Читать книгу: «Proverbios griegos. Sentencias»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 272


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JORGE CANO.

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1999.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO359

ISBN 9788424932886.

PROVERBIOS GRIEGOS

INTRODUCCIÓN
I. «PAROIMÍA», PROVERBIO

Ya los eruditos antiguos discutieron el significado etimológico de la palabra paroimía «proverbio», documentada para nosotros por vez primera en el v. 264 del Agamenón de Esquilo1. El hecho de que Aristóteles relacione proverbio y metáfora (Retórica 1413a14-15; cf. Poética 1457b6-9) y considere por otro lado que la metáfora se basa en el establecimiento de relaciones de semejanza (homoîon; cf. Poética 1457a7-8, Tópicos 140a), llevó a W. Tschajkanovitsch2 a suponer que pudiera ser de origen peripatético la falsa etimología que propone relacionar paroimía con homoîos, testimoniada en la introducción a la colección de proverbios que nos ha llegado bajo el nombre de Diogeniano (Corpus Paroemiographorum Graecorum [CPG] I 177). Ese mismo testimonio, y también la tradición lexicográfica, nos documenta que la hipótesis probablemente correcta, la que hace derivar paroimía de oîmos «camino», fue igualmente considerada por los eruditos antiguos, quizá en primer lugar por el estoico Crisipo. Nos dice en concreto Pseudo-Diogeniano que los griegos llamaron paroimíai a los proverbios «porque los hombres inscribían en los caminos frecuentados por la gente todo cuanto se les ocurría que fuera de utilidad común». Paroimía designaría, pues, un dicho «situado junto al camino» que generosos caminantes deseosos de instruir a sus semejantes habrían puesto a disposición de quien viniera después, a la manera de esos «Hermes de Hiparco» que, según nos cuentan Platón (Hiparco 228b6-c6) y Hesiquio (s.v. Hippárcheios Hermês), tenían escritos versos elegíacos «con los cuales se hacían mejores quienes los leían».

Basilio de Cesarea (Homilías 13 = PG XXXI 388b-c) nos transmite otra hipótesis sobre el origen de la palabra, también a partir del significado «en el camino»: paroimíai serían en origen las palabras y consejos que se dirigen dos compañeros de camino (una interpretación que ha defendido en nuestro siglo L. Bieler y que también documentan los lexicógrafos), o bien podría tratarse también de consejos útiles para el camino, incluso, en sentido metafórico, para ese difícil camino que es la vida humana3.

Pero la palabra oîmos tiene con frecuencia otro valor metafórico en la lengua griega, a partir del cual deriva la que es, en la opinión más extendida, la interpretación más plausible del significado etimológico de la palabra paroimía. Efectivamente, un canto o poema puede designarse metafóricamente como un camino que recorre el poeta (cf. Himno a Hermes 451; Píndaro, Olímpicas IX 47; Calímaco, Himno a Zeus 78, etc.), y en tal caso, del mismo modo que «proemio» es «lo que precede a la narración» (concebida ésta como un camino), «paremia» sería «lo que está junto a la narración», es decir, lo que no pertenece a la narración propiamente dicha pero se deduce de ella como corolario, como enseñanza de sabiduría universal que se desprende de un hecho concreto, del relato que se ha narrado4.

II. LOS ESTUDIOS SOBRE PROVERBIOS EN LA ANTIGÜEDAD Y LA FORMACIÓN DEL CORPUS PAROEMIOGRAPHORUM GRAECORUM(CPG). SU TRANSMISIÓN MANUSCRITA

Los complejísimos problemas que presenta la formación y transmisión de las colecciones de proverbios que constituyen el Corpus Paroemiographorum Graecorum fueron objeto en la Alemania del último cuarto del siglo XIX y primero del xx de numerosos trabajos realizados y promovidos especialmente por Otto Crusius y Leopold Cohn, los cuales aumentaron extraordinariamente nuestro conocimiento del corpus, aunque quedasen y queden todavía, por supuesto, no pocos puntos oscuros, muy difíciles de resolver tanto por la escasez de los datos como por la complejidad misma de las tradiciones que se entrelazan. Tras un extraño vacío de muchas décadas (si exceptuamos las aportaciones de Rupprecht, discípulo de Crusius, y algunos otros), los estudios sobre la transmisión del CPG han vuelto a cobrar auge y se ha avanzado mucho en ellos merced a los admirables estudios realizados y promovidos por W. Bühler, que indudablemente marcan el camino a seguir en trabajos futuros.

El uso de los proverbios es constante en la literatura griega desde la época arcaica, a partir de Homero y sobre todo de Hesíodo y Arquíloco, que los emplean con profusión. Para muchos de ellos se han señalado paralelos orientales y se ha resaltado su vinculación con la fábula, un género que ya los antiguos relacionaban estrechamente con la literatura proverbial (cf. Quintiliano, V 11, 21)5. En la época clásica los proverbios reaparecen en todos los géneros literarios, siendo especialmente abundantes en aquellos autores que reproducen en mayor medida el lenguaje coloquial, en cualquiera de sus niveles, como es el caso de la comedia6 o los diálogos platónicos, pero no faltan tampoco en la tragedia, la historiografía o la oratoria. De lo que no tenemos noticias para esta época es de la existencia de especulaciones teóricas sobre las características y uso de los proverbios, aunque sí podamos deducir de los escritos de Platón que el filósofo los consideraba como un saber antiguo y tradicional (cf. Crátilo 384a, República 329a, Leyes 741b, Lisis 216c, etc.), depositario de verdades que merece la pena obedecer (Filebo 59e, Sofista 231c, Menéxeno 248a)7. En consecuencia, Platón se sitúa en el polo opuesto de la escasa consideración que merecen los proverbios a determinados filósofos y rétores, empezando por Isócrates, que los estimaban poco adecuados para un estilo «elevado».

El amplio uso que la literatura griega hace de los proverbios no podía pasar desapercibido para los padres de la Filología y a partir del siglo IV a. C. constatamos un gran interés por recogerlos y explicarlos. En concreto, el estudio sistemático y científico de los proverbios comienza para nosotros con Aristóteles, a quien Diógenes Laercio (V 26) atribuye una obra titulada Sobre proverbios, cuya existencia ha sido sin embargo negada por prestigiosos estudiosos tanto de la obra aristotélica (V. Rose) como de la paremiografía griega (O. Crusius), para quienes Diógenes quiere aludir sencillamente a las múltiples referencias que a los proverbios hace Aristóteles en sus obras y no a un tratado independiente. A nuestro entender, tienen mucho más peso los argumentos aducidos por quienes defienden la existencia de un escrito aristotélico dedicado en exclusiva a los proverbios (Rupprecht, Kindstrand, Tosi, Ieraci Bio, etc.), a favor de lo cual habla el interés de sus discípulos por el estudio de los refranes y también un pasaje de Ateneo (Epítome II 60e) que nos informa de que un discípulo de Isócrates llamado Cefisodoro compuso una obra en cuatro libros Contra Aristóteles, en la cual le acusaba, entre otras cosas, de haberse ocupado de asuntos sin importancia, como la recopilación de proverbios. Poco conocemos en todo caso del Sobre proverbios de Aristóteles, pero sí podemos formarnos una opinión de sus ideas sobre los refranes a partir de algunos fragmentos conservados atribuidos a este tratado y de las afirmaciones que expresa en otras obras que han llegado hasta nosotros. Especialmente interesante resulta un fragmento8 transmitido por Sinesio de Cirene en su Elogio de la calvicie (XXII = fr. 13 Rose), en un pasaje en el que defiende la sabiduría de los proverbios recurriendo a la autoridad de Aristóteles: «acerca de los cuales afirma Aristóteles que son restos de una antigua filosofía perdida en el curso de las grandísimas catástrofes humanas, que han sobrevivido por su concisión y agudeza. Un proverbio es más o menos esto: un dicho que tiene el prestigio de la antigüedad de la filosofía de la que deriva». Así pues, para Aristóteles los proverbios son, como el mito (cf. Metafísica 1074a38-bl3), restos del pensamiento de civilizaciones antiquísimas, que han sobrevivido a las grandes catástrofes sufridas por la humanidad9 por su capacidad para grabarse en la memoria debido a su «concisión» (syntomía)10 y a su «agudeza» (dexiótes), ya que los proverbios son sorprendentes, y lo que sorprende llama la atención y queda en la memoria (Retórica 1412a20-22). Efectivamente, en Sobre la filosofía sostenía Aristóteles que la civilización humana se renueva continuamente: cada ciclo concluye con grandes cataclismos que destruyen la humanidad periódicamente11, pero siempre quedan unos pocos supervivientes con los que comienza un nuevo ciclo de civilización, que parte de los restos de la sabiduría del anterior ciclo, conservados especialmente en los proverbios, por las razones antes apuntadas, y en los mitos. Así pues, como ha sostenido con especial insistencia Ieraci Bio, el interés de Aristóteles por los proverbios no era de tipo folclorístico-documental-compilatorio, como en el caso de los gramáticos tardíos que nos han dejado diversas colecciones, sino que estaba estrechamente relacionado con sus especulaciones filosóficas.

Aristóteles también se ocupó de los proverbios desde el punto de vista estilístico y señaló precisamente la «concisión» y la «agudeza» como los rasgos que mejor caracterizan los refranes en tal sentido, junto con su carácter metafórico, como comentamos más arriba. A partir de Aristóteles, el carácter metafórico o alegórico como rasgo peculiar (no identificador, pues no todos los refranes se basan en una metáfora) del proverbio será idea frecuentemente repetida, en especial por los tratadistas de retórica12, en los cuales reencontramos también a menudo el concepto de proverbio como una filosofía popular cuya venerable antigüedad le concede credibilidad y autoridad13.

El interés que Aristóteles mostró hacia los proverbios fue sin duda el acicate que impulsó a los peripatéticos a continuar, también en este tema, la labor del maestro, y en el ámbito peripatético encontramos ya claras teorizaciones sobre el concepto de proverbio y reflexiones a propósito de cuestiones terminológicas, si bien ignoramos hasta qué punto fueron sistemáticas unas y otras. Teofrasto compuso un tratado Sobre proverbios (citado por Diógenes Laercio, V 45), en el cual quizá hubiera distinguido entre proverbio (paroimía) y apotegma (apóphthegma), designando con este último término un dicho expresado por un individuo reconocido, que se habría hecho célebre y se repite con valor gnómico14. De manera semejante, Demetrio (Sobre el estilo 232) no considera «proverbios» las sentencias que se atribuyen a un autor específico, en tanto que Clearco de Solos, autor de dos libros Sobre proverbios (fr. 63-88 Wehrli), pudo poner en relación los proverbios con los grîphoi o adivinanzas, sin duda a partir de la concepción aristotélica de los refranes como reminiscencia de una sabiduría ancestral y de su insistencia en el carácter «metafórico» de los mismos y su capacidad para sorprender y, en consecuencia, grabarse en la memoria (no obstante, sobre este punto los testimonios tampoco son concluyentes)15. Por otro lado, el hecho de que Focio cite el nombre de Clearco (fr. 63 Wehrli), junto con el de Crisipo, cuando se refiere al proverbio aìx pottàn máchairan como variante de aigòs trópon máchairan eskáleusa, permite suponer que en la obra del filósofo de Solos tenían acogida también proverbios dialectales. En fin, otro peripatético, Dicearco, se ocupó asimismo de los proverbios, proponiendo acontecimientos históricos como origen de alguno de ellos (fr. 103 Wehrli), una idea que parte probablemente del propio Aristóteles (cf. fr. 470 y 551).

También derivan directamente de Aristóteles los esfuerzos que la erudición peripatética realizó para identificar los rasgos estilísticos que caracterizan a los refranes y los efectos que se consiguen con su empleo literario. Demetrio en concreto16 comenta (y el uso masivo de proverbios por parte de los epistológrafos lo confirma) que sus características «concisión» y «gracia» los hacen adecuadísimos para la literatura epistolar17, y el testimonio de Ateneo (VIII 348a) nos confirma que Teofrasto trató de su uso para provocar efectos cómicos, otro aspecto que sería comentado en los tratados posteriores de retórica, en especial las deformaciones de los proverbios con intención cómica, un empleo que se encuentra ampliamente documentado en la Comedia Antigua (cf. Zenobio Parisino II 57, IV 86, VI 20, 40, etc.)18.

Por lo que respecta a los estudios que otras escuelas realizaron sobre el acervo paremiológico griego, nuestra información resulta aún más escasa. Es muy posible que los cínicos19 hicieran amplio uso de los refranes en sus escritos, pero los testimonios de que disponemos son escasos y desde luego ninguno de ellos documenta que llevaran a cabo especulaciones teóricas sobre ellos. Algo más sabemos a propósito de los estoicos, entre los que fue Crisipo el experto en cuestiones paremiológicas. En su tratado Sobre proverbios, que comprendía al menos dos libros, coincidía con Teofrasto en no considerar proverbios propiamente dichos los apotegmas o máximas atribuidas a autor conocido20, y, como se señaló anteriormente, quizá remonte a esta obra la explicación etimológica del término paroimía a partir de la palabra oîmos «camino». Ecos de las hipótesis de Crisipo para explicar el origen y el sentido de proverbios se encuentran con cierta frecuencia en el CPG, aunque la crítica moderna, y ya también la antigua21, considera sus explicaciones con cierta desconfianza22, especialmente porque Crisipo se permitía incluso modificar un proverbio para adaptarlo a lo que él pensaba debía significar; esto le vale, por ejemplo, la crítica de Plutarco (Arato I 1), quien con toda razón advierte que Crisipo (fr. 7 Von Arnim) no había entendido el sentido del proverbio «quién alabará al padre, a no ser los hijos desafortunados» (esto es, los hijos afortunados pueden presumir de sus propios méritos, en tanto que los desafortunados sólo pueden vanagloriarse de los méritos de los padres; cf. Diógenes Laercio, VIII 46), y lo modificaba sustituyendo «desafortunados» por un descafeinado y moralizante «afortunados» (cf. también Zenobio Atos I 77, Zenobio Parisino V 32).

Los filólogos alejandrinos tampoco descuidaron, naturalmente, el estudio de los proverbios, y probablemente Pfeiffer exagere, en su Historia de la Filología Clásica, al establecer una diferencia demasiado radical entre la aproximación «filosófica» del perípato y la «filológica» de los alejandrinos en su tratamiento de los proverbios, ya que sin duda hubo muchos aspectos comunes en ambas líneas23. Entre los sabios de la primera época, Eratóstenes aparece mencionado en el CPG y en otras fuentes como comentarista de proverbios (cf. Zenobio Parisino V 2), pero no nos consta que realizara un tratado dedicado en exclusiva a los refranes, de manera que probablemente tiene razón Rupprecht cuando sugiere que Eratóstenes comentó proverbios en cualquiera de sus numerosas obras, en Sobre la comedia antigua por ejemplo24. Aristófanes de Bizancio, en cambio, sí compuso un tratado extenso y monográfico sobre proverbios, aunque las noticias que nos informan sobre su contenido, estructura y características son escasas (fr. 354-362 Slater)25. Eusebio (Contra Marcelo I 3) nos habla de «un sabio que reunió proverbios que gozaban de amplia difusión y podían emplearse con sentidos diversos26, los cuales recogió en seis libros, dos dedicados a los proverbios en verso y cuatro a los proverbios amétricos». Ya A. Schott, en su edición publicada en 1612, se basó en un escolio al v. 1292 de las Aves de Aristófanes para identificar al anónimo sabio con Aristófanes de Bizancio, cuyo nombre e interpretaciones, por lo demás, son recogidos en el CPG y en otras fuentes con cierta frecuencia. Desafortunadamente, los grandes recortes que la tradición paremiográfica ha ido efectuando paulatinamente en la explicación de los proverbios nos han privado con toda probabilidad de buena parte de las interpretaciones del sabio de Bizancio, ya que difícilmente podemos creer que éste se hubiera contentado con las magras explicaciones que en el CPG acompañan a menudo a la cita de su nombre27.

De otros predecesores de Dídimo conocemos apenas el nombre y poco más. El CPG, los escolios y los lexicógrafos mencionan en unas pocas ocasiones (a veces la mención es única) a Dionisodoro, discípulo de Aristarco, a quien Plutarco (Arato I 1) hace polemizar, con razón, con Crisipo a propósito de la interpretación de un proverbio, como más arriba comentamos; también a Calístrato y Eufronio (ambos fuentes de Dídimo), a un tal Milón, a un Esquilo, a un Átalo al que Hesiquio (s.v. Korínthios xénos) atribuye un escrito Sobre proverbios, a Asclepíades, que se habría ocupado de los proverbios en su comentario a Teócrito (escolios a I 56, IV 62, XIV 51), a Aristides, también autor de una obra Sobre proverbios en varios libros (según Ateneo, 614a) y cuyas interpretaciones que se recogen en el CPG recuerdan las antes mencionadas de Demón. Por otro lado, si es correcta la hipótesis de Crusius y Rupprecht28, menos convencional habría sido el escrito que a los refranes dedicó el erudito periegeta Polemón: interesado en las costumbres populares, habría recurrido a ellas para explicar proverbios, de los que se habría ocupado en una monografía de forma epistolar29 que Ateneo (109a, 462b) llama Sobre Mórico, en alusión al refrán «eres más tonto que Mórico» (Zenobio Parisino V 13), y en la cual habrían tenido cabida asimismo otros refranes semejantes, cuyas glosas en el CPG coinciden por la forma y el contenido y remontarían, por consiguiente, al escrito de Polemón; se trata del tipo «más inocente que el Adonis de Praxila» (Zenobio Parisino IV 21), en cuya explicación se menciona a Polemón, «más antiguo que Íbico» (Pseudo-Diogeniano, II 71), «más ridículo que Melitides» (Pseudo-Diogeniano, V 12), «más tonto que Corebo» (Zenobio Parisino IV 58), etc.

Como en tantos otros aspectos de la transmisión de la erudición antigua, también en lo que respecta a las recopilaciones y estudios sobre los proverbios la obra de Dídimo (ca. 80-10 a. C.) es de capital importancia, como recopilador de la erudición precedente y base de las colecciones paremiográficas que han llegado hasta nosotros. Efectivamente, un compendio de los trece libros que abarcaba la obra paremiográfica de Dídimo es, en última instancia, la recopilación de Zenobio, que es a su vez la base de la mayoría de las colecciones compiladas posteriormente y que han sobrevivido; y es notable también la influencia, directa o indirecta, de Dídimo sobre las noticias y explicaciones de proverbios que encontramos en escolios y obras lexicográficas. Las relaciones entre la obra de Dídimo y el material que nosotros conocemos (las colecciones que forman el CPG, la información de los escolios y el corpus lexicográfico) presentan problemas complejísimos, que comenzaron a ser elucidados sobre todo hace poco más de un siglo a partir de los estudios de Crusius y Cohn especialmente. Las cuestiones que quedan por resolver son aún numerosas y no sólo de carácter menudo, puesto que desconocemos incluso el grado de originalidad de la obra de Dídimo con respecto a la tradición anterior (una cuestión que en realidad afecta a todas sus obras) y también hasta qué punto nuestras colecciones de proverbios reflejan los esfuerzos interpretativos del último gran epígono de la gran filología alejandrina, ya que el hecho de que su nombre, curiosamente, aparezca citado sólo en escasísimas ocasiones en nuestras fuentes puede interpretarse en el sentido de que hemos conservado casi sólo los frutos de la labor recopiladora de Dídimo, no su labor exegética, que quizá no fuera especialmente notable (Crusius), o bien en el sentido de que muchas de las explicaciones de Dídimo quedan reflejadas en nuestro CPG aunque no se mencione explícitamente a su autor (Cohn).

