Читать книгу: «El libro de Enoc»

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Contenido

Cubierta

Créditos

Pasajes

Prefacio

Introducción

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Libro de los ángeles y ascensión de Enoc

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Capítulo XIII

Capítulo XIV

Capítulo XV

Capítulo XVI

Capítulo XVII

Capítulo XVIII

Capítulo XIX

Capítulo XX

Capítulo XXI

Capítulo XXII

Capítulo XXIII

Capítulo XXIV

Capítulo XXV

Capítulo XXVI

Capítulo XXVII

Capítulo XXVIII

Capítulo XXIX

Capítulo XXX

Capítulo XXXI

Capítulo XXXII

Capítulo XXXIII

Capítulo XXXIV

Capítulo XXXV

Capítulo XXXVI

Libro de las Parábolas

Capítulo XXXVII

Primera parábola

Capítulo XXXVIII

Capítulo XXXIX

Capítulo XL

Capítulo XLI

Capítulo XLII

Capítulo XLIII

Capítulo XLIV

Segunda parábola

Capítulo XLV

Capítulo XLVI

Capítulo XLVII

Capítulo XLVIII

Capítulo XLIX

Capítulo L

Capítulo LI

Capítulo LII

Capítulo LIII

Capítulo LIV

Capítulo LV

Capítulo LVI

Capítulo LVII

Tercera parábola

Capítulo LVIII

Capítulo LIX

Capítulo LX

Capítulo LXI

Capítulo LXII

Capítulo LXIII

Capítulo LXIV

Capítulo LXV

Capítulo LXVI

Capítulo LXVII

Capítulo LXVIII

Capítulo LXIX

Capítulo LXX

Capítulo LXXI

Libro del movimiento de las Luminarias Celestiales (astronómico)

Capítulo LXXII

Capítulo LXXIII

Capítulo LXXIV

Capítulo LXXV

Capítulo LXXVI

Capítulo LXXVII

Capítulo LXXVIII

Capítulo LXXIX

Capítulo LXXX

Capítulo LXXXI

Capítulo LXXXII

Libro de los Sueños Primer sueño de Enoc

Capítulo LXXXIII

Capítulo LXXXIV

Segundo sueño de Enoc. Historia del mundo

Capítulo LXXXV

Capítulo LXXXVI

Capítulo LXXXVII

Capítulo LXXXVIII

Capítulo LXXXIX

Capítulo XC

Libro de las Semanas (carta de Eoc)

Capítulo XCI

Capítulo XCII

Capítulo XCIII

Capítulo XCIV

Capítulo XCV

Capítulo XCVI

Capítulo XCVII

Capítulo XCIX

Capítulo XCIX

Capítulo C

Capítulo CI

Capítulo CII

Capítulo CIII

Capítulo CIV

Capítulo CV

Fragmento del Libro de Noé

Capítulo CVI

Capítulo CVII

Capítulo CVIII

Vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc. Y después que engendró a Enoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió. Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después de engendrar a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, pues se lo llevó Dios.

Génesis 5, 18-24

Por su fe, fue Enoc transportado, a fin de que no viera la muerte. Y nunca se le halló, pues Dios se lo había llevado consigo. Y antes de haber sido transportado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.

Hebreos 11, 5

De éstos también profetizó Enoc, el séptimo desde Adán, diciendo: «He aquí que llega el Señor con decenas de millares de sus santos, para juzgar a todos, y condenar a los malvados de entre ellos por sus malvadas obras hechas con maldad, y por todas las malas acciones y las malas palabras que han hecho y hablado en contra Suya».

Judas 1, 14-15

Prefacio

En los textos bíblicos, la primera noticia que tenemos de Enoc nos la da el Génesis (5, 18-24) pero deja más preguntas que respuestas. La Epístola a los Hebreos (11, 5) nos da la respuesta y el Evangelio de Judas nada menos que cita a Enoc. ¿Cómo pudo conocer Judas las palabras de Enoc, si éstas no figuran en la Biblia? La respuesta, por supuesto, es El libro de Enoc. Pero ¿qué es El libro de Enoc? ¿De dónde procede?

Se trata de un texto apocalíptico, cosmogónico y, sin duda, uno de los apócrifos más apasionantes que nos ha legado la antigüedad. El misterio del Seol, morada de las almas de los muertos, la caída de los ángeles y su relación con las hijas de los hombres, los gigantes, así como numerosos temas que los textos bíblicos sólo tocan de pasada aparecen tratados en El libro de Enoc con una gran precisión y claridad. Pero más que una sola obra, se trata de una recopilación de siete libros distintos, cuyo contenido es principalmente simbólico, con insinuaciones de misterios astronómicos y cósmicos, referentes a la historia de las especies humanas y de sus primitivos conceptos teogónicos. Se halla poblado de personajes enigmáticos como Uriel y otros «ángeles», a los que hoy llamaríamos «extraterrestres». Parece ser que en los albores de la historia humana —e incluso antes— nuestra especie fue influenciada por seres venidos del cosmos. El rastro de estas in­fluencias es evidente en muchas cosmogonías y mitologías antiguas. Su autor vaticinó con admirable exactitud las en­señanzas de Jesús Nazareno, y la leyenda semítica de la triunfal vuelta del Hijo del hombre. También aborda el sobrenatural dominio de los elementos, mediante la acción de ángeles que presiden sobre los vientos, el mar, el granizo, la escarcha, el rocío, el relámpago y el trueno.

