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JUAN BALISARIO

Neopatriarcado:
Niñas y niños rehenes del siglo XXI


Juan Balisario

Neopatriarcado : niñas y niños rehenes del siglo XXI / Juan Balisario. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: online

ISBN 978-987-87-1669-5

1. Ensayo. I. Título.

CDD 306.01

EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA

www.autoresdeargentina.com

info@autoresdeargentina.com

juanbalisario@gmail.com

Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723

Impreso en Argentina – Printed in Argentina

Índice de contenido

PORTADA

CRÉDITOS

ÍNDICE

PRÓLOGO

La familia disgregada

El patriarcado real

Contexto externo del neopatriarcado

Corsianismo, las nuevas violencias degénero

Violencia de los patriarcados a las mujeres

Violencia de degénero

Justicia y neopatriarcado

Las niñas y niños son los más perjudicados

Niñas y niños culpables

Suicidios en niñas, niños y adolescentes

Psicoanálisis y su teoría de la sexualidad humana

Cómo opera el psicoanálisis corsiano

Neuropsicología en la problemática de género

Ángeles de la Universidad

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

SINOPSIS

A mis tres hermosas hijas, a sus mamás

y a los que me asistieron generosamente

cuando pensamientos suicidas habitaron en mí.

PRÓLOGO

Me opongo a la violencia porque aún cuando aparenta hacer el bien, ese bien es solo temporal; El mal que crea es permanente.

MAHATMA GANDHI

En la última movilización por el día internacional de los derechos del niño en Buenos Aires, el 20 de noviembre del 2020, había entre los pamás y familiares del mar de marchantes ignorados por los medios, una mujer que desolada rompía en llanto constantemente.

Al final de la movilización habló, y homologó en sus palabras lo que a la mayoría de los manifestantes les sucedían. Estaba impedida de tener el más mínimo contacto con sus hijas, de conversar con ellas, de cuidarlas y protegerlas, de escuchar el sonido de su voz, el canto de sus sonrisas, siquiera tenía la posibilidad de mirarlas a los ojos para decirles cuanto deseaba estar con ellas, cuanto las amaba y extrañaba.

Tengo la sensación de que todo ser humano que la viese marchar, sería capaz de empatizar con la desesperación y el dolor de esa mamá, y hacer carne su sufrimiento, aunque ninguno de nosotros pueda siquiera acercarse a la real dimensión de su desconsuelo.

Lo que le sucede a esta, y a numerosas mujeres, les pasa también a miles de papás paternales, aunque la empatía que puede sentirse por una mamá es considerablemente diferente a la empatía que pueda sentirse hacia un papá, aún cuando fueran las mismas condiciones.

Tal vez exista la idea patriarcal que el deseo de paternidad del hombre es superfluo, que no lo constituye, que su función paternal es menor a la maternal, o tiene el destino de ser un colaborador, un asistente, o tal vez un simple reemplazo para cuando algo falle y ese niño o niña lo necesite como relevo transitorio.

Esta construcción patriarcal en el inconsciente colectivo de todos nosotros nos moldea en nuestra capacidad de pensar y sentir, y por este motivo, de establecer una empatía necesaria para poder acercarse al drama de estos papás que, en casos graves, mueren por enfermedades desarrolladas producto del estrés o, en algunos casos, se suicidan.

Tal vez sea por esta construcción del patriarcado la poca empatía general hacia los papás impedidos, produciendo una dificultad para afrontar al drama social que nos convoca, sobre todo en sectores radicalizados del feminismo que los cosifican para poder aplicar sus políticas restrictivas, aduciendo “prevención” ante la peligrosidad inherente del varón que denuncian.

El flagelo de las obstrucciones acá planteadas, que se dan a nivel mundial en este momento histórico, surge del ideario que se le impone a un sector importante de la población para el cual, el patriarcado es la representación del mal que debe llegar a su fin, y la “perspectiva de género”, en su forma discriminante y no inclusiva, representa los ideales del bien que bajo ningún aspecto puede ser cuestionada.

