investigación que hemos emprendido; además, es menester reconocer que, por la naturaleza repetitiva de la poesía en los salmos, no duplicaremos las interpretaciones y los comentarios a los temas de importancia, y sí remitiremos al lector y lectora al lugar en el salterio específico de las interpretaciones pertinentes.

La extensión en los comentarios a algunos salmos se fundamenta en los siguientes criterios teológicos y literarios: salmos que tienen importancia litúrgica, teológica o cristológica; salmos con peculiaridades poéticas y estilísticas; y salmos con mensajes de importancia para la sociedad contemporánea. Hemos separado algún espacio de calidad en este comentario para atender esos asuntos, pues deseamos que esta obra en torno a los salmos contribuya no solo a la comprensión de esas importantes piezas literarias antiguas, sino que apoye su aplicación a la sociedad actual y permita la vivencia de los valores que articulan y afirman.

Es importante notar, mientras se estudia este nuevo comentario al libro de los Salmos, que quien escribe es también ministro del evangelio de Dios. La vertiente pastoral del autor de este libro contribuye significativamente a complementar y actualizar el rigor académico. Junto al análisis crítico del texto hebreo su compromiso ministerial le desafía continuamente a descubrir nuevos niveles de revelación y pertinencia para la tarea pastoral. Además del análisis académico y crítico que presentamos de los salmos, se incluirán comentarios pastorales que pueden apoyar la tarea misionera del pueblo de Dios.

Con esa misma finalidad pedagógica, las notas marginales se han incluido casi exclusivamente en la Introducción. Se han evitado su incorporación en el comentario, para facilitarle al lector la lectura, el estudio y la comprensión del salmo. En la sección de bibliografía se incluyen los libros que pueden contribuir significativamente al estudio más detallado de los temas expuestos.

Específicamente este comentario responderá a los textos bíblicos y a los pasajes estudiados desde una perspectiva evangélica, ecuménica, puertorriqueña, caribeña, latinoamericana, e hispana y latina; y atenderá los desafíos sociales, económicos, políticos y espirituales que le presentan a las comunidades de fe las sociedades postmodernas, con sus sospechas, individualidades, consumismo, corrupción y falta de solidaridad. Como los salmos reflejan diversos entornos históricos y contextos literarios, este comentario presenta una comprensión nueva y fresca de estos poemas, desde las perspectivas sociales y espirituales precisas del autor.

Nuestro objetivo al escribir esta obra es hacer una nueva lectura del libro de los Salmos y presentar los resultados de la investigación a la comunidad. El libro de los Salmos es antiguo, y muy apreciado por las comunidades de fe. Por esa razón, le visitaremos nuevamente para repasar sus valores, repensar sus enseñanzas, y actualizar su mensaje.

Nuestro deseo ministerial es apoyar el trabajo de predicación de los pastores y las pastoras; incentivar la labor didáctica de las maestras y los maestros de las escuelas bíblicas e instituciones educativas de las iglesias; contribuir al proceso de investigación y reflexión de estudiantes avanzados de teología y Biblia; desafiar la comprensión tradicional de estos poemas en la comunidad académica; e incentivar el crecimiento espiritual de los creyentes.

Nuestro propósito primordial, al emprender este nuevo estudio sistemático del Salterio, es poner al alcance de lectores y lectoras de habla castellana, las virtudes y los valores permanentes que se ponen de manifiesto en la lectura y el análisis de estos importantes poemas. Los salmos son un testimonio viviente de la fe del pueblo de Israel; presentan la evidencia documental de las reflexiones teológicas y las experiencias espirituales de toda una comunidad religiosa; revelan las aspiraciones, frustraciones, gozos y necesidades de gente que enfrentó las adversidades de la vida con sentido de esperanza y futuro; y muestran las peregrinaciones que llevan a los salmistas a moverse del dolor al gozo, del lamento al baile, de la lágrima al contentamiento, de la desesperanza a la esperanza, de la muerte a la vida. El Salterio, en efecto, pone de manifiesto con claridad meridiana los valores de esperanza que deben guiar a la gente de fe para vivir con salud mental y espiritual.

GRATITUDES

Una palabra de gratitud es necesaria antes de finalizar este Prefacio. En primer lugar debo consignar mi agradecimiento público a la comunidad académica y eclesiástica del Seminario Evangélico de Puerto Rico. En ese entorno teológico y pastoral se gestaron las ideas y las perspectivas contextuales que posteriormente se redactaron en esta obra.

Miriam Rodríguez es una editora excelente, y merece el reconocimiento público. Ella transforma mis ideas y manuscritos –¡ahora electrónicos!– en Mterial publicable. ¡Gracias!

Como en todos mis libros, a Nohemí, mi esposa, va una expresión particular de gratitud. Ella no solo es amiga de la Biblia y consejera literaria y teológica, sino que revisa mis escritos con ojos críticos y hace recomendaciones sabias y prudentes para mejorar la redacción, aclarar las ideas y propiciar la aplicación del mensaje.

Es necesario indicar, además, que dedico esta obra, con mucha humildad, agradecimiento y reconocimiento, a mis padres, Luis Pagán –que ya descansa en el Señor, e Ida Luz Rosa, quienes me enseñaron desde pequeño la belleza, el valor y la importancia de los Salmos.

Finalmente, en el entorno de estas gratitudes, es importante afirmar como el salmista, con la «Oración de Moisés, varón de Dios»:

Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación.

Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo,

desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.

Salmo 90.1-2

1 C. Hassell Bullock, Encountering the Book of Psalms, Grand Rapids: Baker Academic, 2001, p.15.

2 Véase el estudio de Helmer Ringgren, La fe de los salmistas (Buenos Aires: La Aurora, 1963, pp.79-93).

3 A.A. Andreson, The Psalms (London: Marshall, Morgan & Scott, 1972, p.23).

4 Véanse los Salmos 17; 86; 90; 102; 142.

5 Aparentemente, en Lc 24.44 se utiliza el nombre de «Salmos» para referirse a toda la sección de los «Escritos» de las Escrituras hebreas, quizá por ser el primer libro de esa sección. En la tradición judía talmúdica, se indica que el libro de Ruth se ubicó antes de los Salmos pues presenta la genealogía de David (Baba Bathra 14b).

6Respecto a la doble identidad de los Salmos (p.e., a la vez, son Torá, o Sagrada Escritura, y liturgia), véase a J.L. Mays, Psalms (Louisville: John Knox Press, 1994, pp.ix-x).

7 Un estudio fundamental y necesario para comprender el libro de los Salmos como Torá –no como ley estática y rígida, sino como enseñanzas e instrucciones para la vida– es el de J. Clinton McCann, Jr. A Theological Introduction to the Book of Psalms: The Psalms as Torah. (Nashville: Abingdon Press, 1993).

8 El libro de los Salmos no es el único en la Biblia que incluye las oraciones del pueblo de Dios, aunque está compuesto de oraciones principalmente. Para identificar específicamente otros salmos y oraciones en el Antiguo Testamento, véase la obra de Marina Mannati, Orar con los salmos (Estella, Navarra: Editorial Verbo Divino, 1998, p.11); p.e., Gn 18.22-32; Nm 11; Dn 9.3-19.

9 En torno a las particularidades dialogales de los salmos, véanse los importantes comentarios de W. Brueggemann, The Message of the Psalms (Minneapolis: Augsburg, 1984, p.15).

10 La obra de McCann incluye un magnífico e interesante apéndice sobre el uso litúrgico y musical del libro de los Salmos. De particular importancia en esa sección del libro es la explicación histórica y técnica del cántico de los salmos; también se presenta una muy buena bibliografía comentada en torno a este tema del cántico de los salmos (véase McCann, op.cit., pp.176-181).

11 Según las citas en Mays, op.cit., p.1.

12 Respecto al uso de los salmos en la comunidad qumramita del mar Muerto, véase a S. Pagán, El misterio revelado: Los documentos del Mar Muerto y la comunidad de Qumrán (Nashville: Abingdon, 2001); de particular importancia en la obra es la bibliografía selecta, que incluye la identificación de obras para estudiar los salmos descubiertos en las cuevas del mar Muerto.

13 Mays presenta un buen ejemplo del uso de los salmos a través de la historia; véase op.cit., p.1.

14 A.A. Andreson, op.cit., pp.28-29.

15 La división en cinco libros de los salmos es posiblemente una referencia a la división del Pentateuco, según el midrash o comentario judío al Sal 1; Ibid, p.27.

16 Estas repeticiones pueden ser un buen indicador de que la recopilación gradual y final del libro de los Salmos no fue el producto de la unión de salmos individuales; que manifiesta la compilación progresiva de grupos de salmos o de colecciones de poemas que ya tenían cierta identidad teológica y cohesión literaria. Este fenómeno de repetición y recopilación de Mterial bíblico se manifiesta también en otros libros históricos, proféticos y legales del Antiguo Testamento: p.e., Jer 10.12-16 y 51.15-19; 2 R 19 e Is 37. Véase a H. Bojorge, Los Salmos (Montevideo: Mosca Hnos. S.A., 1976, p.11).

La ley del Señor es perfecta:

convierte el alma;

el testimonio del Señor es fiel:

hace sabio al sencillo.

Los mandamientos del Señor son rectos:

alegran el corazón;

el precepto del Señor es puro:

alumbra los ojos.

El temor del Señor es limpio:

permanece para siempre;

los juicios del Señor son verdad:

todos justos.

Deseables son más que el oro,

más que mucho oro afinado;

y dulces más que la miel,

la que destila el panal.

Salmo 19.7-10

Bienaventurado el varón

que no anduvo en consejo de malos,

ni estuvo en camino de pecadores,

ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

sino que en la ley de Jehová está su delicia,

y en su ley medita de día y de noche.

Salmo 1.1-2

UN PEREGRINAR EXTRAORDINARIO DE CONTEMPLACIÓN, ESTUDIO Y REFLEXIÓN

Mirar las estrellas el día de hoy, de acuerdo con las ciencias astronómicas contemporáneas, es como emprender un viaje al pasado. La luz que vemos llegar a nuestro entorno representa alguna estrella o cuerpo celeste que ya ha cambiado, pues le ha tomado miles y miles de años luz a esas iluminaciones llegar a la tierra. En el pasado, sin embargo, esas contemplaciones a los cielos se hacían para descubrir el porvenir, para descifrar el futuro, para conocer el mañana. Mientras los astrónomos actuales estudian el universo para comprender sus orígenes, los Magos de Oriente, por ejemplo, observaban y seguían la Estrella de Belén para entender la revelación divina y descubrir la voluntad de Dios.

El estudio de los Salmos es como la contemplación de las estrellas: A la vez, es un peregrinar al pasado y un viaje al futuro. Buscamos el origen y desarrollo de la fe de los salmistas, que contemplaban los cielos y afirmaban que eran «obra de las manos divinas». Y también nos proyectamos al porvenir, pues en el análisis de esta importante literatura bíblica descubrimos valores, enseñanzas y principios que nos capacitan para vivir a la altura de las más nobles exigencias éticas y morales. ¡El pasado nos educa y el futuro nos desafía!

Con estas imágenes en mente, emprendemos el estudio del Salterio, que nos permitirá viajar desde la historia antigua del pueblo de Israel hasta el momento esperado de la intervención liberadora y transformadora de Dios, para disfrutar y aquilatar las grandes contribuciones y los valores extraordinarios que esta literatura bíblica contiene, representa y afirma.

IMPORTANCIA DEL LIBRO DE LOS SALMOS

A través de la historia, el libro de los Salmos ha demostrado claramente su importancia y sus virtudes dentro de la literatura universal y bíblica1. El reconocimiento eclesiástico y el aprecio académico al Salterio se fundamentan en las siguientes características: Los temas y los asuntos que incluye, las plegarias y las oraciones que presenta, los problemas y las angustias que atiende, las esperanzas y los sueños que anida, los desafíos y las soluciones que articula, y los oráculos y las respuestas divinas que revela. En efecto, los salmos expresan, en un lenguaje poético, figurado, simbólico e imaginativo, las complejidades de la vida, y revelan, en categorías teológicas extraordinarias, las prioridades de Dios para la humanidad. Y la articulación y desarrollo de esas complejidades y prioridades han servido de base para la conducta, el pensamiento, la adoración, las doctrinas, el entusiasmo y la educación de creyentes judíos y cristianos por generaciones.

En el libro de los Salmos se encuentran los temas y las preocupaciones más significativas que se ponen de manifiesto en la Biblia. Esta importante obra del Antiguo Testamento presenta un catálogo extenso de asuntos y temas de gran interés teológico, pastoral, educativo, académico y humano: ¡Desde poemas que afirman a Dios como creador y sustentador del mundo y la humanidad, hasta declaraciones que destacan su poder redentor y liberador!

Los poemas de los Salmos incluyen, entre otros temas de extraordinario interés religioso y belleza literaria, las grandes obras del Señor, que tienen que ver con el juicio divino y la salvación de la humanidad; la historia de Israel y su importancia para el mundo; la santidad de la ciudad de Jerusalén –conocida poéticamente como Sión– y su particular condición de ser la ciudad de Dios; el rey David y el futuro glorioso de su descendencia en el pueblo; el reconocimiento a la gente piadosa y las críticas a las personas malvadas; la majestad de Dios y la imperfección humana; y la necesidad de la llegada e implantación del Reino de Dios en la historia.

En los salmos encontramos en forma de compendio los temas y los asuntos que ocupaban y preocupaban a la comunidad judía antigua, y que muy bien han servido para guiar las oraciones y afirmar la piedad de creyentes en las sinagogas e iglesias a través de las generaciones y los siglos. Esos poemas milenarios han servido de base para el desarrollo de una piedad reflexiva y militante, para la contemplación espiritual y el compromiso social, y para la expresión de la simbología sacerdotal y la firmeza profética.

De acuerdo con alguna literatura judía antigua2, los levitas recitaban un salmo cada día de la semana: Los domingos, el Salmo 24; los lunes, el 48; el 82, los martes; los miércoles, el 94; el 81, los jueves; los viernes, el 93; y durante el sábado o shabat, el 92. Los días de ayuno se leía el Salmo 104, y en la milenaria ciudad de Jerusalén, frente al Muro Occidental –conocido también como el de las Lamentaciones–, se debía recitar el 79.

La iglesia primitiva reconoció rápidamente la importancia del libro de los Salmos al incorporarlo en sus reflexiones teológicas y al utilizarlos en sus liturgias regulares, en sus oraciones diarias, en sus memorias evangélicas y en sus discusiones apologéticas3. Es frecuente el uso de los salmos en el Nuevo Testamento, y es evidente que fueron usados para sus discusiones teológicas más importantes, específicamente en el desarrollo y la afirmación de la cristología.

En ese necesario y fundamental sentido exegético y teológico, los salmos juegan un papel principal, pues con ellos se articularon varios títulos cristológicos de gran importancia misionera y pedagógica. Se utilizan salmos, p.ej., para afirmar la misión de Jesús en los relatos del bautismo (Sal 2), al principio de su ministerio público, y en las narraciones de la pasión (Sal 22; 31; y 69), al final de su labor histórica en Palestina. En ese sentido, los salmos fueron un recurso bíblico extraordinario para los evangelistas de las iglesias primitivas, pues les brindaron el fundamento teológico y escritural necesario para apoyar y celebrar el ministerio público y la tarea misionera de Jesús de Nazaret4.

La extensión de los temas de importancia existencial y espiritual para el pueblo y el gran uso que le dieron las primeras comunidades cristianas a los salmos preparó el camino para su uso litúrgico. Con el tiempo, y en continuidad con las tradiciones judías que les precedían, los salmos se convirtieron en recursos de adoración indispensables y en buenos modelos de piedad para la naciente iglesia cristiana: ¡El Salterio se convirtió en el himnario y el libro de oraciones de la iglesia y los creyentes!

Desde muy temprano en la historia eclesiástica, los salmos se han cantado, recitado, orado y leído, de forma individual, colectiva y antifonal, en el culto cristiano5. Y en el extraordinario estilo de los salmos bíblicos, la comunidad cristiana se ha inspirado para componer otros himnos, oraciones y poemas que revelan las dimensiones más profundas de la fe y manifiestan los compromisos éticos más nobles y gratos. Con el extraordinario lenguaje poético y simbólico de los salmos la gente de fe ha expresado sus sentimientos más hondos y profundos hacia el Creador, y también ha articulado sus dolores más angustiantes e indecibles en torno a las complejidades y adversidades de la vida.

La importancia teológica y las virtudes litúrgicas del Salterio se ponen claramente de manifiesto a través de la historia de la iglesia6. La literatura cristiana antigua, desde Clemente hasta Agustín, pasando por Justino Mártir e Ireneo, revelan la prioridad que se daba a los salmos en las reflexiones teológicas y exegéticas, y en los sermones. Además, durante la época de la Reforma, Martín Lutero y Juan Calvino utilizaron de forma magistral los poemas del Salterio para componer algunos himnos que ponían de manifiesto el acercamiento y las prioridades teológicas que afirmaban7. Y en la actualidad, la belleza de los salmos ha vuelto a inspirar poetas e himnólogos cristianos, pues en los cultos contemporáneos se nota un despertar en el uso, aprecio y cántico de los antiguos poemas del Salterio8.

En ese gran peregrinar cristiano, los salmos han sido lectura indispensable para el crecimiento teológico de las iglesias y también para el desarrollo espiritual de los creyentes. De un lado, se utilizan para las oraciones individuales y para la afirmación de la piedad individual; y del otro, son magníficos recursos para la reflexión teológica profunda y para el análisis crítico de la fe y la experiencia religiosa en el Antiguo Testamento. En los salmos se unen la fe y la razón, la piedad y la reflexión, la intimidad y el servicio, la santidad personal y el compromiso social, la espiritualidad y la militancia. La más extensa gama de las realidades humanas son objeto de análisis, comentarios, crítica, contentamientos y expresión en los salmos, pues esas dimensiones cotidianas e inmediatas de la vida ponen claramente de manifiesto las vivencias, los gozos, los contentamientos y las contradicciones humanas.

Esas características de amplitud teológica, pastoral y espiritual, y de pertinencia filosófica, educativa y social, son las que hacen que los salmos se hayan convertido en apreciada literatura universal y que reciban el reconocimiento público tanto en los grupos religiosos como en las comunidades académicas. La gente que anhela buena orientación espiritual y las personas que desean penetrar al extraordinario mundo antiguo del pensamiento y la vida israelita, encuentran en los salmos la información necesaria y los recursos literarios, teológicos e históricos pertinentes para responder adecuadamente a sus objetivos espirituales y académicos.

La primera gran imagen del Salterio compara al ser humano con el árbol que está plantado junto a las corrientes de las aguas (Sal 1.3). El poema presenta la idea de vivir una vida saludable, noble, digna, grata, próspera, liberada y productiva. El ambiente paradisíaco e ideal de la imagen nos hace preguntar: ¿Cómo los seres humanos logran ese tipo de vida? ¿Qué características indispensables necesitan las personas para el disfrute pleno de esa experiencia grata? El libro de los Salmos responde a esas inquietudes, con la siguiente recomendación clara, directa, práctica y específica: ¡Meditar en la Ley del Señor de noche y de día!

La afirmación teológica inicial del Salterio se relaciona con la importancia de escudriñar, profundizar y analizar las instrucciones y los mandamientos de Dios. Esa gran declaración espiritual y educativa es una de las ideas principales que se exploran de manera sistemática en el Salterio. Para los salmistas, el disfrute de la vida abundante se relaciona con el estudio, la comprensión, el análisis y la asimilación de la revelación divina, según se manifiesta en la Ley de Moisés (véanse, además, Sal 19; 119).

Por el carácter poético de los salmos, y también por su contenido moral, el estudio de esta literatura ha jugado un papel fundamental en la reflexión cristiana. La naturaleza misma del lenguaje religioso que se utiliza en los salmos, que es simbólico, poético, polivalente y espiritual, ha servido para expresar los sentimientos humanos que transmiten alabanzas y oraciones, adoración y piedad, gratitudes y quejas, alegrías y frustraciones, y bendiciones y maldiciones.

Los grandes ideales espirituales y éticos que incentivan la fe monoteísta han visto en los salmos un magnífico canal de expresión. Valores como la obediencia y la gratitud a Dios, la afirmación de la piedad privada y pública, el respeto a la dignidad humana y la santidad de la vida, la solidaridad con el menesteroso y el apoyo al necesitado, y la afirmación de la familia y la práctica de una vida noble, decente, respetuosa, grata, digna y justa se ponen claramente de manifiesto al leer el libro de los Salmos.

En el corazón mismo de los salmos están Dios y el ser humano en un diálogo intenso, respetuoso, grato, franco e íntimo. El Dios eterno y creador conversa con sus hijos e hijas de los asuntos impostergables, fundamentales e indispensables de la vida. Y en esos diálogos intensos y gratos nada es superfluo, nada es ajeno, nada es lejano, nada es oculto, nada es vano, pues se dilucidan los asuntos que realmente afectan, ocupan y preocupan a la humanidad: p.ej., la guerra y la paz; la vida desorientada y la existencia con propósitos; la adoración verdadera y el culto superficial; la religión justa y las prácticas litúrgicas vacías; la esperanza en Dios y la desesperanza de la gente; la grandeza divina y la fragilidad humana; la importancia de la educación y las expresiones de la gente necia; y la gloria del Señor y la miseria de las personas.

Los salmos presentan al Dios que se dirige a la humanidad para revelar su naturaleza justa y santa, y describen al pueblo que intenta, con sus oraciones y plegarias, llegar ante la presencia divina para implorar sus misericordias o para manifestar sus frustraciones. El Dios de los salmos es misericordioso y redentor, salvador y sanador, liberador y perdonador, y justo y santo. La gente de los salmos, por su parte, es pecadora y santa, hostil y grata, frágil y fuerte, pobre y rica, injusta y recta, perversa y buena, e impía y piadosa.

El encuentro de lo eterno y divino con lo temporal y humano genera la fuerza vital que es capaz de transformar a hombres y mujeres, y movilizar el cosmos. El descubrimiento de la voluntad de Dios –cuyo propósito principal es redimir al ser humano para propiciar el ambiente adecuado para la implantación de la justicia y el disfrute de la paz–es capaz de hacer gente nueva. La cercanía de lo divino en las esferas humanas, según se pone de manifiesto en los Salmos, propicia en la gente santidad, solidaridad, misericordia, bienestar, salvación, salud, dignidad, respeto y esperanza.

En torno al libro de los Salmos, muchos escritores cristianos han enfatizado sus virtudes literarias, poéticas, religiosas y teológicas. San Jerónimo, p.ej., destacaba que ¡en la iglesia había mujeres que aprendían el idioma hebreo para entender mejor el Salterio! San Atanasio de Alejandría afirmaba que los salmos eran la Biblia en miniatura, idea que influenció la teología de Martín Lutero, pues el famoso reformador alemán se hace eco de esas ideas en su traducción de los Salmos, y Juan Calvino relacionaba con regularidad las experiencias de David con las vivencias humanas de su generación.

Respecto al Salterio, específicamente sobre el Salmo 1, San Ambrosio (+397), obispo de Milán, indicó:

«El salmo es un himno de alabanza entonado por el pueblo de Dios, es glorificación del Señor, cántico de alabanza cantado por la comunidad, exclamación de toda la humanidad, aclamación del universo, voz de la Iglesia, confesión armónica de la fe, entrega total al poder (divino), libertad feliz, clamor de felicidad, eco de alegría. El salmo mitiga la ira, elimina las tristezas y alivia las amarguras. Es arma durante la noche, enseñanza durante el día. Escudo en medio del temor, celebración festiva con aire de santidad. Fiel imagen del recogimiento, prenda de paz y armonía»9 .

Las virtudes de los salmos también se han puesto de relieve en la música y la literatura occidental. Esa influencia del Salterio se manifiesta claramente tanto en los cantos gregorianos como en las obras clásicas de Mozart, Schubert, Mendelsson y Brahms; y, además, se muestra en composiciones más modernas y recientes, como la Sinfonía de los salmos de Stravinski y los Chichester Psalms de Berstein10 . Inclusive, esa importancia del Salterio se revela no solo en la literatura clásica sino en obras latinoamericanas recientes, como es el buen caso de los poemarios de Ernesto Cardenal11.

En el Antiguo Testamento, los cánticos y las oraciones poéticas sobrepasan los límites del libro de los Salmos. Mucho antes de que el Salterio se editara, ya el pueblo de Israel articulaba poesías que llevaban ante la presencia divina sus sentimientos más intensos. Esas expresiones literarias se incluyen en diversas secciones de la Biblia hebrea y revelan las preocupaciones más hondas de la comunidad israelita de antaño.

Entre los poemas bíblicos más antiguos se pueden identificar los siguientes12 :

• El cántico del Mar (Éx 15.1-18)

• El cántico del Arca (Nm 10.35-36)

• Los oráculos de Balaam (Nm 23–24)

• El cántico de Moisés (Dt 32)

• La bendición de Moisés (Dt 33)

• El cántico de Débora (Jue 5)

• El cántico de Ana (1 S 2.1-10)

En la literatura deuterocanónica o apócrifa13 también se incluyen algunos salmos que revelan la popularidad antigua de este tipo de literatura poética (p.ej., Tob 3.2-6; 3.11b-15; 13.1-17; Jdt 16.1-17; Sir 39.16-31; 51.1-11; Sab Sal 16.24–19.22). De particular importancia en torno a este tema, son los llamados «otros salmos de David» (Sal 151–155), que han sobrevivido a través de la historia de forma fragmentaria, y que se inspiran en varios episodios de la vida del famoso monarca de Israel14 .

Los descubrimientos del Mar Muerto también son testigos de una serie importante de salmos no canónicos, conocidos como Hoyadot, que es el sustantivo de un verbo que significa «agradecer»15 . Y el Nuevo Testamento continúa esa magnífica tradición teológica y literaria al incorporar varios salmos e himnos antiguos a sus mensajes de renovación, esperanza, liberación y confianza (Lc 1.46b-55; Fil 2.6-11; Col 1.15-20; Jn 1.1-3).

LOS TÍTULOS HEBREOS O EPÍGRAFES, Y LOS TÉRMINOS TÉCNICOS

La comprensión adecuada de los salmos requiere que miremos a sus características literarias, teológicas y estructurales fundamentales, para descubrir pistas que nos ayuden en la compleja pero necesaria tarea de interpretación16 . Esas peculiaridades temáticas, estilísticas y canónicas de los salmos contribuyen considerablemente a su belleza literaria y espiritual, además de ser medios para transmitir el sentido religioso de su mensaje y para afirmar los valores de sus enseñanzas. En efecto, nuestras interpretaciones del Salterio se relacionan con la comprensión del carácter particular y distintivo de la poética hebrea, según se pone de manifiesto en la Biblia17 .

En primer lugar, los salmos tienen una serie de títulos en el idioma hebreo que desean orientar al lector o lectora sobre los temas a estudiar, y los ubican en algún entorno histórico, litúrgico o cultural de importancia para su lectura y comprensión. Respecto a estos títulos, epígrafes o suscripciones es importante indicar rápidamente que no forman parte de la composición original del salmo: ¡Fueron añadidos a través de los años, para ayudar en las dinámicas cúlticas y contribuir a la formación educativa de las comunidades de fe! Tienen títulos hebreos ciento un salmos (101), mientras que el resto (49), se conocen como «salmos huérfanos», por carecer de esa peculiaridad literaria.

Un buen ejemplo de la importancia de los títulos es la distribución de los llamados salmos de David, que se disponen con criterios externos que ciertamente pueden verificarse. Revelan, en efecto, criterios teológicos, manifiestan peculiaridades literarias, e indican prioridades temáticas. En la sección que incluye los Salmos 42–89, p.ej., se manifiesta una estructura casi simétrica, que pone de manifiesto las preocupaciones religiosas y los intereses teológicos de los redactores y editores finales del Salterio18 : ¡Enfatizan los salmos dedicados a David!:

• Salmos 42–49: Salmos de los hijos de Coré

• Salmo 50: Salmo de Asaf

• Salmos 51–65, 68–70, 86: Salmos de David

• Salmos 73–83: Salmos de Asaf

• Salmos 84–85, 87–88: Salmos de los hijos de Coré

Los títulos hebreos contienen algunas claves o ideas en torno a la transmisión, dedicación o usos de los salmos. Aunque desconocemos el significado preciso de algunos de los términos que se utilizan en varios títulos, su lectura y análisis puede servir de ayuda en el proceso de evaluación de su uso a través de la historia. Generalmente los títulos incluyen términos técnicos que se relacionan con la composición de algún salmo, con su uso litúrgico o musical, con su relación a algún personaje distinguido, o contienen referencias a varios eventos en la vida de David.

A- Términos que aluden a los compiladores o autores:

1. El término «de David», que aparece como en 73 ocasiones en los salmos19, es de difícil compresión, pues en hebreo la preposición «de» puede aludir a la autoría, pertenencia, dedicación o, inclusive, tradición; además, la referencia al nombre del famoso monarca israelita puede identificar tanto al famoso rey como a su descendencia real o dinastía. En los salmos, la expresión «de David» posiblemente debe ser entendida como dedicado a David, o en la tradición de David, o en la memoria de David. La idea es que el poema pertenece a la colección que se relaciona con David.

2. «de los hijos de Coré»: Esta frase identifica una serie de salmos que posiblemente formaban parte del repertorio musical de la familia de Coré, que eran cantantes en la liturgia del Templo de Jerusalén (Sal 42–43; 44–49; 84–85; 87–88).

3. «de Asaf»: Según Esdras 2.41, Asaf era el antecesor de los cantantes del Templo; y, de acuerdo con el escritor cronista (1 Cr 6.39; 15.17; 2 Cr 5.12), era uno de los músicos principales del rey David.

4. «de Salomón»: La expresión alude al hijo de David, reconocido por su sabiduría, e indica posiblemente que estos salmos se han atribuido, dedicado y relacionado con el famoso rey de Israel (Sal 72; 127).

5. «Hemán el ezraíta»: Según 1 Reyes 4.31, Hemán era uno de los famosos sabios de la época de Salomón; de acuerdo con 1 Crónicas 15.17,19 –¡si el pasaje alude a la misma persona!–, era cantante en el Templo de Jerusalén durante la época de David; y en 1 Crónicas 25.5 se indica que también era vidente del rey.

6. «Etán en ezraíta»: Se menciona junto a Hemán en 1 Reyes 4.31 y también en 1 Crónicas 15.17,19; a él se atribuye el Salmo 89.

7. «de Moisés»: Es una referencia al famoso legislador y líder hebreo, que no debe tomarse literalmente como base para indicar su autoría del Salmo 90, que también se ha dedicado a la memoria de David.

8. «a Jedutún»: Este personaje era uno de los músicos principales de David (1 Cr 16.41), y puede aludir a la familia de músicos con ese nombre (Sal 39; 62; 77). Otros estudiosos piensan que la expresión debe traducirse como «confesión», y los salmos con este nombre deben cantarse en algún ritual penitencial.

B- Términos que indican el tipo de Salmo:

1. «salmo»; en hebreo, mizmor: La expresión ocurre unas 57 veces en el libro de los Salmos, y es un término técnico que se utiliza en la Biblia únicamente en el Salterio. Posiblemente alude a algún tipo de cántico litúrgico que debe acompañarse con instrumentos de cuerdas.

2. «lamentación»; en hebreo, shiggaion: Aparece únicamente en el Salmo 7, y se caracteriza porque contiene una serie variada de sentimientos de pena. La expresión se relaciona con un verbo hebreo que significa «errar» o «inquirir», que puede ser un indicador de arrepentimiento y contrición.

3. El término hebreo miktam es de muy difícil comprensión y traducción, y se encuentra en seis salmos (Sal 16; 56–60); quizá es una referencia a algún tipo de castigo o puede inclusive aludir a una joya dorada20 .

4. «oración»; en hebreo, tepillah: Se encuentra en los títulos de varios salmos (Sal 17; 86; 90; 102; 142) y describe la piedad de los adoradores; puede también relacionarse con las expresiones de lamentación del pueblo.

5. «cántico»; en hebreo, shir: Este es el término técnico común para aludir a los cánticos, tanto religiosos como seculares, y se encuentra como en 30 salmos. La diferencia entre mizmor y shir no es clara, pues varios salmos incluyen los dos términos (Sal 65; 75; 76; 92).

6. «maskil»: Designa a un tipo particular de salmo (Sal 88), aunque la comprensión y traducción precisa del término no es totalmente posible. Quizá alude a algún salmo de edificación, enseñanza o meditación.

7. «alabanza»; en hebreo, tehillah: Alude e identifica a varios salmos de alabanzas a Dios (Sal 65.1; 119.171; 145).

8. «cántico de amores»; en hebreo, shir yedidot: Expresión que describe un tipo particular de salmo que afirma el amor (Sal 45).

9. «cántico de las subidas»; en hebreo, shir hammacalot: La frase alude a un tipo particular de salmos que se utilizaba al subir al Templo de Jerusalén (Sal 120–134).

C- Términos de uso y finalidad litúrgicas:

1. «acción de gracias»; en hebreo, todah: Estos salmos aluden a la importancia de la ofrenda de gratitud (Sal 69.30), posiblemente como expresión comunitaria. Estos salmos pueden identificarse por sus temas de acción de gracias.

2. «penitencia»; en hebreo, leannoth: Es posiblemente un término técnico que alude a la contrición o penitencia (Sal 88).

3. «ofrenda memorial»; en hebreo, lehazkir: Es un término que alude a la ofrenda o sacrificio memorial, cuyo propósito es posiblemente recordar ante el Señor la naturaleza del dolor humano (Sal 38; 70).

4. «cántico de la dedicación del Templo»; en hebreo, shir hanukkat habbayit: Este cántico se utilizaba en el Templo para recordar la importancia de su dedicación (Sal 30).

5. «para la enseñanza»; en hebreo, lelamed: La palabra alude a la importancia de la educación y destaca la finalidad pedagógica del Salterio.

6.«para el día de reposo»; en hebreo, lesabat: La expresión afirma la importancia del día de reposo para la comunidad judía (Sal 92).

D- Términos musicales:

1. «al músico principal»; en hebreo, lamenaseah: Este término es muy común en el Salterio, aparece en 55 salmos, y también en Habacuc 3.19; y posiblemente la expresión proviene del reino del norte, Israel, que equivale «a David» en el reino del sur, Judá.

2. «con instrumentos de cuerdas»; en hebreo, bineginot: Posiblemente alude a la práctica de acompañar a algunos salmos únicamente con instrumentos de cuerdas, no con instrumentos de viento o de percusión (Sal 4; 6; 54; 55; 67; 76).

3. «para las flautas»; en hebreo, el hannehilot: Alude a un tipo de salmo que debía ser acompañado con flautas; posiblemente se refiere a salmos de lamentación (Sal 5).

4. selah: Este término aparece con regularidad en los salmos, como en 71 ocasiones, y 3 veces adicionales en Habacuc, y es de muy difícil traducción y comprensión. Algunas traducciones antiguas lo vierten al griego como diapsalma, que se piensa era un tipo de interludio o intermedio donde se cantaba otra melodía o se tocaba algún instrumento musical. La traducción latina de la Biblia, la Vulgata, generalmente no traduce la expresión; y en la tradición judía se pensaba que significaba «por siempre» o «eternamente». Otras alternativas incluyen «levantar la voz» o «cantar más alto», en referencia a la música; también, «retornar» o «doblarse a orar», en alusión a que la congregación debía postrarse ante Dios.

5. higgaion: Alude a algún detalle musical de difícil comprensión en la actualidad (Sal 9.16); puede ser una referencia a la bajada de la voz en el cántico del salmo.

6. «en la octava»; en hebreo, al hassseminit: Aunque algunas personas han indicado que la expresión se refiere a que las personas debían cantar en un octavo de nota más baja, posiblemente una mejor comprensión del término es que alude a algún tipo de instrumento musical de ocho cuerdas.

7. haggittit: El término es de difícil comprensión, y posiblemente se refiere a la lira o a la presa de vino (LXX) (Sal 8; 81; 84).

8. al mut labben: La frase es extraña, y significa «en la ocasión de la muerte del hijo»; posiblemente es una variante o corrupción de la expresión al alamot (Sal 46).

9. al alamot: Aunque algunas traducciones antiguas la traducen como «doncellas», pues es probable que las mujeres tuvieran algún papel menor en la liturgia del Templo; también puede referirse a los misterios o las cosas ocultas (Sal 46).

10. «los lirios»; en hebreo, al sosanim: Posiblemente es una alusión al proceso antiguo donde de descubrían oráculos al mirar los lirios, aunque también se puede referir a los lirios como símbolos del amor y la fertilidad (Sal 45; 60; 69; 80).

11. «las flautas»; en hebreo, al mahalat: La expresión es compleja y muy difícil de traducir; posiblemente se refiere a las flautas, como símbolo de lamentación y dolor (Sal 53).

12. «sobre la paloma muda de las lejanías»; en hebreo, al ayelet hasahar: Aparece en el título del Salmo 56, y posiblemente se refiere a la forma o la tonada y el ritmo en que el salmo debía ser cantado.

13. «no destruyas»; en hebreo, al tashet: Quizá se refiere a algún acto de la liturgia (Sal 57; 58; 59; 75), o alguna forma de cántico (Sal 65.8).

E- Notas históricas:

Algunos salmos incluyen varias referencias históricas para ubicar los poemas en el contexto de algunos episodios de la vida de David. Posiblemente estas notas fueron añadidas luego del exilio en Babilonia (véanse Sal 3; 7; 18; 34; 51; 52; 54; 56; 57; 59; 60; 63; 142), y nos brindan alguna información en torno a la interpretación y uso del salmo luego del destierro.

COMPOSICIÓN DE LOS SALMOS INDIVIDUALES Y REDACCIÓN FINAL DEL LIBRO

La historia de la redacción de los salmos individuales es extensa, y es complejo el proceso gradual de compilación de poemas hasta llegar al libro que tenemos en la actualidad. Todo comenzó de forma oral, posiblemente cuando los salmistas recitaban las oraciones para expresar sus sentimientos más significativos en torno a Dios y la vida. Esas plegarias y composiciones pasaron de generación en generación, a medida que la comunidad de fe se apropiaba de esos clamores, al entender que reflejaban sus pensamientos y sentimientos sobre las acciones de la divinidad en las diferentes esferas de la vida.