Por otro lado, el título que nuestras fuentes atribuyen a la colección de Zenobio es Epítome de Zenobio de los proverbios de Tarreo y Dídimo. Tal formulación es ambigua, ya que puede querer decir que Zenobio hizo un epítome a partir de dos recopilaciones diferentes de proverbios, la de Dídimo y otra de un autor al que se llama «Tarreo»30, o bien que la colección de Zenobio es epítome de una sola recopilación de proverbios que se conocía con los nombres de ambos autores, Dídimo y «Tarreo», porque se trataba a su vez de un epítome que el llamado «Tarreo» había realizado de la amplia obra de Dídimo31. Esta última es la hipótesis que nos parece más verosímil, por responder mejor a la práctica habitual en tales casos, aunque no podemos perder de vista el hecho de que en Zenobio hay probablemente partes que no pueden remontarse a Dídimo32, lo que implicaría bien que Zenobio empleó una recopilación del llamado «Tarreo» que sería diferente de la de Dídimo o bien que «Tarreo» no se contentó con hacer un simple epítome de la obra de Dídimo, sino que intentó ampliarla con otras fuentes (e incluso con aportaciones personales), siguiendo un proceder que más tarde repetirían otros compiladores.

En todo caso, podemos identificar al nominado «Tarreo» con el cretense Lucilo de Tarra, del siglo I d. C., al que la tradición atribuye «tres excelentes libros Sobre proverbios» (Esteban de Bizancio, s.v. Tarra) y también otras obras de carácter gramatical (un comentario a Apolonio de Rodas, por ejemplo) e histórico, y que algunos han supuesto que se trata de la misma persona que el erudito y poeta epigramático Lucilo (o Lucilio), cuyos poemas se recogen en la Antología Palatina33.

La colección de Zenobio constituye la fuente fundamental de la que derivan la mayor parte de las colecciones que componen nuestro CPG. La Suda nos aporta los siguientes datos sobre este erudito: «Zenobio: sofista que enseñó en Roma en tiempos del emperador Adriano [117-138 d. C.]. Escribió un Epítome de los proverbios de Dídimo y Tarreo en tres libros, una traducción al griego de las Historias de Salustio, el historiador romano, y de los llamados Bella del mismo, un escrito de felicitación por su aniversario al emperador Adriano y otras obras». Las recopilaciones de proverbios que se nos han conservado nos permiten llegar a tener como mucho una idea general de las características de la colección zenobiana, pero en modo alguno consienten la reconstrucción de la forma original, puesto que lo que ha llegado hasta nosotros son resúmenes, no exentos de modificaciones y adiciones, de la obra de Zenobio, la cual ya era a su vez, como se apuntó más arriba, resumen del trabajo de eruditos anteriores. Así pues, nuestro CPG está formado por colecciones de proverbios que son resúmenes de otros resúmenes anteriores, tanto en lo que respecta al número de proverbios que se recogen como en lo que se refiere a la calidad y cantidad de las explicaciones, por lo que no resulta extraño que el texto presente con cierta frecuencia dificultades de interpretación a causa de los errores y también de la excesiva concisión que ha conllevado todo ese proceso.

Todas las compilaciones que conservamos derivadas de Zenobio pueden dividirse en dos grandes grupos, que coinciden en buena parte en los proverbios que se recogen y en sus explicaciones, pero difieren básicamente en la organización del material: 1) La redacción llamada «Atos» (Zen. Atos) es la que mejor reproduce la estructura original de la colección de Zenobio. 2) La redacción llamada «vulgata», esto es, «divulgada» (es la base de la editio princeps florentina de 1497), no ha mantenido la estructura original, sino que en ella el material procedente de Zenobio ha sido ordenado alfabéticamente y no aparece dividido en libros, como ocurría en la obra original de Zenobio y como refleja la redacción «Atos».

1. Zenobio Atos

Hasta 1868 la obra de Zenobio era básicamente conocida a través de las colecciones de proverbios ordenados alfabéticamente que constituyen la llamada redacción «vulgata» (también se obtenía información de las fuentes lexicográficas y de los corpora de escolios); ellas constituyen el núcleo principal de la edición de Leutsch-Schneidewin (1839-1851), como lo fueron también de las ediciones de Gaisford (1836), Schott (1612) y las recopilaciones de proverbios griegos editadas a finales del siglo XV y a lo largo del siglo XVI. En 1868 Emmanuel Miller publicó en París sus Mélanges de littérature grecque (reimpr. Amsterdam, 1965), en cuyas páginas 341-384 se daba a conocer el contenido de un códice del Monte Atos (actualmente en la Biblioteca Nacional de París: Parisinus Suppl. 1164, siglado M) que contenía varias colecciones de proverbios, las cuales diferían en algunos rasgos notables de las recopilaciones zenobianas más empleadas hasta entonces34. Llevado probablemente de la comprensible euforia por su descubrimiento, Miller creía haber sacado a la luz la obra original de Zenobio, pero los eruditos alemanes se encargaron pronto de poner las cosas en su sitio demostrando que se trataba también de excerpta de la colección zenobiana y que incluso con frecuencia la «vulgata» ofrecía un texto mejor para los proverbios y unas explicaciones más completas que las del «nuevo Zenobio», por lo que el descubrimiento del nuevo texto no hacía ociosa la consulta del conocido hasta entonces. Con todo, el nuevo Zenobio sí ofrecía, además de un texto en general fiable, una notable mejora en el conocimiento de la estructura general de la obra original, ya que la reproduce mejor que la «vulgata» y nos indica cómo estaban dispuestos los proverbios en la obra de Zenobio (divididos por libros y no ordenados alfabéticamente como en la «vulgata»).

Cinco son las colecciones de proverbios que forman la «redacción Atos». La colección inicial está encabezada por el título «Epítome de 〈Zeno〉bio de los proverbios de Tarreo y Dídimo», que vale también para las dos colecciones siguientes. Estas tres primeras colecciones proceden de Zenobio y reproducen la división original de su obra en tres libros, como testimonia Suda. Los proverbios se presentan numerados pero no se ordenan alfabéticamente, y su número (372; 89, 108 y 175 respectivamente) es inferior al que encontramos en la redacción «vulgata» (572 proverbios en la rama «Parisina», que es la que hemos recogido en esta traducción). Las colecciones cuarta y quinta no derivan de Zenobio. La cuarta colección, que se ha perdido en el manuscrito M pero se conserva en otros códices de la familia, lleva por título «Plutarco. Sobre los proverbios de los alejandrinos»35, y la quinta carece de título y comprende a su vez tres series. Sobre ambas volveremos más adelante.

Pese a que las dos últimas colecciones de la «redacción Atos» no proceden de Zenobio, muchos de los proverbios que en ellas se recogen reaparecen también en las colecciones alfabéticas que forman la «vulgata». La explicación para este hecho fue sagazmente apreciada por Crusius36: en la Antigüedad tardía (en los siglos IV-V según Crusius) se formó un corpus de proverbios que comprendía, además de los tres libros de Zenobio, la colección atribuida a Plutarco y una recopilación de refranes para uso práctico en la que éstos se ordenaban alfabéticamente (heredera de la cual es la quinta colección «Atos»). Un epítome de este corpus es la «redacción Atos», que ha mantenido la estructura original, mientras que la «redacción vulgata» es el resultado de la labor de un compilador (o compiladores) bizantino, que mezcló las cinco colecciones, pensando que todas ellas procedían de Zenobio, y ordenó alfabéticamente los proverbios.

El códice M (copiado en papel ca. 1325) es el más importante testimonio para la «redacción Atos» de Zenobio, pero no el único37, y además el hecho de que esté mutilado parcialmente hace imprescindible el recurso a otros manuscritos que permitan recomponer las partes perdidas. M, en efecto, transmite entera la primera colección, formada por 89 proverbios numerados, pero ya en la segunda colección presenta el principio mutilado (comienza para nosotros en el proverbio núm. 15) y otras lagunas más pequeñas; la tercera colección nos muestran los índices que contenía 175 proverbios, pero en el códice M se interrumpe en la mitad del proverbio núm. 17. En este punto ha desaparecido en el manuscrito un cuaderno entero, por lo que en M faltan la mayor parte de la colección tercera, toda la cuarta colección y el comienzo de la quinta.

Son copia de M dos manuscritos, que permiten reconstruir las lecciones del códice «padre» cuando éste está corrupto o lacunoso: Atheniensis 1083 (A), del segundo cuarto del siglo XVI38, y Ambrosianus E64 sup. (E), de la misma época que el anterior y que contiene una selección de proverbios tomados de las cuatro colecciones que sobreviven, total o parcialmente, en M39.

Después de M, el testimonio más importante para la «redacción Atos» es el códice Laurentianus 80, 13 (L), copiado sobre pergamino a comienzos del siglo XIV40. L contiene excerpta de las cinco colecciones de proverbios, de manera que faltan bastantes de los refranes que documenta M, pero por contra las explicaciones se han enriquecido a veces con glosas procedentes de fuentes distintas de la «redacción Atos». Por otro lado, el orden en que aparecen las cinco colecciones es diferente al de M, puesto que en primer lugar se encuentra la tercera colección, seguida de la cuarta, la quinta, la primera y la segunda. El códice L o algún otro relacionado con él ya fueron empleados en las ediciones aldina (1505) y erasmiana (1508)41 y por los editores posteriores.

Más breves excerpta de la «redacción Atos» se recogen también en Vindobonensis Phil. Gr. 185 (V), de finales del xv, en Londinensis Addit. 5110 (Lo), de mediados del XIV, en Laurentianus 58, 24 (L2), que es el testimonio más antiguo de la familia, ya que fue copiado en el siglo XIII, y unos pocos proverbios de la colección que en el Palatinus (Heidelbergensis) 129 (P) copió Nicéforo Grégoras entre 1310 y 1320.

2. Zenobius Vulgatus

Ya se apuntó anteriormente que Crusius estableció que para la redacción «vulgata» del Epítome de Zenobio se utilizó el mismo material de la «redacción Atos» (tanto el que procedía verdaderamente de Zenobio como el que tenía otros orígenes), que un compilador bizantino mezcló y ordenó alfabéticamente, hasta formar una sola colección con las cinco originales, en la cual se incluyeron también proverbios y glosas tomados de otras fuentes. Se sitúa en el último siglo del primer milenio el arquetipo del que derivan nuestras colecciones medievales42.

Desde los estudios llevados a cabo por los filólogos alemanes a finales del XIX, se ha establecido que conservamos de la «vulgata» tres variantes, denominadas «Zenobio Parisino», «Zenobio Bodleiano» y «Zenobio Diogeniano»; cada una de ellas tiene sus rasgos peculiares, pero se trata en última instancia de variantes que remontan a la misma fuente. Los recientes y exhaustivos trabajos de Bühler no han modificado esencialmente este esquema básico, pero sí han permitido añadir muchas precisiones sobre las relaciones entre las distintas variantes en que las colecciones de la «vulgata» han llegado hasta nosotros. En ellos nos basamos para la descripción que sigue.

a) Zenobio Parisino (abreviado Zen. Par.) se denomina la colección de proverbios conservada, con el título «Epítome de Zenobio de los proverbios de Tarreo y Dídimo, por orden alfabético», en el códice Parisinus 3070 (P), copiado sobre pergamino en el siglo XII. La colección nos ha llegado también a través de otros 17 manuscritos, todos ellos descendientes de P y ninguno anterior al siglo xv, de manera que sólo se utilizan en aquellos casos en que P presenta dificultades de lectura. No se trata de una colección demasiado extensa (572 proverbios), pero la amplitud y calidad de las explicaciones de los refranes es especialmente notable, por lo que se estima43 que en este aspecto es la recopilación que reproduce más de cerca el arquetipo de la «vulgata».

Zenobio Parisino fue empleado ya en la edición príncipe yuntina de proverbios griegos, publicada en Florencia en 1497, y a partir de ella en otras ediciones posteriores, pero no fue editado completo hasta la edición de Gaisford (1836). En Gaisford se basaron Leutsch-Schneidewin, quienes añadieron correcciones y un comentario erudito44.

b) Zenobio Bodleiano (que abreviamos Colec. Bodl.) toma su nombre de uno de los manuscritos que nos transmite la colección, conservado en la Biblioteca Bodleiana de Oxford. Con sus 972 proverbios ordenados alfabéticamente, es la más amplia de todas las colecciones de la «vulgata» (y en ello radica su principal mérito), pero la calidad de sus explicaciones es generalmente inferior a la de la colección parisina (en nuestra traducción recurrimos a ella cuando nos proporciona datos que no se encuentran en Zen. Par. o Zen. Atos). La recopilación lleva por título «Proverbios populares por orden alfabético», sin nombre de autor, y la transmiten seis manuscritos. El mejor representante de la familia es el códice Laurentianus 59, 30 (L), de comienzos del XIV, del que conocemos dos apógrafos, el Angelicus 54 (copiado en 1493 por Bartolomeo Comparini y cuya relación con L ha establecido Bühler) y el Parisinus 1773 (copiado también por Comparini igualmente en 1493). También es importante el testimonio del códice V (Vaticanus 878, de mediados del XIV), que documenta 35 proverbios que no se encuentran en L y sus apógrafos. El códice que da nombre a la colección es el Bodleianus Auct. T.2.17 (B), de finales del XIV, que nos transmite la colección con el final mútilo. De él fue copiado, a mediados del xv, el Venetus Marcianus Z 486.

Schott usó el códice V para editar proverbios de la clase bodleiana, pero fue de nuevo Gaisford quien la publicó completa por vez primera, a partir de B y del Parisinus 1773.

c) Se relaciona con Zenobio Bodleiano una colección de proverbios que Cohn45 publicó a partir del códice Parisinus Suppl. 676, de los siglos XIII-XIV. Contiene 589 proverbios, buena parte de los cuales (salvo 95), y casi en el mismo orden, se documentan en la familia bodleiana. Con cierta frecuencia las explicaciones superan, en calidad y extensión, las correspondientes de la recensión bodleiana.

d) Bühler dio a conocer una nueva colección de proverbios transmitida por dos manuscritos del siglo XIV, uno napolitano (Neapolitanus III.AA.6, N) y otro muniqués (Monacensis 525, M), del cual recibe el nombre de Collectio Monacensis. Se trata en realidad de dos colecciones, la mayor de las cuales contiene 369 proverbios ordenados alfabéticamente, que se encuentran también por lo general en Zenobio Bodleiano, aunque sólo rara vez coinciden literalmente ambas colecciones en el lema del proverbio y su explicación. La colección menor consta de 71 proverbios, también en orden alfabético y con las explicaciones muy abreviadas; a diferencia de la colección mayor, esta segunda coincide muy raramente con B, pero sí lo hace habitualmente con otras variantes de la «vulgata». Dos lemas no se conocen por otras fuentes y en alguna ocasión el Monacensis ha conservado lecciones correctas (cf. Zen. Par. II 27).

e) Zenobio Diogeniano. También de Zenobio proceden diversas colecciones que nos han llegado falsamente atribuidas a Diogeniano de Heraclea, gramático de la época de Adriano (esto es, de la primera mitad del II d. C.), y otras transmitidas sin nombre de autor que se relacionan con ella46.

α) Pseudo-Diogeniano. Ocho códices nos documentan una colección de 787 proverbios titulada «Proverbios populares, de la recopilación de Diogeniano», cuyas explicaciones son por regla general bastante resumidas (hay veces en que se limitan a un simple «el proverbio es evidente» o incluso a un más escueto «evidente»). Casi toda la colección fue editada, con notas y traducción latina, por Schott, que tuvo en propiedad uno de los manuscritos más importante de la serie (P)47, pero ya Erasmo indica expresamente en el prefacio de su edición que se ha servido de la colección de «Diogeniano», la cual leyó en el códice G.

En el manuscrito Bruxellensis 4476-78 (P) A. Schott copió de su propia mano el final de la colección, que se había perdido en este códice de finales del XIII o comienzos del XIV, tomando como modelo un manuscrito muy tardío, de ca. 1575, el Palatinus (Heidelbergensis) 393 (L). La colección diogenianea se encuentra también en el Vaticanus 483 (T), de ca. 1440, en el Ambrosianus Z 134 sup. (A), de la primera mitad del xv y colacionado por Cohn por primera vez, en el Parisinus Mazarinus 4457 (M), de mediados del XV, y también en otros tres códices relacionados directamente con la persona de Jorge Hermónimo de Esparta, erudito que vivió en París en el último cuarto del xv y allí tuvo como discípulos en sus clases de griego nada menos que a Budé, al propio Erasmo de Rotterdam, a Reuchlin y a Beato Renano. Jorge Hermónimo poseyó y anotó, añadiendo al margen nuevos proverbios, el códice G (Bodleianus Grabianus 30, de mediados del XV) y de él copió la colección de proverbios atribuida a Diogeniano en otros dos códices conservados, el Bodleianus Laud. 7 (O), de comienzos del XVI, y el Vindobonensis suppl. 83 (V), de finales del XV. Erasmo utilizó probablemente el códice G48.

β) Diogeniano Vindobonense. En el códice Vindobonensis Phil. 178, copiado en 1429/30, se encuentra una colección de 301 proverbios que lleva por título «Proverbios populares de la recopilación de Diogeniano, por orden alfabético». La menor cantidad de proverbios que recoge esta colección con respecto a la colección a) se ve de sobra compensada con la calidad de las explicaciones, muy superior (y además en ella se documentan 86 proverbios que no están en Pseudo-Diogeniano y sí en otras recopilaciones de la «vulgata»).

f) «Recensión D1» llama Bühler a una extensa colección titulada «Proverbios populares de la recopilación de Diogeniano», la cual contiene, entre sus más de 900 proverbios, casi todos los que se encuentran en Pseudo-Diogeniano más otros 160 que no están recogidos allí; las explicaciones son, por el contrario, notoriamente más breves. De todo ello se puede deducir49 que del arquetipo de la recensión de la colección de los proverbios atribuida a Diogeniano (para la que Brachmann calcula un total de unos 1.100 proverbios) han derivado, por un lado, un epítome que contiene gran número de proverbios con glosas muy breves (D1), y, por otro lado, otro epítome con menos proverbios provistos de explicaciones más extensas (Pseudo-Diogeniano).

Conocemos la «recensión D1» por tres códices: Bodleianus Barocc. 219 (R), de la primera mitad del XIV; presenta varias lagunas, alguna de ellas extensa, que deben completarse recurriendo al códice Vaticanus 1458 (V), de finales del xv, que fue copiado de R cuando éste aún estaba completo. El tercer códice es el Varsoviensis Zamoyscianus Cim. 125, de comienzos del XIV50.

g) «Recensión D2», Gregorio de Chipre. La llamada por Bühler «recensión D2» comprende algo más de 600 proverbios, la mayoría de los cuales se encuentran en D1 u otras colecciones «diogenianeas», y lleva por título «Proverbios por orden alfabético». Fue L. Cohn quien llamó la atención sobre esta colección, que encontró en un manuscrito de la primera mitad del XIV, el Cantabrigensis Collegi Sanctae Trinitatis 0.1.2 (C), y en otro de la primera mitad del XVI, el Vallicellianus F24 (V). Sp. Lambros añadió un tercer códice, de la primera mitad del XVI, el Athous Coenobii Iberon 386 (I)51, que transmite algunos proverbios más que CV (621 frente a 604). Casi los mismos proverbios, pero con el orden ligeramente cambiado, reaparecen en el códice Vaticanus 306, de finales del XIII o comienzos del XIV, y en el Vaticanus 482, de la primera mitad del XIV, cuya colección comprende únicamente 421 proverbios.

