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Diario de un adolescente precoz colombiano
SAMC
© Samc
© Diario de un adolescente precoz colombiano
Noviembre 2021
ISBN ePub: 978-84-685-6374-9
Editado por Bubok Publishing S.L.
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Tel: 912904490
C/Vizcaya, 6
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Índice
Prólogo
Morbos infantiles
Cali primeras experiencias sexuales
La violación
Mi primera eyaculación
Morbos en Sameco y mi padrino Don Hernando
Primer servicio de escort
Drogas, Sexo y Fiestas
Orgías, Orgías, Orgías
La megafiesta
Lorena un problema de familia
El cirujano plástico, sexo y más
El costeño y mi nueva cómplice Lesly
Pagando la deuda del cirujano
Mi amor el Tieso y Mena su sombra
El Tieso me desconcertó
La fiesta del Rolo y Lorena estrenando
Remate* de locura del Rolo
Lago Calima, perversiones y pasión
Fin de año en Pódium con los duros* de Cali
Remate* de sexo total en “Noches de París”
El desastre de mi fiesta de quince años
Cambio de rumbo
Más cambios y siempre con sexo
En mi vida el sexo era como el comer
Dolor, ira y salida del armario
Vuelta al principio, Sameco y mi madre
De nuevo el Tieso
Viaje a Neiva, conocí a mi padre
Regreso a Cali
Fiesta en la finca de los mellizos Mejía
La muerte del Tieso un golpe muy duro
El Monstruo mi protector
Matan a la mamá de Lorena
Mi declive y crisis de convivencia
Ruptura violenta con Lorena
Mi nuevo barrio San Antonio, toqué fondo
Descubrí internet y los chats sexuales
Estudio de Juan Pablo, las Páginas* de Chats sexuales
Escort de lujo
Las saunas, mi parque de atracciones
Estudio de Doña Gloria, Páginas* Chats sexuales
Víctor último estudio de Páginas*
Nota del autor
Índice de asteriscos *
Prólogo
Esta es la historia real de un increíble adolescente colombiano que solo pudo sobrevivir a la pobreza y tristeza de su existencia, viviendo el sexo desde sus primeros años, porque era lo único que le proporcionaba felicidad y además era gratis.
La falta de padres responsables que le hubieran dado cariño, educado y ayudado a formarse, le convirtió en una víctima de las circunstancias que le rodearon.
Luego llegaron las humillaciones y la necesidad de defenderse, la explotación infantil de todos, con la inacción de su propia madre.
No tuvo niñez, pero siempre conservó un niño dentro de él. La naturaleza le dio la sensualidad y el arte de estimular los deseos de los que se encontraba en su camino, para ponerlos a su favor.
Las drogas eran las alas para transportarse a una dimensión que le alejaban de su insoportable realidad, le liberaban de las pocas trabas morales que tenía y le convertían en una máquina insaciable de sexo.
Su descaro, picardía y madurez precoz, la fuerza para sobrevivir entre tantos riesgos saliendo siempre vencedor.
En su relato describe con realismo total el sexo, las drogas, las perversiones y el uso desaforado de todas ellas. Manteniendo el léxico colombiano en su relato para no perder conexión con sus vivencias y el tiempo en el que sucedieron.
Una historia llena de excitación y desenfreno que transportará al lector a momentos de verdadero éxtasis de pasiones y morbos lujuriosos, no siendo apto para mentes conservadoras ni tradicionales.
A los veinte años consiguió encontrar al maestro que le sirvió de guía, para llevarle a vivir una vida plena y feliz, lejos de su pasado turbulento.
Morbos infantiles
Aún recuerdo cuando era niño, que mamá llegaba a casa pasada de tragos y me enfurecía, ya que desde siempre me gustó saber lo que acontecía a mi alrededor.
No sabía exactamente si aquello era bueno o malo, pero sí que necesitaba toda su atención, mientras mi inocente hermana desde una pequeña mesa pintaba los inexplicables dibujos que hacía y que a mí siempre me parecieron una chorrada.
Nunca tuve un recuerdo de mi padre, del que mi madre se separó nada más nacer mi hermana, que era nueve meses mayor que yo. Fui consecuencia de una reconciliación casual que no dio en nada, hasta mi juventud no conocía mi padre ni a nadie de su familia, tampoco a la de mi madre, ya que fue hija única y nunca se llevó bien con su temperamental padre, pero sí sé que fue inmensamente infeliz por la falta de su madre, que murió cuando ella era apenas una niña, quizás si hubiese tenido a su madre, hoy ella hubiera sido un poco feliz y nuestra realidad hubiese sido otra.
También recuerdo que por falta de oportunidades en mi ciudad natal Neiva Huila, mi madre tuvo que tomar la decisión de salir de allí con sus hijos, para quizás buscar mejores oportunidades para todos nosotros, pero fue allí donde empecé a notar que nuestras vidas iban a estar llenas de grandes decepciones, tristezas y tal vez alguna que otra felicidad, pero muy contadas.
Al salir de mi ciudad natal, mi madre tuvo que tomar la decisión de dejarnos solos en un pueblo, Zarzal Valle a tres horas de la ciudad de Cali, con una vecina de al lado de la casa de su padre, conocida de su infancia, donde vivía nuestro hermano mayor. Al dejarnos con aquella familia abusadora, donde solo se preocuparon siempre de ellos y que solo les interesaba el dinero que mi madre aportaba a final de mes para nuestro cuidado. Pero no fue hasta años más tarde cuando mi madre se enteró de su mal trato hacia nosotros y en especial hacia mí.
Tengo que admitir que querían mucho más a mi hermana, por ser una niña obediente y juiciosa, al contrario que yo, que era un chico muy extrovertido, rebelde y sobre todo piquiña* (que era como ¨Vaya angelito¨, pero a lo colombiano), era un niño que muy pronto iba perdiendo su inocencia para conocer su sexualidad a base de morbos y deseos.
A pesar de ser un niño piquiña*, era muy inteligente en el colegio, pero que aborrecía estudiar, siempre pensé que era perder el tiempo, ya que aún no sabía con exactitud lo cruel que podría ser el mundo exterior. Fui un niño enfermo de asma, así que debía tener algunos cuidados porque las crisis eran bastante traumáticas, incluso para aquella señora aprovechada.
Al no tener amigos, ni poder jugar con mi hermana y además tener esa enfermedad, siempre me tuvieron encerrado en un cuarto oscuro y angosto, pero con techo alto y con muchos retazos de tela, ya que la señora se dedicaba a la profesión de la costura, pero también allí tiraban en un rincón la ropa sucia de sus hijos, que en entonces recuerdo eran dos varones y dos hembras.
Todas las tardes después del colegio, al llegar a casa debíamos hacerle limpieza a la casa mi hermana y yo, luego comíamos, hacíamos las tareas del colegio y a continuación me encerraban. De tanto mirar hacia el techo viejo y oler los orines de los gatos, un día sentí en mi cuerpo algo extraño, pues tuve mi primera erección, no comprendía bien que me ocurría, lloré porque pensé que había hecho algo malo y si la señora se enteraba me pegaría, así que fue mi pequeño secreto en aquel cuarto horrible.
Un día el hijo menor abrió la puerta y me tiró en mi cara su ropa sucia, yo me enojé mucho porque me dio mucho asco, quizás porque les odiaba, pero al caer la ropa, vi su ropa interior y lo primero que vi fue una mancha blanca, que llamó mi atención inmediatamente. Me dio por oler y tuve un gran placer al sentir ese aroma que no sabía muy bien que era, pero producía en mí, que mi polla se pusiese tan dura y ponía mi cuerpo a pensar qué había hecho o por dónde salía aquel líquido que me producía tal desequilibrio en mis hormonas.
Pero que con esa edad de cinco años, no sabía que se le decía así y desde entonces, todos los días al entrar en ese cuarto, buscaba en la ropa interior a ver si encontraba aquel líquido, así descubrí diferentes aromas de las pollas de aquellos dos hermanos que fueron de gran placer para mí en aquellos momentos y fue así también cómo descubrí el olor a un coño, me gustaba oler la ropa interior de aquellos hermanos.
Al cumplir seis años tomé la decisión de saber cómo los hermanos sacaban aquel líquido blanco y en algún momento les pregunté, pero recibí una bofetada por parte de uno y la risa del otro.
Pero a su vez les había dejado una inquietud y quizás morbo de saber por qué yo había hecho aquella pregunta. Así que un día me escondí en la habitación del hermano mayor, que era fuerte, con un buen culo y sobre todo con cara de macho, por el que cualquier mujer estaría encantada de ser follada.
Él notó que yo estaba escondido detrás de un armario y tal vez sintió morbo de ser observado por un niño, que era obvio que estaba buscando respuestas, así que se desnudó poco a poco y fui viendo como la polla iba creciendo, a su vez mi cuerpo iba entrando en calor y sentía una tembladera, que me gustaba lo que aquel hombre hacía y ver como jugaba con su enorme polla, sentí como mi pequeña polla estaba a punto de estallar al ver aquel espectáculo, luego noté que él me estaba viendo, se puso de pie y me dijo que saliera. En sí yo quería que me utilizara, quería ser parte de eso, pero me dijo que pusiera mis manos hacia arriba y fue allí cuando sentí que aquel líquido blanco salía de su polla, caliente, su olor me encantaba y me dijo: “Chúpala y trágatela que es leche, te hará bien”. Efectivamente le hice caso y me la tragué toda.
Pasaron varios días y yo seguí en aquel cuarto horroroso haciendo lo mismo, masturbándome y oliendo la ropa interior de los hermanos, pero jamás me salía aquel líquido blanco que con tantas ganas quería probar de nuevo.
Una vez, desperté en la madrugada y estaba llegando aquel chico que me había enseñado lo que tanto placer producía en mí. Pero esta vez llegó en compañía de una mujer y estaban alcoholizados, pero él me vio escondido detrás del mueble del salón, se dirigió a su cuarto y dejó la puerta entreabierta, quizás para que viera lo que más me iba a impactar en ese momento.
Era una cama baja a un lado tenía una mesa con una lámpara que estaba encendida, porque la luz general estaba apagada y pude notar como la mujer se lanzó a él sin quitarle la ropa, solo medio bajó su pantalón y empezó a chuparle la polla. Era indudable que los dos sentían un gran placer, con rapidez se quitaron sus prendas y pude ver como esa mujer se tiró en la cama, con sus hermosos senos, sus piernas abiertas dejando ver su coño y le pedía que se la culiara*. Para mí fue lo máximo, deseaba ser esa mujer, quería sentir lo que ella sentía, poder sentir la polla y poder gemir con ese placer silencioso que la mujer hacía, cuando vi la leche que le salía por el coño y ver cómo él se restregaba allí mismo, sin duda era el momento de máximo placer.
Mi polla estaba a punto de reventar y muy húmeda, pero no quería perderme ningún detalle, así que no le presté atención a la mía. Él, fríamente se puso de pie y salió de la habitación y pudo ver que yo estaba espiándolos como ya sospechaba, pude verle desnudo, su polla estaba empezando a bajar, pero aún le goteaba leche y entre risas de complicidad me trajo a la cocina y me dijo que si me había gustado, le dije que sí, pero que quería saber qué sentía ella cuando se la metió, se me acercó, me hizo cogérsela y me dijo: ¨Ya serás grande y seguro lo harás, más tú no tienes cuca*, así que tienes que metértela por el culo¨. Se puso a reír mientras bebía agua e iba de regreso a su habitación y me mandó a dormir.
Esa noche no pude dormir después de lo que había visto, recuerdo que me masturbé muchas veces, quería ver como salía leche de mi polla, pero perdí la noción y me quedé dormido.
Transcurrieron las semanas y un día llegó una nieta de aquella señora que tenía mí misma edad y nos hicimos muy amigos, tanto que me dejaron jugar con ella, pero lo que no sabían es que ella era igual o más piquiña* que yo, porque en algún momento en nuestro juego, aquella niña me había metido debajo de una mesa y me hizo colocar unas sábanas para hacer la forma de una casita de juegos, pero lo que yo no sabía era que había otro interés oculto, pues en algún momento me pidió, cuando todo estaba ya cerrado bajo la mesa que me bajase los pantalones, al mismo tiempo que ella lo hizo, me dijo que ya que estamos jugando al papá y a la mamá, debemos hacer lo que la mamá y el papá hacen, así que déjame que yo te chupe el chichi* así como mamá se lo hace a mi papá.
Eso me interesó mucho, pues estaba deseando saber que se sentía chupándome la polla y efectivamente fue una sensación de cosquilleo, pero a la vez placentero que cada vez que la sacaba y la metía de nuevo en su boca, podíamos notar que se ponía dura, para luego pedirme que yo le hiciese lo mismo.
Debo admitir que la experiencia no fue muy agradable, ya que no me dio el gusto que imaginé, cuando aquella mujer le hacía una mamada a aquella polla y pude notar que quería estar en aquella posición, donde yo estaría chupando esa polla grande gorda y sentir como se corría dentro de mi boca, porque siempre me habían dicho que la leche debía tomarla porque era de gran alimento. Le hice una buena mamada al coño de aquella niña y de mi polla empezó a salir un líquido extraño pero transparente.
En algún momento perdí el control, estaba muy caliente y le metí los dedos en el coño para luego meterle la polla y hacer lo mismo que aprendí viendo aquella noche en la madrugada. A ella le debía gustar mucho porque estaba callada, pero podía notar su cara de placer hasta que llegó el momento del remordimiento, nos vestimos y seguimos jugando para que no notaran aquella picardía que sabíamos que estaba mal, pero fue de mucho morbo para los dos.
El tiempo transcurrió, yo seguía siendo un chico rebelde y deseoso de encontrar eso que tanto quería, pero jamás volvió a ocurrir, pero eso no evitó que yo siguiese oliendo aquella ropa interior con aroma a polla y coño que tanto me excitaba y me hacía unas cuantas pajas al día en aquel cuarto triste.
Un día todos se habían ido de la casa y me habían dejado solo, eso me gustó, pues pensé que llegaría aquel chico y al notar que estábamos solos podría pasar algo, pero no pasó. Eran tantas mis ganas de alimentar aquel morbo, que en un momento de silencio escuche el chorro de una ducha.
Era obvio que no era en casa, pero mi abuelo vivía al lado con mi hermano mayor con el que apenas tenía contacto, él era de una relación anterior de mi mamá. En ese momento podría tener catorce años, así que busqué la forma de subir por la pared del patio que daba al suyo, logré subir como pude y ver el cuerpo desnudo de mi hermano, él no era fuerte, ni tampoco le vi la polla dura, pero sí su cuerpo lampiño con una polla muy delicada, un culo blanco hermoso y un cuerpo atlético.
Sabía que era mi hermano, me sentí mal por espiarle de esa forma, pero me gustó verle duchándose en el patio de su casa, era más fuerte que yo y pude comprender que todos los hombres teníamos cuerpos diferentes independientemente de la edad y que en el algún momento el cuerpo de niño que yo tenía iba a cambiar.
Al cumplir los seis años me echaron del colegio, la señora no me quería más en su casa, yo de igual forma extrañaba a mi madre y sabía que en cada cumpleaños de mi hermana ella venía y lo celebrábamos con una tarta para los dos.
Cuando llegó ese día, mi madre vino como siempre con la tarta que había comprado donde trabajaba en la ciudad de Cali, sabía que nos gustaba mucho, traía pocos regalos, ya que no le alcanzaba para tanto como ella quería, pero lo que nunca pensó era que en ese viaje debía regresarse conmigo, porque ya no tenía cabida en aquella casa. Le sentó fatal porque no tenía un lugar seguro para ella y menos para mí, pero incluso así tuvo que aceptarlo y dejar a mi hermana allí, ya que ella sí tenía colegio y la señora siempre tuvo más apego hacia ella, pero solo porque le servía para que le hiciera los favores que ninguno de sus hijos le hacía.
Cali primeras experiencias sexuales
Me dolió separarme de mi hermana, era para mí la compañía de siempre, sabía que ella también deseaba venirse con nosotros y dejar aquella casa nefasta de gente abusadora. El viaje se me hizo muy largo, esa noche mi madre me tuvo que llevar en sus brazos, porque no le alcanzaba para mi transporte y encima yo llevaba nuestra bolsa de plástico con la ropa. Al llegar a Cali fuimos a una casa donde mi madre vivía con su mejor amiga y su familia.
Allí pude notar que había más niños de mi edad, la casa era más grande y sobre todo que la madre de su mejor amiga también era sastra, pensé que también me iban a encerrar en un cuarto horrible, me puse a llorar, mi madre se enojó y me preguntó: ¿Qué te ocurre? y le dije: ¿Si acá también me iban a meter en un cuarto horrible?, se puso a llorar, me abrazó y pude ver las caras de pesar* de las demás personas, aunque no entendía el porqué.
En el transcurso de los días hice amistad con los chicos de la casa, el hijo de la mejor amiga de mi madre y yo hicimos buena amistad, fuimos muy cómplices en picardías de juegos. He de admitir que hubo unos momentos donde Michael, su primo Wilmar y yo tuvimos ciertos momentos de morbos, pero fueron contados. porque pronto mi madre se trajo a mi hermana y alquiló una habitación en otra parte de la ciudad de Cali.
Un día entrando a la habitación de Michael pude ver cómo su primo Wilmar le estaba follando, esta vez descubrí que dos hombres podían tener sexo. Aunque al principio se escabulleron al ver que entré a la habitación sin avisar, pero después me hicieron cómplice de aquello.
Al entrar pude ver que Michael estaba acostado boca abajo y su primo Wilmar estaba encima de él y era evidente que le estaba penetrando, después de disimular que allí no pasaba nada, me mostraron una revista en la que se podía ver mujeres desnudas y hombres haciendo posiciones, estaba claro que estaban siguiendo al pie de la letra cada postura, Wilmar me dijo que si quería hacerme una paja con ellos, a lo que le respondí con un sí rotundo.
Me pidieron que me la sacara y que me la dejase chupar, pude notar que la mía era más grande que la de ellos y a los dos les gustó mucho, porque Wilmar pidió que se la metiera a Michael primero. Meterla por primera vez en un culo fue molesto, pero luego no pude parar de comer aquel culo rosado y sentir como su culo apretaba mi polla y sentir su polla dura, era obvio que lo disfrutaba, mientras su primo nos veía acostado a un lado tocándosela y a la vez mi polla entrando en aquel culo.
Luego pidió que se la metiera yo a él, pero nos asustamos mucho, ya que al sacar mi polla del culo de Michael, había mucha sangre y no sabíamos qué hacer. Michael lloró un poco de lo asustado que estaba, pero le convencimos de que nadie podía saber nada, así que se puso unas medias* y la ropa interior, nos vestimos, salimos de la habitación y nos pusimos a ver la TV. Desde entonces ni hablamos, ni volvimos hacer esas cosas, seguro que no queríamos vivir de nuevo aquella escena, pero fuimos inseparables desde aquel momento.
El tiempo transcurrió y llegó el momento de irnos a nuestra nueva casa, mi madre había alquilado una habitación en casa de una señora que tenía dos hijos, uno de diecisiete y otro de dos años.
En este sitio mi madre nos metió al colegio, mi hermana vino de Zarzal y allí empezamos a tener una vida más tranquila y normal. Mientras mamá trabajaba todo el día, nosotros íbamos al colegio, nos quedábamos solos en casa y veíamos la TV con la señora María.
Un día mi hermana se marchó con la señora María a hacer una vuelta* al centro de la ciudad, su hijo de diecisiete y yo nos quedamos solos en casa, el chico siempre estaba en su habitación haciendo sus cosas, pero esa tarde salió en ropa interior y pude ver que tenía la polla dura, me dijo que, si quería jugar a la Nintendo, yo no tenía claro que era eso, pero si era para jugar, era muy tentador y dije que sí.
Al entrar, pude notar que su habitación era agradable, allí tenía su cama, TV y unos controles que supuse eran del juego. Él empezó a explicarme de qué se trataba el juego, recuerdo que eran unos tanques, que tenían que ir derribando unos ladrillos y otros tanques enemigos. Estaba encantado de aprender a jugar y llegó el momento de tomar el control, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo, así que el chico me dijo que me enseñaba. Me sentó entre sus piernas abiertas y pude notar en mi culo que su polla estaba dura y mientras cogía mis manos se pegaba más y más cada vez, yo no ponía ninguna resistencia, me gustaba y mucho.
Hubo un momento en el que el chico me dijo: “¿Has notado cómo se mueve mi polla?”. Le respondí que sí y me respondió: “¿Te gustaría verla?”. Y asentí con mi cabeza. Cuando la sacó, pude ver que era bastante grande, gorda y el capullo resaltaba bastante y tuve una erección. Él pudo notar que me gustaba, así que me dijo que, si se la chupaba, él me enseñaría a jugar bien a la Nintendo.
Lógicamente, como ya había visto cómo esa chica se chupaba la polla de aquel tío y como también vi algo de lo que Michael y Wilmar me enseñaron, esta vez lo quería hacer yo.
Sabía que no tenía experiencia, pero no lo debí hacer tan mal, porque el chico empezó a gemir poco a poco y sentí que era placer, me gustaba tener esa sensación de tener su polla dura en mi boca, chupar ese capullo fue muy rico, pude sentir cómo su polla se corría en mi boca y sentir la leche caliente, que al principio fue desagradable, pero al final me acostumbré a su olor y sabor y me la tragué por completo, hasta dejársela limpia, poco a poco fui viendo como regresaba a ponerse blanda.
Desde ese momento empezó una complicidad entre los dos, yo cada vez después de llegar del colegio y hacer mis tareas me iba a su habitación solo para mamársela, ya el juego no me importaba nada, me daba más placer jugar con su polla y dejar que él me metiera sus dedos en mi culo y aunque al principio me dolía, luego entraban con mucha facilidad, quizás porque me gustó, o porque ya estaba dando señales de tener un buen culo para que me lo follaran.
Una vez estando solo, me dijo que si quería hacer algo y le dije que sí. Ellos tenían una perra llamada Katy, no sabía bien que pasaría, pero lo que vi luego fue aún mucho más morboso. Su perra quizás estaba ya acostumbrada porque la noté muy tranquila, pude ver que él se puso un plástico en la polla, le puso saliva y al coño de la perra también y poco a poco vi como su polla entraba en aquel coño y su perra ni se mosqueaba, luego se la folló de una manera que la perra empezó a hacer unos chillidos extraños.
Luego le puso un plástico a la mía y me dijo que hiciera lo mismo y lo hice. Y mientras me follaba a aquella perra, él se masturbaba para luego correrse entre mi polla y el coño de su perra. Después me dijo que parara. Al sacársela vi como la perra se lamía el coño y a la vez su leche, eso para mí fue muy morboso.
Así transcurrió un tiempo, yo seguí entrado a su habitación, hasta que un día su madre le pidió a mi madre que nos teníamos que ir de allí. Seguro que su madre sospechaba algo, pero aun así no hubo problema, ya que yo nunca dije nada, porque era evidente que estaba encantado de chupar aquella polla. Mi madre encontró otra habitación en casa de una familia conocida, allí teníamos una habitación pequeña y esta vez estábamos con chicos de nuestra edad.
Era una familia estructurada, de dos mujeres y un hombre con sus padres mayores y tres nietos, eran dos varones y una chica, nos hicimos muy buenos amigos, también con otros chicos de la misma cuadra, recuerdo que enfrente teníamos una cancha donde podíamos jugar tranquilamente con mis amigos, es decir que por primera vez me sentía niño y a gusto.
Kelly era la nieta de la dueña de la casa donde vivíamos y recuerdo que era muy caprichosa, yo le gustaba porque siempre quería estar a mi lado, acostumbrábamos todos los chicos a jugar al padre y a la madre, ella siempre escogía ser la madre y me elegía para que yo fuese el padre. Es decir, que como desde muy pequeño, a la edad de siete años, empecé a hacerme pajas, tenía una polla bastante desarrollada para un chico de esa edad y como Kelly lo sabía, por eso siempre me elegía a mí para ser el padre de aquel juego.
Siempre que jugábamos terminábamos “haciendo el amor¨, me acuerdo que la primera vez que Kelly vio mi polla fue en la terraza de la casa, allí había dos grandes perros y en las noches siempre estaba vacía y oscura, entonces yo aprovechaba para subir y hacerme mi paja todas las noches.
Un día, ella por la curiosidad de verme subir a allí, me siguió y pudo notar que unos de los perros, mientras yo me hacía la paja, me lamía el capullo con esa lengua carrasposa que me hacía sentir tanto placer, con lo cual ella salió de su escondite y al vérmela quedó encantada, entonces espantó al perro, me limpió la polla con agua y siguió haciéndolo ella.
Cabe decir que en aquel entonces ya sabía perfectamente qué podía hacer, así que la tiré al suelo y se la empecé a meter, a ella le dolió y empezó a sangrar, eso fue porque le había robado su virginidad, pero aun así, ella quería que siguiese y no paré. Fue allí donde empezó una gran complicidad entre los dos, por eso siempre aceptaba ser el padre.
Como cada vez que jugábamos, todos nuestros amigos sabían que como buenos padres hacíamos el amor, se habían convertido en nuestros cómplices porque podían escuchar a Kelly gemir cada vez que se subía en mi polla y eso seguro que a todos les gustaba, por eso nunca les decían nada a nuestros padres.
Una vez Kelly se enfureció mucho. Recuerdo que era una tarde y todos los mayores estaban echando la siesta, yo estaba jugando con su primo William y en un momento nos metimos al baño y él me pidió que le mostrara la polla, yo no tuve ninguna objeción y empezamos a hacernos una paja, por primera vez a William le chupaban la polla, yo se lo hice aunque no me gustó, porque era muy pequeña, pero deseaba ver su cara de placer, en un instante alguien tocó la puerta y era Kelly, seguro había visto cuando entramos al baño y se puso muy furiosa porque no le quería abrir la puerta, así que subió a donde sus abuelos y les contó que nosotros estábamos en el baño.
Como excusa dije que estábamos orinando, porque estábamos jugando con agua y Willi no alcanzaba a subir a su casa, cosa que él confirmó. Kelly, envidiosa como siempre, estaba molestándonos, era lógico que yo no quería que nos viera la polla. Desde entonces Kelly fue enemiga pública de los dos, pues ella sabía que había pasado algo más, pero no podía decir nada porque ella era la más perjudicada, pero siguió el hostigamiento hacia ambos.
Un día Kelly quiso jugar de nuevo a la mamá y al papá y como era costumbre quería que yo fuese el padre, pero esta vez me negué, eso desató su ira y decidió contarle a su madre que William estaba masturbándose conmigo en el baño y que yo le había chupado la polla, su madre lo comentó con su familia y decidieron hablar con mi madre. Eso hizo que mi madre me pegara de una forma, que incluso ellos se apiadaron de mí, incluso le pidieron que parara. Unos días después decidieron decirle a mi madre que desocupáramos la habitación que nos tenían alquilada y como me querían mucho, le propusieron a mi madre que, si ella quería, ellos me podrían adoptar y así tener un mejor futuro, ella aceptó y al otro día se fue a la habitación que había alquilado en la cuadra siguiente.
Pero yo esta vez no podía permitir que mi madre me dejase de nuevo en un hogar al que yo no pertenecía, así que al día siguiente me puse histérico y empecé a insultarles a todos, quedaron muy decepcionados y me regresaron con mi madre, saliéndome con la mía, eso sí, mi madre no lo tomó nada bien, así que de nuevo me castigó y me dejó encerrado en aquel cuarto nuevo que había alquilado.
Unos días después todos seguíamos en nuestra rutina, del colegio a la casa y de la casa al colegio. Era muy aburrido, pues allí en esa casa no tenía cómplices, el hijo de la dueña de la casa era un adolescente malo y siempre nos estaba tratando mal, humillándonos y le odiaba. Así que fui un chico bueno pero triste, pues siempre estaba queriendo algo mejor para mí.
Durante un año vivimos en esa casa, a mi madre la situación le rebasó, se volvió agresiva, vulgar y sobre todo se mantenía muy estresada. Tenía una pareja, pero era un bueno para nada, no tenía carácter, tenía tres hijos a los que yo detestaba, ya que eran imposibles y no los quería como familia.
Pasado el año, a mi madre le entregaron una casa, que recibió como subsidio de vivienda. Por fin íbamos a ser felices, pues era nuestro sueño, tener una casa propia.
Nuestra casa estaba al oriente de la ciudad de Cali, en un barrio llamado Remansos de Comfandi y allí emprendimos nuestro gran sueño, aunque bastante lejos como lugar para vivir.
