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Índice de contenido

Portadilla

Legales

Presentación / Modesto Alejandro Aceves Ascencio

Introducción / Yolanda G. Bojórquez Martínez

Enfoque histórico

El “afrancesamiento” de la arquitectura habitacional durante el porfiriato en Guadalajara. Una aproximación tipológica–formal / Carlos Antonio Bravo Wagner y Rosa María Sánchez Sosa

Ornamentación arquitectónica art déco en Guadalajara: tres mascarones neoindigenistas de Chac / Alejandro Mendo Gutiérrez

Del auge industrial al olvido del patrimonio urbano. El caso de la Colonia Fábrica de Atemajac, en Guadalajara, México / Francisco Partida Hoy

Enfoque histórico en el ámbito religioso

La ideología carmelita presente en el convento de santa Teresa en Guadalajara, Jalisco: una mirada interdisciplinar / Yolanda G. Bojórquez Martínez

El historicismo en la arquitectura jesuita en Estados Unidos / Tiziano Leoni

Enfoque actual

La vivienda el oxímoron entre lo habitable y lo sustentable / Francisco Álvarez Partida

Análisis contextual para vivienda integral barrial / Emely Malacón Hill

Aspiraciones y ansiedades en el territorio urbano: el caso de las urbanizaciones cerradas en Puebla / Emma R. Morales García de Alba

Acerca de los autores

INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS SUPERIORES DE OCCIDENTE

Biblioteca Dr. Jorge Villalobos Padilla, S.J.


Bojórquez Martínez, Yolanda Guadalupe (coordinación)Arquitecturas que hablan : las resonancias del contexto en los espacios arquitectónicos / Coord. e introd. de Y.G. Bojórquez Martínez ; presen. de M.A. Aceves Ascencio. -- Guadalajara, México : ITESO, 2020.ISBN 978-607-8768-08-01. Carmelitas en la Arquitectura – Guadalajara, Jalisco – Historia y Crítica. 2. Jesuitas en la Arquitectura – EUA – Historia y Crítica. 3. Vivienda – Guadalajara, Jalisco – Historia. 4. Fraccionamientos – Puebla (Ciudad) – Historia. 5. Desarrollo Urbano – Metodología. 6. Motivos Ornamentales – Guadalajara, Jalisco – Historia y Crítica. 7. Conventos y Monasterios – Guadalajara, Jalisco – Historia y Crítica. 8. Templos Cristianos – EUA – Historia y Crítica. 9. Arquitectura Virreinal – Guadalajara, Jalisco – Historia y Crítica. 10. Arquitectura Porfiriana – Guadalajara, Jalisco – Historia y Crítica. 11. Arquitectura Neoindigenista – Guadalajara, Jalisco – Historia y Crítica. 12. Art Déco – Guadalajara, Jalisco – Historia y Crítica. 13. Arquitectura Romántica e Historicista – EUA – Historia y Crítica. 14. Arquitectura Religiosa – Guadalajara, Jalisco – Historia y Crítica. 15. Arquitectura Religiosa – EUA – Historia y Crítica. 16. Arquitectura Jalisciense – Historia y Crítica – Tema Principal. 17. Arquitectura Mexicana – Historia y Crítica. 18. Arquitectura Norteamericana – Historia y Crítica. 19. Ecodiseño – Metodología. 20. Arquitectura y Sociedad. 21. Arquitectura – Teoría. 22. Arte Mexicano – Historia y Crítica. I. Aceves Ascencio, Modesto Alejandro (presentación). II. t.[LC] 720. 972 [Dewey]

Diseño original: Danilo Design

Diseño de portada: Ricardo Romo

Diagramación: Rocío Calderón Prado

Imagen de portada: cartel de Hugo García Sahagún para la serie “Reflexiones éticas en una pandemia” del semanario CRUCE del ITESO: cruce.iteso.mx

Digitalización: Proyecto451

La presentación y disposición de Arquitecturas que hablan. Las resonancias del contexto en los espacios arquitectónicos, son propiedad del editor. Aparte de los usos legales relacionados con la investigación, el estudio privado, la crítica o la reseña, esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, en español o cualquier otro idioma, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, inventado o por inventar, sin el permiso expreso, previo y por escrito del editor.

1a. edición, Guadalajara, 2020.

DR © Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO)

Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO,

Tlaquepaque, Jalisco, México, CP 45604.

publicaciones.iteso.mx

ISBN 978-607-8768-08-0

Presentación

MODESTO ALEJANDRO ACEVES ASCENCIO (*)

Es gratificante saber que las instituciones académicas privadas como el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) continúan promoviendo la investigación, y más gratificante aún saber que lo hacen en temas no tan comerciales como lo es la arquitectura. Por eso es motivo de regocijo ver el nacimiento de un nuevo libro que versa sobre la indagación de una de las bellas artes y da testimonio de diferentes momentos de la historia y la metodología arquitectónicas.

Es sabido que la producción arquitectónica es, por lo general, la manifestación más tardía de una corriente filosófica. Primero se da la concepción intelectual de la misma, se platica, se escribe, se publican obras literarias —poesía, narrativa, ensayos, teatro— se pinta, se compone música, se esculpe, se dan todas las manifestaciones artísticas en esa corriente de pensamiento y al final —cuando probablemente ya inició otra forma de pensar— se empieza a proyectar y construir en el estilo correspondiente que cada cultura adoptó, asumió, generó y patrocinó. De ahí la alegría de que se analicen los testimonios del comportamiento humano a través de los siglos y que se busque explicar el por qué de esos comportamientos y sus manifestaciones, estudiando las respuestas del ser humano ante el medio y el marco sociocultural en que se desenvuelven.

El quehacer arquitectónico debe ir quedando registrado y qué bien que una universidad humanista como el ITESO haya decidido generar esta publicación que da cuenta de los afanes, gozos y empeños de diferentes sociedades en diversos momentos históricos. Esto engarza con el paradigma pedagógico ignaciano, ya que los autores explican el contexto de sus temas, relatan las experiencias, reflexionan sobre ellas; al plasmar sus reflexiones, actúan y proponen, para la posterior evaluación que se deberá hacer una vez que los lectores hayan disfrutado esta obra.

En este libro se han reunido una serie de artículos que tienen en común a la arquitectura y el desarrollo urbano, pero que se encuentran ubicados en diferentes épocas y diferentes espacios, en la búsqueda de que cada uno abone al estudio de los hombres y mujeres que los produjeron.

Enseñaba Francisco José Belgodere Brito que, desde que el hombre tiene conciencia de Dios, siempre ha dedicado lo mejor de sí para la divinidad. Dos de los artículos de este libro dan cuenta de ello y nos explican la génesis de varias obras con carácter religioso. También, en varios de los textos se podrá comprender cómo la humanidad en diversas épocas buscó adaptar el medio ambiente para subsistir y, en palabras del arquitecto Ignacio Díaz Morales, crear los espacios para desarrollar los diferentes tipos de vida como son la física, la vegetativa y la espiritual. El leitmotiv de esta compilación serán la teoría, la historia y la metodología arquitectónicas los cuales deshilan cómo el ser humano pensó, plasmó y estructuró sus anhelos y necesidades en los diferentes temas abordados por los especialistas.

En “El ‘afrancesamiento’ de la arquitectura habitacional durante el porfiriato en Guadalajara. Una aproximación tipológica–formal”, Carlos Antonio Bravo Wagner y Rosa María Sánchez Sosa dan cuenta de que las construcciones son parte trascendental de las ciudades, dan cabida a los distintos usos que la urbe requiere y que también son elementos que, marcando la pauta, dejan huella de una etapa histórica, del acontecer político, social, económico y religioso. Los autores señalan que los ejemplos erigidos en las primeras colonias de Guadalajara fueron casos novedosos, muestras de una concepción espacial disímil, con la importación de esquemas funcionales y de estilo acoplados a un contexto diferente, que paulatinamente se adoptó y le dio identidad a una zona de la ciudad, convirtiéndose en la actualidad en un importante legado arquitectónico.

Alejandro Mendo Gutiérrez en “Ornamentación arquitectónica art déco en Guadalajara: Tres mascarones neoindigenistas de Chac” explica que las características constructivas y formales de la arquitectura son parte de un lenguaje, lo que permite el entendimiento de los espacios, de los tiempos y de algunas situaciones que estuvieron presentes durante su ejecución. Señala que, en algunos casos, la existencia de elementos comunes en ciertas obras permite aducir la autoría de un constructor, o bien, que las similitudes infieren a que fue un mismo creador el de las tres viviendas que ostentan elementos alusivos a una búsqueda de identidad, recurriendo a diseños o patrones de influencia prehispánica. Asimismo, manifiesta el interés y la relevancia de fortalecer la protección a este tipo patrimonio edificado para su conservación, dado que los vacíos legales existentes han favorecido su destrucción y paulatina desaparición, borrando irremediablemente parte fundamental de la historia de la ciudad.

“Del auge industrial al olvido del patrimonio urbano. El caso de la Colonia Fábrica de Atemajac, en Guadalajara, México”, de Francisco Partida Hoy, reseña cómo el hombre ha desarrollado diversas formas de subsistir aprovechando los recursos naturales con la implementación de los avances tecnológicos durante los últimos siglos. De esta manera, un manantial y el cauce de un río dieron origen a una industria local que involucró a sus trabajadores, conformando un conjunto industrial con un sector habitacional. Lamentablemente, con el devenir de los años, quedó en desuso, con lo que una parte desapareció mientras que la otra se trasformó, para convertirse en distintos espacios urbanos de un nuevo tejido que enmaraña lo social con lo histórico, pero sin un amalgamiento, rompiendo la lectura, alterando la función, pero sobre todo el patrimonio urbano–industrial y su vínculo social.