De una colección similar a la que conocemos por el Vaticanus 306 procede la recopilación de proverbios ordenados alfabéticamente que recogió Gregorio de Chipre, patriarca de Constantinopla entre 1281 y 129052. Conocemos la obra de Gregorio a través de un buen número de códices, que presentan la colección o bien distribuida en dos series (en la segunda, más breve, se catalogan los proverbios que se omiten en la primera), o bien con los proverbios agrupados en una sola serie. En uno y otro caso el número máximo de refranes es de 502. Los manuscritos que transmiten la colección en dos series (entre otros, los Vaticani 113, F, y 1085, V, ambos de la primera mitad del XIV, y el Laurentianus 58, 29, A, y el Parisinus 2720, los dos del xv) las presentan una a continuación de la otra, a veces dejando un espacio intermedio, y sólo la primera va precedida de título («Proverbios recogidos por el santísimo patriarca Gregorio de Chipre, por orden alfabético», o simplemente «Proverbios por orden alfabético»).

En otros códices las dos series aparecen agrupadas en una sola, ordenada alfabéticamente. El Vaticanus 895, de la primera mitad del XIV, presenta una versión resumida en la que faltan muchos proverbios, en tanto que la colección casi completa (con alguna adición procedente de otras fuentes) se encuentra en el Mosquensis Mus. Hist. (olim) Bibl. Synodalis 283, de mediados del XIV (423 proverbios, bajo el título «Proverbios recopilados de diferentes libros y dispuestos aquí por orden alfabético», sin nombre de autor) y en el Leidensis Vossianus misc. 14, copiado en París en 1650/51, probablemente, como ha establecido Bühler, a partir del códice Parisinus 2524, de mediados del xv (491 proverbios, bajo el título «Proverbios recopilados por el santísimo Gregorio de Chipre, por orden alfabético»). Estas colecciones se denominan Gregorio de Chipre Mosquense (Greg. Cypr. Mosq.) y Gregorio de Chipre Leidense (Greg. Cypr. Leid.) respectivamente53.

h) Cohn54 determinó la existencia de otra colección alfabética transmitida sin nombre de autor («Proverbios por orden alfabético, recopilados de toda la cultura griega, muy útiles» o simplemente «Proverbios por orden alfabético»), pero que pertenece también a las recopilaciones «diogenianeas». Coincide sobre todo con D2, pero ofrece un número de proverbios mayor (casi 800, muchos procedentes de otras fuentes) y unas explicaciones más extensas. Bühler denomina a esta serie D3 y nos es conocida por tres códices, Laurentianus 55, 7, del siglo xv, Parisinus 2650, del siglo xv, y Taurinensis C.VI.9, de finales del XIV.

3. Colecciones ajenas a Zenobio

Ya se comentó en su momento que la llamada «redacción Atos» está formada por cinco colecciones de proverbios, de las cuales sólo las tres primeras proceden realmente de Zenobio, mientras que las dos restantes tienen otro origen, aunque todas ellas fueron atribuidas a Zenobio, mezcladas y ordenadas alfabéticamente en una compilación que es el origen de nuestra «vulgata».

La cuarta colección Atos («Plutarco. Sobre los proverbios de los alejandrinos») se ha perdido en el manuscrito M, pero la transmiten otros códices de la familia y a partir de ellos fue sabiamente editada y comentada por Otto Crusius55. Comprende 51 proverbios, que reflejan una tradición diferente de la que deriva de Lucilo-Zenobio; de hecho se proponen en diversas ocasiones explicaciones distintas para los mismos proverbios y se acude al mito y a la historia para explicar su origen y significado con mayor asiduidad que en las colecciones zenobianas56. Crusius defendió la autenticidad de la atribución a Plutarco del opúsculo57, dado que en el catálogo de obras de Plutarco de Pseudo-Lamprias (142.13) se recoge un título «Sobre los proverbios de los alejandrinos», con el cual Crusius edita la cuarta colección Atos; pero también dejó bien establecido el sabio alemán que lo que ha llegado hasta nosotros es solamente un epítome de la obra original. Crusius intentó también precisar la fuente de la colección atribuida a Plutarco, cuyo autor habría reelaborado una obra del mismo título del filólogo alejandrino Seleuco, de época de Tiberio, que cita la Suda. Es especialmente interesante destacar que se trata de la recopilación más antigua conservada en la que se intenta comprender el espíritu de un pueblo a través de sus proverbios, una idea que pudiera remontar quizá a Polemón y Crisipo, sobre cuyos estudios paremiológicos se habló más arriba.

También es ajena a Zenobio la quinta colección Atos, la cual consta a su vez de tres series, que aparecen seguidas en nuestros manuscritos sin solución de continuidad:

a) La serie primera, cuyo comienzo se ha perdido en el códice M, comprende 63 proverbios principales y 62 secundarios, ordenados alfabéticamente según las dos primeras letras (un sistema que se encuentra también en algunas colecciones zenobianas)58. Al llegar a la secuencia ἀν- se produce una brusca interrupción, de manera que probablemente lo que nos ha llegado es solamente el inicio de una colección completa, que era ya un resumen. Las explicaciones son breves y poco doctas, sin citas eruditas, y lo más característico de ellas son las referencias a proverbios de sentido similar, un rasgo raro en las demás tradiciones. Las diferencias con respecto a las colecciones zenobianas afectan tanto a las glosas como a los lemas, doce de los cuales no se documentan en la restante tradición paremiográfica (aunque buena parte de ellos no son proverbios propiamente dichos) y hay asimismo variantes con respecto a lemas que sí testimonian las colecciones que derivan de Zenobio.

Esta primera serie de la quinta colección se nos ha transmitido sin nombre de autor y es poco lo que puede decirse sobre su origen. Crusius pensó en un principio en la posibilidad de hacerla remontar también a Plutarco, dado que en el antes mencionado catálogo de Pseudo-Lamprias se cita, con el núm. 55, una obra titulada «Proverbios, dos libros» y el erudito alemán creyó observar puntos de contacto entre la serie que comentamos y el epítome conservado de la colección de proverbios adscrita a Plutarco con el título «Sobre lo que es imposible»; no obstante, el propio Crusius se decantó luego por datar más tardíamente la formación de la primera parte de la quinta colección Atos y considerarla obra de un «sofista anónimo» que reunió el material con el propósito de utilizarlo en la instrucción impartida en las escuelas de retórica, y de ahí la reunión de refranes de sentido similar59.

b) La serie segunda está formada únicamente por ocho proverbios y sus explicaciones, no ordenados alfabéticamente y sacados del corpus de escolios.

c) La serie tercera comprende 23 proverbios provistos de breves glosas. Se ordenan alfabéticamente, pero la colección se interrumpe bruscamente en la letra β, por lo que también se trata del comienzo de una colección, en apariencia de carácter lexicográfico.

b) y c) presentan, pues, rasgos diferentes de a), y es posible que tengan razón Crusius y Rupprecht al suponer que las dos últimas series fueron añadidas por un compilador en un intento frustrado por ofrecer un complemento a la mutilada primera serie.

Bajo el nombre de Plutarco nos ha llegado también una brevísima colección de 31 proverbios (sin explicaciones) que se refieren a acciones imposibles («Recopilación de Plutarco acerca de lo que es imposible»). Fue publicada por vez primera en los Anecdota Graeca de Boissonade60, a partir del códice del siglo xv Parisinus 2720, seguida de otras dos pequeñas colecciones anónimas aún más breves, de seis y quince proverbios, que transmite el manuscrito Parisinus 1630, también del xv. Las tres colecciones se recogen en el corpus de Gotinga.

Colecciones más extensas fueron compiladas por eruditos bizantinos, que se basaban en buenas fuentes, generalmente relacionadas con la «vulgata», con adiciones que proceden sobre todo de obras lexicográficas y escolios. Ya se ha hablado anteriormente de la recopilación que en la segunda mitad del XIII llevó a cabo Gregorio de Chipre. Medio siglo después, entre 1328-1336, Macario Crisocéfalo (ca. 1305-1382) recogió en su Rosario una colección de proverbios que se conserva en un solo códice copiado por el propio autor, el Venetus Z.45261. Se trata de una serie de 796 proverbios con sus correspondientes glosas, ordenados alfabéticamente según las dos primeras letras. La fuente de Macario era buena y Bühler la relaciona especialmente con aquella de la que deriva nuestro «Diogeniano Vindobonense».

Del siglo xv data la más extensa de las colecciones compiladas por eruditos bizantinos, la que debemos a Miguel Apostolio (ca. 1422-1476), quien a partir de ca. 1454 inició en Creta la composición de una colección de proverbios que no dejó nunca de ampliar con nuevas adiciones a lo largo de su vida. Conocemos dos versiones, que el propio autor se ocupó de enviar a dos personalidades importantes de la cultura de su tiempo. La primera y más breve versión (una colección alfabética de proverbios, con adiciones tomadas de Estobeo) fue a parar a manos del volterrano Gaspare Zacchi, obispo de Ósimo, localidad próxima a Ancona, y se conserva en un manuscrito copiado por el propio Apostolio, el Mazarineus 446162. El propio autor copió también el códice Parisinus 3059, la fuente principal del texto editado en el corpus de Gotinga, que es la versión ampliada que Apostolio envió al erudito veneciano Lauro Quirino, muerto en 1466. Hay versiones posteriores, ampliadas con proverbios tomados de aticistas y lexicógrafos (Suda, Focio, Eudemo63), que conocemos por los manuscritos Angelicus 27, igualmente autógrafo64, y Bruxellensis 3529, copiado por Arsenio, hijo de Apostolio. Precisamente Arsenio, tras la muerte de su padre, continuó aumentando el material de la colección, para lo cual no acudió sin embargo a la tradición paremiográfica propiamente dicha, sino a léxicos y florilegios, y añadió, además de proverbios, sentencias, apotegmas e historias míticas. Dio a la obra así compilada el título de Violario y la envió al papa León X para que recomendara su publicación; únicamente se editaron los apotegmas (Roma, 1519), mientras que los proverbios no fueron impresos hasta la edición de Chr. Walz (Stuttgart, 1832)65.

Las colecciones de proverbios que han llegado hasta nosotros no se agotan aquí. Ya Schneidewin apuntaba en el prefacio a la edición del CPG que prácticamente no hay biblioteca con un fondo medianamente digno de manuscritos griegos que no cuente con una recopilación de proverbios, obra generalmente de eruditos que acudían a fuentes diversas, combinando la tradición paremiográfica con refranes sacados de léxicos, florilegios, escolios e incluso de las propias obras literarias. Algunas de estas colecciones están editadas66, otras permanecen inéditas y aún muchas sin haber sido objeto de estudios pormenorizados que determinen su valor exacto.

Por último, es posible conocer rasgos de las fuentes de las que deriva nuestro corpus de proverbios griegos a través de obras eruditas que hicieron uso también de esas mismas fuentes, aunque tal estudio presente muchos aspectos complejos y oscuros. Nos estamos refiriendo en concreto a los lexicógrafos y a los corpora de escolios que han llegado hasta nosotros.

En el léxico de Focio (mediados del IX) y en la Suda (segunda mitad del X) encontramos citados y comentados gran cantidad de proverbios, cuyas explicaciones coinciden en buena parte (pero no siempre literalmente) con la tradición que se relaciona con Zenobio67. Los autores de ambas obras pudieron recurrir directamente a la tradición paremiográfica propiamente dicha, pero ésta también se incluyó indirectamente en los dos léxicos por intermedio de los lexicógrafos aticistas de los que tanto Focio como la Suda hicieron amplio uso, en particular Elio Aristides y Pausanias, ambos del siglo II d. C68. Desconocemos las fuentes de Elio Aristides, pero Pausanias utilizó para cuestiones paremiográficas una buena fuente, que pudo remontarse incluso a la propia obra de Dídimo, la cual, como se dijo en su momento, es la fuente última de la que nace lo esencial de nuestro CPG.

De Elio Aristides y Pausanias se sirvió igualmente el obispo de Tesalónica Eustacio (1115-1195) en su ingente comentario de los poemas homéricos, en el cual se explican numerosas expresiones proverbiales, generalmente de manera breve, pero a veces con notable amplitud69. Eustacio era hombre de muchas lecturas, por lo que además de en la tradición paremiográfica y lexicográfica sus glosas de proverbios beben también de otras fuentes (Ateneo, Estrabón, Esteban de Bizancio, etc.) e incluso de las propias obras de poetas y prosistas que utilizan los refranes.

También el léxico de Hesiquio contiene muchos proverbios, cuyas explicaciones provienen en su mayor parte de la tradición paremiográfica y lexicográfica70.

Los corpora de escolios nos proporcionan datos que remontan directamente a las fuentes de Zenobio, esto es, a Lucilo y al propio Dídimo, de manera que recogen la misma tradición que nuestro CPG, aunque documentan en muchos casos un estadio anterior al que reflejan nuestras colecciones (pero los problemas de las relaciones son complejísimos). En este aspecto son especialmente importantes los escolios a Platón, que ofrecen a menudo glosas más largas que las que refleja la tradición paremiográfica71, y los escolios a Teócrito72, Aristófanes73 y Luciano74, en tanto que nos ofrecen escasas informaciones los escolios a Eurípides, Sófocles y Píndaro, aunque remonten en última instancia, al menos parcialmente, a los comentarios de Dídimo sobre las obras de estos poetas.

III. EDICIONES

La editio princeps de colecciones relacionadas con la tradición paremiográfica griega fue obra de Benedetto Ricciardini y apareció publicada en 1497 en Florencia, en las prensas yuntinas; contiene únicamente Zenobio Parisino75. Buena parte de los proverbios recogidos en esta primera edición, con la adición de refranes tomados de la Suda y de la «redacción Atos» (para la que usó el códice L, según Bühler, o un códice gemelo, según Crusius y Rupprecht), componen la recopilación contenida en el volumen Aesopi aliorumque, publicada en 1505 por Aldo Manuzio en Venecia76.

Ambas obras quedaron pronto empequeñecidas por las recopilaciones de Erasmo de Rotterdam, que echó sobre sus espaldas los Herculei labores de editar y comentar, con admirable competencia y erudición, una parte muy importante del acervo paremiológico grecolatino. En 1500 apareció en París una primera colección menor (Adagiorum collectanea) de 818 proverbios griegos y latinos, brevemente comentados. Esta recopilación tuvo muy buena acogida y se reeditó un par de veces, incluso cuando ya había sido publicada la editio maior, las admirables Adagiorum chiliades tres, ac centuriae fere totidem. La primera edición veneciana de esta magna obra (Aldo Manuzio, 1508) contiene 3.271 proverbios, y el autor no cesó de corregirla y aumentarla en sucesivas ediciones, hasta los 4.151 refranes griegos y latinos que reúne la edición de Basilea de 1536, la última que se publicó en vida de Erasmo77. En los 150 años que siguieron a la muerte de su autor, las Chiliades se reeditaron completas nada menos que cuarenta veces, cifra que por sí sola da una idea de la gran difusión de un trabajo que fue decisivo para la propagación del espíritu de la Antigüedad durante los siglos XVI-XVII78.

Los lemas aparecen en la colección erasmiana ordenados por temas, no alfabéticamente, y van seguidos de explicaciones llenas de erudición y mucho más extensas que las que se encuentran en la tradición paremiográfica, de la cual se aparta muchas veces y a menudo con razón. Por lo que a los proverbios griegos respecta, Erasmo echó mano de los propios autores antiguos, que tan bien conocía, de las colecciones de proverbios79 y de obras eruditas, lexicográficas y escolios (Suda, Eustacio, Ateneo, Esteban de Bizancio, Pólux, Hesiquio, escolios a Aristófanes, Píndaro, Teócrito, etc.). Baste decir como prueba del ingente trabajo de Erasmo que, de las fuentes citadas, en 1508 sólo estaban publicadas Zenobio Parisino, Suda y la colección aldina.

El siguiente paso importante para el conocimiento del Corpus Paroemiographorum Graecorum se lo debemos a Andreas Schott, que publicó en Amberes en 1612 sus Paroimíai Hellenikaí. Adagia sive proverbia Graecorum. Los lemas en griego aparecen divididos por vez primera en «centurias» y van acompañados de una traducción latina y de un comentario crítico e interpretativo muy notable. Se recogen proverbios de Zenobio Parisino (tomados de la edición de Obsopoeus), Diogeniano (a partir de los códices L y P; este último, que fue propiedad de Schott, conserva sus anotaciones y adiciones), algunos refranes de la «redacción Bodleiana» (tomados de un códice relacionado con el Vaticanus 878) y otros sacados de la Suda y de la colección reunida por J. J. Escalígero (Stromateîs emmétron paroimiôn).

De 1836 son los Paroemiographi Graeci de Thomas Gaisford (Oxford; reimpr. Osnabrück, 1972). Gaisford partió, como es natural, del texto editado y comentado por Schott, al que añadió breves comentarios personales y las correcciones inéditas del gran filólogo holandés Valckenaer (1715-1785). Pero la principal aportación de Gaisford fueron los nuevos textos que editó y el hecho de que colacionara manuscritos hasta entonces no utilizados. Por primera vez se publicó completa la «redacción Bodleiana» (a partir del códice B y del Parisinus 1773 para los lugares en que B presenta lagunas) y parcialmente la colección del Coislinianus 177. Para Zenobio Parisino Gaisford fue el primero en colacionar el manuscrito P, el testimonio principal y cabeza de familia de los códices que nos transmiten la colección, y para «Diogeniano» se basó en la edición de Schott, pero añadió las lecturas de los códices T y G, así como del Baroccianus 219, que estudios posteriores han mostrado que pertenece en realidad a la llamada «recensión D1».

En 1839, tan sólo tres años después de que la obra de Gaisford viera la luz, E. L. von Leutsch y F. G. Schneidewin publicaron en Gotinga el primer volumen del Corpus Paroemiographorum Graecorum, al que seguiría un segundo volumen, obra ya solamente de Leutsch, en 1851. El volumen primero contiene las siguientes colecciones:

a) Zenobio Parisino. No se colacionan nuevos códices, pero son numerosas las correcciones hechas al texto impreso por Gaisford y se añaden notas críticas y comentarios de gran erudición sobre las fuentes, el origen y el significado de los proverbios, un rasgo que caracteriza en conjunto toda la edición.

b) Diogeniano. Leutsch-Schneidewin se basan en las ediciones de Schott y Gaisford, de quien toman el aparato crítico, añadiendo las lecciones del códice M y valiosas notas.

c) «Proverbios alejandrinos de Plutarco», ya editados por J. Gronovius en su Thesaurus Graecarum Antiquitatum (Leiden, 1701) y que proceden sobre todo del códice L de Zenobio Atos.

d) Pseudo-Plutarco, «Sobre lo que es imposible», a partir de la edición de Boissonade.

e) Gregorio de Chipre (serie primera). Edición muy mejorada con respecto a la que realizó P. Pantino en su publicación de la obra de Miguel Apostolio (Leiden, 1619).

f) Appendix Proverbiorum. Se trata de una selección de proverbios tomados de diversas colecciones, especialmente de la Colección Bodleiana (también citada sistemáticamente en el aparato crítico de otras colecciones), los refranes de la colección del códice Coislinianus 177 que editó Gaisford, y los que se encuentran en el Vaticanus 482 («recensión D2»).

El volumen segundo comprende las siguientes colecciones:

a) Diogeniano Vindobonense. Editio princeps y única completa hasta hoy.

b) La colección de Gregorio de Chipre tal como la transmiten los manuscritos de Leiden y Moscú. En ambos casos se trata también de primeras ediciones, aunque en el caso del códice de Leiden ya se ha dicho que se omiten erróneamente una cantidad importante de proverbios.

c) Gregorio de Chipre (segunda serie), editada asimismo por vez primera, aunque sólo parcialmente.

d) Macario, primera edición completa (la recopilación fue ya utilizada por Walz en su edición del Violario de Arsenio en 1832)

e) «Proverbios de Esopo».

f) Colección de Apostolio, con las adiciones de Arsenio; se utilizan nuevos manuscritos, en particular el autógrafo Parisinus 3059.

g) Mantissa Proverbiorum, selección de proverbios procedentes de varias colecciones.

