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Braden o Perón

Rodrigo Mas y Martín Prestía

Compiladores

Braden o Perón El Libro Azul y el Libro Azul y Blanco Los documentos que marcaron la campaña electoral más importante de la historia argentina

Investigación y notas Jonás Chaia De Bellis

Traducción del Blue Book Martín Prestía


Índice de contenido

Portadilla

Legales

Palabras preliminares, por Andrés Rodríguez

Prólogo, por Kelly Olmos y Daniel Romero

Introducción, por Raanan Rein

Aclaraciones sobre la presente edición

LIBRO AZUL [Blue Book on Argentina. Consultation among the American Republics with respect to the Argentine situation]

Parte I. Declaración preliminar

Parte II. Complicidad Nazi-Argentina

Parte III. Carácter nazi-fascista del régimen argentino

Parte IV. Declaración final

LIBRO AZUL Y BLANCO

El Libro Azul y Blanco

El Libro Azul

Falsedad fundamental del planteo

Oligarquía y nazismo

Las fuerzas vivas y la revolución

La acción de Braden

El desorden en la Universidad

Cómo se formó la U.D.

Fracaso del golpe de fuerza

Verdadero planteo del problema argentino

Valor de las pruebas presentadas

Las informaciones de Meynen

Expansión americana de la revolución argentina

En defensa de la Standard Oil

Quién coarta la libertad de prensa

Organización del trabajo

La Confederación General del Trabajo

Formación de dos centrales obreras

El “Primer Trabajador Argentino”

Más acusaciones falsas

La validez legal de la obra realizada

Braden y la conducta del Partido Comunista

Del antiimperialismo al imperalismo

La explicación de la desviación comunista

Orientación y tácticas distintas de otros Partidos Comunistas

Apéndice documental

La cátedra de Defensa Nacional de La Plata

El círculo Braden

Braden y Bemberg

Exacciones mediante las listas negras

Espionaje en la Argentina

Intervención de Braden en los asuntos internos de Cuba

Durán y Chibas, asesores de Braden

Filiación totalitaria de algunos “demócratas”

Documentos complementarios

Apéndice fotográfico


Olmos, OrlandoBraden o Perón : El Libro azul y el Libro azul y blanco : los documentos que marcaron la campaña electoral más importante de la historia argentina / Orlando Olmos ; comentarios de Jonás Chaia De Bellis ; Rodrigo Mas ; Martín José Prestía ; compilado por Rodrigo Mas ; Martín José Prestía. - 1a ed revisada. - Pismanta : Orlando Olmos, 2021.Archivo Digital: descargaTraducción de: Martín José Prestía.ISBN 978-987-86-9959-21. Agrupaciones Políticas. 2. Peronismo. 3. Estados Unidos. I. Chaia De Bellis, Jonás, com. II. Mas, Rodrigo, com. III. Prestía, Martín José, com. IV. Título.CDD 320.0982

Fecha de catalogación: 03/2021

BRADEN O PERÓN

El Libro Azul y el Libro Azul y Blanco. Los documentos que marcaron la campaña electoral más importante de la historia argentina

© Chaia De Bellis, Jonás; Mas, Rodrigo; Prestía, Martín

© De esta edición: Orlando Olmos, Ediciones IFAP SAS

Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidas la reprografía y el tratamiento informático.

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Diseño de tapa. Lorena Burgos

Diseño de interior. Mariela Cucciolla

Coordinación editorial

Rodrigo Mas · Jonás Chaia De Bellis · Martín Prestía

Colaboradores

Clara Nazabal · Lautaro López Garro

* * *

ISBN · 978-987-86-9959-2

Primera edición · Marzo de 2021.

Digitalización: Proyecto451

Palabras preliminares

Siempre es un gusto prologar una nueva publicación y contribuir a que la misma salga a la luz. Pero en este caso aún más, porque la misma es producto del trabajo de una institución, de un equipo, el IFAP, cuya tarea en la capacitación, formación y acción política cobra una significativa trascendencia en los difíciles momentos que estamos viviendo. No por la pandemia, sino porque ésta vino a resaltar aún más, a nivel mundial, el escenario previo de pobreza y exclusión para muchos y de acumulación de riqueza y poder por parte de unos pocos.

Y, en este escenario, descripto muy brevemente, y en el que parece triunfar el modelo globalizador, cobran un significado enorme, diría que de vital importancia, tanto la historia de los pueblos como sus culturas, verdaderas resistencias a dicho modelo.

Por lo tanto esta tarea, que han desarrollado los compañeros y compañeras del IFAP es una contribución al esclarecimiento de un momento fundamental, y fundacional, de nuestra historia reciente.

En la misma, se exponen las maniobras y operaciones que se llevaron a cabo en América y en Argentina durante la Segunda guerra mundial, y a finales de esta, por sus contendientes, pretendiendo involucrar al entonces Coronel Perón (*) en cuestiones que los hechos claramente desmienten, al tiempo que demuestran sus diferencias en relación a sus precedesores a cargo de la presidencia del país.

En efecto, esas diferencias profundas alcanzaron el nivel máximo con su encarcelamiento previo al 17 de octubre (1945), la construcción de un poder popular que lo llevó a ser presidente a través de elecciones democráticas (1946) y las acciones posteriores de un gobierno revolucionario que enfrentó decididamente a quienes se habían repartido el mundo en Yalta y Potsdam. Acciones basadas en los pilares de la Tercera Posición y la Unidad Latinoamericana como respuestas geopolíticas a un nuevo orden mundial de dominación; razón por la que muchos pueblos emprendieron el camino de su liberación, utilizando como armas principales, su historia, su cultura y sus valores.

Buenos Aires, julio de 2020.

Andrés Rodríguez

Secretario General de la Unión del

Personal Civil de la Nación (UPCN)

Secretario Adjunto de la Confederación General

del Trabajo de la República Argentina (CGT)

Congresal Nacional del Partido Justicialista y

Vicepresidente Primero de la Capital Federal

*- En el período en cuestión fue sucesivamente Capitán, Mayor y Coronel.

Prólogo

El Instituto de Actualización y Formación Política (IFAP) se propuso, como uno de sus objetivos fundamentales, colaborar a través de su tarea académica y docente con el análisis y el conocimiento del pensamiento y la doctrina de Perón.

Esta tarea se hace aún más necesaria en estos momentos de crisis mundial. En efecto, los modelos que intentaron hegemonizar el mundo en lo político, económico y social desde la Segunda guerra mundial hasta el presente, han mostrado su fracaso. El justicialismo, por su parte, ha demostrado la poderosa vigencia de sus ideas.

Qué es el peronismo es una pregunta permanente en los foros académicos y políticos de todo el planeta. La identidad del peronismo nos parece, por lo tanto, un tema estratégico.

Con esta vocación es que presentamos esta publicación que tiene características de inédita, ya que nunca El Libro Azul fue publicado en su totalidad, ni en inglés ni en castellano.

Se trata a nuestro juicio de un documento trascendente y contundente, que muestra cómo los enemigos del peronismo desplegaron su inmenso poder internacional para calumniar y desfigurar la identidad del peronismo.

En la Introducción, realizada por el muy prestigioso historiador de la Universidad de Tel Aviv, el Profesor Raanan Rein, éste hace una sólida y detallada caracterización de esta operación de prensa internacional destinada a evitar el triunfo electoral de Perón en 1946 y, en caso de no ser posible esto, de aislarlo internacionalmente a través de la falsa acusación de nazi-fascista.

Acusación que cobraba especial relevancia en momentos en que los países que promovieron esas doctrinas habían sido derrotados en la guerra y salían a la luz los crímenes de lesa humanidad ligados al racismo y el antisemitismo.

Cualquier análisis serio y bien intencionado de los miles de discursos y documentos y, mucho menos todavía, del accionar concreto de los gobiernos del peronismo, no da lugar a ninguna duda respecto a lo mentiroso de estas acusaciones. Sin embargo, la fuerza de esta propaganda internacional desplegó durante años una sombra de duda en muchos sectores de la izquierda europea y latinoamericana especialmente.

Durante décadas de proscripción y dictadura, la superestructura de la cultura y la educación argentina promovió un velo de silencio y ocultamiento sobre los hechos y las ideas del peronismo. Sólo en el pueblo se guardó desde 1955 ese acervo que afortunadamente las nuevas generaciones de estudiosos y académicos empiezan a descubrir, ya con menos preconceptos impuestos.

Muchos son los ejemplos que ilustran esta situación.

Uno de ellos, muy significativo y ligado directamente a la demostración de la falacia que constituyó El Libro Azul, es la relación histórica que el primer gobierno peronista tuvo con el recientemente creado Estado de Israel. El 14 de febrero de 1949 fue el primero de la región en darle reconocimiento legal (Decreto 3668), continuando de este modo un estrecho contacto de colaboración entre el Gral. Perón con David Ben Gurión, el histórico líder judío, y con Chaim Weizmann, el primer jefe de Estado. A tal punto llegó esa relación, que viendo las enormes dificultades sociales que afrontaba el nuevo estado, la Fundación Eva Perón envió su ayuda solidaria como lo hacía en esos momentos con todos los pueblos necesitados en el mundo. Golda Meir, futura Primer Ministra, visitó la Argentina en 1951—era en ese entonces Ministra de Trabajo— y se reunió con Evita para interiorizarse del funcionamiento de la Fundación que tanto había ayudado a los Kibutzim de Israel.

Ningún aspecto doctrinario del peronismo difunde otra cosa que no sea la hermandad y la solidaridad entre los pueblos.

En otro orden de ideas, pero siempre respondiendo a esta campaña, los sectores empresarios y liberales han ligado a la organización sindical del peronismo con la “Carta del Lavoro” del fascismo italiano, con el único objeto de debilitar la organización sindical y, por lo tanto, la defensa de los intereses de los trabajadores. La característica esencial del pensamiento peronista es que el poder de la comunidad proviene del pueblo organizado y no del Estado. Los sindicatos que por otra parte han tenido una rica historia en la Argentina antes de la creación del peronismo, nunca fueron parte del Estado, como establece la concepción del fascismo. Por el contrario, constituyen un sólido ejemplo del concepto justicialista de “Organizaciones Libres del Pueblo”, tan independientes del estado y del gobierno que fueron la base central de la resistencia peronista en los larguísimos años en que el movimiento estuvo proscripto y, por lo tanto, fuera del Estado y del gobierno.

Volviendo a la poderosa campaña difamatoria orquestada por el gobierno de Estados Unidos de aquel entonces, es evidente que la misma tuvo un fuerte impacto en el mundo y en especial en Latinoamérica.

La importancia de la publicación que hoy presentamos es que pone de relieve el origen y el sentido de esa difamación. Y por lo tanto pone en evidencia los intereses que defienden aquellos que la vienen repitiendo.

Esto incluye, lamentablemente, tanto a muy prestigiosos y encumbrados académicos de las ciencias sociales que fueron cómplices directos de la campaña de Braden como parte de la Unión Democrática, como a publicistas y políticos que repiten acríticamente estos clichés con el objeto de descalificar la lucha por la justicia social que encarna el justicialismo.

La vigencia y la fuerza política del peronismo, sumado a que la verdad histórica está siempre allí para quien quiera encontrarla, han desmentido categóricamente a estos operadores del odio antiperonista.

Por todas estas consideraciones, constituye una gran satisfacción para el IFAP presentar esta publicación que contiene también el llamado Libro Azul y Blanco que fue publicado el 22 de febrero de 1946 como respuesta inmediata y certera a estas calumnias que el Departamento de Estado de Estados Unidos había difundido a través de la agencia Associated Press.

Asimismo, el Instituto manifiesta su reconocimiento al trabajo de investigación y a la iniciativa del Lic. Rodrigo Mas, el Mg. Martín Prestía y el Dr. Jonás Chaia De Bellis, quienes han llevado adelante la tarea académica y la edición de esta publicación.

Debemos un agradecimiento muy especial al Profesor Raanan Rein que, con la solvencia que lo caracteriza, ha elaborado la Introducción histórica que permite contextualizar el documento y que sin duda prestigia esta publicación con su presencia.

Del mismo modo, corresponde un especial agradecimiento a la Unión del Personal Civil de la Nación y a su Secretario General, el compañero Andrés Rodríguez, que han apoyado esta iniciativa.

Desde su creación, el IFAP viene realizando trabajos de capacitación y difusión de la obra del peronismo en conjunto con el Movimiento Obrero Organizado y eso constituye un verdadero orgullo para quienes lo integramos.