Especial mención merece el texto “La ideología carmelita presente en el convento de Santa Teresa en Guadalajara, Jalisco: una mirada interdisciplinar” de Yolanda Guadalupe Bojórquez Martínez quien, apasionada de la historia de la arquitectura en Jalisco, ha abordado el tema del recinto carmelitano dedicado a la monja abulense que se ubica en el centro de la ciudad de Guadalajara, México. En este documento se realiza una lectura espacial arquitectónica desde un punto de vista inhabitual, incorporando a la semiótica como parte trascendental de las áreas del conjunto religioso carmelita, analizando la espacialidad, la jerarquía, la distribución y la composición misma, además de articular lo construido con la ideología fundacional de los carmelitas. Con su artículo, Yolanda Bojórquez hará disfrutar a los habitantes de la capital tapatía para los que el conjunto ha sido entrañable y cuyo templo hoy en día es promovido, restaurado y acrecentado en sus obras de arte por el presbítero Tomás de Híjar Ornelas, actual capellán del mismo.

Para quien tiene este libro en las manos, será de profundo interés leer a Tiziano Leoni en su artículo denominado “El historicismo en la arquitectura jesuita en Estados Unidos”, en donde menciona que la arquitectura religiosa tiene características propias y muy singulares, lo que permite distinguir en ella la etapa histórica, pero también su identidad a partir de la lectura de sus elementos, tanto iconográficos como constructivos y estilísticos. Es de esta manera que la Compañía de Jesús fundó sus templos, colegios, universidades y demás recintos con base en principios teológicos, así como en ideas edificatorias historicistas que le dieron identidad y carácter. En Estados Unidos no fue la excepción, donde se reforzó el desarrollo intelectual de la orden con la fundación y construcción de universidades y templos dentro de una tipología que añoró otros tiempos y lugares.

El texto “Análisis contextual para vivienda integral barrial”, de Emely Malacón Hill, deja de manifiesto que el desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara mediante el impulso a la vivienda es de vital importancia, toda vez que la ciudad cuenta con espacios que deben ser revitalizados o encauzados a un ordenado crecimiento; de lo contrario se producirá desvinculación urbana e incluso pérdida de identidad en los pueblos o barrios originarios. Es así, que este artículo plantea la necesidad de hacer una urbe más compacta y accesible, dotada de servicios, comercios y transporte suficiente, que satisfaga las demandas de la población.

En el escrito de Emma R. Morales García de Alba, “Aspiraciones y ansiedades en el territorio urbano: el caso de las urbanizaciones cerradas en Puebla”, se aborda una temática de gran relevancia actual, enfatizando el crecimiento urbano generalmente sin planeación, que propicia fragmentaciones territoriales que corrompen a los poblados subdividiéndolos y trasgrediendo la morfología y funcionamiento primigenio en aras de un ilusorio progreso. En particular, el texto se centra en Puebla y sus desarrollos recientes, incentivados primordialmente por la especulación inmobiliaria, que se generan sin resolver los problemas de fondo de las viviendas y mucho menos de los conjuntos urbanos cerrados que plantean los modelos en boga, propiciando una expansión territorial que ahonda las carencias de infraestructura y servicios para la población.

Francisco Álvarez Partida, en “La vivienda, el oxímoron entre lo habitable y lo sustentable”, reseña que la necesidad imperante del hombre por producir un sitio de cobijo, de confort, donde realice sus actividades cotidianas, ha ido evolucionando para generar el hábitat, pero al mismo tiempo ha tenido un fuerte impacto ambiental, situación que debe ser contenida y modificada a través de un cambio de conciencia, de mentalidad, trabajando de manera conjunta todos los actores involucrados para satisfacer la creciente demanda de vivienda, pero sin trastocar la ecología. Es de este modo que se plantea una metodología para definir una habitabilidad sustentable —misma que está siendo utilizada en varias investigaciones y casos de estudio en el ITESO—, que resalte la importancia de poner en el centro al usuario y sus necesidades, así como en la biocapacidad de soporte del planeta.

Se espera que el ITESO continúe su producción en cuanto a investigación arquitectónica se refiere y que se promuevan nuevos públicos lectores para que así —produciendo, promoviendo, leyendo, comprendiendo y actuando— la sociedad tenga herramientas para dirigir el rumbo del mundo contemporáneo y, de esta manera, la universidad cumpla la función para la que fue concebida.

*- Es arquitecto por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y maestro en restauración de sitios y monumentos por la Universidad de Guanajuato. Se desempeña como profesor universitario y conferencista en diversas instituciones académicas, sociales y gubernamentales. Ha sido funcionario público a nivel estatal y federal en campos inherentes al desarrollo urbano y al patrimonio cultural. Realiza actividades de investigación, proyecto arquitectónico, obra civil y valuación inmobiliaria en la iniciativa privada. Es miembro de la Academia Nacional de Arquitectura.

Introducción

YOLANDA G. BOJÓRQUEZ MARTÍNEZ

ARQUITECTURA, HISTORIA Y SOCIEDAD

A la luz de la actualización del plan de estudios de la Licenciatura en Arquitectura 2015 del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), y como uno de los productos del proceso de transición de academia de profesores a comunidad de aprendizaje, emergió la idea de contribuir al Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano con una publicación que reuniese los temas de investigación y de las áreas de conocimiento de los profesores que imparten las asignaturas de Historia y Teoría de la Arquitectura. La invitación se hizo extensiva a colegas de otras academias e incluso de otros planteles del Sistema Universitario Jesuita.

El objetivo principal del proyecto era publicar un libro con temas actuales y cotidianos en las profesiones del hábitat, que aporten en actividades de docencia, profundización e investigación sobre arquitectura, historia y sociedad, para promover el diálogo, el análisis y el pensamiento crítico acerca de la historia y la teoría de la arquitectura, así como diversas perspectivas de estudio, tales como la visión social, cultural y simbólica para proyectar sobre las edificaciones construidas en las ciudades.

La temática está fundamentada en el objeto de estudio de la Unidad Académica Básica de Teoría, Historia y Metodología del Hábitat, el cual es el origen y la evolución de la ciudad y los objetos utilitarios como la expresión más acabada del habitar humano. Desde esta perspectiva, aborda el análisis de las estructuras económicas, políticas, filosóficas y socioculturales que constituyen el contexto en el que se han construido, y se siguen construyendo, los espacios y objetos vitales de convivencia y de mediación, para comprender los procesos que van conformando las identidades personales y grupales de las sociedades y que son concretadas en obras arquitectónicas y urbanas que forman parte de la imagen de la ciudad.

De los capítulos desarrollados, emerge un eje vertebrador: el tema de la vivienda, en diversas acepciones. Pasa desde la vivienda de los trabajadores y la vivienda comunitaria de las instituciones religiosas, así como los templos o la “casa de Dios”, hasta las casas estilo francés y las de estilo neoindigenista; los fraccionamientos habitacionales cerrados, la vivienda integral barrial y las contradicciones entre la vivienda sustentable y la habitabilidad. Resulta evidente que el tema de la vivienda es una preocupación actual para los arquitectos, desde su análisis histórico hasta las propuestas para las futuras habitaciones de los ciudadanos.

La obra está estructurada en tres apartados: el primero reúne tres capítulos con un enfoque histórico, en los cuales los investigadores presentan tres periodos estilísticos de Guadalajara del siglo XIX y primera mitad del XX. La arquitectura habitacional francesa, la ornamentación art déco neoindigenista y el patrimonio urbano de la colonia Fábrica de Atemajac, hablan de las maneras propias en que las sociedades las erigieron y habitaron, cómo comunicaron su pensamiento, su cosmovisión en cada uno de esos periodos históricos con los elementos que les significaron e identificaron como símbolos de su presente.

El segundo apartado contiene, además de la visión histórica, el ámbito religioso; el análisis de un convento femenino de las carmelitas descalzas en Guadalajara, y la arquitectura jesuita en Estados Unidos. Ambos capítulos analizan los elementos estilísticos, simbólicos y espaciales que siguieron las edificaciones estudiadas para reflejar los conceptos religiosos que fundamentaron sus proyectos y que dirigen los comportamientos en el uso de sus habitaciones.

En el tercer apartado, se agrupan tres capítulos que ofrecen una panorámica de la problemática actual de la vivienda: la vivienda como el oxímoron entre lo habitable y lo sustentable, la metodología del análisis contextual para vivienda integral barrial y el caso de las aspiraciones y ansiedades en el territorio urbano de Puebla, nos hablan de la evolución y el crecimiento de las sociedades y de las ciudades, que van presentando nuevas problemáticas a los profesionales de la arquitectura y el urbanismo, con requerimientos de seguridad, conectividad, movilidad, cohesión social, sustentabilidad, entre otros, los cuales representan nuevas condicionantes para resolver la vivienda en el futuro inmediato.

Agradezco mucho el interés de todos los autores que amablemente colaboraron con este proyecto, y que siguieron el proceso paso a paso. Cada uno de los capítulos de esta obra contribuye de forma significativa a la profundización del conocimiento y la formación de nuevos profesionales de la arquitectura y el urbanismo en el arte de construir las ciudades.

La evolución de las sociedades se ve reflejada en la arquitectura erigida a través del tiempo. El estudio del patrimonio edificado permite identificar y apreciar los valores aportados por las personas que vivieron esos espacios, que en su conjunto representan a los elementos que dotan de identidad a cada ciudad. De la misma manera, las visiones compartidas por los académicos que analizan el pasado, el presente y el futuro inmediato de la arquitectura habitacional, resaltan aquellos conceptos y elementos que son relevantes y pertinentes para las sociedades actuales, y que se ven concretados en los actuales proyectos de edificación.

Esperamos que la lectura de esta obra contribuya a la mejor comprensión de la arquitectura como un reflejo de los valores y los significados de las sociedades que habitan las zonas urbanas que llamamos ciudades.