Escrito varios siglos antes de nuestra era, El libro de Enoc fue considerado por los cristianos de los primeros tiempos como parte de las Sagradas Escrituras. Los escritos de los llamados «Padres de la Iglesia» se encuentran repletos de referencias a este misterioso libro. La Epístola de Bernabé lo cita varias veces. Justino mártir, Ireneo, Orígenes y Clemente de Alejandría lo mencionan igualmente. Tertuliano (160-230) incluso lo llama «Sagrada Escritura» y la Iglesia etíope lo incluyó en su canon oficial. Fue un texto muy conocido y leído durante los tres primeros siglos de nuestra era, aunque posteriormente fue desacreditado en el Concilio de Laodicea (364). A partir de ese momento, prohibida ya su lectura por las autoridades eclesiásticas, dejó gradualmente de circular.

Después de haber permanecido olvidado durante mu­chos siglos, la época de la reforma protestante vivió un gran interés por El libro de Enoc. A finales del siglo XIII abundaron los rumores acerca de algún ejemplar descubierto, e incluso aparecieron varios libros que pretendían ser El ibro de Enoc, pero en todos los casos se trató de falsificaciones.

La recuperación moderna de El libro de Enoc se debe al explorador James Bruce, quien en 1773, tras permanecer seis años en Abisinia, volvió a Inglaterra con tres ejemplares etíopes del libro tantos siglos perdido. La primera traducción inglesa se publicó en 1821. Más tarde, a principios del siglo XX, se descubrieron algunos fragmentos del texto en griego y, finalmente, en los Rollos del Mar Muerto aparecieron siete ejemplares en lengua aramea, aunque todos ellos incompletos.

Se cree que El libro de Enoc fue escrito unos trescientos años antes de la era cristiana por algún erudito de raza semítica, quien, creyéndose inspirado por Dios, tomó el nombre del patriarca antediluviano para difundir, entre otras interesantes informaciones y predicciones, sus entusiastas vaticinios acerca del futuro Mesías. El libro de Enoc está dividido en cinco partes principales; de ellas, la llamada «Libro de las Parábolas» es la que más ha inquietado a los estudiosos, pues menciona la figura del «Mesías», «el Justo» y «el hijo del hombre». En los evangelios canónicos aparecen más de noventa expresiones y frases diversas que, en opinión de los eruditos, están basadas en El libro de Enoc.

Introducción
Capítulo I

BENDICIÓN A LOS ELEGIDOS

1. Palabras de bendición con las que Enoc bendijo a los elegidos y a los justos que vivirán en el día de la aflicción, en el que serán rechazados todos los malvados e impíos, mientras los justos serán salvados.

2. Enoc, hombre justo cuyos ojos fueron abiertos por el Señor, tomó la palabra y dijo: «Me ha sido revelada la visión del Santo de los cielos y he oído las palabras de los Guardianes; las escuché y he aprendido todo de ellos y he comprendido que no hablo para esta generación, sino para una generación todavía lejana, que está por venir.

3. »Es a causa de los elegidos por lo que hablo y a causa de ellos pronuncio mi parábola: el Santo Grande y Único vendrá desde su morada.

4. »El Dios eterno andará sobre la tierra, aparecerá con su gran ejército sobre el monte Sinaí y surgirá en la fuerza de su poder desde lo alto de los cielos.

5. »Y todos los Guardianes temblarán y un gran temblor sacudirá hasta los más remotos confines de la tierra.

6. »Las altas montañas se resquebrajarán y se derrumbarán, y las colinas se aplanarán y se fundirán, como la cera ante la llama.

7. »Y la tierra se escindirá y todo lo que está sobre la tierra perecerá, y tendrá lugar un juicio sobre todos los seres y todas las cosas.

8. »Pero el Señor hará la paz con los justos y protegerá a los elegidos, y sobre ellos reposará la clemencia y todos ellos serán de Dios y serán dichosos y benditos, y para ellos brillará la luz de Dios.

9. »Él viene, con gran número de santos para ejercer el juicio, y aniquilará a los impíos, y castigará a todo lo que es carne, por todo lo que han hecho y cometido contra Él los pecadores y los impíos».

Capítulo II

LAS OBRAS DEL CIELO

1. «Observad todas las cosas que ocurren en el cielo, cómo las luminarias del cielo no cambian su ruta en las posiciones de sus luces, y cómo todas nacen y se ponen, ordenadas cada una según su estación, y no desobedecen su orden.

2. »Mirad la tierra y prestad atención a sus obras, desde el principio hasta el fin, ved cómo ninguna obra de Dios sobre la tierra cambia, y todas son visibles para vosotros.

3. »Ved las señales del verano y las señales del invierno, cómo la tierra entera se llena de agua y las nubes rocían la lluvia sobre ella».

Capítulo III

LOS ÁRBOLES

1. «Observad y ved cómo todos los árboles se secan y cae todo su follaje; excepto catorce árboles cuyo follaje permanece y que esperan con todas sus hojas viejas hasta que vengan nuevas tras dos o tres años».

Capítulo IV

EL VERANO

1. «Y observad también las señales del verano, cómo en su primera parte el sol quema y rescalda, y entonces buscáis sombra sobre la superficie ardiente de la tierra y refugio del ardor del sol, sin encontrar forma de marchar ni por el suelo y ni por las rocas, a causa del calor».