Kelly Olmos y Daniel Romero

Instituto de Actualización y Formación Política (IFAP)

Introducción

Raanan Rein

El enfrentamiento entre Braden y Perón fue uno de los episodios más dramáticos de las relaciones entre los Estados Unidos y la Argentina en el siglo XX y tuvo un impacto duradero en los lazos bilaterales durante décadas. En este sentido, el llamado Libro Azul fue uno de los documentos más importantes en la creación del mito de que la Argentina es una nación pro-nazi y antisemita. De hecho, la publicación de la oficialmente titulada Consulta entre las Repúblicas Americanas sobre la Situación Argentina el 11 de febrero, menos de dos semanas antes de las elecciones generales del 24 de febrero, causó sensación en Buenos Aires. Fue, para utilizar las palabras de John M. Cabot, el Encargado de los Asuntos de EE.UU. en Argentina, como lanzar una bomba atómica. El embajador cubano en Washington usó la misma metáfora nuclear.

Braden llegó a la Argentina el 19 de mayo de 1945. Estuvo sólo unos cuatro meses en Buenos Aires, causando un grave daño a las relaciones bilaterales, antes de que el nuevo Secretario de Estado James Byrnes le pidiera en agosto que regresara a Washington para sustituir a Nelson Rockefeller como Subsecretario Adjunto para Asuntos Latinoamericanos. Desde la capital estadounidense continuó su campaña antiargentina y demostró ser aún más perturbador para las relaciones entre ambos países. Si Braden había sido enviado a Buenos Aires para ayudar a mejorar las tormentosas relaciones entre los dos estados, claramente fracasó. Si su objetivo era detener la campaña presidencial de Juan Domingo Perón, su fracaso fue humillante. La impresionante victoria de Perón en las elecciones, caracterizada por Cabot como la «más justa de la historia [argentina]», exigió un cambio en la política de los Estados Unidos. Un veterano diplomático estadounidense, con gran experiencia en asuntos latinoamericanos, Sumner Welles, consideró que el Libro Azul fue «un error garrafal casi increíble» y que la elección de Perón fue «la peor derrota diplomática que [Estados Unidos] ha sufrido en el hemisferio occidental».

Braden no era un diplomático de carrera, sino un ingeniero de minas y su conducta no se ciñó a las funciones habituales de la práctica diplomática. Con su comportamiento imperial, hizo todo lo que tuvo a su alcance para evitar que Perón fuera elegido Presidente, convirtiéndose él mismo en un líder de facto de la oposición al gobierno militar. Su fracaso puso de manifiesto los límites de la diplomacia personal y las percepciones erróneas de Washington sobre los cambios socioeconómicos que se habían producido en la Argentina durante la década anterior. Por lo tanto, se trata de un caso paradigmático, fundamental para entender la compleja relación entre Argentina y los EE.UU.

Si usamos una metáfora tomada de la jerga del boxeo, Braden tenía puntos de ventaja cuando Perón fue obligado a renunciar y fue detenido. Lejos de tirar la toalla, Perón se recuperó tras su liberación y el apoyo masivo que recibió el 17 de octubre de 1945. El Libro Azul era el contragolpe, el counter-punch que intentó usar el estadounidense, «luego de toda la bravuconada del Sr. Braden y su éxito fugaz como resultado de la renuncia de muy corta duración del coronel Perón», por citar a Halifax, embajador británico en Washington, el 26 de octubre de 1945. Pero este contragolpe no noqueó a Perón, que respondió con La República Argentina ante el “Libro Azul”, conocido como Libro Azul y Blanco, elaborado por el canciller Juan Cooke y estrenando el slogan «Braden o Perón», presentando la elección presidencial como si Braden fuera el otro candidato y la disputa fuera entre Argentina y EE.UU. Perón, que no había buscado el conflicto con el diplomático del norte, una vez producido supo aprovecharlo como una de las claves de su triunfo electoral, que no parecía inevitable pocos meses antes. Las calles porteñas aparecían empapeladas con dicho slogan, que lo llevaría al poder. «Braden o Perón» se convirtió a partir de aquel momento en uno de los principales lemas del peronismo. Tanto éxito tuvo esta consigna, que ya prácticamente nadie recuerda que el rival de Perón se llamaba José Pascual Tamborini, candidato a la presidencia por la Unión Democrática.

Cabot, según lo descrito por el politólogo Fabián Bosoer, manifestó su disenso y recomendó no publicar el Libro Azul. Predijo que su publicación sería contraproducente, ayudando más bien a fortalecer a Perón. Los diplomáticos británicos tenían la misma opinión. Como ha demostrado el historiador Roger Gravil, los enviados de Su Majestad se mostraron reacios a colaborar con los esfuerzos norteamericanos para compilar un dossier sobre las supuestas inclinaciones nazis de Perón. En palabras de otro diplomático británico, Hadow, los norteamericanos «de una manera un tanto patética pidieron cualquier tipo de prueba condenatoria que pudiéramos ofrecerles pronto».

El Libro Azul era una acusación a la neutralidad argentina durante la Segunda guerra mundial, señalando como responsables a todos los líderes, desde Ramón S. Castillo hasta Perón, de colaborar con el espionaje alemán y los esfuerzos de la quinta columna, burlándose de los compromisos hemisféricos de la Argentina. Pero esta posición a favor de la neutralidad la compartía aparentemente una mayoría de los argentinos. ¿Era pro-nazi esta mayoría? Basándose en parte en la neutralidad argentina durante la Primera guerra mundial, liderada por el presidente Hipólito Yrigoyen, cuatro presidentes, dos civiles y dos militares, favorecieron esta política neutralista por diversas razones. Hasta el ataque japonés sobre Pearl Harbor, esta política no provocó fuerte tensión entre ambos países. Sin embargo, a partir de 1942, una vez que los EE.UU. entraron en la guerra, la política de neutralidad enfrentó a la Argentina con la potencia del Norte. De hecho, esta política servía a los intereses de los británicos y aportaba a la supervivencia de la población civil bombardeada por los alemanes, con envíos de víveres desde puertos argentinos. De esta manera, Argentina aportaba a la victoria aliada sobre los nazis. Si hubiera declarado la guerra contra el Tercer Reich, los submarinos alemanes hubieran torpedeado los barcos en su camino hacia las islas británicas.

Una perspectiva comparativa podría ser quizás esclarecedora para el análisis de la neutralidad argentina. El Libro Azul documentó bien en sus 131 páginas el fracaso de Argentina en comprar equipo militar a Alemania. Específicamente, detalló el decomiso del argentino de origen alemán Oscar Hellmuth en octubre de 1943 por la marina británica en Trinidad en ruta hacia España. Hellmuth, quien se hizo pasar por cónsul de España, iba a elaborar supuestamente un acuerdo triangular entre Argentina, España y Alemania por el cual Berlín suministraría municiones a cambio de una mano libre en la recolección de inteligencia y operaciones de la quinta columna en Argentina. Debemos contrastar este fracaso argentino con las políticas de otros países neutrales. Turquía, por ejemplo, compró con éxito armas de Alemania y la neutral Suecia incluso vendió las armas de los nazis, sin que los EE.UU. denigraran la imagen de estos dos países durante décadas.

De hecho, el grueso de las pruebas contra la supuesta complicidad argentina con el Tercer Reich incluidas en el Libro Azul se relacionaba con la presidencia de Ramón Castillo, quien fue depuesto por el golpe de Estado del 4 de junio de 1943. Sospechando del encargado de asuntos alemán en Buenos Aires, el Dr. Erich Otto von Meynen, quien fue una de las principales fuentes de información para el Libro Azul y que tenía todas las razones para complacer a los norteamericanos, los británicos consideraron que las acusaciones de los EE.UU. contra el gobierno militar se basaban más en prejuicios que en hechos consumados.

El objetivo de Braden era retratar a Argentina como una amenaza para el sistema interamericano. ¿Por qué lo era? Porque su gobierno era nazi-fascista. ¿Y por qué se lo consideraba nazi-fascista? Porque conspiró para comprar armas y conseguir técnicos del Tercer Reich; porque planeó formar un bloque sudamericano favorable a Alemania y hostil a los EE.UU.; porque permitió el espionaje del Eje; porque dejó que los nazis usaran sus medios de comunicación y su sistema escolar para difundir la propaganda nazi; y porque no repatrió a nazis.

Aunque se titula, como hemos indicado, Consulta entre las Repúblicas Americanas sobre la Situación Argentina, en la práctica no se realizó ninguna consulta de este tipo antes de la publicación de este documento. Además, no hubo una traducción autorizada al español o al portugués. Incluso los embajadores en Washington de fuertes aliados de los EE.UU., como Colombia, Ecuador y Cuba, consideraron el Libro Azul como una gran exageración. Amargos enemigos del régimen como Nicolás Repetto y Carlos Saavedra Lamas también instaron a Braden en julio de 1945 a tener cuidado de no exagerar la campaña antiargentina. Pero sus esfuerzos no rindieron frutos.

Los británicos explicaron a los estadounidenses una y otra vez que, si bien era cierto que varios prominentes argentinos coquetearon con los nazis, el flujo de productos necesarios para el esfuerzo bélico aliado nunca se detuvo y que la neutralidad argentina aseguraba que no se produjera ningún acto de sabotaje contra las plantas empacadoras de carne, los elevadores de granos o las instalaciones portuarias argentinas que servían a la causa aliada. Insistieron en que no había pruebas de que agentes alemanes en la Argentina causaran el hundimiento de un solo buque aliado; y que el Libro Azul mostraba que el gabinete original de Pedro Pablo Ramírez estaba dividido por igual entre moderados y extremistas. Fue precisamente la política estadounidense la que causó la eliminación de los moderados en este gabinete. Además, el gobierno argentino se acercó a regañadientes a los alemanes para obtener armas sólo después de que los EE.UU. se negara a suministrarlas, a pesar de que los norteamericanos estaban entrenando a las Fuerzas Armadas argentinas. De hecho, Argentina hizo más para expulsar a nazis que países como Brasil, Chile, Ecuador o México, sin que estos últimos fueran criticados y mucho menos castigados por la administración estadounidense. Los argentinos, insistieron repetidamente los británicos, perseguían sus propios intereses y no los de Alemania.

Según el punto de vista británico, el Libro Azul tenía tres propósitos: convencer a los gobiernos latinoamericanos de que Argentina no debía ser admitida en las conversaciones de defensa interamericanas, pero sobre todo evitar una victoria electoral de Perón. Si ganaba, el documento debía ser un instrumento para convencer a las demás repúblicas latinoamericanas de que no reconocieran al gobierno de Perón y negaran su aceptación en el concierto de las naciones, empujándolo hacia el aislamiento. Los británicos también sospechaban que los EE.UU. tenían una motivación económica detrás de su campaña: «existe una sospecha generalizada de que el interés que tienen los EE.UU. en la eliminación de las empresas alemanas está vinculado con el deseo de los competidores comerciales norteamericanos de ingresar en sus mercados. Esta sospecha se vio fortalecida por las indiscreciones cometidas por algunos funcionarios estadounidenses aquí», de acuerdo a un informe del 27 de febrero de 1946 del embajador británico en Buenos Aires, David Kelly.

El Libro Azul y Blanco pretendía presentar las acusaciones de Braden como falsas y retratarlas como una intervención en los asuntos internos de Argentina. Su publicación pasó casi desapercibida por los periódicos argentinos, ya que la mayoría de ellos reflejaba por aquel entonces una visión opuesta a la de Perón. Quedó en manos de La Época el dar voz a la respuesta peronista.

Historiadores norteamericanos, como Joseph Tulchin o el canadiense David Sheinin, que han estudiado la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Argentina, utilizaron vocabulario médico y psicológico para describir la campaña de Braden: irracional; obsesiva; patológica. Los medios de comunicación estadounidenses, bajo la influencia de Braden y de liberales y sindicalistas de ideas afines, consideraban a la Argentina como un país enemigo. El jefe del Departamento de América del Sur del Ministerio de Relaciones Exteriores británico describió la política de Braden de la siguiente manera: «su objetivo es humillar al único país latinoamericano que se ha atrevido a desafiarlo».

Robert Potash fue uno de los primeros historiadores en concluir que la estrechez de la victoria de Perón sugiere que fue «más que probable que el Libro Azul sirviera para inclinar la balanza a favor de Perón». El propio Perón reconoció décadas más tarde que si Braden no hubiera existido «habría debido inventarlo», mientras que Braden admitió años después en una entrevista que «el slogan “Braden o Perón” fue una brillante maniobra del ex dictador».