Nos fuimos a allí, a nuestra casa sin ventanas, ni puertas, ni energía, ni agua, absolutamente en la nada, pero la ilusión de realizar nuestros sueños era más grande, aparte de nuestra necesidad.
Fuimos los primeros del barrio, eso significaba que conocíamos a cada uno que llegaba nuevo y además aún seguían construyendo más casas, así que eso trajo bastante movimiento de personas. Un día mi mamá al verse sin trabajo, tomó la decisión de poner un puesto de venta de arepas, en la esquina de nuestra cuadra. Desde el principio nos fue muy bien, cada día teníamos que aumentar la producción porque no dábamos abasto.
El barrio cada vez se fue llenando más y más de vecinos, todos nos conocían y nos querían, e incluso empezaron a poner diferentes negocios y empezó a coger vida el barrio. Mi madre había tomado confianza con un matrimonio, que en su momento ayudó en un problema con el constructor de la casa, que era el mismo de la suya. Fue tanta la amistad, que mi madre les ofreció que fueran mis padrinos.
Recuerdo que mi primer gran amigo se llamaba Harry, con él aprendí lo que era la amistad desinteresada. Era un buen chico, de mí misma edad (siete años, casi para cumplir los ocho). Siempre jugamos juntos, sus padres me querían mucho, porque él era hijo único y yo me había convertido en su hermanito, con lo cual siempre compartíamos la mayoría del tiempo. Así fue hasta que empezaron a llegar otros chicos y cada uno empezó a seguir por su lado con sus nuevas amistades, un nuevo chico, Michael, se vino a vivir a la casa de al lado, en ocasiones hacíamos nuestros morbos juntos, cuando no había nadie, ya fuera en su casa o en la mía.
Se había convertido en mi chica, le encantaba que le follara, me decía que estaríamos juntos para siempre y hoy puedo decir “¡Qué inocente!”. Él era un chico delgado, bastante afeminado, una cara angelical y me parecía el niño más guapo, tenía frenillo en la lengua, así que tenía gran dificultad para pronunciar algunas frases. Como de costumbre algunos del barrio se aprovechaban de ello para molestarle e incluso burlarse de él. Pero yo siempre fui un chico con carácter y cuando veía aquello, por la relación que nos unía, siempre salía en su defensa, con lo cual los demás chicos salían llorando, porque yo era bastante cruel en las cosas que les decía. Pero nunca me importó, eso me satisfacía porque sentía que así protegía a mi chico.
Michael estudiaba en un colegio distinto al que iba yo, pues sus padres tenían posibilidades para un colegio privado y yo iba al público, con lo cual poco a poco nos fuimos alejando, él tenía un padre bastante machista y se había percatado de que Michael tenía tendencias homosexuales, así que hacía lo posible para que él y yo nos mantuviésemos alejados, cosa que logró, pues poco después Michael y su familia alquilaron su casa y se fueron a vivir a España.
Me sentí mal, pero Michael y yo logramos despedirnos como dos buenos amigos, recuerdo que fue una tarde gris, había muerto una vecina y todos los del barrio fueron al entierro. Él se hizo el enfermo y yo por prescripción médica no podía ir a los cementerios. Así que esa tarde, él se pasó por el patio que unían nuestras casas y allí en mi casa en medio de la lluvia nos besamos y nos decíamos cuánto nos queríamos y que algún día volveríamos a juntarnos, mientras nos acariciábamos y nos quitábamos la ropa.
Ese día me dio una buena mamada de polla y yo se la di a él, le encantaba chuparme los dedos de mis pies y eso me ponía muy cachondo, luego se tiró en la cama de mi madre boca abajo y me pedía que le hiciera el amor, naturalmente se lo hice. Él gritaba, pero le gustaba tanto que me pedía que le hiciera más duro, hasta que terminamos y nos quedamos dormidos desnudos en la cama de mi madre. Cuando nos dimos cuenta y llegaron todos, mi madre me despertó muy enfadada, dándose cuenta de lo que había pasado.
Mi madre me dejó de hablar por mucho tiempo, pero no le presté atención ni me importaba su opinión. Michael se marchó a los pocos días y recuerdo que lloré mucho con su partida, pues era evidente que se marchaba mi primer amor de niño. Éramos niños y todo lo superábamos o lo olvidábamos pronto, pero yo siempre recordaré ese rostro dulce, angelical y sobre todo travieso que adoraba de él.
Un día mi madre, después de nuestro trabajo en la venta de arepas, me presentó a los que iban a ser mis padrinos, me puse muy feliz pues era una ilusión que tuve siempre, tener unos padrinos y ser bautizado, ese mismo día me invitaron a su casa para presentarme a sus hijas y también celebrar el baby shower* de su primer nieto que estaba por nacer.
Pronto hice nuevas compañías con los que jugaba a diario, pero nunca volví a tener un buen cómplice como lo fue Michael.
Recuerdo también que en casa no teníamos TV, ni radio, ni mucho menos teléfono, así que acudíamos a las casas de nuestros vecinos para poder ver algún programa de TV. En muchas ocasiones las humillaciones eran crueles, nos regresábamos a casa llorando, porque era triste no poder tener algo para entretenernos, mamá con mucho esfuerzo logró comprarse un radio que tenía TV incluida, era muy pequeña pero suficiente para alegrar nuestros días.
En las madrugadas de diciembre de 1999, nos levantábamos todos felices, ya que escuchábamos los villancicos en el programa de la radio, sin saber que nuestras vidas iban a cambiar para todos. Nuestra cena de fin de año fue un hot dog especial. ¿Qué le hacía especial?: ¡Que tenía tocineta*! Lo partimos en tres partes y una Coca-Cola para los tres, oramos y le pedimos a Dios que el próximo año fuese mejor que el anterior y nos fuimos todos a dormir hasta las cinco de la mañana que mamá despertó vomitando sangre.
Era absurdo, nadie pudo dormir ese día, pero todo volvió a su cauce, hasta tres meses después, cuando nos dimos cuenta de que mamá estaba embarazada, porque su barriga empezó a crecer, como era natural en su estado. Un día mamá fue al médico y nos llevó a mi hermana y a mí a la consulta, sin duda le confirmó que era positivo, que tenía seis meses de embarazo y que eran dos bebés.
Ese día fue sin duda imborrable para todos, esa misma noche mi madre quedó hospitalizada, la confirmación del embarazo y que en vez de uno iban a ser dos, le había superado. Me di cuenta de que mi hermana y yo éramos bastante vulnerables y eso me dolió mucho, sentí que no era capaz de protegerme y muchos menos a mi hermana y a mi madre. Al no tener ningún familiar a quien llamar, debían avisar a Bienestar Familiar, para que se hiciera cargo de nosotros, como pude, pedí una moneda a una persona y llamé a una vecina, porque mis padrinos no le hablaban a mi madre desde que sabían que estaba embarazada.
A esta vecina que vivía cerca de nuestra casa, le pedí que nos ayudara, gracias a ella que vino a por nosotros y nos llevó a casa, no se pasó a mayores. Ese día también lloré mucho, porque había dejado a mi madre sola y fueron unos días de mucha incertidumbre porque no sabíamos nada de ella, nuestro negocio llevaba mucho sin abrir y la competencia afloro al ver tal oportunidad. Un día caminando hacia casa, veo que mi madre se está bajando de un autobús, pálida, ojerosa, delgada, pero con su panza grande.
Mi madre lo único que hacía era comer y podía hacerlo porque mi hermana y yo nos encargábamos de pedir a los vecinos que nos dieran lo que pudiesen. Un día me senté al lado de mi madre y le dije que ya era suficiente, que debía seguir adelante y superarlo, porque debíamos luchar por esos dos bebés que venían en camino y no era tiempo de parar. Esas palabras, mi madre las escuchó, se puso de pie y nos reorganizamos para poder seguir trabajando con la venta de las arepas hasta que no pudiese más.
Desde entonces trabajamos duramente, algo cambió en nosotros, mi madre era una mujer amargada, mi hermana se había alejado, quizás porque estaba cansada y yo queriendo comprender cómo poder ayudar en casa, pero todo estaba fuera de mi alcance, porque era apenas un chico de nueve años.
Mi madre estaba programada para el mes de julio de 2000, así que Debíamos tener todo listo, ya que, en junio mi hermana y yo teníamos exámenes en el colegio público que estaban abriendo en nuestro barrio y teníamos que examinarnos para así saber si éramos aptos para un puesto en el colegio.
El dieciocho de junio después del trabajo nos preparamos un hígado en bistec con arepa, fueron únicos, como los hace mi madre y resultó un desayuno especial, ya que muchos de los vecinos se habían reunido y habían hecho una recolecta de cosas para bebés, fueron muchas cosas sin duda, un acto de cariño hacia nosotros. Después de esto limpiamos la casa y organizamos todas las cosas de los bebés. Mientras mamá y nosotros organizábamos la pañalera, dado el caso de tener que salir para el hospital y sin terminar aquello, rompió aguas.
Ese día mi madre contó con la ayuda de una vecina, que junto a su esposo la llevaron al hospital. Mi hermana y yo nos quedamos solos en casa, ya que debíamos estudiar para nuestro examen. Dos días después nos llegó la noticia de que ya había dado a luz a dos niñas y que una había muerto, lógicamente me desesperé y me puse a llorar mucho y fue tanto mi llanto que dos personas que nos conocían se acercaron y nos dijeron que no nos preocupáramos, que ellas iban a ir a donde mi mamá y se iban a encargar de ella y mientras nosotros debíamos estudiar.
Ese mismo día la señora Magnolia y Esperanza se fueron al hospital, le llevaron comida y hablaron con ella, pudieron confirmar que las dos niñas también estaban bien. Magnolia se regresó con la noticia para tranquilizarnos, pero debían permanecer unas semanas en incubadoras y mamá hospitalizada.
La violación
Mi hermana se quedó en casa de su mejor amiga y yo me quedé solo en mi casa.
Esa noche ocurrió algo que seguro cambio mi vida, estaba en el patio de mi casa duchándome con la manguera que teníamos, de la que también sacábamos el agua para toda la casa, ya que era de contrabando. Estaba desnudo y pude sentir la mirada de Jimmy.
Jimmy era el hijo mayor de un matrimonio con tres hijos de la casa de al lado, exactamente donde vivió Michael. Me caían muy bien todos ellos, en especial Jimmy, que seguro me recordaba al chico que me enseñó a jugar a la Nintendo, era muy extrovertido, bastante maricón y se burlaba mucho de mí, pero esa noche en su terraza estaba metiéndose alguna droga y empezó a masturbarse enfrente de mí, yo hice como si no lo hubiera visto, ya que la oscuridad de su terraza no permitía verle bien. Sin embargo, empecé a tocarme y acariciarme el culo e incluso pudo ver que me estaba poniendo cachondo, en cuestión de segundos la silueta de Jimmy desapareció.
Nunca pensé que Jimmy bajara de su casa y abriera mi puerta, para luego cogerme con fuerza, tirarme en la cama de mi madre y con la polla dura y gorda me penetró sin estar yo preparado, ni consentirlo.
Era obvio de que yo era responsable que él estuviera cachondo, jugué con fuego y me quemé. En vez de gritar de dolor, empecé a gritar de placer, independiente de la sangre que salía de mí. Pude notar que cada vez que manejaba bien la respiración me dolía menos y en cierto modo me daba morbo que aquel Jimmy, con su aspecto de hombre amanerado, algo guapo y con tan buena polla, me estuviera follando tan duro y me había reventado el culo.
Fueron casi veinte minutos eternos follándome, seguro que le gustaba, porque me decía que tenía un culo muy rico y que me iba a dejar toda la leche dentro. Pude sentir su leche caliente que resbalaba por las heridas que había dejado la polla a su paso, al sacarla de mi culo pude ver lo grande que era, también gorda, rosada y con un gran capullo.
El muy maricón después de follarme no fue capaz de ni ayudarme, se puso el pantalón y se marchó de mi casa dejándome allí dolorido y sucio, pero me levanté de la cama y le dije por la ventana que algún día me las iba a pagar.
Aún no había cumplido los diez años. Fue una violación de libro a un menor.
El tiempo transcurrió, fueron tiempos de cambios, a los pocos días mi madre regreso del médico con mis hermanas y nos fuimos a quedar en casa de la señora Magnolia mientras mi madre pasaba el postparto.
Al poco tiempo, pasé el examen para entrar al colegio. Allí pude encontrar nuevas amistades y empezó el declive de mi infancia, mi madre cambió radicalmente, nos había pasado las responsabilidades de mis hermanas y de la casa y empezó a pasar todas las tardes en las casas de los vecinos con la excusa de ver la televisión.
Yo con el tiempo había hecho buenas relaciones con los que iban a ser mis padrinos, había conocido a su nieto Sebastián y sus hijas aceptaban de buena fe que yo fuese el ahijado de sus padres. Así ocurrió, Doña Rosalba se encargó del papeleo y al poco tiempo me bautizaron y por ahí derecho hice mi Primera Comunión.
Al notar la mala situación de mi casa y que las facturas no se pagaban, no teníamos los servicios básicos como son el agua o la energía y que a duras penas teníamos qué comer. El negocio de las arepas de antes del parto, nunca se volvió abrir, así que vivíamos de la voluntad de lo que nos daban los vecinos, tanto que el plomero, nos conectaban el agua sin pagarle, otro nos conectaba la energía y poco a poco nos acomodábamos. Pero un día le pedí a Don Hernando que me llevara a trabajar con él y que me pagara lo que pudiese.
Don Hernando, era el que iba a ser mi padrino. Él y su familia, es decir, él y sus hermanos con sus esposas, tenían un negocio de venta ambulante en una zona muy central en el polígono industrial de Cali, eso quiere decir que atendían a muchas personas.
Así que hablé con mi madre y le dije que me iba a trabajar con Don Hernando y ella quedó encantada. Ese día dormí lo que pude durante el día y a las 12:00 de la noche me dirigí a su casa para ayudar a sacar los termos llenos con café y chocolates, aparte de otros productos, al motocarro en el que se transportaba todo, que era lo que se preparaba en Sameco.
Esa noche aparte de Don Hernando, venía su esposa Rosalba, su hija Yeimy, otras dos personas y yo. En el camino pude ver por donde pasábamos y me gustaba esa sensación de libertad, sentí que todo lo de atrás no me molestaba, quería ir hasta donde llegara ese motocarro.
Pude notar que el ambiente a esas horas de la noche era bastante movido, cuando llegamos a Sameco, Don Hernando dejaba a una parte de los que venían en el motocarro en los puestos principales, para que adelantaran y abrir los negocios, mientras él llevaba a su esposa Rosalba donde ella tenía un puesto independiente, más cerca, en la zona de los prostíbulos, discotecas y algunas fábricas, sin contar que estaba en la entrada de una autopista. Esa noche todos se bajaron y Don Hernando me dijo que yo iba con Rosalba, así que me tocaba ir con ellos.
En el camino, estando yo solo, mi padrino se metió por calles muy oscuras y pude ver que en ciertos lugares había movimientos extraños. Al llegar a la última parada, nos bajamos y tuvimos que sacar parte de la carga de los productos para su esposa Rosalba, para luego él seguir solo de regreso hacia Sameco donde estaban los puestos principales.
Nada más bajar del motocarro, vi que era una esquina donde había una empresa de pollos en frente de él, un parking gigantesco, donde los carros pesados de transporte de diferentes sectores guardaban todos los días sus carros, es decir que el suelo era mero polvo. Nos encontrábamos bajo un puente de una autopista, con subida y bajada. Frente a nosotros se encontraba un motel y al lado una discoteca. La zona en sí era un polígono industrial.
Cuando bajamos los termos llenos de café y otros complementos para preparar allí, pude notar que al fondo del parking en medio de la oscuridad salía un hombre con pasamontañas negro empujando un carro, que era donde Doña Rosalba tenía sus implementos* de trabajo.
Nos saludamos y entre los tres empezamos a organizar el plástico para cubrir por si llovía, Rosalba encendió la cocina de gasolina y puso a calentar una gran sartén con aceite. El señor era el vigilante del parking y conocía a Doña Rosalba, pues sabía perfectamente donde iba cada cosa y me fue enseñando mientras Rosalba me explicaba en qué consistía mi trabajo.
Al terminar me sentí a gusto, el olor a café en medio de la madrugada era excitante. Poco a poco empezaron a llegar clientes para tomar café, mientras esperaban que salieran los alimentos calientes y frescos, así que mientras Doña Rosalba fritaba* yo ayudaba a atender a los clientes, en poco tiempo ya había empanadas, buñuelos y sin duda quise comer, fue lo máximo, me sabían a gloria esos buñuelos y el café en leche era delicioso.
Al rato Rosalba me dijo, que tenía que ir al puesto de Don Hernando a llevarle buñuelos para que él vendiera en su negocio, pues él hacía hojaldras y empanadas, me explicó el camino para llegar a allí y a mi regreso traer hojaldras para vender ella en su puesto, o sea intercambiaban las hojaldras por los buñuelos.
Con la explicación que me dio, cogí camino hacia Sameco, pude notar en el camino que había un ambiente muy movido, ya que había una discoteca de travestis, bares y muchos taxistas, aparte de la gente que estaba en la calle. Ese mundo llamó mi interés, me gustaba el ambiente que se sentía de “sexo y peligro” por donde pasaba me llamaban diciéndome: “Bebé, venga le chupo esa verga” y eso me gustó mucho.
Al llegar a Sameco, me di cuenta de que no solo estaba Don Hernando, también estaban casi todos sus hermanos y otras familias, con puestos de diferentes productos e incluso también atendían en plan bar, o sea, que se encontraban prostitutas acompañando a hombres bebiendo alcohol.
Don Hernando me presentó a toda su familia. Todos me dieron la bienvenida y me daban a probar sus productos, que me encantaban, aunque casi todos hacían buñuelos, cada uno tenía un sabor diferente, lo que hacía que cada uno tuviese su propia clientela. Luego tuve que esperar a que Don Hernando tuviese las hojaldras que tenía que llevar hacia el negocio de su esposa Doña Rosalba, mientras tanto, él me explicaba cómo era el funcionamiento del trabajo y ayudaba a atender a los clientes que llegaban, pues sus hojaldras eran las mejores por lo deliciosas que eran.
Cuando por fin estuvieron listas, me fui hacia al negocio de Doña Rosalba. En el camino pasé por otro camino mucho más solitario, debía cruzar por una estación de gasolina y una parada de taxis. Pasé por en medio y salí hacia el lateral del puente que daba a una calle oscura y solitaria, en la mitad de la calle había un callejón mucho más oscuro, pues no había postes de luz y me metí por ahí, quería observar si en ese callejón había algo que me interesara, ver si me encontraba a alguien y efectivamente fue así.
Había un taxi con el motor y las luces apagadas y fuera estaba su conductor follando con una travestí, pude notar que la travestí se lo estaba follando a él. Yo para disimular me disculpé y pregunté por donde estaba la fábrica de pollos y vi cómo le colgaba la polla. La travestí tenía unas tetas grandes y la polla erecta. Salí corriendo de aquel callejón, pero con cierto morbo, pues me excitó aquella escena.
Al llegar al puesto de Doña Rosalba, había muchas personas y ella atendiéndoles con la ayuda del vigilante del parqueadero*. Doña Rosalba me regañó, pues me había demorado mucho y ella no podía quedarse sola mucho tiempo, porque tenía que fritar* para no quedarse sin producción. Yo como pude me excusé y le dije que no había hojaldras listas.
Las personas que estaban allí eran travestis y gays, ya que más adelante había una discoteca de ambiente y después de salir de la discoteca, todas esas personas venían buscando algo que comer y el puesto más cercano era el de Doña Rosalba. Me puse a atender a cada uno y hay decir que algunos ya conocían mucho a Doña Rosalba, pues tenían una gran confianza con ella. Había travestis muy lindas tanto que parecían mujeres y chicos muy guapos. En un momento cuando a uno de ellos se le estaba enfriando el chocolate, con todo el descaro, llevó la mano hacia mi polla, yo me quedé sorprendido, más no quería alertarme para no darles a entender que eso me gustaba.
Después de que todos se marcharan, hubo un tiempo que nos quedamos solos hablando, ya que la discoteca había cerrado, comí un poco, pero pensaba cómo sería el ambiente en aquella discoteca y me puse muy caliente, pues me imagine cosas muy morbosas en aquel sitio. Le dije a Doña Rosalba donde había un baño y ella me mandó al parqueadero*. Era un baño horrible, tenía que pasar entre los carros y el sanitario no funcionaba bien, el sitio era oscuro, así saqué mi polla y empecé a masturbarme, ya que lo visto en aquella madrugada me había puesto muy caliente.
Pasaron las horas y ya estaba amaneciendo, cada vez había más gente, unos salían y otros entraban a las fábricas, era todo muy caótico, el trabajo se volvió más estresante, debía hacer varias idas y vueltas para que ningún puesto se quedaran sin café y producción, tanto que ese día terminé rendido, llegué a casa a las 12:30 del mediodía. Ese día no fui a estudiar y me quedé durmiendo el resto del día.
Transcurrieron los días poco a poco, compaginaba mis estudios con el trabajo, eso significaba que no rendía en mis estudios, ya que en ocasiones me quedaba dormido en las clases y bajé las notas de forma brusca. Mis profesores se preocuparon y llamaron a mi madre a una reunión, para informarle de lo que estaba aconteciendo. Ese día después de la reunión, mi madre hablo con Doña Rosalba, decidieron que sería ella la que trabajase y yo seguiría estudiando.
Está claro que cuando empecé a ganar mi propio dinero, ya no estaba muy interesado en estudiar, aunque debía hacerlo porque mi madre y Don Hernando me obligaban. En el colegio ya no era muy aplicado porque me la pasaba siendo el chico rebelde de las clases con mis amigos.
Tenía un amigo llamado Brayan que me gustaba muchísimo, era sin duda el chico guapo del salón*. Éramos muy cómplices compartíamos novias, ya que por ser los rebeldes de la clase, eso nos hacía populares entre las chicas, pero yo siempre estuve enamorado de mi amigo, tanto que nos tocábamos las pollas y nos poníamos cachondos. Un día en la clase, nos tocamos por debajo de los pupitres y fue tanta la excitación que nos hicimos una paja en medio de la clase y nadie se enteró, llevábamos puesto el uniforme de educación física y nos sentábamos en el pupitre de la última fila.
Otro día, en la clase de educación física nos juntamos todos los chicos del salón*, o sea, mis amigos Diego, Nicolás, Alfer, Manuel, Brayan, Martín y yo, estábamos en el patio del colegio y en un momento de distracción de nuestra profesora nos fuimos todos a la parte de atrás y nos subimos a un tejado. Allí todos empezamos a hablar de la profesora de lo guapa que era, de su culo grande y poco a poco cada uno de nosotros nos pusimos cachondos tanto que Nicolás sacó la polla y después lo hicimos todos.
Ese momento fue fantástico, pues pude ver las pollas de mis amigos y ellos la mía, sin duda la mía era mayor que las de todos ellos, tanto que Nicolás me la tocó y luego los demás y cada uno masturbaba al otro e hicimos una competición de quién se corría más lejos.
Por supuesto ninguno eyaculaba con esa edad, pero fuese lo que fuese lo que salía, Nicolás nos ganó pues era el morenazo del grupo. Después de esto nos pusimos a jugar, como si no hubiese pasado nada aquella tarde en clase de educación física.
Un día estando en casa me llamó mi vecino David, que era de mí misma edad, él estaba solo en casa y quería jugar conmigo, pero su intención era otra, pues después de un momento me dijo si nos hacíamos una paja, yo le dije que sí, ya que todo lo que tuviese que ver con sexo me producía mucho morbo.
David era un amigo muy tímido, pero morboso, ese día me pidió que le mostrase la polla, lo hice y fue tanto su morbo que me la acarició provocando que se me pusiera muy dura, en ese mismo momento nos pusimos a pajearnos mirándonos uno al otro. Su polla era normalita, pero muy dura, se la toqué y le pedí que me la dejase chupar, a lo que él accedió, era tanto su placer que le lubricaba mucho, hasta que los dos llegamos al momento del clímax, pero era tan tímido que al terminar me pidió que me fuese, porque estaba al llegar su madre y su hermano.
Los días transcurrieron y seguí mi rutina de estudiar en casa y salir a jugar con mis amigos, típicas cosas de un chico de mi edad.
Un día mi amigo Óscar y yo nos pusimos a jugar con nuestros muñecos de Dragon Ball, en una montaña de arena que había fuera de su casa, ya que en su casa estaban construyendo. Llegó un momento en el que Óscar me invitó a jugar en su habitación, él tenía muchos más juguetes allí, acepté y nos dirigimos a su habitación, al llegar nos pusimos a jugar con todos sus juguetes, eran mejores que los míos, pero las intenciones de Óscar eran otras, en un momento dado, él empezó a tocar mi polla y eso me gustó, yo le besé y le comí su boca, estaba claro que entre los dos siempre hubo una atracción, porque desde que nos conocimos siempre fuimos buenos amigos, ese día él dio el siguiente paso y esa noche nos dejamos llevar por el morbo.
Nada más tocarme la polla Óscar, yo le besé y él respondió con el mismo ímpetu, tanto que le bajé el pantalón y empecé a chupársela, también el ojete, eso le encantó porque se me abrió de piernas y la tenía muy dura, sudaba de lo cachondo que le había puesto, al mismo tiempo él me comió la mía. Se notaba que ya lo había hecho antes, pues lo hacía con mucha experiencia, tanto que me decía: “Tu verga me encanta y quiero que me la metas por el culo” y yo sin inmutarme acepté, pues él me gustaba muchísimo.
Después de ponernos cachondos en su habitación nos fuimos al baño, ya que en su habitación no había puerta, entramos y él se sentó en el inodoro y me volvió a chupar la polla, mientras se metía el dedo por el culo, hasta el punto de ponerse de pie y poner su pie izquierdo en el sanitario para así ayudar a abrirse más el culo. Su agujero era rosadito y su polla preciosa, gorda y bien dura, aunque yo tuviese dos años más que él, estaba claro que él ya había tenido alguna complicidad, pues tenía incluso más experiencia que yo en el área sexual. Le chupé el culo y la polla hasta que llegó el momento en el que me dijo: “Métemela ya” y cuando fui a hacerlo su padre nos golpeó la puerta fuertemente y nos jodió el maravilloso momento.
Salimos muy asustados, los dos sabíamos que estábamos haciendo algo “malo” y más, porque el que nos había pillado fue Don Hamir, su padre, y nos dio mucha vergüenza. Yo me fui para mi casa y él, seguro que, en la suya aguantó el regaño de su padre.
Al día siguiente en horas de la tarde, vino su madre y empezó a hablar con mi madre, después de un buen rato hablando entre ellas, mi madre vino a mi habitación y me dio una pela*, me regañó y de paso me castigó, ya que Óscar había dicho que yo le había obligado a hacer lo que estábamos haciendo, entonces fui el que corrió con todo el castigo y el título de violador, porque tenía dos años más que él y eso mi madre me lo recalcó mientras me pegaba.
A partir de entonces me alejé de mis amigos de la cuadra y empecé a juntarme con otros chicos más grandes y más “malos”, pues sus hermanos hacían parte de la gallada* de los malandros* del barrio.
Allí empecé a seguir a las chicas, ya que quería demostrarles a mis nuevos y actuales amigos que yo podía tener una novia.
Mientras estudiaba, empecé a frecuentar a mis nuevas amistades e incluso también a enamorar a alguna chica del barrio.
Mientras hacía las nuevas amistades, me fui alejando de mis amigos de la cuadra y empecé a empeorar en el colegio, había dejado de ser el niño dulce y me convertí en el chico rebelde.
Había hecho muy buena amistad con un chico de otra cuadra llamado Diego, no era especialmente guapo, pero me gustaba, ya que desde el principio fuimos muy cómplices y estábamos siempre juntos.
Un día me invitó a su casa a jugar en la computadora con un juego llamado “Pacman”, desde entonces nuestra amistad cambió e incluso desde ese día nos unimos mucho más y en un momento dado, se sacó la polla y empezó a masturbarse, entonces me pidió que también lo hiciera yo y ni corto ni perezoso le seguí, pues me dio mucho morbo su descaro y la forma de cómo lo pidió, estaba claro que le daba morbo ver otra polla, por eso estaba deseoso de vérmela y como siempre mis amigos quedaban encantados con mi polla, él sin pensarlo me la tocó y pude notar que le encantaba. Ese día solo nos tocamos y morboseamos* viendo como cada uno llegaba al clímax del placer, pues él ya eyaculaba y eso me encantaba.