El Corpus de Gotinga supuso un enorme adelanto en el conocimiento de la tradición paremiográfica griega, tanto por el material recogido como por el aparato crítico y erudito que lo acompaña, y sigue siendo aún hoy la primera obra de consulta para los estudiosos de la paremiografía griega, pese a que hace ya más de un siglo Crusius insistiera en la necesidad de realizar una edición global del corpus que superase definitivamente la obra de Leutsch-Schneidewin, una empresa que él mismo planeó e inició, pero que aún dista mucho de ver cercana su realización.

Efectivamente, como se ha anticipado al tratar de la formación del corpus de proverbios griegos, han seguido apareciendo, con posterioridad a la publicación de la edición de Gotinga, nuevas colecciones o manuscritos que transmiten buenos textos de las ya conocidas, de manera que pronto quedó desfasada, en este aspecto, la edición de Leutsch-Schneidewin, cuya consulta debe ser completada con la de otros trabajos posteriores, buena parte de ellos recogidos en el suplemento al Corpus Paroemiographorum Graecorum que apareció publicado en Hildesheim en 1961. Ya se ha hablado del descubrimiento por parte de E. Miller del códice M, que supuso la revalorización de la «redacción Atos» de Zenobio, mejor conocida más tarde con la colación de nuevos manuscritos, a los que ya se ha hecho alusión, y particularmente en estos últimos años por la ingente labor de W. Bühler, quien proyecta publicar una edición completa con nutridísimo aparato crítico y amplísimo comentario, un trabajo que avanza poco a poco y que es indudablemente modelo para todo lo que se haga posteriormente en este terreno80. Crusius se ocupó de editar y comentar la cuarta colección Atos81, y recientemente María Spyridonidou-Skarsouli ha llevado a cabo la tarea de editar con extenso comentario la primera serie de la quinta colección Atos (Berlín-Nueva York, 1995).

Por otro camino, nuestro conocimiento de los proverbios griegos antiguos se ha ampliado con los estudios dedicados al uso de refranes en autores particulares, un trabajo que cuenta con algunos excelentes estudios, pero que dista todavía muchísimo de estar completo. Strömberg82 se ocupó de recopilar proverbios que se citan en las obras literarias y eruditas y que no se encuentran en lo que nos ha llegado del CPG, pero por supuesto el estudio individual por autores o géneros es imprescindible no sólo para recoger de la manera más completa posible el acervo proverbial griego, sino también para determinar los usos y significados de los refranes, tareas éstas que tienen unas implicaciones que van mucho más allá de la simple curiosidad erudita, ya que los proverbios griegos y latinos, que fueron recogidos directamente por la tradición humanística, son un fiel testimonio de la unidad de la cultura europea desde la Antigüedad clásica hasta nuestros días83.

IV. NUESTRA TRADUCCIÓN

Quienes se dedican a los estudios de paremiología señalan a menudo la dificultad (en no pocos casos imposibilidad) de traducir proverbios de una lengua a otra, por causa tanto de su contenido connotativo como de las características formales, con frecuencia difícilmente traducibles, que suelen presentar los refranes: concisión en la expresión, con frecuentes elipsis, metro o ritmo, rimas, juegos de palabras, aliteraciones, etc. En el caso del corpus de proverbios griegos estas dificultades no se limitan únicamente a los lemas, sino que se extienden a menudo a las explicaciones debido a los avatares por los que el texto ha pasado hasta llegar hasta nosotros. En efecto, al ser nuestras colecciones resúmenes de otros resúmenes anteriores, el estilo de las explicaciones suele ser algo seco y cortante, con no infrecuentes dislocaciones sintácticas y expresiones braquilógicas, fruto de los sucesivos recortes y de la yuxtaposición, no siempre feliz, de fuentes diversas. En nuestra traducción hemos procurado mantener en lo posible estas características del original.

No conocemos ninguna traducción de las colecciones de proverbios griegos a una lengua moderna. Todo lo más, son incluidos en antologías de dichos y sentencias de la Antigüedad, algunas de ellas excelentes, entre las cuales destacamos, por el número de proverbios que se recogen y la calidad del comentario, el ya citado libro de Renzo Tosi Dizionario delle sentenze latine e greche (una buena cantidad de proverbios antiguos se recogen y traducen al griego moderno en la recopilación de N. Moulakakis, Arkhaíes Hellēnikés Paroimíes, Atenas, 1994).

Puesto que no era posible ni tampoco aconsejable recoger todas las colecciones de proverbios (además de su excesivo volumen, habría constantes repeticiones innecesarias), hemos optado por incluir en nuestra versión aquellas colecciones que ofrecen mejores y más pormenorizadas explicaciones: la colección parisina (Zenobio Parisino), y las cinco series de la recensión Atos (Zenobio Atos), pese a que las dos últimas son ajenas a la tradición zenobiana. Cuando, para un mismo lema, las explicaciones de Zenobio Parisino y de Zenobio Atos coinciden total o casi totalmente, las glosas se traducen en Zenobio Parisino, añadiéndose entre corchetes angulares los datos que eventualmente puedan añadir tanto la recensión Atos como otras colecciones, especialmente la Bodleiana y la Coisliniana (en nota se indica en todos los casos la procedencia de las informaciones). Las noticias adicionales que proporcionan la tradición lexicográfica y los escolios, las cuales con frecuencia son imprescindibles para la comprensión del uso y origen de los proverbios, se añaden por regla general en nota.

Para Zenobio Parisino seguimos la edición de Leutsch-Schneidewin; para Zenobio Atos, la edición de E. Miller, excepto para los cuarenta primeros proverbios de la serie segunda (que traducimos según la edición de Bühler), y la primera parte de la serie quinta (para la que nos basamos en la edición de Spyridonidou-Skarsouli); la serie cuarta se traduce a partir del texto dispuesto por Crusius. En todos los casos se han tenido también en cuenta las precisiones que se hacen en otros trabajos, especialmente los recogidos en el Supplementum al Corpus Paroemiographorum Graecorum. De las ediciones mencionadas nos apartamos en los siguientes pasajes:




BIBLIOGRAFÍA
I. EDICIONES
a) Proverbios griegos antiguos

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II. ANTOLOGÍAS DE PROVERBIOS GRIEGOS ANTIGUOS

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Eliano (cf. Alcifrón).

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Esopo: B. E. PERRY, Aesopica, Baltimore, 1952, págs. 261-291.

Estrabón: J. KEIM, Sprichwörter und paroemiographische Überlieferung bei Strabo, Tubinga, 1909.

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Herodas: O. CRUSIUS, Untersuchungen zu den Mimiamben des Herondas, Leipzig, 1892; V. SCHMIDT, Sprachliche Untersuchungen zu Herondas, Berlín, 1968.

Hesíodo: J. A. FERNÁNDEZ DELGADO, «Los ‘Trabajos y los Días’ y el refranero de la Grecia primitiva», Actas del V Congreso Español de Estudios Clásicos, Madrid, 1978, págs. 261-267, y Los oráculos y Hesíodo. Poesía oral mántica y gnómica griega, Cáceres, 1986; A. HOEKSTRA, «Hésiode, Les Travaux et les Jours, 405-407, 317-319, 21-24. L’élement proverbial et son adaptation», Mnemosyne 3 (1950), 89-114; E. PELLIZER, «Metremi proverbiali nelle Opere e i Giorni di Esiodo. Osservazioni sulla tecnica compositiva della poesia esametrica sapienziale», Quad. Urbinati di Cultura Class. 13 (1972), 24-37.

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Juan Crisóstomo: PH. KOUKOULES, «Δημώδεις παροιμίαι καὶ παροιμιώδεις φράσεις παρὰ Χρυσοστόμῳ», Tεσσαράκοvταετρὶς Θεοφίλου Bορέα, Atenas, 1940, págs. 355-368.

Libanio: E. SALZMANN, Sprichwörter und sprichwörtliche Redensarten bei Libanios, tesis, Tubinga, 1910.

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Pitagóricos: L. M. PINO, «Proverbios pitagóricos», Actas del IX Congreso Español de Estudios Clásicos, Madrid, 1998.

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Plutarco: J. A. FERNÁNDEZ DELGADO, «Los proverbios en los Moralia de Plutarco», en G. d’IPPOLITO-I. GALLO (eds.), Strutture formali dei ‘Moralia’ di Plutarco, Nápoles, 1991, págs. 195-212.

Polibio: R. VON SCALA, «Sprichwörtliches bei Polybios», Philologus 50 (1891), 375 ss.; C. WUNDERER, Polybios-Forschungen: Sprichwörter und Sprichwörtliche Redensarten bei Polybios, Leipzig, 1898 (reimpr. Aalen, 1969).

Sinesio: R. SOLLERT, Die Sprichwörter und sprichwörtlichen Redensarten bei Synesius von Kyrene, Augsburgo, 1909-1910.

Teócrito y la poesía bucólica: A. BAAR, Sprichwörter und Sentenzen aus den griechischen Idyllendichtern, Görz, 1887; P. G. HEIMGARTNER, Die Eigenart Theokrits in seinem Sprichwort, tesis, Friburgo, 1940; J. HOROWSKI, «Le folklore dans les idylles de Théocrite», Eos 61 (1973), 187-212; PH. TRIBUKAIT, De proverbiis vulgaribusque aliis locutionibus apud bucolicos Graecos obviis, tesis, Königsberg, 1889.

Tragedia: M. GRIMALDI, «Sentenze e proverbi in Eschilo», Atti della Accademia Pontaniana 47 (1999), 421-476; J. KOCH, Quaestiones de proverbiis apud Aeschylum, Sophoclem, Euripidem, I Königsberg, 1887, II Bartenstein, 1892; C. LINDE, De proverbiorum apud tragicos Graecos usu, Gotha, 1896; P. T. STEVENS, Colloquial expressions in Euripides, Wiesbaden, 1976.


1 Sobre el tema, véase L. BIELER, «Die Namen des Sprichworts in den klassischen Sprachen», Rheinisches Museum 85 (1936), 240-253; A. M. IERACI, «Il concetto di paroimía in Aristotele», Atti Accad. dei Lincei di Napoli 53 (1978), 235-248, e «Il concetto di paroimía: testimonianze antiche e tardo antiche», ibidem 54 (1979), 185-214; F. GARCÍA ROMERO, «Sobre la etimología de paroimía», Actas del II Congr. Intern, de Paremiología = Paremia 8 (1999), 219-223.

2 Quaestionum paroemiographicarum capita selecta, Tubinga, 1908, págs. 27-28.

3 Véase también el prefacio de MIGUEL APOSTOLIO a su colección de proverbios (CPG II 237). Acepta, con dudas, esta interpretación J. HOFMANN, Etymologisches Wörterbuch des Griechischen, Múnich, 1950.

4 Cf. K. RUPPRECHT, «Paroimía», en Pauly-Wissowa, XVIII.4, 1949, col. 1708. Señala Rupprecht que el compuesto par-oimía se correspondería exactamente con el latín ad-agio y con términos que designan el proverbio y la fábula en antiguo alemán, como bî-wort o bî-spel.

5 Cf. P. CARNES (ed.), Proverbia in fabula. Essays on the relationship of the proverb and the fable, Frankfurt, 1988, y «The fable and the proverb: intertext and reception», Proverbium 8 (1991), 55-76; H. VAN THIEL, «Sprichwörter in Fabeln», Antike und Abendland 17 (1971), 105-118; S. JEDRKIEWICZ, Sapere e paradosso nell’antichità. Esopo e la favola, Roma, 1989, págs. 262-263; J. F. KINDSTRAND, «The Greek concept of proverb», Eranos 76 (1978), 79 ss.; IERACI, «Paroimia in Aristotele», pág. 236, y «Testimonianze antiche», págs. 190-191.

6 Incluso ATENEO (Epítome II 60e) menciona una obra del poeta de la comedia media Antífanes titulada Proverbios o El hombre que dice proverbios, a propósito de la cual comenta MEINEKE que «no cabe duda de que aparecía en escena un hombre del tipo de Sancho Panza, que empleaba los refranes con gracia».

7 Cf. KINDSTRAND, «The Greek concept of proverb», pág. 73, así como los trabajos dedicados al uso de proverbios por parte de Platón, que se citan en bibliografía.

8 RUPPRECHT sugiere que pudiera pertenecer a Sobre proverbios; otros, como KINDSTRAND, lo atribuyen al también perdido tratado Sobre la filosofía.

9 Sabemos, no obstante, por otros pasajes (fr. 1-4 ROSE, de Sobre la filosofía) que Aristóteles recogió y estudió otros «proverbios» relacionados con la sabiduría délfica y la tradición gnomológica de los siete sabios, lo que parece indicar que consideraba «restos de una antigua filosofía» sólo algunos proverbios (cf. ya P. MARTIN, Studien auf den Gebiete des griechischen Sprichwortes, tesis, Erlangen, 1889; KINDSTRAND, pág. 75).

10 Cf. PLATÓN, Protágoras 334b, a propósito de las máximas délficas.

11 Cf. M. UNTERSTEINER, Aristotele. Delia filosofía, Roma, 1963; C. NATALI, «La teoria aristotelica delle catastrofi. Metodi di razionalizzazione di un mito», Riv. Filologia e Istruzione Class. 105 (1977), 403-424; IERACI, «Paroimía in Aristotele», págs. 238 ss.

12 Cf. DEMETRIO, Sobre el estilo 151; TRIFÓN, Tropos III 191, 24 ss., 206, 19 ss. SPENGEL; QUINTILIANO, V 11, 21; VIII 6, 55 ss. En Trifón y Quintiliano hallamos explícitamente expresada la idea, que debe de remontar a Aristóteles y los peripatéticos, de que un proverbio se crea a propósito de una circunstancia muy concreta y luego se aplica con carácter general en ocasiones comparables, produciéndose, por lo tanto, un tránsito de un uso propio a un uso figurado (cf. KINDSTRAND, págs. 78 ss.; R. TOSI, Dizionario delle sentenze latine e greche, Milán, 1991, págs. XI-XII). El carácter metafórico del proverbio es idea frecuentemente recogida por los tratadistas modernos. Entre la bibliografia más reciente, véanse G. ONYEOZIRI, «Les structures métaphoriques du proverbe», ALFA: Actes de Langue Française et de Linguistique 5 (1992), 199-208; P. K. KNAUER, «Metapher und Sprichwort», Der Buchstabe lebt: Schreibstrategien bei Sebastian Franck, Berna, 1993, págs. 230-233; W. MIEDER, «Consideraciones generales en torno a la naturaleza del proverbio», Paremia 3 (1994), 17-26; M. GONZÁLEZ. REY, «Le rôle de la métaphore dans la formation des expressions idiomatiques», Paremia 4 (1995), 157-167.

13 Cf. ya SÓFOCLES, Ayante 664. Véase KJNDSTRAND, págs. 77-78; IERACI BIO, «Paroimía in Aristotele», págs. 240 ss., «Testimonianze antiche», págs. 195 ss.

14 Cf. RUPPRECHT, col. 1737; W. GEMOLL, Das Apophthegma, Viena, 1924. No obstante, que Teofrasto hubiera distinguido entre proverbio y apotegma es sólo una hipótesis, verosímil, que deriva de la combinación de un par de noticias, ninguna de las cuales es suficientemente explícita (cf. SCHNEIDEWIN, praef. III, con el apoyo de CRUSIUS, Analecta critica ad paroemiographos Graecos, Leipzig, 1883 = Corpus Paroemiographorum Graecorum. Supplementum, Hildesheim, 1961, II 91).

15 Cf. R. TOSI, «La lessicografia e la paremiografía in età alessandrina ed il loro sviluppo successivo», en F. MONTANARI (ed.), La philologie grecque à l’époque hellénistique et romaine, Vandoeuvres-Ginebra, 1993, pág. 180 con n. 66.

16 Sobre el estilo 128 ss., 156, 223 ss.; cf. GREGORIO DE NACIANZO, Epístolas 51, 5.

17 Cf. PSEUDO-ARISTIDES, Sobre la retórica I 90; HERMÓGENES, Sobre las formas II 4; MENANDRO RÉTOR, III 392, 28 ss. SPENGEL, etc. Cf. KINDSTRAND, págs. 80 ss.; IERACI, «Testimonianze antiche», págs. 198 ss.; W. RHYS ROBERTS, Demetrios. On style, Cambridge, 1902, págs. 259 ss. Sobre su uso en la epistolografía, véase D. A. TSIRIMBAS, Sprichwörter und sprichwörtliche Redensarten bei den Epistolographen der zweiten Sophistik: Alkiphron, Cl. Aelianus, tesis, Múnich, 1936, y «Proverbios y expresiones proverbiales en el epistológrafo Aristéneto» (en griego), Platon 2 (1950), 25-85; E. SALZMANN, Sprichwörter und sprichwörtliche Redensarten bei Libanios, tesis, Tubinga, 1910.

18 CICERÓN, Sobre el orador II 64; TRIFÓN, Tropos III 206 SPENGEL; COCONDRIO, Tropos III 236 SPENGEL; QUINTILIANO, VI 3, 98, etc.; cf. ya ARISTÓTELES, Retórica 1412al7 ss.

19 Cf. E. BENÍTEZ, «Diógenes de Sínope y el pensamiento cínico en los proverbios griegos», Actas del II Congr. Intern. de Paremiología = Paremia 8 (1999), 57-63. Véase P. P. FUENTES, Les diatribes de Télès, París, 1998, s. v. «proverbes».

20 Cf. Zenobio Parisino VI 43 (fr. 2 VON ARNIM). Los escolios a PÍNDARO, Ístmicas II 17 comentan: «dinero, dinero, el hombre: este dicho se registra entre los proverbios, pero es un apotegma de Aristodemo, como afirma Crisipo en Sobre proverbios».

21 Cf. RUPPRECHT, cols. 1738 ss.; KINDSTRAND, págs. 76-77.

22 Lo mismo cabe decir a propósito de un contemporáneo de Crisipo citado frecuentemente en la tradición paremiográfica y lexicográfica, el atidógrafo DEMÓN (núm. 327 J.), autor de un tratado Sobre proverbios, al cual HARPOCRACIÓN (s.v. Mysôn leía) atribuye nada menos que cuarenta libros, cifra que otras fuentes no confirman. CRUSIUS (Analecta = Supplementum, II) piensa incluso que de su obra podrían proceder las explicaciones de Zenobio Parisino II 1-28 (cf. W. BÜHLER, Zenobii Athoi Proverbia I, Gotinga, 1987, págs. 339-342). Demón acudía para sus explicaciones al mito y los acontecimientos históricos, con una aproximación que recuerda a la de Heródoto, según podemos juzgar por las pocas glosas largas que con seguridad remontan a su obra. Ya los críticos antiguos (la escuela alejandrina y sus continuadores) le atribuyen falta de rigor crítico y señalaron graves errores cronológicos que echaban por tierra sus más originales hipótesis.

23 Cf. R. TOSI, «La tradizione proverbiale greca e Aristofane di Bisanzio (osservazioni sulle émmetroi paroimíai)», en R. PRETAGOSTINI (ed.), Tradizione e innovazione nella cultura greca da Omero all’età ellenistica. Scritti in onore di B. Gentili, Roma, 1993, págs. 1025-1026, con bibliografía.