The Ruling Few, el libro de memorias del mencionado embajador británico David Kelly, publicado en 1952, resulta de gran utilidad para analizar el conflicto entre Braden y Perón. Diplomático con vasta experiencia, su primera misión en la Argentina finalizó en abril de 1921 y regresó como embajador en junio de 1942. Kelly describe las dificultades que surgieron a partir de la llegada de Braden: «Vino a Buenos Aires con la idea fija de que había sido elegido por la Providencia para derrocar el régimen de Farrell-Perón. Alentado y halagado por la oposición, especialmente por los miembros más ricos de la “sociedad”, lanzó una serie de discursos violentos contra el régimen. Tenía cierto magnetismo; personalmente, me gustaba bastante y traté de advertirle que su campaña debía acabar derrotando su propio objeto, reuniendo las fuerzas del nacionalismo y el sentimiento antiamericano en torno al Coronel Perón». Cuando Braden fue nombrado Subsecretario Adjunto para Asuntos Latinoamericanos, Kelly creía que «siempre me ha parecido que este fue uno de los mayores errores cometidos por el Gobierno de los Estados Unidos al tratar con la Argentina». En cuanto al Libro Azul, resultó ser un estímulo para Perón: «el odio histérico de los ricos y la campaña mal calculada del embajador Braden, fortaleció tanto su control sobre las masas que pudo prescindir de cualquier otro apoyo. Si bien su mayor ventaja fue su propia popularidad entre las masas, también obtuvo una inmensa ventaja al poder pegar en las paredes carteles con el lema “Perón contra Braden”, apelando así a la arraigada desconfianza de los argentinos hacia los norteamericanos... Se benefició sobre todo, sin embargo, del hecho de que el Sr. Braden mantuvo desde Washington su dramática intervención mediante continuos pronunciamientos y discursos». Kelly termina su testimonio diciendo: «Sin ninguna de las intimidaciones y falsificaciones que habían sido comunes en las elecciones anteriores —sin ellas porque no había necesidad de ellas—, Perón barrió el tablero de un extremo al otro del país, y regresó con una mayoría abrumadora en medio de las ruinas de los viejos partidos».

Aclaraciones sobre la presente edición

Los textos recogidos en el presente volumen corresponden a:

- Blue Book on Argentina. Consultation among the American Republics with respect to the Argentine situation. Memorandum of the United States Government. Washington D.C., New York: Greenberg Publisher, February 1946.

- Coronel Perón [Perón, Juan Domingo]. Libro Azul y Blanco. Buenos Aires: Editorial Azul y Blanco. 1946.

Con respecto a la traducción del Blue Book [Libro Azul], hemos consignado mediante notas a pie de página las palabras que estaban escritas en español en el original.

Con respecto al Libro Azul y Blanco, hemos aclarado entre corchetes algunas expresiones en desuso, corregido la ortografía en un contado número de casos, y reemplazado la grafía en mayúsculas de algunos nombres por una en minúsculas, para uniformar el texto [en la sección “Apéndice Documental”]. También hemos mantenido el destacado de ciertos pasajes del texto, si bien optamos por convertir las negritas en itálicas. Finalmente, hemos decidido reproducir de modo facsimilar el apartado final del Libro Azul y Blanco, compuesto por documentos de diversa índole, recortes de periódicos y fotografías [páginas 43-125 del libro original, sección “Apéndice Documental”].

Ambos documentos incluyen notas a pie de página que tienen como finalidad ofrecer una mayor comprensión del período y de los actores implicados. Hemos buscado esclarecer algunos acontecimientos que al lector contemporáneo no iniciado en el tema pueden resultarle ajenos —eventos de la Segunda guerra mundial, por ejemplo— pero también la trayectoria biográfica de algunos de los protagonistas, cuando creímos que resultaba significativa para comprender mejor el contexto de producción de ambos documentos y los años subsiguientes, dado que muchos de ellos serán parte activa del peronismo o anti-peronismo. Las escasas notas que no tienen aclaración del Editor [N.d.E.] o del Traductor [N.d.T.] pertenecen a los textos originales.

Los Editores.


Parte I Declaración preliminar
I

El 3 de octubre de 1945 el Departamento de Estado inició una consulta entre las Repúblicas americanas con respecto a la situación argentina. El resto de las Repúblicas americanas acordó participar en esta consulta. Durante el período transcurrido, el Gobierno ha realizado un cuidadoso estudio y evaluación de toda la información a su alcance sobre Argentina. Un enorme volumen de documentos del enemigo derrotado, encontrado en muchos casos con enorme dificultad y después de una prolongada búsqueda, ha sido estudiado y verificado. Funcionarios alemanes e italianos acusados de tener responsabilidad en actividades en y con Argentina han sido interrogados. Aunque este trabajo de investigación continúa, en la actualidad el Gobierno de los Estados Unidos tiene en su poder información que establece que:

1. Miembros del gobierno militar colaboraron con agentes enemigos en importantes asuntos de espionaje y otras actividades perjudiciales para el esfuerzo de guerra de las Naciones Unidas.

2. Líderes, grupos y organizaciones nazis se combinaron con grupos totalitarios argentinos para crear un Estado nazi-fascista.

3. Miembros del régimen militar que controlan el gobierno desde junio de 1943 conspiraron con el enemigo para socavar los gobiernos de los países vecinos y destruir su colaboración con los Aliados, en un esfuerzo por alinearlos a un bloque pro-Eje.

4. Los sucesivos gobiernos argentinos protegieron al enemigo en materia económica, con el objetivo de preservar el poder industrial y comercial del Eje en Argentina.

5. Los sucesivos gobiernos argentinos conspiraron con el enemigo para obtener armas de Alemania.

Esta información permite llegar a las siguientes conclusiones:

1. El gobierno de Castillo (1) y aún más el régimen militar actual siguieron una política de ayuda activa al enemigo.

2. Las solemnes declaraciones de cooperar con las otras Repúblicas americanas fueron completamente incumplidas, y se ha demostrado que fueron diseñadas para proteger y mantener los intereses del Eje en Argentina.

3. Las políticas y acciones de los recientes regímenes militares en Argentina tenían por objeto socavar el Sistema Interamericano.

4. Los individuos y grupos totalitarios, tanto militares como civiles, que controlan el actual gobierno en Argentina han perseguido, junto con sus colaboradores nazis, una meta común: la creación de un Estado totalitario en este hemisferio. Este objetivo, en parte, ya se ha alcanzado.

5. De manera creciente a partir de la invasión de Normandía (2), y más claramente desde el fracaso de la última contraofensiva alemana en enero de 1945 (3), el régimen militar argentino ha tenido que recurrir a una estrategia defensiva de camuflaje. La asunción de las obligaciones dictadas por la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y la Paz (4) para acabar con la influencia nazi y las repetidas declaraciones sobre intenciones pro-democráticas procedieron de esta estrategia de camuflaje.

6. Por el brutal uso de la fuerza y de métodos terroristas para derribar toda oposición del pueblo argentino, el régimen militar ha hecho una burla de su compromiso con las Naciones Unidas de “reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana”.

II

Antes de la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y la Paz, veinte Repúblicas americanas concluyeron unánimemente que el gobierno argentino no había colaborado en el esfuerzo de guerra y no podía, por tanto, participar debidamente de la Conferencia. Hacia el final de la reunión, deploraron el hecho de que “las circunstancias previas a la reunión no experimentaron cambios que justificasen a la Conferencia la adopción de medidas para restablecer la unidad continental”. Jamás se ha dictado un juicio tan claro por parte de una comunidad de naciones en relación a la conducta del gobierno de uno sus miembros. Y para que su juicio no fuera malinterpretado, la Conferencia distinguió cuidadosamente —como debemos distinguir actualmente— entre el pueblo argentino y el régimen imperante: “la unidad de los pueblos de América es indivisible… la Nación argentina es y siempre ha sido una parte integral de la unión de las Repúblicas americanas”.

Fue en gran medida debido a este espíritu de unidad entre los pueblos, y a la fe que anima el Sistema Interamericano, que las Repúblicas americanas se inclinaron por aceptar, una vez más, la palabra dada por el gobierno de Farrell-Perón.

Con su adhesión al Acta Final de la Conferencia de México (5), el régimen de Farrell dio un paso necesario para poder participar del tratado contemplado por la Parte II del Acta de Chapultepec. Pero el empleo de los beneficios del Acta de Chapultepec, así como de otros derechos del Acta Final de la Conferencia, estuvo condicionado por la buena fe del Gobierno de Farrell tanto en la asunción como en la ejecución de los acuerdos y declaraciones aprobadas por la Conferencia.

El reconocimiento del régimen de Farrell y su admisión a la Organización de las Naciones Unidas no se basaron en la conclusión de que el régimen había satisfecho sus obligaciones. El reconocimiento y la admisión a la Organización de las Naciones Unidas se basaron, en cambio, en un compromiso tomado por el gobierno de Farrell de cumplir con los acuerdos de la Conferencia de México. Como fue anunciado el 28 de mayo de 1945 por el Secretario de Estado Stettinius, Presidente de esta delegación del Gobierno tanto en México como en San Francisco:

“Al votar para admitir a Argentina en estas circunstancias, los Estados Unidos… no han cambiado en absoluto su posición y esperan que Argentina cumpla efectivamente todos los compromisos tomados bajo las Declaraciones de la Ciudad de México. Más aún, consideramos que su admisión a la Conferencia de San Francisco aumenta sus obligaciones de hacerlo. Esperamos que la Nación argentina cumpla esta obligación”.

Varios meses después, el Secretario de Estado adjunto para los Asuntos de las Repúblicas Americanas y delegado suplente de los Estados Unidos en la Conferencia de la Ciudad de México, el Sr. Nelson Rockefeller, declaró:

“El registro muestra que, mientras se han tomado algunos pasos para llevar adelante los compromisos, hay varios importantes fracasos que tienen serias implicancias. Con frecuencia han comenzado esos pasos o promesas y no se han llevado a término. Es un hecho que varios de los compromisos vitales que Argentina ha tomado con sus vecinos americanos se mantienen incumplidos por su Gobierno”.

La aceptación de la palabra dada por el gobierno de Farrell repitió un proceso en el que las Repúblicas americanas, en un espíritu de genuina buena voluntad hacia el pueblo argentino, han participado pacientemente durante cuatro años de guerra. Desde poco después de Pearl Harbor hasta la rendición incondicional del enemigo (6), los sucesivos gobiernos argentinos combinaron afirmaciones de pleno cumplimiento con solemnes promesas de desempeño futuro. Esta evidencia, en sí misma, demostró insinceridad y podría haber servido como base para un cargo de engaño deliberado. Hoy sabemos las razones detrás de los importantes fracasos, la aparente reticencia, los compromisos vitales incumplidos, las promesas de mantener las promesas. Detrás de este registro de promesas incumplidas y de repetidas palabras de cooperación, tenemos pruebas de una real complicidad con el enemigo.

Esta complicidad nos obliga a dudar de la motivación, el plan y el propósito de cada acto del actual régimen argentino. Tal falta de confianza no será redimida por decretos u órdenes administrativas, por firmas de pactos o por adhesiones a actas finales de conferencias. Sólo se recuperará la confianza cuando nuestro pueblo hermano de Argentina sea representado por un gobierno que inspire completamente fe y confianza, tanto en el país como en el exterior.

III

La información que sustenta estos cargos es enviada respetuosamente a los gobiernos de las Repúblicas americanas para su consideración en relación al Tratado de Asistencia Mutua que será negociado en la próxima conferencia en Río de Janeiro (7).

Por sus propios términos, el Acta de Chapultepec sienta las bases para establecer un pacto de asistencia mutua que demandará a los gobiernos miembros a asistirse unos a otros ante un ataque o amenaza de agresión, cualquiera sea su proveniencia. Además, de conformidad con la Resolución IV de la Conferencia sobre Problemas de la Guerra y la Paz, el pacto se aplicará mediante la creación de un organismo militar permanente encargado de preparar propuestas para una colaboración militar más estrecha entre las Repúblicas. Esta implementación requerirá una estrecha cooperación en el desarrollo de planes de seguridad de vital importancia para cada República americana. También requerirá cooperación en el mantenimiento de establecimientos militares adecuados para la defensa del continente.

Una estructura de defensa tal puede ser construida únicamente sobre la base de una confianza absoluta. En octubre de 1945, en razón de que el Gobierno de los Estados Unidos no tenía tal confianza en el actual régimen argentino, decidió que no podría firmar un tratado de asistencia militar con este.

La información transmitida a los gobiernos de las Repúblicas americanas en este memorándum muestra claramente un patrón que incluye ayuda al enemigo, tergiversación y engaño deliberados en las promesas de cooperación en el hemisferio, actividad subversiva en contra de las repúblicas vecinas, y una asociación corrupta entre nazis y fuerzas totalitarias locales. Este patrón plantea un interrogante más profundo y fundamental que el de la adecuación de los decretos y medidas administrativas presuntamente promulgadas en cumplimiento de las obligaciones de la Argentina en virtud de la Resolución LIX de la Conferencia de México. Este interrogante es si el régimen militar, o cualquier gobierno argentino controlado por los mismos elementos, pueden merecer la confianza necesaria para integrar un tratado de mutua asistencia militar entre las Repúblicas americanas.