Las violencias actuales dadas por la obstrucción innecesaria de vínculos son inexplicables si no se las entienden en el contexto de esta guerra del bien contra el mal que, en un espiral de violencia creciente, salió por completo de su cauce.

Se definen así teorizaciones que se autoenaltecen en el bien que los incluye, señalando y persiguiendo al mal producidos por objetivados “victimarios”, que son colocados en el lugar de la otredad.

Muy distinto al feminismo que busca la igualdad y la integración de todas y todos en una perspectiva de género inclusiva, la impostura radicalizada y extrema ha abandonado hace tiempo la búsqueda de la igualdad en la diferencia, y ve en el diferente la representación del mal que se debe combatir.

La propuesta de este ensayo es entonces explorar estos conceptos fuertemente establecidos de la actualidad que, velados en su origen, motivación y función, modelan el actuar de comunicadores sociales, psicólogos, agentes sociales, letrados, periodistas, políticos y de un sector de la sociedad, y producen la rotura innecesarias de lazos esenciales, afectando a miles de niños y niñas con sus pamás.

Por entender que las desgarradoras obstrucciones a las mamás que en el principio del prologo se describen, surgen, como se verá en este ensayo, por defecto técnico–legal del interés real por la obstrucción paternal, es que trataré en este trabajo únicamente la obstrucción a los papás, con el anhelo de acabar con el patriarcado real, y en línea con los movimientos feministas que tan bien hacen a la humanidad.

No trata este estudio entonces sobre las violencias comunes del machismo, tema del que se encuentra abundante y excelente bibliografía que explica los privilegios de varones que, ejerciendo con despotismo violencias sobre las familias, victimizan a mujeres, niños y niñas.

Este ensayo habla precisa y excluyentemente sobre las violencias que se dan como consecuencia de obstrucciones innecesarias del vínculo entre los papás y sus hijos e hijas, de los factores psicológicos que se despliegan en los procesos, de las consecuencias nefastas en los niños y niñas de tales medidas judicializadas, surgidas ante denuncias realizadas a papás paternales que resultan ser falsas, falseadas, o provenientes de separaciones conflictivas y también sobre las globalizadas motivaciones del Neopatriarcado que dan origen a semejante pandemia.

Esta globalizada construcción de una tajante división entre víctimas y victimarios posibilita una grieta que beneficia al movimiento dándole a la vez impulso y aceptación, ya que el pensamiento dicotómico que implementa: absolutista, global, no dimensional, invariable e irreversible, es evolutivamente anterior al pensamiento complejo (Beck, 1983).

Siendo el pensamiento primitivo más fácil de incorporar, ya que se manejan con generalidades taxativas irrefutables, se genera adherencia pasional al movimiento, por la perturbación emocional que se produce al generalizar una problemática acotada.

Estas generalizaciones sesgan la información conforme a creencias, implementándose como certezas a la hora de juzgar singularidades.

Si bien las certezas son necesarias para vivir, ya que dan estructura a nuestro ser, la duda nos brinda la humanidad al posibilitar la reflexión, y con ello la posibilidad de cambio.

O somos espejo de ideologías cerradas, repitiendo globalizados sinsentidos disfrazados de verdades que nos moldean, o tomamos el reflejo de esa misma manipulación para deconstruirla y reconstruirla para tener mirada propia, distinta a la imposición cultural de sectores dominantes.

Un pensamiento basado en certezas es lo que caracteriza para Lacán a un pensamiento psicótico. En la otra postura, la posibilidad de la duda, la posibilidad de que algo pueda llegar a ser diferente. (Lacan J., 1984)

En las elaboraciones pasionales como las del fem Radical, las intelecciones y elaboraciones teóricas brotan a partir de lo emocional siendo el conocer, como bien dice Maturana (2008), un suceder biológico que no siempre se ajusta a la verdad. Más bien la verdad construida se ajusta a las motivaciones pasionales.