Pasaron los días y nuestra amistad fue muy cómplice, siempre permanecíamos juntos desde la mañana hasta la noche, tanto que él se hizo novio de una chica de otra calle y yo estaba enamorando a su amiga.
Siempre que teníamos oportunidad y estábamos solos, ya fuera en su casa o en la mía, aprovechábamos para darle rienda suelta a nuestra complicidad, tanto que un día le pedí que me echara la leche en mi mano y con ella me masturbaba. Esa sensación fue maravillosa, hacerme aquella paja con su leche aún caliente, pude sentir su olor y me encantaba hacerlo, hasta que hubo un momento en el que él sin decir nada, me la chupó aún con su leche, seguro que esa experiencia, la recordaríamos siempre los dos. Y así fue cada vez que teníamos oportunidad, nos masturbábamos y terminábamos chupándonos las pollas.
Un día nos fuimos todos a la piscina municipal y allí mismo me encontré a mis amigos de la cuadra, pero ya casi no les prestaba atención, pues había entrado en el círculo de “chicos malos” del barrio. He de decir que Ximena, la chica que tanto me gustaba nunca me había dado un beso y aunque yo le gustaba, no quería darme un beso, ya que tenía una pequeña verruga en mi labio y eso siempre fue el hazmerreír de mis amigos, pero nunca me importó.
Entonces Ximena era solo una pantalla para hacerles creer que me interesaban las chicas y aunque ella me gustaba no le daba tanto interés, pero sí a su primo Wilmar, que era un chico guapo, alto, moreno y me ponía muy cachondo.
Ese día en la piscina municipal, Diego y yo nos estábamos masturbando en una zona que nadie frecuentaba y Wilmar y otros amigos nos pillaron, pero en vez de irse, empezaron a masturbarse allí mismo con nosotros.
Estaba claro que a todos nos gustaba vernos las pollas, pero siempre la mía llamaba la atención por ser de mayor tamaño que las de ellos. Pude notar cómo todos me miraban y se ponían más arrechos* al ver cómo me masturbaba, porque siempre lo hacía con tanta fuerza, que mis huevos golpeaban sobre mi mano.
Hubo un momento que Katherine, la novia de mi amigo Diego nos encontró y en vez de irse, se escondió y pudo ver aquel morbo que hubo entre los ocho chicos que allí estábamos. Lo sé porque luego en la piscina se acercó y me dijo al oído que mi polla era la más preciosa de todas.
Un día, Diego y yo estábamos en su casa masturbándonos y chupándonos las pollas y en cierto momento sentimos un grito “les pillé” y nos pusimos muy nerviosos, era su hermano mayor el que nos había visto, que tampoco era muy guapo, pero tenía mucho morbo.
Él en lugar de irse de allí, se sentó al lado de su hermano y también sacó la suya, esta si era de grandes dimensiones, pues nada más sacarla vimos que era grande, con un capullo enorme, preciosa y sobre todo gorda, allí pude notar que me encantaba y él lo notó, me pidió que se la chupara y ni corto ni perezoso les hice la mamada a los dos hermanos, hasta que los dos me llenaron la cara con su leche. Después hubo un silencio de vergüenza, su hermano se levantó de la cama y nos dijo: “¡Maricones!”, nos reímos con cierta vergüenza, pero con mucha complicidad.
Nuestra amistad cayó en rutina y como a todos los jóvenes, nos gustaba jugar también, así que gracias a mí, cada grupo de chicos de cada cuadra, nos hicimos todos amigos y jugábamos juntos en la calle a diferentes juegos (Beisbol, Yeimy, Escondite, etc.) y así reinó un poco la tranquilidad entre todos.
Un día cualquiera después de jugar, las chicas y los chicos nos juntamos por separado, algunos tenían que recogerse más temprano, así que quedamos los más vagos y nos fuimos hacia el Jarillons, donde había muchos árboles y allí nos encontramos al hermano de Diego, nos sentamos todos a su lado y empezamos hablar de las chicas, de sexo y hubo un momento en el que uno por uno, empezamos a decir que se nos había puesto la polla dura. Todos nos subimos a un árbol y nos empezamos a masturbar hasta el punto de corrernos y luego soltamos las carcajadas, pero a mí me había encantado ver las pollas de mis amigos, aunque ya con algunos había tenido alguna complicidad.
Al finalizar el curso, mi madre se enteró de que tenía que recuperar muchas materias y me castigó, así que no pude seguir con tanta libertad para estar en la calle, pero un día, Sebastián un amigo de mi cuadra, entró para saber cómo me estaba yendo con las clases, aunque sus intenciones eran otras, al rato me tocó la polla haciendo que se me pusiera dura. Sebastián tenía un año más que yo, pero sin ninguna experiencia, me abrazó y frente a frente empezamos a sentir nuestros cuerpos, rozando nuestras pollas duras, pero yo poco a poco fui bajando hasta que se la mamé, él se corrió en mi boca y aunque no tenía una gran polla, me gustaba mucho porque era un moreno guapo y siempre imaginé como sería su polla Y a pesar de irse corriendo de mi casa, supe perfectamente que había venido para eso.
Pude pasar a 4º de primaria y llegaron las ansiadas vacaciones con ellas pude seguir trabajando en Sameco y así poder ganar dinero.
Habían pasado varios meses y Sameco seguía igual, pero yo había cambiado un poco, tenía ganas de hacer dinero y hacer cualquier morbo que se me cruzara, me sentía grande y con la libertad de hacerlo.
Un día llevando hojaldras del puesto de Don Hernando adonde su esposa, pasé por la estación de gasolina y pude conocer a un chico que trabajaba allí, desde que le vi me pareció un chico guapo, su uniforme le hacía más sexy, con el tiempo me gané su confianza, hasta que se dio cuenta de que me gustaba, aproveché y le pedí que me dejase pasar al baño. Claramente mis intenciones eran otras, un chico joven a esas horas de la madrugada y con ganas de sexo, estaba a disposición de la noche.
Me llevó hacia donde estaba el baño, primero orino él, que poco a poco fue bajando el cierre de su mono, hasta dejar la polla destapada, pude ver su cuerpo macizo con algo de vello en el pecho y abdomen, la polla gorda rasurada, ver salir su orina fue muy excitante, tanto que pudo notar mi interés en ver como orinaba. Al terminar se puso de frente y me dijo que si se la quería tocar y le respondí: “Tocar y chupar, porque tu verga es preciosa”, él soltó una carcajada, me cogió y me sentó en el inodoro para que se la chupase.
Pude sentir poco a poco como se le ponía dura en mi boca, hasta el punto de que no me cabía en la boca de lo gorda que era, incluso así yo seguía, porque ese hombre me gustaba demasiado, su masculinidad era maravillosa, le besé el pecho, él me tocaba el culo y pude sentir como me metía unos dedos y se corrió mientras yo me masturbaba, fue tanto placer sentir su leche caliente, que él la tomó con la mano y me la puso en la boca, me dijo que me la tragase y yo tenía tantas ganas de complacerle, que así lo hice.
Al salir de aquel baño pude ver que Don Hernando venía a lo lejos, al llegar a la estación de gasolina me regañó por mi demora, pero él me defendió diciéndole: “Que le dejase, que el chico había estado en el baño”, con lo cual Don Hernando se quedó callado.
Nuestra complicidad era tanta que cada vez que aquel chico le tocaba trabajar de madrugada, yo pasaba para darle una buena mamada, hasta que un día me pidió que me la dejase meter, yo estaba ansioso de poder sentir esa polla, pero era tan gorda que me iba a doler muchísimo, así que él se empleó en chuparme el culo y meterme sus dedos hasta correrse, luego me metió su leche con los dedos y así lo hacíamos cada vez más, hasta que aquel chico dejó de trabajar en aquella estación de gasolina.
Siempre me gustó la idea de ir a trabajar a Sameco, allí sentía una sensación de libertad que no tenía en mi barrio, me gustaba la vida de la noche y aunque supiese que era peligroso para un chico de mi edad, estaba dispuesto a correrlas, solo con el objetivo de vivir todas las experiencias que la noche me presentara.
Como era imaginable, trabajar y seguir con mis amigos del barrio era poco factible, ya que, para mí era primordial conseguir dinero, para así poder ayudar a mi madre con la comida y guardar algo de dinero para mis fines de semana.
Un día unos amigos me habían invitado a una fiesta en el barrio, yo había invitado a Ximena para que viniese conmigo, pero ella no podía venir porque su madre no le dejaba, así que me fui solo con Diego y su novia Katherine. Al llegar a allí y saludar a nuestros amigos pude ver a Ximena bailar con el anfitrión de la fiesta, al igual que yo, él también estaba enamorado de ella y mientras bailaban pude ver, que él le agarraba del culo y la besaba.
Ese día sentí tanto odio, yo siempre la había respetado e incluso la trataba muy cariñosamente, como si de una flor se tratase, era una chica dulce que no era de calle. Pero ese día me di cuenta de que solo era fachada, era igual o peor que otra cualquiera, así que salí de la fiesta y fui a buscar a la prima de mi amigo Diego, que siempre estuvo enamorada de mí. Ella pudo ver en mí tanta rabia, que me pidió un beso y que ella misma le pegaría a Ximena para que me respetara. Pero yo antes le dije, que cuando terminara de pegarle le dijera: “Esto va de parte de Sam, por ser una perra”, porque estaba deseando que sintiera mi rabia.
Esa noche tuve que ir al farallón y dejar que la prima de Diego me besase y hasta tuve que dejar que me hiciera una mamada, ya que estaba en sus manos, sentí asco porque no me gustaba nada, pero la complací para que hiciese lo que yo no podía hacer, así que nada más acabar, la llevé cerca de la fiesta y me quedé en la oscuridad, viendo como le pegaba a Ximena y como habíamos acordado, le dio mi mensaje.
Ese día no hubo más fiesta, nada más irse Ximena golpeada para su casa, yo llegué porque tenía que pegarle a mi supuesto amigo, que sabía cómo todos, que Ximena me gustaba y como fue él, el que planeó la fiesta, seguro que también había planeado lo de Ximena. Así que ese día hubo muchos golpes en la fiesta, yo castigado y de paso la pela* que me dio mi madre, pues Ximena llego a mi casa con sus primos y su tía para informar a mi madre de lo que yo había hecho, pero mi mensaje fue: “Yo encantado de recibir esta pela*, así dejas de gustarme “perra”. Y tranquila, que tú serás más arrastrada que cualquier otra chica” y desde entonces nunca más volví a hablarle.
Un día mi madre llegó con buenas noticias, pues se había reencontrado con su mejor amiga de la infancia, esta le dijo que su hija Leidy era la amante desde hacía varios años, de un primo de mi madre, que era unos de los capos del norte del valle, mi madre se alegró de ver a su amiga y gracias a ella, mi madre pudo contactar con Leidy.
Cuando mamá la localizó, nos invitó a su apartamento, allí pasamos todo el día, sin duda fue un día especial, ella se encargó de que estuviésemos bien atendidos. Leidy le propuso trabajar en su casa y mi madre sin dudar aceptó, así que dejé el trabajo en Sameco y empezó a irnos bien en casa.
Mi madre trabajaba y ganaba un buen salario, mientras mi hermana y yo nos dedicábamos a estudiar y a ayudar en casa para que todo marchase bien. Yo en especial le pedía a mi madre que me llevara los fines de semana a trabajar con ella, pues me encantaba estar en ese apartamento y escapar de mi realidad.
Un día mi madre nos llamó al teléfono de Mariela, que era nuestra vecina y nos dijo que alistáramos* ropa y tomáramos un taxi hacia Sameco, porque Leidy nos había invitado a su chalet del Lago Calima y pasaba por Sameco a buscarnos.
Mi hermana y yo, no sabíamos bien qué era el lago Calima, así que alistamos* ropa sencilla y nos fuimos vestidos como si fuésemos a ir a un río, al llegar, mi madre y Leidy nos regañaron porque parecíamos gamines*, a Leidy le dio vergüenza que esos cuatro niños pobres se subiesen a su gran camioneta Ford, ya que por donde ella pasaba, todos la admiraban, por su porte elegante y por su belleza, también por sus joyas, que le hacían más sorprendente y sobre todo su ternura que hacía que la amaras.
En ese mismo momento Leidy dio media vuelta y nos llevó al Centro Comercial Chipichape, allí mismo se gastó 5.000.000 pesos en ropa nueva para todos y botó* a la basura toda la que habíamos llevado, fuimos el centro de atención aquella tarde, pues íbamos con muchos escoltas, cada uno llevaba nuestras bolsas y al terminar nos fuimos hacia el Lago Calima.
Ese viaje para mí y mi familia fue muy especial. Al llegar allí, mi hermana y yo nos dimos cuenta de que no era ningún río al que íbamos, era un lago precioso rodeado de montañas, más bien era un lugar de ensueño. Era una casa gigante, y cuando digo gigante, es que era gigante, tenía piscina, sauna, una cancha de fútbol y otra de tenis, discoteca y también caballerizas, era como si estuviéramos en una película.
Esa noche, Leidy abrió la discoteca y empezó a beber, mi hermana y yo estábamos felices, ese día bailamos toda la noche y Leidy bailaba con nosotros, estaba feliz de vernos alegres. Hasta que todos nos fuimos a dormir, yo no quise dormir y como cada uno teníamos nuestra propia habitación preferí estar fuera y disfrutar de cada sitio.
Mi primera eyaculación
Mientras todos dormían, pude ver a Leidy salir de su habitación y fue a la discoteca donde estaba uno de sus escoltas, Martín, y yo sin que se enteraran, empecé a espiarles, ya que estaba seguro de que algo iba a pasar esa noche.
Vi como Leidy se abalanzó a su escolta, cogiéndole la polla y besándole, para luego quitarse la ropa. Él estaba muy nervioso. Pude ver como poco a poco la polla se le ponía dura, cada vez que Leidy se la chupaba y noté que ella era una experta.
Viendo como follaban los dos, observé que su escolta se la estaba follando por el culo y escuché como Leidy le decía: “Reviéntame el culo”, mientras se sentaba en su polla.
Entre tanto yo me estaba masturbando, pero luego pude sentir una respiración detrás de mí. Me asusté muchísimo, era otro de sus escoltas que seguro que al igual que yo, siguió a su compañero. Él me tapó la boca y me dijo que no hiciera ruido. Se agachó y pudo ver lo que yo también estaba viendo en ese momento, luego me cogió de la mano y me llevó hacia las caballerizas.
Estaba asustado, pero también cachondo, la sensación de no saber qué quería ese escolta y hacia dónde me llevaba, me hacía pensar que seguro quería hacerme algo malo.
Al llegar a allí, vi una mesa con un polvo blanco, licor y cigarrillos, él me preguntó que si quería algo y le pedí un cigarrillo y aunque nunca había fumado, quería probar. Él me pasó uno y me dio del licor que estaba bebiendo, me dijo que dejara de temblar, que la íbamos a pasar bien, que él solo quería ser mi amigo.
Sacó de un bolso una especie de computador y le puso un CD, pude ver que era porno, después de fumarnos el cigarrillo, él me preguntó que, si me gustaba más una polla, o un coño y le dije que una polla, él me miró con una sonrisa y me dijo: “Quieres comerte la mía” y con mi cabeza asentí. Al momento se quitó la camisa y pude ver su cuerpo bien marcado, se la sacó ya dura y me dijo que me la comiera.
Era una polla preciosa estaba muy babosa y eso me encantó. Sentir su lubricante en mi boca me daba la sensación de que yo le gustaba, así que me quitó el pantalón y empezó a chupármela, también los huevos y el culo, estábamos muy calientes y yo sin saber que iba a pasar. Él me tiró al suelo en posición perrito y me puso ese polvo blanco y de nuevo me chupó el culo hasta que llegó un momento que yo no sentía nada, pude ver como poco a poco se atrevió a meterme la polla.
No sentí nada, solo sentí a aquel chico encima de mí, su olor a hombre y su sudor cayendo sobre mi espalda, sobre todo, sentía como la sacaba y la metía sin apenas dolor, esto me encantaba porque mi polla estaba más dura que de costumbre y cuando sentí que toda la leche la descargaba dentro de mi culo, la sensación fue maravillosa, ese día yo eyaculé por primera vez y me quedé fascinado, él estaba tan caliente, que al ver mi leche, se la chupó toda, me besó con ella y me dio a probar mi propia leche.
Sin duda ese día siempre estará en mi mente, fue la primera vez que me habían follado deseándolo y sobre todo la primera vez que eyaculé, ya podía decir que era un hombre, teniendo casi doce años.
Esa noche después de la gran follada, nos quedamos fumando hasta que él me dijo que eso no se lo tenía que decir a nadie, ni mucho menos lo que había visto en la discoteca y le dije que yo no estaba loco y que sabía guardar perfectamente los secretos. Él me preguntó que, si había hecho esto antes y le respondí que prácticamente sí, pero fue a las malas, que me había dolido muchísimo, que había sangrado después y entonces iba a considerar esta vez la primera. Deseaba esta ocasión, además él era un hombre muy guapo y me gustaba muchísimo, entonces con descaro, se volvió a sacar la polla y me puso a chupársela de nuevo, pero esta vez solo se la chupé, porque ya no quería me follara por si me hacía daño.
En ese momento no podía creer que él la tuviese dura de nuevo, así que volví a chupársela hasta que se corrió en mi boca, me dijo que me la tragara y lo hice encantado. Al terminar pudimos ver salir a Leidy y al escolta de la discoteca y nos echamos a reír. Esta aventura se había convertido en nuestro secreto.
Esa noche termino y él me llevó de nuevo a la casa, al día siguiente todos hicimos como si no hubiese pasado nada, todos estábamos felices y sonrientes. Del escolta he de decir que, en los días siguientes estuvo serio. Y yo iba de nuevo todas las noches por las caballerizas, por si pasaba de nuevo lo que tanto me gustó.
He de decir, que mi culo, al día siguiente de habérselo follado, con esas ganas como él lo hizo, estaba muy herido, aunque no había sentido nada en la noche, por el día estaba muy dolorido, incluso así yo quería seguir alimentando mi morbo, porque me gustaba mucho aquel escolta, que por cierto le llamaban “Ojitos”, porque tenía unos ojos preciosos color miel.
A la noche siguiente, después de nuestro primer morbo o follada, yo le busqué cuando todos se habían ido a dormir, pero me encontré en la caballeriza con él y el otro escolta (Martín) con el que Leidy había follado en la discoteca y nada más verme los dos se pusieron a reír. Los dos sabían que yo iba a volver y al comprobar que así fue, se vio su complicidad.
Les saludé y le dije a Ojitos que me diera un cigarrillo, me lo dio y también fuego, pero su amigo me miró a la cara y me dijo: “Así que te gusta comer verga”, yo le respondí: “¿Y a ti, culo igual que a Ojitos?”. Entonces los dos rieron.
Ojitos se sirvió un trago y su amigo me dijo que, si me había gustado también su verga y le respondí que sí, pero que no la había visto bien, él me dijo: “¿Quieres verla?” y le respondí que sí. Al sacarla la pude ver totalmente dura. Era una demostración de que aquella escena le daba mucho morbo y me pidió que se la tocase, así lo hice, para mamársela después, pero Ojitos también se sacó la suya y quería follarme y le dije que no, porque me había dejado destruido el culo, así que solamente nos conformamos con chuparles yo sus pollas y ellos correrse en mi boca.
Esa noche fue más tranquila y después de corrernos los tres, me fui a dormir. Me había quedado satisfecho al haberme comido esas dos pollas y sobre todo de haber sido cómplice de esos dos hombres, que aparte de guapos eran muy masculinos.
A los pocos días Leidy pidió que me llevasen a dar una vuelta a caballo y Martín se ofreció para llevarme. Mi madre tenía que quedarse con Leidy y a mi hermana Vanessa le daban miedo los caballos, así que prefirió quedarse en la piscina con mis hermanas gemelas.
Martín amarró mi caballo al suyo y salimos del chalet. No sé cuánto tiempo transcurrió, pero sé que llegamos a una zona boscosa y solitaria. He de decir que sentí miedo, todo me parecía planificado y presentía que Leidy había organizado deshacerse de mí, por el secreto que conocía.
Cuando llegamos, él paró, se bajó de su caballo y me cogió con sus manos para bajarme del mío, me preguntó que qué me estaba pareciendo el paseo y le dije que vacano*, él me respondió que me iba a gustar más, así que nos pusimos a reír con cierta complicidad, pues ambos sabíamos que algo más iba a acontecer en la excursión.
Él iba con una pantaloneta, camisilla y zapatillas, pero no llevaba bóxer, así que pude notar como su polla estaba parada y yo también me puse caliente, esa escena me puso a mil.
Se bajó el pantalón y dijo que iba a mear, así que sacó la polla y pude ver como sacaba un gran chorro y debo decir que eso no evitó que yo la cogiese con mis manos para guiarla, Martín entre risas me dijo: “Te van a encantar las vergas y te vas a encontrar con muchos que quieran comerse ese culito, como yo estoy queriéndolo ahora” y me puse a reír, le dije que no sabía si podía, porque Ojitos me había echado aquel polvo y me había hecho daño, me dijo que se lo mostrara. Él empezó a echarme saliva suya y a meterme los dedos, seguro que por lo caliente y mojado que estaba ya no sentía dolor, él me arrodilló y me puso a chupársela, después me quitó la ropa y desnudo me cogió, me cargó y pude sentir como poco a poco me abría el culo con la polla.
Aunque me dolía muchísimo e incluso sangré, él me tenía totalmente dominado, estaba en sus manos sin opción de moverme. Él era el que marcaba la follada, hubo un momento en el que la polla estaba toda adentro y me dijo al oído: “Ahora si vas a sentir lo que es que te follen ese culo” y desde ese momento, me folló con tal fuerza que yo me rendí y dejé que me lo hiciera. Verle follarme con esa brutalidad y sobre todo sentir su polla, era incluso más placentero para mí y al mismo tiempo me comía la boca y seguía diciéndome que le encantaba mi culo y mi boca, hasta que pude notar que se corría dentro de mí.
Sin sacarla de mi culo nos tiramos al suelo y allí mismo me masturbó, aún con la polla dentro y al terminar me siguió besando y me preguntó si le gustaba más la suya o la de Ojitos y mi respuesta fue muy clara: “Las dos”, a lo que muy descaradamente me dijo: ¡Perra…! y nos reímos a carcajadas.
Después nos quedamos un rato hablando, él me contó su vida y yo la mía. Y aunque él era más mayor que yo, no pasaba de los treinta, habíamos concluido que yo era muy maduro y sexual para la edad que tenía e incluso que mi madre no lo sospechara era una gran ventaja, con ello yo demostraba que me gustaba y Ojitos y él estaban encantados en complacerme.
Al rato nos pusimos de pie y seguimos nuestro paseo y yo sin dar crédito a lo que había pasado, pero muy satisfecho. Al llegar, él me bajó del caballo y yo para evadir alguna pregunta, me metí en la piscina para jugar con mi hermana y decirle que el paseo a caballo había sido una pasada.
En los días siguientes Don William, el esposo de Leidy, había llegado al chalet para pasar unos días en compañía de su mujer, así que todos nos pusimos nerviosos y el ambiente fue más pesado.
Ese mismo día, Ojitos se acercó y me dijo que no volviese a salir de noche, pues los escoltas de Don William iban a estar fuera, así que no podía hacer tonterías, porque esos escoltas eran más gonorreas*. Por lo tanto no volvimos a juntarnos por las noches, después llegó el momento de regresar a Cali, así que Leidy se regresó con su esposo y nosotros en la camioneta de Leidy con Ojitos y Martín.
Esa tarde al llegar a nuestro barrio, después de un mes, en esa camioneta, nuestros vecinos nos miraban y éramos la comidilla de todos, pues no era normal que llegáramos en camioneta, con maletas y sobre todo con escolta. Eso me ayudó a ser más popular entre mis amigos. Y a mi madre, el enfado de Don Hernando y Rosalba, por ponernos en supuesto riesgo con una gente peligrosa. Por ello, mi madre dejó de trabajar por un tiempo con Leidy.
Los días pasaron y un día mi madre regresó a casa después del trabajo y nos dio la noticia de que teníamos que irnos a vivir a Zarzal, porque Leidy se iba a trasladar a vivir allí con su marido. Desde un principio nos gustó la idea, porque íbamos a empezar de nuevo, lejos y sobre todo con el respaldo de Leidy.
Mi madre tenía que tomar una decisión importante y rápida, ya que en los días siguientes debía hablar con Doña Rosalba sobre el tema de nuestra casa, mi hermana se quedaría con las gemelas en nuestra casa, mientras que mi madre y yo nos íbamos a buscar casa a Zarzal.
Cuando llegamos a Zarzal fuimos a casa de Leidy. Era una casa gigante de tres pisos, Leidy vivía en la parte de arriba y su madre en el primer piso. Sin duda todo nos pareció estupendo, pues ella nos dejó una habitación maravillosa con camas fantásticas y sobre todo con una televisión que era suficiente.
En las siguientes semanas nos adaptamos muy bien, pues por las mañanas nos levantábamos, hacíamos la limpieza y por las tardes mi madre se iba a trabajar como administradora a la peluquería que Leidy tenía en el centro del pueblo.
Mientras, me quedaba solo en la casa, haciendo lo que más me gustaba, veía la televisión y muchas veces me hacía mis buenas pajas e incluso en ocasiones puse a la perra de la casa a que me chupara el capullo, con lo que disfrutaba muchísimo, pues sentir su lengua rozarme el capullo, hacía que me pusiese muy cachondo.
Un día por la tarde subió Laura, la hermana menor de Leidy, era una niña mimada, caprichosa, mentirosa y además de muy sexual.
Nos hicimos muy buenos amigos, ella me sacaba a la calle y me presentaba a todos sus amigos, que al igual que ella eran hijos de papi y mami, o sea, mimados y caprichosos, pero nos hicimos buenos amigos y salíamos a jugar todas las tardes.
Un día Laura no quiso salir y nos quedamos en casa, ella sacó un cigarrillo y se puso a fumar en el último piso, me dijo que fumara con ella, lo hice y luego bajamos al salón a ver TV. Hubo un momento en que Laura me miró fijamente a la cara y se lanzó a darme un beso y yo le correspondí, era una niña preciosa y su forma de ser me gustaba muchísimo, por eso acepté su beso.
Al ver que le respondí al beso, se sentó encima de mí, provocándome una erección, ella sintió ponerse dura mi polla y sin cortarse, con su mano me la sacó y al ver que era grande, se emocionó y empezó a chupármela, me encantaba la idea de poner cachonda a Laura, desde un principio me había confesado que a ella le gustaban las chicas, así que me dio mucho morbo, la tomé, la acosté en el sofá y le bajé los calzones, empecé a chuparle el coño, no lo había hecho desde que jugaba con Kelly al papá y a la mamá.
Me encantó sentir su pequeño coño húmedo en mi boca, se notaba que, con su corta edad ya había hecho algún morbo, me pedía que le chupara donde más le gustaba e incluso hasta le chupé el ojete del culo. Ella despertó en mí, algo de lo que pensaba que no sería capaz, así que le chupé mientras me masturbaba y cuando estuve a punto de eyacular, se lo eché en su pequeño coño y se lo volví a chupar, mientras ella reía de placer, seguro que siempre lo recordaremos.
Así todos los días siguientes, antes de salir a jugar, ella subía para que hiciéramos algo morboso, a Laura le encantaba mi polla, siempre estaba deseosa de chupármela y saborear la leche en el momento que yo eyaculaba, se volvía loca, me pedía que se lo echara en el coño y que se lo chupara y yo lo hacía encantado.
Un día cansado de lo mismo, le quité la ropa y le dije que se sentara en mi polla, nunca lo habíamos intentado antes, pero ese día la quería follar, así que se lo chupé antes para ponerla más caliente y poco a poco se la fui metiendo, hasta que hubo un silencio, sabíamos que habíamos pasado el límite, pero yo no saqué la polla, aunque empezó a sangrar, pero ella entre risas me decía que le gustaba la sensación de tenerla dentro.
Me di cuenta que aún era virgen, pues el sangrado no paraba, pero los dos seguíamos muy cachondos así que empecé a mover la polla y ella empezó a gritar del dolor y tuvimos que parar por el susto que pasamos.
Al día siguiente ella misma vino y me empezó a poner cachondo, al verme ya con la polla dura, ella misma se sentó en ella y empezó a follársela poco a poco, fue la mejor sensación, sentir mi polla rozar por aquel coño pequeño y con cierta presión, hizo que no pensara, me corrí dentro de ella y sentí la mejor sensación jamás vivida, así que ella al ver mi gesto, se sacó la polla y puso el coño en mi cara, pues quería que se lo chupara con mi leche dentro y me encantaba aquella sensación de ver caer mi leche por su coñito hermoso.