24 Cf. TOSI, «La lessicografia...», págs. 187-188.

25 Cf. TOSI, «La tradizione paremiografica greca e Aristofane di Bisanzio».

26 Así interpretan el pasaje, entre otros, CRUSIUS y RUPPRECIIT (cols. 1742-44); en cambio TOSI (Dizionario, pág. XIII) prefiere entenderlo, probablemente con razón, como referencia a la recopilación y estudio de proverbios que se habían transmitido con variantes.

27 CRUSIUS (Analecta = Supplementum, II, págs. 77 ss., 150 ss.) y RUPPRECHT (cols. 1742 ss.) no se limitan a intentar deducir las características principales de la obra de Aristófanes a partir de las explicaciones que se le atribuyen explícitamente, sino que también se esfuerzan, con muy notable pericia en medio de las dificultades con que se tropiezan, por encontrar huellas del trabajo del sabio de Bizancio en otras glosas en las que su nombre no se cita. Cf. TOSI, «La lessicografia...», págs. 182-187.

28 CRUSIUS, Paroemiographica, Múnich, 1910 = Corpus Paroemiographorum Graecorum. Supplementum, Hildesheim, 1961, V 55 y 116; RUPPRECHT, col. 1745.

29 R. PFEIFFER (Historia de la Filología Clásica, Madrid, 1981, I, pág. 160) indica que ya Clearco dio a su libro sobre proverbios «una forma literaria narrativa para distracción de sus lectores».

30 Así opinan COHN, CRUSIUS (Analecta = Supplementum, II 93 ss.), JUNGBLUT (Quaestionum de paroemiographis pars I: De Zenobio, Halle, 1882, págs. 22 ss.), LINNENKUGEL (De Lucillo Tarrhaeo epigrammatum poeta, grammatico, rhetore, Paderborn, 1926, págs. 74 ss.), BÜHLER (Zenobii Athoi proverbia, I, págs. 36-37), etc.

31 Es lo que sostienen, entre otros, WARNKROSS (De paroemiographis capita duo, Greifswald, 1881, págs. 26 ss.), RUPPRECIIT (col. 1750), ERBSE, TOSI (Dizionario, págs. XIV-XV; «La lessicografía...», págs. 190-191).

32 Cf. RUPPRECHT, cols. 1750 ss.

33 Es la tesis que defienden Linnenkugel, recogiendo una hipótesis de Usener, y RUPPRECHT (col. 1750); sobre el uso de proverbios en los epigramas que se atribuyen a Lucilo, véase E. VON PRITTWITZ-GAFFRON, Das Sprichwort im griechischen Epigramm, Giessen, 1912, págs. 43 ss. En cambio, consideran con escepticismo, probablemente con razón, la identificación entre ambos autores BÜHLER (Zenobii Athoi proverbia, I, pág. 36) y TOSI (Dizionario, págs. XIV-XV), entre otros. Mucho más inverosímil resulta la hipótesis que pretende identificar a nuestro Lucilo con el Lucilio amigo de Séneca.

34 La edición de Miller se vio pronto mejorada por las correcciones que hicieron Nauck, Crusius, Cohn, etc. Las tres primeras colecciones, que son las propiamente zenobianas, están siendo editadas, lenta pero magistralmente, por Bühler, desde 1982.

35 Edición y comentario de O. CRUSIUS, Tubinga, 1887-1895 (= Supplementum, III).

36 Cf. BÜHLER, Zenobii Athoi proverbia, I, págs. 33 ss.; SPYRIDONIDOU, pág. 4.

37 Una magistral y pormenorizadísima descripción de los códices que conservan colecciones de proverbios se puede encontrar en BÜHLER, Zenobii Athoi proverbia, I, en quien nos basamos.

38 S. KUGÉAS, «Der cod. Atheniensis 1083 und die Textgeschichte der Paroemiographen», recogido en O. CRUSIUS, Paroemiographica, Múnich, 1910 (= Supplementum, V).

39 Crusius, en O. CRUSIUS-L. COHN, Zur handschriftlichen Überlieferung der Paroemiographen, Gotinga, 1892 (= Supplementum, IV).

40 H. JUNGBLUT, «Über die Sprichwörtersammlungen des Laurentianus 80, 13», Rheinisches Museum 38 (1883), 394-420 (= Supplementum, VI).

41 A esta familia pertenece también el códice Escurialensis Σ-I-20. Cf. CH. GRAUX, «Supplément au Corpus paroemiographorum Graecorum», Revue de Philologie 2 (1878), 219-237; O. CRUSIUS, «Die Sprichwörtersammlung des Escurialensis», Rheinisches Museum 38 (1883), 307.

42 CRUSIUS, Analecta = Supplementum, II, págs. 46 ss.; WARNKROSS, pág. 14; RUPPRECHT, col. 1768.

43 Cf. H. JUNGBLUT, Quaestionum de paroemiographis, págs. 15 ss.; RUPPRECHT, col. 1769; BÜHLER, Zenobii Athoi proverbia, I, págs. 96 ss.

44 Cf. L. COHN, Zu den Paroemiographen, Breslau, 1887 = Supplementum, I, págs. 46 ss., donde se corrigen pasajes a partir de una nueva colación del manuscrito.

45 Zu den Paroemiographen = Supplementum, I, págs. 57-83.

46 Su estudio detallado fue iniciado por F. BRACHMANN, Quaestiones ps-Diogenianeae, Leipzig, 1881 (= Jahrbücher für klassische Philologie 14 [1885], 339-416). Véase el artículo «Diogenianus» de L. COHN para PAULY-WISSOWA, cols. 778 ss.

47 LEUTSCH-SCHNEIDEWIN añadieron once proverbios que documentan otros manuscritos no colacionados por Schott. COHN (Zur handschriftlichen Überlieferung = Supplementum, IV, págs. 228-267) realizó una nueva colación de los códices, corrigiendo errores.

48 Nota BÜHLER (Zenobii Athoi proverbia, I, págs. 214-217) que la colección de la que venimos hablando debe identificarse con los «Proverbia vulgaria Diogeniana, ordine alphabetico latino-graeco (sic)» que contenía un códice perdido en el incendio de la biblioteca de El Escorial en 1671 (Escurialensis Olim Γ-IV-21, núm. 280 de ANDRÉS).

49 Cf. COHN, Zur handschriftlichen Überlieferung = Supplementum, IV, págs. 228 ss.; BÜHLER, Zenobii Athoi proverbia, I, págs. 232 ss.

50 BüHLER (Zenobii Athoi proverbia, I, pág. 244) pone en relación con esta colección un códice escorialense perdido en el incendio de 1671 (Z-IV-14, núm. 352 de ANDRÉS, del XV-XVI), que contenía «Diogeniani paroemiae vulgares, ordine alphabetico, multo copiosiores quam quae editae sunt, licet cum exegesi succintiore».

51 Edita la colección en Néos Hellenomnémon 17 (1923), 157-192.

52 Véase sobre su figura el excelente libro de I. PÉREZ MARTÍN, El patriarca Gregorio de Chipre (ca. 1240-1290) y la transmisión de los textos clásicos en Bizancio, Madrid, 1996.

53 Las colecciones de Leiden y Moscú de Gregorio de Chipre se editan en el corpus de Leutsch-Schneidewin, pero comenta Bühler que cuando en 1984 quiso volver a colacionar el códice leidense, observó con estupor que, de los 491 proverbios que contiene, se habían editado únicamente 242, que fueron los que les envió J. Geel, la persona que leyó para ellos el manuscrito, omitiendo la mitad de los refranes, ignoramos por qué causa. Que un error tan evidente haya permanecido oculto durante siglo y medio es una buena muestra de lo mucho que queda aún por hacer en el campo de la paremiografía griega.

54 Zur handschriftlichen Überlieferung = Supplementum, IV, págs. 254-266.

55 Cf. nota 35.

56 Cf. RUPPRECHT, cols. 1763 ss.

57 Cf. RUPPRECHT, col. 1764. Se muestran escépticos al respecto, entre otros, WILAMOWITZ y BÜHLER (Zenobii Athoi proverbia, I, pág. 61, n. 18).

58 Excelente edición comentada de M. SPYRIDONIDOU-SKARSOULI, Der erste Teil der fünften Athos-Sammlung griechischer Sprichwörter, Berlín-Nueva York, 1995.

59 Es ésta también la hipótesis que consideran más verosímil RUPPRECHT (cols. 1765 ss.) y SPYRIDONIDOU (págs. 22 ss.).

60 París, 1829-1844 (reimpr. Hildesheim, 1962).

61 Cf. BÜHLER, Zenobii Athoi proverbia, I, págs. 275-277. La colección fue editada en el corpus de Gotinga.

62 Fue sacado a la luz por A. L. DI LELLO FINUOLI, Un esemplare autografo di Arsenio e il ‘Florilegio’ di Stobeo, Roma, 1971. Cf. también BÜHLER, Zenobii Athoi proverbia, I, págs. 293 ss.

63 Cf. K. RUPPRECHT, Apostolis, Eudem und Suidas, Lepzig, 1922; M. PETZOLD, Quaestiones paroemiographicae miscelaneae, Leipzig, 1904, págs. 9 ss.

64 Este manuscrito fue dado a conocer también por Lello-Finuoli. Leutsch-Schneidewin usaron ya una copia de este códice, el Vratisl. Rehdigenarus 362.

65 Se conservan tres manuscritos autógrafos: Parisinus 3058, Laurentianus 4, 26 y Mosquensis 10. Waltz se sirvió de los dos últimos y Leutsch-Schneidewin utilizaron también el primero de ellos.

66 La más interesante es la conservada en el manuscrito parisino Coislinianus 177, del siglo XIV, que fue editada por GAISFORD y a la que hemos recurrido con frecuencia en nuestra traducción (abreviada Colec. Coisl). Contiene 1.041 proverbios, de los cuales solamente 184 no están en la Suda, que ha sido la fuente principal pero no la única; cf. B. SCHNECK, Quaestiones paroemiographicae de codice Coisliniano 177 et Eudemi quae feruntur lexicis, tesis, Bratislava, 1892, y BÜHLER, Zenobii Athoi proverbia, I, págs. 277-279. En las págs. 280-290 ofrece Bühler un catálogo, con breve descripción, de manuscritos que contienen colecciones menores, editadas o inéditas.

67 Cf. RUPPRECHT, Apostolis, Eudem und Suidas; R. REITZENSTEIN, Anfang des Lexicons des Photios, Berlín, 1907.

68 Cf. H. ERBSE, Untersuchungen zu den attizistischen Lexica, Berlín, 1950.

69 Cf. A. HOTOP, De Eustathii proverbiis, Leipzig, 1888; E. KURTZ, «Die Sprichwörter bei Eustathios», Philologus (Suppl.-Band) 6 (1891), 307-321 = Supplementum, IV; PH. KOUKOULES, «Los proverbios populares y las frases proverbiales en Eustacio de Tesalónica» (en griego), Epeterìs Hetaireías Byzantinôn Spoudôn 8 (1931), 1-29.

70 Cf. K. LATTE, Hesychii Alexandrini Lexicon, Copenhague, 1953, págs. IX ss.

71 Cf. L. COHN, Untersuchungen über den Quellen den Plato-Scholien, Leipzig, 1884.

72 Cf. C. WENDEL, Überlieferung und Entstehung der Theokritscholien, Berlín, 1920, págs. 142-148. Crusius relaciona los proverbios citados en los escolios a Teócrito con la obra de Lucilo, mientras que Wendel quiere hacerlos remontar al propio Dídimo. En ellos además se conservan extractos de las explicaciones de Asclepíades, autor, como se apuntó más arriba, de un comentario a los poemas de Teócrito.

73 Cf. O. CRUSIUS, «ZU den Aristophanesscholien und den Paroemiographen», Jahrbücher für klassische Philologie 137 (1888), 472 ss.

74 Cf. R. WINTER, De Luciani scholiis, Leipzig, 1918; J. SCHNEIDER, «Les scholies de Lucien et la tradition paroemiographique», en A. BILLAULT-A. BUISSON (eds.), Lucien de Samosate. Actes du Colloque International, Lyon, 1994, págs. 191-204.

75 Este texto fue editado, sin mencionar la fuente y añadiendo pocas y sencillas correcciones, generalmente ortográficas, por VINCENTIUS OBSOPOEUS (Hagenau, 1535). En el texto de Obsopoeus se basa la versión latina de GILBERT COUSIN, recogida en el primer volumen de sus Opera multifarii argumenti (Basilea, 1562).

76 Sobre el uso que hizo Erasmo de estas colecciones anteriores, además del estudio de Bühler, véase F. HEINEMANN, «Zu den Anfängen der humanistischen Paroemiologie», en CH. SCHAEUBLIN (ed.), Catalepton. Festschrift Wyss, Basilea, 1985, págs. 158-182; G. RIGO, «Un recueil de proverbes grecs utilisé par Érasme pour la rédaction des Adagia», Latomus 32 (1973), 177-184. Cf. asimismo S. SEIDEL, Erasmo da Rotterdam. Adagia. Sei saggi politici in forma di proverbi, Turín, 1980.

77 La colección está recogida en Desiderii Erasmi Roterodami opera omnia, editadas por J. LE CLERC, Leiden, 1703-1706 (reimpr. Hildesheim, 1961), y en la edición de las obras completas del sabio holandés publicada por F. HEINIMANN-E. KIENZLE, Amsterdam-Oxford, 1969. Sobre los trabajos paremiográficos de Erasmo es fundamental BÜHLER, Zenobii Athoi proverbia, I, págs. 303-314.

78 Para su influencia en España véase M.a P. CUARTERO, Fuentes clásicas de la literatura paremiológica española del XVI, Zaragoza, 1981.

79 Diogeniano (que leyó probablemente en el códice G, propiedad de su maestro Jorge Hermónimo), Zenobio Parisino (al que Erasmo llama «Zenódoto»), Zenobio Atos (que pudo consultar en el códice L, que le prestó Aldo), Miguel Apostolio, la edición Aldina de 1505.

80 De momento sólo se ha publicado la edición comentada de los cuarenta primeros proverbios de la segunda colección (Gotinga, 1982; los catálogos de Vandenhoeck-Rupprecht anuncian la inminente aparición de un nuevo y voluminoso tomo que incluirá los proverbios 41-108) y una monumental introducción (Gotinga, 1987)

81 Véase la nota 35.

82 Greek proverbs, Göteborg, 1954.

83 Cf. TOSI, Dizionario, págs. IX-X y XXI ss.

EPÍTOME DE ZENOBIO DE LOS PROVERBIOS DE TARREO Y DÍDIMO, ORGANIZADOS POR ORDEN ALFABÉTICO (COLECCIÓN PARISINA)
PRIMERA CENTURIA

1 «Postres de Ábidos». El proverbio se aplica a las cosas desagradables. Lo cita Eudoxo en El ilegítimo [fr. 2 PCG]. Dicen que era costumbre de los de Ábidos1 presentar ante los que participaban en un banquete, después de la cena y las libaciones, a sus hijos acompañados de las nodrizas; y como los niños gritaban y se producía un gran alboroto a causa de las nodrizas, entre los invitados había un gran desagrado. El proverbio se dice también a partir del hecho de que los extranjeros eran falsamente acusados por ellos. De ahí que Aristófanes [fr. 755 PCG] llamara «Abidocomes» al que acusa en falso.

2 «Toque de flauta de Agatón». El blando, ni áspero ni relajado, sino bien temperado y agradabilísimo. Se dice por el flautista Agatón2, que era objeto de burlas en las comedias por su blandura [fr. 39T20b TrGF].

3 «Bienes Ciliconte». Falta «tiene». Ese Ciliconte fue un traidor, milesio de origen, que prosperó traicionando a Mileto.

4 «Vida de Habrón». El proverbio se dice de lo que exige muchos gastos. Porque hubo un tal Habrón que era rico y vivía lujosamente. Pero es posible también que el nombre provenga de la palabra «lujoso» [habrós]3.

5 «Reunión de Cercopes». Se dice de los malvados y de malas costumbres. Pues los Cercopes fueron unos seres embaucadores que querían burlar a Zeus4.

6 «Pozos de Agamenón». A propósito de las grandes obras. Porque cuentan que Agamenón cavó pozos en las cercanías de Áulide y en muchos lugares de Grecia.

7 «Roca sin risa». Se dice de los asuntos que producen dolor. Está en el Ática esa roca, sobre la cual se sentó Deméter cuando buscaba a su hija. Porque Plutón, enamorado de Perséfone, se apoderó a escondidas de ella. Deméter iba y venía buscándola por toda la tierra noche y día con antorchas. Y al enterarse por los de Hermíone de que Plutón se había apoderado de ella, enfadada con los dioses abandonó el cielo, y después de tomar aspecto de mujer llegó a Eleusis. Allí se sentó sobre una roca, que fue llamada por ella «sin risa».

8 «Te has tragado un salvaje» [fr. adespoton 946 PCG]. Como si dijera «un animal salvaje». Pues los que han comido con avidez acostumbran a bostezar5.

9 «Mar de bienes». Se dice de la abundancia de bienes6.

10 «Montón de bienes». Se dice de la mucha felicidad.

11 «Hormiguero de bienes». A propósito de la abundancia de felicidad.

12 «Buena es también la torta de cebada después del pan de trigo». A propósito de quienes dan a alguien lo secundario7.

13 «El sacrificio de Agamenón». A propósito de los que son difíciles de persuadir y tozudos. Porque cuando Agamenón estaba haciendo un sacrificio en Troya, el buey huyó y a duras penas lo capturaron y lo trajeron8.

14 «Buenos son los hombres de muchas lágrimas». A propósito de los que tienden a ser muy compasivos9.

15 «No desprecies a un orador rústico» [fr. adespoton 947 PCG]. El proverbio aconseja que no hay que despreciar ni siquiera a las personas corrientes10.

16 «Zarza seca muy inflexible». A propósito de quien es de carácter duro y arrogante11.

17 «La divinidad no está falta de nada». Proverbio. Porque la divinidad no carece de nada.

18 «El canto de Admeto». El canto de duelo que se canta en relación con Admeto. Este Admeto era un rey de Feras, al que Apolo sirvió a sueldo por el siguiente motivo. Asclepio, el hijo de Apolo, después de haber aprendido medicina de Quirón y recibido de Atenea la sangre que manaba de las venas de la Gorgona, curaba a muchos con ella. Utilizaba, en efecto, la que manaba de las venas de la izquierda para destruir a los hombres, y la de las de la derecha para salvarlos, por lo cual cuenta el mito que incluso había resucitado a algunos que habían muerto. Zeus lo fulminó para que no pareciera entre los hombres que él era un dios. Pero Apolo, encolerizado, mata a los Cíclopes, que habían fabricado el rayo para Zeus. Zeus se dispuso a arrojarlo al Tártaro, pero Leto le suplicó y él le ordenó servir a sueldo durante un año a un hombre. Y Apolo, luego de presentarse en Feras ante Admeto, estuvo a su servicio como pastor e hizo que todas las vacas parieran dos crías. Y como sentía el mayor afecto por él, pidió a las Moiras que, cuando tejieran la muerte para Admeto, éste se librara de ella si algún otro se prestaba a morir en su lugar. Y cuando llegó el día de su muerte, como ni su padre ni su madre querían morir por él, lo hizo Alcestis, su esposa. Desde ese momento se cantaron escolios y cantos de duelo en relación con Admeto, hasta que Core devolvió a la vida a Alcestis. Pero según dicen algunos, fue Heracles quien, tras luchar con Hades, la volvió a llevar ante él.

19 «Cantar con acompañamiento de mirto». Era costumbre que el que no podía cantar 〈con acompañamiento de lira〉 en los banquetes, tras coger una rama de laurel o de mirto, cantara acompañándose con ella12.

20 «El escarabajo asiste en el parto al águila». Proverbio. Porque los escarabajos destruyen los huevos del águila haciéndolos rodar, cuando las águilas †...† a los escarabajos13.