Enfoque histórico

El “afrancesamiento” de la arquitectura habitacional durante el porfiriato en Guadalajara. Una aproximación tipológica–formal

CARLOS ANTONIO BRAVO WAGNER

ROSA MARÍA SÁNCHEZ SOSA

Resumen: Popularmente se califica de afrancesada la arquitectura desarrollada durante el porfiriato. La presente investigación tiene por objetivo demostrar, cuantitativa y cualitativamente, la idoneidad y veracidad de esta afirmación. Para ello, primero se ha contextualizado la arquitectura de este periodo con aspectos sociales, económicos, etcétera. Posteriormente, se han indagado los pocos textos teóricos que abordan este aspecto y, basándose en ellos, se ha desarrollado un análisis de las viviendas de las primeras colonias creadas durante el porfiriato en Guadalajara. Las conclusiones van encaminadas a aclarar la interrogante inicial.

Palabras clave: arquitectura, historia, tipologías, vivienda.

Abstract: The architecture developed during the Porfiriato is popularly described as frenchified. The present investigation aims to demonstrate, quantitatively and qualitatively, the suitability and truthfulness of this statement. For this, first, the architecture of this period has been contextualized with social, economic, etcetera. aspects. Subsequently, the few theoretical texts that address this aspect have been investigated and, based on them, an analysis of the homes of the first colonies created during the Porfiriato in Guadalajara has been developed. The conclusions are aimed at clarifying the initial question.

Keywords: architecture, history, typologies, housing.

Cualquier persona que se desplace por las principales avenidas de las primeras colonias al poniente de la ciudad de Guadalajara, Vallarta, Hidalgo, Libertad, etcétera, encontrará, entre un variopinto repertorio de construcciones funcionalistas y otras de difícil clasificación, una serie de casonas eclécticas que de forma popular se han adjetivado como afrancesadas. Pero ¿qué tan correcto es el empleo de este término?

Israel Katzman (2002), en su libro Arquitectura del siglo XIX en México, comenta que es “sumamente vago el empleo que se le ha dado en México al término AFRANCESADO para calificar la arquitectura del siglo XIX y es una tarea bastante compleja darle a ese concepto un significado exacto” (p.157).

Este trabajo tiene el objetivo de analizar estas viviendas de las primeras colonias de la ciudad durante el porfiriato y aportar elementos que permitan dilucidar cuáles son las características tipológicas más importantes y, en consecuencia, adjetivarlas de un modo justificado.

Estas casonas pertenecen a la etapa histórica denominada el porfiriato aunque en realidad, temporalmente hablando, corresponden a los últimos años del gobierno del general Porfirio Díaz y a la década posterior. En cualquier caso, se engloban en este periodo ya que mantienen los aspectos estilísticos y constructivos sin grandes cambios. Se deberá esperar a la década de los años veinte para que el movimiento moderno, manifestado en el regionalismo tapatío y el funcionalismo, rompa con esta dinámica.

ARQUITECTURA Y PORFIRIATO

El porfiriato es el cierre de un siglo XIX extremadamente complejo. La primera mitad está marcada por una serie de acontecimientos de carácter bélico: la guerra de independencia, las civiles, la de Texas o la invasión estadunidense. La economía del país se ve fuertemente afectada y la construcción de edificios es una de las actividades más afectadas. A esto hay que sumar las Leyes de Reforma que paralizaron a su vez las obras arquitectónicas de carácter religioso.

La construcción gubernamental es escasa y se recurre a la adaptación de conventos, seminarios, entre otros, para reconvertirlos en hospitales, escuelas, etcétera. Por su lado, la iniciativa privada espera situaciones más estables.

Hasta el periodo del porfiriato, principalmente entre 1896 y 1905, la construcción no se reavivará en todos los ámbitos, y la crisis económica de la última etapa, entre 1905 y 1910, quedará paliada por la obra gubernamental (Katzman, 2002).

La estabilidad del porfiriato favoreció a la moneda mexicana y en consecuencia, a las inversiones extranjeras. Se impulsaron sectores fundamentales de la industria, el transporte y la banca. El interés principal del estado fue la modernización del país, lo que favoreció el acercamiento a la cultura francesa, muy en boga en ese momento. Este impulso económico favoreció la generación de grandes riquezas y también la construcción de varias edificaciones desde los estilos académicos historicistas.

El proceso de cambio lo llevaron a cabo académicos franceses, italianos y mexicanos en su mayoría. El romanticismo tomó fuerza y se importó el eclecticismo de Europa.

Por ejemplo, la columna del Centenario, una de las obras insignia de la época en la Ciudad de México, es descrita del siguiente modo:

El estilo de la obra, por su naturaleza y por su destino, tenía que ser una arquitectura grandiosa, a la vez que sencilla, que no perteneciese a determinada época. La columna no es griega ni romana, y sí podría recordar los buenos tiempos de la arquitectura. Siendo moderna, es en lo posible clásica: puede tener algo de neoclásico (Fernández, 1952, p.249).

Esta descripción no es solo el de una columna sino que es el concepto mismo que se tenía de la arquitectura.

La incorporación a la economía mexicana de empresas extranjeras incentivó la incorporación de proyectos, materiales y profesionales llegados de las metrópolis de origen de estas.

Esta internacionalización de la arquitectura en ocasiones llegó a situaciones extremas. Sirva de ejemplo el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Se inició en 1904 con el proyecto del italiano Adamo Boari; los cimientos fueron calculados por un arquitecto de Nueva York y construidos por una empresa de Chicago, por cierto, de forma errónea, lo que produjo constantes hundimientos; los escultores eran de origen italiano y el mármol fue importado de Carrara; el escultor catalán Agustí Querol realizó una pareja de pegasos que no se pudieron colocar en el sitio por el peso excesivo que representaba para la estructura, y la obra debió interrumpirse al estallar la Revolución mexicana en 1910, y no se retomó hasta 1932.

Raquel Tibol (1969) definió la obra como “un gran monstruo cuyas partes fueron llegando desde diversos países para al fin quedar mal armadas en el centro de la Ciudad de México” (p.206).

La revolución mexicana rompió con todo este bagaje marcando la modernidad del siglo XX; los posteriores historiadores y teóricos de la arquitectura han sido muy críticos con esta etapa y han asociado fácilmente esta arquitectura con un sistema político desprestigiado.

Ramón Vargas Salguero comenta:

Casi siempre que un sector ha exigido terminantemente que se solucionen, de manera satisfactoria, ciertas reivindicaciones incompatibles con la estructura vigente, le ha sido indispensable emprender una ardua lucha ideológica con miras a desarraigar las ideas, conceptos y modalidades de pensar que, a la luz de aquellas demandas, parecen obsoletas, para sustituirlos por otros marcos de referencia a través de los cuales sea posible prohijar las medidas adecuadas que satisfagan las demandas planteadas [...]

Esto fue lo que ocurrió en diversos ámbitos, entre ellos en el de la práctica arquitectónica (1994, p.60).

Otro aspecto, donde el capital extranjero tomaría relevancia, es en el crecimiento de las ciudades con la aparición de nuevos desarrollos urbanísticos de carácter privados denominados colonias.

Las colonias proponían una organización espacial diferente a la tradicional, con mayores dimensiones de las manzanas, nuevos criterios de parcelación y viviendas con modelos europeizantes o norteamericanos.

La arquitectura porfiriana se asoció a estereotipos importados del extranjero y se vinculó a una clase burguesa dominante y un régimen político opresor.

Guadalajara estuvo inmersa en este proceso de modernización que, en palabras de Federico de la Torre de la Torre y Rebeca Vanesa García Corzo (2008),

Se hizo patente a través de al menos tres grandes elementos: la incorporación del servicio telefónico y del alumbrado público en 1884, que para 1893 se había extendido a toda la ciudad gracias al aprovechamiento de las aguas de El Salto de Juanacatlán; la llegada del Ferrocarril Central Mexicano en 1888 y, por último, la puesta en marcha de un código de comercio en 1899 que favoreció tanto la formación de sociedades anónimas como de una política hacendaria de apoyo sostenido a la industrialización del país (p.13).

Según Eduardo López Moreno (2002) “estos cambios se llevaron a cabo a través de una serie de estrategias, algunas de ellas de orden ideológico, de acuerdo con las cuales se creía que se podía aspirar a una nueva forma de vida si se operaban cambios en el espacio construido” (p.114).

Todo ello se plasmó entre 1898 y 1906, con un crecimiento urbano principalmente hacia el poniente que Alfredo Varela Torres (2000) justifica desde un punto de vista pragmático:

[…] en las colonias residenciales surgidas en el porfiriato como lo fueron las colonias Francesa y Americana al poniente de la ciudad […] el crecimiento se dio hacia esa orientación, ya que desde el siglo pasado se buscaba alejarse del río San Juan de Dios cuya insalubridad era notoria, este fue entubado a principios del siglo XX (p.134).

Las nuevas colonias aplicaron los nuevos conceptos urbanísticos con un cambio importante del modelo de vivienda, sustituyendo la casa tradicional por las villas o chalets de un marcado carácter elitista. Así lo apunta López Moreno (2002) que basa el cambio en dos elementos cualitativos: “a) la urbanización, respecto la conformación y dimensión de las manzanas, se hace con base en nuevos patrones de lotificación, y b) el modelo hasta entonces hegemónico de vivienda es sustituida por otros europeizantes y norteamericanos” (p.124).

En las primeras filas de este desarrollo se encontraba la alta burguesía. Una burguesía de procedencia variopinta: por un lado, la vieja aristocracia nacional junto a los nuevos empresarios y comerciantes de origen criollo o mestizo, y por otro, los capitalistas extranjeros. Los primeros aportan las tradiciones locales y el deseo de estar al nivel de cualquier sociedad europea; los segundos, los diversos aspectos arquitectónicos de sus países. Todo ello da como resultado una amplia variedad de viviendas que englobamos bajo la etiqueta de eclecticismo y, como se planteó al inicio, con el apéndice popular de afrancesado.

ELEMENTOS TIPOLÓGICOS DE LA VIVIENDA

Para llegar a un punto objetivo que permita cualificar estas viviendas es preciso realizar un estudio de las tipologías existentes y analizar los trabajos realizados al respecto.