Todos los días, siempre que no estuvieran en casa Leidy o mi madre. Hasta que un día, mi madre se enteró, me regañó y habló conmigo para hacerme entender el problema en el que me estaba metiendo si se enteraba de eso Dora, que era su madre o Leidy o incluso Don William, que era su niña mimada. Después de eso, hablé con Laura y acordamos no seguir haciendo nuestras complicidades. Pasaron casi tres meses y tenía que empezar a estudiar, por eso mi hermana mayor y las gemelas, tendrían que regresar, pero mi madre no pensó en las fechas y mi hermana no pudo llegar a tiempo para entrar a estudiar, sino hasta tres semanas después de comenzar.
Mientras encontrábamos una casa, nosotros seguíamos en casa de Leidy y Martín se encargaba de llevarnos a Laura y a mí al colegio. Laura estudiaba en uno diferente y en el camino se sentaba encima de mí para besarme y mientras Martín conducía, nos veía por el retrovisor de la camioneta.
Cuando Laura se quedaba en su colegio, Martín me decía que me pasara delante con él, su intención era decirme que pusiese mucha atención con Laura que era un niña muy diabólica y que si ella quería, me podría meter en un problema, ese fue su consejo, además que también le había puesto cachondo la escena de los dos en la parte de atrás, así que antes de llegar al colegio yo iba chupándole la polla y al final siempre me regalaba para chupar un bombombum*, para que no quedara con el olor de su leche en mi boca, así día tras día me fui convirtiendo en el juguetico de la niña mimada de la casa y del escolta.
En mi colegio me tenían como el familiar de los narcos, eso me hizo popular en todo el colegio, entonces pude encontrar amigos y chicas que estaban encantadas de ser mis novias y yo estaba encantado de aprovecharme de la popularidad que tenía en mi nuevo colegio.
El primer día de clases, pude ver que también estaba sentado un chico del mismo barrio donde yo vivía, su nombre era Carlos José, un chico guapo. Se podía decir que era el más guapo del salón*, ya que todas las chicas querían estar con él, pero se dio cuenta de que yo era Sam, el primo de Laura, así que hicimos una buena amistad y me fue presentando a todos sus amigos, Edison, Francisco, Luis y Montealegre. Todos nos hicimos buenos amigos, pero a mí siempre me gustó Carlos José, que tenía la cara de bebé y Luis que era el morenazo guapo, así que mientras los tenía cerca me encantaba.
Un día Carlos José me dijo, que si quería ver coños y yo con risa, le dije que sí y me llevó a su sitio secreto. Allí me mostró un lugar donde podíamos ver a las chicas orinar, pero a mí eso no me daba morbo, me daba más morbo verle a él ponerse cachondo viendo a aquellas niñatas.
Cuando mi hermana por fin llego a Zarzal, tuvimos que salir de la casa de Leidy e irnos a otra casa y esta no fue nunca de mi agrado, me había acostumbrado a las comodidades y a llegar en camioneta al colegio. Llegar caminando fue muy traumático para mí, habíamos regresado de nuevo a la pobreza absoluta, pues mi madre no había conseguido la mejor casa, incluso se le estaba cayendo el techo.
Mis amigos se enteraron de que mi madre era la empleada de Leidy y yo el simple hijo, me aceptaron, pero siempre hacían bromas del sitio donde vivía haciéndome sentir mal.
Un día Carlos José me invitó a su casa, allí me mostró como él vivía con sus padres y su hermana, me llevó con la excusa de estudiar, pero su interés eran las revistas porno que su padre tenía y así nuestra complicidad fue a más, desde ese día nos empezamos hacer pajas juntos, aunque nunca hicimos nada gay, siempre le respeté y él a mí, pero estaba claro que sus intenciones, al igual que las mías, era vernos nuestras pollas. Aunque él no la tenía muy grande me ponía muchísimo cómo se calentaba, viendo cómo se me ponía dura e incluso en varias ocasiones, con los otros colegas, nos juntábamos en su casa para ver porno y así masturbarnos todos juntos, era todo muy morboso, aunque ninguno daba el paso para hacer algo más, pero yo siempre esperé por si en algún momento pasaba.
En el transcurso de los días y las clases, empecé a tener novia, para que ninguno de mis amigos pensase que me gustaban los chicos, incluso llegué a tener tres novias, que todas se llamaban Diana, Diana Carolina, Diana Marcela y Diana Paola. Todas sabían que las engañaba, pero les gustaba tanto que me lo pasaban por alto, ¿y todo por qué?, porque les gustaba chuparme la polla. En los descansos casi siempre me llevaban a una zona privada para chupármela y follarse mi polla. Esto nunca me gustó y aunque eran chicas muy guapas yo siempre extrañaba tocar una polla.
Un día en medio de una fiesta que había hecho nuestro colegio, habíamos quedado todos los chicos del salón* para ir juntos a la fiesta, pero yo no lo hice, simplemente porque quería llegar solo y si no era de mi gusto, me volvía a mi casa. Pero en el camino me encontré con mi amigo Luis, que era el moreno del grupo.
Él era un chico inteligente y era sin duda el que sacaba mejores notas, también tenía un rostro hermoso, ya que era una mezcla de madre rubia y padre moreno, sus ojos verdes siempre me habían impactado desde que los vi. Esa tarde cuando nos encontramos en el camino renegamos de la fiesta, así que me subí en su moto y fuimos directo a su casa.
En muchas ocasiones, en casa de Carlos José, cuando nos hacíamos pajas juntos, él se me quedaba mirando y yo a él. Esa tarde al llegar a su casa pude notar que estaba solo, me dijo que sus padres estaban de viaje, así que estaba solo ese día y el fin de semana. Podía hacer lo que quisiese, pero yo para hacerme el machito le dije que invitáramos a las chicas y él respondió que para qué, si lo podemos pasar mejor nosotros solos, yo me hice el desentendido y me puse a reír, pero en el fondo sabía que se refería a alguna complicidad entre los dos.
Me trajo un vaso de Coca-Cola, ya se había quitado la ropa y venía en bóxer blanco, yo no quise prestarle mucha atención, pero pude notar su polla, pues éramos de los del grupo con mejores pollas, él y yo lo sabíamos.
Cuando tomé el vaso, él rozó sus dedos entre mis manos y lo puso en el escritorio, para luego cogerme la cara y besarme, me hice el sorprendido para no caer rendido a su boca, pero me fue imposible, porque al levantarme tenía la polla parada y él lo pudo notar.
Al haberme descubierto, le tuve que confesar que su boca me encantaba, le besé mientras le tocaba la polla y él mi culo. Luego hubo un silencio en la habitación y me invitó al salón a ver TV, me dijo que me pusiera cómodo, así que me quedé en ropa interior, igual que él.
Viendo nuestro canal preferido, Fox Kids, él puso mi mano en su pierna para que le acariciara y lo hice, porque lo deseaba, para luego besarnos un largo tiempo. Era la primera vez que podía sentir “amor” por un chico y no solo morbo, porque deseaba que no terminase ese día, me di cuenta de que él me gustaba más que Carlos José y esa tarde se lo demostré, después del beso, él se quitó el bóxer, me puso el culo y me pidió que le metiera la polla.
Yo era primerizo en sexo anal, así que por mi falta de experiencia solo sabía que había que ponerle saliva y dejar que entrase, demoramos horas en corrernos y parecíamos dos novios disfrutando de las caricias, besos, mientras yo le follaba muy lentamente el culo, hasta que después de casi dos horas, me corrí en su culo, a continuación, aún con mi polla en su culo, él se masturbó y se corrió dejando caer el semen por la suya y por los huevos, nada más sacársela, me acerqué y se la mamé, aún con su semen y luego le besé la boca.
Esa tarde me perdí una fiesta, pero estaba feliz de haber ganado un cómplice, sabía que volvería a ocurrir, porque sabía que nos había gustado a los dos, acabamos la tarde hablando de las chicas y le confesé parte de mi historia y él la suya, luego pidió unas hamburguesas y cenamos juntos en su casa. Después me llevó a mi casa.
Pasó algún tiempo y Luis se alejó de mí, nunca más volvimos a hablar, yo me alejé de los amigos, porque siempre se burlaban de cómo vivía, así que dejó de interesarme su amistad y también me dejaron de importar los estudios.
En los días siguientes estábamos sentados en la puerta de nuestra casa que estaba sobre la avenida principal y pudimos ver que pasaban muchas camionetas conocidas, con múltiples señales de disparos y sangre saliendo por su puerta, pero detrás venían otras camionetas que pararon en nuestra puerta, se dirigieron hacia mi madre diciéndole que se marchara del pueblo, pues si no lo hacía, podíamos correr el riesgo de que nos mataran a todos.
Esa noche casi no pudimos dormir del susto y sin contar que mi madre era prima de Don William Andrés Valencia Espinoza, que nos hacía más vulnerables, porque no contábamos con ninguna seguridad. Por la mañana mi madre se fue a casa de Leidy y esta le dijo que todos teníamos que irnos del pueblo, sin preocuparse de nuestro futuro, ella y Don William, junto con su madre, se marcharon y nos dejaron solos en Zarzal.
Fueron días de mucha angustia, mi madre había pactado con Rosalba que le pagase un dinero y así mamá le traspasaba nuestra casa, pero Doña Rosalba no lo cumplió y de esa manera se adueñó de nuestra casa y le enviaba dinero a mi madre, que nos servía solo para comer. A los pocos días apareció un hombre llamado Ramiro, había venido antes por casa, pero nunca le tomé en cuenta, pues no significaba nada para mí, pero una tarde vino y habló con mi madre durante horas.
Al finalizar la conversación nos comunicaron a mi hermana y a mí, que nos regresábamos a Cali, a vivir en Jamundí y que Ramiro iba a ser nuestro padrastro, eso provocó en mí un rechazo, pero no hubo opción de elegir pues era una decisión tomada por mamá.
Así que mi madre se regresaba primero con mi hermana Vanessa y las gemelas, dejándolas con su madrina en Remansos de Comfandi, yo me quedaría en casa de una amiga en Zarzal, para así tener tiempo de recuperar mis notas y ella se fue con Ramiro a Jamundí a buscar casa, para después irnos todos a vivir allí.
Donde me había dejado mamá, a mí me gustaba, porque la señora me daba comida a cambio de lavar los platos del restaurante y además tenía un hijo que me gustaba mucho y que era primo de Leidy. Se llamaba Óscar Marino y era el chico más loco, también guapo y vestía siempre con ropas caras, así que imaginaba la idea de que algo podría descubrir de él.
Al llegar por la noche a su casa, su madre me recibió y me enseñó mi habitación, yo ya conocía a Óscar, no hizo falta presentaciones, pasó por mi lado y me saludó.
Me tocaba madrugar para ir a estudiar, después del colegio debía ir a comer a una fundación, luego bajar de nuevo para ir a la casa de Óscar. Hasta que un día Óscar y yo estuvimos solos en la casa.
Esa tarde, su madre tenía que permanecer más tiempo en el trabajo con su padre, estaba yo llegando de la fundación y al abrir la puerta, Óscar estaba sentado en el sofá del salón totalmente desnudo y masturbándose, me encantó verle y fue mayor mi sorpresa cuando él me dijo: “Siéntese y hágase usted su paja”, le hice caso y antes de estar sentado ya tenía mi polla dura, pues me había dado muchísimo morbo aquella escena.
Óscar tenía las piernas como un futbolista, su culo grande y con algo de vello que le hacía más sexy, pude ver el pectoral marcado y su rostro fijándose en mi polla y yo en la de él. Luego me miró a la cara y me dijo: “Tremenda verga huevón*” y me dijo directamente: “Vos ya has chupado verga”, le dije que sí, se puso a reír y me pidió si me la podía chupar y respondí que sí.
Me chupó la polla como nadie hasta el momento, se pegó a ella como si no hubiese un mañana y me encantaba ver a ese macho, así de rendido por la polla que tenía, él no la tenía muy grande, pero proporcionada a su cuerpo y mientras me la chupaba pude ver como soltaba la leche que salía de su polla y en el preciso momento en que me estaba corriendo en su boca, llegó su madre y su padre. Vieron aquella escena, echándole mi leche en su boca, quedamos devastados y su madre se fue a mi habitación, cogió mis cosas y me llevó a casa de mi hermano mayor que vivía cerca.
En el camino la señora solo me decía: “Yo sabía que usted era el demonio, pero hacer lo que ha hecho es lo peor. Corromper a un macho como mi hijo, es el colmo”. Yo no podía negar nada, porque nos había visto, pero le respondí: “Nos ha visto a los dos, así que como él es mayor y no un niño como yo, no es como para que usted me esté diciendo esas maricadas”, la señora se asustó y me dijo que me fuese solo y ella se regresó a su casa.
Tuve que esperar mucho tiempo en la puerta de la casa de mi hermano y mi abuelo, pues ninguno estaba en casa. Cuando llegaron, no daban crédito de que estuviera allí, me dieron comida y yo no les quise contar por qué me habían sacado de esa forma y tampoco creía que la mamá de Óscar por vergüenza dijese algo al respecto. Así que me quedé callado y al día siguiente llamé a Don Hernando, para que me mandara dinero para irme a Cali y pedirle que me dejara quedarme en su casa, mientras mi mamá encontraba casa para nosotros.
Morbos en Sameco y mi padrino Don Hernando
Don Hernando me envió un dinero y con eso pude ir a su casa y pagarle mi estadía trabajando. El día que llegué, él y su familia me recibieron muy bien, pero según pasaron los días la cosa cambió.
Me gustaba ir a trabajar de noche, siempre me gustó la vida de la noche, era más divertida y con posibilidades de correr algún riesgo de los que me gustaban. Siempre que podía, me metía por las calles que yo sabía que había alguien follando, solo para poder tener el placer de ver como lo hacían y así muchas veces, eso dio pie a que las putas y los travestis que me veían, vinieran al negocio, quizás para curiosear al que les espiabas y me pusieron el apodo “Bebé”.
Así que cada noche, no había ni una prostituta que no pasara a preguntar por mí y comprarme el desayuno, solo querían que les atendiera yo. Cuando les atendía me acariciaban e incluso muchas veces me quisieron besar, pero ya era demasiado llegar hasta esos límites. Esto permitió que Don Hernando me pusiese un salario y así pactar cuanto iba destinado para pagar mi estadía en su casa.
Visto que sin querer había logrado que Don Hernando me diera un salario fijo, me interesé por aprender cada cosa que allí se comía, así que aparte de atender bien, quise aprender a hacer el café, debía saber preparar la masa para las hojaldras, los buñuelos y así poder llegar a ganar algo más.
Don Hernando pudo ver mi empeño y las ganas de saber de todo, que era un chico ordenado y que era muy independiente, me tomó muchísimo más cariño que en los años pasados, me dijo que no tenía que pagarle nada, que me quería ver estudiando, que yo era uno más de la casa, que no tenía que preocuparme de nada, porque él cuidaría de mí, así lo dijo una tarde delante de su mujer y su hija. Desde entonces fueron siempre en contra de mí y cada vez que les daba algún chance*, me hacían quedar mal con Don Hernando, pero en ocasiones me querían, así que me acostumbré a ese cariño cambiante.
Los días que iba a estudiar, no podía ir a trabajar y Don Hernando aprovechó para que su hija Alba y yo, ayudásemos también en casa limpiando, pero cuando llegaba por las mañanas sobre las 09:30, estaba furiosa, porque no le gustaba que su padre le obligara a trabajar y si no encontraba la casa limpia, a su hermano Sebastián en la guardería y la comida preparada, a su padre le decía, que yo no había hecho nada y que había estado toda la mañana viendo TV.
En algunos casos era así, otras veces solo lo hacía para joderme, porque no podía de otra forma y así, una tras otra, hasta que aprendimos a vivir con ello y siempre nos putiábamos*, ella a mí, o yo a ella, como hermanos, pero sin darnos cuenta estábamos más unidos y bien o mal, ella lo hacía por joder, porque yo hacía todo, cuando me quedaba solo en la casa.
Yo me sentía bien e independientemente de los malos ratos de discusiones, me encantaba ser parte de aquella casa, de esa familia, pensé que había encontrado mi sitio por fin y ayudaba trabajando sin cobrar, porque todo me lo daba Don Hernando, estudiaba y tenía mis amigos del barrio de nuevo, pero esta vez solo estaba con los chicos de la cuadra de la casa de Don Hernando, así que habían momentos que después de hacer todo en casa y de estudiar, me iba a casa de mis amigos, Jhonier, Ocampo, Herney, Brian, Cristian, Esteban, Steven. Todas las tardes quedábamos en casa de Jhonier para ver películas, escuchar música e incluso fumar.
Sabía por mi madre, cuando la llamaba, que ya estaban viviendo juntos, ella, las gemelas y Ramiro, pues mi hermana Vanessa había querido quedarse con su madrina y así terminar su colegio, ya habíamos cambiado tres veces de colegio en los últimos años. Mi madre estaba sola en Jamundí, pero eso no me preocupaba, bien o mal Ramiro estaría cuidando de ella.
A veces con mis amigos al tener ordenador e internet en su casa podíamos ver porno y fotos eróticas, esto hacía que aquel salón se convirtiera en el descargue de todos, nos pajeábamos viendo porno, así teníamos tiempo de vernos las pollas y siempre me jodieron por tenerla más grande, ellos siempre supieron que a mí me gustaban los tíos y sabían que me encantaba verlos pajearse, porque siempre me ponía frente a ellos. Lo hacíamos muchas veces, incluso cuando nos íbamos de excursión al río, siempre terminábamos pajeándonos, pero ninguno se atrevía a pasar más allá, así que me adapté y me gustaba ese plan.
En ocasiones me unía a otros grupos de chicos, así que tenía amigos adonde mirara. Una vez estaba jugando con Andrés y otros chicos al escondite en su casa, que a su vez era la casa de al lado de donde yo vivía. Él siempre mostró señales de que se mariqueo*, como se les dice a las mariquitas en el barrio, así que me acerqué a él, a ver cómo era el juego del escondite en su casa y efectivamente era lo que me imaginaba. Andrés era el típico chico grandote, grueso y con cara de todo, pero pervertido, nada más empezar el juego me cogió de la mano y me dijo que me escondiera con él y yo ni corto, ni perezoso, le seguí.
Cuando llegamos a su escondite él me agarró con sus manos, me comió la boca y me manoseó todo, fue como si tuviera un pastel de chocolate y se lo quisiera acabar de un bocado. Así me sentía, me ponía cachondo y él al ver mi polla se la llevó a la boca y me hizo una buena mamada, aunque el muy listo también me metió la suya, aunque no tenía buena polla, pero yo quería volver a sentir una en mi culo, así que, en varias ocasiones, pasaba a jugar para conseguir lo que realmente quería.
Un día me tenía que quedar en casa y Alba tenía que ir a trabajar, pero esa noche se quiso ir más tarde. En medio de la noche, hacia las 03:30 de la mañana, me desperté y pude ver a su hijo Sebastián masturbándose en la escalera. Mirando hacia el salón, me extrañé y él pudo verme, haciendo un gesto con el dedo de que no hiciera ruido, así que fui a ver y estaba su madre en la silla del salón y se la estaba follando “Pocholo”, un taxista de la parada de Sameco.
Esa noche Sebastián y yo vimos como Pocholo se folló a su madre en todas las posiciones y no daba crédito viendo a Sebastián masturbándose con la polla de niño sin descapullar y con esa pollita tan dura, así que le saqué y mostré la mía, rápido la cogió y la olió. Pude ver que no le gustaba el papel de su madre, pero si el de Pocholo, así que le llevé a la cama y esperamos hasta que su madre se marchara con Pocholo a Sameco.
Cuando se marcharon, Sebastián y yo nos bajamos al salón a buscar las películas porno que Don Hernando tenía en su habitación, nos masturbábamos viendo aquellas películas. Él me decía que quería tener mi misma polla, le pregunté si me la quería tocar, me la tocó y me pajeó hasta que me corrí en sus manos. Le ponía loco el semen en su mano, porque jugaba con ello, restregándolo en mi polla aún dura y hacíamos esto cada vez que me quedaba en casa y su madre traía a Pocholo. Veíamos como se la follaba y luego le dábamos rienda suelta a nuestra calentura, después de ver cómo su madre se la comía a Pocholo que, por cierto, era larga y gorda.
Nos masturbábamos o en ocasiones nos las chupábamos. Un día él me volvió a decir que él quería tenerla descapullada como la mía, le dije que le iba a doler y él dijo que aguantaría. Con su pollita dura, se la descapullé sin darle chance* a reaccionar, el grito fue tal, que tuve que cerrarle la boca, pero por fin su capullo estaba totalmente descubierto y muy rojo, pero que eso se curaría solo y que no le dijese a nadie.
Su madre estaba feliz, porque el niño por fin ya no tenía el capullo escondido, y a Sebastián le había encantado vérsela como quería, así que en nuestras noches en medio de nuestras calenturas, me pedía que me la dejase meter y yo le complacía muchas veces, incluso nos gustaba espiar a Don Hernando, queríamos verle la polla y un día que nos habíamos quedado solos, sacó una película porno de mujeres follando con animales y se puso tan cachondo que nos preguntó si la teníamos dura, Sebastián dijo que si y yo también, y nos dijo que si queríamos, nos podíamos pajear, porque le había puesto muy arrecho* esa película.
Se la sacó, era recta y gorda, la cogió entre sus manos grandes, se escupió el capullo, empezó a pajearse y solo nos miró cuando se corrió, fue cuando la mujer de la película se sacaba la polla del caballo de su coño y le salían litros de leche. Yo me corrí al verle disfrutar y como si nada se fue al baño, se duchó sin decir ni una palabra nunca más del tema.
Siempre guardé la esperanza de poder tener alguna complicidad con Don Hernando, porque era al hombre que más cerca tenía y haberle visto pajearse, había llamado mi atención por probar su polla. En ocasiones Sebastián me pillaba espiándole por la rejilla del baño mientras me masturbaba, pues me ponía muy caliente ver a Don Hernando masturbarse, le vi en muchas ocasiones.
Después de tanto tiempo, había hecho buenos clientes y sobre todo amigos en mi trabajo en Sameco, muchos de ellos, quizás porque tenían el morbo de follarse el maricón de Sameco o simplemente porque les agradaba. Entre ellos siempre destacaron los guapos a los que siempre les llamaba “mis preciosos” y ellos a mí me decían el “Bebé”. Muchos eran taxistas, otros trabajaban cerca en las fábricas de Sameco, algunos eran conductores de buses, camioneros y otras tantas personas que simplemente les gustaba ir a comer a allí.
Pero de todos ellos, había hecho muy buena amistad con unos chicos jóvenes que siempre llegaban fumando marihuana y pedían siempre que les atendiera yo, pues les consentía y servía lo que ellos pedían como más les gustaba, eran Michín, Rolo, Cherazy y Berrinche, los cuatro eran guapísimos y en varias ocasiones podían ver y oír que muchos me faltaban al respecto, diciéndome cosas vulgares y eso llamó su interés por mí.
Dada la situación siempre que llegaban, veían que estaba rodeado de clientes y todos hombres, un día Michín me preguntó si yo era maricón, yo le respondí que no lo sabía, porque no estaba bien abierto al tema, así que en ese mismo momento él y Rolo sacaron sus pollas largas, gruesas y con unos capullos preciosos, me dijeron que a ellos me podría abrir, para que de una vez decidiera.
Ambos notaron que las pollas me habían encantado, pues me acerqué más y se las acaricié, fue mi primera reacción al ver esos “pedazos” de polla. Les comenté que ya me habían follado y que la primera vez, me la metieron a la fuerza y en la segunda le pusieron perico* a mi culo, los dos se soltaron a reír, pero que con las suyas me dejaría incluso preñar.
Los dos estaban muy calientes y me invitaron a ir con ellos y que entre los dos me follarían, pero no podía por el trabajo. Morboseamos* durante mucho tiempo e incluso en ocasiones venían con chicas, me hacían que les tocara las tetas y que me dejase chupármela allí mismo y lo hacía encantado.
Un día limpiando la suciedad que había en Sameco, me encontré con un taxista llamado Eduardo, este era un chico joven que en varias ocasiones le había atendido e incluso era el que traía a Aracelly, la hermana de Don Hernando a Sameco, le vi metido en su taxi masturbándose en plena madrugada.
Al verle, me entró morbo y me puse muy caliente, me acerqué, toqué en la ventanilla y abrió sobresaltado. Le dije que si quería le ayudaba con una mamada, así era mucho mejor que pajearse y ni corto, ni perezoso aceptó, me subió al taxi y me llevó a la calle oscura donde todos los taxistas iban buscando morbo.
No tenía gran polla, pero suficiente para darle una buena mamada, además Eduardo era joven e indio y aunque no era gay, le había pillado en un momento muy caliente y debido a mi descaro, empezamos a ser buenos amigos y cada vez que me veía, me citaba en el sitio de siempre, para que le hiciera una mamada.
Un día que no me tocaba trabajar, llamaron a casa de Don Hernando de madrugada y era Alba, diciendo que me fuese a Sameco porque a su tía Aracelly no le había venido un trabajador y necesitaban urgente alguien para cubrir ese puesto, así que me tocó salir de casa y coger un taxi.
Al tomar el taxi pude ver que era un conocido de Sameco, de camino él empezó con mucha confianza e incluso puso su mano entre mis piernas y aunque no tenía confianza con él, el acto en sí me daba mucho morbo, así que pudo notar mi polla dura, me llevó a un sitio, allí sacó la enorme polla venosa muy rosadita y me gustó tanto que no puede evitar abalanzarme a ella y darle una mamada hasta sentir su leche en mi boca y al mismo tiempo correrme, al llegar a Sameco le dije que la carrera era gratis, ya que la mamada de polla también costaba. Él se enojó, aunque cada vez que podía me invitaba a que se la chupara y como tenía buena polla yo estaba feliz.
Ese día, Aracelly se enteró de que yo podía hacer cualquier cosa en Sameco, pues conocía y sabía hacer de todo, habló con su hermano Hernando para poder contratarme como su trabajador principal, yo estaba feliz porque sabía que ella pagaba mucho mejor, eso me iba a dar más independencia y sobre todo, Aracelly sabía que yo era el que tenía más clientes y para ella fue una ventaja más.
Ella me pidió que me fuese a su casa de noche y así llegar con ella a primera hora al trabajo, cosa que hablé con Don Hernando y él estuvo de acuerdo. Pero cuando los clientes que yo tenía cuando trabajaba para él, empezaron a comprar donde su hermana por estar yo allí, empezaron los problemas y discusiones entre ellos por los clientes.
Solo pude decir en medio de las discusiones, que a los clientes no se les obliga, entonces las discusiones pasaron a ser en casa y como no podía decir nada, la convivencia se convirtió insoportable, Doña Rosalba y sus hijas, aprovecharon para crear más cizaña en la relación entre Don Hernando y yo.
Las cosas se tranquilizaron cuando su hermano Jairo y su familia, junto con su otra hermana Dora llegaron, pude ver que la familia, aparte de los problemas, estaba unida.
Como todas las noches debía ir a casa de Aracelly, hice amistad con el hijo menor de Don Jairo, se llamaba Andrew, me parecía un chico guapo, sus ojos verdes y sus labios carnosos despertaban en mí un morbo, que por mucho que deseaba hacer algo para saciarlo, me conformé con ser buen amigo y así no decepcionar a nadie. Fue muy bueno, debido a que fui respetuoso, me llevaron de paseo con todos ellos como si fuese uno más de la familia.
Pero cuando se marcharon de nuevo, la tregua se acabó y empezaron con las mismas discusiones en el trabajo, así que Aracelly al ver que Doña Rosalba y sus sobrinas iban a por mí, me invitó a vivir en su casa y acepté.
Me encantaba la idea de vivir allí, aparte de vivir en otro barrio, me gustaba la idea de estar más tranquilo. Hice muy buena amistad con sus dos hijos Nikoll y Diego, que me trataron como a un hermano más.
Pero yo seguía teniendo mis morbos, en ocasiones me ponía muy descarado en Sameco y esto hacía que el ambiente entre trabajadores y clientes fuese positivo, hasta el punto de que se había convertido aquel sitio en el desahogo de muchos, donde reír, morbosear* y comer.