El reconocimiento de la importancia espiritual, litúrgica, literaria e histórica de los salmos se relaciona con el período en el que el pueblo de Israel inició sus experiencias de adoración como comunidad, y siguió hasta la composición del último salmo que se incorporó en el libro21 . Posiblemente una de las fuerzas mayores que guió la redacción y edición final del Salterio se relaciona con la crisis de la caída del reino de Judá, y su posterior exilio en Babilonia. Esas extraordinarias dificultades históricas produjeron en el pueblo un sentido escatológico profundo.

La redacción y transmisión de los salmos en Israel formó parte de las experiencias religiosas del Medio Oriente antiguo, y los salmistas utilizaron los temas, las técnicas y las metodologías que eran comunes en ese gran entorno geográfico, histórico, religioso y cultural22 . Ese proceso fue largo y complejo, y se fundamentó principalmente en la importancia que la comunidad de Israel le dio a esa literatura en la adoración, y también a la afirmación que los salmos le brindaban al pueblo en su peregrinar al futuro.

Esa importante dinámica de redacción y compilación también tomó seriamente en consideración la identificación y afirmación de la literatura que se convertiría con el tiempo en Sagrada Escritura. El libro de los Salmos es una importante antología literaria y religiosa, que contiene los poemas, las oraciones, los valores y las experiencias que sobrevivieron a ese proceso extenso e intenso de redacción, compilación y edición.

Nuestro empeño por descubrir el nacimiento de cada salmo no nos conduce necesariamente a sus autores originales, cuyos nombres propios e identidades específicas se pierden en el anoniMto de la historia, el tiempo y la cultura. Las investigaciones sosegadas, los estudios sistemáticos y los análisis científicos en torno a sus orígenes nos llevan principalmente a los contextos iniciales y primarios en los cuales se utilizaron los salmos.

En torno a este particular tema de la autoría es importante indicar que el concepto contemporáneo es diferente al que se poseía en la antigüedad. En las sociedades modernas se han redactado una serie leyes que protegen a los autores y las autoras, y que proveen regulaciones adecuadas que afirman la propiedad intelectual de las personas. En el mundo antiguo, por el contrario, se desconocían esas ideas de propiedad intelectual privada, y las composiciones eran entendidas como parte de la vida y de la propiedad de la comunidad, que las utilizaba y revisaba repetidas veces a través de la historia en sus diversas actividades religiosas y culturales.

Aunque ciertamente los salmos deben haber sido compuestos por personas con gran capacidad analítica, crítica, literaria, estética y poética, los procesos sociales, religiosos y sicológicos de transmisión de información de la etapa oral a la escrita no guardó la identidad precisa de esos personajes. Únicamente tenemos el día de hoy los entornos culturales en los cuales los salmos eran utilizados, entre los que podemos identificar los siguientes: Procesiones nacionales y festivales anuales, ceremonias de entrada al Templo de Jerusalén y cánticos de peregrinación, eventos educativos, y oraciones privadas y actividades litúrgicas específicas. Algunos salmos son oraciones individuales de alabanzas o quejas, mientras que otros manifiestan los mismos temas, pero desde la perspectiva de toda la comunidad. Y aunque el proceso de redacción de los salmos se inició de forma individual, en algún momento de la historia de Israel, posiblemente luego de la institución de la monarquía, comenzó el proceso de agrupar y ordenar los diversos grupos de salmos para su uso litúrgico en el Templo.

En la actualidad, el libro de los Salmos se divide en cinco secciones mayores o en cinco «libros»23:


Libro 1:Salmos 1–41
Libro II:Salmos 42–72
Libro III:Salmos 73–89
Libro IV:Salmos 90–106
Libro V:Salmos 107–150

Cada sección o «libro» finaliza con una afirmación doxológica o alabanza extraordinaria a Dios (véanse Sal 41.13; 72.19; 89.52; 106.48; 150). Las atribuciones a algún personaje de gran importancia histórica y de reconocimiento y aprecio de la comunidad fueron algunos de los criterios para la compilación de los grupos (p.ej., David, Salomón y Moisés). Y otros salmos se agruparon por razones temáticas o por el uso específico que le daban en el culto –p.ej., los Sal 120–134, que son denominados como de «ascenso gradual» o «peregrinación», pues se utilizaban para subir o ascender al Templo–.

Una peculiaridad teológica y literaria en el Salterio es la preferencia del uso del nombre divino en sus diversas secciones. Los diversos «libros» del Salterio o secciones se dirigen a Dios con su nombre propio y personal –p.ej., Yahvé, o Jehová en las versiones Reina-Valera–, o utilizan el nombre genérico para referirse al Señor, Elohim. Las preferencias en torno al nombre divino se presentan en la siguiente gráfica24 :


LibroYahvéElohim
Libro 127215
Libro II74207
Libro III1336
Libros IV y V3397

Luego del primer dúo de salmos (Salmo 1–2), que son una especie de introducción a toda la obra25 , tenemos dos importantes colecciones de poemas que se atribuyen, según sus títulos hebreos, al famoso rey David: Salmo 3–41 y Salmo 51–72. Una nota de gran importancia literaria y teológica se incluye al final del segundo libro, pues se indica claramente que con ese poema finalizan los salmos de David (Salmo 72.20). Esa particular referencia es posiblemente una forma de indicar que en algún momento de la historia, los salmos editados y compilados finalizaban con esa colección relacionada con David.

La intensión teológica del redactor final del Salterio se revela al estudiar con precisión la sección que incluye los Salmos 15–24. Esta serie de poemas está dispuesta de manera simétrica o en forma de quiasmo, y en su centro estructural (sección E, en la gráfica) se revela el tema que se desea destacar26 : La gloria divina y la importancia de la Ley de Dios.

A. Salmo 15: Liturgia de entrada

B Salmo 16: Salmo de confianza

C. Salmo 17: Lamentación

D. Salmo 18: Salmo real

E Salmo 19: Himno para la gloria de Dios y la Torá

D’. Salmo 20–21: Salmos reales

C’. Salmo 22: Lamentación

B’. Salmo 23: Salmo de confianza

A’. Salmo 24: Liturgia de entrada

Junto a los salmos davídicos se incluyen dos colecciones adicionales de poemas que se atribuyen a grupos de músicos que ejercían sus labores regulares en el Templo de Jerusalén: algunos se relacionan con Asaf (Sal 50; 73–83); y otros, con Coré (Sal 42–49). Estos salmos son esencialmente cánticos e himnos que reflejan la teología tradicional de alabanza y oración del pueblo de Israel, y posiblemente incorporan las tradiciones teológicas y litúrgicas del reino del norte a las experiencias religiosas del sur en Jerusalén.

En el proceso de compilación del libro de los Salmos, el segundo grupo de salmos de David se incorporó luego de los salmos de Coré, y los salmos relacionados con Asaf se ubicaron posteriormente para seguir al Salmo 72, y así formar un conjunto de poemas (Sal 42–83) que pasó por un proceso de revisión estilística de gran importancia teológica y literaria. En muchas ocasiones, el nombre propio de Dios en hebreo –Yahvé o Jehová, en la tradición de revisiones Reina-Valera– en esa sección del Salterio se cambió por la referencia general al Señor –en hebreo, Elohim o Dios–, posiblemente para afirmar el monoteísmo radical e indicar que el Dios bíblico era el Señor no solo del pueblo de Israel sino de toda la tierra. A estas composiciones, conocidas como salmos eloístas, se le añadió otra colección de salmos de Coré (84–89), para finalizar la tercera sección del libro de los Salmos. Estas colecciones de salmos de David, Asaf y Coré, posiblemente, formaron la base inicial que posteriormente se convirtió en el libro de los Salmos, como lo conocemos el día de hoy.

Las secciones finales de la colección de salmos bíblicos se formaron posiblemente con criterios teológicos particulares o con prioridades litúrgicas específicas. Como es el caso en los manuscritos descubiertos en el Mar Muerto, los Salmos 90–150 en manuscritos diversos se encuentran en diferentes secuencias. Posiblemente, para la época de la redacción de los documentos de Qumrán (c.150 a.C.–100 d.C.), todavía la colección canónica de salmos no había tomado su forma final y definitiva27 . Varios grupos de salmos, en esta parte final de compilación del Salterio, tienen temas en común: p.ej., cánticos de ascensión al Templo (Sal 120–134); himnos que celebran el reinado del Señor (93; 95–99); y tres secuencias de salmos de alabanzas o de aleluyas, conocidos como «salmos hallel» (Sal 111–113; 115–117; 146–150).

Para finalizar el libro de los Salmos se incluyen dos doxologías: la primera para separar la cuarta sección de salmos de la quinta (Sal 106.48); y la segunda (Sal 150), para completar y cerrar el libro con un tono de alabanza y adoración.

El arreglo actual del libro de los Salmos responde a las necesidades religiosas de la comunidad judía postexílica. Los salmos que se incluyen en el canon bíblico sirvieron para proclamar los sentimientos religiosos más importantes de la comunidad de fe judía. Esos cánticos contienen el recuento de las experiencias religiosas más significativas del pueblo de Israel, que a su vez fueron utilizadas por la iglesia cristiana primitiva para comunicarse con el Dios eterno, padre y Señor de Jesús de Nazaret. De esa forma, el libro de los Salmos se convirtió en recurso para el culto público y privado, y en fuente de autoridad teológica y espiritual para los creyentes y las comunidades de fe, judías y cristianas.

DAVID, «EL DULCE CANTOR DE ISRAEL»

La importante relación de David con el libro de los Salmos se pone claramente de manifiesto en la gran cantidad de poemas que se le atribuyen, o que se relacionan con su dinastía (¡73!). Las Escrituras hebreas son testigos de la muy antigua tradición que le atribuía al monarca dones especiales para la música y la composición. Inclusive es conocido como «el dulce cantor de Israel» (2 S 23.1), que es una manera de enfatizar sus capacidades poéticas y de destacar sus virtudes literarias, y también una forma de reconocimiento y aceptación de sus composiciones. Y esos extraordinarios dones poéticos y musicales, según las narraciones bíblicas, le fueron dados por el Señor28 .

De acuerdo con el testimonio bíblico, los cánticos y la música de David liberaban al rey Saúl de los malos espíritus que le atormentaban (1 S 16.14-23); los relatos bíblicos aluden a sus cánticos en medio de catástrofes nacionales (2 S 1.17-27; 3.33-34); e, inclusive, se le atribuye al famoso soberano israelita la elaboración de diversos instrumentos musicales (véase, p.ej., 2 Cr 7.6; Neh 12.36; Am 6.5). Posteriormente en la historia, cuando la institución de la monarquía había dejado de existir en Israel, se reconocía que David había sido el organizador principal de los diversos grupos de cantantes y músicos en el Templo de Jerusalén (1 Cr 15.16-24; 16.4-6; 25.1-31). Y por el año 190 a.C., el sabio Jesús hijo de Sira presentó poéticamente la vida de David y lo describe cantando salmos al Señor en diversas etapas de su vida, e identificando la música necesaria para las diversas festividades nacionales del pueblo de Israel (Ec 47.8-10).

En el período neotestamentario es muy generalizado el reconocimiento de David como autor principal del libro de los Salmos. De esa época, uno de los manuscritos de Qumrán (11 QPsa) incluye una importante nota en torno a las composiciones poéticas de David, que le fueron dadas por Dios: Tres mil seiscientas (3,600) alabanzas, 446 cánticos para la adoración diaria y eventos especiales, y cuatro canciones que debían entonarse con harpas o liras para liberar a personas atormentadas por espíritus. ¡Un gran total de 4,050 composiciones!

El Nuevo Testamento se hace eco de esas tradiciones antiguas y atribuye a David algunas citas de salmos que tienen interpretaciones mesiánicas. De acuerdo con esa comprensión del Salterio y de David, el antiguo monarca hablaba «por el espíritu» o «profetizaba». Dios mismo y el Espíritu Santo hablaban a través de él (Sal 110 en Mr 12.36-37; Sal 69 y 109 en Hch 1.16-22; Sal 16 y 110 en Hch 2.29-42; Sal 32 en Ro 4.6-8; Sal 95 en Heb 4.7). Posteriormente, en el siglo segundo de la iglesia, una opinión rabínica de gran importancia indica claramente que David escribió los Salmos, con la ayuda de Adán, Melquisedek, Abraham, Moisés, Hemán, Jedutún, Asaf y los tres hijos de Coré. Generalmente se entendía que los salmos eran el trabajo profético de David.

La erudición moderna, que intenta fundamentar sus conclusiones en la evidencia literaria, el análisis histórico y la reflexión teológica crítica, ha revisado esas afirmaciones y se ha replanteado seriamente la afirmación de la autoría davídica de muchos salmos. Las notas históricas que se incluyen como epígrafes, suscripciones o títulos hebreos de 13 salmos, son evidentemente añadiduras posteriores que intentan relacionar alguna frase o palabra del salmo con varios incidentes en la vida del famoso monarca israelita (véase, p.ej., Salmo 3 y la tabla a continuación).

La referencia «a David» en muchos títulos de salmos no son necesariamente afirmaciones de autoría sino de reconocimiento de autoridad. Y aunque es muy difícil relacionar algún poema específico del Salterio con su autoría particular, David es ciertamente el líder que inspira la música cúltica e incentiva las alabanzas a Dios de parte de la comunidad. En ese sentido figurado, David es, en efecto, el «autor del Salterio» por excelencia, pues es su autoridad como músico y poeta la que le brinda al libro de los Salmos el reconocimiento público y el aprecio del pueblo de Israel y, posteriormente, de las iglesias.

Tabla de salmos con algunas referencias a varios episodios en la vida de David


SalmoReferencia histórica
32 Samuel 15–19
72 Samuel 18.21
182 Samuel 22
341 Samuel 21.14
512 Samuel 11–12
521 Samuel 22.9
541 Samuel 23.19; 26.1
561 Samuel 21.11; 27.2
571 Samuel 22.1; 24.3
591 Samuel 19.11
602 Samuel 8.3; 1 Cr 18.1-12
631 Samuel 23.14; 24.1; 26.2
1421 Samuel 22.1; 24.3

MUJERES SALMISTAS

Para la comprensión adecuada del Salterio debemos tomar en consideración las contribuciones de las mujeres a la liturgia y las ceremonias religiosas antiguas. En los anales pictóricos provenientes de Egipto y Asiria, se pone claramente de manifiesto la participación destacada de las mujeres como bailarinas, cantantes e instrumentistas. Además, aunque los autores de los antiguos himnos sumerios generalmente no son identificados, un muy importante y revelador ciclo de 42 poemas y cánticos, que destaca de forma extraordinaria las virtudes de sus templos y divinidades, es atribuido a la princesa Enheduanna, hija del rey Sargón, que es descrita como una poetisa virtuosa29 .

A esta realidad internacional, que se revela del estudio sistemático de la literatura del antiguo Oriente Medio, debemos añadir el gran valor que se daba en la sociedad israelita a las mujeres cantantes. Sabemos por el testimonio bíblico que cantaban en ceremonias fúnebres (2 Cr 35.25), y que también participaban de eventos de importancia en el palacio real (2 S 19.35). Inclusive, algunas mujeres fueron enviadas como parte del tributo que Judá pagó a los asirios, para salvar la ciudad de Jerusalén en la crisis del 701 a.C. Posiblemente, estaban organizadas en grupos, como se desprende del relato que identifica a un grupo de 200 cantantes que llegó del exilio (Esd 2.65).

De acuerdo con esta información, por lo menos durante el período de la monarquía, había participación destacada de mujeres en las ceremonias que se llevan a efecto en el Templo, posiblemente, como cantantes e instrumentistas. Estaban en la importante tradición de María la profetisa, que inspiró a un grupo de mujeres a cantarle al Señor un himno de triunfo con panderos y alabanzas, y danzar de alegría ante las intervenciones salvadoras de Dios con el pueblo de Israel (Éx 15.20-21). Las mujeres salmistas siguen el ejemplo de Débora, que a la vez era jueza y profetisa, que se inspiró y entonó uno de los himnos de triunfo más importante en la historia del pueblo de Israel (Jue 5.1,7). En esa misma vertiente poética e hímnica, está Ana, la mamá de Samuel, que se allega al santuario de Silo a presentar sus ofrendas y votos, y canta un himno al Señor que es una especie de anticipación al reinado del Mesías (1 S 2).

El Salterio recoge esas importantes contribuciones de mujeres a la vida cúltica del pueblo, y las incorpora en una gran ceremonia y procesión de alabanzas al Señor, en la que participan también un grupo de cantores y músicos. Y en medio de esa algarabía de entusiasmo y celebración, se identifican a las mujeres que van cantando y bailado con panderos y con gestos de gratitud y felicidad (Sal 68.25). Esas contribuciones femeninas le añadían a las ceremonias entonaciones vocales complementarias y movimientos rítmicos alternos al que producían sus compañeros varones, y de esa forma contribuían positivamente a la belleza estética de las celebraciones.

EL TEXTO HEBREO DE LOS SALMOS

Al igual que el resto del Antiguo Testamento, el texto hebreo del Salterio fue fijado con sus consonantes mediante el trabajo de los escribas judíos del siglo 1 d.C., y desde entonces, ese texto ha sido preservado con bastante fidelidad a través de los siglos. Posteriormente, con el trabajo esmerado de un grupo de estudiosos judíos conocidos como los masoretas, se le añadió a los manuscritos consonánticos los signos vocálicos, que facilitaban la pronunciación, lectura y comprensión de las Escrituras Sagradas30 . Las traducciones que se hacen del Salterio en la actualidad generalmente utilizan con seguridad ese texto hebreo. En efecto, una vez se fijó por escrito el texto hebreo de los Salmos su transmisión y preservación fue bastante buena.

Sin embargo, antes de esa importante fijación textual, la historia de la transmisión de los salmos de forma oral fue compleja. Por muchos años los salmos se transmitían de generación en generación de manera oral, y estaban abiertos a adaptaciones, revisiones y añadiduras. A estas realidades de transmisión oral, que con el tiempo se hicieron por escrito, es que se deben la duplicación de algunos salmos –p.ej., Sal 14 y 53; Sal 40.14-17 y 70; Sal 57.8-12 y 108.2-6; Sal 18 y 1 S 22; Sal 105.1-15, junto al 96, y 1 Cr 16.8-36–, y las diferencias en las lecturas y la comparación de los salmos masoréticos con los de Qumrán y la Septuaginta. Además, a esos largos y complejos procesos de transmisión oral y literaria, debemos añadir las dificultades que se relacionan con los errores y las revisiones de los copistas –¡trabajan en condiciones no ideales!–, el deterioro natural de los manuscritos –¡tanto por el uso continuo como por el tiempo!–, y los cambios en la grafía hebrea a través de la historia.

El libro de los Salmos también enfrentó desafíos extraordinarios de supervivencia en la historia del pueblo de Israel. La experiencia de la destrucción del Templo y la posterior deportación de los judíos a Babilonia debió haber sido traumática para la comunidad y para las autoridades religiosas. De acuerdo con algunas fuentes literarias antiguas (2 Mal 2.13), Nehemías se esforzó por recoger y coleccionar nuevamente los manuscritos sagrados, particularmente los de David, en referencia a los Salmos. Posteriormente en la historia, Antíoco IV Epífanes (167-164 a.C.) intentó destruir los libros sagrados de los judíos (2 Mal 2.14). Por todas esas vicisitudes históricas y literarias, el libro de los Salmos presenta algunas variantes importantes que, aunque no afectan la integridad teológica y el valor religioso del libro, presentan a los estudiosos desafíos formidables.

Las traducciones antiguas del Salterio fueron importantes en la difusión y el uso de los salmos. La de mayor importancia es la Septuaginta, en el griego koiné, que fue utilizada en la liturgia tanto en las iglesias de Oriente como en las de Occidente hasta mediados del siglo 2 d.C. La Vetus Latina contenía los salmos traducidos al latín que se utilizaban en África y Roma desde el siglo 2 d.C., y sirvió de base para las revisiones y traducciones de San Jerónimo hechas en Belén a partir del 387 d.C.

Los manuscritos de los Salmos nos permiten ver algunas dimensiones históricas de la vida del pueblo de Israel que no debemos obviar ni ignorar31. Aunque la finalidad principal del Salterio es litúrgica y teológica, de la lectura de sus poemas se descubren algunos aspectos históricos que nos ayudan a comprender mejor la vida del pueblo de Israel. Los clamores del pueblo y sus reflexiones sobre los desafíos que debían enfrentar, les permitieron describir la vida con sus virtudes y complejidades.

Una lectura atenta de los salmos nos ayuda a comprender esa dimensión histórica de la realidad humana. Los salmos aluden a la trágica experiencia de la caída de la ciudad de Jerusalén, la dolorosa deportación de los judíos, y la angustia de vivir en el exilio babilónico (Sal 137), y también comenta en torno a las dinámicas militares de la antigüedad (Sal 5; 18; 20; 21; 35; 44; 46). Desde la perspectiva económica, el Salterio puede ser una buena fuente de información valiosa, pues describe algunas dinámicas fiscales de importancia en la antigüedad (Sal 15.5; 45.8; 48.8; 107.23). Y para las personas interesadas en la liturgia y la música, los salmos pueden ser una fuente importante de información, pues estos poemas surgen de esos contextos cúlticos de celebración, piedad y alabanzas (Sal 22.26; 50.14; 61.9; 65.2; 66.13; y también 33.2; 57.9; 92.4; 98.5-6; 108.3; 149.3; 150.3-5).

LA ICONOGRAFÍA EN EL SALTERIO

Un área de investigación reciente que ha apoyado significativamente la comprensión de los manuscritos bíblicos y su mensaje es la iconografía. El estudio detallado del arte y la interpretación de los símbolos y artefactos descubiertos en el Oriente Medio antiguo, nos ha ayudado a entender y visualizar mejor el mensaje del Salterio32. Las ilustraciones de instrumentos musicales son bastantes y detalladas. Se han descubierto representaciones de címbalos (Sal 150.5) y panderos (Sal 98.6), de trompetas y flautas (Sal 105.4), y de arpas (en hebreo, kinnor, Sal 150.3) y liras (en hebreo, nebel, Sal 33.2; 144.9). También se han analizado diversos artefactos que ilustran los movimientos del cuerpo y atestiguan varias formas de adoración que revelan humildad y aceptación de autoridad.

La onomástica o listas de nombres que provienen de la antigüedad, recuerdan, p.ej., los diversos fenómenos meteorológicos que se incluyen en el Salterio (Sal 104; 148). El lenguaje de las fosas y los posos que se utilizaban para atrapar los animales salvajes en tiempos antiguos, con frecuencia se utiliza en los salmos para describir las dificultades, los dolores y las persecuciones de los creyentes. Diversas representaciones e imágenes de esas fosas se han encontrado en pinturas y en vasijas. Además, la transportación de los ídolos, atestiguada con regularidad en los descubrimientos de la antigüedad, delata la seriedad y el respeto hacia las divinidades paganas que tenían los ciudadanos de las naciones vecinas de Israel. Quizá esas actitudes politeístas e idólatras son las que explican la vehemencia de las críticas y las sátiras proféticas contra ese particular tipo de práctica religiosa (Sal 104.25).

Se han encontrado en varias culturas antiguas diversas escenas que representan a las divinidades y sus representantes como pastores. Esos pastores tienen vara y callado, como en las imágenes de la Biblia (Sal 23), para ahuyentar a los enemigos y también proteger las ovejas. En el Salmo 78.70-72 se indica que el Señor transfirió esas responsabilidades pastorales al rey David; y en el Salmo 110, al mismo monarca de Israel, se le otorga la dignidad sacerdotal. Y esa unificación de roles, de monarca y sacerdote, tiene paralelos en las diversas culturas vecinas del pueblo de Israel.

Finalmente las representaciones de caballos y carruajes son frecuentes en la antigüedad, pues aluden particularmente al prestigio social, el poder político, la autoridad militar y la virtud económica de los monarcas. Desde la perspectiva bíblica, el triunfo en la batalla no se relaciona con el poderío militar representado en los corceles y carros de guerra, sino en las intervenciones redentoras y liberadoras del Señor de los ejércitos (Sal 147.8-10; 33.16-17).

FESTIVALES EN EL PUEBLO DE ISRAEL

El estudio del calendario religioso del pueblo de Israel revela una serie de eventos y celebraciones que incluyen días santos –p.ej., las celebraciones de luna nueva y el sábado–, y fiestas nacionales. Tres festivales de gran importancia cúltica deben destacarse, por su importancia histórica, cúltica y teológica: la Pascua y la fiesta de los Panes sin levadura, la fiesta de las Primicias o de las Cosechas, y la fiesta de los Tabernáculos33 . Estas importantes actividades nacionales le brindaban al culto de Israel su particular trasfondo litúrgico, y servían de marco de referencia para una gran parte del libro del Salterio. Los salmos tienen en estas celebraciones su contexto inicial de celebración, también conocido en círculos académicos como el Sitz im Leben –o situación en la vida del pueblo–.

La comunidad en general se incorporaba en estas celebraciones nacionales y, además, llevaban a efecto otras actividades religiosas relacionadas con sus responsabilidades personales –p.ej., los sacrificios prescritos en la Ley, y las oraciones que se hacían en momentos de necesidad persona, familiar y nacional–.

Fiestas judías y días sagrados34


Fiesta o día sagradoDía de celebraciónReferencia bíblica
Año de jubileocada 50 añosLv 25.8-11;27.17-24;Nm 36.4
Dedicación o Hanuká25 quisleu (nov.-dic)Jn 10.22
Día del perdón10 de tishri (sep.-oct.)Lv 16; 23.26-32;Heb 9.7
Luna nuevaPrimer día del mes lunarNm 10.10; 28.1-15;1 S 20.5-6,29; 2 R4.23; Am 8.5
Panes sin levadura15-21 de nisán(marzo-abril)Éx 12.15-20;13.3-10Lv 23.6-8; Mr 14.1,12
Pascua14 de nisán(marzo-abril)Éx 12.1-14;Lv 23.5; Jn 2.13
Primicias o Cosechas16 de nisán(marzo-abril)Lv 23.9-14
Purim14-15 de adar(feb.-marzo)Est 9.18-32
Santa convocación22 de tishri (sep.-oct.)Lv 23.36b;Nm 29.35-38
Semanas o Pentecostés6 de siván (mayo-junio)Éx 23.16; Lv 23.15-21;Hch 2.1
Tabernáculos15-21 de tishri (sep.-oct.)Lv 23.33-36a, 39-43;Jn 7.2,37
Trompetas, Año nuevoo Rosh Hashana1 de tishri (sep.-oct.)Lv 23.23-25;Nm 29.1-6

MÚSICA E INSTRUMENTOS MUSICALES

La música jugaba un papel preponderante en la vida del pueblo de Israel. Esa importante influencia se ponía claramente de manifiesto en la vida diaria, las celebraciones religiosas, las dinámicas políticas, y las relaciones internacionales del pueblo. En los eventos que se llevaban a efecto en el Templo había cantores y coros (2 Cr 5.13; Esd 2.41,65), y, además, se tocaba una variedad de instrumentos musicales que contribuían al desarrollo de una experiencia cúltica significativa. En efecto, los salmos se cantaban con el acompañamiento de instrumentos de viento, cuerdas, metales y percusión35 .

Tabla de instrumentos musicales en el Templo


InstrumentoReferencia bíblica
Trompetas y cuernos1 Cr 15.28; 1 Co 14.8
ArpasGn 4.21
Salterio (10 cuerdas horizontales o verticales)Sal 92.1-3
Flautas2 S 6.5
PanderosSal 81.2
Instrumentos de madera de haya de percusión2 S 6.5
Címbalos o platillosSal 150.5

INTERPRETACIÓN DE LOS SALMOS

Interpretar los salmos es una tarea de fundamental importancia, tanto para los propósitos educativos de este comentario como para la formación espiritual y moral de los creyentes y las comunidades de fe que regularmente se acercan a esta literatura para las devociones personales, la liturgia grupal o la reflexión personal y teológica36. Esta empresa interpretativa o hermenéutica, sin embargo, es compleja y difícil por varias razones: p.ej., el libro de los Salmos es extenso, los salmos individuales fueron escritos por diferentes autores en contextos variados, el idioma poético utilizado es complejo y simbólico, y esta literatura no contiene muchas referencias o alusiones históricas que nos permitan ubicarlos en su entorno social, político y religioso preciso. Además, debemos tomar en consideración, en nuestros procesos de comprensión e interpretación, las distancias que separan al lector o la lectora actual del Salterio, que incluyen las distancias históricas o cronológicas, las culturales, las lingüísticas y las teológicas.

Por muchos años se pensó que los salmos eran el resultado de los esfuerzos literarios de individuos específicos piadosos que escribieron esas oraciones y cánticos para sus devociones privadas, o para suplir alguna necesidad litúrgica específica en respuesta a eventos históricos particulares. Con esa presuposición en mente, los estudiosos se esforzaban por identificar, describir o descubrir sus autores individuales, e intentaban también explicar con alguna precisión los particulares contextos históricos y litúrgicos que enmarcaron su composición. Esa información, se pensaba, era básica e indispensable para tener una comprensión adecuada del salmo estudiado. Gran parte de los estudiosos tradicionales, además, entendía que los salmos habían sido escritos en el período de la monarquía.

Esa metodología, conocida en algunos círculos académicos como precrítica, fue la que dominó los estudios del Salterio por siglos. Otros académicos, en cambio, a finales del siglo 18 y en el siglo 19, entendían que la literatura poética de los salmos reflejaba diversos períodos, particularmente tardíos, en la historia del pueblo de Israel37 .

Los métodos tradicionales de estudios bíblicos toman en consideración sólo de forma parcial los resultados de las investigaciones científicas que pueden contribuir sustancialmente a la ubicación del texto en sus entornos originales, a la comprensión de los complejos procesos de redacción y transmisión de los documentos, y a la comparación de esta colección con otras piezas literarias del antiguo Oriente Medio. Esas maneras de estudiar los salmos, no necesariamente toman en consideración el producto de los descubrimientos arqueológicos y lingüísticos, ni el fruto de las investigaciones teológicas y sociales que han ayudado a comprender mejor el pensamiento hebreo y la vida en el antiguo Israel, en el particular entorno histórico del Oriente Medio antiguo.

Una nueva forma de interpretar los salmos se asocia con las investigaciones de eruditos europeos y norteamericanos a finales del siglo 19 y principios del 20. Estos estudios, conocidos como «crítica bíblica», intentan ponderar, analizar, estudiar y comprender los salmos en sus contextos históricos, sociales, culturales y religiosos originales, para la posterior aplicación de sus enseñanzas. Esos nuevos métodos utilizan los recursos de diferentes disciplinas académicas al servicio de las investigaciones bíblicas.

En efecto, los acercamientos tradicionales al estudio y la interpretación de los salmos cambiaron radicalmente al llegar el siglo veinte. En primer lugar, esas metodologías cedieron el paso a nuevos programas de investigación de los salmos, que contribuyeron significativamente a una mejor comprensión de esta importante literatura religiosa. Y aunque la forma antigua de leer y meditar en los salmos sirvió con distinción a generaciones de creyentes a través de la historia, se necesitaron nuevas metodologías y herramientas de estudio para descubrir, en esas antiguas piezas literarias, virtudes noveles de gran valor teológico y ético para la humanidad.

Un avance fundamental en el estudio de los salmos se relaciona con el uso de la metodología conocida como «crítica de las formas»38 . De gran ayuda en el estudio científico y profundo de los salmos fue el descubrimiento de que en las formas de expresión religiosa y en los modos de articulación de las enseñanzas en los salmos se descubren algunos patrones recurrentes, se distinguen varias fórmulas que se repiten; se descubrió, además, que esas formas típicas de expresión transmiten características particulares de la fe, reflejan ciertas situaciones específicas de la vida y presuponen algunas prácticas litúrgicas comunes.

Esas características literarias de los salmos nos ayudan considerablemente a entender el libro de los Salmos en su totalidad. En efecto, no es necesario estudiar cada salmo en particular para tener una comprensión adecuada y amplia del libro; basta con seleccionar los salmos que representan las diferentes situaciones litúrgicas y las variadas expresiones de fe en la vida para tener una idea más amplia de la teología y los propósitos educativos del Salterio. Por esa razón, el estudio del libro de los Salmos debe comenzar con la identificación y comprensión adecuada de estas importantes formas de comunicación, o tipos de salmos, o géneros literarios, que nos permiten mirar y evaluar los salmos individuales como parte de un todo teológico, literario, religioso, social y cultural.

Un paso de avance fundamental en el estudio de los salmos se asocia con la teoría que indica que esos salmos representativos de una forma determinada de expresión o género literario específico deben ser entendidos en el entorno de un contexto litúrgico particular en la vida del pueblo de Israel. Esta teoría propone que muchos de los salmos bíblicos presuponen un festival anual de entronización, que se llevaba a efecto en el Templo de Jerusalén durante la celebración del año nuevo39 . En ese acto de gran colorido cultural e importancia religiosa y política, el Dios de Israel era coronado nuevamente como rey del pueblo para gobernar durante el año, que equivalía a afirmar el bienestar del pueblo y la renovación de la creación. En las ceremonias, el rey de la casa de David ocupaba una posición de preponderancia y recibía grandes beneficios políticos, como resultado de las celebraciones y los actos.

Otro avance de gran importancia en el estudio del salterio indica que la forma básica de comunicación de los salmos es el lamento, y que las otras formas de expresión son sus derivadas40 . De acuerdo con esta teoría, el lamento es el modo básico de expresión religiosa en los salmos, pues permite articulaciones religiosas que van desde las experiencias dolorosas de separación y de angustia hasta las manifestaciones extraordinarias de fe, confianza y esperanza. Se reconoce de esta forma que las expresiones religiosas en los salmos son dinámicas y ponen de manifiesto complejidades teológicas y literarias que no se confinan al contexto litúrgico de los salmos.

Relacionado con el estudio de las características literarias de los salmos debemos añadir la importancia de sus recursos retóricos41 . Aunque es ciertamente importante descubrir las peculiaridades de los géneros literarios o las formas de comunicación que se manifiestan en todo el libro de los Salmos, también se deben identificar las peculiaridades estilísticas y los recursos retóricos utilizados para hacer justicia poética a esa literatura. Esos artificios estilísticos le dan gran fuerza estética y belleza poética a la pieza literaria; además, añaden recursos educativos de gran importancia para la memorización y los procesos forMtivos del pueblo.

Un adelanto adicional e importante en el estudio de los salmos se puede relacionar con los estudios bíblicos que afirman y destacan la importancia del canon de las Escrituras hebreas42 . De acuerdo con esta metodología de estudio, la forma final del texto que tenemos disponible para la investigación es la que debe ocupar la atención prioritaria del intérprete, pues es a última instancia la que transmite el sentido al lector o lectora. Se reconoce de esta manera que, aunque la prehistoria literaria y teológica de los documentos antiguos es importante, y aunque ciertamente los análisis de los contextos vitales en los cuales se originaron los salmos son necesarios, lo que debe ocupar prioritariamente la atención de los estudiosos y las estudiosas del texto bíblico es el estado canónico final de los documentos. Lo más importante en el estudio de los salmos, según esta metodología, es su redacción y estado final, que es lo que lee, estudia y aprecia la comunidad de fe. Esta perspectiva canónica, inclusive, afirma que el orden en que aparecen los salmos revela los presupuestos teológicos de las comunidades que les preservaron y transmitieron.

Respecto a las diversas formas y nuevas metodologías de estudio científico y crítico de los salmos, debemos indicar que son complementarias, pues tienen la capacidad de brindar a los lectores y las lectoras más posibilidades de interpretación y alternativas adicionales de comprensión. Esas formas de estudio facilitan el camino para descubrir la importancia de los temas y las contribuciones educativas y teológicas en los salmos. Y esas peculiaridades –que se revelan claramente desde la lectura y el estudio del Salmo 1– son de importancia capital en el estudio del Salterio43 . En este sentido hermenéutico, las contribuciones de la literatura teológica latinoamericanas son muy importantes, pues le brindan a los estudios bíblicos críticos un sentido especial de pertinencia, que hace de la empresa interpretativa algo vivo, contextual y actual.

El libro de los Salmos es, en efecto, una gran obra religiosa y literaria que tiene una muy clara finalidad educativa, una meta forMtiva definida. En ese sentido, los salmos son torá –en el sentido hebreo de la palabra, que significa «instrucción»–, pues deben ser utilizados no como documentos legales rígidos e inaplicables, sino como recursos educativos para contribuir sustancialmente a la formación espiritual y la transformación moral de los lectores individuales y de las comunidades de fe.

La lectura profunda de los salmos no debe confinarse al descubrimiento de las formas de expresión antiguas, ni al aprecio de los recursos estilísticos y retóricos que utilizan. El estudio del Salterio debe penetrar el mundo de los temas expuestos, identificar las teologías que se afirman, distinguir las enseñanzas que se presentan, y celebrar los valores que se revelan. Además, ese análisis ponderado de los salmos debe incentivar la aplicación de los principios morales y los valores éticos que se ponen de manifiesto en sus enseñanzas.

El propósito fundamental de este comentario es orientar la investigación para descubrir los temas religiosos que tienen pertinencia y relevancia para la sociedad contemporánea. Nuestra meta es estudiar nuevamente los salmos para aplicarlos al diario vivir, tanto a niveles personales como en los entornos colectivos del pueblo de Dios.

Y para lograr esos importantes objetivos de comprensión y aplicación de las enseñanzas y los valores de los salmos, algunas recomendaciones metodológicas en el estudio del Salterio son importantes y muy necesarias:

• Hay que identificar quién es la persona que habla en el salmo: Dios, el salmista, el pueblo o algún sector específico del pueblo.

• Hay que decidir si el salmo es individual o comunitario: Las oraciones provienen del pueblo en algún evento o asamblea, o son las expresiones de alguna persona específica .

• Hay que comprender el propósito básico del salmo: ¿Cuál es la razón teológica, política, social, personal o comunitaria que originó el clamor y las oraciones en el poema?