Katzman (2002) incluye en su definición un aspecto estético–formal esencial de la arquitectura francesa: “se considerarán como obras eclécticas afrancesadas fundamentalmente las que, además de algunas características ya mencionadas, poseen desvanes o mansardas con buhardillas” (p.159). Curiosamente los desvanes y las mansardas no son elementos tan comunes en las casonas del porfiriato en Guadalajara.

Existen varios autores que han propuesto clasificaciones tipológicas de la vivienda durante el porfiriato; en la Ciudad de México, cabe destacar los libros de Martín Hernández y Elena Segurajáuregui.

Martín Hernández, en su libro Arquitectura doméstica de la ciudad de México, 1890–1925 (1981), realiza una clasificación basada en aspectos formales, distribuciones, ornamentos, etcétera, aunque comenta “la dificultad de agruparlos en una tipología simple” (p.171). Su forma de ordenar la vivienda da como resultado cinco categorías:

a. Lujosas, elegantes o pintorescas villas, chalets y palacetes aislados en medio de amplios jardines, concebidos como casas de campo.

b. Grandes residencias palaciegas urbanas y suburbanas, de grandes dimensiones, con amplio jardín, caballerizas y servicios. Algunas de ellas eran notables por su elegancia y aire aristocrático, siendo la excepción las que merecen el título de palacio.

c. Mansiones señoriales suntuosas con pequeño jardín, contiguas a otras semejantes.

d. Viviendas de los estratos inferiores de la alta burguesía, generalmen-te de dos plantas, aisladas o semiaisladas, de carácter suburbano, remedo modesto de las aristócratas, con pequeño jardín y mayor sencillez, exterior e interior.

e. Amplios edificios unifamiliares de una o dos plantas (p.159).

Dentro de las villas o chalets especifica tres grupos:

1. Las que presentan exteriores dinámicos con entrantes–salientes, distintas alturas, balcones, loggias, galerías, etcétera, e interiores con distribuciones espaciales muy libres.

2. Las que toman los palacios aristocráticos europeos del siglo XVIII como referencia. Severas en el ornamento, con predominio de la horizontalidad y plantas cuadrangulares.

3. Las inspiradas en historicismos arquitectónicos que conservan el patio central típico de la casa mexicana, aunque se separen de otros elementos tradicionales.

Por su lado, en el libro Arquitectura porfirista. La colonia Juárez (1990), Elena Segurajáuregui analiza el tema de un modo similar, ordenando las viviendas burguesas según “su forma, dimensiones, extensión del terreno y relación con el contexto” (p.81), dando como resultado seis tipos:

1. Villas.

2. Palacetes.

3. Residencias señoriales.

4. Residencias urbanas.

5. Residencias mexicanas.

6. Edificios de departamentos (p.81).

Resumiendo, los seis tipos los define con las siguientes características:

1. La villa es un edificio singular que ocupa un terreno de dimensiones importantes, quizás de dos o más predios. Compuesta por volúmenes complejos de grandes tamaños, abundante ornamentación y cubiertas inclinadas. Tiene una altura de dos niveles más un sótano y, probablemente, un tapanco. Uno de sus objetivos es mostrar el poder económico de sus propietarios. El interior presenta una sucesión de espacios sin un plan rector.

2. El palacete también ocupa dos o más predios, pero tiene una volumetría menos compleja. Suele ser de un solo nivel, con cubierta plana, y jardines al frente y laterales. Son “viviendas ricamente ornamentadas pues se entendía que el adorno era símbolo de status social y resultado natural de la evolución cultural: el uso de los ornamentos imitaba a los poderosos de otros tiempos” (p.91). Interiormente hay una gran variedad de salas y espacios.

3. Las residencias señoriales, a similitud de las residencias urbanas europeas, se hallan en terrenos amplios y alineados a la acera. Se compone de dos niveles, más un sótano y cubierta plana. Es un volumen simple que tiende a ocupar el 100% del terreno. La decoración es mucho más sobria que en los casos anteriores.

4. Las residencias urbanas son fruto de la especulación del terreno y suponen la solución para las clases medias. Es similar a los llamados hoteles en Francia. Ocupan predios estrechos y profundos con dos niveles y buhardillas.

5. Las residencias mexicanas son volúmenes sencillos, de un solo nivel, cubierta plana y un patio a lo largo de la fachada lateral. En su apariencia externa domina claramente la masa del muro frente a los huecos y la ornamentación dependerá de la posición económica del propietario.

6. Los edificios de departamentos eran construcciones ostentosas, pero de ornamentación muy simplificada que daban solución a aquellos que no podían tener viviendas propias.

Naturalmente ambos hacen referencia a la Ciudad de México, aunque es perfectamente extrapolable a Guadalajara pues coincide en tiempo y estilo, no todos los tipos se desarrollaron de igual manera. En las primeras colonias de Guadalajara no se encuentran “edificios de departamentos” ni “residencias urbanas” bajo los términos que define Segurajáuregui, y las “residencias mexicanas” recuerdan a las casas típicas tapatías.

De los dos textos se pueden extraer parámetros fundamentales comunes que permiten crear una clasificación propia y aplicable en la ciudad de Guadalajara. Esencialmente son tres:

a. Número de niveles.

b. Número de fachadas, o lo que es lo mismo, el acomodo del edificio dentro del terreno.

c. Aspectos estéticos, definiendo:

• Palacete: si presenta cubierta plana, repetición de elementos, sobriedad en ornamentos, etcétera, con inspiración en los edificios palaciegos europeos.

• Señorial: si, por el contrario, muestra una mayor libertad acorde con el historicismo o eclecticismo imperante.

Como ya se ha comentado, a Guadalajara llegan estos modelos arquitectónicos que irán sustituyendo a la tradición tipológica iniciada durante el siglo XVI de la denominada casa tapatía con patio central. Alfredo Varela Torres (2000) comenta al respecto que “en el siglo XX, el patio vería sus últimos años como elemento estructurante generador de la vivienda, pues en este siglo es cuando el partido arquitectónico de la nueva vivienda se trasforma adoptando patrones europeos”, y añade:

Por su parte el partido arquitectónico que se generó en las casas de estilo ecléctico, presentaba jardines alrededor del núcleo de habitación, con entrada en alto al estar entresoladas, algunas con loggia, recibidor, salas de visitas o salones, escalinatas al centro que se abrían en dos sentidos y recámaras en segundas plantas (p.141).

También en la misma línea, apuntó Eduardo López Moreno (1996) que hay una serie de cambios importantes dentro de la ciudad, algunos de carácter urbanístico y otro tipológicos: “la substitución del modelo, hasta entonces hegemónico, de la casa árabe–andaluza (vivienda ‘introvertida’ en tomo a un patio central), por otros modelos europeizantes y norteamericanos (vivienda ‘extrovertida’ hacia los jardines que la rodean)” (p.224).

Hasta este punto se han comentado los aspectos tipológicos vinculados con el exterior, volúmenes, fachadas, alturas, etcétera, pero es necesario incluir los aspectos distributivos que manejan los distintos autores. En este rubro, Martín Hernández (1981) señala la importación de distintas corrientes de moda en Europa o Estados Unidos; según él, las influencias más preponderantes eran de origen francés e inglés o anglosajón, aunque no descarta otras posibilidades que cualifica de singularidades difíciles de clasificar.

La Influencia francesa se determina por zonificar la casa del siguiente modo:

• Planta baja que acogía los espacios para las actividades sociales y de la vida en común (salón principal, comedor, cocina, biblioteca, despacho, sala de fumador, billar, sala de música, etcétera).

• Planta alta donde se hallaban las habitaciones familiares, íntimas y privadas (habitaciones, baños, vestidores, costurero, etcétera).

• Planta auxiliar para las habitaciones de servicio, cochera y caballerizas, con una gran libertad de ubicación (generalmente al fondo del terreno).

El autor atrae la atención hacia un elemento importante: el vestíbulo. Lo describe con grandes dimensiones, con posible doble altura, y cuya función principal era la de distribuidor con conexión directa con la escalera principal. Podía tener un antevestíbulo que enfatizaba más el aspecto escénico. Añade que en ocasiones, podían incluir las características mansardas afrancesadas; además, acorde con lo afrancesado, la fachada tenía un ritmo marcado y un orden simétrico, ya sea total o parcial.

La Influencia anglosajona difiere de la anterior en la mayor libertad en el partido arquitectónico y, sobre todo, en el papel que jugaba el vestíbulo. El acceso a este no era necesariamente directo, lo que ayudaba a dar mayor teatralidad. Podía poseer más de una entrada, haciendo la diferencia entre el acceso de los habitantes de la casa, para una mayor privacidad, y la de los visitantes que permitía acceder a la biblioteca o despacho para ser atendido sin necesidad de pasar a las áreas privadas.

Los salones podían ser de formas más irregulares, de este modo los espacios eran más polivalentes, y admitía la subdivisión con facilidad para acoger reuniones de grupos más pequeños. Los salones principales o comedores tenían miradores salientes (bow–windows) con coloridas vidrieras.

Complementando este aspecto distributivo es necesario ver la propuesta de Laura Olarte Venegas, Salvador Díaz García y Jaime Fernández Martín en Espacios, color y formas en la arquitectura. Guadalajara 1910–1942 (1990). En este libro, los autores analizan la vivienda altoburguesa de la ciudad de Guadalajara concluyendo con cuatro “disposiciones”:

1. Disposición A: era un modelo de transición de la casa tapatía tradicional a las nuevas tendencias. Entre otras características, mantenía zaguán, patio central, recámaras alrededor del patio y vinculadas entre sí, patio al fondo donde se acomodaban los elementos de servicio, etcétera. Ocupaba el lote en su gran mayoría y ventilaba e iluminaba los espacios por el patio central.

2. Disposición B: el modelo cambiaba creando una casa rodeada de jardín y acceso por medio de una terraza o porche. En el interior era un vestíbulo–recibidor el espacio central distribuidor. Desapareció el patio central tradicional y los servicios estaban situados en construcciones secundarias. La iluminación y ventilación se realizaba por el jardín perimetral.