Diego aprovechó nuestra amistad para abrirse más conmigo, tanto el como yo sabíamos que había ganas de alguna complicidad de morbo, pero ninguno de los dos quisimos traspasar esa delgada línea y solo nos limitamos a acariciarnos como si fuésemos dos hermanos e incluso en muchas ocasiones le encubría, cuando venía a casa su prima Islena, que le encantaba mamársela.
Para mí era muy difícil cubrirlos, porque Diego y yo habíamos hecho muy buena amistad y él como yo, deseábamos realizar algún morbo, pero yo me había inventado una novia mayor, para así alejarme de esa posibilidad. Diego así confiaba más en mí y empezó a confesarme las cosas que él había hecho cuando era menor y que sus padres lo pillaron, siempre que lo recordaba le daba vergüenza, así que descarté cualquier posibilidad, pues no quería dañar nuestra linda amistad.
Un día apareció una antigua trabajadora de Aracelly, para pedir trabajo y ella le dio la oportunidad, para así ella poder descansar y yo encargarme del negocio, confiaba en mi trabajo y en mi responsabilidad, hasta que un día estaba muy cansado y no me desperté a tiempo para ir a trabajar. Ella no me lo perdonó, me despidió por ahí derecho y me pidió que me fuera de su casa.
No quería regresar a casa de Don Hernando por los múltiples problemas con él, debido al trabajo en Sameco, así que decidí irme a casa de mi madre que estaba viviendo ya con mis hermanas y su pareja, pero al salirme de casa de Aracelly no tenía dinero, ni siquiera para el bus que me llevaba a Jamundí. Caminé varias horas y en un momento me detuve a descansar.
Primer servicio de escort
Me senté y lloré por un rato, porque me vi en la calle, me sentí vulnerable y con una maleta a mi espalda, en un momento se me acercó un hombre mayor, con aspecto de guardaespaldas, que estaba en una moto grande.
Al acercarse me preguntó por qué lloraba y le empecé a comentar las razones, él estaba interesado en saber mi edad, pero le mentí diciendo que era mayor de la edad que tenía. Se ofreció a llevarme hasta la parada del autobús y allí me daba para que tomase el bus que me llevaría a casa de mi madre.
Me subí a la moto con cierto temor, pero me urgía llegar a Jamundí antes de que anocheciera y en el transcurso del viaje el señor empezó a tocarme la polla haciendo que se me pusiese dura inmediatamente, había comprendido que la situación se iba a poner interesante, así que le dije que si quería podríamos ir a su casa que yo le follaba el culo y a cambio él me pagaba 100.000 pesos. Él aceptó encantado, pero en vez de a su casa, me llevó a un sitio cutre donde pagabas para pasar el rato.
He de confesar que, para mí no era nada nuevo follarme un culo, pero sí a un hombre más mayor, así que me quité la ropa y le puse a chupármela, rápidamente se la metí por el culo, pues deseaba salir de allí rápido con el dinero. Él no era un hombre guapo y además era gordo, así que intenté no verle a la cara y le empecé a follar con cierta violencia, hasta que él se corrió, cuando vi que se había corrido, la saqué y salió untada de mierda, aquello hizo que vomitara y fui corriendo al baño a ducharme para quitarme de encima el mal olor. Cuando salí, le pedí el dinero y como habíamos concretado me dio los 100.000 pesos, me vestí y salí de ese cuchitril.
Sin querer había hecho el papel de escort y me sentí feliz pues había ganado dinero muy fácil y en tan poco tiempo, incluso me dio tiempo para sacarle otros 50.000 pesos más sin que se diera cuenta, con lo cual mi felicidad era enorme y contaba el dinero camino a la parada del bus con una sonrisa gigante, mis problemas habían pasado.
Podía pagarme el taxi, pero preferí no hacerlo, pues quería que el dinero me durara mientras solucionaba mi problema económico. Al llegar a Jamundí me encontré con una realidad diferente a la que había pensado, pude ver que era un pueblo sin gracia y al llegar a casa de mi mamá, sentí que no era mi sitio, pero quería tener la experiencia de vivir con mi familia.
Fue tanta mi depresión en la primera semana, que solo pensé en morirme y dejar de existir, así que un día salí por la calle, por si me ilusionaba el pueblo, pero mi depresión fue a mayor, echaba de menos a Diego, sin querer sentía cosas por él, aunque nunca se lo confesé, él también sabía perfectamente que así era, pues nos pasábamos horas acariciándonos sin decirnos nada, pero mirándonos fijamente.
Estaba loco, solo al saber que había perdido la oportunidad de estar con Diego, no lo soportaba, así que pasando por una tienda lo primero que pude ver fue veneno para ratas, así que compré tres sobres y me regresé a casa.
Al llegar a casa, mi madre me vio destruido, ella sabía que algo me pasaba, pero mostró más interés en seguir viendo TV, así que aproveché para sacar jugo de la nevera y subirme a mi habitación, encerrarme y tomarme el veneno que había comprado. Yo era la adoración de mis hermanas gemelas y querían estar todo el tiempo conmigo, pero al ver mi habitación cerrada, se metieron por su armario y pudieron pasar a través de él a mi habitación. Cuando entraron, fueron a despertarme, notaron que no racionaba y empecé a convulsionar.
Sus gritos asustaron a mi madre y a mi hermana, que entonces estaba empezando su primera relación con un chico y todos subieron, al verme inconsciente, el novio de mi hermana me cogió en brazos y me llevó corriendo a una parada de taxi, para el hospital.
Estuve casi tres horas inconsciente y cuando volví en sí, fue cuando escuché la voz de Diego diciéndome que yo no era su hermano de sangre, sino de corazón. Él, al verme que ya estaba despertando, me abrazó, me dio un beso y su madre Aracelly lo cogió de la mano y se lo llevó afuera y desde entonces nunca más volvimos a ser lo mismo.
Aparte de haber fallado en mi suicidio, tuve que soportar los reproches de mi madre y sobre todo que Diego nunca más me volviese a coger el teléfono, pero me prometí a mí mismo que eso cambiaría.
Mi madre me obligó a estudiar y me inscribió en el colegio público. No me gustaba la idea, pero era consciente de que debía hacerlo, así que intenté adaptarme. La convivencia con mi madre y su nueva pareja me resultaba intolerable, no me gustaba y siempre estábamos discutiendo.
Hubo un momento donde teníamos que cambiarnos de casa, porque a su pareja no le alcanzaba el dinero, así que encontraron una casa más barata y todos nos mudamos de nuevo.
El colegio nunca me gustó, no me gustaban mis compañeros, todos éramos pobres, pero algunos se pensaban que eran de mejor familia, eran los típicos acosadores y si no encajabas con ellos, te hacías el hazmerreír de todos.
Mi físico en esa época estaba cambiando, así que empezaron a llamarme “Narizyanky” y como me parecía gracioso, me reía también de sus estupideces y en ocasiones, me tocó irme a las manos, al no estar siempre de buen humor, además era bastante solitario, había cogido la costumbre de fumar, así que era el único alumno de todo el colegio que fumaba en los descansos, a pesar de las llamadas de atención de muchos profesores.
Me había convertido en un adolescente de trece años, no me gustaba nada, lo odiaba todo y si no hubiese sido por un amigo que encontré en aquel pueblo, mi tiempo allí habría sido más insoportable. Su nombre era César Augusto, como el emperador, tenía una risa contagiosa, ojos claros y su pelo era rubio. Al igual que yo, él odiaba Jamundí, el colegio, los compañeros, pero también nos unía algo más y era que los dos éramos extremadamente morbosos.
César desde un principio se dio cuenta de que me gustaban más los hombres, porque pudo notar como le miraba y eso le ponía muy cachondo, tanto que en ocasiones no íbamos a clases y nos quedábamos en su casa. Allí, él siempre permanecía solo, pues toda su familia trabajaba. Un día me llevó a su casa y me puso a prueba para confirmar sus sospechas, así que sacó una revista porno y allí mismo empezó a ponerse cachondo, yo al verle también me puse, así que nos desnudamos, nos pusimos frente a frente y nos masturbamos mirándonos. Él no pudo aguantar las ganas y me empezó a hacer preguntas en las que le confirmaba que en efecto, prefería a un hombre que a una mujer. Él descaradamente se levantó, cogió entre sus dedos su precum, me lo dio a chupar y yo lo hice encantado.
Al ver que lo hice, confirmó sus sospechas y se rio diciéndome maricón, pero le encantó, así que me la puso en la boca y le hice una mamada hasta que se corrió dentro. Ese día nos corrimos cuatro veces, pues estuvimos toda la tarde cachondos.
Un día no fuimos a su casa y nos fuimos a una zona más adentro del pueblo, allí había varios ríos, era una zona solitaria, al llegar allí nos bañamos, fumamos y él empezó a pajearse, yo luego se la chupé, pero esa tarde fuimos a más, yo me puse de espalda y le dije que me follara el culo, aunque al principio se negó, al final cedió, pues estaba deseando hacerlo, porque nunca había tenido sexo ni siquiera con chicas y me folló tan fuerte, que terminamos de hacerlo dentro del agua.
Entonces ya había olvidado a Diego, tenía a alguien con quien divertirme de verdad, César y yo nos convertimos en más que amigos, fuimos muy cómplices desde entonces, él me veía como su novio, porque cada vez que quería me follaba o me ponía a mamarle la polla y yo estaba encantado de hacerlo.
Un día estábamos en clase de educación física, pero era tan aburrido, que nos salimos y nos fuimos a caminar por el colegio, pero como siempre, terminábamos haciendo algo morboso, fuimos a unos baños y allí me pidió que vigilara porque se iba a pajear, yo me senté en los lavabos, en frente estaban los sanitarios y al lado la puerta, estábamos masturbándonos mientras nos mirábamos, yo descuidé la puerta y apareció la gorda del salón y empezó a gritar: “Sam se está masturbando” y así por todo el colegio haciendo que todos se enteraran.
Ese día tuve mucha vergüenza, pero como le dije a la directora: “Quien no se ha hecho una paja”, pero esto no evitó mi suspensión del colegio y desde ese día, nunca más volví a hablarle a mi amigo César, me enfadé con él, por haberme dejado solo y juntarse con los demás para reírse y ponerme el apodo de “Masturbín”.
Poco a poco perdí las ganas de ir al colegio, no me interesaba nada, lo odié desde el primer día y dada la situación no pensaba volver, hasta que un día recibí la llamaba de Alba Liliana llorando.
En la llamada, me estaba informando que su hermana Yeimy había tenido un accidente en Sameco y se había quemado, me pidió que me fuera para su casa porque no había quién se hiciera cargo del negocio. Arreglé mis cosas y le pedí a Ramiro que me prestara dinero para el transporte, pero él no tenía.
Le pedí a mi vecina Martha que me prestara el dinero, pero esta me dijo que me fuera con su pareja en su coche, que él me dejaría en la entrada de Cali y así poder llegar más temprano, su pareja era un hombre moreno alto y especialmente simpático. En el camino íbamos hablando y cada vez que hablaba él, pudo sentir que mi mirada indicaba que él me gustaba y poco a poco fue tomando un papel más descarado.
No había tomado el camino que todos cogen para ir a Cali, en cambio tomó uno más oscuro y solitario. Mientras hablábamos, tocó el tema de si tenía novia, pero yo le dije que me gustaban los hombres, pero que nadie lo sabía, fue tanto su interés, que me hacía más preguntas, como: ¿Qué veía en los hombres, que no veía en una mujer? Y le dije: “La polla”, pero su morbo iba más allá, me dijo que, si me gustaban las pollas grandes o pequeñas, pero yo jugué haciéndole un reto y le dije que depende, que tenía que verla primero.
Nada más decirle esto, él frenó en un sitio del camino y sacó la polla, que ya estaba dura y me dijo: “¿Te gustan así?”, al verla no tuve ninguna negativa y se la mamé dentro del coche hasta que me folló la boca y me la llenó de leche, después de esto, él me pidió discreción y hubo un silencio hasta que me dejó en la parada del bus en Cali.
Al llegar a allí, se me había olvidado pedirle prestado para el bus. Como ya era muy tarde solo quedaba que pasara el último bus del día. Cuando por fin llegó, antes de subir le pregunté si podía llevarme, pero este ya iba vacío, solo llevaba su copiloto que era el encargado de recibir el dinero, recuerdo que el chófer era un hombre alto de unos cuarenta y siete años y su ayudante era un chico rubio de casi unos veinte años. Al ver la historia que les conté, los dos me aceptaron y subí, pero estos me dijeron que me sentara a su lado.
La escena me dio cierto morbo, aparte que ya venía caliente de haberle mamado la polla a mi vecino, pero estaba dispuesto a realizar otra fantasía, si esta se presentaba.
Los dos mostraron mucho interés en mí, empezaron a hacerme preguntas, entre ellas mi edad y como siempre mentía, decía que era mayor de lo que era, ellos dos me dijeron que eran pareja y que los dos también vivían en Remansos de Comfandi.
También les dije que era gay, que no tenía pareja, pero que sería rico tenerla. Los dos empezaron a besarse y al llegar al barrio nos fuimos por los lados del Jarillons y allí me dijeron que los dos querían hacerme una mamada.
Acepté pues ya tenía mi polla muy dura. Al sacarla pudieron observar que estaba muy húmedo y me tocó confesarles que ya había mamado una polla para llegar a Cali, los dos me la mamaron, pero yo también quería mamar, así que los dos se las sacaron y entre todos nos las mamamos hasta corrernos. Sin querer había hecho nuevos amigos. Me dijeron que cada vez que quisiera me podría venir a su casa.
Al llegar a casa de Don Hernando, me tuve que encargar de preparar el café y alistar* todo para que a las 12:30 de la tarde pudieran salir todos a trabajar, pues Doña Rosalba estaba en la clínica con su hija Yeimy y Alba no sabía preparar nada. Así estuvimos varios días, hasta que se fueron calmando las cosas y de nuevo me quedé viviendo en casa de Don Hernando y trabajando también.
Allí empecé de nuevo frecuentar a mis antiguos conocidos, pero esta vez solo con los de la cuadra de la casa de Don Hernando, Antony, Felipe, Wilmer, Jonathan y Cristian, estos eran mayores y sabían perfectamente que me gustaban los hombres. A mi regreso había vuelto más descarado y sobre todo mis gestos me delataban. Aunque no admitía que me gustaban, incluso a mi amigo Diego, cada vez que le veía le llamaba “Bebé”, por lo guapo que era.
Pero a este, solo le gustaba ponerse cachondo poniéndome cachondo a mí, en muchas ocasiones, mientras jugábamos, me mostraba la polla dura para que pudiese ver lo gorda que la tenía, pero nunca se atrevió a más.
Me tenía que hacer cargo del cuidado de Sebastián, mantener la casa limpia y preparar la comida y en las tardes, tenía que ir al hospital donde habían trasladado a Yeimy, porque en la clínica no había unidad de quemados, pero en el hospital público sí.
Muchas mañanas, antes de que llegase Don Hernando, me pasaba por la casa de Wilmer, que vivía a cinco casas más abajo de la casa de Don Hernando, él y yo habíamos hecho muy buena amistad, yo era muy morboso en muchas ocasiones, me iba a su casa, fumábamos y por ahí derecho nos masturbábamos y especialmente yo le hacía sexo oral.
Aunque debía ir todas las tardes al hospital a cuidar a Yeimy, me mezclé directamente con los enfermeros de la unidad de quemados, allí ellos me reclutaron y me pagaban mensualmente 300.000 pesos para que aparte de cuidar a Yeimy, me encargara de jugar con los otros niños que allí había, notaron que mi presencia les hacía moverse más y jugar, pero al salir todas las noches del hospital pasaba por un puente oscuro, siempre me encontraba un enfermero que también trabajaba allí, nos poníamos a fumar y nos sentábamos a hablar de diferentes cosas.
Su nombre era Alejandro era un chico bajo, muy guapo, pero yo no quería faltarle al respeto y le trataba muy serio, pero en una ocasión cuando ya teníamos confianza, él me confesó que era gay, que yo le gustaba y no más decirme esto, me besó y mandó su mano a mi polla, pudo ver que la tenía dura. Allí mismo en el puente, me bajó los pantalones y me hizo una buena mamada, así varias veces, hasta que un día me pidió que le follara y yo lo hice encantado, pero después de eso nunca más le volví a ver.
Drogas, Sexo y Fiestas
Dada la situación de Yeimy y que estaba mejorando, la trajeron a casa de sus padres, así que dejé el trabajo como voluntario en la unidad de quemados, para volver a trabajar en Sameco. Cuando volví, me encontré con Michín y el Rolo, pero esta vez venían con otro amigo que le llamaban “El Tieso”.
Solo con verle, sentí como si ya le conociera, de inmediato existió entre los dos una complicidad de miradas, pero en ningún momento cruzamos palabras, pues el Rolo y Michín, no dejaban de joderme, diciéndome que lo tratara bien, pues él era el bebé del parche*.
Ni el Rolo, ni Michín, nunca habían salido del coche, pero él esa noche salió y se sentó en la banca de madera que había al lado de donde yo cocinaba.
Cuando le vi bajar pude ver que era un chico alto, rapado, sus ojos color miel que resaltaban en la oscuridad, pensé que eran lentillas, pude ver que su cuerpo era perfecto, su ropa le quedaba ajustada, su piel era blanca y delicada, tendría veintitantos años. Yo estuve todo el tiempo tímido, su presencia era muy imponente.
Todo el tiempo miraba como trabajaba y me hacía muchas preguntas respecto a mi trabajo, pero en un momento dado, Don Hernando me regañó, porque le estaba prestando mucha atención a ese cliente, él se disculpó y dijo que no quería causarme problemas con mi jefe, se levantó, me pidió la cuenta que eran casi 12.000 pesos y me dejó una propina de 100.000 pesos y en unos de los billetes me dejaba su número de teléfono, con una nota diciéndome: “Llámame, eres un chico muy interesante y me gustaría conocerte”.
Rolo y Michín estaban analizándonos desde dentro del coche y cuando el Tieso subió, me llamaron y me dijeron: “Que, de ahora en adelante, no les tenía que cobrar ni la hojaldra, ni el café, porque me habían presentado a mi marido.” Yo me puse a reír y les dije: “Tan huevones mis amores”, se marcharon riéndose y jodiendo al Tieso.
Sin duda haber conocido al amigo del Rolo y Michín, me había dejado muy intrigado, pues nunca pensé haber llamado la atención de un hombre de esas características y más que me hubiese dejado su número. Pero aparte de haberle conocido también me había dejado problemas, pues Omar y José, que eran los otros trabajadores de Don Hernando, querían que compartiera con ellos el dinero que él me había dejado y yo para evitar problemas se lo di todo y pude anotar su número en una servilleta. Sin darme cuenta, boté* aquella servilleta y nunca le pude hacer la llamada.
Pasaron varios días y había perdido la esperanza de contactar con el Tieso, hasta días después que apareció Michín solo en un coche, me llamó y me aconsejó que le llamara, le dije lo que había pasado y que me tocó dar el dinero, así que Michín me dijo: “Ya vuelvo”. Pero esta vez regresó con tres coches más.
Recuerdo que pude ver el coche de Michín y no sabía de quién eran los otros coches, los cristales eran oscuro, así que no podía ver quien había adentro, me acerqué al coche de Michín y me dijo que fuese a la camioneta oscura, era una camioneta Ford F150 azul, al llegar allí tuve que subirme al escalón porque no llegaba a la ventanilla y cuando bajo la ventanilla, vi su cara riéndose de verme haciendo piruetas para poder alcanzar.
Nada más verme, abrió la puerta y dijo que me sentara, luego salió del coche y fue a donde Don Hernando, le pago lo que yo ganaba de salario y le pidió algunas cosas para comer en el coche, yo estaba muy nervioso pues no sabía realmente que quería el Tieso, pero me dejé llevar, me gustó la forma de cómo les trato y que trabajasen para él, mientras hablábamos dentro de su coche.
Lo primero que me dijo fue su nombre, Martín, me pareció igual de hermoso que él y me empezó a contar que estaba interesado en establecer una amistad conmigo, ellos me habían visto desde unos años atrás y estaba deseando tener un amigo como yo. No comprendía exactamente lo que me quería decir, pero sospechaba que era algo sexual.
Le dejé claro que era menor de edad y que no podía decidir nada aun, porque no tenía la experiencia, era mi escape a lo que me estaba proponiendo, no le conocía y por su pinta seguro que se dedicaba a negocios turbios, y debido a mi experiencia en Zarzal, ya había tenido suficiente. Así que él entendió y aceptó, pero no regresó a Sameco por mucho tiempo.
Pero Michín y Rolo venían constantemente a Sameco con diferentes amigas y siempre les atendía yo, porque sabía perfectamente lo que les gustaba, un día Don Hernando y yo nos pusimos a discutir y ellos estaban presentes, fue tanto mi enfado, que me quité el delantal y dejé de trabajar, ellos al ver cómo me trataron, se bajaron del coche y me invitaron a una fiesta que estaban haciendo en su casa.
Acepté pues tenía ganas de salir corriendo. En camino a su casa pude ver que estábamos yendo hacia la zona noble del norte de la ciudad, cuando llegamos a la casa del Rolo, había muchísima gente y hasta DJ, la música solo era electrónica, sin duda me sentí en mi sitio, desde que llegué, bailé hasta que me quedé dormido en la habitación del Rolo, él me había dado éxtasis en la bebida y me había sentado muy mal.
Al despertar ese día a las 02:00 de la tarde, el Rolo estaba dormido a mi lado y al lado de él, estaba una mujer muy hermosa, los dos estaban completamente desnudos y pude ver que su polla estaba muy dura mientras dormía y no sé qué me pasó, mi impulso fue darle una mamada. Él despertó y al ver que estaba pegado a su polla, lo único que se le ocurrió fue follarme la boca y correrse en mi boca y volver a quedarse dormido.
No di crédito a lo que había vivido esa madrugada, pues había renunciado a mi trabajo y me había ido con dos completos desconocidos para mí, pero que se habían ganado mi confianza con nuestras complicidades en Sameco.
Esa tarde después de todo bajé a la casa de Doña Aracelly, necesitaba que ella me diera trabajo y como vivía cerca, me fui caminando a su casa, allí me puse a hablar con ella hasta que logré que me diera trabajo y me dejase vivir de nuevo en su casa, así que me dirigí hacia Remansos a casa de Don Hernando y al llegar tuve que aguantar las impertinencias de su hija Alba y de todos, pero ya tenían mis cosas en bolsas de basuras y con esas mismas, salí de esa casa, cogí un autobús y me fui a casa de su hermana Aracelly.
Para su sorpresa, esa madrugada vieron que estaba trabajando para Doña Aracelly una vez más, se enfadaron muchísimo con ella y pasaron varios días hasta que le volvieran a hablar, pero antes fueron días de discusiones y enfados para todos, pero yo estaba enfocado en trabajar y estudiar, quería terminar mis estudios, Doña Aracelly me apoyaba para que pudiese terminarlos, pero la situación en Sameco empeoró, empezaron a hacer unas construcciones allí, lo que no facilitaba las ventas que cayeron drásticamente.
Tuve una idea y se la comenté a Doña Aracelly, ella se ilusionó mucho, vio que me preocupaba también por ella, ya que tenía muchos gastos, tanto en Sameco como en su casa, así que encantada me apoyó. Consistía en llevar cosas en canastas, en termos y vender en una zona donde había muchos coches para la revisión tecno mecánica y al no haber nada parecido allí, seguro que con un café estarían encantados.
Nada más llegar con las cosas para vender, empecé a gritar para que me escucharan: “Tinto*, café en leche y chocolate”, empezaron a salir una gran masa de gente y en menos de veinte minutos ya había terminado todo lo que había llevado, pero no había alcanzado a terminar la fila de coches, pues era una fila de casi dos kilómetros. Las ventas se habían triplicado, cuando su hermano se enteró, empezó a venirse para hacerme la competencia.
Le pedí a Aracelly venir más temprano, sobre 10:30 de la noche, para que me diera tiempo a organizar, preparar y así cuando fuesen las 12:00 de la mañana, ella llegaría y me podría ir antes y no perder clientes. Un día cuando llegué, Michín estaba en el parking donde nosotros estábamos y se sorprendió al verme tan temprano allí y sobre todo solo.
Esa noche él estaba solo, se bajó de su coche y vino adonde yo estaba, mientras organizaba, él me hablaba, pero como siempre terminábamos hablando de sexo, se rio de mí porque el Rolo le había contado que ese día le había hecho una mamada mientras él dormía, le respondí que no me pude contener, que el Rolo tenía una polla muy grande, que me encantaba y me dio morbo con solo pensar que se había follado a esa chica y vérsela, que aún estando dormido, estaba muy dura y entonces no lo dejé pasar.
Michín al escuchar lo que le decía, se le puso la polla dura y me mostraba el capullo entre la cremallera del pantalón, me pidió que se la mamara, yo ni corto ni perezoso, me lo llevé hacia una parte oscura, me arrodille y empecé a chupársela, pero esta vez me puso contra unas tablas, me bajó los pantalones y me empezó a meter esa polla gorda, estaba tan caliente que vio la mía dura y empezó a tocármela y me dijo que me la quería chupar, le dije que lo hiciera, mientras la chupaba se corrió en su mano y le dije que pusiera su leche en mi polla y que la chupara, para luego yo correrme en su cara.
Sin duda fue un momento muy morboso, Michín era el típico machote que no pensé que le pudiera gustar mamar una polla, pero a mí me lo hizo. Me puse de nuevo la ropa y fui al puesto para traer servilletas, pude notar que uno de los vigilantes del parqueadero* nos había estado espiando.
Michín vino, se tomó un café, se fumó un cigarrillo y al momento su carro ya estaba listo y así pudo irse, pero el vigilante vino y empezó a ponerme conversación, me dijo que le había gustado mucho lo que vio, que le encantaría correrse en mi cara mientras yo le hacía una mamada, me puse a reír y le dije que, si tenía buena polla y me dijo si quieres vamos y la ves.
Fuimos al mismo sitio y sin duda la tenía grande, se la mamé, pero me había quedado con ganas de que me la metieran por el culo, así que me puse de espalda para que lo hiciera, me folló hasta el punto de correrse dentro.
Fue su primera experiencia sexual con un hombre y en especial con un chico de catorce años, me dijo que le había encantado y que cuando yo quisiera, él me follaba de nuevo.
Sin duda esa noche había tenido mucho morbo, tanto que cuando llegó Aracelly y todos regresaron de vender, me puse a buscar al vigilante porque quería mamarle de nuevo la polla y así lo hice dentro de un carro.
Habían pasado casi dos meses y su hermana Dora, había regresado de nuevo a Cali para hacerse una cirugía estética y se iba a quedar en casa de Aracelly, en muchas ocasiones, noté que no le caía del todo bien, pues yo me encargaba del negocio mientras Aracelly cuidaba de ella.
Sin embargo, en ocasiones su sobrino Robinson venía a ayudarme, pero varias veces le pillé robando, igual que a Yeison. Un día me cansé y les despedí provocando así un tsunami familiar, pues Dora no aceptaba que yo tuviera esa capacidad de despedirles, sabiendo que ellos eran familia y yo no, en un momento de discusión en casa, me trató mal e incluso me humilló diciéndome que yo era un arrimado*.
Estaba claro que Yeison y Robinson se hicieron las víctimas frente a su familia y lo achacaron a que era una forma de llamar la atención y lo peor es que Aracelly sabía que ellos eran capaces de robar, pues en muchas ocasiones les pillamos, pero nadie fue capaz de hacer lo que yo hice y en vez de tener el apoyo de Aracelly frente a la humillación de su hermana Dora, se mostró pasiva y solo rebajó la tensión diciendo que no era nada importante.
Tenía ganas de salir corriendo de esa casa, aunque no podía, porque no tenía a donde ir, me tocó tragar y llorar, comprendía que solo estaba allí siendo utilizado, pero me concentré en mis estudios.
Un día saliendo sobre las 09:00 de la noche de clases, estaba sobre la Quinta, esperando que pasara mi autobús que me llevaría a Prados del Norte, que era donde estaba la casa de Aracelly, en un momento miré hacia atrás y venía un chico extremadamente guapo y con una sonrisa hermosa.
Me miró fijamente a los ojos, sonrío y cuando pasó por mi lado pude sentir como una energía que pasó por todo mi cuerpo. Era bajo de 1,74 de altura, llevaba una camisa blanca ceñida al cuerpo, se podía notar su gran espalda y los bíceps, un vaquero que dejaba entrever un culo precioso, ya iba a diez pasos de él y se voltió* a mirar hacia atrás, vio como había llamado mi atención y como si fuese un imán, fui caminando disimuladamente trás de él.