Capítulo V

LA SABIDURÍA DE LOS ELEGIDOS

1. «Observad y ved todos los árboles, ved cómo se cubren del verdor de las hojas y tienen frutos, comprended bien todo y sabed cómo el Dios vivo, el que vive eternamente, ha hecho todas esas cosas para vosotros.

2. »Cómo todas sus obras prosiguen de año en año hasta siempre y todas le obedecen sin alteraciones y todo pasa como Dios lo ha establecido.

3. »Y ved cómo los mares y los ríos de igual forma cumplen el concierto de su obra.

4. »Sin embargo, vosotros cambiáis sus tareas y no cumplís su palabra. La habéis transgredido y habéis ultrajado su grandeza con palabras altaneras e hirientes de vuestra boca impura. Duros de corazón, ¡no habrá paz para vosotros!

5. »Por ello maldeciréis vuestros días y los años de vuestra vida se perderán; pero (los años de vuestra perdición) se multiplicarán en una eterna maldición; y no habrá misericordia para vosotros.

6. »En esos días vuestros nombres significarán maldición eterna para todos los justos, y en vosotros serán malditos todos los malditos y por vosotros jurarán todos los pecadores y malvados.

7. »Para los elegidos habrá luz, alegría y paz y heredarán la tierra, pero para vosotros, impíos, habrá maldición.

8. »Y entonces la sabiduría se dará a los elegidos y vivirán todos, y no pecarán más ni por olvido ni por orgullo, más bien al contrario, los sabios se humillarán.

9. »No transgredirán más ni pecarán el resto de su vida, ni morirán por el castigo o por la ira divina, sino que completarán el número de los días de su vida. Su vida será aumentada en paz y sus años de regocijo serán multiplicados en eterna alegría y paz».

Libro de los ángeles
y ascensión de Enoc
Capítulo VI

CAÍDA Y JURAMENTO DE LOS HIJOS DEL CIELO

1. Sucedió que en aquellos días se multiplicaron los hijos de los hombres, y les nacieron hijas hermosas y bonitas.

2. Y los ángeles, hijos del cielo, las vieron y las desearon, y se dijeron unos a otros: «Vayamos y escojamos mujeres de entre las hijas de los hombres y engendremos hijos».

3. Entonces Semyaza, que era su jefe, les dijo: «Temo que no queráis realmente llevar a cabo esta acción y sea yo el único responsable de un gran pecado».

4. Pero ellos le respondieron: «Hagamos todos un juramento y comprometámonos todos bajo un anatema a no retroceder en este proyecto hasta ejecutarlo realmente».

5. Entonces todos juraron unidos y se comprometieron al respecto los unos con los otros, bajo un anatema.

6. Y eran en total doscientos los que descendieron sobre la cima del monte que llamaron «Hermon», porque sobre él habían jurado y se habían comprometido mutuamente bajo anatema.

7. Éstos son los nombres de sus jefes: Semyaza, quien era el principal, y en orden con relación a él, Arakib, Aramiel, Kokabiel, Tamiel, Ramiel, Daniel, Ezequiel, Baraqiel, Aael, Armaros, Batariel, Ananiel, Zaqile, Samsapeel, Satariel, Touriel, Yomeyal y Arazeyal.

8. Éstos son los jefes de decena.

Capítulo VII

LOS GIGANTES

1. Éstos y todos los demás tomaron para sí mujeres y cada uno escogió entre todas y comenzaron a tener relaciones con ellas, a enseñarles los encantos y los encantamientos, y el arte de cortar las raíces y la ciencia de las plantas.

2. Y ellas quedaron embarazadas de ellos y parieron gigantes de unos tres mil codos de altura que nacieron sobre la tierra y crecieron.

3. Y devoraban el fruto del trabajo de todos los hijos de los hombres hasta que los humanos ya no lograban alimentarlos.

4. Entonces, los gigantes se volvieron contra los humanos para matarlos y devorarlos;

5. y empezaron a pecar contra todos los pájaros del cielo y contra todas las bestias de la tierra, contra los reptiles y con­tra los peces del mar, y se devoraban los unos la carne de los otros y bebían sangre.

6. Entonces la tierra acusó a los impíos por todo lo que se había hecho en ella.

Capítulo VIII

AZAZEL

1. Y Azazel enseñó a los hombres a fabricar espadas de hierro y corazas de cobre, y les mostró cómo se extrae y se trabaja el oro hasta dejarlo listo, y en lo que respecta a la plata, a repujarla para hacer brazaletes y otros adornos. A las mujeres les enseñó sobre el antimonio, el maquillaje de los ojos, las piedras preciosas y las tinturas.

2. Y la impiedad fue grande y general; ellos fornicaron y erraron, y hubo gran corrupción.

3. Amiziras instruyó a los encantadores y los cortadores de raíces, Armaros enseñó a romper los hechizos, Baraqiel instruyó a los astrólogos, Kokabiel enseñó los presagios, Tamiel el significado del aspecto de las estrellas y Asdariel el curso de la luna. Y todos revelaron secretos a sus esposas.

4. Y en (su) aniquilación los hombres gritaron, y su clamor subió al cielo.

Capítulo IX

MIGUEL, URIEL, RAFAEL Y GABRIEL

1. Entonces Miguel, Uriel, Rafael y Gabriel observaron la tierra desde el santuario de los cielos y vieron mucha sangre derramada sobre la tierra y que estaba toda llena de la injusticia y de la violencia que se cometía sobre ella.

2. Y dijéronse el uno al otro: «El grito y el lamento por la destrucción de los hijos de la tierra sube hasta las puertas del cielo».