21 «Vida molida y vida amasada». A propósito del que es diligente, dispuesto e infatigable14.

22 «Otra vida, otra forma de vivir». A propósito de los que han cambiado a una vida mejor15.

23 «Llevas sal y duermes». A propósito de quienes en un gran peligro duermen y se dan a la holganza. Porque una vez que un comerciante había llenado su nave de sal y estaba durmiendo, sucedió que subió el agua de la sentina y disolvió la sal; de ahí el proverbio16.

24 «Mostrarse unas veces de una manera, otras de otra, y acomodarse al lugar». Porque conviene que cada uno se adapte a los lugares en los que se halle. Por metáfora del pulpo17.

25 «Sal y un haba». A propósito de quienes fingen saber algo, pero no lo saben. Porque los adivinos acostumbran a depositar sal y un haba delante de los que hacen la consulta; por ello a quienes difundían lo secreto les ponían un haba18.

26 «Cabra celeste». Cratino [fr. 261 PCG] dice que así como Amaltea es cabra de Zeus, así también es cabra celeste la de los que se dejan sobornar. Pero otros suelen llamar así, haciéndolos objeto de sus burlas cómicas, a quienes proporcionan en abundancia medios a alguien para que se haga con dinero, porque también quien tenía el cuerno de Amaltea tenía todo lo que quería19.

27 «La cabra el cuchillo». Proverbio a propósito de quienes hacen algo de manera perjudicial para sí mismos, a partir de la siguiente historia. Los corintios, cuando realizaban un sacrificio anual en honor de Hera (bajo la advocación de «Acrea», instituida por Medea), sacrificaban a la diosa una cabra. Y algunos de los encargados de llevarla escondieron el cuchillo y, cuando pretextaban haber olvidado dónde lo habían dejado, la cabra hizo un agujero con las patas y lo sacó a la luz, de modo que acabó con sus pretextos y fue causante de su propia degollación. De ahí el proverbio20.

28 «Guerra que no hace verter lágrimas». A propósito de quienes dirigen felizmente los asuntos fuera de todo peligro y con mucha facilidad, incluso contra lo que se espera. 〈Porque el oráculo de Dodona predijo a los lacedemonios, que estaban en guerra contra los arcadios, que iba a haber una batalla que no haría verter lágrimas. Trabando combate después de ello, vencieron sin ninguna baja〉21.

29 «Persigues imposibles». A propósito de quien emprende tareas superiores a lo que es capaz de hacer.

30 «Castigo de Adrasto». Por Adrasto. Se aplica a quienes antes han sido felices y después han caído en la desgracia. Pues Eteocles y Polinices, quienes después de la ruina de su padre, Edipo, habían heredado el trono de Tebas, hacen con respecto a él un pacto entre ambos y deciden que uno de los dos gobierne por un año, y alternarse así en el trono cada año. Comenzó entonces Eteocles y, como no quería entregar a su hermano el trono al pasar el tiempo, Polinices fue desterrado. Tras llegar a Argos, se acercó al palacio de Adrasto durante la noche; allí se encuentra casualmente con Tideo, desterrado de Calidón por un crimen que había cometido, y traba combate con él. A causa del tumulto que se produjo, apareció Adrasto y los separó. Y acordándose de un oráculo que le decía que uniera a sus hijas con un jabalí y un león, eligió a ambos como novios de ellas, porque tenían en sus escudos una cabeza (el uno de león y el otro de jabalí). Entonces prometió también a ambos que los restablecería en sus propias patrias. Y en primer lugar marcha contra Tebas, donde cayeron los mejores argivos y sólo escapó con vida Adrasto. Como los tebanos habían arrojado sus cadáveres sin enterrar y no les daban sepultura, los hijos de los muertos, que se habían refugiado en el altar de Eleo, reclamaban la entrega de los cadáveres. Gracias a una intervención militar de los atenienses, son entregados los cadáveres. Entonces Evadne, la esposa de Capaneo, se arrojó a la pira y fue quemada junto con el cadáver de su marido. Con el tiempo, los hijos de los argivos muertos hicieron una expedición contra Tebas, porque querían vengar la muerte de sus padres. Y como el adivino Tiresias había profetizado a los tebanos que la victoria sería para los argivos, se propusieron huir. Entonces envían embajadores a los argivos y ellos mismos, tras abandonar la ciudad de noche, se marcharon expatriados. Entonces los argivos entraron en la ciudad, derribaron sus murallas y reunieron el botín. De ahí que el proverbio pasara a decirse de quienes llevan a cabo malas acciones y no escapan del castigo22.

31 «El saqueo de los bienes de Cínaro». Lo menciona Calímaco en los yambos [fr. 201 Pf.]. Timeo [566 fr. 148 J.] decía que Cínaro era un proxeneta de Selinunte. Como se había hecho riquísimo gracias a su ocupación, anunció en vida que dejaría consagrada a Afrodita su fortuna, pero al morir declaró que entregaba sus bienes al saqueo. 〈Conocido el testamento, la gente saqueó sus chicas y su dinero〉23.

32 «El mando de Esciros». El proverbio se dice de lo que es humilde y no tiene ningún valor, porque Esciros es rocosa y pobre24.

33 «Vestido ardiente». A propósito de quienes atizan el fuego, arruinan e inventan acusaciones falsas. Se dice porque Deyanira envió a Heracles un vestido, por culpa del cual murió quemado. Cuando Heracles venció a los Centauros, uno de ellos, llamado Neso, se escapó y llegó al río Eveno, en el cual se asentó, y cruzaba al otro lado a los que pasaban por allí. Heracles, cuando iba a Traquis junto a Ceix, llegó trayendo con él también a Deyanira. Entonces Heracles pasó el río por sí solo y mandó a Neso que transportara a Deyanira, tras recibir la petición de un salario. Pero él, mientras la cruzaba, intentó forzarla. Como ella gritó, Heracles se dio cuenta y alcanzó con una flecha en el corazón a Neso. Éste, a punto de morir, llamó a Deyanira y le dijo que, si quería tener un filtro para utilizarlo con Heracles, enjugara la sangre que manaba de la herida producida por la punta de la flecha. Y ella lo hizo y lo guardó consigo. Entonces Heracles llegó a Traquis, y desde allí marchó contra Ecalia y tomó la ciudad. Y cuando la saqueó, se llevó a Yole como cautiva de guerra. Como iba a hacer sacrificios de acción de gracias a Zeus, envió un mensajero a Deyanira para pedirle una espléndida vestidura. Al saber Deyanira lo de Yole y temer que amase más a ésta, creyendo que la sangre vertida de Neso era realmente un filtro, untó con ella la túnica. Heracles estaba haciendo el sacrificio vestido con ella, y cuando al calentarse la túnica tocó su piel el veneno de la Hidra, intentó arrancarse la túnica adherida al cuerpo, pero también sus propias carnes se arrancaban con ella. Heracles, dominado por tal desgracia, es llevado a Traquis junto a Deyanira. Ella se ahorcó al enterarse de lo sucedido. Y Heracles, después de ordenar a Hilo (que era el hijo mayor que había tenido con Deyanira) que se casara con Yole, fue al monte Eta, donde amontonó una pira, subió a ella y ordenó que le prendieran fuego. Y como ninguno de los que estaban con él quería hacerlo, Peante, que pasaba por allí buscando sus pequeños rebaños, prendió fuego a la pira. Por eso Heracles le regaló su arco y sus flechas. Se dice que, mientras ardía la pira, una nube situada bajo él lo envió con un trueno hacia el cielo25.

34 «Llorar sangre». Por hipérbole, llorar no lágrimas, sino sangre26.

35 «Al intentar cogerlos, nos han cogido». A propósito de quienes esperan dominar a otros y son capturados por ellos27.

36 «Los favores, desnudos». Bien porque hay que hacer favores sin condiciones y a las claras o porque los desagradecidos están privados de su propio adorno28.

37 «Las grullas de Íbico». A propósito de quienes son castigados inesperadamente por las faltas que han cometido. Pues Íbico [TA7 Davies], cuando unos ladrones lo estaban matando, vio unas grullas sobrevolando el lugar y las tomó por testigos del crimen. Y pasado un tiempo, los ladrones, al ver en un teatro unas grullas revoloteando sobre ellos, se dijeron unos a otros: «Las grullas de Íbico». Después, a consecuencia de ello, los capturaron y fueron castigados.

38 «Charlas con la playa». A propósito de quienes no escuchan. Y un proverbio semejante es «conversas con el viento»29.

39 «Agitar el aire en calma». A propósito de quienes se esfuerzan en vano.

40 «Comenzando por Hestia». Se usa metafóricamente a partir de lo que se hace en los sacrificios, pues era costumbre ofrecer las primicias a Hestia30.

41 «El casco de Hades». A propósito de quienes se ocultan porque maquinan algo. Tal casco era el de Hades, valiéndose del cual Perseo degolló a la Gorgona. La historia es así. Cuando Acrisio consultó el oráculo sobre cómo procrearía hijos varones, el dios le contestó que nacería de su hija un hijo que le mataría. Acrisio, por miedo, después de construir bajo tierra una cámara de bronce, guardó allí a su hija Dánae. Zeus, enamorado de ella y transformado en lluvia de oro, cayó a través del techo hasta su seno. Pero Acrisio, cuando se enteró de que de ella había nacido Perseo, la metió junto con el niño en un arca y la arrojó al mar. Al ir a parar a la isla de Sérifos el arca, Dictis la sacó del agua y crió a Perseo. Polidectes, hermano de Dictis, que era rey de Sérifos, se enamoró de Dánae, y como Perseo se había hecho un hombre y no podía consumar su amor, convocó a sus amigos, y a Perseo entre ellos, diciéndoles que reunieran contribuciones para casarse con Hipodamía, hija de Enómao. Como Perseo dijo que no se opondría ni aunque se tratara de la cabeza de la Gorgona, pidió a los demás caballos, pero no aceptó los caballos de Perseo y le ordenó traer la cabeza de la Gorgona. Y él, con Hermes y Atenea como guías, se presenta ante las hijas de Forco, Enio, Penfredo y Dino. Éstas eran viejas desde su nacimiento y tenían las tres un solo ojo y un solo diente y los compartían por turno unas con otras. Perseo se apoderó de ellos, y cuando se los reclamaron, dijo que se los devolvería si le indicaban el camino que conducía hasta las Ninfas. Esas Ninfas tenían sandalias aladas y la kíbisis, que dicen que era un morral; tenían también el casco de Hades, cuyo poseedor veía a quienes quería, pero no era visto por los demás. Entonces Perseo partió, cogió esos objetos y fue volando hacia las Gorgonas gracias a las sandalias. Las Gorgonas eran tres hermanas: Euríale, Esteno, Medusa. Tenían sus cabezas rodeadas de escamas de serpiente, grandes colmillos como de jabalí y manos y alas con las que se movían. Convertían en piedra a quienes las miraban. La única mortal de las tres era Medusa. Perseo, con el rostro vuelto y dirigiendo su mirada hacia el escudo de bronce mediante el cual veía la imagen de la Gorgona, extendió hacia ella su brazo, guiado por Atenea. Y cuando decapitó a Medusa, sus hermanas persiguieron volando a Perseo. Pero como no podían verlo gracias al casco, volvieron sobre sus pasos. Perseo, al presentarse en Sérifos y encontrar a Polidectes, que había invitado a sus amigos en el palacio, con el rostro vuelto les mostró la cabeza de la Gorgona. Todo el que la miró quedó petrificado. Y tras establecer a Dictis como rey de Sérifos, entrega a Atenea la cabeza de la Gorgona, y a Hermes el casco e igualmente las sandalias y la kíbisis, y él, a su vez, se las devolvió a las Ninfas. Entonces Perseo cogió a su madre y se apresuró a regresar a Argos, para ver a Acrisio. Pero éste, al enterarse de ello y por temor al oráculo, abandonó Argos y fue a Larisa. Como el rey de Larisa había organizado un certamen atlético en honor de su padre muerto, acudió también Perseo, porque quería competir en los juegos. Al competir en el pentatlón, lanzó el disco contra el pie de Acrisio y lo mató, y así se cumplió el oráculo31.

42 «La cabra aún no ha parido, pero el cabrito retoza en casa». A propósito de quienes aún no han sido paridos y de todas formas se habla de ellos32.

43 «Risa de Ayante». A propósito de quienes ríen como dementes. Porque Ayante, cuando enfermó de demencia y enloqueció por el hecho de que los griegos prefirieron honrar a Odiseo entregándole las armas de Aquiles, armado con una espada se abalanzó y mató, como si se tratase de los aqueos, a las reses contra las que se había revuelto, por decisión previa de los dioses. Y se apoderó de los dos carneros más grandes, creyendo que eran Agamenón y Menelao, y los ató y los azotó mientras se reía de ellos, enloquecido. Y luego, cuando recobró la sensatez, se suicidó33.

44 «Hasta la saciedad». Existía un proverbio «ése es estúpido hasta la saciedad», y «aquél ha engañado hasta la saciedad».

45 «Canta las canciones de Telen». El proverbio se aplica a los hombres burlones. Pues Telen fue un flautista y poeta lírico, y dejó bromas muy armoniosas y con muchísima gracia y sutilísimas burlas34.

46 «Lavas a un etíope». A propósito de quienes llevan a cabo en vano una acción irrealizable35.

47 «Sangre de Esopo». A propósito de quienes están atormentados por reproches y males difíciles de lavar. Porque la divinidad se irritó con los de Delfos, que habían dado muerte injustamente a Esopo, y por ello afirman que la Pitia les había respondido que fuera expiada la abominable acción contra Esopo [núm. 58 P-W], Porque Esopo llegó a ser tan amado de los dioses que se cuenta que resucitó como Tindáreo, Heracles y Glauco, 〈según menciona también Aristóteles en La constitución de los delfios [fr. 487 Rose]〉36.

48 «Los de Egion ni los terceros ni los cuartos». A propósito de las personas de escasa valía y nula importancia. 〈Mnáseas de Patras [fr. 50 M.] explica el sentido de este verso diciendo que〉 los de Egion de Acaya, tras derrotar a los etolos, preguntaron a la Pitia quiénes eran más fuertes entre los griegos. Y ella dijo [núm. 1 P-W]: «Vosotros, habitantes de Egion, ni los terceros ni los cuartos». 〈Que esto se les respondió a ellos y no a los megarenses también lo menciona Ión en el Encomio a Escitíades [fr. 4 (743) Page])37.

49 «Eres más estéril que los jardines de Adonis». El proverbio se dice de quienes no pueden engendrar nada noble. Lo menciona Platón en Fedro [276b]. Esos jardines de Adonis nacen, 〈en las fiestas Adonias〉, sembrados en macetas de barro hasta que brota sólo la hierba; y en cuanto muere el dios, se los llevan y los tiran a las fuentes38.

50 «Un afecto inoportuno en nada se distingue de la enemistad». Dicen que Hipólito se lo dijo a Fedra cuando ella afirmaba amarle y quererle muchísimo más que a cualquier otro hombre39.

51 «Cigarra de Acanto». Se dice de quienes no tienen voz y no están dotados por las Musas, porque las cigarras de Acanto no cantan40.

52 «Lo curó Acesias». A propósito de los médicos que hacen empeorar a los pacientes con sus cuidados. Aristófanes [fr. dubium 934 PCG] lo presenta completo en los †tetrámetros† al decir «Acesias le curó el culo». Un tal Acesias fue un médico inepto que le curó mal el pie a uno al que le dolía41.

53 «Acó». A propósito de quienes están locos. Porque Acó fue una mujer célebre por su locura, de la cual cuentan que, cuando se miraba en un espejo, hablaba con su imagen como si fuera otra persona. Por eso se dice que relacionado con ella está también el verbo «andarse con melindres» [akkízesthai]42.

54 «Escucha a quien tiene cuatro orejas». A propósito de quienes no hacen caso. Porque a Entimo de Creta y a Antifemo de Rodas les fue dado un oráculo [núm. 3 P-W], que se cuidaran del de cuatro orejas. Era éste un bandido fenicio, y ellos desoyeron el oráculo y perecieron. O bien a propósito de quien ha visto y ha escuchado muchas cosas, según afirma Aristófanes [de Bizancio, fr. 355 Slater]. Y otros opinan que el proverbio recomienda escuchar a quienes dicen la verdad. Pues nadie está más lejos de la mentira que Apolo, al cual representaron los lacedemonios con cuatro brazos y cuatro orejas, según afirma Sosibio [595 fr. 25 J.], porque así lo vieron quienes combatían en tomo a Amicla43.

55 «Mover lo inamovible». 〈A propósito de quienes se esfuerzan en vano〉. Por hipérbole. Porque no hay que mover ni los altares ni las tumbas o los templos de los héroes44.

56 «Obras de Acesis y de Helicón». A propósito de las cosas que son dignas de admiración. Pues ellos fueron los primeros que realizaron el peplo de Atenea Políade. Acesis era originario de Patares45 y Helicón de Caristo.

57 «Coge el extremo y tendrás el medio». A propósito de lo que es difícil de explicar y de entender. Porque los que habitaron Egina, tras ser expulsados de su patria por la guerra, consultaron al dios, y él les respondió lo dicho [núm. 25 P-W]. Y ellos, interpretando el oráculo, ocuparon una altura y la habitaron en el medio. Y por esa causa, cuando queremos aludir veladamente a algo difícil de entender, nos servimos de lo dicho anteriormente46.

58 «Cebar a una amoladera». A propósito de quienes toman mucho alimento, pero su cuerpo no engorda nada47.

59 «Relatos sin cabeza». A propósito de quienes hacen relatos incompletos. Platón: «Si dejara voluntariamente un relato sin cabeza» [Leyes VI 752a].

60 «Menos fructífero que un agripo». Se dice de quienes son muy pobres. Porque los laconios llaman al olivo salvaje «agripo», 〈que es de hojas menudas y crece más que la ruda〉48.

61 «Tocar con la punta del dedo». A propósito de quienes no se han ejercitado en algo con esmero. Como «ni siquiera, según dice el proverbio, habiéndolo tocado con la punta del dedo» [Luciano, Demonacte 4]49.

62 «No violar la sal y la mesa». Porque hay que tratar como amigos a quienes han compartido tales cosas50.

63 «No sabe a sal». Se dice irónicamente de lo salado y desagradable al gusto.

64 «Pero quiero agasajarte como a un héroe con escudo». Se dice de quienes hacen el bien a sus amigos valiéndose de sus propias obras o de sus habilidades, porque los héroes, que antiguamente llevaban armas, eran agasajados como huéspedes [fr. adespoton 948 PCG].

65 «Unos trabajan, otros se aprovechan». A propósito de quienes consiguen lo ajeno sin esperarlo51.

66 «Pero no tienes que deliberar nada junto al altar». Pues no hay que meditar en el momento mismo de los hechos, sino antes de los hechos; porque también los que ofrecen las víctimas meditan antes de ofrecer un sacrificio favorable [fr. adespoton 949 PCG].

67 «Pero no otra vez la zorra». Falta «se deja coger en la trampa». Porque cuando ha escapado una vez de la trampa, no caerá en ella una segunda vez. Se dice el proverbio de quienes han escapado de un acusador malvado y falso52.

68 «Censurar el buche de los gallos». A propósito de quienes llevan una vida derrochadora y lujosa.

69 «Un grito emite la lechuza, otro la corneja». A propósito de quienes disputan con los más poderosos, o bien de quienes no se ponen de acuerdo unos con otros.

70 «Zorrear con otra zorra». A propósito de quienes pretenden engañar a los que son iguales a ellos53.

71 «La zorra no se deja sobornar». A propósito de quienes no se dejan someter fácilmente con regalos.