3. Disposición C: en esencia era igual al anterior, pero el vestíbulo central se sustituía por un pasillo–corredor.

4. Disposición D: de igual manera, similar a las anteriores, pero donde el elemento central volvía a ser el patio. Aun así, el patio complementa la iluminación y ventilación que se genera con vanos al jardín perimetral.

ANÁLISIS DE LA VIVIENDA PORFIRISTA EN LAS PRIMERAS COLONIAS DE GUADALAJARA

En consecuencia, con todo lo descrito anteriormente, la propuesta paramétrica para este estudio es la que a continuación se presenta.

Tipología

Villa: vivienda de volumetría compleja o dinámica, con dos niveles o más y sótano o podio. Jardín perimetral y, por lo tanto, con cuatro fachadas. Puede tener edificios auxiliares o de servicio.

Mansión: vivienda de uno o, lo más habitual, dos niveles con sótano o podio. Jardín perimetral y tres fachadas, la cuarta queda ciega–medianera. Puede tener edificios auxiliares o de servicio.

Residencia: vivienda de un nivel, en ocasiones excepcionales con dos niveles y sótano o podio. Con jardín en la fachada frontal y una lateral. Muestra dos fachadas, las dos restantes son medianeras.


Estilo

Palaciego: Vivienda de cubierta plana. Fachada con composición basada en un módulo repetitivo con tendencia a soluciones simétricas totales o parciales. Ornamentación moderada. Vinculado con la Influencia francesa.

Señorial: Vivienda de cubierta plana o inclinada. Mayor dinamismo en la solución de fachada con tendencia a soluciones asimétricas. Mayor presencia de influencias historicistas–eclécticas. Ornamentación moderada. Vinculado con la Influencia anglosajona.

Influencias

Francesa: Vivienda con un acceso directo, fachada simétrica, parcial o total, y un ritmo marcado.

Anglosajona: difiere de la anterior esencialmente en la mayor libertad en el acomodo de los distintos espacios y en la incorporación de más de una entrada.


Disposiciones

Tipo A: vivienda con zaguán, patio central y patio posterior de servicio. Entre medianeras.

Tipo B: vivienda situada en el centro del terreno y con un jardín perimetral. Un ingreso por una terraza frontal. Recibidor central desde el que se vinculan los demás espacios.

Tipo C: vivienda en el centro del terreno y rodeada de jardín. Terraza de ingreso. Pasillo central como distribuidor de espacios.

Tipo D: vivienda en el centro del terreno y rodeada de jardín. Terraza de ingreso. Patio central como distribuidor de espacios.


Establecidos los parámetros de referencia se ha comprobado su validez en un total de 44 casonas, todas ellas originales o muy poco modificadas según su ficha patrimonial. De 26 de ellas se han conseguido planimetría, material imprescindible para poder analizar las distribuciones interiores.

La tabla 1.1 resume las características del estudio aplicado.

En consecuencia, los edificios patrimoniales se clasifican como 15 villas, 21 mansiones y 8 residencias, y los porcentajes se aprecian en la figura 1.1.

Por lo tanto, casi la mitad de los ejemplos estudiados son del modelo de mansión.

Respecto a los aspectos distributivos se toman los conceptos denominados Influencias francesas o anglosajonas y de los tipos de disposiciones A, B, C y D. Compaginando ambos criterios, los resultados se presentan en la tabla 1.2.

Los resultados, según la tabla 1.2 son los que se presentan en la figura 1.2.

Hay una mayoría de casas de influencia francesa, con un 62% frente al 32% de influencia anglosajona.

Respecto a la relación entre influencias y disposiciones, los resultados que muestran estas gráficas revelan que la influencia francesa está ligada a disposiciones de tipo B mientras que en el caso anglosajón se relaciona más con el tipo C (véase la figura 1.3). En cualquier caso, no hay ejemplos de Tipo A en estas casas de las primeras colonias de la ciudad.

TABLA 1.1 CLASIFICACIÓN DE LAS CASONAS




*Significa que los parámetros dan resultados con dos posibilidades. Ante este punto se ha optado por dar preferencia a la relación casa–jardín.

** Frontal

*** L

# U

## Perimetral

### Palaciego

*# Señorial

FIGURA 1.1 GRÁFICA DE TIPOLOGÍAS


FIGURA 1.2 GRÁFICA DE INFLUENCIAS


TABLA 1.2 SÍNTESIS DE LOS ASPECTOS DISTRIBUTIVOS



*Son casas con varios accesos pero, por el resto de los parámetros, se ha optado por cualificar como afrancesada.

FIGURA 1.3 GRÁFICA DE DISPOSICIONES


CONCLUSIONES

Después de este análisis se debe volver a la hipótesis inicial de si el término afrancesado es correcto para adjetivar la arquitectura habitacional del periodo porfirista en las primeras colonias de Guadalajara.

Proporcionar conclusiones definitivas sobre el tema es imposible, ya que esta investigación contiene un muestrario de casas que se puede ampliar y, en consecuencia, los resultados podrían variar. Hasta este punto, se puede afirmar que lo afrancesado, entendido como una combinación de elementos funcionales y formales explicados con anterioridad, es mayoritario, pero denominar a toda la arquitectura porfirista con esta etiqueta es erróneo. Los ejemplos de viviendas con influencias anglosajonas suponen un porcentaje notorio que no se puede obviar.

Para afinar esta investigación queda pendiente abordar el tema desde varios puntos de vista como lo social, cultural, económico, etcétera, que darían una perspectiva distinta, lo que proporcionaría elementos que confirmarían los resultados y aportarían otras características del estilo. Esta visión ampliada es mucho material y queda pendiente para otro estudio.

En resumen, el interés de las clases dirigentes de la época por todo lo que venía de Francia introdujo en el imaginario popular el concepto de afrancesado el cual ha perdurado hasta nuestros días sin ser estrictamente preciso.

REFERENCIAS

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Fernández, J. (1952). Arte moderno y contemporáneo en México. México: UNAM.

Hernández, M. (1981). Arquitectura doméstica de la ciudad de México, 1890–1925. México: UNAM.

Katzman, I. (2002). Arquitectura del siglo XIX en México. México: UNAM.

López Moreno, E. (1996). La vivienda social. Una historia. México: Editorial de la Red de Investigación Urbana.

López Moreno, E. (2002). La cuadrícula en el desarrollo de la ciudad hispanoamericana. Guadalajara: Universidad de Guadalajara / ITESO.

Olarte Venegas, L., Díaz García, S. & Fernández Martín, J. (1990). Espacios, color y formas en la arquitectura. Guadalajara 1910–1942. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

Segurajáuregui, E. (1990). Arquitectura porfirista. La colonia Juárez. México: Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco / Tilde.

Tibol, R. (1969). Historia general del arte mexicano. Época moderna y contemporánea. México: Hermes.

Vargas Salguero, R. (1994). El imperio de la razón. En F. González Gortázar (Coord.), Arquitectura mexicana del siglo XX (pp. 59–79). México: Conaculta.

Varela Torres, A. (2000). Conservación de la vivienda como patrimonio arquitectónico y satisfactor habitacional en los centros históricos. Guadalajara: Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco.

Ornamentación arquitectónica art déco en Guadalajara: tres mascarones neoindigenistas de Chac

ALEJANDRO MENDO GUTIÉRREZ

Resumen: En la historia de la arquitectura regional, la ciudad de Guadalajara, México, conserva un importante conjunto de inmuebles civiles y religiosos representativos del siglo XVIII al XX, entre los que destacan —por su interés iconográfico— las obras modernas influenciadas por el nacionalismo arquitectónico mexicano y sus variadas corrientes eclécticas, propias de la primera mitad de la pasada centuria. En este trabajo se hace una descripción del contexto sociocultural local que favoreció la influencia del art déco en la edificación de tres viviendas populares y se analiza la ornamentación arquitectónica de sus portadas, cuya fachada tiene significantes iconográficos neoindigenistas que expresan los contenidos estéticos subyacentes a la imaginería popular del momento.

Palabras clave: historia de la arquitectura mexicana, arquitectura art déco, estética de la arquitectura popular, Guadalajara, México.

Abstract: In the history of regional architecture, the city of Guadalajara, Mexico, is home to an important collection of representative civil and religious buildings from the 18th to the 20th century. A distinctive iconography marks the modern creations influenced by mexican architectural nationalism and its varied, eclectic schools that proliferated in the first half of the last century. A limited number of modest constructions with expressive neo–indigenous façades have survived. This work offers a description of the local sociocultural context that fostered the influence of art déco in the construction of three houses, and analyzes the architectural decoration of their façades, which include neo–indigenous iconographic signifiers that convey the aesthetic content underlying the popular imaginary of the time.

Key words: history of mexican architecture; art déco architecture; aesthetics of popular architecture; Guadalajara, Mexico.

Ahora que el siglo XXI cierra su primera veintena, sigue creciendo el interés de restauradores, historiadores y arquitectos por las edificaciones con valor patrimonial poco conocidas, ya que todavía se acusan procesos de destrucción de inmuebles relevantes erigidos durante la pasada centuria, mismos que son vulnerables al quedar al margen de la limitada protección legal que debería ampararlos. Es el caso de naves industriales, edificios comerciales, oficinas gubernamentales, conjuntos habitacionales y residencias particulares que penosamente subsisten hoy como testimonio material de las corrientes estilísticas y de los referentes culturales de su momento histórico, pero que ahora caen sin gloria por la indiferencia social.

En este capítulo se ofrecen al lector algunos contenidos en materia de historia de la arquitectura moderna de Jalisco, para lo que se abordan en especial las pocas construcciones art déco con ornamentación de carácter neoindigenista que aún permanecen en Guadalajara.