3. Ahora es a vosotros, santos del cielo, a quienes se lamentan las almas de los hombres; ellos dicen: «Llevad nuestra causa ante el Altísimo».

4. Y Rafael, Miguel, Uriel y Gabriel dijeron al Señor del mundo: «Tú eres nuestro gran Señor, el Señor del mundo, el Dios de dioses, el Señor de señores y el Rey de reyes; los cielos son el trono de tu gloria por todas las generaciones que existen desde siempre; toda la tierra es el escabel ante ti para siempre, y tu nombre es grande, santo y bendito por toda la eternidad.

5. »Eres tú quien todo lo ha creado y en ti reside el poder sobre todas las cosas; todo es descubierto en toda su desnudez ante ti; tú lo ves todo y nada se te puede esconder.

6. »Tú has visto lo que ha hecho Azazel, cómo ha enseñado toda injusticia sobre la tierra y ha revelado los secretos eternos que se cumplen en los cielos;

7. »y lo que ha enseñado a los humanos Semyaza, al que tú ha­bías dado la facultad de gobernar sobre sus compañeros.

8. »Ellos han ido hacia las hijas de los hombres y se han acostado con ellas, y se han profanado a sí mismos descubriéndoles todo pecado.

9. »Luego estas mujeres han puesto gigantes en el mundo, por lo que la tierra entera se ha llenado de injusticia.

10. »Y ahora, he aquí que las almas de los que están muertos gritan y se lamentan hasta las puertas del cielo, y su gemido ha subido y no puede salir ante la injusticia que se comete en la tierra.

11. »Pero tú que conoces todas las cosas antes de que sucedan, tú que sabes aquello, tú los toleras y no nos dices qué debemos hacerles al observar eso».

Capítulo X

PROFECÍAS SOBRE EL DILUVIO,

SOBRE AZAZEL Y SEMYAZA

1. Entonces el Altísimo, Grande y Santo habló y envió a Uriel al hijo de Lamec.

2. Y le dijo: «Ve hacia Noé y dile en mi nombre: ‘‘Escón­dete’’, y revélale la consumación que viene, pues la tierra entera va a perecer, un diluvio va a venir sobre toda la tierra y todo lo que se encuentre sobre ella perecerá.

3. »Enséñale lo que debe hacer para preservar su alma para la vida y escapar definitivamente, pues por él será sembrada una planta y serán establecidas todas las generaciones».

4. Y, además, el Señor le dijo a Rafael: «Encadena a Azazel de pies y manos, arrójalo en las tinieblas, abre el desierto que está en Dudael y arrójalo en él;

5. »echa sobre él piedras ásperas y cortantes, cúbrelo de tinieblas, déjalo allí eternamente sin que pueda ver la luz,

6. »y en el gran día del Juicio, que sea arrojado al fuego.

7. »Después, sana la tierra que los ángeles han corrompido y anuncia su curación, a fin de que se sanen de la plaga y que todos los hijos de los hombres no se pierdan debido al misterio que los Guardianes descubrieron y han enseñado a sus hijos.

8. »Toda la tierra ha sido corrompida por medio de las obras que fueron enseñadas por Azazel, impútale entonces todo pecado».

9. Y el Señor dijo a Gabriel: «Procede contra los bastardos y réprobos hijos de la fornicación, haz desaparecer a los hijos de los Guardianes de entre los humanos y hazlos entrar en una guerra de destrucción, pues no habrá para ellos muchos días.

10. »Ninguna petición en su favor será concedida, pues esperan vivir una vida eterna y cada uno de ellos vivirá quinientos años».

11. Y a Miguel le dijo el Señor: «Ve y anuncia a Semyaza y a todos sus cómplices que se unieron con mujeres y se contaminaron con ellas en su impureza

12. »que sus hijos perecerán y ellos verán la destrucción de sus seres queridos. Encadénalos durante setenta generaciones en los valles de la tierra hasta el gran día de su juicio.

13. »En esos días se los llevará al abismo de fuego, a los tormentos y al encierro en la prisión eterna.

14. »Todo el que sea condenado estará perdido de ahí en adelante y será encadenado con ellos hasta la destrucción de su generación. Y en la época del juicio que yo juzgaré, perecerán por todas las generaciones.

15. »Destruye todos los espíritus de los bastardos y de los hijos de los Guardianes porque han hecho obrar mal a los humanos.

16. »Destruye la opresión de la faz de la tierra, haz perecer toda obra de impiedad y haz que aparezca la planta de justicia; ella será una bendición y las obras de los justos serán sembradas en alegría para siempre.

17. »En ese tiempo todos los justos se salvarán y vivirán hasta que engendren millares. Todos los días de vuestra juventud y vuestra vejez se completarán en paz.

18. »Entonces toda la tierra será cultivada en justicia y toda ella será plantada de árboles y llena de bendición.

19. »Todos los árboles de la tierra que deseen serán plantados en ella y se sembrarán allí viñas, y cada una de ellas producirá mil jarras de vino y cada semilla producirá mil medidas por una, y una medida de aceitunas producirá diez lagares de aceite.

20. »Y limpia tú la tierra de toda opresión, de toda violencia, de todo pecado, de toda impiedad y de toda maldad que ocurre en ella, y hazlos desaparecer de la tierra.

21. »Y todos los hijos de los hombres llegarán a ser justos y todas las naciones me adorarán, se dirigirán en oración a mí y me alabarán.