• Hay que precisar las dinámicas emocionales y espirituales del salmo: ¿Cuáles son los sentimientos básicos que se comunican? P.ej., gozo, tristeza, tribulación, cautiverio…

• Hay que distinguir el género literario o el tipo de salmo que se estudia: P.ej., himno, lamento, sapiencial, histórico…

• Hay que evaluar los refranes o las repeticiones de palabras o ideas del poema. En esas frases o ideas se pueden poner claramente de manifiesto algunas enseñanzas y valores que se desean enfatizar.

• Hay que escudriñar y analizar el salmo con detenimiento, en oración y meditación, y también con las ayudas metodológicas pertinentes: Comentarios bíblicos, diccionarios, enciclopedias, diversas versiones de la Biblia…

• Hay que leer el salmo en varias ocasiones, en diversas versiones, y en alta voz y en silencio. Ese encuentro primario y directo con el texto bíblico es fundamental, necesario, prioritario e insustituible.

LOS GÉNEROS LITERARIOS

La interpretación adecuada del Salterio se relaciona íntimamente con el análisis y la comprensión de sus géneros literarios. El libro de los Salmos no es el resultado del azar teológico, ni es el fruto de la compilación fortuita de salmos sueltos: Es el esfuerzo de muchos años y siglos de experiencia religiosa y litúrgica, que se integran paulatina y ordenadamente para crear una antología extraordinaria de cánticos y oraciones. El Salterio tiene integridad literaria, presenta objetivos teológicos definidos y manifiesta prioridades religiosas precisas. La evaluación e interpretación de cada unidad debe hacerse a la luz de la obra como un todo. Cada salmo debe analizarse considerando el resto y la totalidad del libro, pues los objetivos pedagógicos de la obra se ponen de manifiesto en los temas y asuntos que se presentan e incorporan en cada unidad.

La metodología dominante en el estudio de los Salmos comienza con la evaluación precisa y sosegada de sus géneros literarios. El método prioritario de análisis del Salterio se inicia con la ponderación sobria y cautelosa de sus formas de comunicación y expresión literarias44 . Esta metodología permite ubicar al salmo en su particular entorno literario, y prepara el camino para la identificar del contexto histórico y litúrgico en el cual el salmo se utilizaba en la antigua comunidad litúrgica de Israel.

Para la comprensión adecuada de algún salmo específico es necesario, hasta donde sea posible, determinar las particularidades literarias que lo distinguen y las dinámicas cúlticas que le rodeaban. De esa forma la persona estudiosa de este tan importante libro de la Biblia puede relacionar el salmo analizado con otros poemas representantes del mismo género y distinguir el contexto histórico y cultual en el cual el salmo se desarrolló. Se pueden distinguir de esa manera las prioridades teológicas, metas educativas y particularidades litúrgicas de esa literatura.

Lo que se conoce comúnmente como el «tipo» o la «forma» de salmo es en realidad su género literario. Ese género literario de los salmos se refiere específicamente a un grupo de textos que muestran similitudes en su contenido temático y teológico, estructura literaria y estilo, y fraseología. La identificación del género nos permitirá analizar e interpretar adecuadamente el salmo; además, esa comprensión nos permite entender otros salmos del mismo género45 .

En el libro de los Salmos pueden distinguirse, por lo menos, cinco géneros literarios mayores y varios menores46 . Estos géneros incluyen una serie de componentes literarios característicos que los identifican y particularizan47 .

A - Súplicas individuales de ayuda:

Este tipo de salmo es el más popular del Salterio. Presenta a un individuo que está asediado por una serie intensa de problemas y calamidades, y ora a Dios por ayuda y apoyo. Estas plegarias son lamentos que ponen de manifiesto el estado anímico y la necesidad espiritual de la persona que clama48. Posiblemente se utilizaban en el Templo en el contexto de las celebraciones litúrgicas, cuando el adorador se presentaba ante Dios en momentos de crisis personal, familiar o nacional –p.ej., 3; 5–7; 9–10; 13;17; 22; 25–28; 31–32; 35; 38; 39; 41–43; 51; 54–57; 59; 61; 64; 69–71; 77; 86; 88; 102; 130; 140–143–.

Las oraciones de súplica o lamentación presentan el grito y el clamor más hondo del salmista, que se siente angustiado y perseguido, y reconoce que únicamente en Dios está su esperanza. En el momento de la calamidad estos salmos son vehículos de liberación y salud mental y espiritual para las personas que pueden confiar únicamente en el Señor.

Las quejas y angustias más comunes que se ponen de manifiesto en este tipo de salmo son las siguientes49 :

• Preocupación por sus propios pensamientos.

• Dolor por sus acciones y comportamiento.

• Respuesta a los ataques de los enemigos.

• Frustración por la actitud de Dios ante sus dolores y sufrimientos.

Los elementos característicos de estas súplicas son varios, aunque no se presentan en el mismo orden en todos los salmos. Los que escribieron los salmos utilizan estos recursos de forma creadora, y no siguen el mismo patrón ni incluyen los elementos identificados en todos los salmos. Es importante recordar, al analizar estos géneros literarios, la naturaleza poética y creativa de los salmos, que le permite al autor manifestar sus sentimientos, evocar nuevas ideas y presentar sus enseñanzas con licencia o libertad literaria.

Estas súplicas presentan las siguientes características:

• Están escritos en primera persona singular, y expresan la petición de ayuda Dios en forma directa.

• El adorador, que se identifica como «siervo del Señor», suplica a Dios y reclama su ayuda.

• El salmo describe la calamidad y presenta la necesidad del adorador en su relación con Dios, en las dinámicas con otras personas y consigo mismo. Generalmente el problema se articula en tres categorías: enfermedades físicas y sicológicas; acusaciones y traiciones de vecinos y familiares; y conflictos armados, tanto locales como nacionales e internacionales.

• La petición se complementa con afirmaciones que indican el porqué Dios debe escuchar la plegaria. De particular importancia en estos salmos es que el adorador apela al amor y a la naturaleza misericordiosa de Dios.

• El salmo incluye también afirmaciones diversas de confianza en el Señor y confesiones de fe.

• Generalmente finalizan con algunas promesas de sacrificio o alabanzas al Señor.

B- Cánticos individuales de gratitud:

Estos salmos presentan una expresión de gratitud a Dios por su intervención extraordinaria en medio de la calamidad (Sal 34). Generalmente la oración se articula de forma directa a Dios, y se comunica como un testimonio público de acción de gracias sobre la capacidad divina de intervención en crisis. Estos cánticos son la contraparte litúrgica de las súplicas individuales de ayuda, y generalmente finalizan con una promesa de alabanza y de sacrificios (Sal 107).

Las alabanzas y gratitudes a Dios se encuentran en diversos tipos de salmos. De particular importancia es la gratitud que responde a algún lamento o queja, pues es una manera de anticipar la intervención salvadora del Señor. El presupuesto teológico del salmista es que Dios tiene la capacidad y el deseo de escuchar su clamor, y cuando recibe la respuesta divina expresa nuevamente su gratitud.

El contexto litúrgico del salmo es posiblemente la presentación de un sacrificio de gratitud en el Templo (Sal 30; 116). Y los elementos típicos y particulares de esta categoría de salmos son los siguientes:

1. Alabanzas que se presentan a Dios que afirman que ante las peticiones de ayuda el Señor escuchó el clamor del adorador.

2. Se llama a la comunidad a unirse al cántico de gratitud y adoración como testimonio de la intervención divina.

3. Se presenta la alabanza y el sacrificio a Dios para cumplir la promesa hecha en el momento de la aflicción y dolor.

C- Peticiones de ayuda de la comunidad:

Cuando la crisis amenaza no solo al individuo sino a la nación entonces se articulan oraciones colectivas de petición de ayuda y apoyo. Muchas de ellas se relacionan con la colección de Asaf, y describen situaciones terminales en la que un ejército poderoso y superior amenaza la seguridad de la ciudad de Jerusalén, anuncia la destrucción del Templo y atenta contra la existencia misma del pueblo de Dios.

Los elementos distintivos que se incluyen en estas plegarias son similares a las que aparecen en las peticiones de ayuda individuales, con dos particulares excepciones: en primer lugar, la comunidad es la que clama al Señor; y en segunda instancia, en la petición el pueblo evoca las antiguas intervenciones de Dios que salvan y liberan a Israel.

Estas oraciones tienen gran significación educativa en el Salterio porque articulan algunas de las afirmaciones teológicas en torno al pueblo de Israel más importantes en la Biblia: ¡Revelan las formas en que Dios interviene con su pueblo a través de la historia! Estas plegarias ponen de manifiesto las voces de un pueblo que sabe cómo dialogar con Dios para recibir la respuesta adecuada en el momento oportuno.

• El elemento definitivo de estas oraciones son las peticiones de ayuda y los reclamos a Dios para que escuche el clamor de la comunidad.

• Las descripciones de la crisis revelan la ausencia o ira de Dios, el sufrimiento y humillación del pueblo, y el poder y la arrogancia de los enemigos.

• Para apoyar las peticiones, el pueblo apela al honor y la gloria de Dios, y también incentiva que la comunidad manifieste su compromiso y confianza al Señor.

• Las oraciones afirman las intervenciones divinas en medio de la historia del pueblo, inclusive ponen de manifiesto la obra extraordinaria de Dios en la creación del mundo.

• El pueblo promete alabar a Dios como resultado de su ayuda en la dificultad.

D- Los himnos:

Los himnos en el Salterio son cánticos de alabanzas exuberantes en los que Dios es el único sujeto de la adoración. El propósito básico de estos salmos es adorar y alabar al Señor; la finalidad primordial es manifestar el regocijo por la bondad divina; y el carácter fundamental es ensalzar la grandeza y el poder de Dios. Y aunque ciertamente hay algunas alabanzas a Dios en las oraciones o súplicas individuales de gratitud por alguna experiencia de liberación, el elemento fundamental e indispensable de los himnos es la alabanza –p.ej., 8; 19.1-7; 29; 33; 68; 95; 100; 103–105; 111; 113–115; 117; 135–136; 145–150–.

En el catálogo de himnos del Salterio se pueden identificar varias subdivisiones, entre las que encuentran las siguientes: cánticos de Sión (p.ej., Sal 84), salmos de entronización (p.ej., Sal 96) e himnos de procesiones (p.ej., Sal 84).

El lenguaje teológico de los himnos es de gozo y gratitud, y también de reconocimiento del poder divino y su misericordia. Los himnos, además, indican lo que Dios es, lo que hace y lo que tiene la capacidad y el deseo de hacer con su pueblo. Los himnos representan en el Arca del Pacto la figura invisible de Dios, y de esa forma se da espacio y realidad a la naturaleza eterna de Dios. Los himnos se entonaban en las liturgias y celebraciones de las grandes fiestas nacionales del pueblo de Israel.

El análisis de los componentes de la expresión de adoración «aleluya» puede brindarnos una pista para la comprensión de los himnos que se incluyen en los salmos. La palabra incluye el imperativo hebreo en plural, hallelu, que llama y reclama la adoración, al que se le ha unido la forma abreviada del nombre hebreo personal de Dios, Jah –que es la abreviatura de Yahvé o Jehová–. De esa forma, «aleluya» es la transliteración al castellano de la expresión hebrea que esencialmente significa «¡adoren al Señor!».

Los himnos son oraciones directas de alabanzas que presentan ante Dios la gente piadosa y santa. El contenido de esas oraciones afirma la naturaleza extraordinaria de Dios, y se incentiva a la comunidad a alabar también el nombre del Señor, que es una manera simbólica y poética de exaltar y reconocer su naturaleza santa y misericordiosa. El nombre divino representa su naturaleza y esencia, identifica su ser íntimo y particular, pone de manifiesto su poder y misericordia, enfatiza su justicia y santidad.

La siguiente petición condensa de forma adecuada la naturaleza y la extensión de los himnos en el Salterio:

«Aleluya. Alabad a Jehová, porque él es bueno;

porque para siempre es su misericordia» (Sal 106.1).

Esta alabanza y petición –que se utiliza tanto en introducciones de salmos como en la afirmación de la bondad divina– pone de relieve los dos elementos sustantivos e insustituibles de los himnos: el llamado a la alabanza, y el fundamento de esa expresión de adoración al Señor. Se alaba al Señor por su bondad y su misericordia, que son atributos divinos entendibles para el pueblo. La base para la alabanza a Dios no es la especulación filosófica ni la calistenia académica sino el reconocimiento de su bondad y la afirmación de su amor.

Aunque en el Salterio se incluyen diversos tipos de himnos, la mayoría comparte la siguiente estructura básica:

• Comienza con un llamado a la alabanza al Señor.

• Se expanden, posteriormente, las razones por las que se debe alabar al Señor.

• A menudo, los himnos finalizan con más alabanzas y gratitudes a Dios.

E- Salmos de educación:

La finalidad pedagógica de los salmos se pone de relieve de varias formas. El objetivo es incentivar la confianza en el Señor, la meta es propiciar la obediencia a Dios, el propósito es afirmar los valores morales, espirituales, culturales, políticos y religiosos revelados a través de las Sagradas Escrituras al pueblo de Israel. Tora, en hebreo, es más que ley rígida escrita; en efecto, es enseñanza, educación, instrucción, pedagogía. En estos poemas educativos, que generalmente son antologías de temas y estilos, el salmista exhortaba a la comunidad y les advertía de los peligros de la infidelidad, a la vez que celebraba las virtudes de la vida piadosa, sabia, justa y santa ante Dios y la comunidad.

En ocasiones algunos salmos se denominan de sabiduría o sapienciales porque se disponen en un estilo literario similar al que se incluye en los libros de los Proverbios, Eclesiastés y Job. En este sentido es importante indicar que el contexto en el cual el salmo era utilizado no era el entorno escolar o académico, sino el culto en el Templo donde se afirmaban las virtudes de las enseñanzas de la Ley de Moisés y los desafíos del mensaje de los profetas de Israel. Estos salmos revelan un período importante de la historia de Israel cuando se utilizaba el culto para afirmar los procesos educativos del pueblo. Otros salmos en esta categoría enfatizan las enseñanzas y la teología de los profetas (Sal 82).

Algunos de los estilos más frecuentes de este tipo de salmos son los siguientes:

• Declaraciones cortas que intentan exhortar, advertir o afirmar alguna enseñanza de importancia para el pueblo.

• Poemas alfabéticos o acrósticos que se organizan siguiendo la secuencia del alfabeto o alefato hebreo (p.ej., Sal 9–10; 25; 33; 34; 37; 111–112; 119; 145). Estos salmos intentaban contribuir al proceso educativo mediante el apoyo a la dinámica de memorización.

• Los salmos que presentan bienaventuranzas –en hebreo, ’ashre– son importantes, pues subrayan la importancia de vivir de acuerdo con los principios morales, espirituales y éticos que se incluyen en la literatura mosaica y profética (p.ej., Sal 1).

• En algunas ocasiones en estos salmos los testimonios personales y el recuento de las intervenciones de Dios apoyan y convalidan la enseñanza (p.ej., Sal 32; 34; 37; 73; 94).

F- Salmos reales:

Los salmos reales son los poemas del Salterio que tienen como argumento predominante la figura del rey o de la dinastía real del antiguo Israel –p.ej., Sal 2; 18; 20; 21; 45; 72; 89; 101; 110; 132; 144–. Y auque no constituyen un género literario específico, propiamente dicho, se incluyen en una categoría particular por la naturaleza del tema que articulan y por las interpretaciones que han recibido estos poemas a través de la historia, tanto judía como cristiana. En términos estilísticos, los salmos reales incluyen himnos, súplicas y acciones de gracias, pero manifiestan en común un definido interés por la vida y las actividades del monarca israelita, pues revelan la ideología real que se pone de relieve a través de todo el Antiguo Testamento.

En la comprensión e interpretación de estos salmos debemos tomar muy seriamente en consideración la relación íntima que desarrolló el pueblo de Israel entre el monarca davídico histórico y el rey mesiánico esperado en un futuro no determinado. En la lectura atenta y el análisis ponderado de estos salmos, se debe estar consciente de esa importante ligazón teológica, pues se pone de relieve en estos poemas que más allá del monarca histórico del pueblo, la comunidad esperaba al Mesías, que es la idealización extraordinaria de las virtudes de los reyes históricos.

La iglesia cristiana, siguiendo esa antigua tradición interpretativa, vieron en estos salmos claras referencias a Cristo, e interpretaban estos poemas no solo como salmos reales, en el sentido histórico del término, sino como literatura mesiánica. Y si estos poemas fueron redactados finalmente luego del destierro en Babilonia, cuando la institución de la monarquía había cesado en Israel, entonces esta interpretación mesiánica del Salterio tiene un gran fundamento teológico e histórico.

Entre los temas más importantes que se exponen en estos salmos se encuentran los siguientes:

1. La magnificencia de la figura del rey (Sal 21.6; 45.3-4,9-10; 72.8-11).

2. El favor divino que disfruta el rey (Sal 2.7; 89.27-18).

3. Plegarias a Dios en favor del rey (Sal 72.15).

4. Oráculos divinos que favorecen al rey (Sal 110.1).

G- Salmos imprecatorios:

En el Salterio se encuentra un grupo de salmos que requiere atención particular, por la naturaleza del tema que presentan y por las implicaciones de su teología para la iglesia cristiana. Esos poemas (p.ej., 35; 69; 109; 137), conocidos como salmos imprecatorios o de maldiciones, resultan extraños en el contexto educativo y teológico del mensaje y las enseñanzas de Jesús. Sus clamores, en efecto, pueden manifestar venganzas, resentimientos y hostilidades, que son sentimientos ajenos a los reclamos de amor y perdón del evangelio.

En ocasiones, los salmistas, al encontrarse totalmente indefensos ante los avances despiadados de la maldad, injusticia, violencia y opresión, no sólo clamaban al Señor, a quien reconocían como fuente absoluta de liberación y esperanza, sino que suplicaban a Dios que hiciera caer los peores males sobre sus enemigos. De esa forma se presentan algunos salmos y se articulan varias oraciones que unen sus suplicas más intensas con las imprecaciones o maldiciones más violentas y radicales (p.ej., 58.6-11; 83.9-18; 109.6-19; 137.7-9). Algunas de las imprecaciones revelan, inclusive, un deseo ardiente de guerra, pues manifiestan una muy seria actitud de venganza contra los enemigos; son clamores intensos que suplican la implantación de justicia en momentos de angustia extrema y necesidad absoluta.

La comprensión adecuada de estos poemas debe tomar en consideración el entorno teológico de esa época, en la cual no se habían desarrollado plenamente los conceptos de vida eterna y perdón que se ponen de manifiesto en los escritos del Nuevo Testamento (Mt 5.43-48; Ro 12.17-21). De acuerdo con la religión de los antiguos israelitas, las buenas y las malas acciones de las personas debían ser recompensadas en la vida, y la gente malvada debía recibir el merecido de sus acciones y castigos antes de morir. Esa convicción ponía claramente de manifiesto la importancia y necesidad de la justicia divina, que retribuía a las personas de acuerdo con sus acciones en la vida. Y fundamentados en esas convicciones, los salmistas solicitaban ardientemente al Señor las manifestaciones claras de esa justicia divina.

La iglesia cristiana, sin embargo, ha reconocido en estos salmos imprecatorios un deseo genuino de implantación de la justicia. El amor hacia los enemigos no debe ser de ninguna manera indiferencia hacia el mal o rechazo de sus raíces, sino una afirmación de fe que celebra la capacidad divina de transformación y renovación. En efecto, el Dios bíblico tiene la capacidad y el deseo de «hacer nuevas todas las cosas», pues está interesado de establecer «un cielo nuevo y una tierra nueva», donde «ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron» (Ap 21.1-4).

El amor al enemigo desde la perspectiva cristiana no tiene como finalidad ignorar sus maldades ni aceptar sus actitudes malsanas, solo le brinda una oportunidad de arrepentimiento. Los salmos imprecatorios son expresiones que intentan, de un lado, expresar con sinceridad y firmeza el dolor más intenso y las frustraciones más hondas que siente la gente de fe ante las calamidades y adversidades de la vida. Y del otro, imploran con valor la manifestación de la justicia del Señor, que es capaz de redimir y transformar, no solo las realidades adversas que rodean a los creyentes sino que puede intervenir para que las personas injustas que han ocasionado los problemas y las injusticias reciban de Dios el trato adecuado por sus maldades.

H- Otros tipos de salmos:

Además de los géneros literarios mayores que se han identificado y presentado, el Salterio incluye una serie importante de salmos que no siguen los patrones generales de la literatura anterior.

• Algunos presuponen las ceremonias de procesión y entrada al Templo (Sal 15; 24; 118).

• Otros utilizan el estilo literario y legal que se usaba en las cortes de justicia (Sal 50; 82).

• Varios son conocidos como penitenciales (p.ej., Sal 51) y mesiánicos (p.ej., Sal 110).

• Y también en los salmos se encuentran varios cánticos que entonaban los peregrinos al llegar a Jerusalén y ascender al Templo (Sal 120–134).

TEOLOGÍA EN LOS SALMOS

Como el libro de los Salmos presenta en sus poemas la vida misma en sus diversas manifestaciones –y como también ponen en evidencia sus complejidades sociales, económicas, religiosas, sicológicas, políticas y espirituales–, la teología que articula no es sistemática ni especulativa50 . La teología y el conocimiento de Dios en el libro de los Salmos emergen de las vivencias cotidianas del pueblo, y surgen en medio de las relaciones diarias de la comunidad, en las cuales puede verse manifestada la acción divina. Ese tipo de teología –que muy bien puede catalogarse como «inductiva», «popular» o «contextual», en el mejor sentido de esas palabras e ideas– toma seriamente en consideración el panorama complejo y amplio de la vida, y pone de relieve los temas y asuntos que tienen gran importancia existencial para el pueblo de Israel y para sus líderes religiosos51 .

Y como uno de los asuntos de más importancia en la vida es la felicidad, los dos primeros salmos presentan y exploran ese fundamental tema de forma destacada, e identifican y subrayan el tono teológico y el propósito pedagógico de la obra: «Es bienaventurada la gente que...» (Sal 1.1)52 . La persona feliz, dichosa, alegre y bienaventurada es la que confía en el Señor y no presta atención a los malos consejos. Esas personas son las que descansan y meditan en la «Ley del Señor» –que en el idioma hebreo, más que reglas inflexibles y reglamentos áridos, significa «instrucciones» o «enseñanzas»53.

El segundo salmo continúa ese tema de la felicidad verdadera, y añade el elemento del «refugio» (Sal 2.12), que pone en evidencia clara los temas de la confianza y la seguridad en la presencia divina. Los hombres y las mujeres felices son los que incorporan las enseñanzas divinas al estilo de vida, y las que se refugian en el Señor en el momento de la dificultad.

Desde el comienzo mismo del libro, los Salmos revelan asuntos teológicos, existenciales y religiosos de importancia capital. Y uno de ellos es que la felicidad plena en la vida se relaciona con las alabanzas a Dios y con el reconocimiento y la aplicación de sus enseñanzas. En el Salterio se afirma continuamente que la alabanza y las oraciones generan dinámicas de esperanza, salud, bienestar y liberación en los creyentes. Y esas manifestaciones divinas, que producen en las personas sentido de futuro, seguridad y porvenir, se fundamentan en la naturaleza de Dios, que se pone en clara evidencia en su nombre54 .

La importancia del nombre personal de Dios en el libro de los Salmos no puede ignorarse ni subestimarse55 . En efecto, el nombre divino revela un extraordinario sentido de identidad, pertinencia y pertenencia (véase Sal 8; 66; 68; 69; 92; 113; 145), pues son sus intervenciones históricas en medio de las vivencias del pueblo las que hacen que la comunidad le adore y le sirva. El Dios del Salterio es Yahvé56 –Jehová, en las traducciones Reina Valera–, que también es el Dios de Abraham y Sara, de Moisés y María, y de David y Rt; además, es el Dios de los profetas, y el Señor que intervino en la historia de su pueblo en Egipto, el desierto, el exilio y el período de la restauración. En los salmos, Dios nunca es visto o entendido como una divinidad menor, sino como el Señor «rey de Sión, su santo monte» (Sal 2.4-6). En efecto, el nombre del Señor comunica lo fundamental del misterio y de la maravilla de la revelación divina, pues transmite las ideas teológicas básicas de vida, identidad, presencia y permanencia.

La importancia del nombre de Dios en el Salterio salta a la vista al descubrir las repetidas veces que se utiliza57 . ¡En ningún otro libro de la Biblia el nombre divino es utilizado con tanta frecuencia! En 691 ocasiones se usa la grafía hebrea larga de Yahvé –o Jehová, en Reina-Valera–; en 40 instancias se emplea la manera abreviada de Yah; y en otras 437 veces se alude a las diversas formas de El, Elohim o Eloah. A esas importantes referencias debemos añadir los numerosos epítetos divinos, que destacan algún componente fundamental de su extraordinaria naturaleza: p.ej., Señor, Padre, Madre, Roca, Refugio, Pastor, Omnipotente, Altísimo, Justo y Rey.

Las diversas metáforas que utilizan los poetas bíblicos para referirse a Dios se relacionan íntimamente con el desarrollo social, religioso, político, espiritual y económico del pueblo a través de los años58 . De acuerdo con los estudiosos y eruditos de la simbología religiosa, las percepciones de las divinidades antiguas se asocian directamente con las transformaciones comunitarias; es decir, que los autores antiguos imaginaban sus dioses de acuerdo con sus experiencias de vida. La cotidianidad jugaba un papel protagónico en el desarrollo de la imaginación y la creatividad literaria.

En primer lugar, hay imágenes que se relacionan con la vida agraria y nómada del pueblo, y asocian a las divinidades con los aspectos físicos e incontrolables de la naturaleza –p.ej., rocas, astros, agua, tormentas, fuego– y los describen como fuertes e impredecibles. Posteriormente, cuando los grupos nómadas se hacen sedentarios y desarrollan ciudades-estados, las ideas en torno a las divinidades se relacionan con las imágenes de reyes, guerreros, soberanos, o con los conceptos de poder, autoridad, firmeza, violencia. Finalmente, las sociedades, cuando se desarrollan aun más, con el paso del tiempo, enfatizan los algunos componentes fundamentales relacionados con la vida familiar e íntima, y representan sus divinidades de formas más cercanas, personales y familiares –p.ej., como padre, madre, hermano, amigo, vecino, ayuda–.

De particular importancia en torno a las imágenes de Dios en el Salterio es su afirmación continua y relación insistente con las ideas de poder, autoridad, señorío y realeza. Para los salmistas, en efecto, Dios es rey. Y aunque con el tiempo, particularmente luego de la crisis del destierro y el exilio en Babilonia, la institución de la monarquía en Israel perdió su eficacia y poder real en el pueblo, las imágenes de Dios como rey supremo, soberano absoluto y Señor poderoso no decayeron; al contrario, esas imágenes tomaron dimensión nueva en las teologías mesiánicas, escatológicas y apocalípticas.

Las afirmaciones de Dios como rey tienen en el libro de los Salmos gran importancia literaria y teológica. La metáfora del reinado del Señor está ubicada en el centro mismo de la teología del Salterio, pues revela las percepciones que el pueblo y los salmistas tenían de Dios, a la luz de las comprensiones y realidades políticas, sociales y religiosas de esa época monárquica. Esa metáfora se amplía aún más con el uso de verbos y adjetivos que revelan una red extraordinaria de relaciones sociales, formulaciones filosóficas y afirmaciones teológicas. Y la base de esa teología real se manifiesta claramente en el importante clamor litúrgico: «¡El Señor reina!».

Uno de los vectores que le brinda sentido de dirección literaria, cohesión teológica y profundidad espiritual al Salterio es ese fundamental tema del reinado universal de Dios. Los Salmos, en torno a ese particular y destacado asunto, desarrollan una serie de enseñanzas que constituyen su contexto teológico básico y su fundamento religioso principal. Junto al nombre del Dios que reina sobre el universo y sobre las naciones, se congregan sus súbitos para orar, clamar, interceder y adorar, y también para reconocer su autoridad, misericordia, virtud, amor y poder (véase Sal 24; 29; 47; 93; 96; 97; 98; 99). Los Salmos son las alabanzas y las proclamaciones de la gente que celebra y afirma que el Dios bíblico es rey y soberano. Sus plegarias están llenas de referencias directas e indirectas de esa indispensable y fundamental comprensión teológica. En efecto, el Dios de los Salmos es rey59, y la manifestación extraordinaria de su soberanía es una característica fundamental de su esencia.

El Dios que es rey tiene sus escuadrones y milicias, imágenes que se ponen claramente de manifiesto en la construcción lingüística «Yahvé Tsebaot», que ha sido tradicionalmente entendida y traducida como «Señor –o Jehová– de los ejércitos». Esta construcción del nombre divino puede ser una referencia a las legiones celestiales y terrenales (Sal 103.21; 148.2) o a los ejércitos de los astros (Is 34.4; 40.26; 45.12; Jer 33.22), y también puede ser una alusión a la totalidad de la creación, tanto en los cielos como en la tierra, que responden a las directrices divinas con obediencia y respeto militar (Gn 2.1; Sal 33.6). La expresión también puede ser un adjetivo que describe el poder divino de forma superlativa; es decir, que nombrar al «Señor de los ejércitos» equivale a aludir a su poder extraordinario y a su virtud sin igual60 .

La enseñanza que afirma que Dios es rey también pone en evidencia dos valores de gran importancia bíblica y teológica: El rey divino es creador y salvador. Ese concepto de Dios como rey incluye la idea del triunfo contra las fuerzas del mal, que se manifiestan en la creación del universo (Sal 29; 93; 104). El rey divino estableció el orden y superó las dinámicas del caos que tratan de destruir la creación de Dios. Las fuerzas hostiles que se organizan contra el orden y la paz son únicamente superadas por la intervención maravillosa del rey creador, que tiene la capacidad y la voluntad de superar esas dinámicas de desorden y desintegración (Gn 1.1-3).

En el fragor de esa gran batalla cósmica se manifiestan la santidad, la justicia y el poder de Dios, y el reinado divino se reconoce, celebra y aprecia. Dios salva a la humanidad y la creación del caos, y propicia un ambiente adecuado de justicia y paz. Los cielos y la tierra existen por la voluntad divina, y por su amor y misericordia se mantienen. El Dios que es rey en medio de su pueblo es también quien mantiene el orden que estableció desde el principio. Su soberanía y extraordinario poder no solo se manifiestan en los relatos de creación (Gn 1–3) sino que su voluntad de justicia y paz se revela en sus continuas intervenciones históricas para mantener el orden y superar el caos en medio de su pueblo y de la humanidad.

El pueblo de Dios está inmerso en los procesos históricos en los cuales se manifiesta la injusticia y el dolor. Los Salmos son plegarias y clamores que sirven para responder a esos grandes conflictos de la vida. El Dios que es rey está al lado de su pueblo para ayudarle en el momento oportuno, y las oraciones del Salterio son demostraciones claras de esa relación íntima entre el rey y su pueblo. Las voces de los salmistas se levantan para presentar la teología del reinado de Dios en medio de sociedades injustas y hostiles. La declaración «Dios reina» es una certera afirmación teológica de fe y esperanza, que revela claramente la confianza que los adoradores tienen en su creador. La afirmación revela el poder divino al establecer la tierra y su capacidad de gobernar con justicia y equidad.

Junto a la teología del reinado divino se incluyen otros conceptos de gran importancia: p.ej., el Señor es guerrero y poderoso en la batalla (Sal 24.7-10); y, además, es juez (Sal 9.7), pues su intervención militar le prepara para establecer su trono con justicia (Sal 105.7). La manifestación de la justicia –que es a la vez punitiva y salvadora– es una forma de intervención divina que mantiene el poderío y la autoridad del Señor sobre la tierra. Y en la afirmación y administración de su reino, el Señor es juez de las naciones (Sal 9–10; 96), de los dioses paganos (Sal 82), del pueblo de Dios (Sal 50) y de los individuos (Sal 94).

La afirmación «el Señor reina» incluye también una serie importante de atributos que contribuyen significativamente al desarrollo de la teología del Salterio. Como Dios es el gran rey sobre toda la tierra (Sal 145), su señorío se manifiesta en todas las generaciones, se grandeza es extraordinaria, su majestad es maravillosa, y su santidad y poder son irresistibles.

En ese contexto de los atributos divinos relacionados con el reinado de Dios, se destacan dos temas de importancia capital: su justicia y su amor61. El significado pleno de ambos conceptos hebreos sobrepasan los límites de la comprensión, interpretación y traducción castellana. La justicia divina se relaciona con su rectitud y su capacidad de implantar el orden, para superar las dificultades que traen desesperanza y desorientación a la humanidad. El concepto revela la preocupación divina por lo recto, y guía sus acciones para vindicar y restituir a la gente agraviada y necesitada, y para perdonar a las personas que imploran su misericordia.

El amor, por su parte, se relaciona con la misericordia y la fidelidad, y es el fundamento que afecta e informa el resto de las acciones divinas. El amor de Dios –en hebreo, hesed– se relaciona con el deseo y compromiso divino de responder adecuadamente a las necesidades humanas en el momento oportuno62 . Ese amor es eterno, que es una manera de destacar y afirmar su naturaleza extraordinaria y peculiar.

Otras ideas y valores teológicos fundamentales63 , que se desprenden del estudio de los Salmos, se relacionan con el pueblo de Dios, con la ciudad de Dios –Jerusalén, llamada también Sión–, con el rey mesiánico, con la Ley del Señor, con la respuesta humana a la revelación divina, y con los conflictos y las dificultades de la vida. Junto al tema del reinado del Señor se manifiestan otras preocupaciones existenciales de los salmistas, que revelan las percepciones teológicas de sus autores y de la comunidad.

La comunidad a la que se alude en el Salterio con regularidad se identifica con imágenes pastoriles –p.e. «referencias directas a los pastores y a las ovejas» (Sal 23)–, que ponen en clara evidencia las percepciones rurales y nómadas que tenían algunos escritores de esa literatura64. Las oraciones revelan el deseo humano por entender la existencia en términos de su relación con el Dios que es a la vez rey y pastor. Esas plegarias ponen de relieve la comprensión que el pueblo y los adoradores tenían de las intervenciones históricas de Dios con su pueblo; particularmente muestran la liberación de Egipto y la conquista de Canaán. La intervención redentora de Dios en medio de la sociedad ubica al pueblo como parte de la herencia divina (Sal 74.2).

La ciudad del gran rey es Jerusalén, a la que se alude continuamente como Sión. El Señor mismo escogió esa ciudad para que fuera morada de su nombre, que es una manera poética de afirmar su presencia en medio del pueblo. El Monte de Sión, de esta forma, se convirtió en la morada terrenal de Dios, en contraposición a su estancia eterna en los cielos. Jerusalén, por ser ciudad real, pasó a ocupar un lugar prominente en la teología del Salterio y en la reflexión bíblica; y su importancia se destaca continuamente al llegar a esa región geográfica de Palestina y «subir» a la gran ciudad (Sal 46; 48; 84; 42–43; 120–134; 137).

El regente terrenal de Sión, la ciudad del gran rey, es el monarca davídico, que ha sido designado con el importante título de «ungido» o «mesías», fundamentado en la alianza con al famoso rey de Israel (Sal 89; 132). En su reinado humano se representan los valores y principios del Rey eterno; y en sus formas de implantación de la justicia se revelan los pilares legales y morales que sostienen su administración. Al monarca de Israel se le concede la potestad de representar al Señor ante el pueblo y ante las naciones (Sal 2; 18; 20; 21; 45; 72; 110). El ordenamiento social y las disposiciones jurídicas necesarias para la administración efectiva del gobierno se fundamentan en la Ley de Moisés, que es una especie de constitución que contiene decretos, mandamientos y estatutos divinos.

Para el pueblo de Dios la Ley de Moisés es el distintivo (Sal 105.45; 147.19-20) y la norma que revelan su fidelidad y lealtad (Sal 25.10; 50.16; 103.17-18; 112.1). El monarca israelita, que es el rey ungido del Señor, conoce sus deberes y lleva a efecto su misión administrativa, política, social y religiosa al estudiar cuidadosamente la Ley y evaluar los mandamientos y las ordenanzas con rigurosidad (Sal 18.21-22; 89.30-33; 99.7). Esa Ley, inclusive, se puede convertir en instrumento de gran importancia para la salvación (Sal 94.12-15; 119), pues se entiende que su fundamento y autoridad emanan de la misma creación del mundo (Sal 33.4-7; 93.5; 111.7; 148.6). Los salmos que afirman la Ley de Moisés en el Salterio tienen una gran intensión educativa, pues ponen de manifiesto las virtudes de los mandamientos divinos, que responden a las diversas necesidades religiosas, sociológicas, políticas y sociales del pueblo.

El estudio de la teología en los Salmos revela también las respuestas humanas al reinado de Dios. Del análisis del Salterio se desprenden las diversas formas en que los adoradores se relacionan con Dios. Esas reacciones pueden ser de gozo y lágrimas, de triunfo y frustración, de alegría y tristeza, de alabanza y desesperanza, de perdón y odio, de amor y rencor, de gratitud y dependencia, y de humildad y orgullo. En los salmos se ponen de relieve las más diversas de las experiencias humanas, con sus integraciones y contradicciones, que se nutren y manifiestan en la vida misma.

El conflicto es una de esas manifestaciones humanas que se descubren en los Salmos. En efecto, el reinado del Señor incluye diversos niveles de conflicto, pues el Salterio no solo revela la victoria final y definitiva del Señor sobre las fuerzas cósmicas del mal, del caos y de la historia, sino que pone de relieve las luchas internacionales y nacionales, y los conflictos interpersonales y personales que se libran en los muchos frentes de batalla de la vida. Como el reino del Señor irrumpe en la historia a través de un regente humano, y enfrenta vicisitudes, problemas y desafíos propios de las instituciones sociales, políticas y religiosas de la época, la oposición y los conflictos son parte integral de la vida. Se oponen al reino divino las naciones paganas, la gente infiel y los dioses falsos, a los que se alude sistemáticamente en los salmos (Sal 9–10).