1- Ramón Castillo (1873-1944) fue el último presidente de la llamada “década infame” (1930-1943). Gobernó brevemente entre 1942 y 1943, aunque ya controlaba el Poder Ejecutivo desde que el presidente Roberto M. Ortiz enfermó y le delegó, en tanto que su vicepresidente, el liderazgo del país. Ocupó diferentes cargos durante todos los gobiernos fraudulentos de la década: gobernador de facto de Tucumán (1930-1931), Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación (1936), Ministro del Interior (1936-1937), y Vicepresidente (1938-1942). No obstante, Castillo pudo comprender las transformaciones que estaban teniendo lugar en la estructura económica argentina e intentó darle a su gobierno un contenido nacional e industrial. Por ejemplo, creó la Dirección General de Fabricaciones Militares, la Flota Mercante de la Argentina, y sostuvo el “Plan Pinedo” (ver nota 128, Libro Azul y Blanco). Sin embargo, este contenido nacional en lo económico estuvo limitado por el hecho de que en lo político Castillo seguía expresando los intereses de la oligarquía, lo que quedó plasmado en la elección de Robustiano Patrón Costas como su sucesor (ver nota 89, Libro Azul y Blanco), siendo ésta una de las principales razones que llevaron a los oficiales del G.O.U. (Grupo de Oficiales Unidos o Grupo Obra de Unificación, entre los que se contaba Juan Domingo Perón) a hacer la Revolución del 4 de junio de 1943 [N.d.E.].

2- El 6 de junio de 1944 los ejércitos Aliados desembarcaron en Normandía, norte de Francia, dando inicio al proceso de sucesivas derrotas militares de la Alemania nazi en todos los países de Europa occidental, cuya ocupación había iniciado en 1938 con la anexión de Austria [Anschluss] [N.d.E.].

3- Entre el 16 de diciembre de 1944 y 25 de enero de 1945 tuvo lugar la Batalla de Ardenas, también conocida como Contraofensiva de las Ardenas. Con esta operación, la Alemania nazi pretendía retomar la iniciativa en la contienda mediante un pasaje a la ofensiva, pero no sólo perdió esta batalla, sino que, además, los recursos movilizados implicaron que la Alemania nazi debilitara aún más el Frente Oriental, de modo tal que la derrota alemana en esta contraofensiva fue crucial para el desenlace final de la guerra [N.d.E.].

4- Conferencia que tuvo lugar el 21 de febrero de 1945 en el Distrito Federal de México, en la que los países americanos suscribieron acuerdos para relacionarse pacíficamente entre sí. Algunos artículos que pueden ser útiles para ilustrar la relevancia de estos acuerdos son el 7° (“los conflictos entre los Estados solamente tendrán solución pacífica”), el 8° (“se proscribe la guerra de agresión en cualquiera de sus formas”), y el 9º (“la agresión a un Estado americano constituye una agresión a todos los Estados de América”). Esta Conferencia fue el antecedente de las Actas de Chapultepec, que además de ratificar estos acuerdos servirá como base para la creación posterior del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y de la Organización de Estados Americanos (OEA) [N.d.E.].

5- Se refiere a la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y la Paz, descripta en la nota anterior [N.d.E.].

6- Pearl Harbor es el nombre de la base naval norteamericana en Honolulu, Hawái, que fue atacada por el Ejército Imperial de Japón el 7 de diciembre de 1941, ataque a partir del cual Estados Unidos pasó a participar directamente en la guerra. Por otra parte, la rendición de la Alemania nazi a la que se refiere el documento se produjo el 7 de mayo de 1945 [N.d.E.].

7- El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) fue un acuerdo de cooperación en materia de defensa militar firmado por 18 países americanos en Río de Janeiro el 2 de septiembre de 1947, en el que se ratifican y amplían los acuerdos mencionados en la nota 4. Es posible destacar, no obstante, una novedad de suma importancia que incorpora este tratado: en su artículo 6° se indica que, además de las agresiones entre Estados, los países firmantes podrán adoptar medidas contra todo Estado americano que “por cualquier otro hecho o situación pueda poner en peligro la paz de América”. La vaguedad de este artículo permitirá en adelante apelar a estos tratados para buscar sanciones o justificar diversas formas de intervención en la política interna de los Estados americanos. Dos ejemplos, en este sentido, hablan por sí solos: el TIAR fue invocado para justificar el derrocamiento del presidente de Guatemala Jacobo Arbenz en 1954, pero no durante la Guerra de Malvinas en 1982 [N.d.E.].

Parte II Complicidad nazi-argentina

Los compromisos anunciados por aquellos que han tenido los poderes de gobierno en Argentina desde el 7 de diciembre de 1941 han sido, de forma sucesiva, los siguientes:

1. Una política de neutralidad, no obstante favorable a sus Repúblicas hermanas en la lucha contra el Eje;

2. Una ruptura de relaciones con Alemania e Italia, para librar al suelo argentino de foráneos “sistemas que están completamente divorciados de la conciencia nacional” y para establecer con sus Repúblicas hermanas “un completo acuerdo, una completa solidaridad, en una palabra: la Unidad Americana” (8);

3. Una declaración de guerra definitiva al Eje y plena aceptación de los objetivos, propósitos y pactos de las Repúblicas americanas y las Naciones Unidas para la total victoria sobre el Eje y la total extirpación de su poder e influencia sobre la tierra.

Actualmente se sabe que quienes controlan el Gobierno de la República Argentina desde el día de Pearl Harbor al presente han establecido una grave complicidad con la Alemania nazi.

La fuente básica de esta complicidad consiste en la preferencia por una victoria del Eje, secretamente mantenida (a excepción de su comunicación a la Alemania nazi) por quienes estuvieron a cargo del gobierno argentino durante todo este período.

En mayo de 1942, el Presidente Castillo transmitió francamente a Alemania a través de canales autorizados que creía y tenía esperanzas en “la victoria de los Poderes del Eje”; que había “basado su política en relación a” ese resultado deseado; y que, en lugar de romper relaciones, había determinado, si era necesario, “eventualmente unirse de manera abierta a los poderes del Eje”. Los que tomaron las riendas del poder en junio de 1943 compartían este apego aún más profundamente y lo implementaron de varias maneras, que más adelante se describen minuciosamente.

La consecuencia de esta elección básica entre las fuerzas del fascismo y las de la democracia fue un patrón íntimo e integrado de entendimientos mutuos, cooperación y asistencia, que comenzó en los días de Castillo y fue continuado y completado bajo el actual régimen militar, hasta que alcanzó cada esfera de interés significativa en las relaciones argentino-alemanas.

Puesto de manera sencilla, el acuerdo básico a partir del cual todas estas ramificaciones no eran sino detalles, fue que los que gobernaban Argentina buscaron de la Alemania nazi el apoyo político y militar para su política de aislamiento, que no podían encontrar en ninguna otra parte, mientras que los nazis se libraron de cualquier acción que tendiera materialmente a interferir con sus operaciones o a perjudicar sus intereses en Argentina, durante o después de la guerra. El crecimiento, perfeccionamiento e implementación de esta conspiración está descripta a continuación, bajo subtítulos correspondientes a cada una de las áreas de interés.

A. Negociaciones argentino-nazis para asistencia militar a Argentina

Una de las esferas más destacadas de la colaboración consiste en los esfuerzos realizados por la Argentina para obtener asistencia militar de Alemania.

Puesto brevemente, en los días de Castillo, las negociaciones llevadas a cabo por sus agentes para obtener armas alemanas fueron diseñadas para dar a Argentina equipamiento para su uso en contra de las otras Repúblicas Americanas en caso de que, al romper relaciones —lo cual Castillo estaba determinado a resistir— las protestas de aquellas forzaran a su gobierno a alinearse formalmente con el Eje, de acuerdo a su secreta elección. Las negociaciones se extendieron más activamente durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de 1942, e implicaron solicitudes de submarinos, aviones, tanques, cañones antitanques, cañones antiaéreos, ametralladoras, pólvora y otras municiones y armas.

Estas negociaciones fueron cautelosamente retrasadas por los nazis desde fines de 1942 hasta mediados de 1943 a instancias del Alto Mando Alemán, en razón de las necesidades de equipamiento de la propia Alemania.

No obstante, luego del golpe de estado de junio de 1943, el régimen de Ramírez (9) reanudó inmediatamente estas negociaciones, asegurando a los nazis que mantenía firme su propósito de no romper relaciones y su necesidad de equipo militar para sostener esa posición. Al manifestar estas solicitudes, el régimen de Ramírez se refirió también al plan de subversión contra los países vecinos que se había determinado a poner en marcha. Estas negociaciones continuaron durante el verano de 1943, y culminaron en octubre de ese año, en la misión malograda de Hellmuth. Con respecto a ese asunto, el gobierno argentino y los agentes del servicio de inteligencia secreto de Himmler (Sicherheitsdienst) (10) en Argentina eligieron a Oscar Hellmuth, ciudadano argentino, como un representante en común para llevar adelante negociaciones más amplias con el gobierno alemán en Berlín, no sólo para obtener armas, sino también para muchos otros tipos de asistencia mutua. Esa misión fracasó debido a que Hellmuth fue arrestado por los Aliados en plena tarea.

Considerando la grave amenaza que esta complicidad representa, no sólo para las Repúblicas hermanas de la Argentina en el hemisferio occidental, sino para el destino del mundo entero en su lucha por la preservación de la civilización, algunos datos contrastantes pueden ser iluminadores. Cuando la Argentina realizó su aproximación inicial a los nazis en julio de 1942, Singapur había caído, las fuerzas norteamericanas se habían rendido en Corregidor y los japoneses habían ocupado todos los puntos estratégicos en el Lejano Oriente y las Indias Orientales, cerca de sus principales bastiones. En muchos sectores, sólo se albergaba la más débil esperanza de que el General MacArthur (11) pudiera cumplir su promesa a los filipinos de que regresaría algún día. En el Oeste, los nazis habían tomado Sebastopol, cruzado el río Don y capturado Voroshilovgrado y Rostov. Para septiembre, habían comenzado su ataque frontal a Stalingrado y habían logrado ocupar la zona sur de Francia.

Mientras el año 1943 vio a los Aliados recuperar terreno en África e Italia, el continente europeo permaneció en manos nazis; en el Pacífico y en el Lejano Oriente, los principales bastiones japoneses no habían sido atacados. Fue un año muy crítico, como también lo fue la mayor parte de 1944; aún pesaban en la balanza los fatídicos interrogantes de si Europa podría ser invadida exitosamente por mar, y los bastiones japoneses verse reducidos. Ellos no fueron resueltos sino hasta varios meses más tarde.

En este contexto, lo que sigue es una descripción detallada del curso de acciones seguido por los oficiales argentinos en su servicial búsqueda de asistencia militar nazi.

En julio de 1942, el General Domingo J. Martínez, que sería más tarde el Jefe de la Policía de Buenos Aires, y durante tres días el Ministro de Relaciones Exteriores del régimen militar en 1943, se entrevistó como enviado especial del Presidente Castillo con Erich Otto Meynen, el Encargado de Negocios de Alemania con rango de Ministro, y reportó que Castillo “ofrecería resistencia” a las demandas de que Argentina rompiera relaciones con el Eje, y que había decidido, si era necesario, “eventualmente unirse de manera abierta a los poderes del Eje”. Martínez anunció luego el objetivo de su visita: determinar en qué medida Alemania estaba preparada para abastecer a Argentina con equipamiento militar. El informe de Meynen al Ministerio de Asuntos Exteriores alemán con motivo de las propuestas de Martínez en torno a temas de armamento establece:

En este sentido, los argentinos están pensando en entregas de armas alemanas, ya sea vía corredores de bloqueo alemanes —en razón de las mejores condiciones de las fuerzas alemanas en el Atlántico—, ya sea recogiéndolas en puertos españoles de cargueros argentinos —que en su viaje de regreso tendrían que ser protegidos cuanto fuera posible por los U-boats [naves submarinas] del Eje contra los intentos de hundimiento por parte de las fuerzas anglosajonas. En este último caso, España debe ser incluida en la ecuación; quizás se podría considerar realizar entregas a través de Suecia. El General indicó que incluso un cargamento completo del material más básico sería de fundamental ayuda para Argentina. El dinero no es un problema, pero no debe perderse más tiempo.

En el mismo reporte, Meynen también informó a Alemania que había recibido un pedido idéntico por parte de Aunós, Embajador español y Jefe de la Delegación Comercial Española en Argentina, que se encontraba entablando negociaciones con el Gobierno de Castillo en Buenos Aires. Tras mencionar la posición aislada de la Argentina, la presunta posibilidad de ser atacada por Brasil, y el interés de España y Europa, ante la esperable victoria del Eje, “de preservar a la Argentina como un núcleo de orden a partir del cual la reconstitución de condiciones normales podría proceder” en América, Meynen estableció que:

(Aunós) está firmemente decidido a hacer lo que esté a su alcance para que la Argentina pueda ser provista de armas provenientes de Alemania y España —el embajador también nombró tanques y cañones antitanque y antiaviones. Es su intención llevar consigo a un General argentino en su regreso a España (presumiblemente a finales de agosto), con el propósito de clarificar las necesidades argentinas y las posibilidades de cumplirlas. Bajo estricta confidencialidad ha discutido el asunto con autoridades argentinas, entre ellas el arriba mencionado General Martínez (para quien trajo, además, una fotografía de Franco), y se convenció de que algo debía hacerse. La entrega de armas como envíos españoles en barcos argentinos probablemente sea factible.