El trabajo inicia contextualizando las circunstancias históricas en que ocurrieron los movimientos eclecticistas, románticos y nacionalistas propios de la arquitectura decimonónica tardía y de principios del siglo XX. Con el ánimo de rastrear elementos de la identidad cultural nacional, se hace un acercamiento iconográfico a las arquitecturas neoindigenistas registradas en la capital jalisciense y se incluyen imágenes que ilustran los elementos constructivos y decorativos de las mismas. Por último, el texto cierra con una llamada de atención sobre el poco interés público hacia este legado —el cual ha permitido la destrucción parcial y total de muchos de estos hitos—, y se enuncian ciertas ideas para reforzar las tareas de conservación de este patrimonio edificado de Jalisco.

Aunque internacionalmente se considera a México como un país de amplia diversidad cultural, poseedor de una riquísima herencia histórica y arraigadas expresiones artísticas, también es conocido que la nación sufre embates del comercialismo postmoderno que minan la sucesión integral de los bienes culturales a las próximas generaciones. Desde esta perspectiva, este breve trabajo pretende inspirar a profesionales y a ciudadanos para sumarlos a la apreciación y defensa del patrimonio histórico edificado tapatío.

EL NACIONALISMO ARQUITECTÓNICO MEXICANO Y EL NEOINDIGENISMO EN GUADALAJARA

En el devenir histórico internacional, la segunda mitad del siglo XIX atestiguó el surgimiento y expansión de diversas posturas conceptuales y corrientes intelectuales que alcanzarían a influir decisivamente en la producción cultural y en las manifestaciones estéticas de muchos países europeos y americanos. Entre las tendencias artísticas más extendidas de aquel entonces se cuentan los llamados movimientos eclécticos que en campos como la composición musical, la pintura, la escultura y la arquitectura produjeron notables referencias que hoy son hitos del patrimonio histórico de diversas naciones.

En el viejo continente se popularizaron estilos constructivos reminiscentes de edificaciones exóticas o pretéritas como reacción ante los asombrosos hallazgos materiales resultantes de las primeras excavaciones científicas que equipos de arqueólogos, historiadores y geógrafos realizaron en sitios legendarios como Troya, Pompeya, El Cairo o Teotihuacán.

La idealización de los órdenes arquitectónicos grecorromanos clásicos y el gusto público por los elementos decorativos egipcios, orientales y medievales darían lugar a fusiones extravagantes que generaron nuevos programas de edificación exultantes de las identidades folclóricas ancestrales (véase figura 2.1). Esta suerte de reivindicación historicista es el origen del llamado revival y sus variantes, y a la postre incitó la aparición de los nacionalismos estilísticos que se adoptaron por igual, tanto en la academia arquitectónica como en la obra vernácula finisecular.

En los países latinoamericanos, esta modernidad propició especialmente la emergencia de un movimiento cultural nacionalista de amplio espectro que impuso su propio sello en las artes del continente. Sin embargo, en el ámbito particular de la estética arquitectónica, su expresión se dividió básicamente en dos vertientes principales: una representativa del neocolonialismo criollo de raigambre española y otra más cercana al indigenismo étnico de corte prehispánico.

Para entender lo anterior, es necesario considerar que por siglos el papel colonizador de España y Portugal forjó entre las clases ilustradas de los territorios de ultramar un crisol de “la mejor historia de la arquitectura peninsular” (González Capitel, 1996, p.429) que terminaría produciendo notables obras de fuerte inspiración hispánica y arábigo–andaluz. En contraste, el advenimiento de reacciones vanguardistas contrarias al excesivo academicismo europeo que influenciaba la formación de arquitectos, pero sobre todo, que multiplicaba la edificación de obra pública bajo los cánones impuestos por las viejas metrópolis imperiales, marcó la pauta para el surgimiento del fenómeno neoindigenista en la arquitectura.

FIGURA 2.1 SINAGOGA DEL JUBILEO, PRAGA


Fotografía: Martin Vorel, 2015.

El eclecticismo neocolonial de variante hispanoamericana tuvo resonancia desde California, en los Estados Unidos, hasta las naciones sudamericanas, con mayor presencia criolla en sitios como Uruguay y Argentina. Ejemplos sobran: en Buenos Aires destaca el ahora Museo de Arte Español Enrique Larreta, obra del constructor suizo Christian Schindler, quien llevó a cabo la composición con fuerte acento morisco según recomendaciones del reconocido arquitecto académico argentino Martín Noel (Petrina, 2011, p.54). Por su parte, en el hemisferio norte sobresale el Hotel Majestic (véase figura 2.2), proyecto levantado en la Ciudad de México en 1925 por el arquitecto Rafael Goyeneche justo frente al Zócalo capitalino (Romero Moreno, 2005, p.22). Ambas obras tienen en común, con muchísimas otras más en Perú, Brasil, Chile o Colombia, su manifiesta exaltación de temas renacentistas españoles y barrocos portugueses, sea a través de replicar fachadas extraordinarias —como las de algunas iglesias, conventos o universidades peninsulares— o mediante el empleo de un lenguaje formal inspirado en alusiones explícitas a referentes del plateresco y del churrigueresco del viejo continente, como son las portadas ricamente labradas en piedra, las suntuosas herrerías artísticas, los recubrimientos cerámicos ornamentales, así como tejados, aleros, frisos y blasones.

Por su parte, la corriente nacionalista de reminiscencia precolombina tuvo como línea genealógica ascendente al art déco que se considera la referencia estética primaria de aquellos años (Becerra Mercado, 2002). Esta impetuosa corriente conceptual dio lugar a una interesante producción caracterizada por la diversidad de géneros arquitectónicos en que esta se expresó, pues igual llegó a abarcar construcciones residenciales, edificios escolares, recintos culturales, oficinas gubernamentales, estadios deportivos, monumentos escultóricos, arcos triunfales y fuentes.

En países andinos sobresalen variantes incanistas —como la llamada arquitectura neo–tiwanakota—, que en la década de los años veinte retomó elementos decorativos procedentes de la antigua cultura preinca de Tiawanaku. El ingeniero y arqueólogo Arturo Posnansky, su exponente principal, edificó en la ciudad de La Paz, Bolivia, un gran número de obras con profusas referencias a las formas estéticas autóctonas. A decir de Ramón Gutiérrez y Rodrigo Gutiérrez Viñuales, la saturación de líneas quebradas y la estilización con motivos escalonados introdujo, no solo en el campo de la práctica sino en la esfera teórica, una “visión americana historicista para integrarla a la arquitectura de vanguardia” (2005, p.6).

Pero en el caso mexicano, esta postura de idealización del pasado arquitectónico tiene antecedentes que se remontan a finales del siglo XIX cuando México participó en la Exposición Universal de París de 1889 con un pabellón de formas neoprehispánicas diseñado en conjunto por el ingeniero arquitecto Antonio Anza y el historiador Antonio Peñafiel (Gutiérrez Viñuales, 2002, p.267). Otra referencia imprescindible de esta corriente nacionalista neoindigenista es el Pabellón de México para la Exposición Iberoamericana de 1929 levantado en Sevilla, España, y que todavía puede admirarse allá (Piñero, 2015).

FIGURA 2.2 HOTEL MAJESTIC, CIUDAD DE MÉXICO


Fotografía: Alejandro Mendo Gutiérrez.

En la elección del discurso arquitectónico de todas estas obras, los autores recurrieron a la representación simbólica y ornamental de las más conocidas culturas antiguas del país —teotihuacanos, mayas, toltecas, mixtecas— en virtud de que el repertorio formal de esas etnias contiene “los rasgos principales que caracterizan nuestros monumentos y nuestra historia nacional” (Peñafiel, citado en Díaz y de Ovando, 1990, p.114). A finales de los años veinte, arquitectos como Vicente Mendiola construyeron notables obras en la capital, por ejemplo, el edificio para la Inspección de Policía y Cuartel de bomberos (hoy Museo de Arte Popular), que fue decorado por relieves escultóricos de inspiración azteca del artista Manuel Centurión (véase figura 2.3).

FIGURA 2.3 PANELES ESCULTÓRICOS NEOINDIGENISTAS, MUSEO DE ARTE POPULAR


Fotografía: Alejandro Mendo Gutiérrez.

No obstante, tratándose de arquitectura neoindigenista mexicana realizada entonces, el catálogo nacional de obras tiene una de sus piezas más notables en el precursor monumento a Cuauhtémoc ubicado en el Paseo de la Reforma (véase figura 2.4). Esta obra póstuma del ingeniero Francisco M. Jiménez fue inaugurada en 1887 (García Barragán, 1983, p.450) y resume, como ninguna, los valores estéticos del nuevo ideario artístico nacional con un manejo armónico de formas y motivos procedentes de las arquitecturas del antiguo mundo indígena, pero siguiendo las reglas compositivas del academicismo clásico en su génesis conceptual.

Esta orientación estilística, que se afanó en fundir la expresividad constructiva de las edificaciones pretéritas con el espíritu contemporáneo de las exigencias modernas, logró conjugar ambos paradigmas constructivos en un acoplamiento operativo. Tal es el caso de numerosas obras que adaptaron sus programas arquitectónicos a las novedosas estructuras funcionalistas de la vida actual, pero que recurrieron al eclecticismo formal y a detalles ornamentales de sello prehispánico.

FIGURA 2.4 MONUMENTO A CUAUHTÉMOC, CIUDAD DE MÉXICO


Fotografía: Alejandro Mendo Gutiérrez.

Un ejemplo tardío de esta tendencia es el cine Cuauhtémoc, ubicado todavía hoy en el centro histórico de la ciudad de Guadalajara, México, el cual se planteó dentro del novísimo género de las salas de cine —como espacios ad hoc para la exhibición cinematográfica—, pero haciendo alarde de temas autóctonos en fachadas e interiores (véase figura 2.5). A pesar de exhaustivas investigaciones sobre sus antecedentes, se desconoce la información básica de cuándo se construyó y por quién (Martínez Lizárraga, citado en Martínez, 2016), no obstante, Olga Becerra Mercado (2005, p.70) informa que la obra se debe a Prudencio Guerrero, quien en la primera década del siglo XX trasformó en cine un improvisado teatro anterior decorándolo con motivos neoindigenistas.