En estas producciones pasionales que se presentan bajo la forma de una ideología con tanta emocionalidad en su construcción, el saber que se produce no admite reflexión, ya que sus postulados son los fusiles y las espadas que creen dirigir contra la opresión, contra los femicidios, contra las violaciones a niñas y niños, contra todo lo aberrante que denuncian.

Guerra contra el macho matador, violador, abusivo y violento adjetivado como “el varón”, constructo no inocente que resulta de generalizar a un enemigo peligroso y culpable comúnmente indispensable a toda guerra de expropiación.

La guerra que emprende el feminismo radical (fem radical) contra el “varón” culpable del patriarcado está tan bien justificada como mal dirigida, ya que el sesgo que se produce por una generalización sin matices, condena a hombres paternales por su peligrosidad inherente y patriarcal, desvinculando a sus hijos que son privados del amor paterno.

Guerra ejercida por el neopatriarcado con niñas y niños tomados de rehenes que destruye lazos afectivos entrañables, imprescindibles, estructurantes.

En sus resultados negativos están familias disgregadas, papás paternales amputados, niñas y niños víctimas con parte de su infancia robada.

Esta guerra “de género” del fem radical parte como se verá de un gravísimo error. En su perspectiva “de género” sectaria, excluye al hombre como víctima también del patriarcado, y lo coloca como “el culpable”, aunque de vez en cuando se anoticien de papás que se suicidan por estar viviendo el drama de ser acusados falsamente por delitos gravísimos contra sus hijos e hijas (violencia simbólica) y de ser excluidos de su paternidad (violencia simbólica, psicológica, social e institucional).

En Argentina más de 10 hombres se suicidan por cada femicidio que se produce.

Las cifras exactas son 255 víctimas directas de femicidios realizados (O.M., 2018, p. 8) y 2698 hombres que se suicidan al año (Secretaría de Acceso a la Salud, 2018, p. 86), muchas veces impulsados por el tormento de ser desvinculados de sus hijas e hijos mediante denuncias falsas, falseadas o tomando como motivo situaciones derivadas de separaciones conflictivas.

En esta guerra mal direccionada, los femicidios siguen en aumento como también el indicador más siniestro de sufrimiento social. En Argentina el suicidio llega a ser la segunda causa de muerte en niñes de 10 a 19 años. (Unisef 2019).

Es posible que estos índices no se detengan, y que las atrocidades que cometen al incidir falazmente en los litigios dados en las relaciones vinculares de las familias, restringiendo vínculos mediante la justicia, tengan en el futuro, una peor respuesta. Litigios en los cuales, actuando con profesionalismo, podrían resolverse con facilidad y en poco tiempo, evitando femicidios y suicidios, actuando en favor de la salud psíquica de adultos y menores.

Negar estas cuestiones o justificarlas anteponiendo un pacto de sororidad implica actuar fuera de la más mínima ética.

Tomar a la ideología del fem radical (victima–victimario) como certeza o verdad irrefutable, abre un camino peligroso al totalitarismo, condenando de diferentes modos a quienes sean acusados aún sin presentar pruebas, o a quien se atreva a disentir como lo hace este ensayo.

Imposible será evitar entonces, con esta postura no revisionista, violencias que van desde suicidios de papás paternales inocentes hasta los abusos sexuales a niñas y niños por parte de este “sector radicalizado” que se denuncia en este ensayo.

Este trabajo está asentado en una perspectiva de género inclusiva, ya que considera al hombre heterosexual como víctima también del patriarcado.

Al posicionar al hombre como sufriente, es posible entonces abordar la problemática de género de manera integral, de forma que se pueda proteger la relación vincular familiar, dando lugar a tratamientos psicológicos bien direccionados que posibiliten la protección de niñas y niños, adolescentes y adultos, con un accionar más evolucionado que el actual sistema restrictivo medieval.

La libertad solo es libertad cuando lo es en su totalidad. Estar exiliados de nuestros afectos más entrañables es una forma de condena hacia el niño o niña y su papá que cuesta entender en toda su implicancia.