Como consecuencia de estos dos planteos de Martínez y Aunós, Meynen informó a su gobierno:

He adoptado una actitud receptiva ante las declaraciones de ambos caballeros, de acuerdo al telegrama N° 623 que usted me enviara el 28 de marzo de 1942.

Hasta ahora, el Ministro de Relaciones Exteriores no me ha hablado del tema, pero debo asumir que está informado.

El Ministro Argentino en Copenhague, estando aquí de licencia, y quien desde el día que llegó a Buenos Aires se puso solícitamente a nuestra disposición y es especialmente cercano al Presidente, me ha insinuado lo mismo.

Solicite instrucciones sobre los debates pues es probable que sea vuelto a interrogar prontamente sobre este tema por las personas interesadas (12).

En el mismo momento, una Comisión Militar Argentina en España solicitó al Gobierno alemán que proporcionara información técnica para la construcción de dos tipos de motores de avión y partes de ametralladoras de avión; la satisfacción de este requerimiento era “muy deseada desde el punto de vista de la política exterior”, según expresó el Ministro de Asuntos Exteriores von Ribbentrop.

En agosto de 1942, el embajador español Aunós informó a Meynen que un acuerdo secreto español-argentino había tenido lugar con el objetivo de proporcionar municiones a Argentina, “plan cuya ejecución sólo sería posible con el apoyo alemán”, y que esperaba ser acompañado de regreso a España por el General Pedro Ramírez, quien “arreglaría los detalles del acuerdo del armamento” que estaba en consideración por los tres países. Meynen informó también a Alemania que había escuchado del “círculo más íntimo” del Presidente Castillo que Argentina necesitaba, en primer lugar, aviones y pólvora; que “en opinión de Castillo y sus asesores, el equipamiento de Argentina debía ocurrir rápidamente” en razón de que el régimen podía verse obligado a retener el poder por medio de la usurpación —si es que perdía las elecciones de 1943—, y de que “Castillo está determinado a volcarse de nuestro lado si es que los eventos lo obligan a tomar partido bajo la presión de los Estados Unidos”.

El Ministerio de Asuntos Exteriores Alemán fue notificado de estas propuestas, como también de una consulta oficial adicional hecha por el Ministro de la Marina de Castillo, Almirante Fincati, al Agregado Naval Alemán, Capitán Niebuhr; Fincati había preguntado si Alemania estaba lista y dispuesta a vender material naval a la Argentina, comenzando con “seis submarinos y, en segundo lugar, aviones, cañones anti-aéreos y municiones de todo tipo”. El Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, anoticiándose prontamente de la consulta oficial hecha por el Almirante Fincati, sometió la decisión del asunto a von Ribbentrop y, con ello, a Hitler. Esos memorandos oficiales examinaban las varias proposiciones argentinas de pedido de armas, y recomendaban que “se brindara una respuesta positiva al pedido argentino”, en función de “fortalecer su posición neutral”, bajo “la presuposición axiomática de que Argentina continuará de manera indeleble en su actual curso de neutralidad”.

Aparentemente, Hitler aprobó la propuesta, porque en septiembre de 1942, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán solicitó inmediatamente a Meynen más información en relación con las específicas necesidades argentinas y posibles modos de entrega del armamento. Posteriormente se celebraron nuevas negociaciones entre el Gobierno de Castillo y la Embajada de Alemania.

En la presentación de estos asuntos al Ministerio de Relaciones Exteriores Alemán, Meynen alegó haber sido consultado una segunda vez por el General Martínez, quien confirmó que el primer acercamiento había sido “en acuerdo con el Presidente Castillo” y que Argentina creía que todas las entregas debían realizarse a través de España, ya que los corredores de bloqueo eran tenidos en consideración únicamente ante la eventualidad de que “el régimen de Castillo fuera empujado a definir su política exterior y a entrar en la guerra de nuestro lado”. En este último caso, agregaba Martínez, Argentina pondría a disposición “bases para las operaciones de U-boats alemanes”. A continuación, Meynen informó de una segunda visita de su Agregado Naval al Ministro de la Marina Argentina, para realizar “estimaciones concretas sobre el equipo deseado”.

Al examinar esta situación, el Ministerio de Relaciones Exteriores Alemán observó que el desarrollo de las negociaciones comerciales que involucraban a España permitirían

un acuerdo tripartito, con España como intermediaria, de modo tal que España pueda enviar armas a la Argentina que nosotros sustituiríamos a España, mientras que España nos entregaría materias primas que Argentina sustituiría a España. De las materias primas españolas, sólo la lana, la caseína, el aceite de linaza y el cuero podrían, por supuesto, ser entregados, mientras que la carne y el sebo tendrían que ser enviados a nosotros por España, de manera secreta y de las importaciones argentinas.

A fines de octubre de 1942, el General Martínez informó que el Presidente Castillo se adhería a su decisión de emprender negociaciones sobre armamento en Madrid a través del General Pedro Ramírez y de un Almirante argentino que queda por identificar. Al informar sobre el desarrollo de estos acontecimientos, Meynen aconsejó, en acuerdo con el Embajador español Aunós, que el Gobierno alemán debía ser insistente en la necesidad de “garantizar que no sólo el régimen de Castillo, sino también su eventual sucesor, mantendrá una actitud amistosa hacia nosotros”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores Alemán decidió en privado, a partir de la sugerencia del Alto Mando alemán, que las negociaciones españolas debían ser demoradas, ya que Alemania no podía, en ese momento particular, realizar entregas de gran escala, pero que los pedidos de equipamiento más pequeño, hechos por la Embajada Argentina en Berlín, debían ser prontamente concedidos. En diciembre de 1942 Meynen continuó instando a prestar “ayuda práctica para el armamento argentino” como una de las necesidades en la campaña alemana “de apoyo a la política de neutralidad de Castillo.”

Si bien pudo haber una pausa en estas negociaciones durante los meses en que el poder de Castillo iba menguando, fueron retomadas de manera inmediata por el régimen militar que desplazó a Castillo. En una conferencia con Meynen en julio de 1943, el Presidente Ramírez anunció su interés en obtener armas de Alemania, y su intención de cumplirlo a partir del Agregado Militar en Berlín, Coronel Santillana. Meynen expresó la avenencia nazi, y se discutió el uso de corredores de bloqueo o submarinos para realizar las entregas. Esta continuidad en las negociaciones es fácilmente comprensible, ya que el General Ramírez fue el último Ministro de Guerra de Castillo.

En este punto se torna necesaria una digresión para explicar la apertura de un segundo canal de negociaciones con los nazis por parte del régimen militar, en su urgencia por obtener apoyo militar.

Por ese entonces residía en Argentina —y allí se encuentra aún— un agente secreto clave del Servicio de Inteligencia Militar Alemán [Abwehr (13)], Hans Harnisch. De origen alemán, Harnisch era también el Gerente General de Böker & Co., una firma alemana productora de acero. A partir de su negocio, Harnisch tenía importantes y cercanos contactos entre los círculos militares argentinos; en sus operaciones secretas de inteligencia colaboró de modo estrecho con Johaness Siegfried Becker, el Jefe del Sicherheitsdienst —con el rango de Hauptsturmführer en las SS nazis— para toda Sudamérica, con sede central en Buenos Aires.

Como será desarrollado más adelante, en razón de estos contactos Harnisch había llegado, a comienzos de 1943, a acuerdos para una colaboración mutua e intercambios de información con oficiales del régimen de Castillo tales como el Almirante Fincati y el Capitán Eduardo A. Aumann, Edecán Naval del Presidente Castillo.

Ante el surgimiento del régimen militar, Harnisch se movió rápidamente para desarrollar un contacto íntimo con sus principales figuras. Para ello, fue asesorado por sus amigos Aumann y Oscar Hellmuth, uno de sus asociados más cercanos. Este último, sabiendo que el régimen de Ramírez estaba deseoso de obtener un salvoconducto para el petrolero argentino “Buenos Aires”, atracado en Gotenburgo, arregló una reunión para mediados de 1943 entre Harnisch y el Coronel Enrique P. González (14), de la Oficina Presidencial. El fruto inmediato de esta reunión inicial fue el “Affaire Hellmuth”, que será descripto a continuación.

En esta primera reunión, González le dijo a Harnisch que, además de la liberación del petrolero, Argentina deseaba obtener armas de Alemania, y le aseguró que el régimen revolucionario no tenía ninguna intención de interrumpir relaciones; Harnisch, por su parte, afirmó que la inmediata liberación del petrolero era factible y ofreció aliento en relación al asunto del armamento. Con este comienzo favorable, se acordó que Harnisch debía tener inmediatamente una consulta directa con el Presidente Ramírez.

Tal encuentro ocurrió hacia mediados de julio de 1943; además del Presidente Ramírez y Harnisch, asistieron el Coronel González, el Mayor Filippi, Asesor y yerno del Presidente Ramírez, y el Mayor Bernard, asistente personal del Ministro de Guerra Farrell. De los rápidos registros de la reunión tomados por Becker y Harnisch, el gobierno alemán supo que:

…de no cumplir con sus compromisos de la conferencia de Río de Janeiro de 1942 (15), el gobierno argentino creía verse amenazado de guerra por las otras Repúblicas americanas. El reporte señalaba también que las posibles hostilidades con un Brasil mucho mejor armado no serían exitosas, a menos que la Argentina recibiera ayuda del Eje. En consecuencia, querían saber si Alemania y Japón estaban preparados para proteger las costas argentinas y chilenas con U-boats, como así también proveerlos de artillería costera, armas antiaéreas, municiones, gasolina, aviones, licencias para su producción y fórmulas para la fabricación de material de guerra adicional.

Como una evidencia de la sinceridad de su gobierno, el Presidente argentino aseguró que las medidas represivas se estaban aplicando únicamente contra agentes de las Naciones Unidas.

Ramírez respaldó estas peticiones manifestando la intención de su gobierno de posponer cualquier posible ruptura al menos hasta el otoño, buscando mientras tanto fortalecer la posición de la Argentina atrayendo a los países vecinos a un bloque neutral. Aseguró una cooperación total a Harnisch como Agente del Eje, y con este fin nombró al Mayor Filippi como intermediario confidencial para Harnisch.

En agosto de 1943, nuevas propuestas argentinas fueron hechas por la vía diplomática, en una reunión secreta convocada por el General Gilbert (16), por entonces Ministro del Interior argentino, y en la que asistieron él, el General Farrell, Meynen y su agregado militar, el General Wolf. Una vez más, Meynen ofreció su apoyo; como un modo de hacer avanzar los asuntos, Farrell se refirió a la posibilidad de enviar un oficial argentino a Europa con el propósito de presentar las propuestas específicas de Argentina.

Wolf y Meynen, pertenecientes a la Embajada Alemana en Buenos Aires, no fueron notificados por los oficiales argentinos de las negociaciones con Harnisch, que estaban avanzando a través de nuevas conferencias a las que asistieron Harnisch, Hellmuth, el General Gilbert, el Almirante Sueyro (Ministro de Marina), el Coronel González, el Coronel Perón y Becker.

Hacia fines de setiembre de 1943, el General Gilbert comunicó a Hellmuth que el régimen de Ramírez, luego de anunciar su objetivo a Meynen y Wolf, había decidido designar a Hellmuth como su representante a la hora de negociar la liberación del petrolero en Alemania y arreglar otros asuntos de interés para el gobierno argentino. En función de mantener el carácter secreto de la misión, Gilbert anunció a Hellmuth que se haría pasar por un cónsul auxiliar en Barcelona.

En otra serie de conferencias mantenidas con el Coronel González, Harnisch, el Almirante Sueyro y Becker, los objetivos de su misión como representante común de ambas partes fueron gradualmente precisadas a Hellmuth. González le informó que, además del asunto del petrolero, debía intentar obtener técnicos nazis para las fábricas de armas argentinas, garantías de protección para las embarcaciones argentinas, y organizar la compra y el envío de armas, y que sería secundado para estas negociaciones por el Capitán Ceballos, el Agregado Naval argentino en Berlín. El Almirante Sueyro le dio instrucciones para asegurar la cooperación alemana en la adquisición del combustible necesario para el viaje deseado del petrolero, que Sueyro planeaba poner bajo el mando del Capitán Rumbo de la Marina Argentina.

A su vez, Harnisch introdujo a Hellmuth a Johannes Siegfried Becker, la mente maestra nazi, quien hasta ese momento había permanecido en un segundo plano. Hellmuth fue entonces informado de que Becker estaba a cargo de todos los arreglos de su viaje una vez que llegara a Europa, y de su presentación con Schellenberg, del RSHA (17), quien era su contacto inmediato en Alemania.