Este establecimiento responde internamente a las necesidades propias de todo local teatral con un vestíbulo, taquilla, sala, sanitarios y cuarto de proyección, es decir, se trata de un conjunto que responde estructuralmente a la arquitectura convencional de conformación morfo–funcional contemporánea. En la fachada y en muros interiores es donde se ubican los elementos decorativos que le proporcionan su carácter neoindigenista, y estos son, en su mayoría, bajorrelieves alusivos a las culturas mexica y maya que se complementan con frisos engrecados, remates ornamentales y antepechos mixtilíneos.

FIGURA 2.5 CINE CUAUHTÉMOC, GUADALAJARA


Fotografía: Alejandro Mendo Gutiérrez.

En la capital jalisciense, en realidad, son pocas las edificaciones que pueden considerarse manifestaciones neoindigenistas además del Cine Cuauhtémoc. A continuación se documentan tres viviendas de influencia prehispánica que se conocen y que son objeto de este trabajo.

TRES VIVIENDAS POPULARES NEOINDIGENISTAS TAPATÍAS

La delimitación espacial del centro histórico de Guadalajara ha variado en extensión últimamente, pero sea cual fuere su perímetro original, concentra una gran cantidad de inmuebles catalogados como patrimonio edificado. En lo que puede considerarse su Segunda Corona —antes conocida como Perímetro B— se localizan tres casas habitación ornamentadas con elementos decorativos de la corriente estilística neoindigenista. En las siguientes páginas se describen estas viviendas enfocando sus motivos escultóricos intentando una interpretación iconográfica de sus componentes formales.

Conjunto habitacional–comercial en el barrio de El Refugio

Hacia el poniente del tradicional barrio de El Santuario de Guadalupe se ubica el jardín de El Refugio, y a una cuadra de este, hacia el norte, se levanta un modesto conjunto de viviendas y local comercial marcado con los números 740, 742 y 746 de la calle Juan Álvarez, así como el 502 y 506 de la calle Mezquitán. El edificio ocupa la esquina noreste del cruce de ambas rúas y tiene dos niveles de altura. Se trata de un inmueble de uso mixto que en la planta baja alberga un establecimiento de alimentos, pero que en el piso superior contiene tres departamentos habitados.

No se cuenta con información precisa de su fecha de construcción ni sobre su autor, pero sí puede afirmarse que el conjunto concuerda con la tipología arquitectónica del modernismo funcionalista correspondiente a la época posrevolucionaria de la cuarta década del siglo XX, ya que se prioriza el principio de utilidad uniformando todos los elementos constructivos como vanos, herrería o acabados, y se impone una edificación austera que evidencia al exterior las crujías interiores mediante pilastras en cada entre–eje estructural para levantar muros desnudos con apenas esbozados marcos alrededor de las ventanas. En este sentido, el inmueble revela una paradójica contradicción, pues si bien los muros exteriores se han despojado de componentes ornamentales, sí se eligió aprovechar el ochave de la esquina como fachada principal para ubicar ahí un panel decorativo con la máscara de Chac, el numen maya de la lluvia (véase figura 2.6).

Este mascarón neoindigenista está elaborado en argamasa con base en arcilla, cal y agua que permitió modelar los detalles escultóricos. La composición de la figura incluye los principales rasgos identitarios mayas del rostro de Chac visto de frente, como son la nariz ganchuda, los ojos circulados por anteojeras, la llamada bigotera y la boca con colmillos. Por el planteamiento del panel, se denota un regular conocimiento iconográfico de los códigos expresivos de la cultura maya peninsular, en especial del estilo Puuc del periodo clásico, y no cabe duda que se trasmite con facilidad la filiación de la faz ahí plasmada. Al efecto, el artífice manejó cierta abstracción modernizante recurriendo a formas geométricas algo rígidas, pero logró recrear con resultados convincentes, mediante círculos, cilindros, grecas y pliegues achurados, una interpretación neófita del conocido semblante del sobrenatural ser de la cosmovisión maya.

FIGURA 2.6 MASCARÓN DE CHAC, BARRIO DE EL REFUGIO


Fotografía: Alejandro Mendo Gutiérrez.

Con los años se ha deteriorado parcialmente el panel y el mascarón de Chac perdió su ojo izquierdo por completo, además, se alteró la solución iconográfica del tocado de la máscara en el remate superior del ochave, por lo que el panel ya no puede apreciarse en su integridad original.

Casa habitación en el barrio de Santa Teresita

En los límites entre los barrios de Santa Teresita y El Refugio, se desarrolló desde principios del siglo XX una cantidad de viviendas populares que aún subsisten conservando todavía su vocación habitacional. A una cuadra hacia el poniente de la avenida Enrique Díaz de León (antes Munguía), entre las calles Garibaldi y Joaquín Angulo, se localiza el predio Frías número 345 sobre el que se edificó una modesta casa habitación con decoración neoindigenista. El contexto urbano inmediato corresponde con el uso habitacional y, a lo largo de esa cuadra, pueden identificarse otras tres viviendas edificadas con elementos eclécticos del art déco. El inmueble de nuestro interés ya no desempeña funciones domésticas y parece servir como establecimiento comercial.

FIGURA 2.7 MASCARÓN DE CHAC, BARRIO DE SANTA TERESITA


Fotografía: Alejandro Mendo Gutiérrez.

Esta vivienda ostenta un llamativo y bien conservado mascarón de Chac ornamentando la fachada de la construcción (véase figura 2.7). La edificación es de un solo nivel y su frente está recubierto casi totalmente de ladrillo de arcilla cocida aparente. En la parte superior de la puerta y arriba de la única ventana, se adosaron elementos decorativos con iconografía maya. Coronando el pretil, se alza un par de remates geométricos sencillos a manera de tocado, pero igualmente atrayentes por su impacto visual para el conjunto.

Es de notarse que el refinamiento iconográfico es ligeramente mejor logrado en esta obra pues se detallaron más delicadamente los componentes del mascarón. Por ejemplo, sobre la sencilla, pero prominente nariz de Chac, sobresale el llamado entrecejo que Paul Gendrop reconoce como elemento representativo del arte maya clásico (1983, p.91). En el mismo tenor, surge con fuerza la mandíbula inferior dotada de tres filas de colmillos a ambos lados de una insólita lengua extraña para el bagaje estilístico pan–maya. Hay que apuntar el creativo tratamiento de los párpados que, arriba y debajo, adornan con grecas mixtilíneas el contorno del globo ocular. A su vez, separando los ojos respecto del maxilar superior, una franja de rectángulos y motivos grecados divide la composición en dos hemisferios.

Cerramos esta descripción señalando que un detalle menor acrecienta la calidad estética de este tablero neoindigenista. Nos referimos al dintel ornamental de la puerta que está decorado con un pequeño y escueto mascarón de Chac —a manera de mascarita subsidiaria— replicando los mismos motivos del friso horizontal de grecas, pero que, en este caso, recuerda los recursos formales previos para dar estructura al rostro del numen.

Casa habitación en el barrio de Analco

El barrio de Analco es una parcialidad urbana de Guadalajara muy vinculada a la historia de la ciudad. Aunque no se trata de una localidad de origen prehispánico, sí fue uno de los asentamientos indígenas más antiguos de la urbe, pues ahí radicaron, desde la segunda mitad del siglo XVI, los primeros grupos de nativos nahuas que acompañaron a los españoles en el establecimiento de la villa. El barrio cobró notoriedad el año de 1992 cuando una desastrosa explosión del drenaje sanitario urbano afectó masivamente viviendas y espacios públicos dejando una estela de muerte. El día de hoy, Analco es un distrito popular que aloja pequeños talleres, modestos comercios y viviendas. En una de sus esquinas, en el cruce de las calles Guadalupe Victoria y Francisco Silva Romero, se encuentra una modesta construcción decorada con un interesante mascarón de Chac (véase figura 2.8).

Esta edificación, identificada con el número 702 de la calle Guadalupe Victoria, se encuentra en la actualidad muy modificada constructivamente por sucesivas adecuaciones y ya no presenta rasgos originales, excepto el panel escultórico de inspiración prehispánica. En las inmediaciones todavía subsisten interesantes ejemplos de viviendas con elementos decorativos estilo art déco, pero también se nota la reciente actualización de muchas casas a los lenguajes arquitectónicos contemporáneos. Debido a las drásticas alteraciones exteriores e interiores que se le han hecho a esta edificación no es posible establecer si desde un inicio se trató de vivienda o de tienda. El rostro de Chac está empotrado justo en el ochave del edificio y por encima del dintel del portal de ingreso al comercio, repitiendo el emplazamiento del conjunto habitacional del barrio de El Refugio descrito previamente.

FIGURA 2.8 MASCARÓN DE CHAC, BARRIO DE ANALCO


Fotografía: Alejandro Mendo Gutiérrez.

Esta ornamentación neoindigenista es el único elemento decorativo del inmueble y en su composición se recurre a mostrar el rostro del numen maya mediante sus principales atributos: ojos, nariz y boca. En este caso, se enmarca toda la faz con un tocado superior con base en delgados cilindros verticales —denominados tamborcillos en la literatura arqueológica— que también se usan para ambas mejillas. Los detalles más finos del bajo relieve aparecen en el tratamiento que se da a los párpados y órbitas oculares, así como en la banda horizontal que separa el rostro en dos mitades; para configurar los colmillos de Chac se delineó una sola fila dentada.

A manera de conclusiones sobre este apartado, se recuerda que el movimiento neoindigenista mexicano surgió como respuesta plástica alternativa a la coyuntura de cambio cultural, debido a la necesidad social de encontrar vehículos expresivos propios de un país heredero de grandes civilizaciones pretéritas. Yolanda Bojórquez Martínez sostiene que se trató de una “modernización forzada, en términos de una actualización frente a las vanguardias que se desarrollaban en el resto del mundo” (2011, p.27).