Lo que propongo en este ensayo es reemplazar esta guerra jurídica ideológicamente dirigida (lawfare) por la construcción de un modelo contracultural benefactor, capaz de ser desarrollado sin violencias, suscitando un camino direccionado hacia la igualdad de género integral, basado en la psicología, la educación y la inclusión social, acordando y sin contradecir a otros aspectos producidos hasta la actualidad por el feminismo no radicalizado, y también a no pocos aspectos del fem radical.

La cultura matrística, con valores centrados en la solidaridad, la inclusión, y el colaborativismo, tiene como eje rector el cuidado hacia niños y niñas. Se opondrá a los valores del patriarcado, centrados en el hedonismo, el posicionamiento social, la dominación del diferente y la competencia, siendo su regente la violencia y la exclusión.

Para evitar cuestionamientos que pretendan ensuciar lo que este estudio viene a desarrollar aclaro, de una vez y para siempre, que el objeto de estudio va a ser la violencia realizadas a niñas y niños, como así también a sus papás paternales, ocupándome exclusivamente del accionar de universitarios recibidos de distintas especialidades ante denuncias falsas realizadas por un progenitor a la justicia, por lo general derivadas por conflictos inherentes a una separación belicosa, llevando a despojar a niñas y niños del amor, el cuidado, la protección y la identidad de la parte de la familia paterna durante años, quedando estos a resguardo del victimario denunciante, y produciendo violencias y hasta abusos sexuales a niños, niñas y a sus papás.

A los profesionales que trabajan en esta temática y no a la mujer denunciante va dirigido este ensayo.

Este ensayo hacer referencia solamente a casos de desvinculación de papás con sus hijos/as, y deja como deuda al flagelo producido por gran cantidad de casos de niñas y niños desvinculados de la parte materna al ser pensadas, por estos sectores radicalizados, como “mujeres patriarcales”

Otros casos de desvinculaciones innecesarias de madres con sus hijas/os surgen de un sistema democrático que tiene basamento en la igualdad y no puede esquivar maniobras jurídicas que, utilizando los mismos argumentos para desvincular al papá, son empleados para desagregar a mamás, forzando a la burocracia jurídica a actuar también en contra de ellas y de sus hijos e hijas. Si bien difieren estos casos en sus motivaciones a lo específico de este estudio y poseen otras complejidades a pensar, son, en lo que atañe a este siglo XXI, consecuencia también del accionar del neopatriarcado.

El fin último propuesto por el feminismo radicalizado, que es el de deconstruir a la familia tradicional por ser producto del patriarcado, también es logrado para beneficio del neopatriarcado mediante la disgregación familiar por la obstrucción materna.

El recorte necesario para esta problemática, insisto nuevamente, no incluye a aquellos casos ciertos de violencia física a los niños y niñas y a sus mamás, ni pretende que el Estado deje de intervenir en estos casos, para que nunca más ocurran casos de femicídios como los de Micaela García, Verónica Ramirez , Valentina Escalante, Úrsula Bahillo y tantas otras víctimas de femicidio.

En caso de violencia física o de amenazas reales es necesaria y única alternativa la denuncia a los centros especializados, los cuales serán los responsables de evaluar sin ideologismos y, en caso de ser imperioso, de obstruir temporalmente para dar tratamiento al insano vínculo, protegiendo de esta manera no solo a la mujer o al hombre víctima de violencia, sino además a las niñas y niños, pudiéndose actuar en la relación de éstos con sus pamás ya cortada la cadena de violencia de forma efectiva, para que pueda establecerse lo más pronto posible un sano vínculo filial siempre que ello fuera viable.

Las frases textuales que en este libro se presentan no corresponden, en gran parte de los casos, a la intención de sus autores, por estar algunos de ellos dirigidos a otras cuestiones, e incluso dando un sentido inverso a la problemática acá planteada, quedando fuera de la intencionalidad de esos textos el tratamiento que se les darán a sus palabras en este ensayo.

Declaro que este libro está concebido desde una posición subjetiva, la mía, y por lo tanto deja de ser imparcial. Se aconseja a usted contrastarlo y de ahí sacar su propia conclusión.