22. »Y la tierra estará pura de toda corrupción, de todo pecado, de todo castigo y de todo dolor; y yo no enviaré más (estas plagas) sobre la tierra hasta las generaciones de las generaciones y hasta la eternidad».

Capítulo XI

PROFECÍA SOBRE LOS TESOROS

1. «Y en esos días abriré los tesoros de bendición que están en el cielo, para hacerlos descender sobre la tierra, sobre las obras y el trabajo de los hijos de los hombres.

2. »Y la paz y la verdad estarán unidas todos los días del mundo y por todas las generaciones de los hombres».

Capítulo XII

ENOC OCULTO. MENSAJE A LOS GUARDIANES

1. Ante esos sucesos Enoc había sido ocultado y no existía ningún humano que supiera dónde fue escondido ni dónde estaba, ni qué le sucedió.

2. Él realizaba todas sus acciones con los Guardianes y pasaba sus días con los santos.

3. Así, yo, Enoc, estaba comenzando a bendecir al Señor de majestad, al Rey de los tiempos, y he aquí que el Guardián del gran Santo me llamó a mí, Enoc, el escriba y me dijo:

4. «Enoc, escriba de justicia, ve a los Guardianes del cielo que han abandonado las alturas del cielo, el eterno lugar santo, que se han contaminado con las mujeres haciendo como hacen los hijos de los hombres, y han tomado mujeres y han forjado una gran obra de corrupción sobre la tierra, y hazles saber

5. »que no habrá para ellos paz ni redención de su pecado.

6. »Y así como gozaron a causa de sus hijos, ellos verán la muerte de sus bienamados, llorarán por la pérdida de sus hijos y suplicarán eternamente, pero no habrá para ellos misericordia ni paz».

Capítulo XIII

CONDENA A AZAZEL

1. Luego, Enoc se fue y le dijo a Azazel: «No habrá paz para ti, contra ti ha sido pronunciado un gran juicio para encadenarte.

2. «No habrá para ti ni tregua ni intercesión, porque has enseñado la injusticia y a causa de todas las obras de impiedad, violencia y pecado que has enseñado a los humanos».

3. Y avanzando les hablé a todos ellos, y todos temieron y se espantaron y el temblor se apoderó de ellos.

4. Me suplicaron que elevara una petición por ellos para que pudieran encontrar perdón por sus pecados y que la leyera en presencia del Señor del cielo.

5. Porque desde entonces ellos no pueden hablar a Dios ni levantar sus ojos al cielo, debido a la vergüenza por los crímenes por los cuales fueron condenados.

6. Entonces escribí su oración con todas sus peticiones por sus almas, por cada una de sus obras y por lo que suplicaban todos, que hubiera para ellos perdón y larga vida.

7. Fui y me senté junto a las aguas de Dan, en la tierra de Dan, al sur del Hermonín, a su lado occidental, y estuve leyendo el libro donde anoté sus peticiones, hasta que me dormí.

8. He aquí que me vinieron sueños y cayeron sobre mí visiones hasta que levanté los párpados a las puertas del palacio del cielo y tuve una visión del rigor del castigo. Y vino una voz y me dijo: «Habla a los hijos del cielo para re­prenderlos».

9. Cuando desperté fui a ellos. Todos estaban reunidos juntos y sentados llorando, en la Fuente del Llanto que está entre el Líbano y Senaser, con los rostros cubiertos.

10. Conté delante de ellos todas las visiones que había tenido en sueños y me puse a hablar con palabras de justicia y de visión, y a reprender a los Guardianes celestiales.

Capítulo XIV

CASTIGO DE LOS GUARDIANES.

LA CASA DE GRANIZO

1. Éste es el libro de las palabras de la verdad y de la reprensión de los Guardianes que existen desde siempre según lo ordenó el Gran Santo en el sueño que tuve.

2. En esta visión vi en mi sueño lo que digo ahora con la lengua de carne, con el aliento de mi boca, que el Grande ha dado a los humanos para que hablen con ella y para que comprendan en el corazón. Así como Dios ha creado y destinado a los hijos de los hombres para que entiendan las palabras de conocimiento, así me ha creado, hecho y destinado a mí para que reprenda a los Guardianes, a los hijos del cielo.

3. Guardianes: he escrito vuestra oración; pero en mi visión me fue enseñado que vuestra oración no será atendida.

4. Así, pues, no subiréis más al cielo en toda la eternidad:

5. porque ha sido ordenado encadenaros sobre la tierra todos los días del mundo.

6. Pero antes veréis que todos vuestros seres queridos irán a la destrucción con todos sus hijos, y no disfrutaréis las riquezas de vuestros seres queridos y de sus hijos, y ellos caerán en vuestra presencia por la espada de destrucción.

7. Pues ni vuestra petición por ellos ni la petición por vosotros serán concedidas. Continuaréis pidiendo y suplicando, y mientras lloráis no pronunciéis ni una palabra del texto que he escrito.

8. Esto me fue revelado en la visión: he aquí que las nubes me llamaban, la neblina me gritaba, los relámpagos y truenos me apremiaban y me despedían, y en la visión los vientos me hacían volar, me levantaban en lo alto, me llevaban y me hacían entrar en los cielos.

9. Entré en ellos hasta que llegué al muro de un edificio construido con piedras de granizo, rodeado y cercado completamente con lenguas de fuego que comenzaron a asustarme.