Ese mundo natural de conflictos continuos y contradicciones inesperadas presenta a los adoradores en sus realidades cotidianas y en sus vivencias inmediatas. Los seres humanos en el libro de los Salmos son figuras que deben enfrentar la existencia humana con sentido de fragilidad, finitud, mortalidad y vulnerabilidad. Los personajes del Salterio deben enfrentar las dificultades humanas y reaccionar a las complejidades de la vida con las herramientas que las personas mortales tienen para responder a los desafíos ordinarios y extraordinarios que les presenta la existencia. La teología de los Salmos no presupone gente con poderes extraordinarios que no están sujetos a las crisis personales, familiares, comunales, nacionales e internacionales. La gente que adora en el Salterio –y también la que se ve representada en sus poemas– es la que en la vida debe enfrentar las vicisitudes formidables, que reclaman lo mejor de su intelectualidad y moralidad.

El Dios que es también rey tiene una serie de atributos extraordinarios, entre los cuales se destacan los siguientes:

• Es creador de cuanto existe, pues todo lo hizo mediante el poder de su palabra (Sal 33.6-9).

• Es dueño de todo, pues como creador afirma su autoridad y señorío sobre toda la creación (Sal 103.19);

• Es providente, pues se acuerda de su creación para darle protección y para darle apoyo a las personas, los pueblos, los animales, las cosas y el mundo entero (Sal 145.15-16).

• Es el Dios de Israel, pues escogió a esa nación para que le representara entre los pueblos y fuera agente de su voluntad a la humanidad (Sal 135.4).

• Es bueno y bondadoso, pues derrama constantemente su amor sobre sus criaturas (Sal 100.5).

• Es legislador, pues reveló su ley a la humanidad y gobierna a los pueblos a través de esa legislación de gran contenido ético, espiritual y moral (Sal 19.9).

• Es misericordioso, pues manifiesta su amor extraordinario para perdonar a su pueblo (Sal 51.1-2).

• Es juez justo, que analiza el comportamiento de la humanidad y evalúa con rectitud sus decisiones (Sal 58.12).

• Y es santo, pues su particular naturaleza divina sobrepasa los límites de comprensión humana (Sal 139.6).

Con la afirmación elocuente «mi Dios y mi rey» llegamos al corazón de la teología del Salterio. Esa declaración de fe extraordinaria no solo es teológica y espiritual sino política, económica y social. Se relaciona con el reconocimiento de Dios como rey, y con la seguridad política y social que la presencia divina le brinda a la persona que adora. La frase supera las comprensiones tradicionales de la divinidad y pone de manifiesto el fundamento de la teología de los Salmos: Dios se relaciona con su pueblo no solo como su divinidad lejana y remota sino como su monarca cercano e íntimo, y esa relación histórica y espiritual revela la base misma de la confianza y las esperanzas de las oraciones individuales y colectivas.

Dios, que es rey supremo y eterno, tiene el deseo, la capacidad, el valor, la dedicación y el compromiso de responder a los clamores más íntimos de sus adoradores. Y esa afirmación teológica es fuente de esperanza y seguridad. Por esa razón espiritual, los pobres claman al Señor, y aún el alma sedienta del adorador se allega con humildad ante su presencia, para recibir la respuesta propicia y certera del Dios vivo que es, en efecto, rey (Sal 42–43; 62; 63; 130; 139).

La lectura cuidadosa del Salterio pone en evidencia que el factor básico que une los diversos tipos y géneros de salmos es Dios: Los himnos exaltan su grandeza y poder; las súplicas imploran su ayuda y misericordia; las acciones de gracias reconocen sus favores y su amor; los salmos reales dan testimonio del plan redentor de Dios hacia Israel y la humanidad; y los poemas educativos y sapienciales afirman y destacan los valores morales, éticos y espirituales que se desprenden de su revelación extraordinaria.

Esta comprensión teológica del Salterio nos lleva al tema de la escatología, que contiene afirmaciones religiosas de gran importancia histórica y que también goza de gran popularidad en algunos círculos eclesiásticos contemporáneos. De antemano, es importante indicar lo que entendemos en este estudio por «escatología», que tradicionalmente se define como el discurso sobre «las cosas últimas». En nuestro contexto, nos referimos a los momentos postreros de la vida de las personas y su futuro en la ultratumba; se trata, más bien, del destino que le aguarda a los seres humanos al final de sus días, y luego de la muerte. El Dios del Salterio, que ciertamente es rey de la tierra, el cosmos y la humanidad, tiene la capacidad de intervenir y decidir la suerte de los fieles y consumar el destino final de Israel, de todo el mundo y del cosmos.

La gran mayoría de los salmos, en la tradición del Antiguo Testamento, se hacen eco de las creencias tradicionales del pueblo respecto a lo que sucede más allá de la vida. Después de la muerte, las personas llegan al sheol –lugar que, en el pensamiento antiguo, se suponía estaba ubicado debajo de la tierra–; y allí permanecen en un estado en el cual no pueden alabar a Dios, que es una referencia poética a la infelicidad que se vivía (Sal 88.11-13; 6.6; 115.17; 141.7). Esa creencia hace que la teología de la retribución divina tenga gran importancia, pues afirma que las personas deben recibir en la vida el resultado de sus actos buenos y malos. Y aunque es motivo de preocupación la prosperidad de la gente malvada, el salmista confía que Dios intervendrá en el momento oportuno para hacerle justicia.

La comprensión adecuada y la aplicación sabia de la teología del Salterio que pone de manifiesto el tema del reinado divino, debe tomar en consideración la ideología que presuponen estas enseñanzas. Los salmos de la realeza del Señor, junto a los que presentan las imágenes de la figura del rey, incluyen las ideologías imperantes en esa época, que en ocasiones propiciaban la dominación y el imperialismo. Esas ideologías deben ser identificadas, analizadas y explicadas con criticidad, cautela y sobriedad.

Los salmistas, utilizando las herramientas literarias, teológicas, ideológicas y filosóficas que poseían en su época, presentaban al Dios que ejercía su voluntad por medio de los ejércitos y las armas. Y aunque el objetivo misionero del pueblo y sus líderes era anunciar y presentar las virtudes del único Dios verdadero, y también recordar y afirmar las promesas hechas a los antiguos patriarcas y Mtriarcas de Israel, lo hacían por medio de las guerras de conquistas que a veces tenían propósitos imperialistas. El presupuesto teológico parece ser que mientras mayor era el número de conquistas y triunfos, mayor era también la manifestación de la gloria divina.

Una lectura cristiana de los salmos, particularmente de los poemas del reino de Dios, le añade una nueva dimensión teológica y transforma la perspectiva antigua del Salterio. En Jesús, la importante convicción, afirmación y declaración de la realeza divina y el ejercicio del poder se llevan a efecto de forma diferente. Jesús es el rey universal, pero su ascensión no fue a los tronos humanos llenos de esplendor y pompas, sino a la cruz, que es símbolo de justicia, rectitud y esperanza. El objetivo de su ascensión no fue la demostración del poder para ofender, herir, cautivar y controlar, sino su deseo de dar vida y vida en abundancia a la humanidad (Jn 10.10).

Desde la cruz, el Señor, llama a la humanidad a seguir sus enseñanzas y atrae a los pueblos a sus mensajes, que se basan en la misericordia, el amor, la solidaridad y el perdón. El Cristo de la cruz no lleva a efecto un programa de conquistas imperialistas sino presenta que los mensajes de paz y justicia, las enseñanzas de amor y misericordia, los valores del perdón y el arrepentimiento, y las virtudes de la fe y la esperanza.

Los cuatro evangelios están de acuerdo en afirmar que Jesús es rey, y esas enseñanzas se manifiestan especialmente en las narraciones de la pasión. Sin embargo, la teología cristiana afirma, fundamentada en los discursos de su líder y Maestro, que los medios para adelantar el reinado del Señor en el mundo no es la violencia, ni la opresión, ni la conquista militar, sino las demostraciones concretas de amor, y el disfrute de la justicia, que es el resultado pleno y adecuado de la implantación de la paz.

SIERVOS, ENEMIGOS, POBRES Y ENFERMOS

En el entorno del reinado de Dios –y también en medio de los conflictos humanos continuos–, el Salterio identifica a la gente que adora y ora como «los siervos» del Señor, y a las personas que se contraponen a la voluntad divina, como «enemigos». La palabra «siervo» en el Antiguo Testamento tiene una carga teológica particular65 . Identifica a las personas cuya vida, identidad, conducta y pensamientos se fundamentan en sus relaciones con Dios (Sal 16.2; 116.16), pues el Señor se deleita en el bienestar de sus siervos (Sal 35.27). Ese bienestar amplio en la vida, que en hebreo se identifica con la palabra shalom, alude a la felicidad plena y al disfrute absoluto de la paz, que emana de la creación de Dios y que se restaura mediante la salvación y redención divina66 .

El bienestar de los siervos y las siervas del Señor tiene serias repercusiones teológicas, espirituales, políticas, sociales, económicas y emocionales. Ese shalom divino produce en la gente que es sierva del Señor un sentido grato de paz, felicidad, bondad, salud, esperanza, integridad y seguridad, pues se fundamenta en la relación armónica y fiel entre la persona que adora y Dios. Quienes se oponen a esa relación íntima y afectan el shalom divino, ofenden no solo a la persona aludida sino a Dios mismo. Cuando se altera la paz y el bienestar humano se hiere la voluntad de Dios, que está seriamente comprometida con esos importantes conceptos.

Los llamados «enemigos» que se incluyen en el Salterio, son los que han afectado el shalom o la paz y armonía de la gente de bien o de la sociedad. Sus actitudes ingratas y acciones injustas van en contraposición a la voluntad divina. Esos enemigos individuales o nacionales que se presentan en el Salterio, no solo hieren y afectan a las personas, y desafían y retan la seguridad de las naciones, sino que se oponen a Dios y a su reinado de paz y justicia en el mundo. La hostilidad y adversidad de los enemigos no es vista en el libro de los Salmos únicamente como un esfuerzo humano para contrarrestar algunas iniciativas personales o colectivas, sino como una acción hostil que va en contra de la revelación del Señor a la humanidad.

Los siervos del Señor y los enemigos se identifican en el Salterio como los justos y los malvados, para relacionarlos con sus comportamientos, acciones y conductas. La persona justa es la que vive de acuerdo con los principios de justicia que se revelan en la Escritura y que se afirman en los Salmos. Por su parte, las personas malvadas son las que no aceptan los valores divinos como guías para sus decisiones y acciones. La gente justa, que teme al Señor y es fiel (Sal 85.5,9; 86.2; 116.15; 135.20), también se conoce por su rectitud y lealtad, pues el carácter y la dignidad de esas personas emanan de un sentido de confianza plena y seguridad en el Señor.

Los hombres y las mujeres que sirven al Señor piensan, actúan y viven de acuerdo al shalom divino. El bienestar de los individuos y de la humanidad no es el tema de la especulación hipotética sino el propósito fundamental de sus vidas. La gente malvada, por el contrario, vive de espaldas a la voluntad de Dios e ignora las necesidades humanas. La conducta que presenta este sector adverso y hostil de la sociedad revela arrogancia, prepotencia, violencia e injusticia (vea, particularmente, el Salmo 10). Y su prosperidad y triunfo temporero es motivo de preocupación y dolor para la gente justa, que puede superar esos sentimientos de frustración y preocupación únicamente confiando en las promesas de Dios (Sal 34; 37; 49; 73).

En las contradicciones humanas del reinado del Señor se incluyen dos términos de gran importancia teológica y espiritual: los pobres y los fuertes. Esas palabras describen nuevos niveles de sentido de los justos y los malvados. La persona pobre que clama al Señor en el Salterio (Sal 35.10) es también descrita como justa, leal, necesitada, humilde, menesterosa, débil y afligida. Es la gente que con sus fuerzas, voluntades, trabajos o esfuerzos no pueden prosperar, crecer, desarrollarse y superarse en la vida. ¡Dependen únicamente de la intervención divina! ¡Confían solo en la gracia de Dios! ¡Esperan la misericordia del Señor! Esos pobres, a la vez, son débiles y fuertes. Débiles en su condición humana, por la precarizad de sus realidades personales, y también fuertes por la esperanza que tienen, por la confianza que expresan.

La pobreza es primordialmente en las Escrituras hebreas una condición socio económica real y concreta; en efecto, es una situación que revela privación y necesidad, dolor y angustia, injusticia y desamparo. Es un mal político y social grave, y se convierte en escándalo teológico pues revela que los ideales del reino de Dios, tan importantes para la implantación de la justicia, todavía no se manifiestan plenamente en la humanidad. La pobreza en el mundo indica que las desgracias todavía azotan a la sociedad, pues hay personas que sufren graves injusticias económicas, con sus nefastas manifestaciones socio sicológicas, personales y familiares.

Los profetas anunciaron el día de la eliminación de la pobreza, a la llegada e implantación del futuro reino de Dios (Is 40.9; 41.27; 52.7). Y las bienaventuranzas de Jesús, de acuerdo con el Evangelio de Lucas, revelan esa misma perspectiva teológica (Lc 6.20-23). De acuerdo con el ideal bíblico, llegará el momento cuando se superarán las dinámicas humanas que generan pobreza y desesperanza en la humanidad.

El concepto de pobre en el Salterio no solo incluye ese importante componente económico tradicional, sino que incorpora nuevos niveles de sentido, en el cual se incorporan dimensiones físicas, emocionales, espirituales y sociales. La categoría de pobreza en los Salmos sobrepasa las percepciones económicas e incursiona con fuerza en niveles noveles humanos más íntimos y profundos. La pobreza del Salterio no está confinada a la realidad fiscal, pues describe un estado humano de impotencia que necesita la acción divina para ser superada. Es considerada, en ocasiones, como una actitud espiritual de entrega al Señor, pues la gente pobre reconoce su necesidad e impotencia. Ese tipo de personas, que reconocen con sinceridad su impotencia ante los grandes desafíos económicos de la vida, constituyen la gente bienaventurada, según el mensaje de Jesús en el Sermón del Monte (Mt 5).

El Salterio enfatiza la espiritualidad y las virtudes que se caracterizan por esa actitud de pobreza, que pudiéramos identificar como «evangélica», por su relación con el discurso de las bienaventuranzas de Jesús (Mt 5). Varios salmos compuestos luego del destierro en Babilonia (p.ej., Sal 121-125) idealizan la vida que llevan esas personas pobres: Son gente sencilla y humilde, aldeanos y aldeanas que viven en armonía con la naturaleza, personas que disfrutan la amistad, hombres y mujeres que celebran la paz. Y aunque no pueden articular discursos filosóficos elocuentes, sus expresiones ponen claramente de manifiesto la profundidad de sus experiencias religiosas y la extensión e intensión de sus convicciones espirituales.

Los pobres de Salterio son personas peregrinas, no solo en el sentido literal del término, sino en un nivel semántico más profundo. Sus vidas revelan un movimiento continuo de las realidades cotidianas a la presencia de Dios, simbolizada por las visitas al Templo de Jerusalén, que era prototipo de la morada ideal del Señor. Estas personas pobres se veían a sí mismas como parte del peregrinar del pueblo de Dios, que marchaba nuevamente en un éxodo novel desde Babilonia a la Tierra Prometida. Ese peregrinar continuará hasta que Israel y todos los pueblos se encuentren unidos por las mismas convicciones espirituales ante la presencia misma del Dios creador y salvador de la humanidad.

En términos humanos, corresponde al rey davídico responder al clamor de esa persona pobre, que requiere ayuda, apoyo y seguridad (Sal 74). Y quienes se presenten como pobres ante enemigos poderosos, pueden reclamar la intervención de Dios, que les escucha y responde en el momento oportuno (Sal 12; 14; 68; 69; 82; 102; 140).

Lamentablemente, los siervos y las siervas del Señor fallan, y sus pensamientos, motivaciones, decisiones y acciones no llegan al nivel de excelencia y pulcritud que se requiere en el reinado divino. Viven vidas que no son guiadas por los principios y criterios que sostienen el reino de Dios. Y aunque son pobres y se humillan ante la presencia del Señor, sus acciones han motivado la ira y el juicio divino. En el Salterio se indica claramente que aunque Dios les ama intensamente (Sal 78; 106), no tolera el pecado ni las acciones injustas (Sal 90). Sin embargo, aunque rechaza las actitudes adversas y desleales de los individuos y la comunidad, no actúa con ellos conforme a sus pecados (Sal 103; 130), sino que responde al clamor individual y colectivo con misericordia y amor (Sal 25; 32; 36; 39).

Una de las peculiaridades teológicas que se pone de manifiesto al leer los salmos es la relación íntima que hacen los poetas y salmistas entre las enfermedades y el pecado. Inclusive en ocasiones se indica que las enfermedades son producto de la ira divina, que se manifiesta en el cuerpo de las personas que han transgredido la Ley. Esa comprensión de las enfermedades como parámetros del juicio divino debe ser entendida de forma adecuada, a la luz de la teología cristiana. Una aplicación de esa comprensión teológica puede ser causa de crisis seria en personas que, aunque padecen enfermedades físicas, han decidido ser fieles a Dios.

En primer lugar, debemos entender la naturaleza del lenguaje poético y las imágenes del sufrimiento físico descrito en algunos salmos. Esa característica simbólica e imaginativa de la poesía del Salterio hace muy difícil asegurar que las expresiones de enfermedad en los salmos son literales o figuradas. Posiblemente, algunos salmos utilizan esas imágenes para enfatizar la naturaleza de la crisis y la importancia de la oración (p.ej., Sal 6; 32; 39; 41; 88; 103; 107).

Además, la comprensión y aplicación de las imágenes de enfermedad en los salmos debe tomar en consideración lo siguiente67:

• La singular relación entre las enfermedades y el pecado se manifiesta en oraciones específicas de personas particulares en ocasiones determinadas. Por esa razón, de esas afirmaciones religiosas no deben sacarse conclusiones universales que relacionen todas las enfermedades con el pecado de las personas.

• La fe que manifiestan los salmos no destaca la naturaleza y extensión de las enfermedades ni su origen biológico, sino enfatizan el poder divino como el que puede liberar a las personas de las calamidades físicas o emocionales. Para los salmistas, la vida entera y sus complejidades estaban a la merced de la intervención misericordiosa de Dios.

• Aunque la creencia de que el pecado humano podía producir enfermedades en las personas era común en la antigüedad, los salmos destacan que únicamente Dios tiene el poder y la capacidad de responder a las oraciones de los fieles para restaurar su salud y traer sanidad.

• Un tema que se destaca en esas oraciones, cuando se comparan con el resto de la Escritura, es la importancia de la confesión de los pecados, que revela un sentimiento de humildad y reconocimiento del poder divino en las personas. El ser humano que se allega a Dios con humildad y reconocimiento de su condición pecaminosa se expone a la gracia y al perdón del Señor.

• En el libro de Job se pone claramente de manifiesto que no todas las calamidades físicas y enfermedades son producto del pecado ni del juicio divino. Esa afirmación teológica es fundamental para comprender adecuadamente la relación entre el pecado y las enfermedades que puede manifestarse en algunos poemas del Salterio. El origen de las enfermedades es complejo y variado, y ubicar todas las enfermedades en relación al pecado humano es no hacer justicia al resto de la teología bíblica, particularmente la que se revela en el libro de Job.

• Las sanidades y liberaciones que Jesús de Nazaret llevó a efecto durante su ministerio en Palestina son signos extraordinarios del poder de Dios sobre Satán y los poderes de la muerte. De particular importancia es la relación que hace Jesús entre la sanidad y el perdón, que revela su firme deseo de responder a las necesidades humanas de forma integral. El propósito divino, de acuerdo con el ministerio de Jesús relatado en los Evangelios, es que los enfermos sean sanados y sus pecados sean perdonados.

• Finalmente, los salmos que relacionan la enfermedad con los pecados y el juicio divino no deben usarse para aumentar la ansiedad y la angustia a personas enfermas y agobiadas. El punto culminante de esos salmos es el reconocimiento del poder divino que tiene la capacidad de perdonar y sanar a los seres humanos. El Dios de los salmos sana a las personas fundamentado en su misericordia y amor.

ALMA, VIDA, MUERTE Y SHEOL

La comprensión adecuada del Salterio debe tomar en consideración el uso de una serie de términos que transmiten conceptos e ideas de gran importancia teológica para los creyentes en la actualidad. La teología bíblica está íntimamente ligada a las imágenes del mundo y la sociedad que se tenía en la antigüedad. El pueblo de Israel intentaba entender la naturaleza y la sociedad con la mentalidad religiosa y pre-científica que caracterizaba el mundo antiguo, particularmente común en el Oriente Medio. No es posible analizar adecuadamente la teología de los Salmos desde nuestras comprensiones del cosmos y la vida, sin tomar en consideración el mundo semítico antiguo.

Una palabra de gran importancia religiosa contemporánea es «alma»68 , que es muy común tanto en el Salterio y como en el resto de la Biblia. La expresión castellana «alma» es la traducción del término hebreo nefesh (Sal 104.1) –que significa propiamente «fuerza vital»–, o de ruach (Sal 104.30) –que transmite las ideas de viento o espíritu–. Para las sociedades modernas, como la latinoamericana y caribeña, la palabra «alma» comunica una serie de ideas griegas que aluden principalmente a la parte espiritual del ser humano, que se compone de cuerpo y alma.

Desde la perspectiva hebrea, sin embargo, los seres humanos son la creación de Dios del polvo de la tierra, que han recibido el aliento o el soplo divino (Gn 2.7). Cuando Dios quita su soplo o espíritu –generalmente el ruach– de las personas, las criaturas vivientes simplemente mueren. En el sentido bíblico de la expresión, el «alma» es la vida misma de las personas que solo puede ser otorgada por Dios. Cuando falta el alma, desaparece la vida.

La vida no es para el pensamiento hebreo Mteria de especulación filosófica sino la manifestación concreta y práctica del soplo de Dios (Gn 2.7; 7.22). El origen de la vida es Dios mismo, que la otorga de acuerdo con su voluntad, para generar «criaturas vivientes». En la muerte, ese aliento divino regresa a Dios que lo dio (Ec12.7), y los cuerpos físicos comienzan los procesos naturales descomposición. La muerte se relaciona con las ideas de tumbas, corrupción y sombras en el sheol, que se imaginaba prioritariamente como un mundo inferior en las profundidades de la tierra, lleno de sombras y silencio. No hay alabanzas a Dios en el sheol, pues no hay vida.

Las descripciones de las personas que habitan el sheol que se hacen en las Escrituras (Is 14; Ez 32), deben analizarse con mucha cautela exegética y prudencia teológica, pues ponen claramente de manifiesto la gran imaginación profética, pues nadie ha ido a ese lugar de la muerte y ha regresado a contar sus experiencias. Inclusive, aunque Samuel es llamado del sheol (1 S 28.14) y David comenta en torno a su hijo fallecido (2 S 12.23), el pensamiento israelita no dedica tiempo de calidad para explicar lo que sucedía en ese lugar, caracterizado por la oscuridad.

Esos conceptos en torno a la vida, la muerte y el sheol también eran comunes en el Oriente Medio antiguo, pues el importante concepto de la inmortalidad pertenecía únicamente a las divinidades, no era patrimonio humano69 . Por esta razón, el Antiguo Testamento alude a la vida como algo frágil –se compara a la hierba del campo, que florece y crece en la mañana, y en la tarde es cortada, se seca y muere (Sal 90.6)–. Respecto a ese tema de la brevedad y las limitaciones de la vida, el salmista indica:

«Porque mis días se han consumido como el humo,

y mis huesos cual tizón están quemados.

Mi corazón está herido, y seco como la hierba,

por lo cual me olvido de comer mi pan» (Sal 102.3-4).

Mientras esa afirmación teológica de brevedad y fragilidad hace que los salmistas se refugien en Dios, que es fuente de esperanza y seguridad, el sheol representa la muerte, y alude a las diversas calamidades que producen crisis en la vida. Cuando el salmista indica que el Señor ha sacado si alma del sheol, se refiere de forma poética a las dificultades que traen dolor y desesperanza a las personas. La palabra sheol, en este sentido, puede aludir metafóricamente a las enfermedades, las persecuciones, y aún hasta a las diversas desesperanzas humanas. Por esta razón, en la poesía hebrea se utilizan las imágenes relacionadas con la muerte y el sheol en formas paralelas (Os 13.14; Is 38.18), pues constituyen fuentes de poder que traen a las personas dolor, desasosiego, ansiedad, angustia, conflicto. El sheol se concibe, inclusive, como un poder de cuya mano ninguna persona puede escapar (Sal 89.48; Os 13.14).

La comprensión de ese poder tan fuerte que transmiten las ideas de la muerte y el sheol es lo que nos permite entender adecuadamente las imágenes del Cantar de los cantares (Can 8.6), en la cual esos términos –que esencialmente revelan imágenes negativas– se comparan al amor y la pasión –que primordialmente manifiestan conceptos positivos y gratos de la existencia humana–. La esencia de la comparación es la fuerza y el poder de los conceptos.

CORAZÓN, RIÑONES, HÍGADO Y CARNE

La teología del Salterio utiliza las imágenes del cuerpo para transmitir una serie importante de sentimientos e ideas. Corazón, por ejemplo, constituye un término de gran virtud teológica y antropológica. En sus formas bíblicas –en hebreo, leb y lebab–, «corazón» aparece 858 veces en el Antiguo Testamento y la gran mayoría de las veces se refiere a las personas, aunque en algunas ocasiones se relaciona con Dios –¡en solo 28 instancias!–, siendo la más famosa la que se incluye en Oseas 11.8.

En primer lugar, la referencia al «corazón» describe inicialmente el órgano humano, particularmente en los pasajes que describen enfermedades y dolencias físicas (Sal 38.10). Y porque es un órgano humano interno, la imaginación popular lo relacionó con lo oculto, lo secreto, lo inaccesible, lo escondido, lo impenetrable. Esa particularidad se pone en clara evidencia con la declaración teológica que afirma que solo Dios conoce los secretos más profundos del corazón humano (Sal 44.21). Inclusive, el Señor puede discernir y ver las intimidades del corazón, sin ser engañado o defraudado por expresiones externas (1S 16.7).

En el pensamiento semita, el corazón era el asiento de las emociones, p.ej., como el deseo humano (Sal 21.2); además, era visto como la fuente de las actividades intelectuales (Dt 29.4; Sal 90.12). ¡La gran clave de la sabiduría de Salomón era que tenía un «corazón que escuchaba»! (1 R 3.9-12). También en las Escrituras hebreas el corazón se relaciona con las acciones, la voluntad y las decisiones de las personas. Inclusive, las respuestas humanas a la gracia divina se relaciona con el corazón (Ez 36.26).

Dios también tiene corazón. En el corazón divino se preparan sus planes (Sal 33.11), y «le pesa el corazón» cuando su creación abandona su voluntad y se dedican al pecado y la maldad (Gn 6.6). En efecto, el arrepentimiento divino se relaciona con las acciones de su corazón (Jer 18.8; Jon 3.10), que en este contexto no significa arrepentimiento por alguna maldad, error o pecado, sino que cambió de opinión. De acuerdo con las Escrituras, el Señor que no solo cambia de opinión sino que manifiesta sentimientos humanos específicos, como el sufrimiento (Os 11.1-11; 13.4-14).

Otras partes del cuerpo humano que se utiliza en las Escrituras para transmitir conceptos son los riñones, el hígado y la carne. Aunque en hebreo se utilizan estas expresiones, en castellano se usan palabras como corazón, mente o alma. La referencia a los riñones con regularidad se relaciona con las imágenes del corazón, pues revela los sentimientos humanos más profundos de las personas (Sal 7.10; 16.7; 73.21). La expresión hebrea que se refiere al «hígado» se ha traducido como «alma» (Sal 19.9) o como «corazón» (Sal 108.1). La idea detrás de las imágenes y también de las traducciones bíblicas es destacar lo profundo de los sentimientos, pues los órganos que se utilizan de base para el desarrollo de las ideas son internos, y enfatizan la profundidad y seriedad.

En hebreo las referencias a «carne» aluden generalmente a la humanidad de las personas, en contraposición a la divinidad, o describen la mortalidad humana para contrastarla con la eternidad divina. Dios está consciente de esa realidad humana y recuerda que las personas son solo carne (Sal 78.39), razón por la cual manifiesta su misericordia y amor.

POESÍA EN LOS SALMOS

Al estudiar con detenimiento el libro de los Salmos, se descubre una singular característica de gran importancia literaria, teológica y espiritual: El Salterio está escrito en un lenguaje esencialmente simbólico, figurado, metafórico, poético70 . Esa peculiaridad artística le imprime al libro niveles óptimos y extraordinarios de virtud estética, y le añade a los escritos una inusitada belleza espiritual y moral71. En efecto, en el libro de los Salmos la poesía bíblica llega a una de sus expresiones máximas, pues sus imágenes, insinuaciones y evocaciones le facilitan al adorador o adoradora, y también a la persona que lee y ora con el Salterio, un lenguaje cargado de simbolismos y polivalencias, que propician el maravilloso y transformador diálogo divino-humano, incentivan la meditación, contemplación, alabanza y oración, y, además, proveen el espacio emocional y literario adecuado para expresar los sentimientos más profundos e intensos de la vida.

Esa peculiaridad literaria nunca debe subestimarse, obviarse o ignorarse al estudiar e interpretar el libro de los Salmos, pues el análisis científico, riguroso, ponderado, crítico y sobrio del Salterio requiere imaginación, creatividad, ritmo, estética, evocación, simbología, sabiduría, apertura, sensibilidad. La belleza de sus giros literarios, la pertinencia del análisis sosegado y las virtudes de la lectura reflexiva de los Salmos nos permiten aproximarnos al Eterno, nos ayudan a descubrir la intimidad con el Creador, y nos facilitan la conversación sincera y franca con el Dios que está presto a recibir la adoración y alabanza de su pueblo. Junto a la ponderación de los temas pertinentes y la evaluación de los asuntos relevantes, es la poesía de las oraciones la que nos invita a relacionarnos e identificarnos con los antiguos salmistas, y la que propicia que oremos con las palabras antiguas que recogen nuestros sentimientos más hondos72 .

La poesía en general, y la bíblica en particular, es un arte que transmite sus ideas y conceptos mediante el uso de las palabras. La pintura, por su parte, comunica su mensaje a través de los colores y las líneas; la escultura afirma sus valores con las formas y los volúmenes; y la música utiliza como medio de expresión los sonidos. Las palabras para la poesía son instrumentos extraordinarios de comunicación, que facilitan el diálogo intenso y extenso entre el poeta y sus lectores. La poesía es el vehículo que propicia la transmisión de sentimientos, impresiones y estados emocionales, que el poeta ha querido plasmar en el texto. Y para recibir esos diversos estados anímicos y espirituales, los lectores y las lectoras deben estar atentos a lo que se dice y a lo que no se dice, a lo que se insinúa, a lo que se evoca, a lo que se presupone, a lo que se anhela, a lo que se infiere. La comprensión adecuada de la poesía demanda la totalidad de los sentimientos de los lectores y lectores.

Como los salmos constituyen una porción muy importante de la poesía bíblica, es un imperativo identificar algunas características generales que les particularizan. En el caso específico de la poesía del Salterio, se ponen claramente de manifiesto las siguientes peculiaridades retóricas73:

• Sencillez de expresión: El estilo es directo y emplea simbolismos gráficos –p.ej., las entrañas aluden a la compasión y el viento representa al espíritu–, además, utilizan pocas oraciones complejas con frases subordinadas.

• Vigor en la comunicación: Como el verbo es el centro de las construcciones graMticales, no es un idioma «suave» o «diplomático» sino directo, activo, firme y claro. En el sistema verbal hebraico no hay tiempos sino acción, pues la comprensión e identificación del tiempo verbal proviene y se descubre del contexto literario y temático. En ocasiones, la franqueza de las imprecaciones y los deseos de venganza de los poemas hebreos del Salterio hieren las sensibilidades cristianas.

• Abundancia en las figuras del lenguaje: Abundan en la poesía hebrea los artificios literarios que se manifiestan en personificaciones, metáforas, símiles, repeticiones y preguntas.

• Esencia y profundidad religiosa: La gran contribución de la poesía de los salmos se relaciona con su percepción e interpretación teológica de la vida y el mundo. El Dios del Salterio es creador y salvador.

La poesía bíblica tiene sus propias características tanto de forma como de fondo: Se escribe en unidades de sentido conocidas como «líneas». En el idioma hebreo, esas líneas se recitan o cantan con un particular tipo de «ritmo»74 , que en el caso específico de los Salmos, le brinda a la pieza no solo belleza literaria y estética sino que facilita la comunicación y la memorización. Y respecto a algunas de esas características literarias, es importante indicar que es prácticamente imposible reproducir en las traducciones las particularidades rítmicas y sonoras de los Salmos.

Tradicionalmente se ha pensado que el componente más importante de la poesía hebrea es el paralelismo75 –también conocido como balance o simetría–, pues es una virtud lingüística que puede traducirse de un idioma a otro76 . Desde la perspectiva de la comprensión del texto y la interpretación del poema, esta característica literaria es indispensable, fundamental y necesaria, pues le brinda al lector del texto original o de la traducción no sólo el tema o asunto discutido en el poema o salmo sino que, además, presenta los énfasis y los asuntos que el salmista desea destacar o enfatizar.

Junto a los paralelismos, la poesía hebrea incluye también otras características retóricas de importancia capital: p.ej., repetición de palabras, ideas y estribillos, acrósticos alfabéticos, estructuras concéntricas o quiasmos77 , efectos sonoros, figuras del lenguaje, preguntas retóricas y pedagógicas, hipérbole, ironía y sarcasmo, entre otras78 .

Aunque es muy difícil precisar cómo funciona la comunicación del sentido en los diversos tipos de paralelismos, este importante recurso literario puede definirse como la repetición del contenido semántico –también puede ser de contenido similar o relacionado– o la repetición de alguna estructura graMtical o sonidos en líneas o versos consecutivos (p.ej., Sal 103.10). En esencia, en el paralelismo poético que se pone de manifiesto en el Salterio, se relacionan ideas, conceptos, palabras, estructuras gramaticales y sonidos.

En el análisis de los paralelismos bíblicos, los estudiosos utilizan diversos términos para explicar sus peculiaridades estilísticas y semánticas. Una línea poética tradicionalmente se describe como «colon», y dos de esas líneas en paralelo se identifican como «bi-colon»79. Las líneas se disponen en algún tipo particular de repetición, que ciertamente explica, expande, afirma o confronta el tema previamente propuesto80 . El análisis cuidadoso de las ideas que se incluyen y exponen en las líneas contribuye positivamente a la comprensión adecuada del tema del poema, pues se relacionan con él de forma directa o indirecta.

El paralelismo de la poesía hebrea funciona en varios niveles de complejidad, que no pueden reducirse a dos o tres tipos de categorías simples. Por la misma naturaleza poética y estética de los salmos, el paralelismo cobra dimensión nueva junto a la creatividad, ingenio, habilidad y licencia del autor. En la descripción de los paralelismos poéticos del Salterio, se identifican los siguientes tipos, que nos pueden guiar a comprender cómo es que funcionan en el complejo proceso de comunicación estos extraordinarios artificios literarios: paralelismos completos, incompletos y formales81 .

1- En los «paralelismos completos» cada término o unidad de pensamiento en las líneas tiene alguna expresión equivalente en la próxima. De estos paralelismos se pueden distinguir cuatro tipos: sinónimo, antitético, emblemático o invertido (o de quiasmo). El paralelismo sinónimo repite y afirma el mismo pensamiento en palabras similares o sinónimas:

«Después entró Israel en Egipto,

Y Jacob moró en la tierra de Cam» (p.ej., Sal 105.23).

El paralelismo antitético presenta los temas poéticos en oposición o en contrastes de pensamientos:

«En la mañana florece y crece;

A la tarde es cortada, y se seca» (p.ej., Sal 90.6).

El caso del paralelismo emblemático es el que emplea símiles o metáforas para comparar el pensamiento de una línea con la próxima:

«Como el padre se compadece de los hijos,

Se compadece Jehová de los que le temen» (p.ej., Sal 103.13).

Finalmente, el paralelismo invertido o quiasmo, de manera estricta, es una forma del sinónimo, aunque los temas se disponen de forma invertida:

«Efraín no tendrá envidia de Judá;

Ni Judá afligirá a Efraín» (p.ej., Is 11.13b).

2- Los paralelismos incompletos son frecuentes en la literatura bíblica, y pueden identificarse claramente porque la compensación o el paralelismo de las ideas es únicamente parcial, aunque el número de términos en el texto hebreo del Salterio sea el mismo:

«Su fruto destruirá de la tierra,

Y su descendencia de entre los hijos de los hombres» (p.ej., Sal 21.10).

Una variante de este tipo de recurso literario es el paralelismo repetitivo, en el cual el tema o pensamiento de desarrolla mediante la repetición y extensión en las líneas:

«Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos,

Dad a Jehová la gloria y el poder» (p.ej., Sal 29.1).

Se encuentran también algunos ejemplos de paralelismos sin compensación, en el cual el número de términos en las líneas disminuye:

«Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo;

Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen» (p.ej., Sal 6.2).

3- Un tercer tipo particular de artificio literario ha sido identificado como paralelismo formal, aunque de forma estricta no constituye un paralelismo, pues las líneas poéticas únicamente tienen balance en el número de términos en hebreo, no en las ideas o los temas expuestos:

«Pero yo he puesto mi rey

Sobre Sión, mi santo monte» (p.ej., Sal 2.6).

Estas formas descritas de paralelismo disponen los recursos literarios internamente en los versos y en las líneas; sin embargo, los Salmos presentan también ejemplos de otros tipos de paralelismos externos, en los cuales la correspondencia temática se presenta en líneas sucesivas:

«El buey conoce su dueño,

Y el asno el pesebre de su Señor;

Israel no entiende,

Mi pueblo no tiene conocimiento» (p.ej., Is 1.3).