Tenía nervios porque no le conocía, pero quería saber más de él, seguía mirando hacia atrás y continué siguiéndole, pero cruzó hacia la Plazoleta Mercurio y sentí miedo, había poca luz y no me atrevía a cruzar, así que me senté en unas escaleras que estaban en la EPS* de Comfenalco, para disimular que estaba esperando el bus, pero ya había caminado bastante y pudo notar mi interés en él.
Paró y empezó a hacerme señas para que fuera adonde él estaba, pero yo le indicaba con mi cabeza que viniera hacia mí y así lo hizo.
Era guapo y lo sabía, su rostro era perfecto, pude ver sus manos, eran delicadas y su sonrisa me tenía cautivado, se sentó a mi lado y pude sentir su olor, simplemente me envolvió, le quería besar, deseaba hacerlo, pero luego él empezó hablar.
Lo primero que dijo: “Qué lindo eres ¿cómo te llamas?”, dije Sam, me preguntó mi edad y le engañé, le dije: “Diecisiete ya casi dieciocho”, él me preguntó que qué hacía por allí, le dije que estaba saliendo de estudiar y estaba esperando el autobús.
Se acercó a mí, me besó, sentí que mis problemas habían desaparecido, no me pude resistir y le correspondí al beso. Besaba tan rico, que por primera vez había sentido que había encontrado a esa persona que tanto deseaba, él se puso de pie y pude ver que su polla estaba empezando a ponerse dura, porque sobresalía del pantalón y no lo podía evitar, me dijo: “¿Vamos a un sitio más cómodo?” y estaba tan hipnotizado que le seguí.
Me tomó de la mano y sentí por primera vez que alguien me mostraba un poco de afecto, estaba viviendo una época difícil en mi vida, su acto de cariño hacia mí, me llenó de sentimientos y me solté a llorar, él no podía saber el porqué de mi llanto, yo no sabía su nombre, me dijo que se llamaba William, que ya me lo había dicho, pero seguro no le había prestado atención, volvió a besarme mientras me abrazaba.
Me dijo que nunca otro chico le había llorado y la verdad no sé qué decirte, no sé si sentirme bien o mal, pero tu rostro lo dice todo y hoy quiero darte una buena experiencia.
Nos fuimos caminando cogidos de la mano, pasamos por la calle Décima, a la altura de la Notaría Diez, allí había muchas travestís ejerciendo de prostitutas, nos gritaban “tan lindas, las mariquitas”, me asusté, pensaba que de pronto nos iban a robar y él me dijo que no prestara atención, que no me preocupara, estábamos atravesando el centro de la ciudad para llegar a la Avenida 2 Norte y llegamos a un sitio.
Era una casa, entramos y había en la puerta una recepción, era todo oscuro, no conocía ese sitio, pidió una habitación y pagó todo. Pude ver al fondo que había más hombres y estaban todos besándose, así que di por hecho que era un sitio para gays y que iban a follar, pero no me importaba, estaba encantado de estar con William.
Íbamos camino a la habitación, William vio un baño, me tomó de la mano y nos metimos allí, no más entrar William, de nuevo me besó, de tal forma que nos pusimos calientes y yo me dejaba llevar porque me gustaba todo él.
Cuando se quitó la camisa pude ver su cuerpo perfectamente marcado y un gran pectoral, era velludo, pero le gustaba pasarse la máquina, así que lo tenía muy bien cuidado, yo era un chico aún con cuerpo de niño, pero me besaba todo el cuerpo, me decía que adoraba mi cuerpo de niño, pero cuando me sacó la polla, no pudo contenerse y me empezó a mamar de una forma bestial que me puso tan caliente que deseaba follármelo, luego se acabó de quitar toda la ropa y pude ver que su polla era igual que él, perfecta, larga, gorda y con un hermoso capullo.
Empecé a chupársela y luego levantó la pierna dejando ver su ojete y también se lo mamé, sin duda tenía un gran culo, todo él era perfecto y sobre todo muy sexual, teníamos eso en común, empecé a demostrarle que también tenía lo mío, cogí la toalla del lavamanos, la puse sobre el suelo y me tiré en posición perrito para que pudiera chuparme el culo también, hacía calor, sudábamos como bestias, pero también nos chupábamos nuestro sudor, era todo tan excitante porque nos gustábamos muchísimo.
Pero no aguanté y William puso una pierna encima de la tapa del sanitario, se puso saliva en el ojete y me dijo: “Métemela”, pero yo quería seguir chupándole el culo, me arrodillé y se lo chupé, pero mi polla no podía más, me paré y empecé a metérsela, empezaron a tocar la puerta, pero no nos importó, tanto que seguimos y no prestamos atención.
Me lo follé por todo el baño, pero al final me tiró al suelo encima de nuestra ropa, él se sentó en mi polla y se la folló de tal forma que me corrí dentro y mientras lo hacía pude sentir su corrida caer por mi cuerpo, hasta el punto que la recogí con mi mano y me la empecé a chupar.
Quería sentir su sabor, él solo cogió y me besó. Quedamos tirados en aquel suelo alrededor de diez minutos, abrazados, besándonos, dejando que nuestros cuerpos descansaran, pero al rato nos pusimos de pie y empezamos a limpiarnos y a acomodarnos para poder desocupar ese baño.
Después de casi una hora encerrados, salimos y todos nos estaban mirando, William me cogió de la mano, me llevó hacia la puerta y salimos. Ya en la calle me pidió mi número de celular y yo el suyo, paró a un taxi, me montó, me dio dinero para que pudiese pagarlo y seguimos cada uno nuestro camino.
Al llegar a casa de Aracelly, ella estaba preocupada e incluso la tía Carmen que era su hermana mayor y Dora estaban hablando, cuando vieron que llegué, no podía ocultar mi felicidad, pues por primera vez sentía que me había enamorado y estaba deseando volver a ver a William, Dora al ver mi cara dijo “Esa cara puede ser por dos razones, plata o que acaba de follar”, yo la miré, ella a mí y dijo: “¡Ah! Hijoeputa* acaba de follar” y todos se pusieron a reírse de mí.
Los días pasaron y William nunca llamó e incluso cuando salía de estudiar me quedaba esperando por si lo volvía a ver, pero jamás volvió a pasar, un día cuando me cansé de esperar, cogí mi autobús me senté y por la ventanilla pude ver que estaba saliendo de una peluquería de un estilista muy conocido, Jairo Jaramillo.
Al día siguiente pasé por al lado y pude ver que William estaba allí trabajando como estilista, pero no quise dejarme ver para que no se sintiera perseguido por mí y mucho menos sintiese que estaba loco por él. Así lo hice muchas veces, hasta que un día me vio al salir, pero me hice el tonto y disimulé que estaba esperando mi autobús, él se acercó, me saludó y pudo notar que me estaba derritiendo por él, me pidió que le acompañara, ya que tenía que ir a estudiar.
Por el camino no pude contenerme y le confesé que estaba enamorado de él, que me encantaría conocerle más y que no solo fuera para sexo y que si él me daba la oportunidad, podría ser su novio.
Me miró, se sonrió y me dijo que él sabía que yo era menor, que me tocaba madurar y conocer más, para saber que todo no era tan fácil en la vida. Se despidió y me dijo que luego me llamaría, entró en su centro de estudios, yo quedé destrozado y seguí mi camino, porque tenía que ir a dormir para ir a trabajar.
Seguía trabajando y pensando en William, había algo en Sameco que ya no me interesaba, sabía que allí todos me utilizaban y empecé a sacar plata para así poder tener algo más de dinero, cogí el vicio de fumar cigarrillos, porque era lo único que me quitaba el estrés, me estaba volviendo un chico amargado y oscuro, porque mi vida no daba ningún giro y a la única persona que se había interesado en mí, no le preste atención y la que a mí me gustaba, no quería nada serio conmigo.
Aracelly estaba muy preocupada y Diego también, porque querían saber qué me pasaba, pero no me sinceraba con ellos, porque no podían resolver mis problemas, simplemente no era nada para ellos. Una tarde sonó mi celular, era William, me estaba invitando a pasar el domingo con él en su casa, me invitó a comer y me preguntó que cuál era mi comida favorita y le dije que los espaguetis.
Esa semana estaba muy feliz, porque estaba deseando que llegara el domingo, trabajé muy bien e incluso fui al Centro Comercial a comprarme nueva ropa, porque quería verme muy bien para William. Ese domingo no trabajaba, ya que Aracelly se rotaba los domingos con su hermano Hernando, para que solo trabajara uno y reponer un poco las ganancias, así que todo iba a salir bien, le dije a Aracelly que ese día iba a pasar la tarde en casa de un amigo viendo películas, que llegaría en la noche y no me puso ningún problema.
Por fin llegó el domingo, desde que me desperté, me levanté feliz y empecé a organizarme para estar preparado, pero Aracelly quiso joderme, se puso a hacer limpieza en la casa y me tocó ayudarla, no quería que saliera, pero le dije que yo le había dicho que iba a salir, que no tenía ningún problema en ayudar, pero que a las 13:00 de la tarde tenía que irme. No le gustó, pero no me importó, no iba a permitir que me estropeara mi cita.
William llamó a las 11:00 de la mañana para confirmar y me encantó, se veía que era un chico atento y que se preocupaba, en la llamada me había dicho que estaba deseando verme y eso me dejó aún más feliz, a las 12:30 de la tarde había terminado de hacer todo lo que Aracelly me había pedido, así que no tenía ningún pretexto para retenerme, me duché y me preparé para salir de la casa a las 01:00 de la tarde.
Prados del Norte, donde yo vivía, estaba cerca de San Antonio, que era donde vivía William, habíamos quedado en el sitio donde nos habíamos cruzado miradas por primera vez, así que bajé del taxi y cuando me vio, me llamó y dijo que cruzara a la calle Cinco, porque allí estaba su casa.
Yo estaba muy elegante pues había comprado ropa e incluso tenía perfume nuevo, William salió en sandalias, pantaloneta y una camisa, le vi simplemente guapo. Al encontrarnos, me abrazó, me besó, dijo que estaba muy guapo y que olía muy rico, me sonrojé, le dije que estaba así por él, nos reímos y entramos en el edificio donde vivía.
Al entrar, vi que era un apartamento sencillo y con muebles antiguos, nada de lujos, en el salón había una foto de un chico acompañado de otro, me informo que eran su jefe y su pareja, que no estaban, así que teníamos toda la casa para los dos solos.
Él trajo una copa de vino y nos sentamos en el salón con algunos pasabocas*, mientras hablábamos de nuestras cosas, lo típico para conocernos más, pero no pudimos aguantar y en medio de la conversación nos besamos muy apasionadamente mientras nos tocábamos.
Pero él debía preparar la comida, así que tuvimos que parar e ir a la cocina, pero estábamos en ropa interior, él dijo que quería cocinar desnudo y yo le dije que no tenía ningún problema, también me desnudé y le acompañé a la cocina para ayudarle con la preparación.
William tenía un cuerpo perfecto y no podía evitar acariciarle y ponerle la polla en el culo cuando me daba la espalda, luego le subí sobre la mesa que había dentro de la cocina, empecé a chupársela y besarle todo el cuerpo. William me despertaba esas ganas y no podía parar, le encantaba, se abría de piernas para que yo pudiese llegar a donde yo quisiera.
Estábamos los dos muy calientes y el agua para la pasta estaba hirviendo, William se paró para echar la pasta, aproveché y empecé a metérsela, le encantaba mi polla, porque se la dejó meter e incluso le empecé a follar y se dejó, preparando la salsa boloñesa y teniendo sus manos ocupadas yo estaba detrás follándole.
Me corrí cuando vi que su polla estaba corriéndose sin tocarla, solo porque le estaba follando el culo, pero yo seguía con la polla dura y seguíamos morboseando* en la cocina y besándonos, no sé cómo, pero la salsa se terminó de hacer e incluso quedó deliciosa.
Al terminar de hacer la pasta, encendió la TV y arregló la mesa, incluso seguíamos besándonos y tuvimos que parar para comer, fue la mejor pasta que había comido hasta ese momento, estaba encantado y no podía parar de decírselo e incluso me atreví a decirle que le amaba, él no decía nada y sonreía.
Terminamos de comer y tomamos el postre, él había preparado antes postre de tres leches y nos lo pasábamos de boca a boca, nunca había hecho eso, pero de él lo aceptaba todo y al terminar nos duchamos juntos. Nos enjabonábamos el uno al otro y me dio ganas de orinar e iba a salir al sanitario, pero él me dijo que le orinara a él.
Me sorprendí nunca pensé que a alguien le gustara que le orinaran, pero le complací, pude ver como se arrodillaba en aquella ducha y empecé a orinarle por su cara, hasta que cayera por todo su cuerpo e incluso se atrevió a beberse mi orín. Estaba alucinando, era algo nuevo y le pedí que me lo hiciera él a mí también.
Me dijo que se le decía lluvia dorada y cuando se levantó pude sentir el olor de su orina y no me importó, le besé, le abracé, para mí era suficiente estar con él, cuando me arrodillé, pude sentir la sensación de su orina caer por mi cuerpo, no sé por qué me gustó esa sensación, seguro era porque sentía algo por él.
Nos quedamos un momento con nuestros orines y nos besamos sin cansarnos, luego nos duchamos y mientras lo enjabonaba sentía como su polla se ponía dura de nuevo, le pedí que me follara y mentí diciéndole que iba a ser mi primera vez, él dijo que estaba encantado de follarme el culo.
Nos fuimos a su habitación cogidos de la mano, cuando llegamos nos acostamos juntos, de nuevo seguimos besándonos y acariciándonos como si fuésemos una pareja, me decía al oído: “Niño usted me encanta, eres precioso” y yo respondía: “Seamos pareja, no quiero perderle nunca y no quiero que seamos solo un polvo”, él respondió sonriendo: “Por lo menos llevamos dos” y soltamos a reír. Cada vez que sonreía me enamoraba más, su gesticulación era única y me producía ternura.
Pero no podía aguantar las ganas de tener su polla en mi culo y tuve que decirle que me follara, así que me cogió el culo y empezó a chuparlo, luego de un momento me la puso en mi ojete. Su polla y mi culo estaban predestinados a estar juntos, fue ponerla y mi ojete, se dilató al instante, permitiendo que entrara de lleno hasta el fondo.
Se sorprendió y me dijo: “Ese culo no es virgen” y para sostener mi pequeña mentira dije: “Sí, solo que me tienes deseando meterme esa polla”, pero no hubo ningún problema y me besó teniendo la polla dentro, me estaba tratando con mucho cariño, me tenía tan caliente que forcé a que se volteara* y que fuese él, el que estuviese acostado en la cama sin sacarla, quedé encima de él y empecé a follármela.
Podía sentir como sus huevos tocaban mi culo, empecé a follarme su polla tan fuerte, que él vio que estaba disfrutando, la sacó y me tiró a la cama boca abajo y empezó a embestirme tan fuerte, que restregaba su cuerpo sobre el mío, estábamos disfrutando mi papel de pasivo e incluso me dijo al oído: “Que como pasivo me superaba”, nos levantamos, me apoyé sobre la cama y siguió follándome.
Estábamos muy calientes, le pedí que me echara la leche en mi culo y pude sentir como se corría, dejó salir la leche sobre mi ojete y luego volvió a meterme la polla con su leche, provocando un placer en mí de correrme al momento.
Habíamos terminado agotados, él tomó pañitos húmedos, se limpió, luego me limpio a mí besándome cariñosamente, dejó los pañitos en el suelo, fue a la cocina y me trajo la merienda para recuperar energía, luego nos quedamos acostados en la cama abrazados viendo la TV.
Estábamos disfrutando muchísimo, permanecimos varias horas abrazados, jugando, haciéndonos alguna que otra broma, pero de broma en broma nos colocamos de nuevo cachondos, él no sabía qué le estaba ocurriendo conmigo, pues se ponía muy caliente y su calentura me ponía muchísimo, no podíamos evitar que nuestras pollas se relajaran y nos tocó volver a follar, pero esta vez lo hicimos tranquilamente en la cama.
Primero me folló él, me acosté de lado, me abrazó y me la metió delicadamente mientras me besaba el cuello y me abrazaba, luego la sacó, se puso de lado y quería también que le follara yo, intenté hacerlo cariñosamente, pero soy mucho más salvaje follando y cuando se la metí, después de hacérselo delicadamente, le follé muy duro, no se quejó y se corrió de nuevo, pero no le solté hasta que me corrí en su culo.
Se me había pasado el tiempo, cuando miramos la hora, eran las 09:30 de la noche y ya era momento de prepararme para irme. William me pidió que me quedara a dormir, pero tenía que trabajar y lo comprendió, sabía que vivía en una casa que no era la mía y debía ser responsable. No podíamos dejar de besarnos, no queríamos separarnos, deseábamos quedarnos así, pero llamé a un taxi y él me acompañó a la puerta.
Los días pasaron y cada vez que le llamaba no me contestaba y cuando lo hacía me decía que estaba ocupado, así varias veces, estaba muy triste porque pensé que él también sentía lo mismo que yo, pero no fue así y no quise volver a molestarle.
Un día llamé a mi madre y me dijo que se venía a vivir a Cali de nuevo, que estaría al sur de la ciudad, que iba a trabajar cuidando una bodega y que allí mismo podía vivir. Así que hablé con Aracelly y le dije que me iba a vivir con mi madre y que desde allí iría a trabajar.
Eso significaba que no tenía que sentirme obligado a trabajar como habíamos acordado, ya que con el tiempo se había vuelto costumbre y esto significaba que cumpliría el horario como los otros, provocando así su desacuerdo, porque sabía que ningún otro llegaría tan temprano como yo.
Recogí mis cosas y me fui a donde mi madre, cuando llegué a allí, me sentí tranquilo, me gustó, allí tenía mi propio espacio, porque mi mamá había arreglado una habitación para mí, por fin tenía una habitación para mí solo y sobre todo que estaría con mi familia.
En los días siguientes, sin duda Aracelly mostró su enojo, porque las ventas ya no eran las mismas y ya no me sentía obligado a hacer lo que fuese por ella, cumplía con un horario y con mi trabajo y tenía que pagarme por ello, pero por cualquier cosa o discusión la convivencia era insoportable, así que mi madre al ver la situación me dijo que no volviera, que ella se hacía cargo de mis cosas, que lo importante era que terminara de estudiar. Así que le hice caso y quince días después renuncié a mi trabajo en Sameco.
Al lado de donde vivíamos había un negocio de comida rápida llamado Mundo Costeño, trabajaban allí dos hombres jóvenes y costeños. Me gustó siempre espiarlos, ya que mi ventana daba casi a un metro de su negocio, así que podía ver y oler lo que allí preparaban.
Uno de ellos llamaba mucho mi atención, ya que era un chico de unos veintiocho años, era alto, o sea, el típico costeño joven. Para ganarme su confianza le saludaba todos los días e incluso salía para ayudarle a abrir y organizar el negocio, tanto que sacaba mi equipo de sonido y poníamos música para darle más vida al negocio. Él pudo notar que con mi presencia y mis ideas empezaban a venir más clientes y al mismo tiempo para mí, poder aprender sobre su trabajo.
Me encantaba mi nueva vida estando alejado de las peleas y la envidia que se vivía en Sameco, vivir con mi madre fue lo mejor, estudiaba y mi madre por fin se había convertido en lo que quería, aunque mi hermana Vanessa se había ido a vivir a casa de Don Hernando y allí se había vuelto inseparable de Alba, pero siempre estuvimos en contacto. Pero Alba la quería llevar al lado de hombres y borracheras así que me tocaba jalarle* las orejas de vez en cuando, para que se controlara, porque aunque era nueve meses mayor, yo le ganaba en madurez.
Un día mientras ayudaba a mi nuevo amigo el costeño, vi que una camioneta como la del Tieso se había aparcado enfrente del negocio, pero nadie salía, diez minutos después salió el Tieso, estaba pasando por allí y pudo reconocerme, pero quería confirmar que fuese yo.
Solo de verle me había alegrado, pues en el fondo me gustaba muchísimo. Mi amigo el costeño que se llamaba Julián, me preguntó que quien era y yo le respondí, el hombre que más me gusta, fue un descaro que no medí, siempre me hice el machito en su compañía, pero me gustó tanto ver al Tieso que no me importó.
Estaba fumando marihuana en su coche y fue tan rico que le dije que quería, él me preguntó si sabía fumar y le dije que el Rolo y Michín me habían dado a probar un día, pero que no había sentido nada, pero que me gustaba el olor y sabor de la marihuana.
Esa noche le dije a mi madre que iba a salir con un amigo y ella preocupada, anotó las placas y el modelo del carro, el Tieso la vio y se puso a reír, porque no daba crédito a lo que estaba pasando.
Él también se había puesto feliz al verme y sobre todo verme tranquilo y sonriente, tanto que me dijo que le hacía muy feliz que estuviera con mi madre y no con personas que se aprovechaban de mí.
Era un viernes, estaba contento y me dijo que si quería ir a una fiesta. Yo le dije que me gustaría, pero que no tenía ropa y que ya había pasado pena en la fiesta del Rolo y Michín, porque era el único mal vestido, así que me llevó a Chipichape, allí me enteré de que el Rolo tenía con su hermano Cherazy, una tienda de ropa llamada Emporium, que era la más popular. Esa noche el Rolo se puso a reír cuando nos vio llegar a los dos juntos y dijo que cogiera lo que quisiera que el Tieso pagaba.
Solo pude coger un pantalón y una camisa pues me daba vergüenza abusar de la confianza, todos se rieron de mí y me dijeron que tenía el gusto en el culo, así que entre ellos eligieron la ropa, zapatos y la cuenta fue de casi 3.000.000 de pesos, no podía imaginar por qué pagaba tanto por una persona que aún conocía poco. Pero me dijo: “Relájese y párchese*, que usted va a ser mi bebé y todos lo van a saber”.
Esa noche también me llevó a cenar y compramos comida para llevarle a mi madre y a mis hermanas, en el camino paramos en su peluquería para que nos hicieran el corte. Luego me dejó en casa y me dijo que pasaba a por mí, a las 02:00 de la madrugada.
Mi mamá estaba muy preocupaba, porque no sabía qué amistades tenía yo y cuando me vio llegar con todas esas compras se tranquilizó y se puso contenta de verme a mi feliz. Sin duda ese fue el comienzo de una gran amistad entre el Tieso y yo, no sabía si era por el porro, o porque había visto que él tenía una sonrisa de oreja a oreja.
Después de dejarme en mi casa, pasé al negocio de mi amigo Julián y le dije que no se preocupara, que cuando terminara le podía dar el equipo a mi madre, o si no, que lo guardara y ya me lo daría.
En cierto modo, me dio algo de pena por irme y dejar a mi amigo solo, estaba trabajándole, porque quería una complicidad con él, sobre todo por el paquete que se le notaba, decía mucho de lo que tenía y muchas veces en las noches me hacía unas pajas pensando en cómo sería su polla. Le dije que no le fuese a decir nada a mi madre de lo que le había dicho, que el Tieso era el hombre que me gustaba y me dijo que no me preocupara, pero quería que se enterara que me gustaban los hombres.
Le dije a mi madre que iba a salir de fiesta y se enfadó tanto que no me quería dejar ir, pero como pude me posicioné y le dije que iba a salir sin su permiso. Llegó la hora en la que el Tieso pasó a por mí, me había arreglado y puesto mi ropa nueva y mi mamá quedó encantada, pues me decía que me veía muy lindo, mis hermanitas me decían que era el niño más lindo y me besaban, quise pasar a despedirme de mi amigo Julián, cuando me vio solo pudo decir que estaba muy bonito, como aceptando que era gay.
Cuando llegó el Tieso, desde dentro de su coche pudo verme cómo estaba vestido, me abrió la puerta y lo primero que me dijo fue: “Va la madre* que la riqueza embellece mucho, pero solo te falta el aroma y un celular”, sacando así un perfume de París Hilton, que me pareció que olía maravilloso y un celular Samsung, que era el de moda, que costaba más de 1.000.000 de pesos. Cuando me lo vio me dijo: “Ahora si estás completico”. No daba crédito a lo que estaba ocurriendo y me puse a llorar, porque al final no sabía cuál era su interés por mí.
Ligeramente me cogió la cara y me dijo que verme feliz era su propósito, que él sabía que era un culicagao*, pero que era muy diablo, porque los chicos hablaban mucho de mí y antes de que le conociera, él ya estaba interesado en mí y que no le importaba si le gustaba o si iba a haber algo sexual, solo con ver mi sonrisa era suficiente para él ser feliz y que iba a ser mi mejor amigo.
Ese día nos fuimos a la fiesta, era muy cerca de Sameco, concretamente en Mega, una zona industrial donde se encontraban las discotecas más prestigiosas de la ciudad. Cuando llegamos, nos bajamos y uno de sus escoltas se encargó de la camioneta, precisamente nos bajamos donde el exesposo de Aracelly trabajaba y vio que iba muy bien vestido y que estaba entrando a la fiesta más cara de esa noche.
Recuerdo que me dio mucha vergüenza verle, porque no sabía que iba a pensar de mí, seguro que se lo iba a contar a Aracelly y ella a mi padrino Hernando, formándose un chisme, pero al final quería vivir mi experiencia, así que ni le presté atención. Solo sé, que había muchísima gente, mujeres y hombres muy guapos, vi que la fiesta era en la montaña, por eso se llamaba “La Roca”, se presentaban el DJ Dirty South. Pude ver que había gente haciendo fila, pero nosotros no la hicimos y ni siquiera me pidieron la documentación.
Al llegar al palco, ya estaba el Rolo y Michín, me presentaron a otros amigos de ellos, en total en el palco éramos como veinte personas. Pude ver que el Tieso, el Rolo, Michín y otros, estaban tomando unas pastillas de colores y les pregunté que qué era, el Tieso me dijo que era éxtasis, pero que yo no podía tomar, porque nunca lo había probado y le dije: “Que si no lo probaba en ese momento, ¿cuándo iba a ser?”, así que cogió una, la partió en dos y una mitad me la dio a través de un beso, luego me dio de beber un Red Bull. El Rolo y Michín vieron la escena, se acercaron a nosotros y en plan broma nos dijeron: “Maricones”, el Tieso se puso a reír, pero yo me avergoncé.
Después de unos minutos, me sentía feliz, bailaba y sudaba mucho, el Tieso al otro extremo bailaba y se estaba besando con una chica que se llamaba Andrea Rincón, que era la modelo más popular en ese momento, yo sentí algo de celos, pero me sentía fantástico por el efecto del éxtasis. El Rolo y Michín, me ofrecían marihuana, cocaína, sabían que era mi primera vez y querían ver el efecto que causaba en mí.
La fiesta fue un éxito, pero el Tieso decidió irse antes con Andrea, me dijo que me quedara y que disfrutara de la fiesta, le hice caso, pero en cierto modo estaba con rabia, porque él me había invitado, disfruté de la fiesta junto al Rolo, Michín y los otros amigos que estaban con ellos.
Llegó el momento de irnos, el Rolo y Michín me avisaron de que me iba con ellos de remate*, iban a hacer una fiesta con DJ en su casa, que estarían varios amigos, yo no me enteraba mucho de lo que decían, porque estaba demasiado drogado, entonces me dejaba llevar y sobre todo confiaba en ellos.
Orgías, Orgías, Orgías
Era ya de día, me subí en el coche del Rolo, él me prestó unas gafas porque tenía una cara de embale* por las drogas y así disimulaba un poco, cuando llegamos a su casa empezaron a llegar más gentes y el DJ empezó de nuevo la fiesta, yo no paraba de bailar.
Entre el Rolo y Michín, me enseñaban a bailar, aprendía rápido porque les encantaba como bailaba y nos metíamos más y más drogas, así todo el día hasta que llegó la noche. Ya se habían ido casi todos, quedaban algunas chicas y otros amigos, todos nos sentamos en la sala de su casa viéndonos a la cara, pero hubo un momento en el que el Rolo sacó la polla y se la puso a chupar a una chica frente a todos y poco a poco, cada uno empezó a masturbarse allí mismo, pero yo de lo muy drogado que estaba, me daba vergüenza, pero me llamó y me puso a chupársela en compañía de la chica, así que se la chupamos los dos.
Estábamos todos desnudos en aquel salón y a pesar de que estaba drogado, podía sentir el morbo de ver que entre todos nos estábamos follando, he de decir que los hombres cogieron a las tres chicas y a mí, nos intercambiaron y nos follaron a su ritmo.