10. Entré por esas lenguas de fuego hasta que llegué a una casa grande construida con piedras de granizo cuyos muros eran como planchas de piedra; todas ellas eran de nieve y su suelo estaba hecho de nieve.

11. Su techo era como relámpagos y truenos; entre ellos había querubines de fuego y su cielo era de agua.

12. Un fuego ardiente rodeaba todos sus muros cercándolos por completo y las puertas eran de fuego ardiente.

13. Entré en esta casa que era caliente como fuego y fría como nieve. No había en ella ninguno de los placeres de la vida. Me consumió el miedo y el temblor se apoderó de mí.

14. Tiritando y temblando, caí sobre mi rostro y se me reveló una visión.

15. He aquí que vi una puerta que se abría delante de mí y otra casa que era más grande que la anterior, construida toda con lenguas de fuego.

16. Toda ella era superior a la otra en esplendor, gloria y ma­jestad, tanto que no puedo describiros su esplendor y majestad.

17. Su suelo era de fuego, su parte superior de truenos y relámpagos, y su techo de fuego ardiente.

18. Me fue revelada y vi en ella un trono elevado cuyo aspecto era el del cristal y cuyo contorno era como el sol brillante, y una voz de querubines se oía.

19. Por encima del trono salían ríos de fuego ardiente y yo no resistía mirar hacia allá.

20. La Gran Gloria tenía sede en el trono y su vestido era más brillante que el sol y más blanco que cualquier nieve;

21. ningún ángel podía verle el rostro debido a la magnífica Gloria y ningún ser de carne podía mirarlo.

22. Un fuego ardiente le rodeaba y un gran resplandor se levantaba ante Él. Ninguno de los que le rodeaban podía acercársele, y multitudes y multitudes estaban de pie ante Él y Él no necesitaba consejeros.

23. Y las santidades de los santos que estaban cerca de Él no se alejaban durante la noche ni se separaban de Él.

24. Yo hasta este momento estaba postrado sobre mi rostro, temblando, y el Señor por su propia boca me llamó y me dijo: «Ven aquí, Enoc, y escucha mi Palabra».

25. Y tras haberse acercado a mí, uno de los santos me despertó, me hizo levantar y acercarme a la puerta, y yo miré‚ con la cabeza baja.

Capítulo XV

LA ORACIÓN DE LOS GUARDIANES ES RECHAZADA

1. Él me dirigió la palabra y yo oí su voz: «No temas, Enoc, hombre justo, escriba de justicia; acércate y escucha mi voz.

2. »Ve y di a los Guardianes del cielo que te han enviado a suplicar por ellos: ‘‘A vosotros corresponde interceder por los humanos y no a los humanos por vosotros.

3. »¿Por qué habéis abandonado el cielo elevado, santo y eterno, os habéis acostado con mujeres y profanado a vosotros mismos con las hijas de los hombres, habéis tomado esposas como los hijos de la tierra y engendrado hijos gigantes?

4. »Vosotros que fuisteis santos espirituales viviendo una vida eterna os habéis manchado con la sangre de las mujeres, habéis engendrado con la sangre de la carne y como los hijos del hombre habéis deseado después carne y sangre como aquellos que mueren y perecen.

5. »Por eso yo les he dado a ellos mujeres para que las fecunden y engendren hijos por ellas y para que así no falten ellos sobre la tierra.

6. »En cuanto a vosotros, fuisteis primero espirituales, viviendo una vida eterna, inmortal por todas las generaciones del mundo;

7. »por ello no se os han atribuido mujeres, pues la morada de los espíritus del cielo es el cielo.

8. »Y ahora los gigantes que han nacido de los espíritus y de la carne serán llamados en la tierra espíritus malignos y sobre la tierra estará su morada.

9. »Los espíritus malos proceden de sus cuerpos, porque han nacido de humanos, y de los santos Guardianes es su comienzo y origen primordial. Estarán los espíritus malos sobre la tierra y serán llamados espíritus malos.

10. »Los espíritus del cielo tienen su casa en el cielo y los espíritus de la tierra que fueron engendrados sobre la tierra tienen su casa en ella.

11. »Y los espíritus de los gigantes, de los Nefilim, que afligen, oprimen, invaden, combaten y destruyen sobre la tierra y causan penalidades, aunque no comen, tienen hambre y sed y causan daños.

12. »Estos espíritus se levantarán contra los hijos de los hombres y contra las mujeres porque de ellos proceden».

Capítulo XVI

SENTENCIA FINAL PARA LOS GUARDIANES

1. «Después de la muerte de los gigantes, cuando los espíritus hayan salido de su cuerpo, su carne será destruida antes del juicio. Serán así destruidos hasta el día de la gran consumación, del gran juicio en el cual el tiempo terminará para los Guardianes e impíos y serán totalmente consumados’’.

2. »Y ahora, a los Guardianes, que te han enviado a suplicar por ellos, que en otra época habitaban en el cielo, diles:

3. »‘‘Vosotros estabais en el cielo pero todos los misterios no se os habían revelado. No habéis conocido sino un misterio indigno y en el endurecimiento de vuestro corazón lo habéis comunicado a las mujeres y por ese misterio ellas y los hombres han multiplicado el mal sobre la tierra’’.

4. »Diles pues: ‘‘No hay paz ni perdón para vosotros’’».

Capítulo XVII

EN LA ALTA MONTAÑA

1. Después me llevaron a un sitio cuyos habitantes son como el fuego ardiente, pero que aparecen, cuando quieren, como hombres.