Además de esas características formales de la poesía de los Salmos, el estudio detallado de estas oraciones pone de manifiesto otros niveles estéticos de virtud que no pueden ignorarse. Los Salmos están repletos de artificios estilísticos que le añaden belleza literaria, y que contribuyen de forma destacada a la transmisión de las ideas. Entre esas importantes características retóricas pueden identificarse las siguientes: p.ej., símiles, metáforas, repeticiones, expresiones idiomáticas, hipérboles, refranes y acrósticos. Y junto a esos aspectos graMticales, léxicos, semánticos, filológicos y fonéticos, también los Salmos manifiestan la presencia de estrofas bien definidas, que en ocasiones se disponen en clara expresión alfabética (p.ej., Sal 119)82 .

El uso continuo de esos artificios, el despliegue extenso de recursos semánticos y la densidad de los temas que se exponen, le brindan al lector o a la lectora contemporáneos una buena pista para identificar los asuntos de importancia que el salmista deseaba afirmar y destacar. Además, la naturaleza poética de esta literatura revela de forma contundente que el Salterio no debe leerse, estudiarse o explicarse de forma literal, pues sus autores no lo escribieron con esa finalidad estática. La literatura poética debe evocar, inspirar, insinuar; y los Salmos son un magnífico ejemplo de buena literatura religiosa que desafía la imaginación de la gente que ora y adora con sus lecturas a través de los siglos.

Esa naturaleza poética, polivalente, simbólica y figurada de la poesía hacen del Salterio uno de los libros más difíciles de comprender, estudiar y traducir en la Biblia83 . Esa dificultad básica se complica aun más pues la gran mayoría de los poemas que se incluyen en el Salterio no revelan con claridad sus contextos históricos, que pueden, en efecto, contribuir positivamente a la comprensión adecuada de mensaje de la Escritura.

Para superar este extraordinario desafío, es aconsejable que las personas que estudian el libro de los Salmos –si no tienen dominio del idioma hebreo–, que lean el poema en más de una versión. De esa forma comparada pueden identificar y disfrutar de las particularidades lingüísticas y los artificios poéticos del lenguaje, a la vez que adquieren el sentido del mensaje. Esa sensibilidad estilística y meticulosidad metodológica guiará nuestro estudio y análisis del Salterio.

EL USO DE LOS SALMOS EN LA BIBLIA

La influencia destacada del estilo literario y los temas del Salterio se pone de manifiesto claramente a través de toda la Biblia. Los escritores bíblicos se apoyaron en los salmos para transmitir sus ideas y para afirmar los valores de la fe que promulgaban; y evocando los salmos, articulaban sus mensajes y transmitían sus enseñanzas .

En boca de varios personajes bíblicos de importancia se ponen salmos de gran envergadura teológica: p.ej., Ana (1 S 2.1-10), David (2 S 2.51) y Ezequías (Is 38.10-20). El pueblo, en ocasiones solemnes, expresa sus sentimientos ante Dios en la misma tradición lírica: p.ej., al cruzar el Mar Rojo (Éx 15.1-18), al trasladar el Arca del pacto (1 Cr 16.8-36) y en la dedicación del Templo (2 Cr 6.41-42). En la literatura profética se pueden encontrar buenos ejemplos del uso de ese particular estilo poético: p.ej., Isaías12.1-6, Jeremías 14.7-9,19-22 y Habacuc 3.1-19. Y los maestros del pueblo, conocidos también por su sabiduría, siguieron esa misma línea estilística: p.ej., Ec. 36.1-17; 39.12-35; 51.1-12.

La contribución del Salterio a la literatura del Nuevo Testamento es extensa e intensa. De unas trescientas citas y referencias al Antiguo Testamento, como cien pertenecen a los salmos. Y los famosos poemas Magnificat (Lc 1.46-55), Benedictus (Lc 1.67-79) y Nunc Dimitis (Lc 2.29-32) son piezas literarias esencialmente escritas en la tradición temática y la teológica del Salterio, y redactados al estilo de los salmos.

Jesús citó los salmos con más frecuencia que el resto del Antiguo Testamento: p.ej., los aplicó a su ministerio (Mt 21.42; Mr 12.36; Lc 13.55), y también los utilizó para desarrollar y afianzar sus doctrinas (Mt 7.23; Lc 13.27; Jn 10.34). Los apóstoles tomaron los salmos para referirlos a Cristo (Hch 2.25-28,34-35; 13.33-35) o para explicar algún asunto de valor teológico (Hch 1.20; 4.25-26; 13.22). San Pablo también los utilizó con frecuencia en sus cartas pastorales (Ro 3.4,10-18; 1 Co 15.25; Ef 4.8). Y los autores de las epístolas católicas o universales siguieron esa misma tradición de uso del Salterio (Stg 5.11; 1 P 2.7,10-12).

Los salmos, que fueron escritos en el entorno de la oración íntima, tanto personal como colectiva, sirvieron de base para las plegarias y los clamores de la iglesia desde su mismo nacimiento. Jesús, en la llamada Última Cena, recitó los salmos hal-lel (Sal 113–118) junto a sus discípulos (Mt 26.30). Y, según el testimonio de los Evangelios, mientras agonizaba en la cruz, el Señor tomó las palabras de varios salmos para exclamar sus sentimientos más hondos, y para presentar sus preocupaciones más intensas (Mt 27.46 y Sal 22.2; Lc 23.46 y Sal 21.6; Jn 19.28 y Sal 69.22).

Ese uso del Salterio como libro de oraciones también se pone en evidencia clara en la vida de los apóstoles. Pablo y Silas, según la narración bíblica, cantaban salmos e himnos al Señor en la oscuridad de la noche y en el anoniMto de la cárcel (Hch 16.25). Y entre las recomendaciones apostólicas a los creyentes y las iglesias, se incluyó la oración de los salmos para afirmar la piedad y apoyar el crecimiento cristiano (Col 3.16; 1 Co 14.26; Ef 5.19; Stg 5.13).

PERTINENCIA DE LOS SALMOS: UNA LECTURA EN CASTELLANO

Para los creyentes contemporáneos, el Salterio es un libro siempre presente, pertinente y contextual. En sus poesías, la gente de fe que ha llegado al tercer milenio de la iglesia descubre un caudal maravilloso de temas y asuntos que tienen gran importancia teológica, sociológica, sicológica, política, emocional y espiritual para la sociedad actual. Particularmente la gente que lee el Salterio en el idioma español, ya sea en España, América Latina, el Caribe o en los Estados Unidos, se identifica con sus mensajes intensos y hermosos, que nacen de las experiencias cotidianas de los antiguos poetas y salmistas de Israel.

En primer lugar, los salmos reflejan las dinámicas reales de la vida. El fundamento de esta literatura no es la especulación impertinente, la contemplación enajenada, ni el ejercicio académico fútil. La lectura sobria de esta literatura revela las complejidades de la vida en sus diversas manifestaciones y pluralidades. En el Salterio se encuentran las más variadas experiencias de regocijo y dolor, felicidad y llanto, salud y enfermedad, triunfos y derrotas, contentamiento y lágrimas, alegrías y tristezas, compañía y soledad, apoyo y rechazo, solidaridad y desprecio, comunión con Dios y silencio divino, esperanza y desesperanza, alabanzas y agonías, paz y guerra, perdón y resentimientos, amor y odio, y alabanzas y maldiciones. El libro de los Salmos revela los sentimientos humanos más gratos, intensos y extensos, a la vez que pone claramente de manifiesto los dolores, resentimientos e ingratitudes de la humanidad.

Entre los temas que expone, el Salterio incluye la felicidad verdadera, que es una meta importante para las iglesias y las comunidades hispano-parlantes. Muchas personas de habla castellana o portuguesa emigran a los grandes centros urbanos de Argentina y Brasil, Chile y España, o Estados Unidos y México, con el propósito de progresar y transformar las dinámicas hostiles e inmisericordes de la pobreza y la desesperanza que viven en sus pueblos y comunidades.

Lamentablemente, en muy poco tiempo, descubren la cruda realidad de la pobreza urbana y la amarga experiencia de la desesperanza. En su deseo de encontrar la felicidad y el disfrute de una vida digna y plena, no han sido pocas las familias que han dejado atrás sus tierras y familiares, para llegar a trabajar de forma continua e intensa, y descubrir el rostro sin misericordia de la opresión y reconocer que el dinero y las posesiones Mteriales no son buen fundamento para el desarrollo de una familia dichosa, saludable, funcional y estable.

De acuerdo con los salmos, es feliz o bienaventurada la persona que medita en la Ley del Señor (Sal 1), que es una manera poética de indicar que se deben anteponer en la vida los principios y los valores que se desprenden de la lectura de la Palabra de Dios: p.ej., justicia, honestidad, amor, perdón, verdad y misericordia. No disfrutan la dicha plena las personas que basan sus vidas en el dinero, la injusticia, el poder, las posesiones, el prestigio, la mentira, la prepotencia y la altanería.

El Dios bíblico, según el testimonio de los salmistas, es histórico, que equivale a decir que interviene en medio de las vivencias y realidades humanas. Una gran enseñanza de los salmos para la sociedad hispana y latina contemporánea es que los salmistas le cantan y oran a un Dios que tiene el compromiso, la capacidad y el deseo de intervenir en el mundo. El Dios del Salterio no es lejano ni remoto: ¡Nunca está ausente! ¡Es el Señor de la creación! ¡El Dios del cosmos! ¡El Señor de las naciones!

Responde, el Dios de los poetas y salmistas, a los clamores de su pueblo, e interviene en sus triunfos y fracasos. Y ante las grandes necesidades personales y nacionales, es un Dios que se manifiesta en la vida con virtud salvadora, poder redentor y finalidad transformadora.

El Dios del Salterio interviene en las dinámicas familiares y en los problemas laborales; se revela en los conflictos nacionales y en las confrontaciones internacionales; manifiesta su poder en medio del espiral de violencia que atenta contra la sana convivencia familiar y humana; y se hace realidad en los procesos históricos, sociales, políticos y económicos que traducen los ideales de paz en la implantación concreta de la justicia.

El Dios de los salmistas es rey, que es una manera figurada de destacar su poder sobre las naciones y los gobiernos. Con la imagen del Señor como monarca, los salmistas enfatizan el poder divino sobre los seres humanos y sobre los pueblos. Esa enseñanza es fundamental para las comunidades hispanas y latinas, pues revela un componente teológico y político extraordinario del Dios bíblico. El poder absoluto sobre el universo, las naciones y las personas no lo tienen las grandes superpotencias militares y económicas del mundo, sino el Dios creador de los cielos y la tierra. ¡No tienen la última palabra los políticos inescrupulosos del Continente! El Dios del Salterio es el Señor. En efecto, la soberanía divina es un componente fundamental en la teología bíblica, un aspecto necesario en los procesos de contextualización y aplicación de las enseñanzas del Salterio.

El tema de los enemigos es de gran importancia para la aplicación del Salterio. Esos enemigos antiguos son los que afectan adversamente la paz o el shalom divino en el mundo. Los enemigos del pueblo de Dios son las personas que mienten, roban y blasfeman; son las que actúan con arrogancia, falsedad y prepotencia; son las que manifiestan resentimientos, rencores y hostilidades; son las que se contraponen a la dignidad humana y no permiten que se manifieste la justicia divina en la sociedad; son las que oprimen a las personas marginadas y les impiden desarrollarse de forma plena en la sociedad; y son las que propician y organizan las guerras para mantener el control del mundo, y recurren a diversas formas de terrorismos para someter a los pueblos y los individuos al vasallaje y cautiverio.

La idealización de la pobreza es un tema impostergable en la aplicación y la teología del mensaje del Salterio. La pobreza en el Salterio es, al mismo tiempo, un mal social y un ideal espiritual. Desde la perspectiva económica, es el reconocimiento de que la voluntad de Dios aún no se manifiesta plenamente en el mundo, pues se pueden descubrir todavía sectores no favorecidos económicamente cautivos en las dinámicas sociales, emocionales y espirituales relacionadas con la escasez y la frustración. Desde la perspectiva espiritual, la pobreza es el ideal de la persona que reconoce que debe depender únicamente de Dios para ser exitoso en la vida.

En los procesos de actualización y enseñanza del mensaje de los salmos, se pueden identificar también los siguientes temas, que representan asuntos de gran importancia pastoral y teológica:

• Las virtudes, características y particularidades de la naturaleza divina.

• Las peculiaridades, desafíos y necesidades de la humanidad.

• La importancia de la revelación divina y de las intervenciones históricas de Dios en medio de las sociedades.

• La necesidad humana del diálogo e intimidad con el Señor.

• Las implicaciones inmediatas de la implantación de la justicia para el disfrute de la paz.

• El respeto que se le debe a la creación divina.

• Y la relevancia de los valores morales y espirituales para la sociedad contemporánea.

NUESTRO ACERCAMIENTO AL SALTERIO

Las formas de leer y estudiar los salmos con el propósito de comprender su mensaje y aplicar sus enseñanzas son muchas. Varían de acuerdo con la finalidad de las personas que leen y estudian los poemas, y son diferentes según el entorno litúrgico, psicológico y espiritual de las comunidades que se dedican a ponderar los valores de esta tan importante literatura bíblica. Nuestra metodología de estudio no está ajena a esa realidad existencial.

En primer lugar, nuestro estudio tiene como finalidad básica analizar el Salterio con detenimiento para identificar, ponderar y aplicar su mensaje en los diversos contextos académicos y pastorales en las comunidades de habla castellana. La naturaleza de este comentario es pastoral y contextual, pues hemos querido poner al servicio de pastores y pastoras, y también en manos de maestros y maestras de escuela bíblica, el resultado de las investigaciones científicas y académicas contemporáneas referente a este importante libro de la Biblia. Los laicos interesados en comprender y disfrutar las virtudes poéticas, teológicas religiosas y espirituales de los Salmos, también encontrarán en este nuevo comentario información valiosa que les permitirá penetrar al mundo maravilloso de la poesía del Salterio.

Mi intensión primordial es acercarnos el texto bíblico con ojos pastorales; mi objetivo básico es llegar al documento escritural con espíritu humilde de búsqueda; mi finalidad es dialogar con el mensaje de los salmos para explorar las posibilidades de interpretación y aplicar sus enseñanzas y valores a los creyentes, las iglesias y la sociedad contemporáneas. Más que un comentario técnico del Salterio (p.ej., que identifique, explique e ilustre las peculiaridades lingüísticas y textuales de los documentos hebreos), este nuevo libro hace uso extenso y continuo de las herramientas académicas de investigación teológica, exegéticas y hermenéuticas, para poner al servicio de la gente de fe –¡y también de los círculos universitarios!–, las extraordinarias virtudes de una literatura que no deprecia con los años ni se deteriora con el tiempo.

El comentario que el lector y la lectora tiene en sus manos estudiará principalmente el texto canónico de los Salmos, e identificará, cuando sea posible, el género del poema junto a su estructura literaria, su mensaje fundamental y su antiguo entorno litúrgico; además, se explicarán las peculiaridades de los títulos hebreos, y se explorará el uso del salmo en el Nuevo Testamento y en las iglesias. En este peregrinar educativo nos interesa saber cómo el salmo le habla a la sociedad actual, y cuáles de sus enseñanzas tienen pertinencia inmediata en nuestros contextos hispanoparlantes.

Le invitamos a comenzar con la lectura de este comentario un proyecto educativo que puede contribuir sustancialmente a su formación espiritual y moral. Le convidamos a leer el Salterio con fe y esperanza, para descubrir y disfrutar su mensaje transformador. Le desafiamos a estudiar los salmos con profundidad, para aplicar sus enseñanzas en medio de los retos y las posibilidades que nos presenta la sociedad en que vivimos.

BIBLIOGRAFÍA SELECTA

La siguiente bibliografía no pretende ser extensa ni exhaustiva. El objetivo es identificar la obras que pueden guiar a la lectora o lector de este comentario en su peregrinar investigativo por el extraordinario mundo del Salterio. Hemos querido particularmente señalar las obras que pueden contribuir a profundizar aun más en los temas que exponemos en nuestro libro, pero que, en honor a la verdad, tienen mucho más espacio para la discusión creadora.

Le invitamos a continuar este viaje de fe por los caminos de los salmistas…

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1 Respecto al uso del salterio en la historia véase el magnífico libro de W.L. Holladay, The Psalms Through Three Thousand Years (Minneapolis: Fortress, 1993). En la sección de bibliografía selecta de este libro, hemos incluido una lista de obras de gran importancia teológica, metodológica y literaria para el estudio sistemático y concienzudo de los Salmos.

2 La Mishnah es una obra de gran importancia literaria y teológica pues revela las convicciones fundamentales de la comunidad judía antigua. Respecto a este tema, véase los comentarios y las reflexiones en J.L. Crenschaw, The Psalms: An Introduction (Grand Rapids: Eerdmans Publishing Co., 2001), 1-2, y en C. Hassell Bullock, Encountering the Book of Psalms (Grand Rapids: Baker, 2001), 92-94.

3 Para estudiar con más profundidad el uso de los salmos en la iglesia primitiva, véase a Michel Gourgues, Los salmos y Jesús. Jesús y los salmos (Estella, Navarra: Editorial Verbo Divino, 1989); de particular importancia exegética, pastoral y teológica es la tabla que presenta los salmos en los relatos de la pasión; p.27.

4 En la conclusión del libro de McCann, op.cit., pp.163-175 se incluye una magnífica presentación de la relación de los salmos en diferentes momentos de la vida de Jesús; p.e., en el nacimiento, en el bautismo, en sus enseñanzas y ministerio, y en la narraciones de la entrada a Jerusalén, la pasión y la resurrección. Respecto al mismo tema, véase a P.D. Miller Interpreting the Psalms (Philadelphia: Fortress Press, 1986, pp.27-28) y a H.J. Kraus Theology of the Psalms (Minneapolis: Augsburg, 1986, pp.177-203).

5 Véase, p.e., el estudio importante de Gourgues, op.cit.

6 Véase el comentario referente a este asunto en la obra de Bullock, op.cit., pp.94-96.

7 P.ej., el famoso himno de Martín Lutero, «Castillo fuerte es nuestro Dios», se fundamenta en el Salmo 46.

8 En varias comunidades de habla castellana, tanto en las Américas como en Europa, se alude a las personas encargadas de la adoración en las congregaciones como «salmistas».

9 Hans-Winfried Jungling, «Salmos 1–41», Comentario bíblico Internacional (Estella, Navarra: Verbo Divino, p.712).

10 Véase la magnífica introducción de la traducción de los Salmos que efectuó Julio Trebolle Barrera, Libro de los Salmos: Himnos y lamentaciones (Madrid: Trotta, pp.10-11).

11 Véase, p.ej., el reciente libro de Ernesto Cardenal, muy bien prologado por Dorothee Solle, Salmos (Madrid: Trotta, 1998).

12 Léanse los importantes comentarios en torno al tema de la poesía hebrea antigua fuera del Salterio en el libro de Peter C. Craigie, Psalms 1–50. WBC (Waco, TX: Word Books, 1983, pp.25-27). Una de las obras pioneras del estudio moderno y crítico de la poesía hebrea antigua es la de W.F. Albright; posteriormente sus discípulos estudiaron aún más esta literatura y descubrieron componentes estilísticos, temáticos y literarios de gran importancia para los estudios bíblicos.

13 Los libros deuterocanónicos son obras antiguas que se incluyen en las Biblias que provienen de las traducciones de la LXX y la Vulgata. Tradicionalmente esas ediciones de la Biblia se conocen como «católicas», y las que no incluyen esos libros, también llamados «apócrifos», se relacionan con las comunidades evangélicas.

14 James H. Charlesworth and James A. Sanders, «More Psalms of David» in The Old Testament Pseudoepigrfa, vol.2, ed. James H. Charlesworth (Garden City: Doubleday, 1985), pp.609-24.

15 Samuel Pagán, El misterio revelado (Nashville: Abingdon Press, 2002).

16 El estudio de estos títulos hebreos es muy complicado, pues en ocasiones no hay mucha evidencia literaria e histórica en la cual se puedan basar las conjeturas y las especulaciones. Nosotros seguimos tradicionalmente los análisis y estudios de A.A. Andreson, op.cit., pp.42-51.

17 Para evaluar el estado actual de la comprensión e interpretación de los Salmos en función al estudio y análisis de la poética hebrea, véase el magnífico artículo de Robert Adler, «Los libros poéticos y sapienciales», en John Barton, ed. La interpretación bíblica, hoy (Santander: Sal Terrae, 2001, pp.260-276).

18 Hans-Winfried Jungling, «Salmos 1–41», Comentario bíblico internacional (Estella, Navarra: Verbo Divino, 1999, p.712).

19 En la traducción griega de la Biblia hebrea, conocida como la Septuaginta o versión de los Setenta o LXX, esta referencia aparece en 14 salmos adicionales.

20 Véase el interesante comentario de Weiser, op.cit., p.172, que alude a la interpretación de la expresión por Lutero.

21 Véase a Mays, op.cit., pp.9-11.

22 Varios salmos ponen de relieve temas que se manifiestan también en la literatura común de la región: p.e., las alusiones a Dios y a Sión en fraseologías que se utilizan en la literatura extra bíblica de la época (Sal 2; 24; 48); y las referencias a luchas mitológicas antiguas características de la religión de Canaán (Sal 29; 82; 93). Véase a Mays, op.cit., p.9.

23 Respecto a esa división en cinco partes del salterio las tradiciones judías indican que de la misma forma que Moisés legó al pueblo cinco libros de la Ley, David brindó a la comunidad judía cinco libros de cánticos y oraciones. Esta percepción de los salmos los ubica en un lugar teológicamente prominente, al lado de la Ley de Moisés; además de reconocer la autoridad de David al nivel del famoso legislador del pueblo de Israel. Véase el Midrash Tehilim en torno al Salmo 1; Mays, op.cit., p.15.

24 Longman III, Cómo leer los salmos: Una introducción a la Poesía Hebrea (Barcelona: CLIE, 2000, pp.54-55).

25 En el comentario a estos salmos se explicarán las peculiaridades teológicas y literarias de cada salmo, y se destacará también la importancia de cada uno de ellos como introducción a la antología religiosa del salterio.

26 Jungling, op.cit., pp.724-725.

27 Vease a S. Pagán, op.cit.

28 Seguimos en nuestro análisis el estudio de John Eaton, The Psalms. A Historical and Spiritual Commentary with an Introduction and New Translation (London y New York: T&T Clark International, 2003, pp.6-7).

29 Véase la importante obra de John Eaton, op.cit., p.8.

30 Seguimos en nuestro análisis textual el importante estudio de Jesús García Trapiello, Introducción al estudio de los Salmos (Salamanca y Madrid: San Esteban y EDIBESA, 1997, pp.33-36).

31 J.L. Crenshaw, The Psalms. An Introduction (Grand Rapids: Eerdmans Publishing Co., 2001), pp.72-4.

32 Guía nuestro análisis en torno a este novel tema de estudios bíblicos, la obra de Othmar Keel en torno a la iconografía en mundo de la Biblia: The Symbolism of the Biblical World: Ancient Near Easter Iconography and the Book of Psalms (Winona Lake: Eisenbrauns, 1997).

33 A.A. Anderson, op.cit., pp.51-52.

34 Véase «Fiestas judías y días sagrados», en la Biblia de estudio. Reina Valera-1995 (Miami: SBU, 1995, p.173).

35 Biblia de estudio, Reina Valera-95, op.cit., p.520.

36 En torno al tema de la interpretación de los salmos, véanse particularmente las importantes obras de Miller, op.cit.; Mays, op.cit.; Brueggemann, op.cit.

37 Véase a McCann, p.cit., pp.16-19.

38 El erudito que se relaciona con el descubrimiento y uso de esta metodología es el alemán Hermann Gunkel; y en torno a este asunto, véase su obra, The Psalms: A form-Critical Introduction, trans. T.M. Horner (Philadelphia: Fortress Press, 1967).

39 El nombre que más se ha relacionado con esta fundamental teoría para el estudio de los salmos es el de Sigmund Mowinckel, que a su vez era un discípulo de Gunkel. The psalms in Israel’s Worship, trans. D.R. Ap-Thomas. 2 Vols. (Nashville: Abingdon Press, 1962).

40 Véanse los estudios de Claus Westermann, Praise and Lament in the Psalms, trans. Keith R. Crim and Richard N. Soulen (Altanta: John Knox Press, 1981).

41 El llamado a superar la crítica de las formas para llegar al estudio de la crítica retórica lo dio James Muilinburg en el 1968, en su discurso inaugural como presidente de la Sociedad de Literatura Bíblica; «Form Criticism and Beyond», JBL 88(1969):1-18.

42 La figura cimera en los estudios conocidos como crítica canónica es Brevard Childs; véase, entre sus obras, «Reflections n the Modern Study of the Psalms», Magnalia Dei, The Mighty Acts of God: Essays in Memory of G. Ernest Write, eds., F.M. Cross, W.E. Lemke, P.D. Miller (Garden City, NY: Doubleday, 1976).

43 Respecto a los proponentes de esta metodología o acercamiento al estudio de los salmos, debemos señalar prioritariamente los estudios de Mays, op.cit.; véanse también las obras de Gerald Wilson, The Editing of the Hebrew Bible, SBL, Dissertation Series 76 (Chico, CA: Scholars Press, 1985) y de David M. Howard, «Editorial Activity in the Psalter: A State-of-the-Field Survey», Word and World 9/3 (Summer 1989): 274-85.

44 Las contribuciones literarias y teológicas de Gunkel, Mowinckel y Westermann al estudio de los Salmos han sido fundamentales y extraordinarias. La metodología de estudio de las fuentes o géneros, relacionada principalmente con los estudios de Gunkel y sus discípulos, ha dominado durante el último siglo la disciplina de estudios del Salterio; Gunkel, op.cit. Pueden estudiarse también diversas respuestas y usos de la metodología de Gunkel en Mowinckel, op.cit.; Westermann, op.cit.; Mays, op.cit.; Miller, op.cit.; Anderson; op.cit.; Weiser, op.cit.

Los géneros literarios mayores que identifica Gunkel en su obra son los siguientes: himnos, lamentación colectiva, salmos reales, poemas cultuales individuales y lamentación individual; también identifica algunos géneros menores, tales como: cánticos de peregrinación, acciones de gracias colectivas, salmos de venganza y relatos de gestas pasadas. En el libro de Mannati, op.cit., pp.12–63, se incluyen trece géneros literarios específicos en los Salmos, que adelantan aún más el análisis de Gunkel.

45 Longman III, op.cit., pp.28-45.

46 Aunque la gran mayoría de los estudiosos acepta los géneros principales de los Salmos identificados por Gunkel –posiblemente con algunas variantes menores–, no siempre se denominan o se traducen al castellano de la misma manera. En nuestro estudio y comentario, generalmente seguiremos las propuestas que se incluyen en la obra de Mays, op.cit. pp.19-29; las variantes a esa metodología se identificarán en el comentario.

47 Se han propuesto, para el estudio literario del Salterio, categorías diferentes para la clasificación de sus géneros, sin embargo, a mayor cantidad de géneros difierentes menor la utilidad educativa y práctica. P.ej., en la obra de Alonso Schokel y Carniti, op.cit., pp.91-106, se hace una lista de once categorías literarias mayores de los Salmos; y en la edición de estudio de la Biblia RVR-95, op.cit., pp.658-659, se identifican otras once, que no coinciden necesariamente con las nomenclaturas de otros estudiosos. En esta obra hemos decidido seguir el modelo de menos categorías literarias para facilitar la comprensión teológica de la obra y facilitar de esa forma su utilización educativa.

48 Generalmente, en introducciones al Antiguo Testamento y al libro de los Salmos, estas oraciones se conocen como lamentaciones; en este comentario hemos evadido esa terminología pues puede producir una carga negativa en el oyente y lector: ¡Estos salmos no son, evidentemente, las expresiones de frustración de alguna persona herida por la vida!

49 Longman III, op.cit., pp.31-33; véase, respecto al tema de las frustraciones de los salmistas, la importante obra de Clauss Westermann, Los Salmos de la Biblia (Bilbao: Ediciones EGA, 1994).

50 Un estudio clásico e importante sobre la teología de los Salmos, desde una perspectiva sistemática, es el de Hans-Joachim Kraus, Teología de los Salmos (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1985). De particular importancia son sus capítulos sobre el Dios de Israel (pp.19-59) y sobre el ser humano ante Dios (pp.183-240).

51 La obra que principalmente guiará nuestro estudio y reflexiones en torno a la teología de los Salmos es la de J.L. Mays, op.cit.; sin embargo, referente al mismo tema, pueden estudiarse los siguientes libros: Craigie, op.cit.; H. Ringgren, La fe de los salmistas (Buenos Aires: La Aurora, 1979); H. J. Kraus, op.cit.; y J. Limburg, «Book of Psalms» The Anchor Bible Dictionary. Vol 5 (New York: Doubleday, 1992).

52 He traducido las fórmulas tradicionales del Salmo de forma inclusiva, no sólo para incorporar directamente a toda la comunidad que adora –p.e., hombres y mujeres, niños y niñas, y personas ancianas–, sino para superar el personalismo que insinúa la traducción individual del poema y hacer justicia a los conceptos de comunidad que se ponen claramente de manifiesto en el poema.

53 Véanse las obras de Mays, op.cit., pp.40-43; Craigie, op.cit., 57-62; Weiser, op.cit., pp102-108; Anderson, op.cit., pp.57-63.

54 Respecto al nombre de Dios y sus implicaciones teológicas y sociales, véase mi libro El Santo de Israel (Austin: AETH, 2002); en esta obra se presenta una buena bibliografía en torno al tema estudiado.

55 Una magnífica introducción teológica y literaria al tema del nombre de Dios se encuentra en Kraus, op.cit., pp.19-28.

56 En la tradición de las versiones de la Biblia conocidas como Reina-Valera, se ha traducido el nombre personal divino como Jehová, que revela las percepciones medievales de la pronunciación del tetragramatón

57 Jesús García Trapiello, op.cit., p.158.

58 En torno al desarrollo de las metáforas sobre Dios, véase a J.L. Crenshaw, op.cit., pp.68-69.

59 Respecto a este tema del reinado de Dios, es muy importante indicar que el pueblo hebreo y sus escritores utilizaban las imágenes de poder y autoridad que transmitían sentido y fomentaban la comprensión adecuada de las ideas. La monarquía, en el período veterotestamentario, era la institución que transmitía las ideas de ordenamiento político, jurídico, religioso y social. En este sentido, los escritores bíblicos intentaban, con la metáfora del Dios-rey, poner de manifiesto que sobre las monarquías e instituciones políticas humanas se presentaba con más autoridad y poder el reinado de Dios sobre la historia y las naciones.

60 Véase la interesante discusión en torno a este tema en Kraus, op.cit., pp.19-28.

61 La importancia teológica y exegética de estos términos no deben subestimarse. Kraus, op.cit., pp.55-59.

62 El amor divino se pone de relieve en casi todas las expresiones de los Salmos. Dios ama a su pueblo, y las demostraciones de ese amor divino se revelan continuamente en las diferentes manifestaciones de su reinado. El término hebreo traducido por amor incluye niveles de intensidad especial que se revelan en la demostración de su misericordia constante; véase a Ringgren, op.cit., pp.49-50.

63 Véase a Mays, op.cit., pp.32-36.

64 En la antigüedad se pensaba que las responsabilidades del rey se asociaban con la del pastor, que era vista como una figura política y religiosa (p.e., véase Sal 23).

65 Véase, por ejemplo, mis comentarios exegéticos, literarios, teológicos y pastorales en Samuel Pagán, Experimentado en quebrantos (Nashville: Abingdon Press, 2001).

66 Véase los diversos niveles de sentido de la palabra shalom en G. Kittel y G. Friedrich, Compendio del diccionario teológico del Nuevo Testamento (Grands Rapids: Libros Desafío, 2002, pp.207-208).

67 Respecto a este tema, seguimos las ideas de Mays, op.cit., pp.163-165.

68 En torno a estos importantes temas, que unen aspectos teológicos, culturales y lingüísticos, seguimos particularmente a R. Murphy, The Gift of the Psalms (Peabody: Hendrichson, 2003, pp.32-58).

69 Esta idea se manifiesta de forma clara en la famosa épica mesopotámica de Gilgamesh, donde se presentan los infructuosos esfuerzos humanos para llegar a la inmortalidad; véase ANET, p.90; Murphy, op.cit., p.34.

70 Para el estudio de la poesía hebrea la siguiente literatura es de singular importancia: R.L. Alden, «Chiastic Psalms: A Study in the Mechanics of Semitic Poetry in Psalms 1–50» JETS 17 (1974) 11-28; G.B. Gray, The Forms of Hebrew Poetry. With a Prolegomenon by D.N. Freedmen (New York: Ktav, 1972); T.H. Robinson, The Poetry of the Old Testament (London: Duckworth, 1947); D.K. Stuart, Studies in Early Hebrew Meter. HSM 13 (Missoula: Scholars Press, 1976); J. Kugel, The Idea of Biblical Poetry (New Haven: Yale University Press, 1981); L. Alonso Schokel, Estudios de poética hebrea (Barcelona: Herder, 1963); S. Geller, Parallelism in Early Biblical Poetry (Missoula: Scholars Press, 1979); M. O’Connor, Hebrew Verse Structure (Winona Lake: Eisenbrauns, 1980).

De singular importancia para la comprensión y traducción de la poesía en la Biblia es la obra de Lynell Zogbo y Ernst Wendland, traducida y adaptada por Alfredo Tépox Varela, La poesía del Antiguo Testamento: pautas para su traducción (Miami: SBU, sf ).

71 Durante las últimas décadas se ha manifestado entre los eruditos bíblicos que estudian el Salterio un marcado interés por el análisis literario de los Salmos. Esa tendencia metodológica se pone de relieve de dos formas básicas: en primer lugar, se ha tratado de definir con mucha más precisión la naturaleza y el carácter de la poesía bíblica; además, se ha descubierto que la poesía bíblica –y en el caso particular nuestro, la poesía del Salterio–, comprende aspectos que sobrepasan el tradicional estudio de los paralelismos. Para un resumen de estos análisis, véase, en primer lugar, a Miller, op.cit., pp.16-17; y más específicamente la reseña de J. Barr al libro de J. Kugel, The Idea of Biblical Poetry, en Times Literary Supplement (December 25, 1981), 1506.

72 Aunque los especialistas no han llegado aún a una definición universal de la poesía, hay evidencias de la manifestación de rasgos poéticos en cada cultura y lenguas del mundo. La poesía utiliza un tipo de lenguaje distinto al cotidiano en prosa que puede ser reconocido por su valor artístico, emotivo y agradable al oído. Referente a diversas definiciones de poesía que se han propuesto, véase a Zogbo y Wendland, op.cit., pp.2-5. Según Don Miguel Antonio Caro, famoso escritor colombiano, la poesía es «una manera ideal y bella de concebir, de sentir y de expresar las cosas».

73 Mervin Breneman, Salmos (El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1997, p.25).

74 El ritmo o metro en la poesía hebrea es la sucesión de palabras monosilábicas acentuadas, sin la intervención de sílabas no acentuadas; además, dos sílabas acentuadas a veces están separadas por cuatro o hasta cinco sílabas no acentuadas.

75 El paralelismo es también una de las peculiaridades retóricas más prominentes y características de la literatura poética de Medio Oriente antiguo, y se manifiesta en escala menor en las narraciones en prosa; véase Adelle Berlin, «Parallelism», The Anchor Bible Dictionary. Vol. 5, pp.155-166.

76 Los estudios contemporáneos de la poética hebrea estudian y analizan no solo los paralelismos sino los diversos componentes estéticos de los Salmos; véase particularmente a Geller, op.cit. y Kugel, op.cit.

77 El nombre «quiasmo» proviene viene del idioma griego, y se deriva de la letra chi, que tiene la forma de dos líneas cruzadas como una «X» mayúscula. Tremper Longman III, Cómo leer los salmos: Una introducción a la Poesía Hebrea (Barcelona: CLIE, 2002, pp.123-126).

78 Véase, particularmente, el tercer capítulo del libro de Zogbo y Wendland, op.cit., pp.23-78, en el cual se explican las características fundamentales de la poesía hebrea y se dan buenos ejemplos para la identificación y comprensión de esos recursos literarios y estilísticos.

79 Algunos estudiosos de la poética hebrea entienden que el «bi-colon» es en realidad una sola línea poética o «verso», por esa razón esta categoría también recibe el nombre de «estico» (del griego stoijos, que significa «línea») o «monostiquio»; y cada «colon» es entonces un «hemistiquio».

Para los propósitos educativos de este libro identificaremos como «colon» únicamente a la linea poética; dos líneas poéticas serán un «bicolon»; tres líneas poéticas, «tricolon»; y cuatro, «tetracolon».

80 James Limburg, en su presentación del libro de los Salmos en The Anchor Bible Dictionary V, tiene una muy buena sección de ejemplos de paralelismos en el Salterio; pp.528-531.

81 En la obra de Zogbo y Wendland, op.cit., pp.25-36, se presenta la propuesta tradicional del Obispo Lowth y el desarrollo y actualización de sus teorías en torno a la poética hebrea; además, se incluyen muchos ejemplos que ayudan al lector a comprender las complejidades literarias y estilísticas de los Salmos.

82 El Salmo 119 es un magnífico ejemplo de esta peculiaridad literaria, pues cuenta con 22 estrofas de ocho versículos cada una.

83 Véase la importante obra en torno la traducción de los salmos, en Heber F. Peackock, A Translator’s Guide to Selected Psalms (New York: American Bible Society, 1981).

Dios es nuestro amparo y fortaleza,

nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Por tanto, no temeremos,

aunque la tierra sea removida

y se traspasen los montes al corazón del mar;

aunque bramen y se turben sus aguas,

y tiemblen los montes a causa de su braveza.

Salmo 46.1-3

Honrad al Hijo, para que no se enoje,

y perezcáis en el camino;

pues se inflama de pronto su ira.

Bienaventurados los que en él confían.

SALMO 1: «EL JUSTO Y LOS PECADORES»

La sección inicial del Salterio (Sal 1–41) comienza la serie de poemas que se conocen tradicionalmente como los salmos de David, pues en su gran mayoría el título hebreo los relaciona con el famoso monarca y poeta de Israel –con la excepción de los Salmos 10 y 33–.