Hellmuth fue notificado de que, a través de Schellenberg, podría ser también presentado a Himmler y Hitler, y que entonces podría encontrarse en la posición de explicar a las autoridades supremas del nazismo que una ruptura de las relaciones argentino-nazis era improbable, que podría ocurrir únicamente bajo presión y que, de ocurrir, la adopción de medidas de control sobre los intereses alemanes sería únicamente un asunto de concesiones superficiales a la opinión pública.

En esta última etapa de las negociaciones que involucraban a Harnisch, la Embajada Alemana fue notificada a través de dos fuentes separadas: el General Gilbert, por entonces Ministro de Relaciones Exteriores en funciones, y Ludwig Freude, líder de la comunidad alemana en Buenos Aires, asociado íntimo y agente confidencial de Meynen, como así también suegro de Werner Koennecke, un colaborador cercano de Harnisch. Freude había estado promocionando activamente la nominación del Coronel Vélez, recientemente designado como Agregado Militar argentino en España, para llevar adelante las negociaciones con Alemania —y que se opuso enérgicamente a la designación de Hellmuth. Freude aseguró que era un íntimo amigo de Hitler y que podría rápidamente garantizar la liberación del petrolero a través del Coronel Vélez. La activa intervención de Freude encontró la atención del General Gilbert y del Coronel González, y su preferencia por Vélez fue apoyada por Meynen, quien ya había informado al Ministerio de Asuntos Exteriores Alemán que Vélez estaba siendo confiado con la misión de liberar el petrolero y obtener armas.

Entonces, González informó a Hellmuth que, si bien Vélez había sido elegido originalmente para la misión en Alemania, el gobierno de Ramírez había decidido más tarde designar a Hellmuth y que, si lograba llevar adelante con éxito la liberación del petrolero, podría también encargarse de las negociaciones de las armas. En caso de que esto último ocurriera, el Coronel Vélez, como en su momento el Capitán Ceballos, sería instruido para ayudar a Hellmuth. González informó a Hellmuth que Ceballos gozaba de la completa confianza de las autoridades alemanas, y agregó que Hellmuth estaba autorizado a ofrecer la revocatoria de Luti, Encargado de Negocios en Berlín, y a pedir su reemplazo por Ceballos como un gesto para la acción favorable alemana en torno al petrolero. González explicó que expedientes separados de las propuestas concernientes al petrolero y a la obtención de armamento serían transmitidos a través de la valija diplomática argentina.

El Coronel Juan D. Perón, Jefe de la Secretaría del Ministerio de Guerra argentino, asumió responsabilidad personal por los arreglos necesarios para garantizar la entrega del expediente de armas a Hellmuth, después de sus viajes a Madrid. En el Ministerio de Guerra, el Coronel Perón exhibió a Hellmuth las mitades rasgadas de una pieza de cartón. Perón recomendó a Hellmuth que cada pieza fuera colocada en un sobre separado y enviado a la Embajada de Madrid a través de la valija diplomática, uno de los sobres dirigido a él y el otro al Coronel Vélez. La reunión de estas dos piezas en la Embajada Argentina en Madrid tenía como objetivo asegurar que la Embajada estaba entregando el expediente en las manos correctas.

Luego Hellmuth tuvo unos últimos encuentros con González, por un lado, y Harnisch y Becker por otro. Harnisch declaró que quería obtener de Alemania ciertos instrumentos de precisión que serían del mayor valor para la industria argentina, exhibió una carta que había preparado al respecto y que estaba dirigida a un individuo en Alemania, y pidió a Hellmuth que mostrara la carta a González y la hiciera incluir en la valija diplomática argentina. Hellmuth exhibió la carta a González y recibió la garantía de que sería transmitida dentro de la valija diplomática. Finalmente, González pidió a Hellmuth que le consiguiera ciertas publicaciones alemanas sobre la guerra aérea, y confirmó que Hellmuth podía esperar nuevas instrucciones a través de la Embajada Argentina en Madrid.

En la reunión final de Hellmuth con sus otros principales, Harnisch y Becker, estos exhibieron un borrador de comunicación a transmitir a Alemania. El proyecto establecía, entre otras cosas, que Hellmuth gozaba de la plena confianza del Gobierno argentino y del grupo de Harnisch; que él explicaría a los nazis la política argentina de amistad hacia Alemania; que sería capaz de describir y protestar ante la “reprochable” conducta de Meynen en su oposición a la designación de Hellmuth; que tenía la potestad de pedir la sustitución de Ceballos como Encargado en lugar de Luti; y que la autoridad de Hellmuth “bien podría resultar en un acuerdo entre los dos Gobiernos para el eventual intercambio de información”.

Sobre la base de estas diversas negociaciones y conferencias, el Gobierno alemán entendió en el momento de la partida de Hellmuth que su misión estaba diseñada para lograr los siguientes objetivos:

Uno. Asegurar a Alemania que Argentina no tenía intención de romper relaciones.

Dos. Organizar un salvoconducto para el “Buenos Aires”.

Tres. Negociar en relación a la obtención de armamento y otro material de guerra.

Cuatro. Organizar el envío a Argentina de técnicos alemanes en armamento.

Cinco. Disponer la sustitución del Encargado de Negocios argentino en Múnich, Herr Luti, que no era pro-nazi y por lo tanto no confiaba ni en los argentinos ni en el SD (18).

Seis. Discutir otros asuntos de interés mutuo (por ejemplo, intercambio de información entre ambos gobiernos con ayuda de la SD).

Mientras tanto, Meynen y Wolf, miembros de la Embajada de Alemania, preocupados por la misión de Hellmuth pero con incertidumbre en torno al alcance de la autoridad de Harnisch para representar al Gobierno nazi, informaron de sus dudas, sus incertidumbres y la falta de información adecuada sobre la misión de Hellmuth a sus superiores en Berlín. El Ministerio de Asuntos Exteriores alemán tomó una visión muy seria sobre el asunto y decidió intentar retrasar la partida de Hellmuth, sólo para descubrir que ya había zarpado (19).

Cuando Hellmuth fue arrestado en Trinidad a principios de noviembre de 1943, Harnisch y Becker fueron prontamente notificados por el Coronel Brinckmann, en nombre de los Coroneles González y Perón. A la detención siguió una firme petición del General Gilbert, transmitida tanto a los representantes del SD como a Meynen, de un acuerdo alemán inmediato para liberar el petrolero. Gilbert prometió a Meynen que la petición del acuerdo tenía como finalidad contrarrestar las demandas públicas de ruptura de relaciones, ya que, según dijo, su Gobierno todavía deseaba permanecer neutral. Tanto Meynen como Becker apoyaron con urgencia la demanda argentina con la esperanza de prevenir un deterioro en las relaciones nazi-argentinas. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania estuvo de acuerdo con Meynen, pero se encontró con una oposición tan seria por parte del Comando Naval Alemán que su posición en la cuestión del salvoconducto sólo prevaleció tras la presentación del asunto a Hitler.

Acto seguido Hitler, muy insatisfecho con el manejo alemán de todo el asunto, ordenó una investigación para determinar las razones de la participación de las autoridades nazis en un asunto tan dudoso: si el asunto tenía éxito, era de dudosa ventaja, y si se veía comprometido, sólo podía acelerar la ruptura de relaciones por parte de Argentina.

El Ministro de Asuntos Exteriores von Ribbentrop también temía un “escándalo internacional” y una consecuente ruptura forzada de relaciones por parte de Argentina. Como dijo un oficial alemán:

…las relaciones íntimas entre el SD y los representantes argentinos habían sido durante algún tiempo una astilla en el talón del Ministerio de Asuntos Exteriores, ya que pensamos que tarde o temprano un escándalo internacional sobre Argentina la obligaría a cambiar el timón de su política con respecto a Alemania, aunque sólo fuera para salvar las apariencias ante los Aliados.

Von Ribbentrop, por lo tanto, instó a Himmler a restringir las actividades de espionaje nazi en Argentina. Himmler rechazó la gestión de von Ribbentrop y continuó con la transmisión de fondos, agentes e instrucciones a Buenos Aires. Cuando, como resultado del arresto de Hellmuth, lo temido por von Ribbentrop ocurrió, este notificó formalmente a Himmler que la responsabilidad de la ruptura residía en las operaciones de espionaje de la SD, y declaró que no asumiría mayor responsabilidad por la dirección de los asuntos internacionales, a menos que el Ministerio de Asuntos Exteriores fuera notificado con antelación de todas las operaciones exteriores del SD. “Esa áspera carta no fue jugada”, estableció un bien informado Oficial Alemán.

Al SD en Berlín le preocupaba igualmente que la detención de Hellmuth pusiera en peligro a la organización de espionaje nazi en Argentina. Sin embargo, la organización de Becker comunicó pronto que los oficiales argentinos les habían informado de su decisión de no romper las relaciones con Alemania y de continuar la colaboración directa con el SD.

Aunque se desentendió formalmente de toda complicidad en el caso Hellmuth, el régimen de Ramírez persistió en secreto con su objetivo. A principios de enero de 1944, el Coronel Vélez, el nuevo Agregado Aéreo y Militar argentino en Madrid, presentó al Agregado Aéreo alemán las detalladas propuestas de armamento que Hellmuth debía llevar a Berlín. Vélez dejó en claro que actuaba bajo instrucciones de su gobierno. Que el régimen de Ramírez no tuviera éxito en sus sucesivos esfuerzos de obtener armas y equipos de Alemania no se debió a ninguna disminución de la pretensión ni la actividad argentinas, sino al desarrollo de la guerra. Fueron los Aliados quienes previnieron, de hecho, que Alemania proporcionara asistencia.

B. Esfuerzos nazi-argentinos para subvertir los gobiernos de países vecinos

El propósito argentino de defender la política pro-Eje a cambio de apoyo militar alemán se asoció a otro plan presentado al gobierno nazi. La esencia de este plan consistía en socavar y subvertir los gobiernos pro-Aliados de países vecinos, y arrastrarlos hacia un “bloque” pro-Eje liderado por Argentina. Estos objetivos argentinos, por supuesto, encajaban perfectamente con las ambiciones nazis de interrumpir la solidaridad de las Repúblicas americanas en contra del Eje.

Las bases para la completa colaboración argentino-nazi en la formulación y ejecución de estos planes, y su relación con los esfuerzos argentinos de obtener armas alemanas, ha sido descripta por un oficial alemán autorizado:

la gran meta de la política exterior argentina después de la revolución del 4 de junio de 1943 fue la formación de un bloque de estados Suramericanos cuyo centro debía ser Argentina. Esta política estaba dirigida principalmente contra los Estados Unidos y su Política del Buen Vecino (20) (esto es, en contra de la solidaridad Panamericana). El bloque debía incluir a Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay y posiblemente a Brasil (a través de la ayuda de los Integralistas brasileños (21)). Alemania sabía que, de ese modo, la política norteamericana del Buen Vecino se vería frustrada, y por lo tanto existía un completo interés por parte de Alemania en mantener relaciones estrechas con el régimen argentino. Por esta identidad de intereses el SD encontró buen apoyo para su trabajo entre los miembros del Gobierno argentino.

Como parte de este plan (la formación de un bloque de estados dirigido en contra de los Estados Unidos), el régimen argentino invitó al personal del SD a colaborar con la adquisición de armas alemanas, que consideraba necesarias para el fortalecimiento de su posición. El gobierno argentino explicó a los representantes del SD que consideraba el mantenimiento de la neutralidad argentina como un factor importante de los intereses alemanes y que, de no recibir armas, temía no poder permanecer neutral.

Este plan común se activó en relación a Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.

En cada caso, la colaboración entre Argentina y el SD con las fuerzas pro-Eje de cada país fue espoleada, bajo la guía y con ayuda, o promesas de ayuda, del gobierno militar argentino. Uno de los principales líderes de los conspiradores argentinos fue el Coronel Juan D. Perón.

Un golpe de estado exitoso surgido de estas fuentes tuvo lugar en Bolivia (22), justo cuando uno estuvo también a punto de realizarse en Chile. Al mismo tiempo, Perón espoleó a los Integralistas Brasileños, mientras que similares esfuerzos fueron dirigidos hacia Paraguay y Uruguay.

Que estos planes no tuvieran mayor éxito no fue, una vez más, el resultado de un cese voluntario por parte de los complotados. Al contrario, la presión argentina con ayuda nazi para extender su revolución fascista a toda Suramérica tuvo su etapa más activa en enero de 1944, cuando las Repúblicas americanas se unieron para negar el reconocimiento del nuevo gobierno boliviano, y anunciaron su decisión de consulta entre ellas antes de extender el reconocimiento de cualquier otro gobierno establecido por la fuerza durante ese período de excepción. Esta demostración de solidaridad interamericana obligó a disminuir las operaciones de penetración argentina.

Lo que sigue es una descripción más detallada de la formulación y ejecución de este plan nazi-argentino.