Hubo un momento que me puse de pie, porque no daba crédito que me estuvieran follando tantos tíos y sobre todo que yo me estaba follando a una de las chicas, no quise perder la oportunidad y me fui al lado del Rolo y Michín, porque era con los que tenía más confianza, pero nunca dejando de probar las otras pollas, ya que todos tenían buenas pollas, después de casi de dos horas follando, cuatro de los tíos se corrieron en mi culo, los otros y yo nos corrimos con las chicas, pues una de ellas estaba muy enganchada conmigo.
Después de la orgía me pidieron que me pusiera boca arriba, me abriera de piernas y que sacara la leche que habían dejado todos en mi culo, no sé por qué lo pidieron, pero les puso cachondos porque cuando vieron salir la leche, volvieron a follarme para meterme la leche de nuevo, era su juego y estaba dispuesto a seguir, pues todos me gustaban, pero las chicas se rayaron, porque vieron que estaban más enganchados conmigo. Se fueron a la piscina a fumar marihuana, mientras ellos y yo nos quedamos morboseando* en el salón.
No sabía bien qué me pasaba, estaba muy ligero y obedecía a todo lo que me pedían, el Rolo me dijo que era por los éxtasis que había tomado, que me ponían muy puta y que ese día me iban a dar polla hasta que me saliera la leche por las orejas. Me encantaba porque no me importaba nada y no ponía problema de chupar y que me follaran las veces que quisieran, hasta que de nuevo se corrieron, pero esta vez lo hicieron dentro de mi culo y en mi cara.
Pero después de casi cinco horas follando, me fui a la piscina donde estaban las chicas, me duché y me quedé con ellas fumando y hablando de que al final a los hombres les encantaba más follar un culo.
En cierto modo estaban algo disgustadas, pero me dio igual, a ellas también las habían follado, pero yo no tenía culpa de que ellos quisieran seguir morboseando* con mi culo. No todos los días se folla un culito de un ‘bebé’ de catorce añitos, cerradito y virgen.
Sobre las 11:00 de la noche, Michín me dijo, que nos íbamos al Km. 18, que había un remate* en la finca de un amigo y que teníamos que organizarnos para ir, nos arreglamos y nos fuimos a comer a la calle, para después irnos a la finca.
Al llegar a la finca pude ver que estaba el carro del Tieso y nada más verme, se vino a preguntarme, que qué tal lo había pasado en la fiesta, pero una de las chicas con las que habíamos follado, se sentó a nuestro lado y le soltó que todos ellos me habían follado toda la tarde y que yo estaba tan pepo* que me puse como una perra a tragar leche, no supe bien cómo actuar, pero el Tieso soltó una carcajada y le dijo a la chica que se fuera de su finca y llamó a todos los que habíamos llegado y les dijo que la chica chismoseaba contando lo que habían hecho conmigo, así que entre todos la echaron de la finca.
Después de eso el Tieso me llevó a su habitación y se disculpó por dejarme solo, pero que la tía le había puesto muy caliente y quería follársela de urgencia, así que le dije que no se preocupara, que nosotros dos éramos solo parceros*, así que me besó y empezó a tocarme el ojete y pude sentir que se ponía muy cachondo, pues se quitó la camisa dejando ver su cuerpo blanco y marcado, luego se sacó la polla, para mí era la más bonita de todas las que me había follado en la noche y empecé a chupársela, pero no cabía en mi boca, tuve que parar y ponerme de pie para poderle ver tirado en la cama, con la polla dura y su cuerpo perfecto, con una cara que era muy dulce.
Luego no pude parar de reír, porque no daba crédito que estuviese aún más cachondo, después de la orgía que había hecho con Michín y Rolo, así que le empecé a relatar al Tieso lo que había pasado y este se puso como un loco pues me tiró a la cama, me puso boca abajo y me la metió de golpe sin darme chance* de acoplarme a ella, me folló tan duro, que mis gritos se escuchaban por encima de la música.
Pero me encantaba, aunque no lo hacía con rabia, lo hacía con ganas, me decía al oído: “Esperé tanto por esto, que no te voy a dejar salir de esta habitación en varios días”, mientras me decía eso, me follaba más y más duro, pero yo estaba tan caliente, que como pude me levanté y lo empujé hacia la cama para luego sentarme en su polla, me la follé y fue tanto el morbo y conexión entre los dos, que nos corrimos sincronizadamente, él lo hizo en mi culo y yo en su pectoral, ciertas gotas de mi leche le cayeron en sus labios y me tiré a su boca para besarle.
Esa noche no quisimos salir de la habitación, dormíamos y al momento de nuevo nos despertábamos y seguíamos follando, así hasta cuatro veces, tanto que perdimos la noción del tiempo, había llegado el domingo a media noche y hasta el martes no nos levantamos, del hambre que teníamos y al salir de la habitación estaban todos durmiendo desnudos. Para mí había sido la follada de mi vida, con el hombre que más me gustaba y que mejor me hacía sentir.
El Tieso y yo nos pusimos a reír, había unos cuantos dormidos y tenían sus pollas duras, yo estaba tan cansado, que no quería ver más pollas, nos arreglamos y nos fuimos los dos solos a Sameco para desayunar.
En el camino el Tieso empezó a burlarse de mí, sabía que era mi primera fiesta y sobre todo mis primeras drogas, estaba claro que yo estaba hecho para ello, había superado todos los límites, pues la vergüenza que me había dado, no la soportaba ninguna perra, le encantaba, porque así me quería, siempre quiso un parcero* y estaba feliz de haberlo encontrado. Sabía que me gustaba el Rolo y Michín, pero que no le importaba, sabía perfectamente cómo eran los dos y que yo me convertiría en el ‘bebé’ de todos.
No sabía bien qué me quería decir con ello, pero me gustaba y sonreí porque al final había disfrutado mucho de aquella experiencia con todos y sobre todo me había encantado la fiesta.
Al llegar a Sameco no me dejó salir del carro y me dijo que tenían que venir ellos a atenderme, así que pude ver que Aracelly se acercó a la camioneta y cuando él abrió la ventana, se llevó una sorpresa al verme allí con él, empezó a hacernos bromas y el Tieso le respondía, en una de ellas le dejó claro que yo era su bebé, eso le dejó muy seria, yo solo me reía y encendí un porro mientras ella iba a servir lo que le habíamos pedido.
Podíamos ver que todos hablaban y miraban hacia el carro, seguro que estaban hablando mal de mí, porque los conocía y sabía a la perfección cómo se expresaban todos, abrí la ventana y saqué una buena bocanada de humo de marihuana para que sintieran el olor, fue un rotundo “me importa un culo lo que pensáis de mí”.
Al terminar me llevó a casa de mi madre, era hora de descansar y además no quería que me pasara todo el día loco de drogas. Al llegar a casa de mi madre sacó 500.000 pesos y me los dio, me sentí fatal, pero me obligó a que los recibiera, porque él se encargaría de mis cosas de ahora en adelante, me dijo que mantuviese operativo el teléfono, que me estaría llamando para vernos.
Cuando abrí la puerta de mi casa, mi madre saltó, porque llevaba cinco días sin aparecer y ya estaba muy preocupada, pero al verme quedó muy tranquila, le dije que me había ido de fiesta y luego me fui a la finca de mi amigo. Me duché, luego me puse en el salón y le di 300.000 pesos para los gastos, me preguntó que de donde había sacado ese dinero y le dije que me lo había dado mi amigo, se quedó callada y no hizo más preguntas.
En la noche pude ver que mi amigo Julián, estaba trabajando en el negocio, salí y me puse a charlar con él sobre la fiesta, mientras él me preparaba algo especial para comer. Yo no pensaba desistir de él, me daba muchísimo morbo mi amigo el costeño, así que empecé a contarle lo que aconteció, se sentó frente a mí y pude notar que la polla se le puso dura, de solo escuchar lo que le estaba contando y fue tanto mi descaro que le dije: “¡Wow! se ve que la tienes bien grande”, a lo que él con una risa nerviosa me contestó: “Que era normal, que todo eso se la pone dura a cualquiera”, le dije que si quería le podía dar una mamada y me respondió: “Que yo no era capaz con su polla, ya que él era costeño y estaba acostumbrado a comer burra*”, no entendí en ese momento lo que me quiso decir, pero le reté y le dije que me probara, nos entramos hacia donde se guardaban las cosas del negocio y al entrar, con mi mano le agarré el bulto y pude sentir que la tenía demasiada dura.
Inmediatamente la sacó, me puso de rodillas y empecé a chupársela. Era gorda y larga, incluso más que la del Tieso, pero nunca las comparé, porque cualquier polla dura me encantaba, dependiendo del momento el morbo puede ser diferente y estaba muy caliente, solo de pensar que Julián, me estaba dejando chupar su polla, sin darme cuenta sentí como su leche salía por mi boca, hasta tal punto de inundarme la nariz, sin querer me tragué toda la leche.
Sin duda le había gustado, al verme con la leche en la boca, me cogió la cara y me besó, pero después de unos segundos, sintió tanta vergüenza que me pidió que me fuera, porque podría venir su jefe y darse cuenta, me reí, pero entendí que en aquel momento, aunque lo disfrutó, se arrepintiera. Era la primera vez que hacía algo sexual con otro hombre, yo me fui caliente, me quedé con las ganas de sentir esa polla en mi culo, pero la oportunidad de follarme su polla, era algo que no iba a dejar pasar.
Ni el Tieso, ni mi amigo Julián, volvieron a aparecer durante esa semana. Pero el fin de semana, Julián volvió a abrir el negocio, venía con otro compañero, así que salí por la ventana y le saludé, me fui al negocio, pero esta vez él tenía mucha confianza y le comentó a su compañero que yo era al que le gustaba chupar pollas. Yo me sorprendí, porque me vi al descubierto, pero en vez de alarmarse, me dijo que tenía que darle el culito para completar el menú, a lo que yo le respondí: “A por eso vengo”, los dos soltaron a reírse y Julián me dijo que sacara mi equipo de sonido para poner música ese día.
Les presté mi equipo de sonido y luego entré para ducharme y prepararme, pues la noche pintaba muy bien para los tres.
Cuando llegó la noche, me fui a platicar con ellos y empezamos a hablar de sexo y los dos se pusieron calientes, Julián le dijo a su compañero que me entrara con él y lo hicimos pues su compañero a pesar de ser más bajo tenía buena polla, este ni corto ni perezoso me puso a mamársela, pero no se conformó solo con que se la chupara, me puso de pie, me bajó los pantalones, me escupió el culo y empezó a metérmela. Al principio dolió, pero a la segunda volvió a escupirme el culo, me la metió de golpe y empezó a follarme tan fuerte, que nos caímos sobre unas canastas de gaseosas.
Julián entró para ver qué había pasado y cuando entró, vio que me estaba follando, así que le dijo que cuando terminara le avisara, para él también darme verga, porque me veía un buen culo y su compañero le dijo que eso seguro.
No controlaba la situación, me sentí un poco nervioso, pero sabía que yo lo había buscado, así que me dejé utilizar por esos dos machos y pude sentir que el compañero de Julián, follaba tan rico que me dio por besarle la boca y este me abofeteó, al momento se corrió dentro de mi culo, sacó la polla y con unas servilletas se limpió, llamó a Julián y le dijo que ahí le dejaba ese culo listo para que le diera, Julián entró y ya venía con la polla dura, esta vez no quiso que se la mamara y de inmediato me la metió, mientras me escurría la leche de su compañero por todo mi culo.
Con Julián fue diferente a pesar de tener la polla más grande y ser más alto, se sentó y me hizo sentarme en su polla, pero era tan alto y fuerte que no hacía falta que yo me moviese, pues él me manejaba como si fuese un muñeco, me folló a su ritmo y me dio tanto placer que me corrí mientras lo hacía y él al ver que estaba corriéndome encima, también se corrió dentro de mi culo.
Al terminar salimos, su compañero había hecho hamburguesas para los tres, nos sentamos a comer y en medio conversamos de la experiencia, pues había sido el primer culo que se habían follado y estaban encantados de repetir, porque les había gustado lo perra que yo era. Yo solo pude reír, pues me había quedado muy a gusto de haberme follado esas dos pollas.
El Tieso seguía sin aparecer, ni llamar, pero quería seguir teniendo morbos con mi amigo Julián, entonces le quité una columna a la rejilla de mi ventana y cada vez que mi madre dormía y Julián cerraba el negocio, lo entraba a mi habitación para poder follar con él, pues me gustaba muchísimo, disfrutaba de su polla y a él, le encantaba mi culo, empezó a chupármelo y follármelo cada vez mejor, entre los dos había una complicidad mutua y después de cada follada nos fumábamos un porro y nos dormíamos, hasta que él podía volver a salir para coger el transporte, mi madre jamás se llegó a enterar.
La megafiesta
El Tieso llamó y esta vez de nuevo quería llevarme a una fiesta y como habían pasado varios días, estaba encantado de repetir la historia de drogas, fiestas, mucho sexo y por supuesto él era el indicado. Ese mismo día pasó a por mí y no pude aguantar, le besé mientras se la tocaba, no pude contenerme de chupársela mientras conducía.
Estaba de cumpleaños y estaba haciendo una fiesta privada en su chalet del lago Calima, así que teníamos que pasar a por otras personas que venían con él, pero me daba vergüenza, pues el carro olía a semen, ya que me había tragado su leche y tuvimos que comprar algunos chicles para mi boca, pero íbamos por la Avenida Sexta, una de las avenidas principales de la ciudad, recuerdo que eran las 11:00 de la noche, bajé del coche para comprar cigarrillos y en la esquina había una chica rubia con una cara preciosa, se estaba prostituyendo, me dio mucha pena y me acerqué a ella y le pregunté que, qué hacía allí?
Ella me miro muy sonriente, como si hubiese encontrado el cliente de la noche y me respondió: “Papi haciendo la gestión”, se refería a que estaba buscando clientes, le pregunté su edad, tenía mi misma edad, casi quince años y me empezó a comentar que su madre le mandaba a putiar*, para llevar dinero a casa, me dio mucha pena, me fui al coche y le dije al Tieso si la podíamos invitar a la fiesta, pero que necesitaba 500.000 pesos para poder llevar a su casa y él me dijo: “Hágale, tráigase a esa perra”.
A Lorena, que era su nombre, le comenté que si quería venirse a una fiesta al Lago Calima, que yo le daba los 500.000 pesos y ella aceptó muy feliz.
Cuando vio que encendía un porro de marihuana, se puso muy feliz y me dijo que yo era de los suyos, le encantaba fumar, esa noche al final el Tieso no quiso pasar a recoger a nadie y le pidió a uno de sus escoltas que pasaran a recogerlos y nos fuimos los tres juntos al chalet del Lago Calima.
En el camino, la chica con cara dulce empezó a contarnos su vida y a los dos nos dio mucha lástima, era tan dulce que nos dimos cuenta de que su madre abusaba de ella, para que la chica llevara dinero a casa, nos dimos cuenta de que Lorena era también un diablo, pedía que la folláramos, así que le dije que parara y se la follara, efectivamente a Lorena le encantaba una buena polla, cuando se la vio se tiró a ella, se la metió de una en su pequeño coño y se movía con mucha experiencia, hizo que se corriera casi de inmediato y provocó en mí una erección, pues me había encantado ver como follaban.
Cuando llegamos al chalet en el Lago Calima, se bajó del coche, se emocionó al igual que yo, pues era un chalet precioso, el Tieso dijo que era nuestra casa y que podíamos hacer lo que quisiéramos, estaban llegando más carros con gente y entre ellos también Michín y el Rolo, les presenté a Lorena, ellos ya la conocían, me dijeron que era una puta de la Sexta, riéndose, pero que le faltaba culito y que no fuera tan gordita, así que les dije que teníamos que mandarla a operar y pregunté con cuanto iban a ayudar y se soltaron a reír, pues no daban crédito a mis planes.
Esa noche llegó muchísima gente, el Tieso me pudo presentar al más duro de todos, el Monstruo, era el hombre que les mandaba y sobre todo era el más mayor, el Tieso le recalcó que yo era el bebé, él de una carcajada me abrazó y me dijo que me quería conocer, así que nos sentamos en un sitio de la fiesta, traje a Lorena para presentársela y solo le dije que le tratara muy bien, pues era el jefe y eso a Lorena le encantó y no se despegó de él en toda la noche.
Los dos le aburrimos contándole nuestras vidas y él sorprendido sacó 1.000.000 de pesos y nos los puso en las manos, Lorena lloro de la felicidad y le dio un beso en la boca, yo si me sentí avergonzado, le dije que no hacía falta, pero que se los recibía, ya que mi amiga Lorena quería hacerse una operación de culo y liposucción, que los iba a invertir en ella. Lorena me abrazó y dijo que era un buen amigo y nos pusimos todos a bailar.
El Tieso me llamó un momento y me pidió que si él quería follarme me fuese con él o si quería a Lorena que la convenciera, pero al final se marchó al poco tiempo después, pero les dijo estrictamente que me llevaran a su casa cuando estuviéramos en Cali.
Esa noche los protagonistas éramos Lorena y yo, siendo los más peques de la fiesta y sobre todo los más diablos, pues nos metíamos de todas las drogas y sobre todo estábamos deseando que nos follaran, nos sentíamos como si fuésemos unos pollos en una jaula de lobos.
Pasó la noche y estábamos todos ya muy drogados, el Tieso me llevó a su habitación a dormir y Lorena se quedó con Michín y el Rolo.
Esa noche el Tieso y yo llamamos a Steven, que era un amigo de él, que me había gustado tanto que el Tieso le llamó para que me follara. Steven era un chico alto, blanco y una cara preciosa, su cuerpo estaba muy tonificado, tenía casi veintidós años y desde que le vi, había llamado mi atención por lo guapo, al principio le dio vergüenza cuando el Tieso le propuso follar conmigo, pero luego al ver que el Tieso me puso a mamársela frente a él, le dio morbo, sacó la suya y se puso al lado para que se la mamara a él también.
No sé qué pasó, pero me quitó la ropa interior y me empezó a chupar el culo y la polla, parecía que se hubiese transformado, ya no estaba tan tímido, tanto que empezó a chupársela al Tieso también, yo aproveché para chuparle su culo porque era precioso, pequeño, redondo y duro, tenía cierto vello que le hacía muy sexy, pude ver que entre él y el Tieso se estaban besando con mucha pasión y yo me preguntaba si ellos ya habrían tenido algo.
Fue un momento de complicidad entre los tres, luego entró el Rolo y Berrinche, que era el primo de Steven, nos vieron a los tres en aquella faena, pero Berrinche salió y trajo a una de las amigas con las que venían y luego entró el Brujo y empezaron a follar con ella.
No me lo podía creer, las drogas hacían que la gente no tuviese ningún pudor, mientras pasaba todo eso, Steven me empezó a follar el culo, mientras el Tieso le besaba, el Rolo me ponía la polla en mi boca y pude ver como Berrinche se follaba a su amiga mientras nos miraba, luego vino el Brujo y se corrió en mi boca mientras yo le chupaba la polla al Rolo y luego Steven se la sacó y dejó que el Tieso me follara, para él ir a mi boca y correrse allí mismo, mientras se la chupaba al Rolo, a continuación lo hizo el Rolo, yo empecé a dar arcadas, pues el olor a semen era demasiado, luego vino Berrinche, la sacó del coño de su amiga, para correrse en mi boca tapándome la nariz y haciéndome tragar toda la leche que había derramado en mi boca.
Estaba cachondo, porque el Tieso me estaba follando tan rico, que luego vi que estaban los cuatro mirando como el Tieso sacaba y metía la polla en mi culo, pero la chica a la que había dejado Berrinche, vino con las piernas abiertas hacia mí, me besó, luego bajó y empezó a chupármela.
Le excitaba ver como esos machos nos estaban utilizando y para darle más acción, el Tieso se corrió y cayó en la cama, riéndose de lo agotado que estaba, pero la chica y yo faltábamos por corrernos, así que se puso encima de mí, se metió mi polla y me decía al oído que era un bebé muy demonio, me encantó, tanto en la forma y en cómo me lo dijo, que me corrí y ella al sentir mi leche salir por su coño, empezó hacer movimientos fuertes y pude sentir como me humedecía la mía.
Cuando terminamos, pude ver que Lorena estaba en la puerta observando todo, mientras Michín se la estaba follando y desde el fondo Michín gritaba: “¡Qué chimba*!”, yo me quedé tirado en la cama al lado del Tieso, mientras los chicos se reían diciendo que me había follado a “él más”, de ahí su apodo del Tieso, porque su polla siempre estaba tiesa, se follaba lo que fuese y siempre se corría en cantidad. Yo pregunté si esto lo hacían a menudo y hubo un silencio, pero el Tieso me dijo que siempre, fue un morbo, necesitaban mi culito, sobre todo que fuese discreto y yo fui el elegido.
No supe qué pensar en ese momento, pero ya se estaba volviendo costumbre, me encantaba porque todos eran chicos guapos con pollas perfectas y sobre todo con dinero, no hacía falta nada más. Estaba claro que todos habían encontrado en mí el juguetico morboso que necesitaban para animar sus fiestas y para ellos yo era su bebé.
Esa noche nadie durmió, después de esto salimos de nuevo a bailar, aún había gente, estaba amaneciendo y nos fuimos a la piscina, allí hicimos un pool party*. Lorena estaba muy drogada, también era su primera vez con éxtasis y pude ver que el DJ también se la estaba follando, luego se la intercambiaron otros chicos que estaban allí y ella solo me sonreía.
Empezamos a oler cocaína para bajar el éxtasis y cuando Lorena pudo, vino y me dijo que era su mejor fiesta y que me quería mucho, me mostró que tenía 5.000.000 de pesos y que eso a su madre le iba a poner muy feliz. No le presté atención, le dije que disfrutáramos de la fiesta.
Estábamos todos bailando, cuando el Tieso me dijo que nos fuéramos a dormir porque ya estaba cansado y sobre todo estaba muy arriba de drogas, al llegar a la habitación estaba también Steven, desnudo tirado en la cama con la polla parada y masturbándose, el Tieso empezó a besarle mientras se la tocaba, para luego mamársela mientras yo miraba de pie y me quitaba la ropa.
Cuando me quité la ropa, cerré la puerta de la habitación y le puse el seguro para que nadie nos molestara, esta vez quería disfrutar de los dos a solas, las drogas hacían que el sexo estuviera a merced de nosotros, no entendía por qué teníamos tantas ganas de follar y los hombres estaban tan guapos, que era normal que nos pusiéramos tan cachondos.
El Tieso se sentó a un lado de Steven, le ayudé a quitarse la ropa y pude ver que se había puesto cachondo, al quitarle el pantalón la tenía dura, después de besar y chupársela a Steven, luego nos besamos entre los tres, les dejé besándose a los dos y bajé para chupárselas, mientras les veía acariciarse y besarse.
Los dos lubricaban bastante, cosa que me gustaba, porque disfrutaba del líquido preseminal con mi lengua, los dos tenían un capullo bastante grande, así que daba bastante morbo, yo estaba tan cachondo que me senté primero en la polla del Tieso y me la follé, mientras Steven se ponía de pie en la misma cama y me ponía a chupársela, el Tieso también se acercó y entre los dos se la chupamos mientras compartíamos besos, Steven no pudo aguantar y se corrió en la boca de los dos, pero el Tieso y yo seguíamos chupándosela y besándonos.
Empecé a masturbarme porque pensaba que el Tieso estaría cerca de correrse también, me tiró en la cama, me puso boca arriba con las piernas abiertas, la sacó y le dijo a Steven que me la metiera, no podía creer como Steven seguía con la polla dura, me folló sin ninguna compasión, me encantaba, le tiré en la cama para poderme sentar en su polla y follármela. Él solo gemía fuertemente, tenía ganas de correrse, pero ya no tenía leche para descargar, así que el Tieso, mientras nos veía a los dos, se masturbaba y me decía al oído que le encantaba como me follaba esa polla y quería que también le follara la suya, así que se acostó al lado de Steven y me senté en la suya, mientras le pajeaba a Steven.
Al Tieso le encantaba mi movimiento y más, ver cómo disfrutaba follándomelos, yo también la tenía dura y bastante lubricada, dejándole el abdomen mojado. Luego me saqué su polla y seguí con Steven, pero el Tieso quería que le chupara el culo, así que se puso de pie y me puso el culo en mi cara y por encima de Steven, mientras él me follaba el culo, podía ver cómo mi polla lubricaba y le chupaba el culo al Tieso. Mientras él se masturbaba, cuando vi a Steven con la leche del Tieso en parte de su cara y pectoral, me follé su polla con más velocidad y pude correrme en el abdomen, él de nuevo pudo correrse dentro de mi culo, pero yo no contento, fui pasando mi lengua por todo su cuerpo, chupando la leche que le había dejado en su cuerpo sudado, me encantaba su olor y el olor a sexo que en esa habitación había.
Nos duchamos los tres y Steven se hizo un porro de marihuana, nos lo fumamos mientras comentábamos lo bien que habíamos follado, justificando por qué les gustaba el sexo entre hombres, dejando claro que eran heterosexuales. No les prestaba atención, pues mi cabeza estaba asimilando la follada que habíamos tenido y no me importaba su orientación sexual, pero sí que me habían follado muy rico.
Después del porro, el Tieso se tiró en la cama y se quedó dormido, pero Steven y yo nos quedamos sentados mientras comentábamos de dónde era yo y cómo había conocido al Tieso, cuando le dije mi edad no daba crédito, pues estaba a punto de cumplir quince años, creía que era más mayor, así que entendió el porqué de mi cuerpito y mi cara, pero no comprendía cómo mi polla era así de grande, a lo que le respondí que era muy precoz y caliente y nos reímos.
Seguimos hablando, fumando e incluso oliendo cocaína, estábamos desnudos, nos poníamos la cocaína en partes del cuerpo y así hasta que me dijo que me quería chupar el culo con cocaína, no puse ninguna resistencia y me tiré en el sofá donde estábamos sentados, dejé salir mi culo, le pudo echar cocaína y me lo chupó con un ímpetu que me encantó. De nuevo estaba caliente y tenía ganas de más polla, lo pudo notar y él también la tenía dura de nuevo.
Nos miramos a la cara y vimos al Tieso que dormía como un bebé, siguió colocando cocaína en mi ojete y chupándolo con lujuria, pero no aguanté las ganas y me puse a chupársela, mientras él me cogía de la cabeza y hacía que me la metiera hasta el fondo, le encantaba ver cómo me ahogaba con su polla, me la sacaba y besaba para luego repetir la misma frecuencia.
Hasta que no pude aguantar más y le pedí que me follara, así que nos fuimos al baño, allí me arrodillé como si fuese una perra y le dejé que me la metiera, no sentía nada y no entendía el porqué, pero a través del espejo veía que lo hacía fuerte, la sacaba y la metía con violencia y seguía sin sentir nada, pero me gustaba, luego me cogió del cuello y me folló tan duro, que empecé a sentirme sin aire, cuando por el espejo pude ver al Tieso masturbándose mientras veía como Steven me follaba. Me asusté, el Tieso sonrío y vino a decirle a Steven que siguiera mientras me ponía a chupársela.
Preguntó si no habíamos dormido y dijimos que no, al contrario, que habíamos metido perico* y Steven me había chupado el culo con cocaína, se soltó a reír y dijo que comprendía por qué me estaba follando, además así de duro, le pidió que no me hiciera daño.
Estaba claro que la cocaína había hecho que Steven y yo nos pusiéramos cachondos, pero esta vez, él por mucho que me follaba duro no podía correrse, hubo un momento en el que se puso pálido, le bajó la tensión, tuvo que parar y se fue a la cama, pero yo tenía ganas de polla, así que el Tieso me folló, pero tampoco pudo correrse, porque ya habíamos follado suficiente, así que llamó a uno de sus escoltas, que le llamaban Mena, era su apellido, era negro muy guapo, pero no le gustaban los tíos, pero por el Tieso dejó que se la chupara, se puso cachondo y cuando se le puso dura, pudimos ver era enorme, ambos se reían y comentaron que esa sí me iba a llegar al fondo. Nos fuimos a la cama, allí estaba Steven desnudo algo mareado, pero despierto, yo me tiré a su lado, el negro Mena vino, me cogió del culo y empezó a meterme la polla.
Era tan gorda y larga que aún con el culo adormecido por la cocaína, podía sentir cómo me abría el culo, tanto que empecé a sangrar y el Tieso riendo decía: “Esta sí que le ha roto ese culito, bebé”, aún lo soportaba y el negro Mena empezó a embestirme tan fuerte, que se quitó la camisa dejando ver el cuerpo marcado con un pectoral tatuado, su cara no era la del típico negro, él era más fino de cara, se había hecho la cirugía de la nariz y le hacía más elegante.