Posee una estructura interna que revela coherencia teológica y delata la presencia de grupos temáticos y literarios de salmos (p.ej., Sal 3–14; 15–24; 25–34; 35–41). Los Salmos 15 y 24, p.ej., son liturgias de entrada al Templo, y los Salmos 35 y 40, ubicados en disposición paralela, presentan la vergüenza y la confusión de los adversarios de la persona que ora. Los primeros dos salmos constituyen la introducción de todo el Salterio.

El primer salmo afirma las virtudes de las personas justas que «meditan en la Ley del Señor», y puede entenderse no solo como el poema inicial del Salterio sino como la introducción a toda la obra. Posiblemente,, en algún momento de su historia de redacción estuvo unido, o por lo menos relacionado, al segundo salmo. La referencia en Hechos 13.33 puede ser un indicio de que estos primeros dos salmos se entendían en la antigüedad –p.ej. el Talmud, Berakot, 9b– como una unidad; y esa percepción aumenta al notar que ninguno de estos poemas tiene título hebreo, y que el segundo salmo finaliza con la enseñanza de la bienaventuranza (Sal 2.12), que es el tema central del primero (Sal 1.1).

Este poema inicial debe haber sido escrito en círculos sapienciales, donde los maestros de la sabiduría cumplían sus responsabilidades pedagógicas con la comunidad (véanse, p.ej., Jer 8.9; 18.18; Ec 12.9; Pr 8.1-36). La finalidad era instruir al pueblo en torno al conocimiento de la vida y respecto a las formas de actuar con fundamentos éticos y morales firmes (véase Sal 32; 34; 49). Posiblemente,, el editor final del Salterio incluyó este salmo al comienzo de la colección, para subrayar el particular propósito pedagógico del libro de los Salmos: Invitar a la comunidad a vivir vidas piadosas fundamentadas en las enseñanzas de la Ley del Señor.

La redacción del salmo es compleja. En primer lugar, su estilo más que un himno de alabanza o plegaria individual o colectiva es una afirmación educativa, una enseñanza, una exhortación piadosa. Posiblemente,, el poema se escribió no tanto para la adoración pública y el culto de los fieles en el Templo, sino para ser utilizado en los contextos pedagógicos de la comunidad y contribuir a los procesos forMtivos del pueblo.

El poema no presenta varias de las características tradicionales relacionadas con la poética hebrea, particularmente su métrica es irregular. Algunos estudiosos describen el escrito como un buen ejemplo bíblico de prosa poética. Y su fecha de composición se devela al analizar el vocabulario utilizado, evaluar los conceptos expuestos, ponderar la influencia de la literatura de sabiduría en el salmo, estudiar la referencia a la Ley escrita, revisar la exposición de los temas de castigos y recompensas, y entender su similitud con Jeremías 17.5-8: El salmo es producto de la época post-exílica.

El poema puede dividirse estructural y temáticamente en, por lo menos, dos secciones básicas:

• La vida piadosa y justa: vv.1-4

• Las consecuencias de la maldad y el pecado: vv.5-6

El propósito principal del autor del salmo es poner de relieve las virtudes que se relacionan con los estilos de vida que rechazan abiertamente la maldad y el pecado en sus diversas manifestaciones. En efecto, la gente que entiende las implicaciones extraordinarias de vivir a la altura de las exigencias divinas son como los árboles bien plantados y alimentados, ¡producen fruto abundante! Por el contrario, el futuro de las personas que viven de acuerdo a la maldad es desastroso, y el destino de la gente que actúa según los consejos pecaminosos es la muerte. ¡Esos hombres y mujeres de iniquidad no tendrán espacio en los lugares que Dios tiene preparado y reservado para el disfrute de su pueblo!

vv.1-3: La palabra hebrea traducida en la versiones castellanas como «bienaventurado», describe a la persona feliz, dichosa y alegre, y revela el particular y distintivo tono educativo del salmo. La expresión, además, pone de manifiesto la relación estrecha del salmo con la literatura sapiencial de la Biblia. La felicidad de la persona bienaventurada o del grupo dichoso se fundamenta esencialmente en lo que son –p.ej., «pobres» (Lc 6.20)– o en lo que hacen –p.ej., «pacificadores» (Mt 5.9)–. Las Sagradas Escrituras incluyen diversas «bienaventuranzas» que ponen de relieve la afirmación divina para personas fieles (p.ej., Sal 2.12b; Mt 5–7; Ap 1.3).

En las Sagradas Escrituras las bienaventuranzas presentan una estructura literaria bien definida que incluye dos componentes primordiales. El primero presenta la fórmula de la bendición –p.e., «bienaventurado es el varón...»–; y el segundo identifica un tipo de comportamiento o conducta positiva –p.e., «...no anduvo en consejo de malos...»– (véase Sal 34.8). En el contexto del salmo inicial, la bienaventuranza identifica, en primer lugar, las conductas impropias de las personas (v.1), para posteriormente presentar las acciones que deben emularse (v.2).

El salmo es parte de esa importante tradición literaria en la Biblia, que afirma que el comportamiento diario debe fundamentarse en los principios y los valores que se promulgan en la Ley. La sabiduría, que de acuerdo a los Proverbios (1.7) es el temor o la reverencia al Señor, debe ser la base y el fundamento moral de la vida. La persona piadosa, religiosa, sabia, prudente o, en términos del salmo, «bienaventurada», es la que incorpora la sabiduría bíblica en su estilo de vida diario, pues, según el texto, ese tipo de sabiduría no es una virtud hipotética, especulativa o filosófica, con alguna repercusión de mayor o menor interés. Meditar en la Ley, entonces, no solo es motivo de contentamiento y felicidad, sino objeto de análisis sobrio, ponderado, profundo y crítico, pues el ser humano bienaventurado desea descubrir la voluntad divina para llevarla a efecto.

La comparación del ser humano y el árbol frondoso en común en el Antiguo Testamento (véase Sal 92.12-15; Jer 11.19; 17.8; Ez 17.5-10,22-24; 19.10), y también se repite en el Oriente Medio (p.ej., en la literatura egipcia y en Qumrán). Por lo común de las palmeras en la región, algunos estudiosos las identifican con el «árbol» del salmo (Sal 92.12). El uso de la palabra hebrea traducida como «plantado», puede ser una referencia a que el ser humano es feliz a la medida que se relaciona íntimamente con Dios, de la forma que el árbol se nutre junto a las fuentes de agua. Y la alusión a las aguas puede poner de manifiesto no solo los ríos y manantiales naturales sino los canales de irrigación que eran comunes en Egipto y Mesopotamia. De esa forma ordenada y efectiva el árbol recibía los nutrientes necesarios, independientemente de los caprichos del tiempo y sus inclemencias, para mantener sus hojas y brindar buenos frutos en la época precisa. Más que algún símbolo relacionado con la inmortalidad, la imagen afirma la importancia de vivir amparado en la Ley divina, que produce en las personas bienestar, seguridad, paz y prosperidad.

v.4: Las personas malvadas no siguen el camino de los justos ni disfrutan de sus abundancias. La imagen del «tamo que arrebata el viento», en contraposición a la gente bienaventurada de la primera sección del salmo (vv.1-3), posiblemente alude tanto a la gente pecadora como a su destino final. La referencia al tamo presenta lo efímero de la vida, lo superficial de la existencia humana, lo pasajero de la humanidad. La imagen del tamo perecedero que es movido por el vaivén continuo del viento caprichoso contrasta abiertamente con el árbol sobrio que permanece seguro junto a las corrientes de aguas. Esa metáfora frecuentemente es utilizada como referencia al juicio divino (p.ej., Sal 33.5; Os 13.3). El contraste es claro y directo: La gente fiel tiene estabilidad y seguridad en la vida; las personas pecadoras están a la merced de los vientos caprichosos e inimaginables de la existencia humana.

v.5: La comprensión adecuada de este versículo presenta algunas dificultades extraordinarias para los estudiosos de la Escritura. El Reino de la gente bienaventurada, en efecto, se relaciona con la capacidad que pueden desarrollar los seres humanos para vivir en un peregrinar que les lleve al futuro fundamentados en la lectura y meditación de la Ley de Dios, y les mueva al porvenir con aprecio e incorporación de las enseñanzas divinas.

SALMO 2: «EL REINO DEL UNGIDO DEL SEÑOR»

Mientras el primer salmo articula los desafíos a los que deben responder los individuos en la vida, el segundo revela la actitud de la comunidad de fe ante los problemas que se relacionan con las naciones en busca de poder. En el primero se afirma la importancia de la Ley divina, en el segundo se presenta al ungido del Señor, que tiene el poder para liberar a las naciones. Mientras en el primero se pone de relieve el proceso educativo y la sabiduría, en el salmo segundo se manifiesta la voz poética del mesías, que indica: «Servid al Señor con temor, y alegraos con temblor» (Sal 2.11).

La relación entre los primeros dos salmos puede verse en los siguientes detalles: Ninguno de los dos poemas tiene títulos hebreos o suscripciones, las bienaventuranzas juegan un papel de importancia en el escrito (1.1 y 2.12), y en la antigüedad se estudiaban unidos (Hch 13.33). En cierto sentido, el primer salmo presenta el tema de los dos caminos para los individuos, y el segundo continúa el mismo tema desde la perspectiva comunitaria, nacional e internacional. Estudiados desde esta perspectiva se puede afirmar que la unión de estos salmos es una magnífica introducción a todo el salterio, que tiene como finalidad inspirar y desafiar a individuos y pueblos a ser fieles a Dios, mediante el estudio profundo de la Ley y a través de la afirmación de sus implicaciones personales y nacionales.

El segundo salmo puede clasificarse claramente como un Salmo Real, en el cual el rey sin duda está detrás de la ideología del escrito. Y, posiblemente era parte de las ceremonias cultuales de entronización y coronación del monarca, o de las festividades anuales que recordaban y recreaban esos eventos. Esas actividades no eran rituales superficiales y pasajeros, sino eventos religiosos y políticos de gran significación social, militar y espiritual. El evento incluía el poner la corona real sobre la cabeza del rey, la presentación oficial del documento de iniciación del reinado, y la proclamación y unción del monarca (2 R 11.12). Algunos estudiosos piensan que el salmo incluye la primera afirmación del rey a sus súbditos (2.7-9).

Por las referencias directas al rey de Israel, se piensa que el salmo efectivamente proviene de la época preexílica, cuando la monarquía israelita jugaba un papel fundamental en la vida del pueblo. El autor posiblemente estaba relacionado a algún monarca de turno, o quizá era un profeta que tenía responsabilidades de importancia en el culto del Templo de Jerusalén.

Otros estudiosos, sin embargo, han relacionado el salmo con el período posexílico, y lo interpretan de forma profética y escatológica: ¡El rey aludido en el poema es el «David venidero», el Mesías esperado, el ungido que llegará en el futuro (Jer 23.5; 30.9; Ez 34.23; 37.24)! Y esa comprensión del salmo puede dar base a las importantes interpretaciones y lecturas cristianas y mesiánicas, que aplican sus temas fundamentales y sus enseñanzas básicas a la vida y ministerio de Jesús de Nazaret (véanse p.ej., Hch 4.25-26; 13.33; Heb 1.5; 5.5; Ap 2.27; 19.18).

En efecto, la lectura sobria y sosegada del poema descubre la universalidad del escrito, que evade hacer referencias históricas precisas y evita la identificación concreta de detalles que puedan ubicar el salmo en algún momento preciso en la vida del pueblo de Israel. Esa característica general y universal del salmo ha contribuido sustancialmente a sus interpretaciones mesiánicas. Además, esa misma peculiaridad le brinda al escrito el poder para ser parte de la introducción general al Salterio. El primer salmo afirma la Ley; y el segundo, al mesías.

Este salmo contiene las características básicas de la poesía hebrea. Incluye buena métrica y cuatro estrofas bien definidas. La primera estrofa (vv.1-3) describe las conspiraciones nacionales e internacionales contra el Señor y su ungido; la segunda (vv.4-6) presenta las reacciones del Señor ante los motines humanos; en la tercera (vv.7-9) se incluye el decreto divino a favor del ungido y su misión; y, finalmente, en la cuarta (vv.10-12), se da el ultimátum divino a las naciones y sus líderes, y se añade una bienaventuranza para las personas que confían en el Señor.

Desde la perspectiva literaria el salmo revela complejidades estilísticas, pues manifiesta un carácter dramático. El poeta incluyó en el escrito a diversos personajes, que levantan su voz en el salmo. En primer lugar hablan las naciones y sus reyes con arrogancia (vv.1-3), luego el Señor presenta al ungido (vv.4-5), posteriormente habla el rey, que brinda la proclamación divina (vv.7-9) y añade una palabra de consejo a las naciones y sus gobernantes (vv.10-12).

La estructura literaria y temática del poema es la siguiente:

• Lo que piensan y hacen las naciones: vv.1-3

• La respuesta divina: vv.4-6

• El decreto del ungido: vv.7-9

• Ultimátum a los líderes y a las naciones: vv.10-12

vv.1-3: El salmo comienza con una importante pregunta retórica. El poeta inquiere en torno al porqué los pueblos se amotinan o conspiran. Su pregunta es válida e importante. Intenta explicar el origen de los disturbios y las inestabilidades en las naciones, desea comprender la razón de los conflictos que producen en los individuos y los pueblos malestar, dolor, desesperanza, angustias, guerras, desolación y muertes. El salmista se hace la pregunta fundamental de la existencia: Entender el origen del sufrimiento.

Las preguntas del salmista pueden relacionarse con las transiciones de monarcas en la antigüedad. La muerte o deposición de algún rey se constituía, generalmente, en el comienzo de una serie de eventos que generaban instabilidad política y social en los pueblos. Las transferencias de mando y poder en el Medio Oriente comúnmente estaban acompañadas de rebeliones internas, guerras fratricidas, reorganizaciones socio políticas, amenazas enemigas y conflictos internacionales. Aunque no podemos identificar en la lectura del salmo algún problema histórico particular, es importante notar que el pueblo de Israel regularmente debía enfrentar las amenazas de sus vecinos, y en ocasiones llegaba a la guerra para defender sus territorios y autonomía.

La afirmación de que los pueblos piensan «cosas vanas», al conspirar y rebelarse contra el Señor y su ungido, es una clara declaración de esperanza y seguridad. ¡Es inútil el esfuerzo humano de rechazar la voluntad divina! ¡Es inefectiva la actitud de rebelión contra la revelación de Dios! Y aunque las naciones o los individuos se amotinen y se levanten, y sus líderes consulten y se organicen contra Dios, esas actitudes enemigas serán impotentes, pues el Señor se reirá de ellos (2.4). Para el salmista, los esfuerzos humanos de oponerse a la voluntad divina son inefectivos, aunque provengan de reyes y príncipes.

El verbo hebreo traducido por «piensan» en el versículo 2, es el mismo que se incluye en el Salmo 1.2 como «meditan», y también transmite la idea de murmurar. La idea de que las naciones estaban «pensando cosas vanas», alude a una actitud adversa y hostil de murmuración contra el pueblo de Dios, y revela lo fútil e inoperante de sus planes. Aunque los reyes tienen el poder y la autoridad de hacer planes bélicos y organizarse militarmente para la batalla contra otras naciones, esas campañas contra Dios no prosperarán ni serán exitosas.

Los reyes y príncipes del salmo son los enemigos del Señor (véase Sal 76.12; 102.15; 148.11), representan las fuerzas antagónicas a la voluntad divina, y son símbolos de la maldad oficializada e institucionalizada.

La referencia al ungido es de vital importancia en el salmo, en el libro de los Salmos, en el Antiguo Testamento, en la Biblia y en la teología. Desde el comienzo del Salterio se pone de manifiesto la importancia del ungido del Señor. Respecto a este tema del ungido, es importante señalar que únicamente en este salmo, en todo el Antiguo Testamento, se incluyen unidos los temas del rey divino, el ungido o mesías y el hijo de Dios. Esa trilogía temática fue vital en la presentación que hacen los evangelistas de Jesús de Nazaret, y también en el desarrollo de la cristología. El tema del Mesías o ungido es de tal importancia en el Salterio y la Biblia, que se incluye de forma destacada al comienzo mismo de toda la obra.

Los ritos de unción en el Medio Oriente no estaban confinados a los círculos reales ni se llevaban a efecto únicamente en Israel. En el Antiguo Testamento se alude a la unción de objetos o lugares –p.e., el altar (Éx 29.36; Nm 7.10), el arca (Éx 30.26) y el tabernáculo (Lv 8.10)–, de personas –p.ej., sacerdotes (Éx 28.41), profetas (1 R 19.16; 1 Cr 16.22; Sal 105.15) y reyes (1S 10.1; 16.3; 1R 1.39; 2 R 9.6)–. Estas ceremonias eran actos extraordinarios de separación e identificación de los lugares, objetos o personas especiales, consagradas y santificadas. En el segundo salmo se hace referencia a la unción del rey, que era visto por el pueblo como seleccionado y protegido de Dios. La particular fórmula posesiva, «contra el Señor y su ungido», pone de relieve la relación íntima, la cercanía, la interdependencia entre Dios y el mesías. En efecto, los procesos de unción en la antigüedad eran eventos especiales de santidad (1S 24.6,10; 26.9,11,23; 1R 21.10,13).

Las «ligaduras» y las «cuerdas» que deben ser rotas se refieren claramente a las ataduras de cuero que se ponían en los cuernos o el cuello de los animales, para sujetarlos y mantenerlos en sus lugares (véase Jer 27.2). En este contexto aluden de forma apropiada al cautiverio, sujeción y servidumbre. Sirven de metáfora para describir en el poema la rebelión contra el Señor y su autoridad.

vv.4-6: Ante la rebelión de las naciones y sus líderes, el Señor reacciona con autoridad y valor: Se ríe, se burla, les habla con ira y los turba en su furor. ¡La confabulación humana genera la ira divina! ¡La soberbia de las naciones incentiva el juicio de Dios! ¡La insensatez de los pueblos prepara el camino para su propia destrucción!

La referencia al que «mora en los cielos», a Dios, literalmente en hebreo es a quien «se sienta en los cielos», en alusión al trono divino como monarca del universo. El Rey de reyes, cuyo trono extraordinario está en los cielos (Sal 11.4; 103.19) y su poder es absolutamente superior al de los líderes humanos, responde a las actitudes impropias y rebeldes de las naciones. Las expresiones antropomórficas –es decir, las que atribuyen a Dios características humanas– revelan la creencia antigua de que la divinidad poseía sentimientos de las personas. Esas afirmaciones, sin embargo, no cautivan al Señor en las dinámicas humanas, ni son indicadores de impotencias ni debilidades divinas. Son esencialmente declaraciones poéticas y figuradas que intentan poner en lenguaje humano y común la capacidad divina: El Dios bíblico no resiste las confabulaciones egoístas de individuos, ni aprueba las rebeliones altaneras de las naciones.

La traducción del versículo seis presenta algunos desafíos particulares para las personas que leen y estudian el salmo. A diferencia del texto hebreo que sigue la traducción de Reina-Valera, las versiones de la Septuaginta (en griego) y la Vulgata (en latín) vierten el texto antiguo como «y yo he sido puesto como rey en Sión, su santa montaña». Y aunque esta alternativa de traducción no es imposible, pensamos que la comprensión tradicional del manuscrito hebreo es la adecuada. De esa forma se presenta el contraste entre el Rey de reyes y los monarcas humanos.

En los tiempos de la monarquía, Sión era un montículo que se relacionaba con la ciudad de David (2 S 5.7), posteriormente el nombre se dio al monte donde estaba ubicado el Templo de Jerusalén (Sal 132.13; Miq 4.2), y también se utilizó para referirse a toda la ciudad (Is 10.24; Jer 3.14; Am 6.1). En el contexto particular de este salmo, Sión se relaciona con Jerusalén, lugar que afirma la elección de la dinastía de David, donde el Señor puso a su rey (v.6).

vv.7-9: De acuerdo al texto hebreo del salmo, quien habla en esta sección –y posiblemente en la próxima sección también (vv.10-12)– es ciertamente el rey. El propósito específico es declarar el «decreto» del Señor, que posiblemente alude a un tipo particular de protocolo divino que daba validez a la dinastía de David. El contenido y las formas de estos protocolos son similares a los que se han descubierto en Egipto y Canaán. En los documentos egipcios se incluían particularmente los títulos del faraón y las responsabilidades y privilegios que le confería la deidad.

La expresión «mi hijo eres tu» es la fórmula de adopción antigua (véase, p.ej., el importante y antiguo Código de Hamurabi), que no necesariamente indicaba la deificación del monarca. Con esta fórmula, es probable que el salmo aluda al proceso de elección, unción e instalación del monarca. Con la expresión «yo te engendré hoy» se identifica el día preciso de la entronización, que se recordaba anualmente en ceremonias y rituales de otoño. Y la referencia a la adopción, aunque puede reflejar algunas prácticas antiguas extra-israelitas, afirma, en efecto, la intimidad y cercanía entre el monarca y Dios. La idea pone claramente de manifiesto la importancia de la institución de la monarquía en la teología de los salmos.

Como resultado de la adopción, el rey recibirá por herencia las naciones hasta los confines de la tierra. Como Dios es el Señor del Universo y la humanidad, y su poder se manifiesta con autoridad sobre el mundo entero, el rey como hijo adoptivo de Dios, recibirá poder para gobernar hasta los pueblos distantes, «los confines de la tierra». Y si fuera necesario, ese poder incluye niveles de quebrantamiento y destrucción.

La imágenes de la «vara de hierro» y el «alfarero» revelan el juicio y la violencia hasta donde puede llegar el rey, por ser hijo adoptivo de Dios. La vara de hierro alude al cetro real, que podía ser una vara larga o un bastón con un mazo. En este contexto, representa el poder y la autoridad del rey como hijo de Dios. Y la referencia a la «vasija del alfarero» revela la destrucción completa que puede estar en las manos del monarca. Como una vasija que no puede utilizarse con efectividad en piezas, el rey puede destruir a los adversarios de Dios de forma absoluta, definitiva y final.

vv.10-12: La sección final del salmo presenta el ultimátum divino a las naciones y sus líderes. Si desean evitar la destrucción y evadir la ira de Dios deben servir al Señor, que ciertamente es el principio de toda decisión sabia y prudente. En el pasaje pueden verse ideas universalistas, que ciertamente pueden aludir a la conversión de los gentiles. La persona que habla es posiblemente el rey como representante de Dios, aunque al Señor se le atribuyen expresiones similares (Jer 6.8). La palabra divina se dirige a los «reyes» y «jueces»: El texto hebreo se refiere particularmente a las personas que en su entorno original debían ejercer autoridad, gobernar y guiar al pueblo. El llamado divino es a la prudencia y la humildad, el reclamo es a superar la actitud de rebeldía y prepotencia.

La frase «servir al Señor» contiene los conceptos religiosos de adoración y humillación ante el Señor, y desde la perspectiva política transmite la idea de sujeción y reconocimiento del poder real. Las expresiones paralelas «servid» y «alegraos», ponen de relieve el gozo del servicio al Señor, la felicidad de reconocer la autoridad y el poder de Dios, la dicha de aceptar la voluntad y la revelación divina. Y las palabras «servid» (v.11) y «perezcáis» ponen de manifiesto la intensión teológica del mensaje: ¡Sirvan al Señor si no quieren perecer! El «temor» le añade al texto el componente teológico de la sabiduría, y el temblor revela el juicio. Las acciones no sabias de individuos y naciones generan la ira de Dios.

El texto hebreo de la primera parte del versículo 12 es complejo, y presenta un gran desafío para la comprensión, interpretación y traducción del salmo. Literalmente el manuscrito dice: «y regocíjense con temblor. Besen al hijo». El problema, que posiblemente se debe a alguna corrupción del manuscrito hebreo disponible, se revela inicialmente con el uso de las palabras «regocijar» y «temblor», que son muy difíciles relacionar en este contexto, pues manifiestan sentimientos contrarios en la misma frase. La complicación aumenta aún más, pues la palabra hijo en el pasaje se incluye en arameo –bar–, en vez de la esperada expresión hebrea –ben–.

Aunque las traducciones antiguas y las versiones modernas han tratado de superar las dificultades lingüísticas y textuales del pasaje de diversas maneras, posiblemente la solución más sensata es la que identifica el gesto de besar los pies como una forma reconocida de aceptación de autoridad y de humillación, un gesto físico que se convierte en una manera de honrar (véase, p.ej., Is 49.23; Miq 7.17; Lc 7.38,45). En esa tradición, el famoso rey asirio, Senaquerib, reportó en sus informes de batallas cómo los monarcas de Siria y Palestina le llevaron regalos y besaron sus pies.

El sentido del versículo es el reconocimiento de la autoridad real del monarca, que se convirtió en hijo adoptivo de Dios. Esa aceptación de la autoridad y afirmación de la voluntad del Señor evitan el enojo divino, detiene la ira de Dios y elimina las posibilidades de perdición. La imagen del fuego como símbolo de la ira de Dios es común en las Escrituras.

El salmo culmina con una bienaventuranza para toda gente que confía en el Señor. De esta forma se cierra un paréntesis teológico y literario que se inició con la bienaventuranza del salmo inicial: Son dichosos los individuos que meditan en la Ley (1.1), y también son felices las comunidades que confían en el Señor. Las bienaventuranzas divinas se manifiestan tanto en las personas que fundamentan sus decisiones en las instrucciones divinas, como en los pueblos que ponen su confianza en la revelación de Dios.

Las lecturas cristianas del segundo salmo han identificado dos temas de importancia capital en el desarrollo de la cristología: El primero es la afirmación del rey como hijo de Dios; y el segundo se relaciona con la oposición de las naciones y sus monarcas al reinado del Señor y su ungido. Desde la perspectiva de la iglesia, este salmo introduce dos temas de gran significación teológica y escatológica: El reconocimiento del Mesías cristiano como hijo de Dios, y el rechazo de la humanidad al proyecto divino del establecimiento del Reino de Dios.

La afirmación del salmo, «mi hijo eres tú», se convirtió en la descripción fundamental de la relación entre Dios y Jesús de Nazaret. Y aunque en el Antiguo Testamento las referencias al rey y al ungido tenían gran importancia, la teología cristiana enfatizó la relación paterno-filial de Jesús y Dios. Jesús era particularmente Hijo de Dios, y desde esa perspectiva teológica introduce el Reino de los cielos en Palestina. El Reino era la implantación de la voluntad divina en medio de la sociedad y las vivencias del pueblo.

Según el Nuevo Testamento, Jesús fue presentado como Hijo en varias ocasiones (p.ej., Mr 1.11; 9.7; 2 P 1.17), posiblemente para poner de manifiesto la singularidad de su naturaleza divina y humana. Esa particular característica es la que contribuye a la transformación del lenguaje bélico y político del segundo salmo en enseñanzas de paz evangélica y esperanza transformadora. Y en sus reflexiones cristianas en torno al salmo, los creyentes subrayan la universalidad del ministerio de Jesús y su importancia para la historia de la humanidad.

Este mismo salmo se utiliza en el libro de los Hechos de los Apóstoles (4.23-31) para describir la oposición que recibió la iglesia primitiva y Jesús de parte de las autoridades de las naciones, específicamente las romanas. Según la interpretación cristiana, los creyentes no debían temer ante las amenazas y persecuciones de los poderes humanos, pues debían confrontar a las naciones y sus gobernantes con el mensaje liberador de la palabra divina. Ese mensaje, fundamentado en las enseñanzas de Cristo, tenía el poder de salvar individuos, redimir comunidades, transformar pueblos y liberar naciones.

La teología cristiana respecto al salmo llega a un punto culminante en el libro del Apocalipsis de Juan (11.18; 19.19). En la gran batalla escatológica, el Rey de reyes y Señor de señores se levantará triunfante contra los poderes antagónicos de la humanidad. El Señor se levantará airoso en medio de las calamidades extraordinarias del final de los tiempos, pues los reinos humanos pasarán a ser del Señor y de su Mesías para siempre (Ap 11.15). De acuerdo a la lectura cristológica del salmo, la victoria definitiva será del Mesías y de su pueblo (Ap 2.26-29).

SALMO 3: «ORACIÓN MATUTINA DE CONFIANZA EN DIOS»

El tercer salmo presenta una oración intensa, profunda, sentida. El salmista clama por apoyo y seguridad, en medio de la persecución y delante de la multitud de los adversarios. Su fuente de esperanza está en el Señor, y su salvación proviene del Dios que se «levanta». Para el poeta del salmo, su refugio no es humano sino divino, y su futuro está en las manos de quien tiene el poder y el deseo de redimirlo. Luego de los primeros dos salmos de énfasis didáctico y sapiencial, se presenta esta plegaria individual que reclama ayuda divina en medio de la crisis.

Generalmente, este salmo se relaciona con los lamentos individuales del Salterio. En su título hebreo se indica que es un salmo de David, cuando huía de su hijo Absalón (2 S 15–19). Como el resto de estos títulos hebreos, esta referencia es una añadidura posterior que intentaba relacionar los salmos con David, que era reconocido en el pueblo no solo como monarca y militar, sino como poeta, músico y «dulce cantor». En el salmo se alude a los enemigos en forma general, y no se menciona específicamente a Absalón, tercer hijo de David, cuya madre, Talmai, era la hija de Geshur, monarca de Aram (2 S 3.3).

El lenguaje militar que se manifiesta en el salmo puede ser indicativo de que su autor era parte de la corte real –o inclusive ¡un rey de la dinastía de David!–, aunque alguien fuera de esos círculos reales pudo haber escrito un poema de angustia personal, fundamentado en sus experiencias adversas en la vida. Y si quien habla en el salmo es el rey, entonces el contexto litúrgico era algún día de dolor e intercesión nacional; si, por el contrario, su autor es un israelita afligido y necesitado, el contexto del poema era la plegaria personal e individual en algún momento de particular crisis, enfermedad o acusación injusta. Posiblemente,, el salmo fue escrito en el período preexílico, pues el idioma manifiesta un tipo de ambiente bélico tradicionalmente relacionado con el período de la monarquía israelita.

La poesía del salmo incluye cuatro estrofas y una métrica regular. Comienza con una invocación al Señor, que precede la descripción de la plegaria. El tema del salmo se mueve del clamor en la dificultad a la afirmación de confianza y seguridad en Dios: Desde la expresión de herida profunda y mortal (v.7), hasta la celebración de la victoria que proviene del Señor (v.8).

La estructura del salmo es la siguiente:

• La crisis del salmista: vv.1-2

• El Señor es mi escudo: vv.3-4

• El Señor es mi victoria: vv.5-7

• El Señor es mi salvación: v.8

vv.1-2: El salmo comienza con preocupación y dolor: ¡Se han multiplicado los adversarios y enemigos del salmista! El poeta se admira de las dinámicas que le rodean, que en vez de propiciar seguridad y esperanza presagian conflicto y lucha. La oración final de la estrofa es reveladora: ¡Los enemigos le indican que Dios no lo puede ni quiere salvar! Se afirma de esta forma lo extremo de la crisis, se pone de relieve la naturaleza del dolor, se revela la desesperanza en grado sumo.

Lo que caracteriza el inicio de la oración es la preocupación, sin embargo, como la plegaria se hace a Dios, manifiesta un sentido implícito y solapado de esperanza. El salmista se allega al Señor en medio de la crisis, pues entiende que las fuerzas que afectan su existencia pueden cambiar ante las acciones divinas de liberación. La admiración de la primera estrofa pone en evidencia la seriedad del problema.

En el poema no se identifican con precisión los «adversarios», aunque la referencia puede aludir a los enemigos tradicionales del rey p.ej., naciones enemigas y monarcas extranjeros; y cuando el salmo se leía posteriormente en la historia, cuando la monarquía había cesado, la expresión podía entenderse en términos de los antagonismos personales e individuales. La multitud que habla en contra del adorador describe apropiadamente tanto a gente rebelde (2 S 18.31,32) como a los enemigos personales (Jue 20.5) y las naciones extranjeras (Abd 1).

Según los adversarios y las personas que se levantaban en su contra, la condición del salmista no propiciaba ningún tipo de ayuda, ni resistía el apoyo. Para sus enemigos, ¡ni Dios mismo podía intervenir para rescatar y salvar al salmista de su crisis! La gravedad de su condición llegó a tal punto, que no tenía remedio, ni futuro. Posiblemente,, de acuerdo a la teología de la época, se pensaba que la persona aludida había pecado de forma extraordinaria (Job 8.6), para estar en esa condición terminal.

La palabra hebrea Selah, que no se traduce en las versiones Reina-Valera de la Biblia, se encuentra en 74 ocasiones en el Antiguo Testamento: 71 en el Salterio y 3 en Habacuc. Tenía, posiblemente, algún valor musical, invitaba a la congregación a responder de alguna manera, e inspiraba al pueblo a incorporarse en el culto (véase la Introducción).

vv.3-4: Luego de comprender la gravedad de su condición y situación, el salmista profesa su fe en el Señor, que es «escudo» y «gloria». La imagen del escudo alude a una muy importante armadura de defensa del guerrero. Este equipo de batalla era de forma redonda, y podía ser de metal o probablemente de madera cubierta de cuero, que previamente había sido preparado con aceites y grasa de animales (Is 21.5).

En el contexto del salmo se compara a Dios con el escudo del guerrero, que revela su utilidad e importancia al fragor de la batalla. Dios protege al salmista de los ataques de sus enemigos y adversarios, y se convierte en la fuente de su seguridad y esperanza. Esa capacidad protectora de Dios le hace merecedor del ser la «gloria» del salmista. Posiblemente,, la expresión debe entenderse como una referencia a Dios, en «quien me glorío», que transmite la idea de «quien restablece mi honor, afirma mi dignidad y reconoce mi integridad» (Sal 21.5; 62.7).

«Levantar la cabeza» es generalmente una imagen legal y jurídica. Puede aludir al gesto del juez cuando declara la inocencia de algún acusado, y lo demuestra ordenando el gesto de levantar la cabeza. La expresión también puede reflejar los antiguos entornos penales, cuando se liberaba de la prisión a alguna persona (Gn 40.13,20; 2 R 25.27; Jer 52.31). En el contexto teológico y espiritual del salmo, la expresión revela la actitud divina que es capaz de transformar las realidades adversas de las personas afligidas y necesitadas al «levantarlos» y ponerlos en algún sitial de honor y dignidad. De un lado, el salmista acepta la gravedad de su condición; del otro, reconoce la capacidad divina de liberación.

Ante el clamor y grito del salmista, el Señor responde desde su monte santo. Dios recibe las plegarias que surgen de la angustia y responde las oraciones que reconocen su necesidad. Su monte santo alude a la morada divina, que en el salmo es una referencia a Sión (Sal 2.6). Y aunque en Israel la santidad divina se manifestaba en la presencia del Arca del pacto o en el Templo, el monte santo era para las culturas del Medio Oriente el particular lugar de morada de la divinidad; y representaba, además, la bóveda celeste y la tierra que le pertenecía al Señor (Sal 14.7; 20.2).

vv.5-7: Luego de las afirmaciones de dolor y de preocupación, el salmo incluye varios elementos de esperanza. El salmista durmió –¡y tuvo lo que parece ser una pesadilla!– y al despertar se percató que Dios le acompañaba y sustentaba. El apoyo divino da valentía y fortaleza para enfrentar a los enemigos que le sitiaban. La presencia de Dios le permite despertar con sentido de futuro y seguridad. Y la oración del salmista, al descubrirse protegido y cuidado, es de afirmación y seguridad: ¡El Dios bíblico hiere a los enemigos y quebranta a los perversos!

Las referencias al sueño aluden al proceso de descanso y reposo, no son indicaciones de búsqueda de revelación . Y la invocación «levántate», más que al acto físico de incorporarse, revela el deseo de intervención divina que manifiesta el salmista, revela su apetito por la revelación de Dios, alude a su anhelo de salvación y futuro (Is 60.1). Posiblemente, esa expresión «levántate Señor» era un tipo de grito de guerra relacionado con el Arca del pacto (Nm 10.35; Sal 68.1), que simbolizaba la presencia divina. ¡El Dios del salmista tiene el poder de salvar y el deseo y de redimir!

«Herir en la mejilla» es una forma de insulto y desprecio (1 R 22.24; Job 16.10; Lm 3.30; Miq 5.1). Y la metáfora de «los dientes de los perversos quebrantados», evoca la imagen de las fieras salvajes que no tienen el poder de hacer daño (Job 29.17; Sal 58.6). Juntos, estos dos artificios literarios ponen de manifiesto el poder divino que le permite al salmista levantarse airoso de la crisis.

v.8: La afirmación final del salmo es de seguridad y esperanza: La salvación le pertenece a Dios, y la bendición es para el pueblo. Luego del reconocimiento de las complejidades y dificultades de la crisis, el salmista profesa que el dolor no tiene la última palabra contra la gente de bien, ni la angustia es la condición definitiva de las personas con fe. La primera parte del versículo final es una confesión pública de fe; y la segunda, una petición de bendición divina.

La lectura cuidadosa del salmo pone de relieve la realidad de la vida, con sus complejidades, contradicciones y desafíos. El salmista expresa su queja ante sus enemigos, pero también revela su convicción de que Dios responde a sus plegarias e interviene en la vida. Y fundamentado en esas convicciones, declara su fe y esperanza, y afirma con seguridad que la victoria en la vida emana del Señor.

Este salmo comienza una serie importante de oraciones (p.ej., Sal 4–6) que son una especie de respuesta a la teología y los propósitos de los primeros dos poemas del Salterio: ¡La gente bienaventurada, que medita en la Ley y confía en el Señor, reconoce la importancia de la oración!

SALMO 4: «ORACIÓN VESPERTINA DE CONFIANZA EN DIOS»

Similar al poema anterior, este salmo es una oración intensa de confianza y seguridad en el Señor. El salmista clama por la respuesta divina en forma de justicia, misericordia y alivio. Su oración responde a la infamia, vanidad y mentira de la gente, y se fundamenta en la capacidad de intervención liberadora que tiene el Señor. El salmista, luego de la oración, duerme confiado, aunque sea objeto de persecuciones y acusaciones injustas, pues reconoce que la presencia divina le acompaña.