La noción de crear un bloque pro-Eje fue mantenida activamente por las autoridades del gobierno de Castillo. En relación a este plan, Meynen informó en julio de 1942:

El recientemente nombrado Embajador Argentino en Lima, Alberto Uriburu, hijo del Presidente fallecido General Uriburu e íntimo del Presidente Castillo, partió hoy hacia su nuevo puesto. Uriburu, con quien desde el comienzo de la guerra ha habido la más amistosa de las relaciones —y que en los últimos meses ha tomado un trato especialmente cordial—, es confiable y, en la actualidad, un muy influyente amigo del Eje, íntimo del Ministro de Asuntos Exteriores y considerado por el Presidente como el próximo Embajador en Berlín (cf. Telegrama n° 1657, 23 de mayo). Un hombre de confianza de la Embajada está intentado permanecer en contacto con Uriburu a través de un servicio especial de mensajería.

El envío de Uriburu a Perú es interesante en el siguiente sentido: la amenaza para la Argentina que representa Brasil, que está siendo equipado por Estados Unidos, se siente aquí más fuertemente cada día. Al Presidente le gustaría sacar a Argentina de su actual aislamiento mientras se esfuerza por tener un contacto más estrecho con unos pocos estados vecinos, explotando la insatisfacción con la política de presión de los Estados Unidos, un plan que el Ministro de Asuntos Exteriores me sugirió cautelosamente en una breve conversación. La formación de un bloque con Chile, Paraguay y Bolivia (cf. Telegrama n° 1565, 18 de mayo) está siendo considerada, acompañada quizás de un acuerdo político secreto. Los esfuerzos argentinos para cerrar las brechas en las relaciones con Chile son bien conocidos. No obstante, también cabe señalar a este respecto la visita prevista de altos oficiales argentinos al Paraguay, encabezados por el Ministro de Guerra. A las tareas del nuevo Embajador en Lima podría añadirse la de determinar hasta qué punto el Perú podría participar en esta operación.

Posteriormente, el Canciller Ruiz Guiñazú (23) dijo a Meynen que Argentina “esperaba instalar dispositivos en todas las esferas que propiciaran el más cercano entrelazamiento de la vida económica argentina y paraguaya”; que “relaciones más cercanas habían sido establecidas exitosamente también con Bolivia”; que no estaba preocupado por “el viaje venidero del Presidente de Chile a Washington” porque, entre otras cosas, el Presidente Ríos (24) “habrá de concluir ese viaje con una visita a Buenos Aires”; y que la invitación que Argentina había cursado al Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela como un “representante de la Nación caribeña, tendrá efectos psicológicos útiles”.

Los nazis concibieron su campaña a favor de la neutralidad “anti-comunista” de 1942, descrita más detalladamente en otra parte, como un apoyo a este plan de crear un “bloque”; se esperaba que la propaganda “encontrase un eco en otros países sudamericanos”. En enero de 1943 los nazis proporcionaron un apoyo aún más tangible al subsidiar a Manuel Fresco (25) “para un viaje a Chile a mediados de enero, y luego a Bolivia, Paraguay y Uruguay”.

Con estas bases, el plan se convirtió rápidamente en una completa conspiración de subversión dirigida contra los gobiernos pro-Aliados de los países vecinos. La fuerza motriz detrás de la formulación y ejecución de este complot fue encarnada por una camarilla pro-Eje entre el cuerpo de oficiales argentino conocida como el G.O.U. Esta camarilla estaba dominada por el Coronel Juan D. Perón. Otros líderes fueron los colaboradores nazis General Sanguinetti y Giovannoni, Coroneles Brinckmann, González, Saavedra, Mittelbach, de la Vega, Arguero Fragueyro, Teniente Coronel Lagos y Mayor Llosa.

Un Oficial alemán completamente informado de estos asuntos declaró que el gobierno alemán sabía que:

…la Logia Argentina de Coroneles (G.O.U.) defendía una concepción en la que Argentina se encontraba en una muy similar situación que Alemania, esto es, que tenía el destino manifiesto de unir a los países vecinos de Suramérica bajo su liderazgo. Para cumplir esa misión, los líderes del G.O.U. buscaron ayuda del SD.

Las contribuciones del SD no sólo incluyeron esfuerzos por cumplir con los pedidos argentinos de armas, técnicos y la asistencia solicitada a través de la misión de Hellmuth, sino que comprendió también varios servicios necesarios para establecer contactos y comunicaciones con individuos y grupos involucrados. El SD estaba en una situación excelente para proporcionar esos servicios debido a su sistema clandestino de comunicación por radio y a sus amplios contactos con grupos pro-Eje. A medida que la colaboración general entre el SD y la Argentina crecía y se expandía, el régimen militar argentino puso a disposición del SD información que recibió en relación al esfuerzo bélico de las Naciones Unidas, así como información completa y precisa sobre el progreso del plan de penetración, y sobre el desarrollo de los acontecimientos locales y las crisis periódicas al interior del régimen con respecto a su política interior y exterior. En todo esto, la protección absoluta de los agentes del SD en Argentina por parte del gobierno militar fue axiomática.

1. Bolivia

El Mayor Elías Belmonte Pabón (26) —conocido por su frustrado complot con los nazis para derrocar al Gobierno de Peñaranda de Bolivia en 1941— permaneció en Berlín, donde había sido Agregado Militar Boliviano. Desde allí continuó su colaboración activa con los nazis.

Pabón proporcionó inteligencia política y, por lo demás, fue un íntimo colaborador de funcionarios de los oficiales de la Sicherheitsdienst, en particular Robert Gross, jefe de la División Latinoamericana de la que Becker en Argentina era directamente responsable; prestó servicios similares y recibió 20,000 Reichmarks [Rm.] anuales del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania; y estuvo en todo momento estrechamente asociado a y dirigido por el General y la Sra. von Faupel. El General dirigía el Instituto Ibero-Americano, controlado por los nazis.

Tras la continua asociación entre los nazis y Belmonte subyace el objetivo de establecer un gobierno de tipo nazi en Bolivia. Se pensaba que el momento oportuno había llegado en junio de 1942, cuando el representante argentino de Belmonte en todas sus conspiraciones, Dionisio Foianini Banzer, así lo informó a Belmonte mediante un telegrama diplomático enviado por la Embajada de Alemania en Buenos Aires al Ministerio de Asuntos Exteriores Alemán (27). Foianini destacó que el movimiento nacionalista boliviano había hecho grandes progresos, comprendiendo un gran número de seguidores civiles y el 60% del cuerpo de oficiales; que la designación de Belmonte de un líder para servir en su ausencia era necesaria para evitar la desunión entre estos grupos; que el General Ángel Rodríguez, un seguidor de Belmonte que entonces servía como Agregado Militar en Santiago, era el candidato más adecuado para dirigir la revolución; y que, al ejecutar el golpe de Estado, se seguiría una política internacional pro-Eje, siguiendo el modelo de Argentina. Mediante un mayor uso de mensajes diplomáticos alemanes, se perfeccionaron los arreglos para establecer comunicaciones adicionales entre Foianini y Belmonte a través de un sistema de direcciones secretas.

Los planes así inaugurados para el putsch pro-Eje fueron pospuestos. Sin embargo, Belmonte los reanudó en la primavera de 1943 y concertó con el SD en Berlín para que este comprobara, mediante comunicaciones con Becker, si las condiciones eran adecuadas para una revolución bajo el liderazgo personal de Belmonte. Foianini informó sobre un amplio apoyo para el regreso de Belmonte. Belmonte utilizó esa información para presionar al SD para que arreglaran su regreso, ya fuera a través de un barco español o un submarino alemán. La presión de Belmonte no tuvo éxito. Belmonte decidió más tarde, en acuerdo con el SD, que no debía aparecer en la escena ni jugar ningún papel detectable en el complot, por miedo a exponer sus conexiones íntimas con los nazis.

Sin embargo, Belmonte se mantuvo plenamente informado de los avances de los planes revolucionarios a través de Foianini, quien mantuvo contacto directo con Becker, o a través de los propios informes de Becker al SD. Mediante los mismos canales del SD Belmonte transmitía regularmente consejos y orientaciones a sus colegas revolucionarios.

En ausencia de Belmonte, Víctor Paz Estenssoro (28) y el General Rodríguez, en asociación con Foianini, asumieron conjuntamente, entre los bolivianos, la responsabilidad primordial de organizar la revolución. La etapa inicial de los planes fue inaugurada por las visitas realizadas por Paz Estenssoro y Rodríguez a Buenos Aires en julio de 1942, donde se celebraron conferencias entre:

...Ramírez, Farrell, Perón y otros líderes del G.O.U. y los bolivianos Víctor Paz Estenssoro y el General Ángel Rodríguez. El Gobierno argentino prometió ayuda económica (reducción de barreras arancelarias, construcción de un ferrocarril entre Argentina y Bolivia, etc.) si Bolivia estaba preparada para entrar en el bloque proyectado. Belmonte tenía conocimiento de estas negociaciones a través de la SD en Berlín, y estaba de acuerdo. La revolución boliviana tuvo lugar el 20 de diciembre de 1943.

Más tarde, Paz Estenssoro y Rodríguez celebraron otra conferencia en Buenos Aires donde acordaron un plan de acción conjunta entre el partido nacionalista MNR, encabezado por Paz Estenssoro, y la camarilla de oficiales bolivianos que respondía a Belmonte. Belmonte comunicó su aprobación de estos pasos.

Los preparativos para la revolución llegaron a su etapa final a principios de diciembre de 1943, momento en el que se decidió que Foianini y Rodríguez no entrarían inmediatamente en el nuevo gobierno por temor a comprometerlo. También se decidió en el último momento que, desde un punto de vista propagandístico, los revolucionarios atribuirían su acción a la pérdida de confianza de los Estados Unidos en la capacidad del gobierno de Peñaranda para cumplir los compromisos de guerra de Bolivia, y así indirectamente poner la responsabilidad del complot a la puerta de los Estados Unidos, mientras se distraía la atención de Argentina y Alemania. Por las mismas razones, Becker advirtió a Alemania que mantuviera la reserva en sus comentarios de prensa sobre el asunto.

Cuando realmente tuvo lugar la revolución, Foianini, que acababa de regresar de un viaje a Bolivia, informó de su progreso a los funcionarios argentinos. Después de su consumación, Belmonte dio más consejos al nuevo régimen, destacando especialmente que debía mantener la apariencia de cooperación con los Estados Unidos hasta una fecha posterior en la que la política exterior e interna pro-Eje de Belmonte pudiera ser adoptada con seguridad. A lo largo de 1944, Belmonte intentó organizar un pasaje de regreso a Bolivia a través de sus contactos nazis; en noviembre de 1944 salió de Alemania y se estableció en España, donde todavía goza de inmunidad diplomática.

2. Brasil

En el verano de 1943, los agentes nazis de la SD en Argentina establecieron contacto directo y cooperación con dos figuras integralistas que vivían en el exilio en Buenos Aires, el Sr. Jair Tavares y un tal Dr. Caruso (29). Siguieron varios meses de esfuerzos para atraer a los integralistas brasileños a una conspiración, diseñada para socavar el esfuerzo de guerra brasileño y para obtener para el SD inteligencia de Brasil que resultara útil a Alemania. Cuando, debido a dificultades de comunicación, estos últimos esfuerzos resultaron improductivos, Becker organizó una reunión entre Caruso y Tavares, los Coroneles Perón y González, y un agente del SD. En esta reunión los oficiales argentinos ofrecieron ayuda a los integralistas, en línea con el plan argentino de conformar un bloque anti-estadounidense, y pusieron a disposición el servicio de mensajería de las fuerzas militares argentinas para las comunicaciones con los integralistas en Brasil. Los resultados de esta reunión fueron transmitidos al Dr. Raimundo Padilha (30), el principal líder integralista que estaba escondido en Brasil, con el resultado de que Padilha envió a Buenos Aires al Mayor Jaime Ferreira da Silva, a quien había autorizado a negociar con los funcionarios argentinos y con Becker. Ferreira llegó a finales de diciembre y rápidamente se reunió con Becker y los integralistas locales.

Después de su reunión con Becker, Ferreira se entrevistó con los Coroneles Perón y González. En el transcurso de esta entrevista Perón afirmó que los objetivos buscados por la revolución militar argentina tenían una proyección hemisférica, con un éxito ya alcanzado en Bolivia y con un progreso satisfactorio en otros países vecinos. Sobre los asuntos específicos discutidos, funcionarios alemanes plenamente informados por Becker comunicaron que Perón y González estuvieron de acuerdo con Ferreira da Silva en lo siguiente:

Uno. Argentina debe transmitir propaganda pro-Eje en portugués a Brasil.

Dos. El agregado militar argentino en Río de Janeiro debería ser reemplazado por uno más cooperativo.

Tres. Establecimiento de buenas relaciones entre el nuevo Agregado Militar y Padilha.

Cuatro. Informes codificados a ser enviados a través de canales diplomáticos.