2. Y me condujeron a la residencia de la tempestad, y sobre una montaña cuya más alta cima tocaba el cielo.

3. Y vi las mansiones de las luminarias y del trueno, en los extremos, en el abismo donde están el arco de fuego, las flechas y sus carcajes, la espada de fuego y todos los rayos.

4. Después me llevaron hasta las aguas de vida, y hasta el fuego del poniente; él es el que recogió todas las puestas del sol.

5. Llegué‚ hasta un río de fuego cuyo fuego corre como agua y desemboca en el gran mar que está al lado del poniente.

6. Y vi los grandes ríos y alcancé una gran oscuridad y llegué allí donde ningún ser de carne ha llegado.

7. Vi las montañas de las tinieblas del invierno, y el lugar en que desembocan las aguas de todo el abismo.

8. Y vi la desembocadura de todos los ríos de la tierra y la desembocadura del abismo.

Capítulo XVIII

LOS DEPÓSITOS DE LOS VIENTOS

1. Vi los tesoros de los vientos y vi que con ellos Él ha adornado toda la creación y los cimientos de la tierra;

2. y vi también la piedra angular de la tierra y los cuatro vientos que sostienen la tierra y el firmamento;

3. vi cómo los vientos extienden el velo del cielo en lo alto y cómo tienen su puesto entre el cielo y la tierra: son las columnas del cielo;

4. vi los vientos que hacen girar y que conducen por las órbitas del sol y de los astros en sus estancias;

5. vi los vientos que sostienen las nubes sobre la tierra; vi los caminos de los ángeles; vi en los confines de la tierra el firmamento en lo más alto.

6. Después fui al sur y vi un sitio que ardía día y noche, en donde se encontraban siete montañas de piedras preciosas, tres en el lado oriental y tres en el lado del mediodía.

7. Así, entre las que estaban en el oriente, una era de piedra multicolor, una de perlas y la otra de piedras medicinales; y las que estaban en el sur eran de piedra roja.

8. La del medio se elevaba hasta el cielo como el trono del Señor y la parte alta del trono era de zafiro.

9. Y vi un fuego ardiente, y más allá de esas montañas

10. hay una región donde termina la gran tierra, y ahí culminan los cielos.

11. Luego me fue mostrado un profundo abismo entre columnas de fuego celeste, y vi en él columnas de fuego que descendían al fondo, y cuya altura y profundidad eran inconmensurables;

12. y más allá de este abismo vi un sitio sobre el cual no se extendía el firmamento, bajo el cual no había tampoco cimientos de la tierra, sobre el que no había ni agua ni pájaros, sino que era un lugar desierto y terrible.

13. Allí vi siete estrellas parecidas a grandes montañas, que ardían, y cuando pregunté sobre esto,

14. el ángel me dijo: «Este sitio es el final del cielo y de la tierra; ha llegado a ser la prisión de las estrellas y de los poderes del cielo.

15. »Las estrellas que ruedan sobre el fuego son las que han transgredido el mandamiento del Señor, desde el comienzo de su ascenso, porque no han llegado a su debido tiempo;

16. »y Él se irritó contra ellas y las ha encadenado hasta el tiem­po de la consumación de su culpa para siempre, en el año del misterio».

Capítulo XIX

ÁNGELES CAÍDOS QUE HACEN

ERRAR A LOS HOMBRES

1. Después Uriel me dijo: «Aquí es donde estarán los ángeles que se han unido a las mujeres. Sus espíritus, tomando numerosas apariencias, han mancillado a los hombres y les hacen errar para que sacrifiquen tanto a los demonios como a los dioses, hasta el día del gran juicio, día en que serán juzgados para ser perdidos.

2. »En cuanto a sus mujeres, que han seducido a los ángeles, serán convertidas en sirenas».

3. Y yo, Enoc, yo solo, he visto la visión, el fin de todo; y ningún hombre verá como yo he visto.

Capítulo XX

LOS NOMBRES DE LOS SANTOS ÁNGELES

1. He aquí los nombres de los santos ángeles que vigilan:

2. Uriel, uno de los santos ángeles, el del mundo y el del infierno;

3. Rafael, uno de los santos ángeles, el de las almas de los hombres;

4. Raguel, uno de los santos ángeles que se venga del mundo de las luminarias;

5. Miguel, uno de los santos ángeles, encargado de los mejores de entre los hombres, (de la guardia) del pueblo;

6. Saraquiel, uno de los santos ángeles, encargado de los es­píritus de los hijos de los hombres que pecan contra los espíritus;

7. Gabriel, uno de los santos ángeles, encargado del paraíso, de los dragones y de los querubines;

8. Remeiel, uno de los santos ángeles, al que Dios ha encargado de los resucitados. Hay siete nombres de arcángeles.

Capítulo XXI

LOS QUE TRANSGREDEN LA ORDEN DE DIOS

1. Después volví hasta donde todo era caótico;

2. y allí vi algo horrible: no vi ni cielo en lo alto ni tierra firme fundamentada, sino un sitio informe y terrible.

3. Vi allí cuatro estrellas del cielo encadenadas que parecían grandes montañas ardiendo como fuego.

4. Entonces pregunté: «¿Por qué pecado están encadenadas y por qué motivo han sido arrojadas allí?».

5. Uriel, el Guardián y el Santo que estaba conmigo y me guiaba, me dijo: «Enoc, ¿por qué preguntas y te inquietas por la verdad?