El salmo es un tipo de lamento individual, que a su vez puede catalogarse temáticamente como una oración de confianza personal. Posiblemente,, su contexto original eran las ceremonias religiosas del Templo de Jerusalén, donde se dilucidaban algunos casos complicados de índole legal (Dt 17.8-13; 19.16-21); no debe relacionarse este poema con las oraciones antiguas que pedían lluvias a las divinidades. El salmista, que en su entorno inicial no necesariamente es el rey ni el sumo sacerdote, transmite los sentimientos comunes de las personas que en medio de alguna crisis desean afirmar su confianza en Dios. Posiblemente,, el autor está acusado injustamente de algún crimen, y aunque fue declarado inocente, todavía siente algunas voces de injuria y calumnia. Como el salmo no identifica precisamente al autor y sus circunstancias, la interpretación se hace complicada.

El título hebreo del salmo pone de relieve algunos de sus detalles musicales. Relaciona el poema con el «músico principal», que posiblemente era el levita encargado de los cánticos del Templo (véase 1Cr 15.21 y la Introducción). «Neginot» alude quizá a los instrumentos de viento –p.ej., una flauta– que se utilizaban en la música y en el acompañamiento de las alabanzas a Dios en el Templo de Jerusalén (Sal 6; 54; 55; 61; 67; 76). La referencia a David asocia el poema con el famoso rey de Israel, y con la colección de salmos que se le atribuyen. Y la inclusión del término hebreo Selah en dos ocasiones confirma la importancia musical del salmo.

El salmo tiene cuatro estrofas, que se disponen estructuralmente de la siguiente forma:

• Invocación a Dios: v.1

• Respuesta divina: vv.2-5

• Seguridad divina: vv.6-7

• Confianza en el Señor: v.8

v.1: El salmo comienza con un petición clara y directa: El salmista está en medio de una gran crisis personal e invoca la justicia divina, al desconfiar de los procesos jurídicos humanos. Clama en medio de la angustia, y afirma que en situaciones anteriores de dolor el Señor se ha manifestado con justicia, alivio y misericordia. ¡El Dios del salmista escucha sus oraciones!

La referencia a Dios como «justicia mía» alude al poder divino de vindicar y hacer justicia a personas que han sido procesadas de manera injusta y calumniosa. Y las manifestaciones de apoyo y misericordia son expresiones claras del poder liberador de Dios, que se manifiestan de manera gratuita.

vv.2-3: El salmista pregunta «hasta cuándo». En medio del dolor clama, exclama y reclama, pues desea ver terminadas sus angustias. El poeta, en la crisis, confronta a sus adversarios con la seguridad que tiene en Dios. Su preocupación básica se relaciona con su honra, que es un valor fundamental que incluye los conceptos de honor, prestigio e integridad. Las actitudes de infamia, vanidad y mentira de sus acusadores y enemigos se sobreponen a dos de los valores fundamentales de la vida: La verdad y la justicia. La referencia al honor no necesariamente alude al rango político o abolengo social del salmista, aunque no los excluye.

La respuesta del salmista ante la crisis es de confianza y seguridad. Afirma de forma general que el Señor ha escogido para sí a la gente piadosa, y añade, desde la perspectiva personal, que Dios le escuchará cuando clame. De acuerdo al poema, el Señor mismo ha separado a la gente piadosa para que reciba un trato justo y digno en la vida, no los ha dejado a merced de la injusticia y la mentira. Y la referencia al «piadoso» que ha sido escogido por el Señor, describe a la persona que ha aceptado la voluntad de Dios y se ha incorporado al pacto o alianza.

vv.4-5: Estos versículos presentan el reclamo del salmista ante sus acusadores. Les invita a actuar con temor y a evitar el pecado, les llama a meditar en el anoniMto de la noche y en la soledad, y les desafía a humillarse, ofrendar y confiar en el Señor. El pasaje, que presenta varias dificultades textuales, transmite la idea de forma precisa: El salmista reclama justicia de quienes le persiguen, y evoca la autoridad divina para que detengan sus acciones injustas y crueles. El fundamento del clamor del salmista es su confianza en el Señor, que pasa a sus enemigos para que cambien de actitud.

La palabra traducida en Reina-Valera como «temblad», transmite la idea de temor y reconocimiento ante el Señor, y unida a la frase «no pequéis», reclama un cambio radical de actitud en la vida. En la Epístola a los Efesios se cita libremente este línea poética, para advertir a los creyentes de los problemas relacionados con la ira y las dificultades asociadas con mantener el enojo (Ef 4.26).

«Meditad en vuestro corazón» es una manera hebrea de decir piensen, analicen, ponderen; inclusive la expresión evoca la idea de examinar sus consciencias. El salmista llama a la introspección, a la reflexión profunda. Ese gesto meditativo necesita una actitud de silencio y respeto, en el entorno más íntimo de la persona: la alcoba, la cama, el lugar del descanso reparador.

El argumento del salmista culmina con una invitación solemne a la demostración de la piedad: Ofrecer «sacrificios de justicia» y manifestar confianza en el Señor. Ese particular tipo de sacrificio debe hacerse utilizando las ceremonias apropiadas y manifestando las actitudes correctas. Y la referencia a la confianza en el Señor revela el sentimiento que debe acompañar las ceremonias religiosas.

vv.6-7: El salmista, luego de presentar el mensaje a sus adversarios, cita las aspiraciones de sus enemigos, quienes desean encontrar el bien y anhelan ver el rostro luminoso de Dios. ¡Son muchos los adversarios que reclaman el rostro divino! La imagen del rostro de Dios es una manera de referirse al bien, representa la acción divina en el momento oportuno, alude al acompañamiento de Dios en el instante de necesidad. Ese rostro, en efecto, es fuente de iluminación, bondad y bienestar, y su descubrimiento y aprecio genera esperanza, fortaleza y seguridad.

El rostro del Señor, además, es manantial de gran alegría, que supera la felicidad que produce la abundancia y el vino. Reconoce el salmista, en boca de los enemigos, que la presencia divina genera en las personas la dicha necesaria para vivir con salud y bienestar. Además, la referencia a «alzar la luz del rostro divino» puede ser una alusión a la bendición sacerdotal (Nm 6.24-26).

v.8: Finaliza el salmo con una expresión de seguridad absoluta. ¡No habrá más noches de desvelo para el salmista angustiado y preocupado! La paz le arropará e inundará, pues su confianza está en el Señor. Esa seguridad proviene únicamente del Señor, pues su rostro ilumina y protege su sueño. La expresión «porque sólo tú» pone de manifiesto el fundamento teológico y espiritual del salmo y del salmista: El Señor es la fuente de su seguridad.

El salmo comienza con un profundo clamor por justicia. El salmista se siente injustamente perseguido y calumniado, y con esperanza reclama la intervención de Dios. Sin embargo, el poema finaliza con una extraordinaria afirmación de fe y seguridad: ¡El Señor hace vivir confiado al salmista! Junto al tercer salmo, este poema pone en evidencia la amplitud de la confianza que genera el Señor en los creyentes: ¡La oración que implora a Dios ayuda y apoyo, se hace en la mañana y la noche!

El versículo final del salmo ha inspirado a generaciones de creyentes a culminar su día con esa oración de seguridad. Esa profunda convicción espiritual del salmista es la que motiva a los creyentes a afirmar como el sabio apóstol: «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Fil 4.7).

SALMO 5: «PLEGARIA PIDIENDO PROTECCIÓN»

En la tradición de los dos salmos anteriores, el quinto presenta la súplica de una persona acusada injustamente y que acude humildemente al Señor para presentar su caso e implorar justicia. Sus acusadores son personas insensatas, mentirosas, malvadas, sanguinarias y engañadoras, que no se inhiben hasta lograr sus objetivos de maldad. El salmista invoca la intervención de Dios y clama por el castigo y la caída de sus enemigos. Finaliza el poema con una gran declaración de confianza por la capacidad de salvación divina y por su compromiso con la defensa de la persona justa.

El salmo se puede incluir en la categoría general de los lamentos individuales, pero en realidad es la oración de una persona inocente que solicita en su dolor la protección divina. El título hebreo es el mismo que se incluye en el Salmo 4 (véase comentario al salmo), y brinda muy poca información referente a los detalles sociales, religiosos y litúrgicos del poema. Y como la información histórica que se incorpora y revela en el poema es muy escasa, no se puede determinar con precisión el autor del salmo, ni se puede descubrir con seguridad la fecha de composición.

Por las referencias al Templo (v.7), el salmo debe ser de origen pre-exílico, y posiblemente se utilizaba en relación a las ofrendas y los sacrificios de la mañana. Algunos estudiosos piensan que un mejor contexto original del salmo eran las dinámicas que se relacionaban con los procesos jurídicos en el Templo de Jerusalén.

El análisis de la estructura literaria del salmo pone de manifiesto cinco estrofas que se alternan temáticamente. De un lado, se incluyen oraciones y afirmaciones para la gente piadosa y justa; del otro, la naturaleza y futuro de las personas injustas:

• El Señor escucha mis palabras: vv.1-3

• El futuro de los insensatos: vv.4-6

• El Señor me guía en su justicia: vv.7-8

• El castigo de los mentirosos: vv.9-10

• La alegría de los que confían en Dios: vv.11-12

vv.1-3: La oración comienza con una petición del salmista, con un clamor intenso: ¡Señor «escucha mi gemir» y «atiende a mi clamor»! Esas expresiones, características de los salmos de lamentación, ponen de manifiesto la magnitud de la aflicción, revelan la intensidad del dolor, subrayan la necesidad del adorador, identifican la angustia del salmista. Más que una palabra religiosa superficial o una oración memorizada de poca significación, el poeta se presenta ante Dios con un clamor profundo, con una plegaria intensa, con una oración de petición y ayuda. La referencia a la oración «temprano en la mañana» indica la urgencia del clamor.

La confianza del salmista está en que Dios le puede escuchar, pues le reconoce como su rey y su Dios. La oración es intensa e íntima. ¡Reconoce el autor la autoridad divina sobre los monarcas humanos! El salmista llega al más alto foro legal en donde puede presentar su caso, ante Dios. El Señor es el juez por excelencia, que tiene la capacidad de establecer la justicia en el instante oportuno.

Las expresiones «mi Rey» y «mi Dios» revelan el sentimiento profundo del adorador: El Señor no es el monarca distante despreocupado por los dolores de su pueblo, ni es la divinidad impersonal ajena a las dinámicas diarias de su pueblo. Para el salmista, el Señor es el Dios cercano e íntimo, que le brinda las fuerzas necesarias para confiar y esperar su intervención redentora.

vv.4-6: Junto a una afirmación teológica en torno a la divinidad, el salmista describe a sus adversarios. ¡Insensatos y arrogantes que se complacen en la maldad y la injusticia! El Dios del salmista no acepta la maldad como un comportamiento adecuado, ni permite a los inicuos estar delante de su presencia. El Señor destruye a los mentirosos; y abomina, el Dios del salmista, a la gente sanguinaria y engañadora.

Estas afirmaciones teológicas, que revelan la naturaleza justa de Dios, ponen en clara evidencia un nivel avanzado en el desarrollo religioso del salmista y de la humanidad. Aunque esas declaraciones están muy acorde con la teología cristiana, la literatura antigua presenta los excesos, conflictos y las actitudes caprichosas de las divinidades de las ciudades antiguas de Canaán y Ugarit.

La relación íntima y la dinámica recíproca entre la justicia y la divinidad es una contribución significativa de la literatura bíblica a la teología. El Dios de las Sagradas Escrituras es justo, y esa naturaleza especial le hace rechazar la maldad como una manifestación divina adecuada. Las expresiones de rechazo –p.e., «no habitarán junto a ti» y «no estarán delante de tus ojos»– pueden aludir a la negativa divina ante los gestos, las oraciones y los sacrificios de adoradores que llegan al Templo, pero que actúan de acuerdo a la maldad.

De acuerdo a la teología del salmo el Señor rechaza tanto el pecado como al pecador. Esa afirmación, que puede parecer extraña en la teología cristiana, puede entenderse a la luz de una comprensión más amplia de la afirmación. En efecto, Dios rechaza todo lo relacionado con el pecado, inclusive a las personas, hasta que se incorpora una actitud de arrepentimiento y humildad. Cuando la persona pone fin a su actitud siniestra de maldad, entonces se aleja del juicio divino y recibe la misericordia de Dios.

vv.7-8: En contraposición a la actitud adversa de sus enemigo, el salmista se presenta ante Dios con humildad y se allega al Templo esperando la misericordia divina. Reconoce la importancia del Templo como Casa de Dios, y se dispone a adorar con reverencia. Y el resultado de su gestión religiosa es un clamor extraordinario: ¡Señor guíame en tu justicia!

Adorar «hacia el santo Templo» revela la costumbre antigua de los judíos de la diáspora de hacer sus oraciones, o cumplir sus responsabilidades religiosas, orientados hacia Jerusalén, la Santa Ciudad, en donde estaba ubicado el Templo (1R 8.35,38,42; Sal 28.2; 134.2; 138.2; Dn 6.10). Esa práctica presuponía que Dios habitaba en el Templo, que transmitía la idea de morada o casa. Orar orientado hacia el Templo era una manera de reconocer la presencia divina en ese lugar.

La petición final del salmista, «endereza tu camino», es una forma figurada de pedirle a Dios que le ayude y le permita enfrentar las dificultades de la vida con sabiduría y autoridad. No le pide al Señor que lo saque del camino ni que le evite las adversidades, sino que le prepare el sendero y le ayude a transitar la vida con valor y firmeza.

vv.9-10: Esta sección describe de forma gráfica a los enemigos del salmista: La boca de ellos comunica mentiras y falsedades; y su interior –es decir, lo que se anida en lo más profundo del ser–, está lleno de maldad. Sus adversarios son hipócritas, malos y mentirosos. Para el salmista, el problema real de quienes le acusan es el sepulcro o la muerte que tienen en su interior.

Esa imagen de la muerte es el fundamento de las acciones de los enemigos del salmista, es la base de las palabras que emiten. La comunicación y las acciones mismas de sus adversarios y perseguidores están influenciadas por el ambiente del sepulcro, que evoca descomposición y destrucción.

Ante esas actitudes, el salmista reclama el juicio divino: ¡Castígalos, Señor, por sus intrigas, por sus transgresiones, por sus rebeliones! ¡Hazlos pagar por lo que me han hecho!, parece decir el poeta en su oración. En su clamor a Dios, les desea que caigan y que sean echados fuera de la presencia divina. Su oración es una plegaria de vindicación firme y decidida, es una oración que responde a sus sentimientos más profundos de dolor y persecución, es un clamor que se origina en sus experiencias adversas de injuriado y calumniado.

El texto revela que se manifiestan en el salmista los resentimientos y los deseos de venganza que deben ser superados para propiciar la salud mental y espiritual. Ante situaciones similares, los seres humanos reaccionan con violencia, y desean verse restaurados y restituidos. Sin embargo, la gente no puede vivir feliz cuando las fuerzas que guían sus vidas están motivadas por la revancha y la venganza. La dicha se manifiesta en las personas cuando el fundamento de sus acciones no es la insanidad que produce el resentimiento, sino la paz que genera la salud mental y espiritual.

vv.11-12: La palabra final del salmo es de contentamiento y optimismo. Se alegran las personas que confían en el Señor, pues Dios mismo les defiende, les apoya y les bendice. El Señor es como un escudo protector alrededor de las personas justas, y les manifiesta su favor y su amor. Esas acciones divinas producen en el salmista seguridad, esperanza y regocijo.

El motivo de gozo no es en este caso el juicio o la destrucción de los adversarios del salmista, sino la protección e intervención divina. Amar el nombre divino es una forma de expresar su amor al Señor. En este contexto es importante señalar que en la antigüedad se pensaba que había una relación estrecha e insustituible entre el nombre y la persona que lo lleva. En el particular caso del nombre divino, el Antiguo Testamento está cargado de relatos en los cuales ese nombre tiene gran significación teológica y espiritual (p.ej, Éx 3.13-15; 6.2-3).

La frase final del salmo, «lo rodearás de tu favor», es sinónima de bendición, y presenta una de las características fundamentales de la oración: Aún ante las adversidades más amargas, la gente de fe recibe la bendición divina, pues Dios mismo les rodea de amor. Y aunque la vida se viva en medio de contradicciones y esperanzas, en medio de persecuciones y bendiciones, en medio de problemas y expectativas, en medio de conflictos y posibilidades, la gente justa da voces de júbilo y se regocija en la seguridad que le brinda el Señor. El secreto de la oración, según el salmo, se relaciona con el sentido de justicia y seguridad que manifiesta.

En su importante Epístola a los romanos, el apóstol Pablo cita el versículo nueve de este salmo, en su discurso sobre el poder del pecado que arropa a la humanidad, tanto a judíos como a gentiles (Ro 3.13). Y aunque la finalidad original del salmo no necesariamente se relaciona con la afirmación y teología paulina, la interpretación apostólica es muy válida y pertinente. En efecto, la maldad no tiene la última palabra en la vida, la injusticia no es el destino final de los fieles, la destrucción no constituye el propósito de Dios para la humanidad. Al final de todo, Dios sigue siendo Dios, pues tiene control de la historia y de la humanidad. El favor divino es mayor que la actitud rebelde de los enemigos, pues el amor de Dios es superior al los odios, rencores y resentimientos humanos.

SALMO 6: «ORACIÓN PIDIENDO MISERICORDIA EN TIEMPO DE PRUEBA»

Este salmo clama de forma apasionada e intensa por el amor y la misericordia divina en un momento de gran dificultad y angustia. Se invoca la gracia que se sobrepone a la ira y al enojo de Dios. La referencia directa a la enfermedad identifica específicamente la calamidad, que se relaciona en el poema con el juicio divino. La gravedad del problema o enfermedad puede llegar hasta a «turbar el alma» del salmista, que es una forma poética de indicar la extensión y la naturaleza de la crisis: ¡Puede generar confusión y desesperanza en las personas! Y como el idioma de la enfermedad y la sanidad se utiliza metafóricamente con regularidad en el Antiguo Testamento, el salmo pasó a ser utilizado como una plegaria para la restauración del pueblo. En este sentido figurado, las calamidades que traían al pueblo debilidad eran vistas por los escritores bíblicos como una particular forma enfermedad.

La iglesia cristiana, desde el siglo quinto, ha identificado este poema como el primero de varios salmos penitenciales, particularmente utilizados durante la Semana Santa (véase Sal 32; 38; 51; 102; 130; 143). Y aunque el salmo no contiene recomendaciones directas o expresiones explícitas a la penitencia, la lectura piadosa de los cristianos y las cristianas vieron en sus imágenes un claro mensaje de contrición.

Generalmente, el salmo se clasifica como un lamento individual, que describe y articula la experiencia del dolor comunitario. Posiblemente,, el salmo se utilizaba en el culto del Templo, cuando se oraba por alguna persona en necesidad (2S 12.16; 1R 8.37) o cuando el pueblo pasaba por algún instante de crisis nacional. El poema se debe haber escrito en la época post exílica, a juzgar por las similitudes que presenta con literatura de esa época (v.1 y Sal 38.1; v.2 y Sal 41.2; v.6 y Jer 45.3; v.7 y Sal 31.10; v.8 y Sal 119.115; v.10 y Sal 35.4,26; 83.13).

El título hebreo del poema es similar al que se incluye en los salmos cuatro y cinco, con la única diferencia de la referencia a Seminit, que posiblemente alude a un instrumento musical de ocho cuerdas.

El salmo puede dividirse en cuatro estrofas. En las primeras tres se alternan los lamentos y las peticiones que produce en el adorador un sentido extraordinario de intimidad y humildad. La estrofa final es una especie de añadidura que pone de relieve la intervención sanadora de Dios, luego de haber superado la enfermedad y la crisis. El cambio brusco en el tono del salmo (vv.8-10) se puede deber a la intervención de algún oráculo divino, a través de algún profeta del culto o sacerdote.

La estructura del salmo es la siguiente:

• Petición por misericordia: vv.1-3

• Oración por salvación: vv.4-5

• Lamento por los angustiadores: vv.6-7

• El Señor ha oído la oración del salmista: vv.8-10

vv.1-3: El salmista presenta rápidamente su preocupación profunda: No quería ser reprendido por el Señor, pues prefería la misericordia y la sanidad divida al enojo y la ira de Dios. Clama en medio del dolor extremo que produce una enfermedad que le abate hasta los huesos, y que le genera algún tipo de crisis emocional o depresión.

La frase «no me reprendas en tu enojo» es un atropomorfismo, que es un recurso literario que atribuye a Dios características de las personas. Y anuque la ira y el enojo divino están generalmente acompañados de la justicia de Dios (Jer 30.11; 46.28), el salmista entiende que en medio de su dolor extremo y enfermedad está más necesitado de la misericordia y el amor. Esa plegaria pone de manifiesto un valor extraordinario de la teología cristiana, que entiende el amor de Dios como una fuerza que sobrepasa todos los límites del entendimiento.

Para el salmista la enfermedad que le abatía le afectaba los huesos y el alma. Es decir, la calamidad tenía repercusiones físicas y espirituales, y manifestaba niveles biológicos y emocionales, en una clara referencia a la totalidad de la vida. El salmista, de esta forma, relaciona dos conceptos de gran importancia religiosa: el juicio divino y la enfermedad. Y esa relación íntima entre la salud y el pecado le hace preguntar con firmeza: ¿Hasta cuándo, Señor?

Como en la antigüedad se pensaba que las enfermedades y las adversidades de la vida se relacionaban con el pecado (Éx 15.26; 2R 5.7), se entendía que únicamente el Señor era el sanador por excelencia, que equivalía al perdón divino y la liberación (Sal 41.4). La imagen del alma turbada ilustra la profundidad de la crisis (Gn 45.3). Y la pregunta retórica, «¿hasta cuándo?», es característica de varios salmos de lamentación (Sal 74.10; 79.5; 80.4). Su objetivo es expresar claramente la inquietud y la preocupación del poeta en torno a la naturaleza de la calamidad y el tiempo para su culminación o término. En la pregunta se revelaba implícitamente una petición para que finalizara la enfermedad y el dolor.

vv.4-5: El poeta se torna a Dios, y reclama su misericordia. ¡Clama por salvación! Le pide que libre su alma, que es una manera de referirse a la totalidad de la vida. Esta importante palabra hebrea nefes, que tradicionalmente se ha traducido como «alma» –y que aparece como 755 veces en el Antiguo Testamento– denota por lo menos tres niveles principales de sentido: en primer lugar se refiere a la vida misma, a la esencia vital del ser humano (Sal 107.5). El término también puede aludir al mundo emocional y se relaciona con varias expresiones sicológicas; y finalmente el término puede utilizarse para describir varias partes del cuerpo –p.ej., «garganta», «cuello» o «boca» (Sal 69.1; Is 5.14; Jon 2.5)–, para describir algunas ideas –p.ej., «envidia» «apetito», «deseo» o «coraje»– o para identificar a alguna «persona», «individuo» (Gn 14.21) o «cuerpo» (p.ej., Lv 19.28; 21.1; Nm 6.6).

La referencia al seol y a la muerte indican que los muertos no pueden alabar al Señor, que es una característica distintiva de la adoración en Israel. Los muertos, como están impuros, están excluidos de los círculos de alabanza y adoración. La imagen revela que el salmista sentía que la muerte estaba muy cerca. Posiblemente, pensaba que parte de su angustia era algún tipo de anticipo de los dolores relacionados con la muerte. Por esa razón su petición se hace intensa: «Vuélvete y libra mi alma», es decir, mírame y redime mi vida, ten memoria de mi y libera mi existencia. ¡Manifiesta tu misericordia de forma concreta con una demostración real de tu poder salvador!

En la antigüedad, los israelitas imaginaban el Seol –o la morada de los muertos– como un lugar oscuro, que estaba ubicado en lo profundo de la tierra (Job 10.21-22; Sal 63.9). En ese lugar, se pensaba, predominaba el silencio que impedía la alabanza a Dios (Sal 30.9; 88.4-6,10-12; Is 38.18-19). Posteriormente en la historia estas creencias fueron sustituidas por la esperanza en la resurrección de los muertos al final de los tiempos (Dn 12.1-3).

vv.6-7: El salmista describe poéticamente la intensidad de su oración. Ha invertido todas sus fuerzas durante las noches llorando y gimiendo por su condición: ¡Está exhausto! Regó e inundó su cama con sus lágrimas y gastó sus ojos de tanto sufrir. Y en su oración indica que su dolor de relaciona con las acciones de personas que le hieren y angustian.

El poeta utiliza muy bien la hipérbole para exagerar y poner de relieve la profundidad de su dolor. El lecho alude al lugar de descanso del salmista. En la antigüedad, únicamente las personas ricas tenían camas con patas. Generalmente, estos lechos eran lugares en el suelo, que no tenían cubiertas ni mantas, pues las ropas de los que las utilizaban servía para cubrirse durante el descanso.

«Mis ojos están gastados de sufrir» puede indicar la enfermedad del salmista. Algún tipo de condición visual que le impedía ver con claridad. Otra posibilidad es que la expresión sea una figura del lenguaje que intenta presentar la extensión del sufrimiento y enfatizar el lloro y dolor del salmista.

vv.8-10: La sección final incluye una firme manifestación de esperanza. El salmista rechaza a los que le angustian y actúan con maldad, pues exclama que el Señor ha oído su oración. Y ante la intervención consoladora de Dios, los muchos enemigos del salmista ¡se avergonzarán y se turbarán! La acción divina no solo consuela al creyente sino que identifica y rechaza los que actúan con maldad. La vergüenza y la confusión se manifiestan en la gente que actúa con maldad; pero para las personas que viven de acuerdo a la voluntad divina, acabarán las lágrimas y finalizarán los dolores.

La frase «¡Apartaos de mí!» identifica la transición entre el clamor de angustia y la afirmación de fe y triunfo. La razón de la transición es que el Señor ha oído su clamor y ruego. Y que el Señor escuchara su clamor era signo de que se había perdonado su pecado y sanado su cuerpo. Los enemigos actuarán de forma desorientada porque el Señor tomó el clamor del salmista y respondió con salud y bienestar físico y espiritual. Esos enemigos pueden ser quienes le causaron el malestar o quienes lo agravaron con sus acciones.

SALMO 7: «PLEGARIA PIDIENDO VINDICACIÓN»

En este salmo se incluye la plegaria intensa de una persona perseguida y acusada injustamente que suplica a Dios su vindicación. En su dolor, se confiesa inocente, y reclama la liberación de quienes le hieren y angustian. Comienza el poema con dos afirmaciones de confianza y seguridad: «Señor, Dios mío» (v.1,3). En la primera declaración se clama por liberación y apoyo; y en la segunda se declara su inocencia en la forma de juramento. Las dos afirmaciones se relacionan pues la liberación que se reclama se hará realidad únicamente si la persona que ora es inocente de lo que se le acusa falsa e injustamente. Utilizando un lenguaje figurado el salmista presenta su caso ante el Dios Altísimo (v.17), pues reconoce que el Señor es su «escudo» (v.10) y que salva a la gente inocente. Su liberación es motivo de cánticos y alabanzas (v.17).

En los Salmos el tema de apreciar y afirmar la seguridad que proviene del Señor es recurrente e importante (Sal 11.1; 16.1; 25.20; 31.1; 46.1; 61.3; 62.7-8; 71.1,7; 94.22; 141.8; 142.5). Las metáforas de «refugio» o «escudo» ponen en clara evidencia la esperanza fundamental de los adoradores en momentos de dificultad, particularmente en momentos de crisis personal, nacional e internacional. El verbo hebreo que transmite la idea de «refugio», generalmente se refiere a la protección relacionada con las inclemencias del tiempo o con la que se necesita ante las amenazas o ataques de los enemigos. Desde la perspectiva poética y simbólica, la imagen se asocia con las ideas de confianza y seguridad. La idea es proyectar al adorador un sentido de seguridad y paz en momentos de tensión y adversidad.

Este salmo generalmente se incluye en la categoría de los lamentos individuales, aunque la unidad literaria del poema es compleja. La oración pone de manifiesto los sentimientos más hondos de una persona que ha sido acusada de forma injusta. Posiblemente, este salmo se utilizaba en el Templo en momentos de dificultad extrema, cuando la persona acusada se presentaba ante Dios para implorar justicia y para esperar el veredicto divino. Por su alusión a David en el título hebreo, algunos intérpretes han relacionado el poema con las oraciones reales que se hacían en momentos de crisis nacional.

La referencia a Cus, hijo de Benjamín, en el título hebreo es difícil de descifrar y comprender. Del personaje o del episodio aquí aludidos no se encuentran referencias claras en los relatos de David que se incluyen en la Biblia. Posiblemente, el editor del salmo tenía acceso a información, episodios y leyendas de la vida del famoso monarca de Israel que no se preservaron en la literatura bíblica. En algunas ocasiones se ha relacionado a Cus con Saúl o con Simei hijo de Gera, enemigos de David, que provenían de la tribu de Benjamín (2 S 16.5-8). Y el término hebreo sigaión tradicionalmente se ha entendido y traducido como «lamentación».

La estructura del salmo puede describirse en cinco estrofas, que alternan invocaciones y alabanzas con una declaración de inocencia del salmista y una descripción de la gente malvada:

• Invocación al Señor (vv.1-2)

• Declaración de inocencia del salmista (vv.3-5)

• Invocación a Dios, juez de la humanidad (vv.6-11)

• Descripción de la gente malvada (vv.12-16)

• Alabanza al Señor (v.17)

vv.1-2: La primera afirmación del salmo es de seguridad y esperanza en el Señor. Ante la persecución, crisis e injusticia, el salmista reconoce que su salvación proviene de Dios. Su preocupación básica e inmediata es que sus enemigos le destruyan sin que haya quien le ayude y libre. La imagen del «alma desgarrada» como si fuera atacada por un león, pone en clara evidencia la naturaleza de la dificultad y revela la intensidad del problema; describe, en efecto, la violencia de los actos y las aseveraciones en su contra. El salmista se siente impotente ante las acusaciones a las que es sometido y demanda la intervención divina para superar el problema.

La expresión «en ti he confiado» puede ser una alusión al acto de allegarse al Templo e implorar la intervención divina; es una frase simbólica y poética que pone de manifiesto el fundamento de la seguridad del salmista. Y la referencia al león es parte del estilo literario de los salmos, que relaciona a los enemigos y las dificultades con animales salvajes y cazadores (Sal 9.15; 31.4; 35.7; 57.5), o con algún ejército que ataca (Sal 3.6; 27.3; 55.18). El salmo describe la hostilidad del enemigo como un acto de salvajismo, como una manifestación no humana ni racional de la adversidad. En los tiempos bíblicos, los antiguos israelitas conocían los leones persas y asiáticos, aunque con el tiempo desaparecieron en Palestina.

vv.3-5: Esta sección del salmo incluye una clara profesión de inocencia. Fundamentado en esa seguridad, el salmista se allega a Dios y ofrece su plegaria. Le reconoce no como la divinidad lejana e impersonal, sino con intimidad y cercanía: «Señor, Dios mío». Con esta declaración no pretende indicar que está libre de toda culpa sino poner de manifiesto su integridad personal. Su propósito es indicar que sus actuaciones no justifican la severidad y complejidad de su condición y dolor. La violencia a la que es sometido no puede fundamentarse en sus actos, pues el salmista ha tratado de vivir de acuerdo a buenos principios éticos y morales. Como ejemplo de su afirmación de la moral, indica que inclusive liberó a un enemigo que le perseguía injustamente (v.4).

Fundamentado en esa convicción de inocencia el salmista indica que si en verdad es culpable que le lleguen las calamidades identificadas en su oración: ¡Que el enemigo le alcance y pisotee, y que hiera su honra! Esta sección del salmo es como una especie de juramento, en el que, ante el guardián del compromiso (Dios), se afirma la inocencia o se aceptan las consecuencias de la culpabilidad. La oración es una especie de automaldición en la que se aceptan las calamidades identificadas si se descubre falta de integridad en la persona que ora.

En la antigüedad se pensaba que una persona culpable no se atrevería a orar y profesar su inocencia de esta manera, aunque debemos suponer que en el Israel bíblico había personas que no temían a «Dios ni a los hombres» (Lc 18.2). Este tipo de juramento en algunas ocasiones estaba acompañado de actos simbólicos que enfatizaban el compromiso y la seriedad de las afirmaciones (Dn 12.7). Es posible que en el contexto de este salmo se incluyera algún gesto físico, como el de lavar las manos (Sal 26.6; Is 1.15-16).

Las afirmaciones «si de algo soy culpable», «si hay en mis manos iniquidad» y «si he dado mal pago» no deben ser entendidas como declaraciones de perfección moral y ética de parte del salmista. Son, en efecto, expresiones de quien es acusado injustamente e intenta convencer a Dios y a la comunidad de su inocencia. Y las imprecaciones finales de la oración (v.5) son la prueba que ofrece el salmista de su inocencia. Respecto a la palabra hebrea selah véase la introducción.

vv.6-11: El juramento del salmista ahora se torna en invitación: Ante las injusticias de sus acusadores, reclama la manifestación de la ira divina. La oración se transforma en petición formal para que se establezca una corte que haga justicia al salmista. Y aunque el lenguaje utilizado es figurado y simbólico, el salmista pide a Dios la declaración de su inocencia y reclama el juicio divino contra sus acusadores. Esta oración no debe entenderse en el contexto del futuro escatológico, sino en el entorno real e inmediato del adorador que experimenta el dolor de la injusticia y necesita vindicación inmediata.

La oración que reclama la intervención divina comienza con varios imperativos: ¡Levántate, álzate y despierta! (el texto hebreo incluye uno adicional: «¡manda o declara el juicio!»). La fraseología revela la urgencia de la petición, el tono del clamor pone de manifiesto la intensidad de la plegaria. Se solicita la pronta intervención divina, pues mientras los enemigos continúen con sus injurias e injusticias contra el salmista se da la impresión que Dios está impotente, detenido, silente.

El lenguaje usado en la oración es militar y jurídico. «Levántate» (Nm 10.35) y «despierta» (Jue 5.12) son gritos de guerra que incentivan el coraje y fomentan la lucha; y «álzate» es una expresión sinónima que genera la misma reacción de valentía y entusiasmo. En efecto, son frases que evocan las antiguas tradiciones que se asocian con el Arca del Pacto y la Guerra Santa (Sal 3.7; 9.19; 17.13; 44.26; 102.13; Is 33.10). El adorador reclama la intervención divina en términos militares. Posiblemente, toda esta terminología bélica revela la naturaleza hostil de las acusaciones a las que estaba expuesto el salmista –p.ej., podía haber sido acusado de haber roto algún tratado–, aunque también todos estos términos pueden estar relacionados con la idea de Dios como guerrero.

La oración revela, además, un particular entorno jurídico y legal. Los pueblos se reunirán alrededor del Señor para ser juzgados en justicia y equidad. El salmista reconoce esa capacidad divina y acepta la intervención de Dios como juez, para que se reconozca que el adorador injustamente acusado ha actuado con integridad. ¡Su «escudo» está en el Dios que salva a la gente recta de corazón (v.10), y prueba la mente y el corazón de las personas justas (v.9)! El salmista no fundamenta su defensa en que es perfecto sino en que es íntegro. Además, reconoce que únicamente ante el tribunal divino es que las personas impías recibirán su merecido.

vv.12-16: En el contexto de sus afirmaciones de intervención divina, el salmista le habla a sus adversarios y acusadores. Luego de declarar que su seguridad y escudo está en el Señor (v.10), describe las actitudes y actividades infames de sus detractores: Afila la espada, prepara el arco y las armas de muerte, concibe maldad, iniquidad y engaño, y cava pozos traicioneros. ¡Presenta de forma gráfica la naturaleza de la crisis! El salmista pone en justa perspectiva su caso y revela la extensión del peligro al cual se expone. Afirma que si no hay un arrepentimiento de parte de sus enemigos estará expuesto a una serie de actos infames que se asemejan al estar expuesto a la violencia de un ejército.

El uso de la expresión «armas de muerte» pone en evidencia la urgencia de su petición, pues reacciona a los actos de maldad, engaño e iniquidad de sus enemigos. Sin embargo, reconoce que esas mismas actitudes de odios, injusticias y resentimientos propiciarán la destrucción de sus acusadores: ¡Caerán en los mismos pozos que cavaron! ¡La iniquidad que prepararon les llegará para destruirlos! ¡Su agravio caerá contra su propia coronilla!

Una de las imágenes que utiliza el salmista para describir las acciones injustas de sus adversarios es la del embarazo y parto. En el contexto original femenino, la mujer embarazada da a luz con dolores y amor. Las angustias relacionadas con el proceso de alumbramiento son superadas por el gozo de ver y disfrutar la vida del hijo o la hija. En este contexto la imagen se torna adversa e hiriente, pues lo que se concibe es maldad y lo que se produce es engaño. De esta manera chocante y adversa el salmista describe la naturaleza misma de la injusticia que vive. Solo un acto de arrepentimiento –que en hebreo se describe como un cambio radical de dirección evitará la agonía del salmista y la autodestrucción de sus enemigos.

v.17: El poema finaliza como comenzó, con una alabanza al Señor y una clara declaración de esperanza. El salmista canta y alaba al Señor porque confía en su justicia. Y ante las falsas acusaciones de sus detractores, canta con seguridad al Dios Altísimo. De esta forma la estructura literaria del salmo crea como un paréntesis temático: Inicia con una afirmación de confianza y seguridad ante una serie de acusaciones injustas, y termina con una expresión de honra y alabanza a Dios por su justicia. Se hace justicia con esta nota final del poema a la teología del salmista: El Dios justo tiene la capacidad y el deseo de intervenir en medio de las realidades humanas para ayudar a personas inocentes a superar las acusaciones falsas e injustas.

La referencia al Dios «Altísimo» evoca la divinidad los tiempos preisraelitas de la ciudad de Jerusalén. El hebreo elyon, generalmente traducido como «Altísimo», significa exaltado, elevado, alto, y se utiliza en el Salterio no solo en relación al nombre divino sino para referirse a Dios de forma independiente (Sal 9.2; 91.1). ¡Dios es mayor que los enemigos del salmista! Y cantar al nombre del Señor es reconocer esa capacidad extraordinaria de triunfo y victoria en la adversidad.