Cinco. Instalar un agente secreto civil argentino en Río de Janeiro bajo la cubierta de la Cámara de Comercio Argentina.

Seis. El Ministerio de Propaganda Alemán debe ser informado de que un medio eficaz de propaganda para socavar el régimen de Vargas consistiría en que la radio alemana informara que submarinos italianos habían hundido los buques mercantes brasileños y que por lo tanto el Gobierno de Vargas estaba asistiendo al Gobierno de Badoglio, responsable de la pérdida de vidas brasileñas, pues el Gobierno de Badoglio funcionaba bajo el mismo Rey que el antiguo Gobierno de Mussolini (31).

3. Chile

A finales de 1943, funcionarios alemanes en Berlín recibieron información, a través de sus agentes en Argentina, de que representantes del régimen militar argentino estaban fomentando la agitación generalizada entre los nacionalistas chilenos pro-Eje, dentro y fuera de las fuerzas armadas chilenas, para un derrocamiento revolucionario del Gobierno de Ríos, con la expectativa de lograr así una política pro-Argentina, pro-Eje en Chile.

El principal conspirador argentino fue el Coronel Perón, quien, cabe señalar, había servido como Agregado Militar Argentino en Chile de 1936 a 1938. Perón fue estrechamente apoyado en Argentina por coroneles del G.O.U. como Saavedra, Mittelbach, y González, y su agente para estos propósitos en Chile fue el Capitán Juan B. Chavarría, un oficial argentino. Un funcionario alemán en Berlín, plenamente informado de la evolución de este plan, ha declarado que, a partir de enero de 1944:

…tras el regreso de uno de los agentes enviados a Chile por el Estado Mayor argentino, el Coronel Perón decidió dar al movimiento revolucionario chileno un apoyo financiero de un millón de dólares, cuyo primer pago ascendería a un millón de pesos. Sin embargo, después de la desfavorable recepción de la revolución boliviana, el interés argentino cesó gradualmente.

4. Paraguay y Uruguay

Funcionarios alemanes han declarado que en 1943 representantes del ejército argentino, en colaboración con agentes nazis, tomaron medidas para la penetración de Paraguay y Uruguay, cuyas ramificaciones aún no son del todo claras.

C. Colaboración Política y Social Nazi-Argentina

1. Ayuda y protección del espionaje del Eje

Cuando comenzó la guerra ya estaba establecido en todas las Repúblicas americanas, bajo los planes hasta entonces trazados y llevados a cabo por las agencias alemanas de inteligencia secreta —en particular la RSHA de Himmler—, una compleja red de organizaciones de espionaje. Infiltrados en todos los países, entrenados como expertos en inteligencia y operaciones de sabotaje, y equipados con los dispositivos de radio más avanzados para la comunicación con la sede de Berlín y entre ellos, esta red persuasiva y altamente integrada constituía una amenaza para la seguridad de las Repúblicas americanas y el esfuerzo bélico de las Naciones Unidas, cuyas verdaderas proporciones aún no se han descubierto ni apreciado plenamente.

Lo que se sabe es que estas fuerzas nazis llevaron a cabo en las Américas un ataque contra los Aliados tan peligroso como un avance nazi en los campos de batalla. A través de estas fuerzas, los líderes de guerra nazis recibieron información importante sobre el esfuerzo de guerra de las Repúblicas americanas, que sirvió a los fines de planificar la estrategia nazi; a través de ellos, los nazis pudieron lanzar torpedos sobre buques aliados y destruir material y recursos humanos de los Aliados; a través de ellos, los nazis llevaron adelante sus objetivos de fomentar la desunión, el descontento y la división entre los pueblos y los gobiernos de las Repúblicas americanas, una estrategia de primera importancia y valor en el concepto nazi de la guerra total.

A medida que pasaban los meses después de Pearl Harbor, esta red del Eje perdía terreno en las Repúblicas americanas. En defensa contra el curso de estos acontecimientos, y a menudo en anticipación de ellos, los líderes nazis huyeron de las fronteras de estos países a un territorio más seguro, hasta que en la primavera de 1943 se centralizaron en un país —Argentina, bajo el mando absoluto de Johannes Siegfried Becker, jefe del SD para toda Sudamérica con el rango de Hauptsturmführer en las SS.

Una idea de la cálida recepción, amplia asistencia y estrecha colaboración que Becker y sus agentes recibieron de quienes estaban a cargo del gobierno argentino ya ha sido fehacientemente provista a partir de la exposición de los negociados argentino-nazis para la obtención de armas y sus programas conjuntos de intento de socavar los gobiernos suramericanos. Ahora deben describirse más detalles y algunos otros aspectos de esta colaboración general, a fin de examinarla con pleno conocimiento de sus consecuencias.

Anteriormente se ha hecho referencia a Hans Harnisch, un agente clave de la Abwehr alemana que operó en estrecha colaboración con Becker, como también a los arreglos que Harnisch hizo a principios de 1943 para colaborar con el Capitán Eduardo A. Aumann, por entonces Ayudante de Campo de la Marina del Presidente Castillo, y con el Almirante Fincati, Ministro de Marina de Castillo. Estos oficiales argentinos ayudaron a Harnisch a perfeccionar la colaboración Argentina-SD con oficiales pro-nazi en Paraguay, y establecieron las medidas necesarias para encubrir y proteger a los agentes de inteligencia que respondían a Harnisch y Becker, quienes utilizaban a Argentina como base para sus operaciones en países vecinos. En este mismo sentido, Harnisch se comprometió a obtener favores alemanes para el Gobierno de Castillo, por pedido de este intervino ante el Gobierno alemán para la producción de papel prensa sueco para la Argentina y tomó en consideración una petición del Almirante Fincati, que Berlín rechazó, de que ciertos oficiales argentinos recibieran entrenamiento militar en Alemania luego de viajar secretamente allí.

Con el surgimiento del régimen militar en junio de 1943 se produjo la íntima relación de trabajo y acción coordinada reflejada en el caso Hellmuth y las diversas conspiraciones dirigidas a los gobiernos de los países vecinos ya descriptas. Estas operaciones conjuntas, sin embargo, fueron meros reflejos de un entendimiento básico entre los oficiales argentinos y el SD. Algunas características de ese entendimiento, tal y como fue aprobado en Berlín, fueron:

…Argentina daría a la SD informes auténticos de inteligencia que concerniera a las potencias enemigas, así como sobre la política interior y exterior argentina en relación con otros países sudamericanos. Como un quid pro quo, el SD se declaró dispuesto a apoyar al régimen argentino en materia de entrega de armas, máquinas, etc., con la mayor de sus capacidades.

En el acuerdo, por supuesto, estaba implícito el entendimiento de que los agentes nazis recibirían plena protección. Otro resultado del acuerdo fue que:

…posteriormente, el SD recibió información sobre todas las medidas y planes importantes de la política gubernamental argentina, incluida la crisis del gabinete provocada por la logia de los coroneles.

El SD recibió estas prestaciones.

Los agentes de la SD en Argentina fueron regularmente provistos de inteligencia por el Coronel González, el Coronel Brinckmann, el Mayor Filippi, el Mayor Bernard, y figuras militares en Argentina. Con frecuencia, los Coroneles González y Brinckmann, en nombre del Coronel Perón, dieron informes a la SD y desde el período de la ruptura de relaciones en adelante, el Coronel Brinckmann se convirtió en una fuente de información directa cada vez más importante y frecuente.

De esta manera, el SD se mantuvo totalmente al corriente de la crisis del gabinete de octubre de 1943, cuando Ramírez, con el apoyo del G.O.U., luchó contra la presión doméstica por una ruptura de relaciones, al librar al gobierno de los miembros pro-ruptura de su gabinete, y a través de detenciones extensivas de otros líderes públicos y privados que bregaban por la ruptura. De las mismas fuentes, Alemania sabía también que el General Rawson sólo había asumido su cargo de Embajador en el Brasil al mando del Estado Mayor Argentino controlado por el G.O.U.

Del mismo modo, Brinckmann, actuando en nombre de Perón, dio al SD el siguiente relato de las circunstancias en que se produjo la ruptura de relaciones por parte Ramírez y su pronto desalojo de la Presidencia, como también de lo ocurrido a continuación:

De esta fuente confiable (Brinckmann), el SD también aprendió el curso posterior de los acontecimientos en la política interna argentina. Brinckmann actuó de esta manera en representación de Perón, quien deseaba que el SD fuera informado de que el Presidente Ramírez, el General Gilbert, el Coronel González y el Mayor Filippi habían estado saboteando secretamente la idea del bloque argentino durante algún tiempo y estaban tratando de establecer buenas relaciones con los Estados Unidos y de romper relaciones con el Eje, en contra de los deseos del G.O.U.

Tras el derrocamiento de Ramírez en el período posterior, Brinckmann informó que el régimen de Perón-Farrell condenó la declaración de ruptura de relaciones con el Eje. Mantuvieron que la declaración se había hecho ilegalmente, ya que Ramírez no tenía el asentimiento de todo el Gabinete. Ramírez, al parecer, había aprovechado la ausencia de varios ministros para dar a conocer la declaración y confrontar al gabinete con un hecho consumado. Perón tenía la intención especial de investigar el caso.

Poco después de la ruptura, el régimen de Ramírez fue derrocado por Perón y Farrell. El nuevo régimen (es decir, Perón y Farrell) hizo que el SD fuera informado de que la ruptura en las relaciones iba a tener poca significación; que había sido causada por la presión de Estados Unidos; que la verdadera orientación del régimen era, antes como después, pro-alemana.

La evidencia en torno a estos hechos, así como documentos y testigos de primera mano, se combinan para completar el cuadro. Poco después de que Farrell y Perón asumieran el poder fueron liberados varios agentes del SD detenidos por Ramírez en el momento de la ruptura de relaciones con Alemania. Los que permanecieron detenidos recibieron las atenciones más hospitalarias y los privilegios más generosos posibles bajo la dirección del Coronel Filomeno Velazco (32) (cuyo nombre era frecuente y favorablemente mencionado en los informes del SD recibidos en Berlín). Por lo tanto, Becker no tuvo grandes dificultades para mantener el contacto con los detenidos y pudo reconstruir su organización para nuevas operaciones.

Respecto a este período, un oficial informado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania declaró:

El Coronel Filomeno Velazco y el General Armando Verdaguer (33), el primero de ellos en su cargo de Jefe de Policía de la Ciudad de Buenos Aires, eran mencionados a menudo en los informes oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania. La actitud indulgente del Coronel Velazco con respecto a los agentes del SD que habían atraído la atención de la policía, y especialmente hacia los que eran arrestados de vez en cuando, ganó mención particularmente favorable. Varios de estos agentes fueron puestos en libertad gracias a sus esfuerzos. La cárcel de Buenos Aires era llamada en broma “Hotel Velazco” en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

El régimen de Farrell-Perón se esforzó por enmendar la ruptura de relaciones con Alemania por parte de Ramírez. Con ese fin concedió a los intereses alemanes el trato más amistoso. En un informe oficial sobre el tratamiento de los intereses alemanes después de la ruptura, el general Friedrich Wolf informó al Alto Mando alemán en el otoño de 1944 que el régimen de Farrell-Perón

también está haciendo un esfuerzo para evitar nuevas consecuencias de la ruptura de relaciones que ahora es un hecho consumado, ya que estas consecuencias han ocurrido inevitablemente en otros Estados sudamericanos.

De los puntos de este esfuerzo que nos afectan directamente se puede mencionar que el actual gobierno argentino ha impedido cualquier polémica propagandística en la prensa con respecto a la ruptura de relaciones. Ha llevado a cabo (desde la destitución del General Ramírez, etc.) las “investigaciones de espionaje” de manera sustancialmente más imparcial, ha tratado mejor a los detenidos (a veces los ha liberado o ha permitido su traslado a un hospital) y ha impedido asimismo la explotación propagandística de estos casos en la prensa. Ha presionado vigorosamente, sin duda, para promover la partida de los diplomáticos alemanes, pero se ha esforzado por mostrar amabilidad en el trato y en la ejecución de la partida (estableciendo contacto a través de mediadores especialmente comisionados, oficiales o ex oficiales). Hasta el momento —a pesar de la presión de los Estados Unidos, que sin duda existe—, no ha afectado en absoluto a las sociedades, escuelas, iglesias, hospitales e instituciones de asistencia social alemanas, y no sólo no ha cancelado los pedidos gubernamentales a empresas alemanas anteriores a la ruptura, sino que, hasta cierto punto, ha contraído nuevos. Además, al llevar adelante la internación de todos los miembros de la tripulación del acorazado “ALMIRANTE GRAF SPEE” en campos, ordenada también bajo la presión de los Estados Unidos a finales de 1943, las autoridades militares argentinas en servicio trataron continuamente, en general, de cumplir con nuestros deseos en la medida de sus posibilidades.

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22 октября 2025
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382 стр. 105 иллюстраций
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9789878699592
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