La familia disgregada

La ira es un veneno que tomas tú esperando que muera el otro.

SHAKESPEARE

En las separaciones destructivas la ira es el veneno que le damos a nuestros niños y niñas con la intención de que muera su pamá. (Neologismo que refiere al papá o a la mamá sin hacer diferencia de género.)

Antes de introducirnos desnudos en el fangoso riachuelo urbano de las separaciones judicializadas con niñas y niños usados de rehenes, es necesario exponer acerca de lo que se sabe hoy sobre lo que posibilita que una pareja sea satisfactoria, para así poder contraponer las construcciones que se hacen en la actualidad para promover a las separaciones violentas, afectando y llenando de violencia a los vínculos y perjudicando especialmente a niñas y niños.

Me dedicaré exclusivamente a las relaciones de pareja con hijos y o hijas.

Dado que el tema es de extrema gravedad buscaré, en lo posible y en mis limitaciones, sustentarme en lo científico, aún sabiendo que ninguna teoría relacional es acabada, ni expuesta a críticas, ni huye al sesgo, ni a intereses.

Para el tema de las relaciones de pareja en particular, me centraré mayormente en John Gottman (1999) por ser el que investigó esta problemática de manera científica en un extenso e innovador estudio, tomando registro durante dieciséis años a centenares de parejas que concurrieron al que se denominó “el laboratorio del amor”, una estancia donde las parejas convivían durante un día, recreando un ambiente dominical.

Este estudio encuentra que las parejas felices, aquellas que son funcionales en el tiempo, basan su relación en una profunda amistad, y descubre que el cariño y la admiración son dos elementos casi indispensables para una relación duradera y gratificante. Incluso el romance, la pasión y el sexo, están relacionaos y en función de estos elementos y no a la inversa.

Amistad, contención, soporte emocional y cuidados mutuos parecen estar relacionados con una dependencia recíproca, tan malinterpretada en este mundo individualista.

Los seres humanos adultos para vivir ciertamente dependemos, ya que esto fue fundamental para nuestra subsistencia durante una evolución de millones de años.

El falso mandato de ser independientes muchas veces se confunde con la libertad que tenemos de elegir de quien depender y a quién cuidar, y la diferencia no es sutil ni menor. Mientras que uno intenta en vano deshumanizarse en el individualismo, la competencia y la lucha por el poder, otro busca con quien compartir la existencia, se dispone a tomar y a dar, a comprometerse y a confiar. Cuando una pareja asiste a una terapia, o a una consulta por dificultades conyugales son estas cuestiones de la amistad a las que se intentan favorecer, respetando las diferencias personales.

Una de las verdades sobre la pareja que producen sus estudios es que, aún en las que existe altos niveles de satisfacción, la mayoría de las diferencias entre ambos están basadas en incompatibilidades esenciales de personalidad, valores y estilos de vida, y por tanto no tienen solución.

Resulta entonces improbable que la verdad de una pareja feliz se encuentre en resolver los problemas y desencuentros, ya que algo que no tiene solución no se podrá solucionar, y la relación se perderá cuando intente alguno de los miembros cambiar a la pareja a su medida.

Si es cierto que somos diferentes es lógico entender que aceptar al otro con su personalidad e idiosincrasia constituye en sí el estamento para que una pareja funcione. Amor empático sería el sinónimo del amor adulto. En el otro lado el amor por conveniencia, como objeto de consumo y satisfacción hedonista.

Lejos de tener intereses comunes o modos de ver la realidad en forma idéntica cada uno de los miembros de la pareja conserva su personalidad y la forma personal de entender la vida, tanto que en las parejas que perduran, el 69 % de los problemas, no son solucionables (Gottman, 1999).

Interpretar las diferencias de la pareja como agravios o afrentas personales es entonces, para Gottman, un veneno mortal. Interpretarlas como diferencias o dificultades en cambio puede abrir espacios de aceptación y tolerancia que no licúen la amistad, el cariño, la admiración y el amor.