El Salmo 7 es una oración a Dios para ser liberado de los ataques injustos de los enemigos. Y con ese importante tema creyentes de muchas generaciones han encontrado apoyo y sostén en las crisis de la vida. Las imágenes de refugio y las afirmaciones de triunfo en la guerra le han brindado a la gente de fe las palabras de aliento requeridas en instantes de dificultad. Particularmente las personas que han sido acusadas y juzgadas de manera injusta descubren en esta oración un particular sentido de seguridad, pues reconocen que únicamente Dios les puede ayudar mantenerse incólumes en la dificultad y les puede apoyar para superar el problema.

SALMO 8: «LA GLORIA DE DIOS Y LA HONRA DEL HOMBRE»

Este salmo es un himno o cántico de alabanza al Dios creador, que ha delegado a los seres humanos la responsabilidad de cuidar lo creado. El poema contrasta la capacidad creadora de Dios y la dignidad y honra de la humanidad. E incluye una afirmación teológica extraordinaria: El Dios que tiene el poder de crear el mundo y cuya gloria sobrepasa los límites del conocimiento humano le brinda a las personas la mayordomía de la creación. De esa forma el Señor del universo dignifica al ser humano, al encomendarle tan grande responsabilidad ecológica y personal.

Este salmo es el primer himno de alabanza del Salterio e interrumpe el grupo inicial de poemas de liberación y ayuda en las crisis, para hacer una afirmación firme y contundente en torno al Dios que se dirigen las oraciones: El Dios de los Salmos es una divinidad extraordinaria cuyo poder, autoridad y dominio sobrepasan los límites conocidos e imaginables para la humanidad. Además, el salmo pone claramente de manifiesto que los seres humanos no son un apéndice sin importancia y superficial en el cosmos, sino agentes divinos para mantener el equilibrio ecológico. El poema reconoce la grandeza de Dios y afirma la dignidad de la humanidad. Comienza y termina con la misma afirmación: ¡El Señor es nuestro Dios y su presencia en el mundo es importante! Y es el único poema del Salterio que se dirige en su totalidad a Dios.

Aunque tradicionalmente el salmo se ha atribuido a David, por las referencias en el título hebreo, la verdad es que es muy probable que la obra provenga de una época posterior, quizá el período exílico, cuando el tema de la creación ocupó la atención prioritaria en el pueblo de Israel. El contexto cúltico del salmo se puede relacionar con la fiesta de los Tabernáculos, en la cual el tema de la creación del mundo se enfatizaba y se revivía en el culto. La referencia en el salmo a «los cielos, la luna y las estrellas» puede indicar que se utilizaba en las noches (Sal 134; 1 Cr 9.33; Is 30.29). Las alusiones repetidas a Dios y al salmista en el salmo pueden revelar que el poema se leía de forma alternada. Y el término hebreo traducido «sobre Gittit», puede entenderse como una referencia a algún particular instrumento musical o a algún lugar de donde procedía el instrumento –p.ej., de la ciudad filistea de Gat (Sal 81; 84)–.

La estructura del salmo incluye la doble alabanza al nombre y la grandeza de Dios (vv.1a,9), la afirmación de la gloria divina (vv.1b-2), y la finitud y honra humana (vv.3-8). La grandeza divina se pone de manifiesto no solo en la creación del mundo y el cosmos, sino en su extraordinaria actitud hacia la humanidad, que siendo poco menor que los ángeles le coronó de gloria y honra:

• Alabanzas al nombre divino: v.1a

• Afirmación de la majestad y el poder de Dios: vv.1b-2

• Descripción de la fragilidad humana y la bondad divina: vv.3-8

• Alabanzas al nombre divino: v.9

vv.1 a 9: El salmo comienza y termina con la misma doble afirmación de la gloria de Dios. En primer lugar se incluye el nombre personal de Dios –en hebreo, Yahvé, que se ha traducido en las versiones de Reina-Valera como Jehová–, al cual se añade el título honorífico de Señor, que en hebreo transmite las ideas de reconocimiento, autoridad y poder. La idea del salmista es enfatizar el poder divino sobre toda la tierra y el cosmos. La teología que presupone el salmo, y particularmente este versículo, reconoce la grandeza divina, que se relaciona con el nombre de Dios. Y esa majestad divina sobrepasa la belleza y lo imponente de la creación, y las palabras humanas no pueden contener ni expresar adecuadamente la extensión de sus virtudes.

En la teología bíblica el nombre es mucho más que el distintivo que puede llamar o designar a alguna persona. Es, en efecto, una forma de aludir e identificar a la persona misma, que se hace presente en su nombre y que presenta su naturaleza íntima más profunda al revelarlo. Pedir el nombre propio es equivalente a solicitar su identidad y su esencia básica (Gn 32.29). En este sentido teológico, bendecir, invocar o conocer el nombre divino es por consiguiente bendecir, invocar y conocer a Dios, que responde a las necesidades humanas a través de la revelación de su nombre personal e íntimo (Éx 3.13-14).

Con esta importante afirmación teológica el salmo comienza y concluye. Es una manera de enfatizar la teología de la majestad divina en forma de paréntesis literario. El Dios eterno y creador es también capaz de incorporar al ser humano en el proceso de administración de la naturaleza. La capacidad divina de compartir responsabilidades con el ser humano distingue al Dios bíblico, que hace a las personas partícipes del importante proceso de llevar a efecto una buena mayordomía de lo creado.

vv.1b-2: Esta sección del salmo es de difícil traducción, posiblemente, por los problemas que se descubren en la transmisión del texto hebreo. La idea es que la gloria divina sobrepasa los límites infinitos de los cielos y llega al sector más vulnerable y frágil de la sociedad, los niños y las niñas. De un lado, la majestad de Dios se manifiesta en el cosmos, y del otro, se revela a la niñez. El salmista desea enfatizar la extensión de la gloria divina y utiliza el recurso literario de comparación de extremos para enfatizar su tema. El propósito de esa manifestación extraordinaria de Dios es callar a la gente enemiga y vengativa. El Dios cuyo poder se extiende sobre los límites del universo, reconoce y aprecia la alabanza que sale de la boca de los infantes indefensos.

La expresión «de la boca de los niños y de los que aún maman» sugiere la idea de que Dios es alabado por la niñez. Aunque en el Antiguo Testamento esa percepción teológica de la niñez no es común, ese concepto se incorpora en las narraciones de los evangelios (Mt 21.6), pues posiblemente en Mteo se fundamentó la interpretación del salmo en el texto griego. La expresión «fundaste la fortaleza» puede ser una forma poética de referirse a los cielos (Sal 78.26; 150.1), y una manera figurada de aludir a la creación. De acuerdo con esta comprensión de las imágenes del salmo, «los enemigos» deben ser entonces las fuerzas del caos primitivo que fueron ordenados por el poder de la palabra divina (Gn 1.1-2). Otros enemigos de Dios en el Antiguo Testamento son los siguientes: Rahab (Job 26.12; Sal 89.10; Is 51.9), el mar (Job 26.12; Sal 74.13; 89.9; Is 51.10), el gran abismo (Is 51.10), los ríos (Sal 93.3), Leviatán (Sal 74.14) y el dragón (Sal 74.13; Is 51.9).

vv.3-8: Como respuesta humana a la revelación de la gloria divina, el salmista contempla los cielos, la luna y las estrellas, y afirma el poder creador de Dios. En ese contexto de asombro, reconocimiento y majestad, el poeta reflexiona sobre la naturaleza humana. Ante tal manifestación de esplendor, se sorprende con la iniciativa divina de visitar al ser humano y tomarlo en consideración. Y aunque reconoce que las personas son un poco menor que los ángeles, Dios les ha concedido «gloria y honra», y les ha permitido administrar la creación, que incluye la naturaleza, los animales del campo, las aves y los peces.

La referencia a «los ángeles» en el texto de Reina-Valera proviene de la versión griega del Antiguo Testamento; el texto hebreo utiliza la palabra elohim –tradicionalmente traducido como dios o dioses–, para enfatizar el contraste divino-humano. El pasaje no menciona al sol en el entorno de las lumbreras, pues posiblemente el salmo formaba parta del culto nocturno. La referencia a la creación como el resultado de la acción de los dedos de Dios es una manera poética de enfatizar el poder divino. Y la frase «hijo del hombre» alude en este contexto específico del salmo a las personas en general, y no posee la pesada carga teológica que posteriormente desarrolló en la literatura apocalíptica.

Este salmo fue estudiado y citado con alguna frecuencia por los escritores del Nuevo Testamento. Jesús de Nazaret lo utilizó para responder a las críticas de las autoridades religiosas judías, cuando un grupo de jóvenes le cantaba «Hosanna al Hijo de David» (Mt 21.16). El Señor mantuvo la significación primaria del salmo al sostener el contraste fundamental entre los niños y los enemigos y vengativos: Los niños eran los que reconocían al Hijo de David, y los enemigos, los que querían impedir el reconocimiento del mesianismo de Jesús.

La iglesia primitiva también leyó el salmo de forma cristológica, y utilizó el tema del dominio del ser humano sobre la creación como una manera de referirse al poder de Cristo sobre la humanidad, a través de su vida, muerte y resurrección (1 Co 15.27; Ef 1.22; Heb 2.6-8). De acuerdo con la teología cristiana, la mayordomía responsable que los seres humanos deben tener sobre la creación se fundamenta en la interpretación del salmo y en el sacrificio de Jesús.

SALMO 9: «ACCIÓN DE GRACIAS POR LA JUSTICIA DE DIOS»

Posiblemente, los Salmos 9 y 10 originalmente formaban un solo poema, como revela el empleo del estilo acróstico en su redacción. Esta metodología utiliza en la estructura poética el alfabeto hebreo, pues cada verso comienza con una de sus letras de forma sucesiva. Este peculiar estilo, que también se incorpora en otros salmos (p.ej., Sal 111; 112; 119), puede contribuir al proceso de memorización de los adoradores, y también puede ayudar las dinámicas del aprendizaje del alfabeto. Algunos estudiosos, por el contrario, opinan que en las comunidades antiguas se pensaba que ese tipo particular de estructura literaria tenía cierto poder mágico que podía ayudar al adorador. Y aún otros indican que era una manera de indicar que se había tratado el tema expuesto de la «A» a la «Z», es decir, de forma completa, cabal, extensa e intensa.

La naturaleza misma de su estructura poética hace del salmo uno temáticamente complejo. En el poema se combinan varios géneros literarios, que se disponen a merced del propósito teológico: p.ej., cántico de acción de gracias (9.1-6), alabanzas a Dios (9.7-12), y súplicas, que incorporan expresiones intensas de confianza en el Señor (9.13; 9.19-20; 10.12-15). La finalidad del salmo es agradecer al Señor su justicia e implorar la destrucción de los enemigos.

El fundamento de la interpretación de los Salmos 9 y 10 como una unidad literaria es el siguiente:

• El algunos manuscritos hebreos, y en versiones griegas y latinas se dispone y afirma la unidad de estos salmos.

• No hay títulos hebreos en al Salmo 10, que en la primera sección del Salterio no es común.

• El artificio acróstico que comienza en el noveno finaliza en el décimo salmo.

• El uso de la palabra hebrea selah al concluir el Salmo 9 no se repite en el resto del libro.

• Y ambos salmos revelan similitudes estilísticas, literarias y de contenido. P.ej., los paralelos temáticos de los «tiempo de angustia» (9.9) y el «tiempo de la tribulación» (10.1), y la repetición de frases e ideas, como las siguientes: «levántate, Señor» (9.19 y 10.12) y «eternamente y para siempre» (9.5 y 10.16).

El motivo para que en la mayoría de los manuscritos hebreos estos salmos se presenten de forma separada e individual, posiblemente, se relaciona con el proceso final edición del Salterio: Una posibilidad es que el editor final dividió el salmo en dos, por razones que no son totalmente claras para los estudiosos contemporáneos de la obra; la segunda alternativa es que el salmo fuera antiguo y el manuscrito no estuviera en buen estado físico, eso habría requerido la elaboración de varias estrofas por el redactor final que afectó los componentes acrósticos del poema.

El autor del salmo es posiblemente un adorador que utiliza esta oración en el culto del Templo de Jerusalén para suplicar la destrucción de sus adversarios y agradecer a Dios sus manifestaciones justas. La referencia al «músico principal» alude a la persona de la tribu de Leví encargada de dirigir los cánticos en el Templo. Y la frase «sobre Mut-labén» puede aludir a los instrumentos de música, aunque también puede significar «con motivo de la muerte de un hijo». Tradicionalmente, el poema se ha relacionado con David; sin embargo, fundamentados en su contenido, es muy difícil identificar con precisión al autor y la fecha de composición, aunque posiblemente proviene de la época preexílica.

La estructura de estos salmos es compleja, por la naturaleza acróstica de su estilo, aunque se puede distinguir algunos temas básicos que le brindan al escrito sentido de orden y progresión. El Salmo 9 se dispone de la siguiente manera:

• Alabanzas al Señor: vv.1-2

• Motivos para la alabanza: vv.3-6

• El Señor es rey y juez de las naciones: vv.7-10

• Invitación a la alabanza: vv.11-12

• Oración de una persona en necesidad: vv.13-14

• Intervenciones divinas en la historia: vv.15-18

• Petición de apoyo al Señor: vv.19-20

De particular importancia en estos salmos es el concepto de Dios que ponen de manifiesto. Presentan al Señor como el rey que estableció su trono en Sión, y afirman que su poder se extiende por las naciones con autoridad eterna (9.4,7-8,11,19; 10.16). Esa teología es similar a la que se revela en los salmos reales (p.ej., Sal 47; 93; 96; 98; 99). En los Salmos 9–10, sin embargo, se enfatiza la responsabilidad divina como juez de las naciones (9.7), que ya ha actuado previamente con justicia y ha manifestados sus juicios en la historia. Y esa percepción teológica de Dios como rey y juez se reafirma en las oraciones y plegarias del pueblo (9.9-10, 12,18; 10.17-18).

vv.1-2: El salmo comienza con una expresión de gratitud extraordinaria. El salmista agradece, alaba y cuenta la maravillas del Señor, y se alegra, regocija y canta al Dios Altísimo. De lo profundo de su corazón surge una expresión sincera de gratitud al identificar y contar las maravillas divinas, que es una forma poética de aludir a las intervenciones de Dios en medio de la historia de la humanidad. Esa expresión del corazón es el opuesto a la alabanza solamente «de labios» que está lejos de agradar al Señor (Is 29.13).

La referencia a «contar las maravillas» divinas revela que el salmo tenía tanto el objetivo privado de oración personal como la finalidad pública de afirmar las acciones de Dios ante la congregación. La expresión hebrea traducida al castellano por «maravillas» se utiliza en 27 ocasiones en el Salterio, y en otras 45 en el resto del Antiguo Testamento. En la mayoría de los casos la palabra alude a las obras de creación de Dios (p.ej., Sal 136.4), o al juicio y la redención divinas (Sal 26.7; 71.17; 75.1; 78.4,11). El autor, posiblemente, deseaba afirmar esas intervenciones extraordinarias de Dios como ejemplos de su favor hacia su pueblo, Israel. Y el nombre divino, Altísimo, es un título muy antiguo del Señor que pone de relieve su autoridad y dominio sobre todo el universo (véase Sal 7.17; 18.13; 46.4; 47.2; 91.1).

vv.3-6: En esta sección del salmo se identifican los motivos de las alabanzas al Señor. El salmista expresa su gratitud al identificar las intervenciones de Dios contra sus enemigos, que retrocedieron, cayeron y perecieron. Además, fundamenta sus gratitudes en las acciones justas del Señor, que favorece sus derechos y mantiene en alto su causa. El Dios del salmista es juez justo, y esa convicción es la base de su agradecimiento; y el recuento de la historia de la salvación es el fundamento de su esperanza.

Esa capacidad divina de implantar la justicia hace que las naciones enemigas sean reprendidas y los agentes de maldad sean destruidos. La expresión «borraste el nombre de ellos» es una manera simbólica de decir que el Señor destruyó a los enemigos individuales y nacionales para siempre, una forma poética de indicar que los adversarios han sido vencidos permanentemente. «No hay memoria de ellos» pues la intervención divina destruyó su existencia, los eliminó de forma radical y permanente. Como la creación comienza con los actos de identificar y nombrar (Gn 2.18-23), la destrucción permanente finaliza con la eliminación del nombre.

La referencia a que los enemigos «se volvieron atrás» –como símbolo de derrota– es similar a decir que el salmista se acercó y miró al Señor. Y la simbología del «trono» se relaciona con la teología que afirma el poder judicial de Dios, que en este contexto específico es el trono de juicio y destrucción (Sal 122.5; Pr 20.8; Dn 7.9; Mt 19.28; Ap 20.4). Posiblemente, estos versículos se utilizaban como parte de la liturgia en el Templo que glorificaba al Señor como juez del mundo y la humanidad, y lo celebraba como poderoso en la batalla.

La expresión traducida al castellano como «para siempre» alude en hebreo a los tiempos más lejanos y remotos, tanto en el pasado como en el futuro. Describe lo impensable e inimaginable del tiempo, y revela su manifestación más lejana que sobrepasa los límites de la historia. Es la forma semítica de transmitir y afirmar los conceptos de eternidad y perpetuidad.

vv.7-10: Estos versículos ponen de manifiesto las virtudes divinas que afirman las victorias sobre los enemigos y propician la alabanza del salmista. Describen el fundamento de las acciones divinas previamente descritas (vv.3-5). El Señor prevalecerá como juez eterno, para juzgar al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud. Y esa capacidad de implantación de la justicia hará posible que los pobres tengan refugio en tiempos de angustia, y que las personas que conocen al Señor vivan confiadas. En efecto, el poema lo afirma y el salmista los describe: ¡Dios no desampara a quienes le buscan!

El trono de Dios está, según el testimonio bíblico, en el cielo (Sal 11.4; 103.19; 1 R 22.19; 2 Cr 18.18; Is 6.1; 66.1; Lm 5.19; Ez 1.26; 10.1). Sin embargo, se representaba en el Templo en el Arca del Pacto o Alianza o en la misma ciudad de Jerusalén (Jer 3.17). En este contexto se afirma que el trono es símbolo de la implantación de la justicia, alude a los actos divinos que destacan su rectitud. Y esas acciones de Dios le brindan las personas en necesidad sentido de futuro y esperanza. De acuerdo al poema, para esas personas en angustia, el Señor es «refugio», protección, apoyo, fortaleza, y seguridad en tiempos de guerra. La imagen empleada evoca la teología del Señor Dios de los ejércitos, que afirma el poder divino para vencer los enemigos de su pueblo.

La referencia a las personas que conocen el nombre del Señor es teológica, temática y poéticamente muy importante. «Conocer» el nombre divino es aceptar la voluntad de Dios e incorporar sus preceptos y mandamientos en el estilo de vida del adorador. Conocer, en la sociedad hebrea, es mucho más que identificar y distinguir a alguien, es establecer una relación de intimidad, respeto, apoyo mutuo y dignidad. En el salmo es una manera figurada de describir las relaciones con el Dios que está al lado de las personas menesterosas, cautivas y oprimidas (Sal 46.7,11). Y la frase «los que te buscaron» puede aludir a la gente que busca los oráculos o mensajes proféticos del Señor (1 R 14.5), o la que adora a Dios en el culto (Sal 105.4).

vv.11-12: Luego de afirmar y celebrar al Dios que interviene y protege a la gente en necesidad, el salmista retoma el tema de la alabanza y gratitud al Señor. Como respuesta agradecida a las manifestaciones divinas en la historia, el salmista canta a Dios y publica entre las naciones sus obras. El fundamento de estas expresiones es que el Dios bíblico no se olvida del clamor de la gente afligida. De acuerdo con el poema, el Señor se acuerda de las personas que han sufrido violencia e injusticias en la vida.

El que «habita» en Sión, se refiere al Señor «que tienen su trono» en el cielo, pero que lo representa el Arca en el Templo, que es lugar visible del trono invisible de Dios. El salmista pensaba que la manifestación concreta de lo inefable estaba en Sión, en la ciudad de Jerusalén, en el Templo, específicamente en el Arca del Pacto. Ese lugar sagrado del Templo era la contraparte terrenal del trono celestial, eterno e indescriptible de Dios. Sión en este contexto poético del salmo es el símbolo de la presencia divina que tienen la finalidad de implantar la justicia a la gente oprimida.

La referencia a «publicar» las obras del Señor entre las naciones alude al acto de contar las intervenciones divinas en medio de la historia del pueblo de Israel. No está interesado el salmista en algún tipo de conocimiento superficial sino en el reconocimiento, aprecio y afirmación de las implicaciones nacionales e internacionales de esas manifestaciones de Dios. La imagen del «que demanda la sangre» revela el entorno de violencia que rodea al salmista, y describe a Dios, que no deja sin castigo a las personas culpables. Los afligidos a los que se alude en el salmo no pasan por dificultades superficiales, sino están en peligro de muerte. Y ante la naturaleza crítica, inmediata, extensa e intensa de la crisis, se presenta al Dios que no ignora el derramamiento de sangre inocente y no olvida el clamor y la causa de la gente afligida y oprimida por los diversos problemas y situaciones de la existencia humana.

vv.13-14: A la alabanza le sigue una breve oración, que implora y suplica la misericordia de Dios. El salmista clama al Dios que tienen la capacidad y el deseo de intervenir en su aflicción. Reconoce que sus padecimientos se relacionan con la gente que le aborrece, pero afirma que Dios le levanta aún del umbral o las puertas de la muerte, que puede ser una alusión poética a alguna enfermedad personal o calamidad nacional. El objetivo de ese acto liberador de Dios es que el salmista cuente las alabanzas divinas y disfrute su salvación. Esas declaraciones de gratitud del salmista pueden ser parte del culto, afirmaciones de fe ante el resto de la comunidad que adora.

En la antigüedad, las puertas de la ciudad era el lugar donde se reunían las comunidades para atender sus asuntos de importancia, como la implantación de la justicia y las deliberaciones jurídicas. En este contexto del salmo, se contraponen poéticamente las puertas de la muerte y las puertas de Sión. De afirma de esta manera el viaje de la muerte a la vida, se pone de manifiesto el fundamental proceso de liberación que mueve al adorador de la angustia del dolor y la aflicción al gozo de la esperanza de la liberación. El texto hebreo alude a las «hijas de Sión», que es una expresión que aparece únicamente aquí en el Salterio, pero que es común en los libros de Isaías y Lamentaciones. Es una forma poética de referirse a Jerusalén, pues las ciudades eran vistas como las madres simbólicas de sus ciudadanos (p.ej., «hijos de Sión» –Sal 149.2; Lm 4.2; Jl 2.23–; e «hijas de Sión» –p.ej., Is 3.16; 4.4; Jer 4.3; 6.2).

vv.15-18: Prosigue el tema de la historia de la salvación, y continúa la afirmación de las intervenciones de Dios en la vida del pueblo. Las naciones se hundieron en los hoyos que ellas mismas cavaron, se enredaron en sus propias trampas. El Señor intervino en las vivencias de su pueblo y manifestó su juicio, reveló su autoridad, demostró su virtud de justicia. Los malos serán llevados al Seol, o lugar de los muertos, donde también irán las naciones que se olvidaron de Dios. La imágenes de hoyos, fosas y redes se utilizan en los salmos para describir las insidias y maquinaciones de enemigos y adversarios (Sal 57.6; 64.5; 124.7; 141.9; 142.3).

La referencia a las intervenciones de Dios en la historia nacional inspira a nuevos adoradores y fomenta esperanza en las nuevas generaciones. De esta forma histórica, teológica y poética se afirma a la persona menesterosa, angustiada y cautiva, y se motiva a la afligida, perseguida y desesperada. La esperanza de la gente en necesidad no terminará porque se fundamenta en la capacidad divina de intervención y en su deseo de liberación. El futuro de las personas necesitadas, como el salmista, es diametralmente opuesto al porvenir de las naciones y las personas malvadas: ¡Los primeros tienen esperanza, los segundos no tiene porvenir!

Al finalizar el versículo 16 el salmo incluye dos términos hebreos, selah y higaión, que posiblemente tienen implicaciones musicales: el primero es quizás una indicación litúrgica, que puede aludir a algún tipo de pausa, repetición o cambio de voz en el cántico del salmo; el segundo se suele traducir como «sordina», y es posible que haga referencia a algún tipo de bajada o cambio del tono o volumen de voz en la presentación del salmo.

vv.19-20: Los versículos finales del salmo incluyen una oración que suplica una vez más la intervención de Dios. El salmista implora la intervención divina con varios imperativos, que ha sido traducidos al castellano como: Levántate, infunde y conozcan. El primer reclamo recuerda los gritos del guerra del antiguo Israel que conquista Canaán (Sal 7.6); el segundo solicita la intervención que produce temor en los enemigos del pueblo; y el tercero afirma que las naciones no son dioses, solo personas que no tienen poder ni la autoridad para cambiar el curso de la historia.

Para culminar esta sección inicial del poema, el salmista le pide a Dios que implante la justicia, al impedir que se fortalezcan sus enemigos y al juzgar a las naciones. Reclama la intervención de Dios, y por la vía del contraste afirma el poder divino que sobrepasa los límites humanos.

Finaliza el poema con el término hebreo selah, que puede ser una indicación que el escrito prosigue, pues no es común el uso de esta palabra para finalizar algún salmo.

SALMO 10: «PLEGARIA PIDIENDO LA DESTRUCCIÓN DE LOS MALVADOS»

El Salmo 10 continúa la estructura acróstica del anterior y pone de manifiesto el tema del juicio a la gente malvada. Ante la arrogancia de esas personas, el salmista clama por el juicio divino e implora la justicia. De particular importancia en el poema es la inclusión del «ateísmo» práctico, en el cual indica que «el malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos» (v.4). Esa actitud de prepotencia caracteriza las descripciones de las personas que persiguen a la gente pobre. El salmo no presenta los argumentos filosóficos de la inexistencia de Dios sino afirma que la gente malvada vive sin tomarlo en consideración.

El sistema de pensamiento que promulga el ateísmo teórico era muy raro en el Oriente Antiguo y en el Mediterráneo, que tenían culturas que afirmaban la importancia de las divinidades en las sociedades. En el entorno bíblico, la fe en Dios se fundamenta en la revelación, que pone de manifiesto el poder y la voluntad de la divinidad que se revela al pueblo. Las Sagradas Escrituras incluyen las narraciones de las intervenciones divinas en medio de las vivencias del pueblo de Israel, mediante la acción o la palabra de profetas, sacerdotes y apóstoles.

La crítica del salmista no es al tipo de persona que puede no creer en Dios como producto del análisis sistemático y racional, pero que tiene buenos valores éticos que fundamentan sus actos en la vida. El poema reacciona ante las personas que no tienen principios morales que guíen sus conductas diarias, y utilizan el poder que ostentan para hostigar, herir y aprovecharse de las personas más débiles. El salmo es una muy clara declaración teológica en contra de un tipo particular de persona que, independientemente a lo que diga respecto a Dios, actúa en la vida sin tomar en consideración las implicaciones éticas de sus afirmaciones teológicas.

El tipo literario del Salmo 10 –a diferencia del anterior, que era un cántico individual de acción de gracias– se asemeja al lamento individual. Esos cambios abruptos de temas y estilos se repiten con alguna frecuencia en el Salterio (Sal 22; 36; 52; 77), pues posiblemente en la redacción final de estos poemas se unieron algunos poemas con temas similares o complementarios para expresar nuevas ideas o enfatizar algún tema particular. Su estructura literaria sigue el siguiente patrón:

• Clamor del salmista por la lejanía de Dios: v.1

• Descripción de la gente malvada: vv.2-11

• Clamor que pide la intervención divina: vv.12-15

• El Señor escucha a las personas humildes: vv.16-18

v. 1: El salmo comienza con una muy importante pregunta retórica al Señor: ¿Por qué estás lejos y te escondes en el tiempo de la tribulación? (v.1). El salmista se siente abandonado y posiblemente rechazado, y reclama al Señor su presencia en el momento oportuno, solicita su manifestación redentora en el instante de necesidad. La crisis es producto no solo de las maquinaciones antagónicas de sus adversarios sino de la ausencia o lejanía divina, que es el primer tema de su oración.

El tema de la inacción de Dios –p.ej., la falta de intervención divina en la adversidad de los adoradores– es recurrente en el Salterio (véase Sal 13.1; 22.1-2; 35.22; 38.21; 42.9-10; 43.2; 71.12; 88.14). Junto a la preocupación real que atañe la calamidad que azota a la persona que adora y se acerca al altar divino humillada, le angustia al salmista la idea de la posible lejanía de Dios. La primera idea que se pone de manifiesto con claridad en el poema se relaciona con la distancia que el salmista percibe entre Creador y criatura, y esa percepción propicia la posibilidad de la ausencia divina en tiempo de tribulación.

Este tema del Dios lejano o ausente también se repite en la literatura poética y profética (p.ej., Is 1.15; Lm 3.56). Y en esa tradición de clamores, el salmista implora la intervención de Dios, no para que le exprese algún apoyo general, impersonal, hipotético y lejano. No está interesado el salmista en palabras superficiales de consolación y ayuda: ¡En el instante de la crisis se requieren acciones afirMtivas, se necesitan manifestaciones liberadoras, se demandan revelaciones transformadoras! En este sentido, los actos de liberación de las personas en necesidad, dolor, pobreza y desesperanza son también importantes y necesarias declaraciones teológicas de la cercanía del Señor.

vv.2-11: En esta sección el salmista presenta a la gente malvada con gran capacidad literaria y criticidad ética. Describe sus acciones impropias y hostiles: Arrogantes, altivas, maldicientes, jactanciosas, codiciosas, engañadoras, fraudulentas y acechadoras. Alude a sus acciones impertinentes y agresoras: Persiguen y atrapan al pobre, bendicen al codicioso, desprecian al Señor y a sus adversarios, sus caminos son torcidos, acechan al desvalido, Mtan al inocente y hostigan los desdichados. Y respecto a Dios, prosigue el salmista: Actúan sin su consentimiento, sin reconocer sus principios ni aceptar su voluntad; no buscan la dirección divina, ni en sus pensamientos tienen al Señor; y afirman que Dios se esconde, se olvida y ¡nunca ve nada! La prepotencia que manifiestan es tal, que piensan que nunca caerán ni les alcanzará la desgracia.

Esta porción bíblica es un magnífico ejemplo de las extraordinarias virtudes poéticas y literarias del Salterio. Con gran dominio del idioma, para manejar el tema y las imágenes, el salmista pinta un cuadro sombrío, tétrico y complejo de las actitudes de la gente malvada que actúa en contraposición de las personas de bien, identificadas explícitamente en el texto como gente pobre, inocente, desvalida y desdichada. Y ante tales actitudes, el poema afirma con seguridad y firmeza: ¡El malo caerá en las mismas trampas que ha preparado!

De acuerdo con el poema, la gente que actúa fundamentada en la hostilidad, el resentimiento y la maldad recibirán las consecuencias de sus propias acciones. Según el salmo, el resultado neto de esas manifestaciones de maldad es que las personas que actúan con esas actitudes impropias e indeseables serán objeto de las mismas dinámicas adversas que generaron y propiciaron. El gran tema de la sección es el siguiente: La maldad genera maldad, que finalmente atrapa a quienes la propician e inician.

La palabra hebrea para referirse a «los malos», rasa, originalmente identifica a personas que ha sido declaradas culpables de algún cargo, pero en la literatura poética, particularmente en el Salterio, describe figuradamente a los enemigos de Dios, que también son adversarios de la gente noble, buena, justa y bienaventurada (véase, p.ej., Sal 1.1; 28.3; 140.4). Esa persona, que de antemano pone de manifiesto su culpabilidad, se dedica a perseguir y tratar de destruir a los pobres, que en estos contextos poéticos identifican mucho más que una condición socioeconómica.

vv.12-15: Luego de la descripción de los malos el salmista se torna al Señor. Con gritos de combate –p.ej., «levántate» (Sal 7.6; 9.19) y «alza tu mano»– reclama la intervención divina: ¡No te olvides de los pobres! ¡No ignores el dolor de los menesterosos! ¡No rechaces la oración de los necesitados! ¡No olvides las consecuencias sociales, económicas y espirituales de la gente que padece necesidad!

Para el salmista el rechazo a Dios de parte de la gente malvada se fundamenta en una teología equivocada. Piensan erróneamente que el Señor no les habrá de pedir cuentas; creen que Dios no evaluará sus decisiones y actitudes; y asumen que la divinidad no está interesada en los asuntos diarios, que ignora las vivencias de los individuos y los pueblos. Ante esa actitud arrogante, el poeta indica que el Señor ha visto las acciones y las vejaciones de las personas malas, y recompensa a los desvalidos y huérfanos. La respuesta divina a esa actitud prepotente generada por la maldad es de juicio: ¡Rompe el brazo del inicuo y castiga la maldad del malo!

vv.16-18: Y para complementar esa afirmación de juicio, y también para introducir las afirmaciones de esperanza, el salmo añade una alabanza (v.16): El Señor es rey eterno y actuará para desaparecer las naciones, en una referencia a las que son enemigas del pueblo de Dios. La actitud divina de juicio se relaciona con la enemistad de las naciones no se fundamenta en un rechazo étnico.

Las palabras finales del salmo son declaraciones de fe y esperanza para la gente que sufre. Dios escucha el clamor de la gente humilde, los anima y les presta atención. El Señor hace justicia al huérfano y al oprimido, pues su propósito es erradicar la violencia de la tierra. De acuerdo con el salmo, el Dios bíblico tiene el poder, la autoridad y el deseo de finalizar con las actitudes de maldad que traen injusticias en la humanidad.

Termina el salmo con varias afirmaciones de fe que responden efectivamente a las declaraciones teológicas adversas de la primera sección del poema: ¡La arrogancia de la gente malvada tiene su término! ¡La prepotencia de los opresores tiene su final! ¡La hostilidad de las personas egoístas tiene su fin! ¡La agresividad de los hombres y las mujeres de maldad terminará!

SALMO 11: «EL REFUGIO DEL JUSTO»

Este poema pone en clara evidencia la alegría y el contentamiento del salmista al reconocer la seguridad que genera su confianza en el Señor. Aunque está en medio de dificultades y problemas, el salmista afirma que el fundamento de su seguridad proviene del Dios que toma en consideración a la gente recta de corazón y hace justicia a las personas malas y perversas. El poema revela en su clamor que las personas rectas verán el rostro divino, que es una expresión figurada para indicar que recibirán el favor y la misericordia de Dios.

El salmo es, posiblemente, un cántico individual de confianza, aunque evoca algunos temas de los salmos de lamentación. El adorador recurre al Señor en medio de algún peligro extremo, y se presenta ante Dios cuando está a merced del enemigo que le ataca. Posiblemente, el contexto original de esta oración es el Templo de Jerusalén, aunque no necesariamente sea el entorno del culto. Quizá el salmista encontró refugio y santuario en el Templo, desde donde se dirige a los amigos que le ayudaron a escapar de sus enemigos.

El título hebreo relaciona al salmo con David, y dedica el poema «al músico principal», que puede ser una referencia a su uso posterior en la liturgia del Templo. Algunos estudiosos indican que es un salmo preexílico, y que se puede relacionar con algún episodio descrito en la Escritura (p.ej., 1 S 18).

La estructura del poema no es compleja, y puede dividirse en dos secciones principales. Los temas fundamentales son la angustia de la persecución y el gozo de la esperanza:

• Sentido de desesperanza del salmista: vv.1-3

• Restauración de la confianza en el Señor: vv.4-7

vv: 1-3: La primera frase del salmo es, posiblemente, su verdadero título: «En el Señor he confiado», que también puede traducirse como «en el Señor me refugio». La confianza y el refugio del salmista está en el Templo (v.4), que es el símbolo visible de la presencia divina invisible. La situación personal del salmista podía ser de peligro mortal (véase Éx 21.12-25; 1 R 1.50), que fue la dinámica que le movió a buscar refugio y santuario en el Templo.

Aunque el poema puede referirse a las crisis regulares de la vida, en ese contexto de dolor personal y adversidad extraordinaria el salmista se sorprende que alguien le recomiende huir a los montes, que evada su responsabilidad. El poeta no desea abdicar ante los desafíos formidables que debe enfrentar; por el contrario, desea enfrentar la adversidad sin huir de la comunidad.

La imágenes que se utilizan en el poema son extraordinarias. «Decir a mi alma» es una manera figurada de indicar que le han preguntado, aunque el poema no identifica a los que le interpelan. La referencia a «huir a los montes» puede traer a la memoria las narraciones patriarcales de Lot, en las que un ángel le indica que huya a los montes antes del juicio a Sodoma y Gomorra (Gn 19.24). Algunos estudiosos piensan que esa expresión es una especie de frase idiomática para describir momentos de desesperación y persecución.

Se le recomienda al poeta huir, pues la gente malvada y enemiga se prepara para el combate, se organiza para vencerle. Sus enemigos tienen arcos y saetas dispuestos para la guerra, aunque el ataque se organiza en lo oculto, el conflicto es solapado y la dificultad actúa de forma disimulada. Los rectos de corazón son los recipientes de las dificultades y angustias generadas por la gente malvada.

La comprensión e interpretación del versículo tres es compleja. La referencia a los «fundamentos» puede ser una frase poética que alude a los principios legales y morales básicos que se incluyen en la Ley de Moisés. Otras personas que estudian el pasaje piensan que es una posible alusión a las instituciones básicas de la sociedad: p.ej., las organizaciones que mantienen y sostienen el orden social, político, económico y religioso.

La ambigüedad de las imágenes y las polivalencias semánticas ponen de relieve la belleza del escrito. Y la pregunta retórica, «¿qué puede hacer el justo?», es una forma de indicar que las dinámicas que azotan y destruyen los fundamentos de la vida son superiores a las fuerzas y energías de la gente de bien. En efecto, cuando los cimientos morales de la sociedad se destruyen, la gente justa se convierte en fugitiva, se subvierte el orden natural de la existencia humana, se transforma la dinámica lógica de la vida.

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Дата выхода на Литрес:
28 мая 2025
Объем:
1038 стр. 14 иллюстраций
ISBN:
9781646911929
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