Esta corriente estilística ecléctica y nacionalista pudo forjar sus códigos plásticos y recursos formales reinterpretando la herencia constructiva étnica ancestral dando lugar a acalorados debates que cuestionaron las tensiones entre la innovación y lo tradicional (González Ibáñez, 2010, p.113), lo que evidenció no solo lo poco que se sabía realmente de las culturas autóctonas pretéritas y presentes sino qué posturas críticas se erigían entonces en torno a los fenómenos trasculturales. Esto, probablemente, se debió al largo enfrentamiento intelectual entre hispanistas e indigenistas, el cual ha tenido varios momentos álgidos en la historia del país.

En relación con la arquitectura neoindigenista jalisciense, es importante reconocer que estructuralmente no hubo planteamientos espaciales que articularan función y forma en un sentido o’gormaniano radical, pues las cuatro obras comentadas no evidencian correspondencias constructivas de índole morfológico prehispanista sino que su solución arquitectónica es un partido convencional —aunque de filiación funcional–racionalista— ornamentado exteriormente con motivos autóctonos reinterpretados.

Respecto del lenguaje iconográfico empleado en las construcciones neoindigenistas de Guadalajara, predominan los elementos ornamentales de origen maya y, en menor medida, algunos de procedencia azteca en los que se emplean, sobre todo, recursos escultóricos en bajo relieve con alusiones a la mitología religiosa y a pretendidos pasajes históricos (rostros divinos sobrenaturales, personajes legendarios) y referencias a la glífica geométrica tradicional mesoamericana (grecas, volutas y círculos).

En cuanto a los materiales físicos empleados en la construcción de estas edificaciones neoindigenistas tapatías, nunca se recurrió a elementos agregados o productos regionales utilizados antaño por los grupos indígenas originales, como pudieran haber sido piedra, cerámica, madera, estuco o conchas. Es decir, en la concreción de estos espacios edificados modernos no se instrumentaron procedimientos artesanales nativos ni técnicas autóctonas y tampoco se ensayó la utilización de recursos endémicos sino que se operó de forma convencional con los sistemas de edificación estandarizados para la primera mitad del siglo XX. Por ello, para el levantamiento de los muros, aparecen ladrillos de barro recocido y refuerzos de concreto armado, en las cubiertas se usan vigas de acero y bajantes pluviales prefabricados, mientras que puertas y ventanas se resuelven con perfiles metálicos industriales.

Por su parte, en los casos analizados se advierte un plausible manejo iconográfico de las representaciones mesoamericanas clásicas comprobable por el nivel de conocimiento de los patrones expresivos, de los modelos artísticos y de los elementos decorativos propios de la plástica maya prehispánica. Ahora bien, en cuanto a la familiaridad con el rostro de Chac —reproducido en las tres viviendas analizadas aquí— sí se manifiesta la presencia de la trilogía anteojeras–nariz ganchuda–boca dentada, que es la prueba de identidad icónica del numen. No obstante, debe subrayarse que en aquel momento histórico del neoplasticismo ecléctico nacionalista, todavía se asumía a la arquitectura como una “superficie narrativa a leer” (Méndez, 2013, p.16), mientras que en el plano internacional, la modernidad emergente transitaba de lleno hacia otro tipo de experiencia estética en donde el objeto construido dejaba de ser el ámbito del montaje escénico (edificio–teatro) para convertirse en el artefacto operativo (edificio–máquina).

Prueba de lo anterior es el evidente divorcio conceptual entre la morfología arquitectónica —la forma espacial resultante— y la función expresiva de la edificación —el mensaje y sus significantes—, pues la discrepancia estriba en que se concibió de forma convencional la distribución de los espacios y la elección de sus materiales constructivos en disonancia respecto del criterio simbólico con que se proyectó el lenguaje plástico de su externalidad comunicativa. En otras palabras, una cuestión fue la solución estructural y funcional interna del edificio, y otra la legibilidad cultural que aspiraba trasmitir. Desde esta óptica, insistir en que en las tres viviendas neoindigenistas analizadas, y en el comentado Cine Cuauhtémoc, la presencia decorativa de reminiscencia precolombina es meramente superficial y ocurre como simple pastiche adosado, ya que queda claro que en ningún caso se pretendió alzar edificios revival formales, o sea, generados por un programa arquitectónico congruente. Queda pues afirmar que la arquitectura neoindigenista de Guadalajara resultó ser una manifestación coyuntural ligera y fugaz, pero digna de ser puesta en valor.

Es necesario dedicar unas palabras al autor anónimo de los tres mascarones de Chac, pues, aunque no contamos con datos ciertos, en este trabajo sostenemos intuitivamente que se trata del mismo creador. A pesar de que desconocemos su identidad personal y nada sabemos de su preparación como artífice, sí es preciso recalcar que su obra logró aportar el único destello de arquitectura neoindigenista —quizá sería más correcto decir decoración neoindigenista— que se conoce para la ciudad de Guadalajara. Este mérito debe aquilatarse en todo lo que vale, pues los tres tableros constituyen un exclusivo conjunto que no se repitió en toda la urbe, por tanto, son un testimonio singular y sin par que debe protegerse.

POSIBLES ACCIONES DE CONSERVACIÓN

La idea de este apartado final es llamar la atención sobre el poco interés público hacia el legado arquitectónico neoindigenista que subsiste en Guadalajara, ya que la indiferencia de autoridades y particulares ha provocado la pérdida irreversible de muchos de estos hitos, por lo que en las páginas siguientes se enuncian algunas posibles acciones de conservación que pueden instrumentarse para reforzar las tareas de conservación del patrimonio edificado en Jalisco.

En principio, fundamentaremos nuestra propuesta conservacionista no en la intervención oficiosa institucional que las dependencias gubernamentales responsables deberían emprender sino en las actividades voluntarias y altruistas que algunos ciudadanos y organizaciones sociales han realizado para proteger y poner en valor estos testimonios culturales. Aquí optamos por prescindir de los órganos oficiales, pues padecen una crónica carencia de recursos y una alta rotación de personal que les imposibilita incidir de forma efectiva. Al respecto, es necesario mencionar que en la capital jalisciense han surgido iniciativas espontáneas muy importantes —como la colocación de placas informativas frente a inmuebles de relevancia patrimonial que llevó a cabo la asociación Sarape Social mediante su proyecto La Ronda por Guadalajara— la cual ha logrado conjuntar exitosamente el esfuerzo de museos municipales, entidades empresariales y colectivos civiles.

Desde otro frente, instituciones educativas como la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente también han abierto trincheras interviniendo por iniciativa particular determinados referentes artístico–patrimoniales, como murales de artistas reconocidos, con muy buenos resultados. Para ello, no ha sido necesario canalizar presupuestos abultados, ni formalizar convenios complicados; al contrario, solo ha sido necesario reconocer los riesgos que amenazan a determinadas obras para iniciar trabajos de salvamento cultural con apoyos puntuales de algunos patrocinadores.

La primera sugerencia es proponer que el proyecto La Ronda por Guadalajara extienda sus alcances a una segunda edición, que bien podría abarcar los inmuebles que antes quedaron fuera del listado inicial. Así, la colocación de cédulas informativas afuera de edificaciones como las viviendas neoindigenistas aquí reseñadas ayudaría mucho para que estas construcciones alcanzaran un nivel de notoriedad suficiente para que la sociedad reconozca su valía histórico–arquitectónica y frene cualquier acción lesiva potencial.

También puede actualizarse la Guía arquitectónica esencial Zona Metropolitana de Guadalajara que Arabella González Huezo publicó en 2005, pero incluyendo ahora estas obras neoindigenistas. Para conseguir esto, sí será necesario reactivar los acuerdos originales entre las entidades gubernamentales y las organizaciones privadas que posibilitaron antes la primera etapa de trabajo.

Una segunda propuesta es recomendar que la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente tome estas viviendas neoindigenistas como objeto de intervención para que los estudiantes apliquen las habilidades adquiridas en el plantel ensayando in situ las técnicas de restauración para la protección de bienes patrimoniales. Convendrá explorar cómo sumar a los propietarios de estas fincas, para que no solo accedan a la intervención de sus bienes raíces sino que asuman parte de los costos implícitos; no obstante, en última instancia podrían canalizarse recursos materiales provenientes de fuentes alternas.

La tercera iniciativa es precisamente impulsar ante dependencias federales del sector cultural la emisión de la declaratoria de bienes histórico–artísticos a los inmuebles referidos, de manera que se pueda reducir el monto de los impuestos prediales anuales que se pagan por las propiedades de tipología neoindigenista. El propósito de esta sugerencia es que los titulares de estas viviendas destinen los ahorros concedidos a trabajos de mantenimiento; con esta lógica, se motivaría a los propietarios de fincas catalogadas a gestionar préstamos preferenciales deducibles fiscalmente cuando los montos se dediquen a obras de restauración o conservación física.

Por último, se pone a consideración que las universidades locales aprovechen estos hitos patrimoniales para registrar técnica, artística y gráficamente su riqueza expresiva, mediante ejercicios escolares de dibujo o fotografía, así como para abordar en aula esta producción constructiva desde la perspectiva analítica de la historia de la arquitectura, ya que se trata de elementos históricos que deben tomarse como objetos de estudio por constituir valores estéticos singulares. En este sentido, pueden convocarse concursos fotográficos, organizarse recorridos explicativos y realizarse talleres formativos alrededor de estas edificaciones.

Este texto se propuso hacer una descripción de la ornamentación neoindigenista que decora tres viviendas existentes en Guadalajara para analizar los contenidos estéticos y los significantes ideológicos subyacentes con que se expresó la imaginería popular en este tipo de edificaciones. El trabajo incluyó enmarcar este tipo de obras como parte de un contexto sociocultural histórico particular que favoreció la producción material de estas piezas urbanas. Finalmente, se considera viable que las recomendaciones puntuales sugeridas pueden ampliar la cobertura de protección que debería amparar la conservación de estos bienes culturales.

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