Saca así Gottman la atención de lo que hasta entonces basaban mayormente la asistencia en las terapias de pareja, puesta en los problemas de comunicación para resolver los conflictos .

Los problemas sin solución por supuesto que no son solucionados a lo largo de la relación. Será entonces convivir con las diferencias, y no la resolución de los conflictos, el modo de tener una relación satisfactoria.

Tal parece que la forma en la que elegimos vivir y los roles que adoptamos son elecciones que provienen de nuestra personalidad, de la cultura y de nuestro contexto social. Después de todo ¿Cuál de estas posturas es la correcta?, ¿la de quién desea quedarse en el hogar o la de quien prefiere disfrutar de una salida? ¿La de quien desea ahorrar para asegurar el futuro o la de quien prefiere disfrutar el presente?

Estos son problemas sin solución. No está el éxito de una pareja perdurable en la solución de los problemas sino en la capacidad de, sin compartir un interés, respetar y hasta colaborar a satisfacer gustos y aspiraciones importantes para el otro, sabiendo interpretar lo que el otro hace por la relación como signo de amorosidad.

En base a sus investigaciones (1999), escuchando a la pareja durante solo cinco minutos, pudo predecir, con un 91 % de precisión, si la pareja seguiría felizmente unida o si se separarían.

No son las diferencias o las dificultades, o la forma de ser de la pareja a lo que Gottman presta atención, ni tampoco los modos de comunicación de la pareja, ya que entre las parejas con altos niveles de satisfacción, están las que discuten apasionadamente las diferencias y las que eluden los temas en los que no convergen.

A lo que Gottman apunta escuchar para sus certeros diagnósticos es al desprecio, tales como el sarcasmo y el escepticismo, a las críticas realizadas a la personalidad o al carácter de la persona, el poner en el otro el o los motivos de los problemas y al no reconocer al otro en su mensaje o postura, hasta el punto del desprecio o la indiferencia.

Las disputas así dirigidas son de contenidos en extremo violentos por estar dirigidas al self, y crueles al negar al rival en su condición de ser, llevando a la pareja a una sensación de distanciamiento insalvable.

Si bien Gottman no trata la problemática de género, se puede inducir de sus estudios científicos de 14 años y del seguimiento de 650 parejas (1999), que objetivar al hombre como violento y culpable del patriarcado como lo hace el fem radical, no ayuda en nada para revertir situaciones que llevan al malestar familiar.

Al atribuírsele intencionalidad maliciosa a las diferencias del contrincante se anula toda posibilidad de comprensión del hecho, imposibilitando resolver de forma constructiva y tolerante el problema, y dando el sentido a la acción o postura del litigio, de una afrenta intencionadamente malvada a su persona.

Al interpelado, por estar las críticas dirigidas hacia su persona, lo llenará de violenta culpa o lo condicionará a actuar a la defensiva, cristalizando aún más su rol, anulando la posibilidad de construir la relación en base al respeto por las diferencias.

De lo expuesto se puede concluir en que si el hombre es culpable por ser productor y beneficiario del patriarcado (fem radical), difícilmente pueda sentirse la mujer más que usada y abusada, y tal vez no pueda ver un motivo en el hombre más que la intención de reproducir al patriarcado para su beneficio.

Estos nuevos bastimentos del neopatriarcado que anteponen una postura individualista que prima por sobre la pareja, en si traen consigo un defecto para la negociación de aspectos solucionables, y un defecto para aquellos aspectos que no tienen solución porque pertenecen a lo constituyente a cada miembro.

La mujer radicalizada actuará sin percatarse de su acción violenta, a la misma manera del machista, que no puede más que atribuir a la feminidad las “deficiencias” de su mujer y actuar en consecuencia, intentando reproducir ambos el modelo que lo instituyó.

La palabra será usada en uno u otro caso con violencia y crueldad, definiendo a la persona violentada y no habilitando las posibilidades de cambio.