Por primera vez un negro me estaba follando y me gustaba ver como su color se mezclaba con el mío, él me follaba cada vez más fuerte y Steven se puso de pie, porque le interesaba ver como entraba esa polla en mi culo, me había abierto tanto que cuando la sacaba, se podía ver un gran agujero y luego lo rellenaba metiéndola de nuevo, así hasta que soltó la leche alrededor de mi culo, para que el Tieso y Steven vieran la cantidad de semen que echaba, seguro que eso le hacía más macho, el Tieso y Steven no daban crédito a la cantidad de leche, la tocaron y la metían entre mi culo con sus dedos.
El negro Mena me había dejado sin aliento, no tuve ni ganas de ir a ducharme, el Tieso trajo papel, me limpió y me quedé tirado en la cama, esta vez sí había quedado rendido sin correrme. Los tres se reían y el Tieso pidió que se fueran todos, que nos dejaran solos, quería que yo durmiera y descansara.
Dormimos tanto, que cuando despertamos ya era el miércoles a medio día y despertamos porque Lorena tocó la puerta, abrió y pudo ver que el Tieso me tenía entre sus brazos mientras yo dormía. Al abrir la puerta la luz se reflejó en mi cara y me despertó, Lorena me dijo que tenía que irse ya para su casa, porque su madre estaría preocupada, nos habíamos pasado todo el fin de semana en el chalet del Lago Calima.
Le dije que llamara a su madre para que no se preocupara, que pronto nos iríamos, pero yo no quería, nos levantamos, me duché, fuimos a la cocina y allí quedaban solo en la casa Steven, Berrinche, el Rolo, Michín, Lorena, el DJ “Felina”, que así le llamaban y dos chicas más. Llamamos a la mamá de Lorena y a la mía, les dijimos que estábamos bien, que estábamos en casa de un amigo en el lago Calima y que pronto regresaríamos.
María, la empleada de la casa, nos preparó a todos un desayuno que nos hizo recuperar fuerzas y mientras desayunábamos, entró el negro Mena con una sonrisa en su cara mientras me miraba, sentí muchísima vergüenza. No daba crédito, que un negro me hubiese follado y más cuando ya me habían follado todos los que estaban sentados en la mesa y María cuando me sirvió el desayuno dijo: “Coma mi niño, para que coja más fuerza”, hubo un silencio en la mesa, luego todos nos soltamos a reír del sarcasmo que habíamos escuchado por su parte y más al saber cómo yo había funcionado durante el fin de semana.
Ese mismo día el Rolo, Michín y el DJ “Felina”, regresaron de nuevo a Cali y nos quedamos, Lorena, el Tieso, Berrinche, Steven, el negro Mena y otros dos escoltas del Tieso y yo. Queríamos tranquilidad, nos quedamos todos en el salón del chalet viendo TV y platicando de diferentes cosas y sobre todo fumando muchísima marihuana, pero Lorena y yo nos fuimos a la piscina porque le quería comentar el objetivo de dicho dinero, que con mi ayuda había acumulado en aquella fiesta.
El Rolo me había comentado que a Lorena le hacía falta culito, quitarle sus gorditos y me dejó el contacto de una de sus amigas íntimas, que también cobraba por sexo, que recién se había operado y le habían cobrado poco dinero, así que le comenté a Lorena si le interesaba y aceptó. Le dije que tenía que dejar por lo menos 4.000.000 de pesos para la cirugía y que le diera a su madre lo demás. Era más importante mejorar su aspecto físico si realmente quería dedicarse a ser una chica prepago* y que yo podría ponerla en contacto con unas chicas que manejaban el mercado.
Lorena se puso muy contenta, trajo el dinero, lo contamos y con el 1.000.000 de pesos que le di, tenía la cifra de 6.800.000, de los cuales sacamos 1.500.000 para su madre y lo demás lo guardé para entrar en contacto y empezar a hacer la vuelta* de su cirugía.
Después llamé a Diana que era el contacto del Rolo y le comenté lo que queríamos, me dijo que ese cirujano era de fiar y que muchas de las chicas se habían operado con él y que todo había salido muy bien. Cobraba 5.000.000 de pesos por liposucción y esa misma grasa la aplicaba en los glúteos, dándole forma y que los masajes de drenaje eran aparte, pero si no teníamos el dinero, él podía hacer una rebaja del 50%, pero la chica una vez operada y recuperada tenía que darle sexo hasta completar el 50%, así que le dije que luego la llamaría para confirmar y colgué.
Hablé con Lorena y esta accedió solo a pagar el 50% y luego se lo follaría para poder tener dinero para los masajes y el postoperatorio. Volvimos a llamar a Diana y le confirmamos que la operación iba adelante, pero que la paciente tenía solo quince años, me dijo que no había problema, porque el cirujano era amigo suyo, así que le dijimos que aceptábamos pagar el 50% y pagaba con sexo el otro 50% después de la cirugía. Pero necesitábamos a la masajista para el postoperatorio y me recomendó una chica que por cada sesión cobraba 100.000 pesos y necesitaría de ocho a diez sesiones, dependiendo de lo recomendado por el doctor, pero antes necesitábamos unas pruebas médicas para certificar que la paciente estaba en perfectas condiciones.
Hicimos cuentas y todo salía a la perfección, incluso nos sobraban casi 1.500.000 de pesos para alimentación y transporte. Lorena y yo regresamos de nuevo donde estaban los chicos, llegamos felices y teníamos ganas de comentárselo al Tieso, pero no delante de los demás, así que esperamos y seguimos fumando y platicando con ellos en el salón.
Llegó la noche y Lorena me dijo que le había gustado muchísimo Berrinche, que le gustaría follárselo, pero le daba vergüenza, se notaba que él no le prestaba atención, así que le llamé y le dije que mi amiga Lorena estaba deseando que él se la follara. Él solo se puso a reír diciéndome que era muy gordita y que no le gustaba mucho, pero ya que teníamos confianza se la iba a follar, porque estaba necesitando meterla en algún agujero, me dijo que fuera a la habitación, que allí la esperaba y que si no lo daba bien, venía al cuarto del Tieso a por mi culo, pues ya sabía que mi culo era fijo, así que fui y le dije que se fuera a la habitación adonde él estaba durmiendo, que estaría esperándola, ella inocente se fue contenta porque se había cumplido su deseo.
Pero Steven había desaparecido, solo estábamos el Tieso, el negro Mena y yo, los otros dos guardaespaldas se habían ido a comprar comida a Darién, que era el pueblo donde estábamos. Me fui a la habitación y pude escuchar a Lorena gemir fuertemente, también pude escuchar la voz de Berrinche y Steven, se la estaban follando entre los dos, me dio cierta rabia porque Steven estaba reservado supuestamente para mí, pero entendí que allí todos hacíamos lo que queríamos y comprendí que era normal que le gustase follarse un coño, pero sentí morbo solo de imaginarme como lo estarían haciendo entre los dos.
Me fui al salón donde estaba el Tieso y el negro Mena, pero mi polla me delató, pues el Tieso me reparó, se dio cuenta de que estaba caliente y me preguntó que por qué venía con la polla dura, le dije que había escuchado a Lorena, que estaba follando con Steven y Berrinche, se puso a reír y me dijo que yo tenía la mejor polla a mi disposición y le dijo al negro Mena que me pusiera la polla en mi boca, me avergoncé, pero me arrodillé, él sacó su enorme polla aún dormida, con mis dos manos la cogí y empecé a chupársela, mientras el Tieso se tocaba la suya viéndome arrodillado chupando el pollón de su escolta de más confianza.
El negro Mena le decía al Tieso que, para ser un bebé, era muy tremendo, que cómo era posible que mi culo fuese tan pequeño y tan tragón, que ni siquiera muchas de sus novias eran capaces de meterse toda su polla, pero admitía que follarme le había gustado tanto que estaría encantado de follarme de nuevo, pero en ese momento mientras ellos dos hablaban, el Tieso se masturbaba y yo se la chupaba. Aparecieron los otros dos escoltas y se sorprendieron al ver aquella escena, pero el Tieso dijo que siguieran y que si querían unirse que yo estaría encantado también de mamársela a ellos.
Los escoltas apenados siguieron y pasaron por nuestro lado, pero viendo cómo me metía casi toda la polla del negro en mi boca, al dejar la compra en la cocina, vinieron al salón, se sentaron cerca y se pusieron a fumar cigarrillos mientras observaban como me pajeaba y a la vez se la chupaba al negro Mena.
Le decían al negro Mena que esa polla no era normal y sonreían, pero no aguantaron, se sacaron las suyas y empezaron a masturbarse allí mismo, pero el Tieso, le dijo al negro Mena, que se tirara a la alfombra mientras yo se la chupaba en posición de perrito, luego vino él y me metió la suya y allí mismo me empezó a follar delante de todos ellos.
Los dos escoltas no pudieron soportar tanto morbo y vi cómo uno de ellos se corría en la palma de la mano, pero el otro se puso de pie, se acercó y me tiró la leche en mi espalda, pude sentirla caliente y aún con la polla del Tieso en mi culo, me abalancé sobre su polla que aún goteaba leche y se la chupé. Él gemía de placer, hacía como si se estuviera retorciendo, pero de placer y me daba mucho morbo.
Me la saqué de la boca y seguí con la polla del negro Mena, él era difícil y demoraba en correrse, pero el Tieso sacó la suya de mi culo y se corrió en mi boca mientras le chupaba la polla al negro Mena, eso le dio tanto morbo, que el negro Mena se corrió en mi cara, dejando ver de nuevo que era un gran lechoso y me restregaba su leche por toda mi boca haciéndomela tragar junto con la del Tieso, me gustó tanto que me corrí, el Tieso pudo poner su mano, coger mi leche y también me la puso en mi boca haciendo que también me la tragara, mientras me tragaba las tres leches, arrodillado en medio del Tieso y el negro Mena, apareció Lorena, Steven y Berrinche gritando: “Viva hijueputa* las pollas”, me avergoncé muchísimo, aunque Lorena me había visto ya follar drogado, esta vez estaba perfectamente en mis cabales, el Tieso les dijo que me había puesto caliente por su culpa, pues les había escuchado como se follaban a Lorena y se pusieron a reír.
Me levanté y me fui avergonzado del salón a la habitación y Lorena se vino detrás de mí. Le dije que me daba pena, que no sabía controlarme, que cuando estaba con ellos me desataba y Lorena me dijo que era normal, porque todos estaban buenísimos, sobre todo que las pollas de todos estaban muy bien, que ella también se había puesto caliente el día que Michín se la folló mientras todos me follaban, que era normal que cualquier hombre o mujer se pusiera caliente conmigo.
Me tranquilicé y nos duchamos juntos mientras me comentaba como se la habían follado Steven y Berrinche y que se había enamorado de Berrinche. Pero lo que le importaba era el dinero.
Me dijo que Steven lo hacía rico y era muy guapo, pero que Berrinche le había chupado el coño como nadie y que le había hecho correrse en dos ocasiones y aunque ella aún no sabía dar culo, la mamaba bien entre los que se turnaban para follársela y que necesitaba ir a una farmacia porque los dos se habían corrido dentro de ella.
Al terminar nos fuimos al salón y todos estaban allí, el Tieso nos dijo que nos arregláramos, que nos regresábamos a Cali, así que todos nos alistamos*, cada uno cogió su carro y nos marchamos en caravana hacia Cali.
Berrinche iba con su primo Steven, los tres escoltas en un carro aparte, el Tieso, Lorena y yo en la camioneta, íbamos escuchando música y fumando marihuana, yo iba comentándole al Tieso el plan que teníamos Lorena y yo, sobre su cirugía y nos dio otros 2.000.000 de pesos para que no nos hiciera falta nada y sobre todo que le mantuviéramos informado, que nos dejaba el número del negro Mena por si necesitamos más dinero.
Lorena un problema de familia
Al llegar a Cali, el Tieso nos dejó en mi casa, allí nos despedimos de todos, Lorena y yo entramos, saludamos a mamá y fuimos al negocio de mi amigo Julián, este se alegró de verme y mostró interés en saber dónde había estado toda la semana, pero me limité a decirle que en la fiesta de mi mejor amigo.
Le pedimos una carne a la parrilla, porque veníamos con mucha hambre después del viaje y sobre todo porque habíamos fumado mucha marihuana. Lorena y yo pactamos ir a su casa y dormir allí para tranquilizar a su madre, ya que estaba preocupada y sobre todo necesitaba dinero.
Terminamos de comer y nos fuimos de nuevo a mi casa para despedirnos de mi mamá, pero mi madre estaba furiosa y más porque no le había gustado que estuviese con Lorena, pero se le pasó cuando le di un beso y le puse en la mano 500.000 pesos. Pude coger ropa y tomar un taxi para ir casa de Lorena.
Sabía por ella que vivía en La Estrella Siloé, que era uno de los barrios más peligrosos de la ciudad, pero me dijo que no me preocupara, pues allí ella controlaba la zona. Al llegar tuvimos que tomar otro taxi para que nos subiera a su casa, ya que el taxi en el que veníamos no quiso seguir y prefirió dar por cancelado el servicio por temor a un robo.
Efectivamente a Lorena la conocían, pues apenas salir del taxi varios chicos jóvenes se le acercaron diciéndole: “Monita*” ¿cómo estás, por qué estabas tan desaparecida?”, pero Lorena les contestó que estaba en una vuelta* con un duro* y mirándome me dijo que cuando quisiera a cualquiera de ellos, me servían para llevarlos a las rumbas*, haciéndome entender que servían para follar con ellos, yo sonreí y los chicos nos acompañaron a un carro pirata para que nos subiera a su casa. Lorena me pidió marihuana de la que el Tieso me venía dando, le di unos gramos, ella lo repartió con ellos y quedaron muy a gusto.
Al llegar a su casa, tuvimos que caminar unos cuarenta metros de donde nos había dejado el carro, cuando por fin llegamos, estaba su hermano y no nos quiso abrir la puerta, hasta que llamó a su madre Marisol, esta le dijo que antes de entrar quería ver el dinero, ella me miró a la cara con cierto pavor, pues lo que su madre hacía le avergonzaba muchísimo.
Me dio mucha pena por ella, pero ya habíamos acordado que yo manejaría el dinero de la cirugía y gastos varios, ella sacó de su bolso el 1.500.000 de pesos que habíamos acordado y cuando su madre recibió el dinero, abrió la puerta, la besó y le preguntó: ¿Qué quién era yo? Ella le dijo que le había presentado a un duro* y que era su nuevo mejor amigo.
Eso significaba “business” para su madre, su hermanito Cheo puso música y empezó a armar porros para su hermana, pero Lorena dijo que fumáramos de la que me había dado el Tieso. Cuando saqué mi media onza* de criping* quedaron fascinados y empezaron a verme con mejor cara.
Me trataron como si me conocieran de toda la vida y empezaron a llamar a sus amigos e incluso a la abuela de Lorena y a su tío y se formó una pequeña fiesta en esa casa, pero la felicidad fue más plena cuando Lorena les afirmo que se iba a operar y que yo me iba a encargar de todos los gastos.
Estaba muy incómodo en aquella fiesta, las gentes que estaban allí me parecían falsos y sobre todo la familia de Lorena, ya que todos la querían solo por el interés, así que soporté y aguanté hasta que no pude más y le dije a Lorena que debíamos dormir, porque teníamos que madrugar para hacer los exámenes y vernos con Diana, para que esta nos pusiera en contacto con el doctor.
A sus amistades y familia no les gustó el control que tenía sobre ella y me mandaron a dormir, pero Lorena se interpuso y dijo que quería descansar y que ella había traído el dinero, así que se hacía lo que ella decía.
La música se apagó, pude sentir el ambiente pesado, sabía que esa gente era como una bomba que en cualquier momento podría estallar y no quería estar allí, así que llamé al Rolo, estaba por el Caney, le dije que nos viéramos y le dije a Lorena que yo me iba a mi casa, que nos veríamos en la mañana siguiente, a ella no le gustó, pero comprendió que el ambiente de allí era imposible para mí y cuando su madre se enteró de que me iba a ir, se enojó muchísimo, empezó a insultarme y a querer agredirme con un cuchillo, porque según ella yo les quería humillar.
Se había convertido en una psicópata, sentí miedo de esa mujer, lamenté que Lorena tuviese esa madre, su tío la sujetó como pudo, ella me insultaba y como pude, cogí mis cosas y salí corriendo de esa casa.
Me encontraba en uno de los barrios más peligrosos de mi ciudad, que no conocía ni controlaba, me encontraba solo y con mucho dinero y era blanco de un robo, así que cogí el camino de unas escaleras y empecé a bajar, fueron las escaleras más largas de mi vida, pues cubrían toda la montaña donde estaba ubicado el barrio de Siloé.
Después de casi treinta minutos bajando aquella escalera, pude llegar a la plaza donde había llegado con Lorena, cogí un taxi y al final decidí regresar a casa de mi madre, era el mejor sitio después del momento tan desagradable que había pasado.
Al llegar a la casa, ya era bastante tarde, toqué y mi madre abrió la puerta sorprendida de verme, le comenté la situación que había vivido y se preocupó, no sabía con qué clase de loca estaba, sobre todo lamentaba que una madre fuese así con su hija, luego me besó, me abrazó y se fue a dormir. Yo me quedé en el salón con la TV encendida, entré a mi habitación, me asomé a ver si mi amigo Julián seguía allí.
Al mirar por la ventana, pude ver que el negocio estaba cerrado, pero había alguien allí que no era Julián, era un chico más joven que nunca había visto, estaba fumando un cigarrillo, fue tanto mi interés, que salí por la ventana con la excusa de verle bien, me acerqué y le pedí un cigarrillo. Al verme salir de la nada se asustó, pero no le importó darme uno de sus cigarrillos.
Le pedí fuego y me quedé allí fumando con él y nos pusimos a conversar, él estaba desesperado buscando marihuana, pero solo había encontrado cigarrillos.
Se llamaba Andrés, tenía diecinueve años y vivía cerca, yo le dije que no se preocupara que yo le daba marihuana, pero le dije que no hiciera mucho ruido y que debíamos entrar por la ventana, porque mis padres estaban durmiendo y no quería que se enfadaran. Él sin rechistar me siguió y entramos por la ventana.
Al entrar se dio cuenta de que era una habitación normal y que era una casa dentro de una bodega, me dijo que era una chimba* vivir así y me acompañó a la cocina para sacar zumo de la nevera y nos regresamos a mi habitación.
Le dije que podía ponerse cómodo, se quitó su camisa, sus zapatos y se tiró a la cama, mientras conversábamos, yo armaba el porro, cuando vio que saqué mi bolsa de casi media onza*, se sorprendió y me pidió olerla, cuando lo hizo sintió tanto placer, que me dijo que tenía que regalarle un poco y le dije que seguro.
Me preguntó que dónde la compraba y yo por llamar aún más su atención, le dije que mi novio me la daba y que me surtía cada vez que se me acababa, él entendió que me gustaban los hombres y me dijo: “¿Te gusta comer polla?” y le respondí que sí con mi risa maliciosa, él me respondió con una mirada cómplice, diciéndome: “¿Y yo, te gusté?” y le dije: “¿Claro, no iba a salir solo a por cigarrillos, cuando tengo el mejor criping*?”, se puso a reír, pero dejó ver como se mandó la mano a su polla.
Terminé de hacer el porro y me senté al lado, encendí el porro mientras le miraba a los ojos y la primera bocanada de humo se la tiré a la cara para que pudiese oler la calidad de marihuana que iba a fumar, pero él me cogió la cara y me besó, me comió la boca. Lo hizo tan bien que me puse caliente, pude ver que su polla se marcaba dentro del pantalón, intentaba disimular, pero fue tanta la erección de los dos, que no pudimos aguantar, dejé el porro encima del escritorio, le quité el pantalón y pude ver como su gran capullo, sobresalía del resto de la polla.
Era una polla casi parecida a la mía, pero esta tenía más capullo, me la mandé a la boca, porque no aguanté las ganas de probarla.
Él temblaba, seguro era su primera vez, pero yo había provocado que sus ganas de fumar se convirtieran en mi morbo y lo hice suyo, sin dudar me agarró el culo, me voltió* y sentí cómo me comía el ojete, haciendo que mi culo se pusiese tan húmedo, que al final le pedí que me la metiera.
Me pidió condones y yo le dije que no tenía, porque a mi edad no me vendían, pero eran tantas las ganas de metérmela que se escupió en la polla y en su mano y empezó a metérmela mientras yo aún estaba con mi pantalón por las rodillas, la metió tan de golpe que me dolió y me hice a un lado del brinco que di y esperé unos segundos a que se me pasará.
Me quité el pantalón y pudo ver que yo también tenía buena polla, le dije que se acostara en la cama, porque me iba a sentar en su polla, se la mamé de nuevo y cogió el porro que estaba encima del escritorio al lado de la cama y lo encendió, me echaba el humo mientras se la mamaba, cuando le vi con los ojos chiquiticos, me puse encima de él y empecé a metérmela hasta el punto de introducírmela toda.
Él solo decía: “Qué chimba* parce*” y empecé a follarme su polla, tanto que se calló una tabla de la cama, pero la habitación de mi madre estaba tan separada de la mía que no escucharon nada y yo tampoco quise prestarle atención, quería disfrutar de Andrés hasta la última gota de su leche, estábamos cachondos y sobre todo él estaba ya muy trabado*, pues la marihuana estaba tan buena que no midió que le iba a colocar mucho, pero no le importó, pues como pudo me cargó y empezó a follarme de pie haciendo que la polla saliera y entrara con mucha fuerza, luego me soltó, me puso contra la pared y siguió follándome fuertemente.
Mi polla estaba muy mojada, pero cuando él podía, mandaba su mano a la mía y la mojaba con mi lubricante. Me ponía a chuparla, para luego besarme, meterme la lengua y me decía: “Estás muy rico y me encanta tu culo”. Mientras decía esas palabras se corría dentro de mi culo haciendo un gemido de placer. Le dejé que se corriera y me dejara la leche, eso me enloquecía, siempre que alguien lo hacía. Cuando sacó la polla, le llevé hacia la cama y le acosté, allí me volví a sentar en su polla y se la follé de nuevo, me corrí tan fuerte, que mi chorro cayó sobre su pecho e incluso en su cara. Me tranquilicé y luego empecé a chuparle el cuerpo para limpiar mi leche, él sudaba y respiraba muy agitado, le dije que se relajará y me levanté rápido, para provocar cierta energía al sacarla de mi culo.
Cogí una camisa de las que tenía, limpié la polla y el sudor, le puse a beber del zumo que antes habíamos cogido de la nevera, me limpié el culo y me acosté a su lado, le acariciaba la polla mientras veía como se le bajaba, me encanta hacerlo. Abrió sus ojos y me dijo: “Este es el mejor polvo que he echado y no puedo creer que haya sido con un man*”, nos reímos, le besé y le dije que iba a hacer otro porro, pero ya eran las 05:00 de la mañana y le entró apuro por irse, pero era su arrepentimiento el que le carcomió.
Le dije: “Ok”, saqué un poco de mi marihuana para dársela, me dio las gracias, se vistió rápidamente y se despidió, pero solo me dio la mano, noté que era un síntoma de barrera, pero le paré y le pedí un cigarrillo, cuando lo estaba sacando le cogí la cara y le besé, luego le moví la cortina y le señalé para que saliera.
Al irse Andrés, me puse a armarme otro porro, ya que él se había fumado el anterior y mientras tanto me fumaba un cigarrillo, al terminar me tiré en la cama para fumarme el porro, mientas asimilaba la follada que me había dado con ese chico que no conocía de nada, que sin conocerle, habíamos follado estupendo y me hubiese gustado que por lo menos que me hubiese pedido mi número de teléfono, pero no se preocupó de que hubiera al menos una segunda vez.
Habían pasado las horas y yo seguía sin sueño, estaba muy trabado*, pude escuchar ruido en la cocina, así que me levanté, corrí la cortina para que el humo del tabaco y de la marihuana saliera, mientras echaba perfume para disimular el olor y no tener problemas con mi madre.
Salí y mi madre estaba preparando el desayuno para mi padrastro y mis hermanas, que tenían que ir a estudiar, me senté en el salón a ver la televisión y mientras mi celular sonó. Era Lorena queriendo coordinar nuestro encuentro.
Habíamos quedado a las 09:00 de la mañana en la Cruz Roja para hacer la analítica y con Diana a las 11:00 de la mañana, así que me puse en pie y fui a mi habitación, saqué una bolsa de cocaína que me había guardado, me fui a duchar para después prepararme y salir con tiempo a mi encuentro, aunque estaba realmente cerca del sitio, me hice otro porro al salir de la ducha, me arreglé y me despedí de mi madre. Ella se enojó y me regañó, pues no paraba en casa, pero no me importaba, yo hacía lo que quería y aunque fuese menor de edad, me sentía mayor, aún más cuando estaba con los efectos de la cocaína.
Salí de casa y no me importó el disgusto con mi madre, cuando crucé la esquina saqué el porro, lo encendí y me lo fumé mientras caminaba, podía sentir el efecto de la marihuana y escuchaba con mis auriculares Radio Planeta, era la emisora local donde solo ponían música electrónica, únicamente pensaba en cuando sería mi próxima fiesta, pues me estaba volviendo adicto a salir.
Terminé de fumarme el porro, me eché perfume, odiaba que me olieran a tabaco y más a marihuana, me apliqué mi antibacteriano para quitar el olor de mis manos y me comí un chicle, ya que la cocaína me ponía muy embalado* y era una forma de disimular el desencaje de mi mandíbula, también me puse gotas para evitar el rojizo en los ojos que produce fumar marihuana y pude parar un taxi para que me llevara a mi cita.
Lorena no había llegado aún, le dije al taxista que esperara hasta que llegara la persona y que yo le pagaba algo extra, pues estaba tan embalado* que no quise salir del taxi. Ella llegó veinte minutos más tarde de lo acordado, por lo que tuve que pagarle más al taxista por la espera.
Lorena me vio raro, me preguntó si estaba colocado, asentí con mi cabeza y le comenté que ni siquiera había podido dormir, le dije que me debía una disculpa por el trato que me había dado su madre, que había sentido miedo y le aconsejé que llevara a su madre a un psiquiatra, pues esa actitud no era normal.
Ella lo solucionó con un “lo siento” y diciéndome que su madre lo había hecho porque la quería mucho. La miré y le dije: “Una mierda, mi madre me ama también y aunque no le gusten mis amistades, no va sacándoles un cuchillo e insultándoles, además no me exige dinero para entrar a casa y si se lo doy es porque yo quiero”, tampoco quería culparla a ella y cancelé la conversación con un: “¿Estás lista para ponerte el culo grande?” y respondió: “Más que lista”. Entramos en el consultorio, pedimos los exámenes que pedía el médico y nos sentamos a esperar su turno.
Llamaron a Lorena para sacarle sangre y hacer su analítica, yo mientras fui al baño para pasarme de nuevo una dosis de cocaína, ya que mi cuerpo lo necesitaba, al salir ya estaba Lorena esperándome. Nos fuimos caminando mientras Lorena se hacía un porro para fumarnos y así poder ir a comer algo antes de nuestra cita.
Nos fumamos el porro en un parque, fuimos al “Sandwich cubano”, son los mejores de la ciudad y para la gorobeta* que teníamos, era justo lo que necesitábamos. Nos sentamos y hablamos de irnos a vivir juntos, ya que nos llevábamos muy bien y queríamos independizarnos para vivir como mejor nos apeteciera.
Se nos había pasado el tiempo, pagamos y salimos corriendo para nuestra cita con Diana, estábamos cerca, pero tomamos un taxi para no retrasarnos a la cita, pero Diana aún no había llegado, esperamos a que llegase mientras nos fumábamos otro porro más.
Diana llegó quince minutos después, cuando estábamos fumando, también quiso y nos fuimos caminando, ya conocía a Diana y ella a mí, había ido varias veces a Sameco, también coincidimos en la primera fiesta que el Rolo me había hecho en su casa. Era una chica guapísima, india, con un pelo largo liso y tenía todo su cuerpo operado, se la veía perfecta.
Ella era una “Chica prepago*” y como tal, sabía moverse muy bien en el circuito, nos hicimos muy amigos, nos dijo que no teníamos que preocuparnos de la cirugía, pues ella se había hecho todas las cirugías con el mismo doctor. A ella le decían la “Potro”, era la encargada de manejar muchas chicas del negocio, le dijo a Lorena que si quería, después de la cirugía, le podía ayudar a gestionar dinero y Lorena le dijo que sí.
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