72 «Cantas inútilmente». A propósito de quienes se esfuerzan en vano.

73 «Unos tienen lengua, otros muelas». Porque unos son locuaces y otros comilones.

74 «Unas cosas dice Leucón y otras lleva el burro de Leucón». Se dice de quienes pronuncian palabras que están en desacuerdo con los hechos. Porque Leucón era un campesino que metió odres de miel en cestillos para llevarlos a Atenas. Había metido cebada en los cestillos, para que se le hiciera pagar por la cebada un impuesto pequeño, y así los llevaba. Pero el burro se cayó y los aduaneros que querían ayudarle se dieron cuenta de que era miel y se la llevaron porque no había pagado los impuestos54.

75 «Achicamos una, pero otra entra a raudales». A propósito de quienes se esfuerzan y no consiguen nada. Porque cuando, al hacer agua la nave, achican el agua de la sentina y entra más a raudales, parece que los marineros se esfuerzan en vano [fr. adespoton 89 TrGF].

76 «Tocar en suerte mejores augurios». A propósito de quienes pasan de males a bienes.

77 «A la vez palabra y obra». A propósito de quienes llevan a cabo algo rápida y velozmente55.

78 «Rincón del Despreocupado». A propósito de quienes están sentados con indolencia y pereza. Y hay precisamente un lugar en Libia llamado «Rincón del Despreocupado».

79 «Menos dotado por las Musas que los de Libetra». A propósito de quienes no están dotados por las Musas y carecen de educación. Porque los libetrios son un pueblo de Pieria, 〈mencionado por Aristóteles en La constitución de Metone [fr. 552 Rose]〉, que no tiene conocimiento ni del canto en modo alguno ni de la poesía. Y se dice que son los menos dotados por las Musas porque entre ellos tuvo lugar la muerte de Orfeo56.

80 «Medir arena». A propósito de lo que es imposible e inalcanzable57.

81 «En cuanto se apiadan de uno, muere la gratitud». A propósito de quienes reciben un beneficio y al instante olvidan el favor58.

82 «Nosotros en otro tiempo éramos». El proverbio es laconio. 〈Lo menciona Sosibio en su Sobre las costumbres [595 fr. 8 J.] y afirma que〉 los ancianos de Lacedemonia, cuando bailaban, decían eso: «Nosotros en otro tiempo éramos» [fr. 870 PMG]59.

83 «Pedían cubos pero rechazaban tinas». A propósito de quienes piden una cosa y se niegan a tener otra60.

84 «Si no se dispone de carne, hay que contentarse con las salazones». Recomienda que hay que contentarse con aquello de lo que uno dispone61.

85 «Contra la Necesidad ni siquiera los dioses luchan»62.

86 «Un hombre que huye no aguarda al toque de la lira». A propósito de quienes hacen cada uno de sus deberes con rapidez y resolución [Aristófanes, fr. 221 PCG]63.

87 «El lidio no tenía problemas, pero él mismo fue y los compró». A propósito de quienes se atraen males a sí mismos. Porque Creso se atrajo como enemigo a Ciro64.

88 «En lugar de una perca, un escorpión». A propósito de quienes escogen lo peor en lugar de lo mejor65.

89 «Están abiertas las puertas de las Musas». A propósito de quienes adquieren con presteza lo más noble de la educación.

90 «Del hombre que es desgraciado se alejan los amigos». A propósito de quienes no encuentran ayuda alguna en sus desgracias, porque sus amigos huyen de ellos66.

91 «Un hombre es dios de otro hombre». A propósito de quienes son salvados inesperadamente por un hombre, o también de quienes son felices gracias a alguien67.

92 «Si pide vino, dale un puñetazo». A propósito de quienes piden cosas buenas, pero las reciben malas. La historia viene del Cíclope, porque pidió vino a Odiseo y perdió los ojos. En efecto, el Cíclope retenía a Odiseo en su cueva y había empezado a devorar a sus compañeros. Tomó vino de él, se lo bebió y le concedió la gracia de devorarle a él el último. Pero cuando se embriagó después de beber y estaba dormitando, él lo dejó ciego.

93 «Si no basta la piel de león, añade la de la zorra». Si no puedes hacer daño abiertamente, emplea la astucia. Si no se obtiene por la fuerza lo que uno se propone, conclúyase lo que falta con maquinaciones y maña. El proverbio se aplica a aquellos a quienes conviene utilizar la sabiduría más que la fuerza, como dice el poeta: «o con engaño o por la fuerza» [Odisea I 406, etc.] o «a la vista de todos o a escondidas» [Odisea XIV 330, etc.]68.

94 «Mostrar la piedad filial de la cigüeña». A propósito de quienes devuelven los favores. Pues dicen que las cigüeñas alimentan a sus progenitores cuando se han hecho viejos, y, si no pueden volar, los llevan sobre sus espaldas69.

95 «Subiendo al tejado con los pies sin lavar». A propósito de quienes se aplican a empresas y tareas con ignorancia de ellas70.

96 «El cráneo de un hombre anciano es una uva pasa». A propósito de quien no es útil para nada. Porque todo el cuerpo de los ancianos es débil.

97 «No mirar nunca al culo de un hombre viejo». A propósito de lo que no es útil para algunas cosas71.

98 «Achicar con las dos». Falta «manos». A propósito de quienes hacen algo con celo. Semejante a «agita todas las drizas» [Zen. Par. V 62].

99 «Cultivas vientos». A propósito de quienes se esfuerzan y no consiguen nada. Porque el viento hace nacer y crecer todo y no obtiene nada o bien se lleva sólo las granzas72.

100 «Pides un cerdo a cambio de un mal perro». A propósito de quienes piden cosas buenas a cambio de malas.


1 Colonia de Mileto, en la costa asiática del Helesponto. Véase sobre el proverbio CRUSIUS, Analecta = Supplementum, II, pág. 58.

2 HESIQUIO y Suda relacionan el proverbio con el poeta trágico Agatón, la «blandura» de cuya música es comentada a menudo por las fuentes antiguas (cf. ARISTÓFANES, fr. 178 PCG, que pudo ser el origen del proverbio); es posible, entonces, que en la tradición paremiográfíca se haya añadido erróneamente «el flautista» a partir del lema. Cf. [Zen.] Atos V 3, con el comentario de SPYRIDONIDOU.

3 Cf. [Zen.] Atos V 1. Habrón es obviamente un nombre parlante; algunas fuentes añaden que era de Argos.

4 Cf. [Zen.] Atos V 2. Diversas fuentes (DIÓGENES LAERCIO, IX 114; HESIQUIO; FOCIO; EUSTACIO, Ad Odysseam 1470, 37, etc.) interpretan la palabra agorá no en el sentido abstracto de «reunión», sino en el concreto de «lugar de reunión, mercado», y se refieren a un lugar en Atenas llamado «mercado de los Cercopes», en el que se comerciaba especialmente con artículos robados. Sobre los Cercopes, cf. Zen. Par. IV 50 y Zen. Atos II 85.

5 El proverbio se dice, pues, de quienes bostezan.

6 Para este proverbio y los dos siguientes, cf. [Zen.] Atos V 6.

7 Cf. [Zen.] Atos V 5, con el comentario de SPYRIDONIDOU. El sentido es el mismo de «a falta de pan, buenas son tortas».

8 Cf. Zen. Par. V 50. Véase DEMÓN, 327 fr. 9 J.

9 Cf. [Zen.] Atos V 7.

10 Cf. TOSI, Dizionario, núm. 47.

11 Cf. [Zen.] Atos V 10.

12 Cf. ARISTÓFANES, Nubes 1364 (véase R. TOSI, Studi sulla tradizione indiretta dei classici greci, Bolonia, 1988, pág. 81, n. 33), y también Avispas 959, donde una expresión semejante se emplea en el sentido de «no se le pueden pedir peras al olmo». Los escolios a Nubes atribuyen la explicación a DICEARCO (fr. 89 WEHRLI).

13 La explicación hace referencia a la fábula esópica 3 PERRY, en la que el escarabajo toma venganza del águila, de manera que «la fábula enseña a no despreciar a nadie, en la idea de que nadie es tan débil que no pueda vengarse cuando recibe una ofensa». En ese sentido emplea el proverbio ARISTÓFANES, Lisístrata 695.

14 O de los que llevan una vida refinada y agradable (Colec. Coisl. 9, Colec. Bodl. 259; EUSTACIO, Ad Odysseam 1859, 47). Cf. Zen. Par. II 40 y III 98, y [Zen.] Atos V 91.

15 El proverbio se refiere también al hecho de que nuevos tiempos exigen cambios en los hábitos de vida (cf. TOSI, Dizionario, núm. 561).

16 Cf. [Zen.] Atos V 52, así como Zen. Par. II 20.

17 Cf. [Zen.] Atos V 50. Para otros numerosos pasajes de la literatura antigua en los que reaparece la imagen del pulpo como paradigma de adaptabilidad, cf. SPYRIDONIDOU, ad loc., y TOSI, Dizionario, núm. 560.

18 Cf. Zen. Atos I 25. Véase RUPPRECHT, col. 1733, y P. AMANDRY, La mantique Apollinienne à Delphes. Essai sur le fonctionnement de l’oracle, París, 1950, págs. 32-33. PLUTARCO (Charlas de sobremesa V 10) entiende el proverbio en sentido semejante a nuestro «contigo pan y cebolla», pues apuntaría a dos amigos tan íntimos que con tal de estar juntos se contentarían con una comida a base de sal y habas (cf. FERNÁNDEZ DELGADO, «Los proverbios en los Moralia de Plutarco», pág. 197).

19 El proverbio parece haberse usado en un doble sentido: a) a propósito de quienes obtienen lo que desean ([Zen.] Atos V 27, Suda, HESIQUIO), porque los griegos llamaban «cabras» a unas estrellas de la constelación del Auriga, que relacionaban con el catasterismo de la cabra nodriza de Zeus y de su «cuerno de la abundancia», de manera que quienes las contemplaban veían cumplido su deseo (véase al respecto el comentario de SPYRIDONIDOU); b) en sentido negativo, a propósito de quienes obtienen riquezas aprovechándose del auténtico «cuerno de Amaltea» que son los cargos públicos que ocupan (cf. Zen. Par. II 48, y especialmente FOCIO, Suda y EUSTACIO, Ad Iliadem 917, 46, que menciona en concreto a los jueces).

20 Cf. Zen. Atos II 30, con el exhaustivo comentario de BÜHLER, para quien se trata de un proverbio de origen oriental, como muestra una narración y proverbio hindú muy similar. En nuestra tradición paremiográfica, CORREAS, CEJADOR Y FRAUCA y MARTÍNEZ KLEISER (núm. 15.021 y ss.) recogen proverbios como «la gallina escarbando halla el cuchillo con que la matan» o «escarba la gallina por su mal y saca el cuchillo con el que la han de degollar». Cf. también S. IMELLOS, «The goat and the knife. Comments on an ancient Corinthian proverb», IIIrd Intern. Congress of Peloponnesian Studies, Atenas, 1987-88, II, págs. 390-400; y G. DOBESCH, «Studien zu Sprichwörtern», Wiener Studien 75 (1962), págs. 83-89.

21 El texto adicional procede de [PLUTARCO] 49 (de Zen. Atos III 77 sólo se conserva el lema).

22 El relato viene a coincidir con APOLODORO, III 6, 7; cf. sobre el particular G. DOBESCH, «Die Interpolationen aus Apollodors Bibliotheke in der Sprichwörtersammlung des Pseudo-Zenobios», Wiener Studien 78 (1965), 58-82. Las fuentes ofrecen también la interpretación del adjetivo adrásteios no en relación con el nombre de Adrasto, sino en su sentido de «inevitable» (cf. sobre todo EUSTACIO, Ad Iliadem 355, 28, así como [Zen.] Atos V 72).

23 El texto adicional procede de Zen. Atos II 77. El nombre del protagonista del proverbio se ha transmitido con diferentes formas. Cf. Zen. Atos III 112, con el comentario de Jameson et alii sobre la relación entre ambos proverbios.

24 Cf. [Zen.] Atos V 85, cuya explicación coincide con la que transmite EUSTACIO (Ad Iliadem 782, 52), relacionando el proverbio con la muerte de Teseo en la isla de Esciros, situada al este de Eubea. El rey de Esciros, Licomedes, arrojó a Teseo por un barranco; las fuentes discrepan acerca de los motivos que lo impulsaron a hacerlo, aunque suelen aludir a los intentos del héroe por arrebatarle su mujer y su reino.

25 La narración viene a coincidir con APOLODORO, II 7, 6 y 7. Usó el proverbio CRATINO, fr. 95 PCG.

26 Cf. [Zen.] Atos V 29. Véase ESQUILO, Agamenón 1428, Coéforas 1058.

27 Cf. [Zen.] Atos V 30. Cf. TOSI, Dizionario, núm. 270.

28 Cf. [Zen.] Atos V 31. En el caso de la primera explicación debemos entender khárites en el sentido de «favores», y en el caso de la segunda probablemente en el sentido de «gracias». Véase el comentario de SPYRIDONIDOU al proverbio.

29 Cf. [Zen.] Atos V 35.

30 Usa el proverbio ARISTÓFANES en Avispas 845-846. Los escolios a este pasaje coinciden con los escolios a PLATÓN (Eutifrón 326) y con MACARIO en que el proverbio se dice «de quienes se hacen poderosos y cometen injusticias a sus allegados los primeros».

31 El relato coincide con APOLODORO, II 4.

32 Cf. [Zen.] Atos V 32. En la tradición paremiográfica española, «aún no es parida la cabra y ya el cabrito mama».

33 Cf. Zen. Atos I 60 (que ofrece una explicación diferente para el origen del proverbio), y [Zen.] Atos V 33. El proverbio pudo tener su origen en SÓFOCLES, Ayante 303.

34 Telen es un poeta de comienzos del siglo IV a. C., del que casi nada sabemos. En Zen. Par. II 15 reencontramos este proverbio, pero en la explicación se nos dice que Telen fue «autor de confusa poesía lírica»; tal discrepancia de opiniones sobre la valía de Telen (si es que se trata del mismo personaje) se documenta en otras fuentes, que oscilan entre el elogio (LEÓNIDAS DE TARENTO, en Antología Palatina VII 719) y la crítica muy desfavorable (PLUTARCO, Máximas de reyes y generales 193f, quien lo define como «malísimo flautista»). Cf. O. CRUSIUS, Paroemiographica = Supplementum, V, págs. 85 ss.

35 Cf. [Zen.] Atos V 16. Recuérdese la fábula esópica 393 PERRY; sobre la relación entre nuestro proverbio y esa fábula, cf. H. VAN THIEL., «Sprichwörter in Fabeln», Antike und Abendland 17 (1971), 108-109; véase también F. SNOWDEN, Blacks in Antiquity, Cambridge, 1970, pág. 12, y TOSI, Dizionario, núm. 443.

36 El texto adicional procede de Zen. Atos II 107. Cf. [Zen.] Atos IV 37, y V 37. Esta tradición sobre la muerte de Esopo se encuentra ya en HERÓDOTO, II 134, 4.

37 El texto adicional procede de Zen. Atos II 35. Cf. también [Zen.] Atos V 38. Muchos más detalles contienen las explicaciones de Suda y FOCIO, que transmiten el largo oráculo de siete versos. Sobre el oráculo y las circunstancias históricas de las que nació el proverbio, véanse el pormenorizado comentario de BÜHLER, y el excelente trabajo de E. SUÁREZ, «Observaciones sobre el oráculo délfico núm. 1 P-W», en J. A. LÓPEZ FÉREZ (ed.), De Homero a Libanio, Madrid, 1995, págs. 9-24.

38 La adición procede de la Colec. Bodl. 30. Cf. también [Zen.] Atos V 12. Véase M. DETIENNE, Los jardines de Adonis. La mitología griega de los aromas, Madrid, 1983.

39 El pasaje no se encuentra en Hipólito de Eurípides. La expresión proverbial es citada por los escolios al v. 597 de esta tragedia, y quizá de ahí derive la errónea atribución de la tradición paremiográfica (cf. TOSI, Dizionario, núm. 1279).

40 Cf. [Zen.] Atos V 39. «De Acanto» es una corrección que, a partir de otras fuentes, admiten los editores en lugar de la lección original de nuestra colección, «cigarra de los espinos». ESTEBAN DE BIZANCIO cita cuatro ciudades con el nombre de Acanto, en el Quersoneso Cnidio, en Egipto, en Epiro y en la Calcídica, y afirma que el proverbio fue usado por SIMÓNIDES (fr. 105 PMG); cf. L. GIL, Nombres de insectos en griego antiguo, Madrid, 1959, pág. 171. En el mundo griego, el canto de la cigarra simboliza con frecuencia el placer por la música y en general por la palabra (cf. sobre todo PLATÓN, Fedro 259b); véase el comentario de SPYRIDONIDOU, y también, sobre la cigarra en los proverbios griegos, C. KÖHLER, Das Tierleben im Sprichwort der Griechischen und Römer, Leipzig, 1889 (reimpr. Hildesheim, 1967), págs. 65 ss.

41 La expresión «en los tetrámetros» resulta muy sospechosa, entre otras cosas porque el fragmento que se cita no forma parte de un tetrámetro. DOBREE propuso, con notable éxito entre los críticos, leer «en el libro cuarto de los proverbios que no están en verso», de manera que la cita se referiría no al poeta cómico, sino al gramático ARISTÓFANES DE BIZANCIO (cf. fr. 426 SLATER). No obstante, la duda permanece, porque «Acesias le curó el culo» tiene todo el aspecto de ser la típica distorsión cómica de un «Acesias le curó el pie» (véase R. TOSI, Studi sulla tradizione indiretta dei classici greci, Bolonia, 1988, págs. 206-207).

42 En Suda se relaciona igualmente con Acó el proverbio «golpeas un clavo con una esponja» ([Zen.] Atos V 18); en los escolios a PLATÓN, Gorgias 497a, se lee: «Afirman que ‘hacer melindres’ se dice por Acó, una mujer tan simple que se vestía con un manto que había cogido del telar a medio hacer, y que mirando en el espejo su propia imagen reflejada conversaba con la mujer como si fuese otra. La menciona Hermipo en La descendencia de Atenea [fr. 6 PCG] y Anfis en la pieza que lleva su nombre». Sobre este personaje, véase J. WINKLER, «Akkó», Class. Philology 87 (1982), 137-138.

43 En Zen. Atos II 38 sólo consta la última explicación. Sobre Entimo y Antifemo, nos dice TUCÍDIDES (VI 4, 3) que fueron los fundadores de la ciudad siciliana de Gela, en 688 a. C. (cf. también DIODORO, VIII 23, 1, que se refiere al oráculo, pero no a la muerte de los consultantes). Sobre el proverbio y sus diferentes explicaciones véase el comentario de BÜHLER, así como J. FONTENROSE, The Delphic oracle, Berkeley-Los Ángeles-Londres, 1978, págs. 141-142, y E. SUÁREZ, «Gli oracoli relativi alla colonizzazione della Sicilia e della Magna Grecia», Quad. Urbinati di Cultura Class. 48 (1994), 33-35.

44 El texto adicional procede de la Colec. Coisl. 5.

45 Ciudad de Licia; Caristo lo es de la isla de Eubea.

46 Cf. [Zen.] Atos V 40. En la Colec. Bodl. 207, donde se remite a la autoridad del historiador ANAXÁNDRIDES [404 fr. 1 J], los protagonistas no son los eginetas, sino los habitantes de Pelene, en la costa norte del Peloponeso (sobre la ubicación de esta ciudad, que coincide con la descripción del proverbio, cf. PAUSANIAS, VII 27, 1). La explicación del sentido del proverbio que ofrecen nuestras colecciones es extraña y parece deducida de la historia a partir de la cual se originó (véase el comentario de SPYRIDONIDOU, con bibliografía); los autores bizantinos lo utilizan en el sentido de ‘coge el extremo y tendrás también el medio’ y, en definitiva, ‘lo tendrás todo’.