En si el fem radical estaría operando de manera similar al machismo. Uno opina que el hombre es violento, insensible, dominante y usa a la mujer a su antojo y beneficio. Otro opina que la mujer es débil, sentimental, no racional, dramática y que se aprovecha de la billetera de los hombres. Cuando se expresan estas definiciones se edifican estereotipos discriminantes.

Posicionarse en posturas inflexibles imposibilita ver las necesidades y sentimientos del ahora contrincante y se lo especifica como enemigo, imposibilitando la empatía necesaria a toda convivencia.

Si es cierto que los roles que se establecen son una construcción, los ladrillos con los que se edifican son las palabras que los definen. Se toman los unos a los otros como seres inferiores, tal vez como animales domésticos como muchos de sus chistes lo conciben, logrando a través de despreciar al otro, una exaltación de roles impuestos expresados en individualismos desamorados, que desintegran a la familia dejando sólo escombros.

Cuando se objetiva a la persona se la construye, y es esta edificación una forma violenta de erigirla muy en contra de su esencia e interés. Esta manipulación antiética es un maltrato violento que no puede más que traer consigo violencia de ambos lados, que se expresará exteriorizándose en caso de no ser reprimida, o interiorizándose cuando la represión se hace efectiva. La construcción de este error representa un causal de conflicto insalvable, productor de violencia intrafamiliar.

Esta violencia intrafamiliar se contrapone a la felicidad hedonista de una pareja sin contrariedades y feliz, presentada comúnmente por los medios como estilo idílico de vida alcanzable, quedando como resultado en esta relación el ascetismo, estilo de vida que, según el modelo de la meritocracia, es elegido por quienes no se esfuerzan ni hacen méritos suficientes para cambiar y lograr ese estado hedonista.

Emparentándose al modelo consumista la pareja es desechada como un objeto de consumo cuando no cumple con los estándares así impuestos externamente.

El conflicto puede tomar la escena, y si alguno de los dos no acepta salir de la crítica personalizada que de por si no tienen solución, la pareja difícilmente pueda sobrellevarse y se cargará de negatividad.

Con seguridad el desprecio y las palabras ofensivas comenzarán a tener lugar, dañando la relación aún más en una escalada de violencia que va creciendo en intensidad con el tiempo, afectando a niños y niñas.

En un estudio que realizó como complemento el mismo Gottman (1999) con niños en edad preescolar, llegó a la conclusión de que aquellos que vivían en sus hogares gran hostilidad marital sufrían elevados niveles de estrés, en comparación con niños de parejas funcionales.

Tras un seguimiento de estos niños hasta la edad de quince años, se supo que entre ellos existía un mayor índice de ausentismo escolar, depresión, rechazo a los compañeros, problemas de comportamiento (sobre todo agresión), malas calificaciones e incluso fracaso escolar. El motivo es que los niños sufren tanto como los padres de una pareja mal llevada.

Como conclusión es fácil arribar a que no es sensato aguantar una mala pareja por el bien de los hijos e hijas, y que la separación sería la gran solución. La separación es frecuentemente bien recomendada por psicólogos y panelistas de tv, ya que una buena separación es mejor que una mala pareja, pero la verdad es que nada es tan sencillo.

Por desgracia, las separaciones raras veces son bien llevadas. “La mutua hostilidad entre los padres suele mantenerse después de la ruptura. Por esta razón, los hijos de divorciados arrojan resultados tan malos como los que viven bajo el fuego cruzado de una mala pareja” (Gottman, 1999).

Esto no es tenido en cuenta por quienes recomiendan semejante medida, sin contemplar o recomendar, previo a tal decisión, la posibilidad de realizar una terapia de parejas. Incluso hasta serían capaces de recomendar acciones jurídicas hostiles ante eventos menores o inherentes a toda separación, a sabiendas de que hay niñas y niños implicados que serán sometidos a sufrimientos intensos e innecesarios.

501,85 ₽
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Дата выхода на Литрес:
15 ноября 2024
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161 стр. 2 иллюстрации
ISBN:
9789878716695
Правообладатель:
Bookwire
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