6. »Estas estrellas de los cielos son las que han transgredido el mandamiento del Señor y han sido encadenadas aquí hasta que pasen diez mil años, el tiempo impuesto según sus pecados».

7. Desde allí pasé a otro lugar más terrible que el anterior y vi algo horrible: había un gran fuego ardiendo y flameando, y el lugar tenía grietas hasta el abismo, llenas de columnas descendentes de fuego, pero no pude ver ni sus dimensiones ni su magnitud, ni podría hacer conjeturas.

8. Entonces dije: «¡Qué espantoso y terrible es mirar este lugar!».

9. Contestándome, Uriel, el Guardián y el Santo que estaba conmigo, me dijo: «Enoc, ¿por qué estás tan atemorizado y asustado?». Le respondí: «Es por este lugar terrible y por el espectáculo del sufrimiento».

10. Y él me dijo: «Este sitio es la prisión de los ángeles y aquí estarán prisioneros hasta la eternidad».

Capítulo XXII

LA MONTAÑA DONDE

SE REUNIRÁ A LOS MUERTOS

1. Desde allí fui a otra parte, a una montaña de roca dura;

2. había en ella cuatro pozos profundos, anchos y muy lisos. Y dije: «¡Qué lisos son estos pozos, y qué profundos y oscuros se ven!».

3. En ese momento, Rafael, el Guardián y el Santo que estaba conmigo, me respondió diciendo: «Estas cavidades han sido creadas con el propósito de que los espíritus de las almas de los muertos puedan reunirse y que todas las almas de los hijos de los hombres se reúnan allí. Así pues, ésos son los pozos que les servirán de cárcel.

4. »Están hechos para esa finalidad, hasta el día en que sean juzgados, hasta el momento del gran juicio que se les hará el último día».

5. Vi los espíritus de los hijos de los hombres que estaban muertos; sus voces llegaban hasta el cielo y se quejaban.

6. Entonces pregunté a Rafael, el Guardián y el Santo que estaba conmigo: ¿De quién es este espíritu cuya voz llega así hasta el cielo y se queja?».

7. Me respondió diciendo: «Éste es el espíritu que salió de Abel, a quien su hermano Caín asesinó; él lo acusa hasta que su semilla sea eliminada de la faz de la tierra y desaparezca del linaje de los hombres».

8. Entonces pregunté, observando todos los pozos: «¿Por qué están separados unos de otros?».

9. Me respondió diciendo: «Esos tres han sido hechos para que los espíritus de los muertos puedan estar separados. Así, una división ha sido hecha para los espíritus de los justos, en la cual brota una fuente de agua viva.

10. »Y así ha sido hecha ésta para los pecadores cuando mueren y son sepultados y no se ha ejecutado juicio contra ellos en vida.

11. »Aquí sus espíritus serán colocados aparte, para esta gran pena, hasta el día del gran juicio, y castigados y atormentados para siempre quienes merecen tal retribución por sus espíritus.

12. »Esta división ha sido separada para quienes presentan su queja y denuncian su destrucción cuando fueron asesinados en los días de los pecadores.

13. »También ha sido hecha ésta para los espíritus de los hombres que no fueron justos sino pecadores, para todos los transgresores y los cómplices de la transgresión, que en el día del juicio serán afligidos fuera de allí, pero no serán resucitados desde allí».

14. Entonces bendije al Señor de Majestad y dije: «Bendito sea el juicio de justicia y bendito sea el Señor de Majestad y Justicia que es el Señor del mundo».

Capítulo XXIII

FUEGO QUE CORRE HACIA EL OCCIDENTE

1. Desde allí fui transportado a otro lugar, al occidente, en las extremidades de la tierra;

2. me fue mostrado un fuego que corría sin descanso y sin interrumpir su carrera ni de día ni de noche, permaneciendo constante, mientras tanto.

3. Yo pregunté: «¿Qué es esto que no tiene reposo alguno?».

4. Entonces Rafael, uno de los santos ángeles, que estaba conmigo, me respondió diciendo: «Ese fuego cuya carrera hacia el occidente has visto es el fuego que persigue a todas las luminarias del cielo».

Capítulo XXIV

LAS SIETE MONTAÑAS Y EL ÁRBOL

1. Y me mostró las montañas: el suelo entre ellas era de fuego ardiente y llameaba por las noches.

2. Fui hacia allí y vi siete montañas magníficas, diferentes entre sí, de piedras preciosas y hermosas; todas eran espléndidas, de apariencia gloriosa y bello aspecto: tres por el oriente, apoyadas una contra la otra, y tres por el sur, una bajo la otra; y vi cañadas profundas y sinuosas, ninguna de las cuales se unía a las demás.

3. La séptima montaña estaba en medio de todas, superándolas en altura a la manera de un trono, rodeada por árboles aromáticos,

4. entre los cuales había un árbol cuyo perfume yo no había olido nunca y no había perfume similar entre éstos ni entre los demás árboles: exhalaba una fragancia superior a cualquiera y sus hojas, flores y madera no se secaban nunca, su fruto era hermoso y se parecía a los dátiles de las palmas.

5. Entonces dije: «¡Qué árbol tan hermoso! Es bello a la vista, su follaje gracioso y su fruto tienen un aspecto muy agradable».

6. Y Miguel, el Guardián y Santo que estaba conmigo y que se encargaba de esos árboles, me respondió.

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24 октября 2025
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130 стр. 1 иллюстрация
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9788418531002
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