47 Cf. [Zen.] Atos V 42.

48 El texto adicional procede de la Colec. Bodl. 193. Cf. [Zen.] Atos V 44. Ésta y otras colecciones recogen un segundo uso del proverbio, que se documenta en la literatura bizantina, a partir de la paulina Epístola a los romanos 11.17 ss. : a propósito de quien o de lo que es inútil y no da fruto.

49 Dicho de quien presumía conocer a fondo la filosofía. Cf. TOSI, Dizionario, núm. 156.

50 Cf. el fragmento 173 WEST de ARQUÍLOCO.

51 Testimonios y paralelos en TOSI, Dizionario, núm. 264.

52 Cf. [Zen.] Atos V 45. El proverbio tiene evidentemente un uso más amplio que el que indica la explicación, y se refiere en general a la experiencia que aporta el haber sufrido algún mal; cf. TOSI, Dizionario, núm. 397, así como el comentario de SPYRIDONIDOU.

53 Cf. [Zen.] Atos V 53, con proverbios paralelos. Véase TOSI, Dizionario, núm. 272.

54 Cf. [Zen.] Atos V 54. Ya BOECKH relacionaba nuestro proverbio con una comedia del poeta LEUCÓN, contemporáneo de Aristófanes, titulada El burro que lleva los odres. Quizá haya que buscar en ella el origen del proverbio, suponiendo que el nombre del autor haya sustituido erróneamente al nombre del personaje (cf. al respecto el comentario de SPYRIDONIDOU).

55 Cf. [Zen.] Atos V 58. El proverbio se documenta ya en Ilíada XIX 242 (véase TOSI, Dizionario, núm. 930, que cita otros testimonios).

56 El texto adicional procede de Zen. Atos III 1. Cf. [Zen.] Atos V 39. Sobre la ciudad de Libetra, en las estribaciones del Olimpo, y su relación con Orfeo, véase PAUSANIAS, IX 30, 9-11. Usa el proverbio el poeta de la Comedia Antigua TUGÉNIDES, fr. 5 PCG.

57 Cf. [Zen.] Atos V 17. La arena como paradigma de lo incontable es frecuente en la literatura griega desde la Ilíada (II 800). Cf. A. S. GOW, «Métra thalássēs». Class. Review (1931), 10-12 y 172-173; A. Y. CAMPBELL, «Herodotus I 47 and Theocritus XVI.60», Class. Review (1931), 117-118.

58 Es el fr. 702 PCG de MENANDRO (= Sentencias 42-43). Cf. [Zen.] Atos V 60.

59 El proverbio está en dorio. El título de la obra de Sosibio era probablemente Sobre las costumbres de los lacedemonios. El texto adicional procede de Zen. Atos II 92.

60 Cf. [Zen.] Atos V 61. El proverbio puede interpretarse en el sentido de que no es lógico pedir una cosa y rechazar algo equivalente (TOSI, Dizionario, núm. 44), o bien puede entenderse «los unos pedían (o ‘yo pedía’) palas y los otros respondían que no tenían azadones», y se diría de quienes son preguntados sobre algo y responden una cosa que nada tiene que ver con lo que se les pregunta (SPYRIDONIDOU, ad loc.). Usa el proverbio PLUTARCO, en Sobre la locuacidad 512e.

61 Cf. [Zen.] Atos V 5. Véase TOSI, Dizionario, núm. 552.

62 En Zen. Par. se ha perdido la explicación. Cf. [Zen.] Atos V 62. El proverbio remonta a SIMÓNIDES, fr. 542.29 PMG, y es citado frecuentemente por los autores antiguos, con o sin mención de su autor (cf. TOSI, Dizionario, núm. 502; SPYRIDONIDOU, ad loc).

63 Cf. [Zen.] Atos V 63, cuya explicación parece sacada del lema.

64 Véase HERÓDOTO, I 75 ss., sobre todo I 87, 3. Cf. [Zen.] Atos V 34.

65 Cf. Zen. Par. II 14, para el pez llamado «escorpión».

66 Este pensamiento reaparece en las Sentencias de MENANDRO (34; también en la Comparación de Menandro y Filistión I 166). NAUCK, basándose en los escolios a Elio Aristides, lo edita entre los fragmentos de Sófocles, con el núm. 667, pero es más probable que pertenezca a Eurípides, como apunta RADT en su edición de los fragmentos de Sófocles (cf. también TOSI, Dizionario, núm. 1308).

67 Cf. TOSI, Dizionario, núm. 1299.

68 Cf. PLUTARCO, Máximas de reyes y generales 190e.

69 Cf. ARISTÓTELES, Historia de los animales IX 13, 615b; ELIANO, Naturaleza de los animales III 23, VIII 20. Véase también ARISTÓFANES, Aves 1355 ss., con el comentario de M. MENU, «Le motif de l’âge dans les tours proverbiaux de la Comédie grecque», en A. LÓPEZ EIRE (ed.), Sociedad, política y literatura. Comedia griega antigua, Salamanca, 1997, pág. 149.

70 Cf. TOSI, Dizionario, núm. 1542, a propósito de la expresión homérica «con las manos sin lavar», que Suda relaciona con nuestro proverbio.

71 Una variante cómica de este proverbio, consistente en la sustitución de «viejo» por «perro», aprecia M. MENU («Le motif de l’âge...», pág. 145) en ARISTÓFANES, La asamblea de las mujeres 255.

72 La última expresión es eco de Ilíada V 499. Cf. TOSI, Dizionario, núm. 442.


SEGUNDA CENTURIA

1 «El tesoro ha resultado ser carbón». A propósito de quienes sufren desengaños en sus esperanzas. Lo menciona Luciano: «Como dice el dicho, el tesoro nos ha resultado ser carbón» [El aficionado a las mentiras 32]. Y en otro lugar: «Has mostrado que mi tesoro era carbón» [Hermótimo 71]73.

2 «Merecedor de todo». A propósito de quienes merecen muchos honores.

3 «Eres merecedor del escudo de Argos». A propósito de los que son modestos y bien nacidos. Porque los niños de Argos que son puros y no soberbios, marchan 〈a la cabeza de〉 una procesión llevando sus escudos 〈de oro〉, conforme a un antiguo y tradicional privilegio74.

4 «No valen un pelo». A propósito de las personas de poco valor y que no merecen nada. Porque el pelo no vale nada75.

5 «De entre burros de pesadas patas se lanzó impetuosamente un caballo». A propósito de quienes saltan de lo que tiene poco valor a lo más importante76.

6 «Tonel insaciable». A propósito de quienes comen mucho y son glotones. Se dice metafóricamente a partir del mito relacionado con las Danaides y del tonel en el que echan agua, que extraen por medio de una cuerda. Se dice, en efecto, que ese tonel está en el Hades y nunca se llena, y sufren tormento con él las almas de los no iniciados. También las muchachas que llaman Danaides llenan vasos rotos y en ellos llevan agua al tonel que está agujereado, 〈y está escrito en el tonel «de los no iniciados». Y las muchachas son llamadas «desfondadas», es decir, sin fuerzas, a partir de la expresión «sin fondo»〉. El proverbio puede también decirse del propio Hades, porque, por muchos que mueran continuamente, nunca se llena. La causa por la que las Danaides fueron condenadas a este suplicio es la siguiente: Egipto y Dánao eran hermanos y reinaban sobre la tierra de los Melámpodes, la cual ahora se llama Egipto. Dánao tuvo cincuenta hijas y Egipto cincuenta hijos. Dánao, por temor a que los hijos de Egipto se sublevaran por conseguir el poder, cogió a sus hijas, llegó a Argos y allí se estableció. Después los hijos de Egipto llegaron junto a Dánao, le rogaron que desistiese de su enemistad y le pidieron en matrimonio a sus hijas. Y él, con la idea de vengarse por haber tenido que huir, consintió en los matrimonios y sorteó a las muchachas. Y cuando asignó por suerte las bodas de cada una, celebró un banquete y dio puñales a sus hijas. Ellas mataron a sus esposos mientras dormían, excepto Hipermestra, que salvó a Linceo, porque la había mantenido virgen. Así pues, se dice que por este motivo las Danaides, excepto Hipermestra, fueron condenadas en el Hades a echar agua en un tonel agujereado77.

7 «Desde la salida». Por ejemplo: hay que ser bueno desde el principio, buen artesano o, en general, bueno en toda cosa78.

8 «El lanzamiento de un rayo respondió a la mayor locura». A propósito de quienes sufren su merecido por lo que han hecho.

9 «Todo es fácil para los sabios». A propósito de quienes a causa de su inteligencia superan incluso las dificultades.

10 «Un ático a un puerto». El proverbio se dice de quienes exhiben su hombría †en los puertos†. Porque los marineros áticos, cuando se aproximaban a la costa para desembarcar en su patria, remaban con mayor ánimo para exhibirse ante los suyos79.

11 «A cambio de sus buenos servicios los aqueos encadenaron a Agamenón». Este proverbio se dice contra los desagradecidos. Y dicen que lo ha creado Mesón de Mégara80.

12 «Esclavo comprado con sal». Igual que «bárbaro y de poco valor». Pues los comerciantes, cuando subían tierra adentro, llevaban sal, y a cambio de ella conseguían a sus servidores, por lo cual también el cómico [Menandro, fr. 891 PCG] dice: «Eres un noble tracio comprado a cambio de sal»81.

13 «Las promesas de Cares». A propósito de quienes hacen fácilmente muchas promesas. Cares fue, en efecto, un estratego ateniense82 que hacía promesas con mucha resolución.

14 «Pescador herido se hará sensato». Este proverbio dice algo semejante a «el necio entiende una cosa cuando ya se ha hecho». Porque cuentan que un pescador cogía con las manos los peces capturados en la red y, herido por un escorpión, dijo: «herido me haré sensato», y ya no tocaba con las manos los peces recién pescados. Lo menciona Sófocles 〈en Anfiarao〉 [fr. 115 TrGF]83.

15 «Canta las canciones de Telen». Ese Telen fue un flautista y autor de confusas canciones. Dicearco de Mesenia [fr. 103 Wehrli] hace mención de él84.

16 «Has arruinado el vino al echarle agua». En el drama satírico Cíclope [Aristias, fr. 4 TrGF] Polifemo dice esas palabras a Odiseo, de donde se convirtió en proverbio85.

17 «Más verdadero que lo de Sagra». Lo mencionan Menandro [fr. 32 PCG], Sofrón [fr. 174 Olivieri] y Alexis [fr. 306 PCG]. Dicen que los locrios epicefirios sostuvieron una guerra contra los de Crotona y enviaron una legación a Lacedemonia para pedir una alianza. Les respondieron que no les iban a dar tropas, pero les iban a enviar a los Dioscuros. Y cuando regresaron los locrios, tuvo lugar una batalla y vencieron a los crotoniatas con la colaboración de los Dioscuros. Y un rumor llevó espontáneamente la noticia de la victoria a Lacedemonia, sin que llegara ningún mensajero. Después de ello, vinieron unos y anunciaron el mismo día que habían tenido lugar la batalla y la victoria. Entonces, como lo anunciado por los rumores resultó ser verdadero, se dice el proverbio de lo que es muy verdadero. Sagra es el lugar en el que los locrios ganaron la batalla86.

18 «Cabra de Esciros». Dice Crisipo [fr. 3 Von Arnim] que el proverbio se aplica a quienes destruyen lo que es beneficioso, porque muchas veces la cabra destroza los cacharros. Pero otros afirman que se dice de lo que reporta utilidad, porque las cabras de Esciros dan mucha leche87. Lo citan Píndaro [fr. 106 Sn-M] y Alceo [fr. 435 V.].

19 «Por propia iniciativa van los buenos a los banquetes de los buenos». Así Heráclito se sirvió del proverbio, cuando Heracles acudió a la casa de Ceix de Traquis y dijo esas palabras. Y Éupolis en La raza de oro [fr. 315 PCG] afirma que el proverbio es de otro modo: «Por propia iniciativa van los buenos a los banquetes de los viles». Y Platón en Banquete [174a-b] lo usó así88.

20 «Y el cargamento de sal, de donde vino, allí fue». 〈El proverbio se dice de los asuntos que se arruinan〉. Porque, según dicen, un comerciante navegaba con su nave llena de sal. Pero cuando se durmieron los marineros, entró el agua del mar sin que se dieran cuenta, disolvió la sal y hundió la nave. 〈A propósito de quienes emplean sus bienes en beneficio propio, o de lo que vuelve al lugar de donde salió. Pues antiguamente, en una competición atlética que se celebraba en ciertos lugares del Ática, se daba sal como premio. Esto sucedía sólo con los naturales del país que participaban, porque excluían a los extranjeros, pensando que, si no participaba nadie de fuera en la competición, el premio volvería de nuevo al mismo lugar〉89.

21 «Actuaron como los de Paros». El proverbio se dice de quienes cambian de opinión y se echan atrás. Porque los de Paros, cuando los atenienses combatían con ellos, pidieron a éstos el armisticio, y lo consiguieron con la promesa de entregar la ciudad. Después quebrantaron los acuerdos con la esperanza de conseguir una alianza en algún lugar.

22 «Como si fuera Hermíone». El proverbio se dice de quienes preservan del peligro a los que acuden a ellos como suplicantes. Porque en Hermíone, ciudad del Peloponeso, había un templo de Core y Deméter que proporcionaba seguridad a los que se refugiaban en él. Lo menciona Aristófanes en Los babilonios [fr. 89 PCG]90.

23 «Estás sin cabrahigar». El proverbio es empleado por Hermipo en Los soldados [fr. 58 PCG]. Dicen que en el fruto de la higuera silvestre que produce cabrahígos nacen unos animales 〈semejantes a los mosquitos〉 que llaman «avispas de higo». Los agricultores cogen y atan ramas suyas a las higueras para que el fruto de éstas no se desprenda. El animalito penetra en los higos que parecen estar maduros sin estarlo, los endurece y los hace madurar. Precisamente por eso el proverbio se dice de quienes no retienen lo que han conseguido91.

24 «La codicia podría dominar a Esparta, pero nada más». Se dice de quienes se proponen sacar provecho de todo. Se emplea metafóricamente a partir de un oráculo que fue dado a los lacedemonios [núm. 222 P-W], en el cual vaticinó entonces el dios que los lacedemonios serían destruidos cuando reverenciasen el oro y la plata. Aristóteles cita el oráculo en La constitución de los lacedemonios [fr. 544 Rose]92.

25 «El gato con Atenea». El proverbio se dice de quienes comparan mal lo superior con lo inferior por tener un pequeño parecido, como si uno comparase al gato con Atenea por tener los ojos glaucos.

26 «Los áticos las Eleusinias». Falta «ellos por su cuenta». Y dice Duris [76 fr. 95 J.] que cuando algunos se reúnen por su cuenta y traman algo, se dicen entre ellos: «los áticos las Eleusinias».

27 «†Tiene que preocuparse, pero de su casa†». Lo citan Aristófanes en Los labradores [fr. 119 PCG] y Platón el cómico [fr. 234 PCG]. Y era ésa una casa grande para hospedar a gente de pago93.

28 «Vecino ático». Duris [76 fr. 96 J.] dice sobre este proverbio que se creó cuando los atenienses expulsaron a los que vivían en los alrededores y a sus vecinos. En cambio, Crátero [342 fr. 21 J.] afirma que el proverbio se dice a partir de los colonos que fueron enviados a Samos desde Atenas; porque hicieron venir a los áticos a Samos y ellos se asentaron allí y echaron fuera a los habitantes del lugar94.

29 «Comeos las tortugas vosotros que las habéis cogido». Una vez unos pescadores sacaron tortugas entre las redes y se pusieron a repartirlas a los que pasaban por allí. Y ellos, como no querían llevárselas, dijeron a los pescadores: «comeos las tortugas vosotros que las habéis cogido», de donde el dicho se convirtió en proverbio.

30 «Citarista de Aspendo». Zenón de Mindo afirma que este proverbio se aplica a los hombres codiciosos y dice: «como, de entre los citaristas, los de Aspendo no producen para afuera fruto alguno, sino que todos los frutos quedan en su instrumento, así también el codicioso no administra nada en favor de sus vecinos, sino que se lo lleva todo para sí mismo»95.

31 «Bandeja incluida». Este proverbio se aplica contra quienes arruinan del todo cualquier cosa. Dice, en efecto, Dídimo que los manjares de la cena se llevaban sobre fuentes. Como dice también Platón en Los grifos [fr. 15 PCG]: «han robado todo junto, bandeja incluida».

32 «Sardina al fuego». El proverbio se dice de quienes llevan a cabo algo con celeridad. Porque sucede que la sardina se asa con mucha rapidez, sólo con ver el fuego96.

33 «De caballos a burros». Diremos este proverbio de quienes van de lo digno a lo poco digno, como de la erudición a los negocios o a alguna otra cosa muy deshonrosa97.

34 «Mirada de Atreo». Como si dijera firme y dura. Se dice a partir del delito de Atreo, el cual, como sospechó por una desavenencia que su hermano Tiestes tenía relaciones adúlteras con Aérope, su esposa, despedazó y coció a los hijos de Tiestes y se los sirvió a su padre cuando cenaba, y le dio a conocer la desgracia al servirle en último lugar las extremidades de sus hijos.

35 «Mudo Hiparquión». En tiempos de nuestros abuelos hubo dos notables citaristas, Hiparquión y Rufino, y, cuando empezó la competición que se celebraba en Heliópolis cada cinco años según la costumbre, Hiparquión permaneció sin abrir la boca por la turbación que sentía ante los espectadores del teatro.

36 «Cuando la osa está cerca, no busques sus huellas». El proverbio se dice de los cazadores cobardes. Lo cita Baquílides en los peanes [fr. 6 Sn-M]98.

37 «Cantas como si navegaras hacia Delos». A propósito del que es despreocupado y amigo del placer. Porque la navegación hacia Delos es fácil y los que arribaban allí solían cantar despreocupadamente mientras navegaban.

38 «Vejez de águila, juventud de alondra». Porque incluso cuando va envejeciendo, el águila es superior a cualquier ave joven. Se dice que el águila acaba su vida cuando la parte de arriba del pico se curva sobre la de abajo99.

39 «Flautista árabe». Dicen que los árabes emplean en las guardias nocturnas una flauta alargada y que esta flauta pasa de uno a otro, y la tocan cuando encienden el fuego hasta que se hace de día100.

40 «Basta de encina». El proverbio se dice de quienes pasan de una vida peor a otra mejor. Porque antiguamente los hombres se alimentaban de bellotas de encina, y luego descubrieron y se sirvieron de los frutos de Deméter101.

41 «Sacude otra encina». El proverbio se dice de quienes piden continuamente o toman prestado de las mismas personas. Porque en otro tiempo los hombres se alimentaban de bellotas y llamaban «recolectores de bellotas» a quienes recogían este fruto a cambio de un sueldo. Pues bien, cuando ya se había terminado la recogida, a los que miraban alrededor para ver si quedaban bellotas en la encina, los que pasaban al lado les decían burlándose: «sacude otra encina»102.

42 «Siempre hay alguien en casa de Cidón». A propósito de las personas hospitalarias y dispuestas a acoger huéspedes. Porque el corintio Cidón fue muy hospitalario103.

43 «Siempre es rico el labrador para el año siguiente». A propósito de quienes se alimentan siempre de la esperanza de librarse de las desgracias, pero de nuevo se precipitan en ellas104.

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30 января 2026
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9788424932886
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